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Full text of "Historia de la dominacion y ultima guerra de España en Santo Domingo"

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!/ 



•1 




HISTORIA 



mi 

EN SANTO DOMINGO 

D, RAMÓN GONZÁLEZ TABLAS 

Capitán de infonteria. oficJM que ha sMo del ejército 
de opcrftc iones d« dlcb« l«la. 



m¿ 



Precio: VEINTE reales. 



MADRID, 1870. 



CARQg DE jí'BRKANDQ p*0 VlOAt. v 
ÜairSlrrros. h('w. 5. jr^^"^^^ 



HISTORIA 



DE LA 




imimMimii 



EN SANTO DOMINGO 



POR 



D. RAMÓN GONZÁLEZ TABLAS 



Capitán de infantería, oficial que ha sido del ejército de operaciones 

de dieha isla. 



MADRID.-1870. 



IlfPRBNTA A CARGO DE FERNANDO CAO, 

Cabestreros^ 6. 






' 83 09 



459066 , 



AL EXCBO. SR. D. FERNANDO mNAlEZ DE CÓRDOBA. 

X?¿fiutiU LbMMtaX vt icé &ictci,tcó ubacMíMbleét Cavaueto otau Ctus ot 
(a CJtocu G/'Ilbiuta^ vt San t/eiuaudo, ()e ta ot §a4i ftA¡>eitiieHeavQ<?i 
etccteta, etc., iic. 



EXCMO. 6EÑ0B: 
cno ¿/. 0. Áaia f?tét4o4aC ^^ coftatc^oned aa olaauí^ 

*>taaM¿ci Átoeuccccon. 

en^^Áelaao ÁtH et a¡^ea oís nacaé t^ftocat^ ^tauecia ./aa. 

e<f^io 'ita€€€n¿e e^e4>C4/a, <^ 4a i^alaéa Q/<f/a e/é 

EXCMO. sexoh: 
jl^AAON pONZALBZ JABLAS, 



Hi€, 



Madrid y Noviembre de 1870. 



PRÓLOGO. 



No puede negarse que la rever- 
sión de la isla de Santo Domingo 
ha sido un suceso de gran bulto 
por sus consecuencias. Allí hemos 
ido solicitados y rogados por una 
grey desdichada; allí hemos inver- 
tido en corto plazo más de 300 mi- 
llones de reales ; allí tuvimos que 
combatir por la honra de la bande- 
ra nacional, más de 30.000 solda- 
dos, que fueron diezmados por el 
rigor del clima y de allí, donde 
siempre fuimos vencedores, nos he- 
mos retirado por conveniencia de- 
jando el campo á un enemigo infe- 
rior y débil. 

Reunir y dejar perpetuada la más 
desapasionada ndticia de tamaños 
acontecimientos, es el fin de esta 
obra. 

Cuando fui á la guerra oe Santo 
Domingo, estaba muy lejos de pen- 
sar que llegara un dia en que me 
atreviera á publicar la historia de 
la campaña en que iba á tomar 
parte. 



Tiempo hacia que guardaba cui- 
dadosamente algunos cuadernos y 
apuntes sobre las operaciones y las 
cosas del país; pero mis materiales 
eran insuficientes para completar 
una obra que, sin los datos que me 
proporcionó mi inolvidable y que- 
rido amigo el coronel D. Deogr acias 
Hevia, no podría hoy presentar al 
público. . -^ 

Antes de decidirme á dar este 
paso, han sido muchas las vacilacio- 
nes que he combatido, .pues no ig- 
noraba los grandes inconvenientes 
q^e tiene historiar hechos coetá- 
neos; pero la consideración de que 
todavía nada completo se publicó ' 
de la guerra que sostuvo España 
en Santo Domingo, me ha resuelto 
por último á ello, en la seguridad 
de que si mi trabajo no era perfec- 
to, no dejaría de ser leido con in- 
terés por su originalidad. 

He procurado que mi narración 
sea estrictamente histórica, y para 
cons^uirlo he buscado con avidez 



PKOLGfltO. 



la verdad, desentrañándola de un 
gran número de documentos oficia- 
les y particulares que reuní. 

Por ningún motivo dejo de refe- 
rir los hechos, tal como los he sabi- 
do y creído. Cierto es que la consi- 
deración y respeto que debo a los 
-jefes superiores, me ha hecho bor- 
rar varias veces reflexiones críti- 
cas que había consignado; pero 
conste que al adoptar este sistema 
de templanza, lo hago por mera 
cortesía, que dista mucho del fe- 
mor. 

Me he impuesto también el de- 
ber de ser parco en elogios, y si 
concedo alguno, es á aquellas per- 
sonas que se distinguieron noto- 
riamente en sucesos importantes. 
Podrá suceder también , que suge- 
tos no mencionados , sean dignos 
de loor, pero yo les ruego conside- 
ren que las dimensiones de esta 



obra no permiten separarse de lo« 
hechos más culminantes. 

Inserto y cito algunos documen- 
tos que me han parecido oportunos, 
para ilustrar ciertos puntos, y he 
consultado y estudiado varios li- 
bros que tratan de la historia de la 
Isla. 

En cuanto al mérito literario de 
este trabajo, el lector no se puede 
hacer ilusiones, sabiendo que es 
obra de un oscuro oficial del ejérci- 
to, y por poco que conozca los há- 
bitos militares, no ignorará que 
ellos imprimen un gran fondo de 
verdad en sus individuos. 

Así, pues, ruego á mis lectores 
que, fijándose más en el fondo de 
xrA relato que en las formas con 
que lo presento, no vean en este li- 
bro, sino el fruto de un trabajo su- 
perior á mis fuerzas. 

Ramón González Tablas. 



PRIMERA PARTE. 



CAPITULO I. 



LA ISLA. DE SANTO DOMIKGO. 



Bl deacnbrimiento. — Fundación* b. — Bl fuerte de ia Navidad. — La oiucliid 
Isabel».— La capital de la íala,— La prosperidad fabulosa,— Principios ^{i 
-Agitftciouea políticas.— La emapcipa- 



fireve reseña del paia donde tuvieron lu- 
gar los acontecimientos que son objeto 
de esta obra. 

Cristóbal Colon había podido recabar 
por fln auxilios y buques para lanzarse 
á mares desconocidos y descubrir el nue- 
vo mundo solamente adivinado en su ins- 
pirada imaginación. Había cruzado el 
Atlántico, encontrado la tierra prometi- 
da y visto aérea y cosas que le tenían, 
así como á sus intrépidos compañeros, en 
constante admiración. 

Iba consumando la portentosa obra de 
BU primer viaje, había pisado y besado 
la tierra americana en la isla que deno- 
minó de- San Salvador, y admirado el 
verdadero laberinto de las frondosas is- 
las del canal de líahamá. Ya habia cos- 
teado gran número de millas de la de 
Cuba que tomó por un continente, cuan- 
do el 5 do Diciembre de 1492, divisó una 
tierra que cautivó toda su atención, por- 

Sue al paso que se le acercaba, revela- 
an sus altas montañas corresponder á 
una isla de grandes dimensiones. 

De los puntos que ya habla visitado, se 
trajo consigo el almirante algunos na- 
iurales, cqp el fln de que fueran apren- 
di^o el idioma ca«teUtuio {iai« poder 



servirse después de ellos como intérpre- 
tes. Cuando estos indios conocieron que 
las carabelas ponían la proa á la g^ran 
Isla, gritaron repetidas veces: S9hio, £9: 
Mü, j daban señales da miedo. 

Mas tarde se supo que la palabra Bo- 
hío signilica tierra muy pbblada. y que el 
terror de que se habían dejado subyugar 
los naturales, consistia en eüageraaas 
noticias que tenían de la crueldad de 
aquellos índieenas, porque sus vecino^ 
creían que solo tenían un ojo en ta frenr 
te y que devoraban sus prisioneros. 

El viento era contrarío y losbuqufi^ 
adelantaban lentamente hacia ta tieri^. 
Esta circunstancia prestaba tiempo á la 
imaginación de ¡os navegantes para que 
dulce 7 tranquilamente se embriagasen, 
contemplando ta magnificencia que á sua 
ojos iba desplegándose. Las montaña^ 
que tenían al frente, eran más agresteff 
y pedregosas que cuantas ha'^ian TístQ 
en las islas antes reconocidas; pero las 
planicies de sus cumbres, sus cañadas j 
sus faldas, formaban pomposos boaquefl, 
caprichosas florestas y dilatadas pra- 

Coo semejante aspecto, que mqor^hR 
aun ta ilusión y la esperanza, se presen- 
taba la '^m, de Santo Domingo k )ga tqos 



i 



do los espaüolea. Aquel país esplendoro- 
so y que encerraba todas las galas de la 
creación, había Bido destinado por Dios 
para ser la nación más desgraciada. 

En la tarde del S de Diciembre, la es- 
cuadrilla española ancló en un puerto de 
la punta más occidental de la iala; el al- 
mirante le denominó San Nicolás, si- 
guiendo la costumbre que se habia im- 
puBsto, de bautizar sus descubrimientos 
conel nombre del santo del dia. La ba- 
bia pareció excelente por ana cualidades 
y pintorescas orillas, y el paisaje que se 
ofrecía & la vista de los viajeros, era de 
lo más encantador- 

Ún grao número de canoas surcaban 
las pacificas aguas, de donde se infería 
que la comarca debia ser muy poblada; 
pero los indigeaas cobraron miedo á la 
\Iata da los barcos y de la gente; huye- 
ron & los montes y no fué posible íi loa 
españoles ponerse al habla con nin- 
guno. 

Dejó el almirante el dia 7 el puerto de 
San Nicolás, j navegando hacia el Orien- 
te, empezó á costear la isla por su parte 
Norte. 

Bs por aquellas alturas, en extremo 
agreste; pero hállanse preciosos oasis que 
exceden en magniñcencia íi toda ponde- 
ración. Hallaron los viajeros un hermoso 
valle, cruzado por un manso riachuelo, 
circunvalado casi por altas montañas y 
cultivado con inteligencia, lo que cauaú 
la mayor admiración. 

AJli permaneció la expedición fondeada 
Tarlosdias, Como habia Colon arribado 
el S de Diciembre, llamó é. aquel punto 
<LaConcepcion.il Ése nombre se ha per- 
dido, porque !os extranjeros le cambia- 
ron, pero se sabe que estaba al Sur de la 
tsla Tortuga, y se croe que sea, e) que 
hoy señalan las cartas con el de «Port 
de Paix.» 

AUi fondeados los españoles, tenían por 
muy agradable su permanencia, á pesar 
de no darse á trato los indigenaa. Las 
aguas abundaban en peces, que con faci- 
lidad se cogian. y los pescadores obser- 
varon que habia varías especies de las 
conocidas en Europa, cosa estraña, pues 
no los hablan encontrado desde que de- 
jaron las coatas de España. 

Oyeron también con agradable sorpre- 
sa el canto de mochos piaros, muy ee- 
mejantes al del risucñor. 

T aquellas frondosas enramadas, el 
nn embaleantada, e! dclo sereno y el 



clima fresco y templado, por efecto del 
mes y estación de las Antillas, embele- 
saban & los toscos marineros, hijos de 
Moguer, y los trasportaban en alas de la 
imaginación á uno de Los valles de la 
pintoresca Andalucía. 

Llegó á generalizarse entre los compa- 
Seros de Colon la idea, de que aquel país 
era un vivo remedo de la parte meridio- 
nal de España, y entonces el almirante 
le llamó 'La Española,» antes de poder 
hablar con alguno de sus naturales, y 
cuando todavía no tenia noticia, de que 
los indígenas la denominaban Haití. 

El dia 12 de Diciembre saltó Colon cen 
su séquito en tierra y con la gravedad 
que solía emplear en los actos públicos, 
tomó posesión del pais i nombre de loa 
reyes católicos. 

Era ya muy enojoso para los españo- 
les, fondear en uno y otro puerto da 
aquella isla, sin conseguir ponerse al ha- 
bla con ninguno de aus naturales. El 
almirante dispuso por ña, que fueran i 
tierra seis hombres de arrojo, para que 
penetrando algo en el interior, recono- 
ciesen el país é hiciesen cuanto les fuera 
dable por traer á bordo, de grado ó por 
fuerza, algunos indígenas. 

Volvieron haciendo elogios de lo her- 
moso y pintoresco que les habia parecido 
todo, y refirieron como habían visto di- 
versos grupos de naturales; pero que 89 
deshacían huyendo tímidamente, al ver 
que é, ellos se dirigían. 

Por fin, unos marineros ocultos en una 
enramada, pudieron sorprender y llevar 
ante Colon á una joven india de dulce 
aspecto, desnuda, pero con sendos aretes 
de oro en las orejas y en la nariz. Aque- 
lla indígena daba testimonio coa solo su 
presencia, de tres cosas importantes: la 
primera, que no era cierta la ferocidad 
de los haitianos y mucho menos que tu- 
vieran solamente un ojo en la frente, se- 
gún creían los naturales de las islas in- 
mediatas; la segunda, que el estado dfl 
absoluta desnudez con que se presentaba 
la joven, revelaba la escasa civilización 
del país, yla tercera, que las mués tras de 
oro con que se adornaba, indicaban que 
allí lo había y acasoen gran abundancia. 

Colon y la gente de su escuadra agasa- 
jaron mucho ala cautiva y la colmaron 
de regalos de cascabeles, espejitos y 
otras chucherías, que parecían á la india 
de un Incalculable valor, con lo cual ga- 
naron deeldídamente au voluntad. Pn- 



siéronla nn» camisa y asi vestida, car- 
gada de sus re^aloa, adornada coa sar- 
tas de vidrio de colores y henchida de 
gratitud, la dejaron Tolverse á tierra, 
acompaiiándola tres de los indios que 
hahia k bordo. 

Pronto se hallaron en una población 
informe j esparramada, como de mil ca- 
sas tosías que llamaban boliios y que en- 
contraron vacia, pues bus moradores 
andaban aterrados j huidos, desde que 
habiaii arribado los buques. La india y 
sus acompañantes dieron pronto con un 
gran grupo, y tantos elogios hicieron de 
u¡B españoles, que deponiendo el miedo, 
presto ardieron en deseos de verlos, y 
muchos se dirigieron seguidamente á !a 
costar para más de cerca contemplar 
los barcos admirables. 

Por fin, también el magnate ó cacique 
de aquella comarca se decidió é. ir á visi- 
tar los buques y á presentarse á los tri- 
Eulantes. El jefe indio ae presentó con 
odo el séquito y lujo que pudo deaple- 
pw. Llevábanle en andas j en hombros 
de sus vasallos , escoltándole más de 
doscientos. 

Era ta gente de aquella isla más blan- 
ca y mejor formada que la hasta enton- 
ces encontrada, y parecía de un carácter 
dulce y tímido. Mostráronse tan obse- 
quiosos múijiamente los españolea y los 
naturales, que pronto los unos iban d 
descansar tranquilamente 4 los bohíos y 
los buques daban de comer y bebidas á los 
indios; pero quien rebosaba en gratitud 
eenerosa, era ei marido de la joven que 
nabía estado cautiva, pucslucgo que supo 
el dulce trato que reeibiera, fue abordo 
cargado de frutas y pájaros preciosos, 
que ásu juicio era lo que más valia á los 
ojos de los estranjeros. 

Aquel país no pareció bastante rico 
para fundar allí un sstablecimiento, 
máxime cuando se sabia ya, que cami- 
nando hacía el Oriente por lu costa de la 
misma isla, se hallarla una comarca po- 
pulosa, gobernada por un cacique pode- 
roso llamado Guaeanagari. 

Leváronse anclas, por ñn, déla bahía 
de la <Concepeion', y los españoles de- 
jaron el puerto con fffan pesar de sus na- 
turales. Después de varias peripecias 
ocurridas en el viaje, dieron fondo en un 
puerto que se llamó la iSatividad» y que 
hoy se conoce por «El Guarico.» 

Allí residía Guaeanagari , que muy 
jjtouto como sus vasallos se pusieíou en 



cariñoso trato con los europeoB. tratán- 
dolos con muestras de adoración. 

Los indios conocieron pronto la impor- 
tancia que los españolea daban al oro, j 
acudieron con mil objetos del precioso 
metal á cambiarlos por cascabeles, espe- 
jos, cuentas de vidrio y otras varatijas. 
Cuéntase en todas las historias que llegó 
un indio con un pedazo de oro en bruto, 
que pesó ocho ornas, pretendió cambiar- 
lo por un cascabel, y tomándolo con una 
mano, alargó con la otra precipitada- 
mente su oro T echó á correr, creyendo 
que podrían volverse atrás del trato. 

Siendo aquel punto muy conveniente 
para una fundación, hizo Colon edificar 
un fuerte, proveyéndole de víveres bas- 
tantes para que pudiera subsistir por 
largo tiempo una corta guarnición. 

Después de entablar las mejores rela- 
ciones con los del país, creyólleeado el 
caso de regresar á España, para dar no- 
ticia de sus asombrosos descubrimientos. 

Entre los muchos que pretendían 
aguardar en el fuerte el regreso de Espa- 
ña de la flota, eligió el almirante treinta 
hombrea de los de mejores antecedentes, 
y dio el mando de ellos á Diego de Ara- 
na, natural de Córdoba. 

Después de_un viaje borrascoso, llegó 
Colon á Bspana, v la noticia de su des- 
cubrimiento inundó rápidamente el anti- 
guo mundo. 

Fácilmente obtuvo nuevos recursos 

Sara volver ala mar y proseguir su gran- 
íosa obra. Esta vez iban en su eompa- 
ñia, no los pobres marineros de Moguer 
que le siguieron en su primer viaje, sino 
una cohorte de valientes caballeros ejer- 
citados en la guerra y que ansiaban tan- 
to encontrar nuevos peligros, como gran- 
des riquezas conque saciar la inmensa 
ambición que en ellos despertaban las 
nuevas regiones. 

El almirante ae acercaba impaciente & 
«La Española," por saber lo que habia sido 
de los treinta hombres que dejara en el 
fuerte de la iNavidad;» de la suerte que 
les hubiera cabido dependía quizás la del 

Sais y de los huéspedes que llegaban ávi- 
03 de gloria y riquezas. 
El 27 da Noviembre de 1793, fondeó Co- 
lon por segunda vez en la iNavidad;» 
pero ya era muy eerca de la noche, y te- 
niendo por triste experiencia en el viaje 
anterior, los arrecifes de aquel puerto, 
dejó caer el ancla ámás de tres millas de 
distaiiaia de tierra, ^'o podia (Histiiij^ujfse 



í 



I 



desde itlli n&da por la eostb. La g:ente 
del puerto debía haber conocido los bu- 
ques europeos durante la tarde, pero en- 
trada la noche, no se divisaba ninguna 
Stñal nt fogata. Cada hora que pasaba 
oréela la incertidumbre, que lleg6 & ser 
ansiedad en loa forasteros, y aíngular- 
itiente en Celon. Hizo este disparar dos 
cnSonazoH , cuyo eco retumbó por las 
montañas; pero el fuerte peminneciú sin 
dar la menor «easl de vida. Todo' parecía 
eñ tierra «umergldo eu la más profunda 

Í melancólica soledad. Pasaron largas 
oras de aneUítia para los navegantes. 
iQné suerte había cabido a la guarnición 
del fuerte* ¿Qné se habia hecho de ta po- 
pulosa población que alli antes existia? 

A med!& noche se acercó una piragua 
á la escuadra, y los indios que la tripula- 
ban preguntaron si venia allí el almiran- 
te; eontestát-onles que si, y habiendo pe- 
dido verle, tuvo que asomarse, é iiutni- 
n&sdose su rostro, se hizo ver de ellos, 
qUe deponiendo toda desconfianza pasa- 
roh abordo. 

Colon, on su impaciencia, no permitió 
que los indígenas le hicieran las acos- 
tumbradas reverencias ni cumplimientos, 
j les preguntó seguidamente por sus 
compañeros, que habia dejado en la isla. 
Uno de los indios que habían pasado k 
bordo era pariente del cacique Guacana- 
garl, y servia de intérprete otro indíge- 
na recién bautiíado que se llamaba Die- 
go Colon. Era natural de las Lucayas, 
cuyo idioma diferia un tanto del da 
fiaili. 

Las noticias que iban á trasmitirse 
eran muy graves; digeron loa enviados, 
no «¡n móatraralguna turbación, y come- 
tiendo contradicciones, según expuso el 
intérprete, que varios de los espaSoles 
' que hablan quedado en el fuerte , falle- 
cieron naturaimente por efecto del clima; 
quo otros perecieron en «na contienda 
ocurrida entre ellos mismos, j que los 
restantes se hablan retirado i, vivir al iu- 
rcHórdslaisla, 

Poco agradables eran las tales noticias; 
pero habia en ellas «n fondo interesante 
y politice. Los que se habían retirado al 
inteüoT de la isla, habrían podido exami- 
narla bajo sus diversas fases j referir k 
los que nuevamente llegaban, las cos- 
tumbreaypoderío de los naturales, como 
Iw prodiiciones J riquezas de la isla. 
Pronto debaria llegar hasta los dispersos 
DmotJciadeb&berAnidMdoeD iL» Navi- 



dad > otra escnadram&s poderosa quÉ B ^ 

primera, y llegarían presurosos h darfc* 
sus hermanos cuantas notitías pudieran 
desear. 

La relación de los indios tenia mucho 
de falsa. Poco tardó en saberse la verdad, 
y esta fué, que los españoles del fiísrte, 
no siguiendo tealmente las juiciosas ins- 
trucciones quesee habia dejado Cristóbal 
ColoB, cometieron abusos de la bondad 
de los naturales, que llegaron á escitar 
en estos los celos y el rencor. 

Los viciosos castellanos fueron sor- 
prendidos traídoramente v sacrifleados 
sin piedad. Ni uno se libró de la matanza 
y de las llamas. 

Aquel infortunado acontecimiento, in- 
fundió en los terribles acompañantes del 
almirante un rencor mal disimulado con- 
tra los indígenas. 

De alli siguió la serie de cruentas ven- 
ganzas perpetradas mutuamente , que 
degeneraron pronto en sangrientas guer- 
ras, que tuvieron el funesto resultado de 
acabar con una raza populosa. 

Levó anclas de iLa Navidad» la escua- 
drad dial de Diciembre, j navegando iil 
Este, tomó á fondear el 8 en una bahia 
que pareció deliciosa, y de la quo según 
noticias adquiridas, podría recogerse de 
sus habitantes mucho oro, porque perte- 
necía al distrito llamado el Cibao, que 
tenia varios criaderos y vetasen explo- 
tación. 

Siendo agradable aquel puerto bajo 
muchos asi'ectos, pronto resolvieron los 
españoles fundar alli una ciudad. Echá- 
ronse los cimientos, se levantó la prime- 
ra población de europeos en el Nuevo 
Mundo, y se la llamó «La Isabela," en 
memoria de la reina de Castilla, que 
había facilitado los medios de! descubri- 
miento. 

Juzgaba Colon que el verdadero éxito 
de su segunda expedición debia consis- 
tir en posesionarse del pais descubierto 
de una manera permanente y sólida. Al 
efecto entraba en tratos con loa caciques 
del Cibao , pactaba con ellos alianzas, 

Eor las que se declaraban vasallos y tri- 
utarios de los reyes de EspaSa.y no 
descuidaba mandar buques i practicar 
nuevos descubrimientos, tanto por el lito- 
ral de iLaRspaSola,! como por el inmen- 
so arcbipiéisgo. 

Ajwnas Labia sido levantada i La Isabe- 
la,» cuando las enfórmedades agobiaron á 
los europeos , ; hubo qae abuidon«r 



aquella primera ciudad, j desde enton- 
ces, lo que debió ser el ñmd&niento de la 
civilización deíNuevo Mando, quedó yer- 
mo y desierto. 

HabiéndoBs persuadido loa españoles 
equivocadamente que seña más bigiéni- 
CB la parte íSur de la illa . encontraron !a 
desembocadtiTft del caudaloso rio Ozama, 
y á Ift parte del Este una llanura pinto- 
resca T allí fondaroD la seguida pobla* 
cion, dándole por nombre «La NucTa 
Isabela.* 

Tampoco esta ciudad tuvo mejor for- 
tuna que la primera, y luego fué también 
abandonada, porque la destruyó el año 
de I50¿ uno de los buracanes que sue- 
len recorrer las Antillas en los equi- 
noGclos, 

No solamente destruyó el temporal 
aquella población, sino que también au- 
mergió muy cerca de iLa Española» y á su 
Ttsta, la flota mha valiosa que hasta en- 
tonces había surcado los mares; pues di- 
ee el historiador Charlevois: «aestroió 
21 navios cargados de oro.* 

Vapor entonces iban prósperos para 
los españoles los asuntos de conquista, 
y descubrimientos por el Nuevo Mundo, 
recaudando de los indigenas cantidades 
portentosas de oro, que estos apreciaban 
poco; pero ya también había nacido entre 
ellos í« cizaña, para dejar á la historia 
recuerdos dolorosos. Ya Cristóbal Colon, 
que fuera poco antes deificado , andaba 
entre los mismos que le reverenciaron, 
despreciado y perseguido. Habia sido pre- 
so, encadfnado y remitido i Europa, co- 
mo un crimina!, impidiéndole ¿ su regre- 
so que tocase en .-La Española,» cuando 
necesitaba el abr^ del huracán utei 
iadiuado. 

Gobernaba D. Nicolás Ovando la colo- 
nia de Nueva Isabela, cuando fué des- 
truida, y al temer que edíflcifla resol- 
vió establecerla al otro lado dé. rio. sen- 
tando asi el fimdamento á la capital de 
la isla. 8e la denommó ciudad de Santo 
Domingo, sin que hávamos podido en- 
contrar bastante fundada la 'etimología 
de aquel nombre, que luego tomó toda la 
isla, si bien algunos opinan que el bauti- 
aarla asi fué por haber sido descubierta 
•n domingo. 

LaediScacion. el incremento y fa pros- 
peridad de Santo Domingo fué ripida y 
Krtentosa. Aeaeeió en la época en que 
I asuntos de .América tomaban páralos 
•^«£oIe( una deslumbrante ráftga de 



prorpendad. La isla Espióla dsscubria 
tan fabulosos tesoros en los trea reinos 
naturales, que parecían exceder á las 
más desmedidas ambiciones de sus nue- 
vos poseedores. 

A los primeros diei años después de su 
descubrimiento, contaba ya diez y siete 
ciudades y villas, cuyos nombres omiti- 
mos, porque do las tres cuartas partes, 
hasta se ignoran los sitios en qaa estu- 
vieron; pero si alguno de nuestros lecto- 
res deseara saber pormenores en este par- 
ticular, le remitimos al historiador Her- 
rera, donde hallara hasta la cédula de 6 
de Diciembre de 1508 en que se concedió 
eseudo de armas para cada una do aque- 
llas poblaciones. 

Dedicados los colonos á cultivar loa 
campos, á ibmentar la cria de ganados 
útiles, á cortar délos Inagotables montea 
sus maderas de gran precio y á la expían 
tacion de las minas, t^ricascuando mi- 
nos como las después llamadas del Poto- 
si, llegó á ser la isla de Santo Domingo 
sn portento de riquezas. 

La capital se levantó rápidamente eon 
tanelegantes proporciones, con tan mag- 
níficos edificios particulares j del gobier- 
no, con tan soberbia catedral, templos, 
conventos, palacios y ciudadela, que 
cuando apenas contaba 25 aüos da exis- 
tencia, no reparó el cronist* Oviedo Wi 
escribir al emperador Cirios V: «que en 
Kapaña no htóia oCra gtit íal^ ni por lo 
\-entajo80 del terreno, ni por te agrada- 
ble de la situación, ni por li belleea y 
tlisposicion de las callea y plazas, ni por 
la amenidad de los alrededores y que 
S. M. imperial se alojaba muchas veces 
en palacios que no tenían ni las comodi- 
dades, ni la amplitud, ni las riquesas de 
algunos de Santo Domingo.* 

En su mismo recinto so descubrió «na 
abundantísima mina de azí^e y otra de 
oro, que fueron cegadas de orden del rey. 
De más fortuna gozó una de plata, des- 
cubierta en las cercanías de la capital, 
pues para que se utilizara esta, permitió 
S. M. s< pudiera establecer fábrica de 
moneda, y en efecto se estableció. 

Del Incremento rápido que iba adqui- 
riendo La Española, debía augurarse 
quellegaria al colmode la prosperidad, 
Conatruianse buques en sus ímiirovisa- 
dos astilleros, venían Carabelas de todas 
partes, buscando los apetecidos carga- 
mentos del país; disputaban Sevilla y 
Cádiz sobre preferencia en el comercio d9 1 



lodlas, y alegaba la primera como pode- 
rosa razón, tener unuuque construido en 
Santo Domingo, el mayor que hasta en- 
tonces ae había visto. Las exportaciones 
da Irutos eran cuantiosas, segiin expli- 
caremos, y solamente por el quinto que 
correspondía al rey, recibió este ci!(cuen- 
ía celemíes de perlas. 

Añí como fué rápida la prosperidad de 
La Española, así también na sido efíme- 
ra, sin embargo de proceder de la Inago- 
table fuente de su riqueza. Diversas cau- 
sas contribuyeron ü la vez á la espanto- 
sa decadencia V despoblación á que desde 
entonces vino la isla. 

Por una parte, los gobernadores que 
Bustituyoron á Colon, Bobadilla y Ovan- 
do, falsearon las instrucciones de dulzu- 
ra y clemencia que hablan recibido de 
los reyes católicos para manejar tos in- 
dios, y violentando á los débiles indige- 
uaa í trabajos á que no e.stabaa acos- 
tumbrados, emigraron muchos y falle- 
cieron no pocos. Cuando empezó á cono- 
corsé la escasez de población, quiso po- 
Berse remedio, importando esclavos de la 
costa de África para descanso de los na- 
turales. Los españoles promovían entre 
si discordias y guerras intestinas en 
perjuicio del sosiego público, del comer- 
cio y déla agricultura. 

Con la escasez de brazos, empezó á 
decaer el cultivo de loa campos y la ex- 
plotación de las minas, cuyo quinto es- 
taba produciendo al emperador de cinco 
i seis millones de pesos alano. Otra de 
las poderosas razones que precipitaron 
la ruina y decadencia de Santo Domin- 

K, ha sido la que en realidad debería 
berla dado mayor prosperidad. 

Los descubrimientos y conquistas que 
por el Nuevo Mundo se nacían, se prepa- 
raban, armaban y salían de La Españo- 
la, y en vez de ganar con aquel comer- 
cio, perdía en lo que más Iba necesitan- 
do, en población. 

Para poblarla isla Margarita salió una 
colonia de Santo Domingo, v de allí tam- 
bién salían cuantas ex peale Ion es Iban 
á Méjico , á La Florida, al Yucatán, 
al Perú , etc. Estas emigraciones de 
gente, toda muy útil para el país que 
abandonaban , porque los ricos arma- 
ban por su cuenta, y los Iiombros más 
robustos para el trabajo tomaban plaza 
de marineros ó de soldados, ganosos da 
•orrer aventuras y violentar la fortuna, 

D« nada servia la previsora disposición 



del Consejo de Indias de 1« de Diciembre 

de 152G, en que se manda, que cuando 
hubieran de salir hombres de Santo Do- 
mingo para ir á conquistas, ya que los do 
allí eran los mes apropósito, fuese obliga- 
ción llevar de España otros tantos, pues 
nise cumplió, ni [estorbó jamás á la co- 
dicia. 

Arrostrando ¡baya una existencia pro - 
caria la primada ds las Indias, cuando el 
año de 1666 una epidemia de viruelas, 
sarampión y disenteria , acabó con un 
portentoso numero de naturales indios y 
africanos. De entonces quedó ya el pais 
reducido á la miseria. Las casas cerradas 
no tenían dueño y se desplomaban: las 
heredades , antes frondosos jardines y 
manantiales inagotables de riquezas, 

Íuedaban abandonadas y ss cubrían de 
osque. 

La isla de Santo Domingo, que en su 
rápido incremento había llegado S tener 
tres obispados, los redujo k uno y dismi- 
nuyó el personal de la catedral, de la au- 
diencia y de todos los ramos de adminis- 
tración. Loa derechus del Erario queda- 
ron reducidos á cero. El pais dejó de pa- 
gar sus cargos, y eso que no tuvo tropa, 
hasta que á fines del siglo xvu llegaron 
tres compañías, y entonces tuvo que im- 

Íortar de Méjico caudales para sostener 
is obligaciones de una isla que empeza- 
ba á ser gravosa á los pocos años de ha- 
ber demostrado que había sido y podía 
seguir siendo emporio de riquezas. 

Desde tan lastimosa época para loa es- 
españoles data el perseverante empeñe 
que manifestaron algunos piratas de es- 
tablecerse al Oeste de la isla, y esa pro- 
longada illada de combates, de qua mas 
adelante hablaremos eon el epígrafe da 
república haitiana. 

El padrón que de la isla se hizo el año 
de 1737 y HO presentó al gobierno con un 
informe de la audiencia, solo arrojaba de 
si una población de seis mil almas- 

A. pasos tan agigantados marchaba La 
Española á su completo abandono y des- 
trucción, en aquella época en que la me- 
trópoli apenas se bastaba para las aten- 
ciones que le exigían sus guerras euro- 
peas y sus inmensas colonias del conti- 
nente americano. 

Por eso fué, que solo después de ha ■ 
berso emancipado las grandes posesio- 
nes, las que basta entonces se habían 
mirado con indiforencia y como una car- 
ga, tales como Cuba, Puerto-Rico j FlU- 



pinas empezaron i prosperar, 7 
fuentes da riqueza. 

Pero ni siquiera de esa circunstancia 
íayorable consiguió gozar ta isla de Smi- 
to Domingo. Estamos persuadidos deque 
st hubiera disfrutado por algún tiempo 
de la protección y desvelos de la madre 

Satria si su metrópoli la hubiera tendi- 
o generosa una mano bienhechora, su 
desarrollo, su renacimiento, hubieran de- 
jado muy atrás los cálculos más lisonje- 
ros, porque necesario es confesarlo, toda- 
ria Cuba, Puerto-Rico ni Filipinas, no 
han podido mostrarnos tantos artículos, 
tantos elementos de deslumbrante rique- 
za como La Española nos dio en los pri- 
meros cincuenta años de su descubri- 
miento. 

Así como un cuerpo vigoroso lucha con 
la muerte, y en sus briosos sacudimien- 
tos aparece como vencedor de los desig-- 
nios de la inexorable parca, asi también 
la robusta virilidad de la colonia domi- 
nicana hacia por si misma esfuerzos de 
conservación i pesar de los enemigos ex- 
tranjeros, á pesar de la indiferencia, en 
quien debía socorrerla. 

Desde la ópoea_de 1737, en que habia 
llegado La Española ¿ la suma escasez 
de habitantes que dejamos indicada, en- 
tonces que parecía llegar al inünito de la 
desolación y que el país se undia, que- 
dando yermo y desierto, sin una protec- 
ción decidida, del gobierno, empezó por 
si niÍsm.o á prosperar en población, agri- 
cultura y comercio, de tal modo, que en 
menos de cuarenta aíJ os habia elevado 
su censo al número de 150.000 almas, 
reedificando la capital, levantando mu- 
chos templos j fu .dando diversas pobla- 
ciones, Y lo que puede llamarse porten- 
toso es, que las causas verdaderas que 
contribuyeron á esta naciente prosperi- 
dad fueron de aquellas que hubieran po- 
dido arruinar la colonia sí la hubieran en- 
contrado floreciente. 

Una de las primeras causas que dieron 
Tiday movimiento á La Española, fué 
haber dejado por fin á los franceses en 

Sacíflca posesión de aquella parta Oeste 
e la isla, por muchos años disfrutada. 
Los nuevos vecinos, aunque piratas, 
gente perseguida, sin- rey ni ley, funda- 
ron una colonia que poco tardó en hacer- 
se populosa. Entonces cesesitaron gana- 
dos, que los españoles vendían porque 
loa tem'an de sobra, y poco tardó en lie- 
^jpa k noticia de los holandeses é ingleses 




la superabundancia de este artículo ei 
La Espailola, y acudieron i busear e 
dos cargamentos. 

Como que con e! comercio nace eipon- 
táneamente la agricultura, roturáronse 
campos que yacían abandonados, reedifi- 
Gándose muchos trapiches, y acudió gen- 
te al país antes miserable y despoblado. 

La segunda de las causas que dieron 
el nuevo esplendor que adquiría la parte 
española de Santo Domingo, ha sido el 
establecimiento de varías naciones de 
Europa por las Antillas; porque de todas 
las islas circunvecinas acudían á comprar 
ganados y maderas que allí habia en gran 

Y por fin, la tercera, con otras diversas 
causas del cambio de fortuna, fue la de 
hacer la guerra por mar en las Antillas y 
Norte de América á los que en Europu 
sostenían guerras con España. Para esto, 
los dominicanos tenían muy buenas dis- 
posiciones, y el botín cuantioso que con- 
quistaban en malos barquichuelos, ani- 
maba el valor y la codicia, enriqueciendo 
á muchaa familias. Por manera, que este 
segundo periodo de bienestar que consi- 
guió la isla, y que parecía conducirla otra 
vez al debido lugar de su importancia, 
fué debido, según ya indicamos, á cau- 
sas, al parecer, contraproducentes, como 
fueron la usurpación y paciflco estableci- 
miento de los enemigos en una parte del 
territorio, la creación do colonias extran- 
jeras en las cercanías y & guerras de la 
metrópoh. 

Cierto es que la sabia y_ liberal admi- 
nistración del buen rey Carlos III, con- 
tribuyó también al engrandecimiento de 
La Española, promoviendo en el pala di- 
versas mejoras materiales, y fomentando 
en sus naturales el amor á España, que 
no fué desmentido en los grandes conflic- 
tos que luego se sucedieron. 

Convencido el benéflco soberano de la 
ventaja que una buena parte de España 
empezaba á disfrutar ciyi la colonización 
de Sierra- Moren a, fundando las hoy flo- 
recientes poblaciones llamadas la Caroli- 
na, La Carlota, La Isabela, y laLusiana, 
ensayó el mismo sistema en Santo Do- 
mingo, remitiendo numerosas familias 
que lo pidiwon de las islas Canariae, y de 
estas inmigraciones subsisten como tes- 
timonio los pueblos de San Carlos y Sa- 
bana- la-mar. 

No obstaute.las mejoras que La Esps' 
Sola iba r«cíbiendo en sucrecieute pobla- , 



I 



I eioB, tndastrl* y comercio, no dejó por 



gaoadoa que ae exportaban, aduana para 
la importación y las reutaa anuales lle- 
gaban á producir '70.000 pesos anuales; 
pero las necesidades de la época hablan 
exi^do la creación de al^na fuerza ar- 
mada permanente que defendiera la isla 
de los extranjeros qua la codiciaban; fue 
necesario establecer un resguardo para 
que impidiera e! contrabando por las cos- 
tas y fronteraaliaitianaa, yerear, porfin, 
otras diversas atenciones indispensables, 
por más que gravasen los intereses del 

Tal era la situación de la isla de Santo 
Domingo por los últimos aflos liel siglo 
pasado, cuando la uaeion española se vio 
precisada i sostener largas y muy costo- 
sas guerras, primero con Inglaterra y 
deepuas con Francia. 

Ajustada la paz entre Españay Fran- 
cia en 23 de Junio do 1795, porel'tratado 
de Basilea, ae convenía que i cambio de 
ciertas ventajas que se concedían 4 Es- 
paña, cediera esta la parte de Santo Do- 
mingo, que los franceses anhelaban po- 
seer para apagar la encendida hoguera 
por loa negros de Haiti, y hacer de La 
Española una gran colonia. 

Distraídos loa franceses con sus glo~ 
liosas guerras de Europa, descuidaron 
tomar posesión de la isla; pero al fin, fue- 
ron tantas las quejas y lamentos que oyó 
Napoleón de los colono» de Halti, Inicua- 
mente despojados por los negros , que se 
resolvió mandar á su cuñado el general 
Leclare con 20.000 hombres de ejército 
pttra ocuparla. 

Arri bó á La Eapañola, esta brillante ex- 
pedioioD, y después de alguna resisten- 
cia de loa negros haitianos, la ocupó toda 
con la sumisión de los insurrectos y del 
mismo célebre negro Toussaint, jefe de la 
teaurreccion en el año de 1602. 

En el Biguient», una terrible epidemia 
de la enfermedad endémica, ó aéaae ne- 
bro amarilla, concluyo con mucbisimos 
franceses, entre los que se eontO el mis> 
IDO Leclére. 

El año de 180S, un criollo valeroso y 
entusiasta por España, enarboló en San- 
to Domingo el pendón de Castilla, y dié 
el grito de rebelión, empelando en aquel 

Sais pobre y casi desierto, una guerr» 
esiguat. La oonstaucia y otras circuns- 
tancias felices que providencialmente se 



campaña, quedó reconocido brigadier, y 
el gobierno del rey le confió el mando de 
la colonia que haoia arrebatado al domi- 
nio francés, cuyo cargo desempeñó con 
acierto hasta su muerte, acaecida algu- 
nos años después. 

Cuando el año de 182! andaba Bapafia 
muy ocupada con la sublevación del con- 
tinente americano, y aun más que por 
eso, con los disturbios politicoe que ae 
repetían por entonces en la pemnsula, 
aprovechándose de estas circunstancias 
un ambicioso que desempeÑaba un alto 
destino en la capital de la isla, fingió 
una conspiración y con loa coníurados se 
presentó en la mañana del 1." de Diciem- 
bre en casa del gobernador, en ocasión 
que este se hallaba afeitando. 

Hizoles entrar coa muestras de amis- 
tad y conQanza, y habiéndoles oido quo 
el país quería aer independiente, les res- 
pondió, sin alterarse en lo más mínimo 
por tan extraña exigencia, que si él era 
el estorbo á tanta felicidad como soña- 
ban, que pronto quedarían satisfechos, 
pues tan luego concluvera de afeitarse 
iria á embarcarse, cumpliendo asi las dis- 
posiciones del gobierno, que le tenia pre- 
venido no hiciera la menor resistencia al 
La Española quería su emancipación. 

Y en efecto, el gobernador salió de su 
cn^a tan sereno y tranquilo, como si fue 
ra á paseo, se embarcó y desde el buque 

Eudo veroue ondeaba en la ciudad el pa- 
ellon colombiano. 

El patriotismo de que blasonaban tos 
conjurados era otra mentira, pues siendo 
ministro de Estado en España el seQor 
Venavidea, dijo á este propósito on una 
sesión de Oórtes estas textuales pala- 
bras: «Todos sabemos t^ue solo un audi- 
*tor de guerra establecido en aquella ca- 
•pitania general, y un geoeral que no te- 
tnia dotes de tal. el uno consintiendo y 
•callando y n^ haciendo nada, y el otro 

■ incomodado poraue no le habían hecho 

■ magistrado en la audiencia de Santo 
• Domingo ó Puírto-Priaclpe, y no digo 

■ de Puerto-Rico, porque no ciabia alli 

■ audiencia entonees, sublevó la isla y la 
"isla ae sometió & la sublevación y pro- 
■clamó su independencia.! 

Tan pronto como llegó á la parta oc- 
cidental de la isla ocupada por los ne- 
gros Ih noticia oe que el pais había nido 
abandonado por los espauoloa, se hicit- i 



na aprestos da gneira, p&rtieron expe- 
diciones de Is república haitiana, y los 



^^OA débi! rea 



Toda la isla formó una nación y píf 
primera íei se dio el ejemplo de qn« 
mandasGii los ae^s ; obedeciesen loa 

blancos. 



PRODUCCIONES DE LOS TRES REINOS. 



Número de primitivos habitantes.— Situación geográñca.— Puertos.— Ríos- — 
Islas adyacentes.— La feracidad.— Campos j montes.— Frutos.— Maderas 
preciosas.- Ganados y aves. -Minas de oro, da plata y esmeralda». 



t'l)espues de la rápida ojeada histórica 
echa en el capitulo precedente, cumple 
al objeto de la presente obra dar una idea, 
aunque lijera, de la situaeioü y produc- 
eiones de la isla. 

Se ha repetido por diversos historiado- 
res, que cuando los españoles llrgaron á 
> la isla de Santo Domingo estaba dividida 
ea cinco reinos independientes. En cuan- 
to al número de sus habitantes, üe ad- 
vierta notable discordancia. El padre 
Yalverde, natural de la ciudad de cjanto 
Domingo . escritor de fines del siglo 
XVIII, sienta que había cinco millones 
de indios. El padre Las Casas, haee re- 
ferencia de tres, y Waahinaton Irving, 
el moderno historiador de América, 
calcula solo un millón. 

Lo positivo es que ios habitantes vi- 
vían felices con sus costumbres inocentes 
en un delicioso pais, abundante en fru- 
tos, caza 7 pesca; pero esto no obstante, 
los primeros españoles allí estableeidos- 
sufríeron grandes padecimientos, prime- 
ro por los efectos de la aclimatación, y 
Inego porque tardaron en comprender 

3ue las verdaderas, las positivas riquezas 
e las Antillas estaban mis easus fe- 
cundos campas que en las entrañas de 
lasminasquB buscaban con avidez. 

La isla de Santo Domingo se halla si- 
tuada al S. de la de Cuba, dividiéndolas 
un canal de 14 leguas de travesía, y otro 
de 20 la separa de la d« Puerto-Rico. Su 




latitud es de 17*40' y 19'54, y los 68*24 
y 74*35' de O. 

Por la parte mis larga tiene 130 leguas 
castellanas, y su anchara varia de N. á S. 
desde 14 &33. La auperScie total es do 
i.SOQ leguas cuadradas. 

Sobre las condicicnes que reúne la fsla 
de Santo Domingo para ser considerada 
como país privilegiado, tiene la muy apre- 
clable de contar en su interior, ríos cau- 
dalosos navegables aun para buques ds 
gran porte, y otros infinitos, que aunque 
menores, están brindando inmensas uti- 
lidades & la agricultura, á la mdustrlay 
al comercio. 

Sus puertos y bahías son en gran nú- 
mero, y los más frecuentados, Santo Do- 
mingo, Puerto-Plata, Samaná, Puerto 
Caldera y Monte -Chriati. 

Losjjrineipales ríos, son el Ozama, que 
desemboca en el mar, bañando las mura- 
llas de la capital; el Isubela, quese launs 
como i dos leguas tierra k dentro; el 
Yuna, que desemboca en Samaná, y loa 
no menos caudalosos, el Jaioa y el Ni- 
gua, que desaguan por la parte del Sur, 
no lejos de Azua y Bani. 

Kn derredor, y á poca distancia de La 
Española, hay otras islas menores, ame- 
nas y trondosaa, y que bien merecen se 
fije en ellas la consideración. 

Preacmdiremos en esta parte como en 
toda la relación que estamos haciendo, 
de las islas que caen al itents de la n- 



I 



£úl>]ic& haitiana. 7 al mencionar las de 
a Bspauola hacemos referncia i. laa 
Sue pertenecen & la parte que tres veces 
16 nuestra. 

En el Sur, hallarán en d mapa Iob lec- 
tores la isla Beata; su terreno ea magni- 
fico, tiene ricas arboledas , excelentes 
pastos j muchos ganados. Hoy está de- 
sierta, pero estuvo en tiempos muy po- 
blada. Su extensión es de ocho millas de 
E. A O. y de seis de N. á S. con un cir- 
cuito de treinta, próximamente. Al O. tie- 
ne esta abandonada islita un excelente 
puerto con nueve brazas de fondo. Muy 
cerca de la Beata están otras menores 
llamadas Los/raires y Alto-Vela. 

La isla Catalina, al S. de La Kspaüola, 
también ofrece alguna importancia con 
auB buenos terrenos y sus ganados sil- 
vestres. De E. á O, tiene como dos le- 
guas y de N. á S. tres cuartos. 

Cerca de esta se halla al E. laislaSao- 
na, importante por más de un concepto. 
.. Santomas, Curazao, las Turcas y otras 
islas que en lan Antillas poseen naciones 
europeas, son mucho más pequeñas que 
la solitaria Saona. Tiene como 18 leguas 
de circunferencia, seis de E. á O. y dos y 
media de N.á S. Cuando arribó á ella 
Cristóbal Colon, la encontró bien habita- 
da y cultivada, gobernándola un cacique 
soberano independiente de los que man- 
daban en Santo Domingo. Su suelo es fe- 
ral, despejado y pintoresco, tiene exce- 
lante agua, abunda mucho en ganados 
silvestres y extraordinariamente en aves. 
Por último, dejando de mencionar al- 
gunas otras islitas, qua aunque de me- 
nor extensión, no por eso deian de ser 
excelentes, diremos que al O. déla Saona 
j más cerca de Puerto- Rico que de la Es- 
paBola, hay dos islotes llamados ¡a Mona 
y el Honito, con buenas condiciones de 
■cr pobladas. 

La Hona tiene dos leguas de E. á O. y 
ana de N. á P. . y para que pueda for- 
marse juicio de BUS buenas cualidades, 
bastara decir que los Reyes Católicos la 
cedieron como una muestra de expléndi- 
da generosidad, á Bartolomé Colon, her- 
mano del almirante, y el agraciado ae 
dadleó á cultivarla, sacando do ella gran- 
des riqueías. iíl Monito as do menor im- 
portancia. 

La isla de Santo Domingo tiene un 
«ualo tan ferax y rico en producciones 
naturales, que tuvieron que rcconoctrlo 
Hi loa prlmerúa espafloles que futron i. 



ella, por mis qne aquellos hombre» aven- 
tureros por excelencia , eran muy poco 
dados á indagar las circunstancias ngti- 
eolas de los pnises qua iban deacubrif ~ 
do y conquistando. 

Gonzalo Fernandez de Oviedo fué 
de aquellos soldados, que corriendo 
una & otra isla de las Antillas, y gnd' 

Earte del continente americano, se eata- 
leció, por fin, en La Española, y dejó k 
la posteridad una excelente obra de sua 
viajes y empresas, con curiosísimas no- 
ticias que sirven de raiz parii la historia. 
Al tratar Oviedo de dar una idea del ter- 
ritorio dominicano, no halló en su im\r 
ginaciim un medio más claro, una figura 
miis pintoresca, que hacer una compara- 
ción antre Santo Domingo, Sicilia é In- 
glaterra, concluyendo por conceder ala 
AntlUa grandes ventajas. 

Pocos ignoraoque todo pais inmediato 
á los trópicos Weva consigo mismo con- 
diciones vejelal es favorables: debe saber- 
se que aun entre aquellos países privile- 
fiados por su situación geográfica, lalsla 
e Santo Domingo es de las más favore- 
cidas T más fértiles del universo entero, 

Hállanae vegas inmensas y llanuras di- 
latadas, fáciles de cultivar ^ de hacer de 
regadío con la multitud de lios y arroyos 
que la serpentean que no bajan de tres- 
oientoa; y la más fecunda imaginación no 
podría calcular laa fabulosas riquezas 
que alli podría utilizar la agricultura. 

La vega real hacia el Norte de la Isla, 
cuenta con unas dleí leguas de ancho por 
ochenta de largo. Cristóbal Colon y sus 
oompañeros, al ver aquella prolongad» 
llanura, prorrumpieron en gritos de ad- 
miración y fué ella la causa que hubo 
para que se fundara La Isabela, primera 
población de la Isla. 

Lo que se llama despoblado de Santia- 
go, entre los ríos Camú y Dajabon, ea 
otra preciosa llanura que no bajade23 le- 
guas de lai^o con su anchura correspon- 
diente. Las planicie de Banl, Azua, San 
Juan delaMaguana, el territorio llamado 
Los Llanos, porque estí plano, como 
nuestros campos de la Mancna, y el que 
se denomina la ribera del Ozama, son to- 
dos sitios que, como otros que dejamos 
de nombrar, están convidando auna co- 
lonización populosa para hacerla ricay fe- 
liz. Interpuestas con la sabiduría y acier- 
to coD que Dios acaba sus obras, hay al 
Sar de las llanuras, montañas y aiarru 
■ prodigiosa altura. 



«ri- 



Todavia no ereemoe que esté bien av«- 
liguado CU&! de las dos partes, llan& 6 
montuosit, sea la mía importante y pro- 
ductiva ea la isla de Santo Comiugo. Los 
árboles de ricas maderas y los inagota- 
bles tesoros mioeralógicos, están en 
_ laa montañas, y bus pastos suelen ser 
^^^nás eaquisitOB, dando brillantes resul- 
^^bdos los terrenos roturados de sua la- 
^■fóraa. 

^■1 Los indígenas habitantes eran poco 
j^^viteligentea en la agricultura y teniendo 
I Mcaia cantidad de animales con que ali- 
mentarse, debe inferirse que la parte mds 
esencial de su subsistencia, consistía en 
la gran cantidad y tariedad de frutos 
silvestres que tanto abimdabaa y auo 
abundan por loa bosques. 

Es general en laa Antillas la creencia 
de que las frutas de La española son de 
mayor tamaño y más esquisitaa que las 
de cualquiera otra isla, incluso la de 
Cuba. Hay con superabundancia pifias, 
plátanos, cocos, mangos, mameyes, gua- 
nábanas, p >payas, guayabas, mamones, 
nísperos, marañones y otras especies de 
frutas, dulces, frescas y alimenticias que 
fuera molesto enumerar. 

Sin que hubiera tanta variedad ni 
abundancia como en las frutas, tenían 
los indios varias raices, de que sacaban 
buen partido para su aumento, tales eran 
la yuca, de que hacían sua tortas de ca- 
sabe, la patata, el moniato y otras. 

Pero el suelo de Santo Domingo fué 
más agradecido á las importaciones de 
Europa que el de esta to ha sido con las 

Elantaciones indianas; pues según dice el 
istoriador de laa Indias , el P. A.costa, 
en el capítulo 31 de su historia natural: 
• Mejor han sido pagadas laa Indias en lo 
•Que toca á plantas, que en otras merca- 
laerins, porque las que han venido á Es- 
>paña son pocas y dánse mal; laa que 
»nan pasado de España son muühas y 
»dánse bien.» Y en otra parte dice el mis- 
mo autor: (Cuanto por acá se da de esto 
•casero y de provecho, hortalizas, legiun- 
ibres, verduras de todas suertes, porque 
>haD sido cuidadosos los que han ido en 
•llevar semillas de todo, ya todo ha res- 
tpondtdo bien la tierra.' 

Para que la isla de Santo Domingo sea, 
como es, de un suelo el más feraz que la 
imaginación pueda concebir, reúne cuan- 
tas circunstancias para ello son necesa- 
i1as,camo son excelente calidad dejla 
tiens, aol ardiente y humedad constan- | 



te, ya por el riego de bui innumerables 
ríos y arroyos , ya por las continuas y 
muy frecuentes lluvias, sin distinción 
de estaciones, ya también por el copio- 
so rocío que por laa noches refresca las 
plantas. 

Desde el principio de la ocupación de 
la isla por los españoles , se importó la 
caña de azúcar, traída de tas ialaa Cana- 
rias, aegun Oviedo, como un objeto de 
curiosidad que empezó i plantarse en los 
jardines y en los huertos; pero su multi- 
plicación fué tan rápida y portentosa, 
que incitó á au cultivo con tal atención, 
que en ménosdc veinticinco años eiiatian 
ya en Santo Domingo, aegus afirma al 
P. Valvarde; oVeinte ricos y poderosos 
íingenios corrientes y molientes , y otros 
'tres que estaban para moler en el año 
»de 1535. > Debiendo advertirse que en- 
tonces llamaban únicamente Ingenios á 
aquellos cuyas máquinas eran movidas 
por el agua, y ademas por la misma épo- 
ca existían trapichea movidos por caba- 
llos; pero luego que pasó aquella primera 
época, el aumento de la elaboración del 
azúcar ha sido muy considerable; porque 
si desde un principio los buques iban to- 
dos cargados de aquel valioso artículo 
para aurtir á la Penmsula, pronto fué ne- 
cesario solicitar y obtener permiso para 
exportar al extranjero, y principalmente 
para Flandes el sobrante de azúcar y 
mieles. 

El café ha sido quizás la segunda se- 
milla cuya plantación probó en La Espa- 
ñola de una manera admirable. Donde 
quiera que hay ó hubo un caserío ó puo- 
hlecíto, allí se hallan buenas matas 6 
arbustos y aun corpulentos árboles de 
café. 

Está demostrado que su calidad no es 
tan buena en los países llanos como en los 
montes y terrenos pedregosos , pero en 
cualquier sitio en que se cultiva con al- 
gún esmero é inteligencia, es tan supe- 
rior como el más esquisitodel universo. 
Hay en la isla un pueblo que toma si 
nombre de Moca, porque el cafe de su ju- 
risdicción es, ajuicio de los más inteli- 
gentes, tan bueno cuando menos como 
el tan ponderado de la Arabia. 

Kt cacao se produce igualmente de ex- 
celente calidad y en tanta abundancia 
como se quiera cultivar. 

El algodón y el añil ae producen con 
suma facilidad, y en el día yacen en com- 
pleto abandono tan ricos articulos. 



« 



» 



BI tftbftco, do tan excelente calidad, 
q^ne ha disfrutado por largo tiempo bu 
jríftrencia al mejor de laVuelta de Aba- 
jo de Cuba, se reproduce con tal facilidad 
y abundancia, que ha llegado á ser en el 

Sais planta silveatre. Por muchos años 
el siglo pasado ha surtido á la fíibriea 
de Sevilla. En la actualidad es el primer 
produelo que tiene la isla, y con su ex- 
portación principalmente, se surten los 
naturales de cuantos efectos del exterior 
necesitan. 

Ademas de estas producciones, univer- 
sahuente conocidas por su general uso, 
hay en La Española otras muchas eróti- 
cas é indígenas que omitimos enumerar 
por no hacer digresivas descripciones dp 
plantas poco conocidas en Europa. 

De todas las magníficas y ricas produc- 
ciones que hoyposee la isla de Santo Do- 
■ mingo, creemos la mfts fácil de explotar 
el articulo de maderas de construcción, 
en que nbunda, hasta el punto de rayar 
eii¡f>iri--cible. 

di quisiésemos hacer una relación un 
tanto circunstanciada de los montes y de 
loa preciosos árboles que contienen, seria 
lalimos de! propósito que nos irapusimos 
de ser sucintos. Asi, pues, haremos una 
muj rápida reTista de estos productos 
tan ambicionados en Europa, que en La 
Bapa9ola yacen perdidos y aon de la pro- 
piedad del primero que log quiera. 

Hay prodigiosa cantidad de caobas, y 
!o que aun es mis apreciable. hay mucliu 
que hoy se conoce con el nombre decarn- 
colfllo, porque forma unos ojos, unos di- 
bujos y unos caprichos tan extraños con 
su veteado, que duplica su valor. 
. Hay fustete, que es una madera her- 
mosa y amarilla, que generalmente se 
usa para tinte, aunque por su buena con- 
sistencia podrían hacerse muebles muy 
preciosos. 

Hay robles, hácana. ta caya, el euaya 
cao y el quiebra- hacho!, cuyas maderas 
se hacen casi incorruptibles y solo tie- 
nen el ¡DconTeniente de ser inmanejables 
frecuentemente por su excesiva du- 
raia. 

Hay abundancia de candeton, cuya 
madera de color encendido, como la 
candela de donde ha tomado el nombre. 
M también dura hasta rechazar los ins- 
trumentos de acero, sino están perfecta- 
mente preparados. 

Hay superabundancia de cedro, de na- 
ranjo silvestre y capa, maderas que dó- 



ciles al haclia Bon útiles y preciosas para 
muebles, y con decir que todos los Mbí»- 
les frutales son de buena madera para 
construcción, nos ahorramos largas ex- 
plicaciones. 

Existe además otra clase de árboles y 
maderas que podemos llamar preciosas, 
tales son el ébano, el granadilio negro, 
el catey, el palo nazareno, llamado asi 
por BUS vetas moradas, el de tabaco, muy 
buscado para bastones, por sus capricho- 
sas mancnas negras y amarillas , el gu~ 
najo, el cuerno de buey y otros árcial 
y arbustos de sumo valor para ador 
nacer preciosidades. 

Como en este capitulo nos hemos 

Suesto dar á conocer únicamente las ma- 
eras llamadas de construcción, hemos 
omitido hablar de la gigantesca ceyba, 
del coco y de ta variedad de palmas de 
que tantísimo abunda la isla. 

El palo campeche es tan sum^ 
abundante en las ccrcanias de Uoi 
Christi, que en los trece meses qu8 
tuvo alli acantonada la división exj 
oionarta, la tropa guisó siempre sus 
choa con aquella madera que en Et 
se vende muy cara y por onzas. 

Cuando los españoles llegaron por 
primera á Santo Domingo, se halli 
con la extraña novedad de que los vMÍ 
rales y el pais solo tenían cuati 
cies de cuadrúpedos, de tan poco tí 
ño, que ninguno de ellos llegaba al 
un gato y tan poco abundantes, que 
guu dejaron escrito los compañeros 
Colon, muy pronto ios consumieron. 

Designábanlos con estos nombres; 
tia. Duemi, Uubuy y Cory. De la pri 
ra de estas cuatro especies aun se < , , 
servan en la isla algunos ejem^lareo.^ 
en la de Cuba hay muchisimoa. bon upi 
seres tímidos é inofensivos, habitan 
tas copas de tos árboles y viven de fri 
y raices. Su forma es bastante parr 
a la de una gran rata, pero con pelo 
fuerte que se asemeja a la cerda, alando 
sus manos como las del mono. 

Luego que los españoles determinaron 
establecerse en la isla, importaron á ella 
algunas parejas de ganado caballar, ba- 
cuno, de cerda y cabrio. La propagación 
fué tan portentosa, quejamáa se hubiera 
podido imaginar tan extraordinaria mul- 
tiplicación. 

Para que nuestros lectores puedan f( 
marse una idea a'gun tanto aproximí 
d« la prodigiosa cantidad de 



útilea y de la mayor eitimtioioii que ha 

SDSeiclo. y hoy mismo posee La Espa- 
ola, deberán tener presente que Oviedo. 
al ponderarla, habla de loa primeros afios 
de la eoloniíacion y cuando tenia mis po- 
bladores; pues cuando los ganados mou- 
tesea pudieron vivir A su anchura y pas- 
[jíareQ !o8 terrenos elaborados, quela es- 
Fcasez de habitantes iba dejando yermos, 
fjentonces el trascurso de los auos hizo 
que por cada uno de ellos, hubiese miles 
iRereses de las importadas de Europa. 
* Asi se explica que los insurrectos ha- 
n podido subsistir en sus cantones, !e- 
mnos de todo auxilio. A diversos |>risío- 
Teros y presentados en la parte del Sur, 
ÍbI Scybo, deGuanuma, deMonte-Chris- 
H j Puerto-Plata, les hicimos siempre la 
taregunta de lo que comían, y todos nos 
eontestaban unánimes ' carne. > Nos 
consta que loa jefes enemigos no cuida- 
ban del alimento de sus fuerzas, sino 
permitiendo la matanza de los ganados 

3ue ac hallaban por los cantones, y cuan- 
m^, si habia personas vecinas de las 
eercanias, lo que se hacia era regularizar 
«1 destrozo y dar ya muerta la ración de 

Por el Norte de la isla abundan mucho 
el ganado asnal y cabrio, el caballar 
también es común, sus condiciones son 
excelentes, aunque generalmente de po- 
ca alzada. Las vacas y cerdos son la ver- 
dadora riqueza pecuaria del pais, y se- 
guramente que Díen explotada esta mi- 
na, bastaría par» hacerlo rico. 

Si con la frondosa vejctacion, templa- 
do elima y bosques interminables con 
Sue cuenta la isla de Santo Domingo, no 
lera también rica en aves, seria una 
aberración de la naturaleza; pero como 
jamás hace Dios imperfectas sus obras, 
conjusta proporción ala sempiterna ver- 
dura de sus campos, ha sabido poblarlos 
de preciosos habitantes de pintadas plu- 
mas. 
Las ares útiles, alzadas ó domésticas, 

3ue posee un pais, aumentan bu verda- 
era riqueza y ningún otro mds rico ep 
este coacepto que La Española. 

Prosiguiendo en nuestro propósito de 
no aparecer exajerados, copiaremos aqui 
un párrafo de! liorito ya citado del Padre 
Vafverdo, sacerdote respetable, hijo del 
país: dice asi: 'Toda la isla está poblada 
>de cuatro especies de palomas; las unas 
«cejiicientas y grandes como una polla; 
a bay torcaces como las de OipaSa, 



»y son de nn morado elaro, grandes y de 

«excelente sabor, y las otras dos de mo- 
irado oscuro que tira á negro, délas cua- 
tíes unas tienen cierta coronilla blanca y 
lotras no, ambas un poco más pequeñas 
>que las torcaces y aunque de buen gua- 
ito, notan excelentes como las prime- 
iras; pero mucho más abundantes , y 
■tanto, que en la misma ciudad y sus af- 
«rededores, por los meses de Abril, Ma- 
>yo y Junio, se ve pasar desde el medio 
>d!a hasta el anochecer, de la parte del 
•Poniente hacia el Oriente una columna 
icasi continuada, cuanto alcanza la vista 
ideN. á S. De estas se matan millares 
•fuera de la ciudad, principalmente en 
Bun manglar que está al N. y en todas 
■las estanciasde la parte del Éste. Cuan- 
)do el viento es un poco fuerte, que no 
iipueden levantarse mucho, es diversión 
•ordinaria subirse k las azoteas 4 tirar- 
las.! 

Otro autor copiaremos también para 
no cargar con la responsabilidad de dar 
asenso á frases no creíbles para todos. 
Dice Oviedo: «Gallinas como las de Cas- 
■tilla no las habia, pero de lasque se han 
• traído de Bsp-ña, se han hecho tantas, 
íque eu parte del mundo no pnede ba- 
ibermiis. Ni por maravilla sale un huevo 
■ falto de cuantos se ecbau á una ga- 
.llinn, etc.. 

Las bandadas de gallinas de guinea 
se encuentran por todos loe bosques d« 
Santo Domingo con tanta frecuencia co- 
mo por Riipaña las perdices. HaymucliKB 
tórtolas, faisanes, pavos reales y cotor- 
ras, cuya caza no snlamente es diverti- 
da, sino muy útil y que podría ser da 
mucho lucro en otro pais donde Isa co- 
sas tuvieran su justo valor. Las aro 
acuáticas que se hallan en ciertas lo- 
calidades, como á orillas del mar del 
Sur, de lagunas y remansos de ríos, es- 
tán en grao cantidad y de las más apete- 
cidas especies. Los patos, los gansos, los 
cisnes, los flum.enco3, etc., han logrado 
formar islas de guano. 

Y si dHspues de haber enumerado estos 
pájaros de suma utilidad para la indus- 
tria, comercio y alimento del hombre, 
intentáramos hacer una reseña de aque- 
lla otra parte do avecillas que al parecer 
solo han venido al mundo para excitar 
nuestra admiración por bus preciosísi- 
mos plumajes, por aus melediosos can- 
toa, fuera ya una empresa de suyo lar^a 
y poi eso i^easi de esta ob». 



Debiéramos dejar aquí ésta punto, pero 
DO reiistiremoa el deseo de decir, aunque 
sea placando el estilo de Oviedo, que en 
parte del mundo no puede haber más 
sinaontes. Estábamos a punto de compa- 
rar flu abundancia con la do loa gorriones 
en España. Loa soldados en Monte-Cbria- 
ti los eogian por docenas, y cuando to- 
maban las criaa de los nidos, venían loa 
C' es i, darlas de comer. Tampoco ca- 
mos otro particular; vimos en aquel 
campamento gran abundancia y mucba 
variedad de pájaroa-moacas de muy di- 
minuto tamaño y de una hermosura 
Inexplicable. También era fácil cogerloa, 
pues disparándoles un tiro cerca, aunque 
en dirección contraria á donde estaban, 
eaian unos muertos y atroe atontados. 

En la iala de Santo Domingo no ba; 
anímales feroces ni reptiles venenosos; 
existen sí el caimán, la iguana, el la- 
garto, e! majá y culebras de varios ta- 
maños, pero que jamia acometen al 
hombre. 

Loa inaectoB son algunos verdadera- 
mente veneDOsos. En los sitios húmedos, 
abundan los alacranes, los cienpiés y las 
arañas peludas. De eatas, que los natu- 
ralistas europeoB admiran porque son 
Eico vistas, se crían en la campiüa de 
onte-Christi, eon tal abundancia que 
en poco rato pueden recogerse docenas. 

En la campiña y en algunos de los bo- 
híos encontramos algunos ejemplares de 
un ser viviente, de especie completa- 
mente deaconocida para cuantos alli le 
Timos. Los indígenas le llaman «Ipalifo 
por BU figura, y también le denominan la 
guitarra por su canto. Los que hemos 
visto semejante ser, le comparamos i un 
palito seco de rosal por su color y por sus 
nudos. Buele ser largo, como de una cuar- 
ta, grueso como una pluma de ave de las 
que se usan para escribir. Se mueve pe- 
rflíosamente sobre cuatro patas largas y 
flacas y tiene unas atas cortas como las 
del grillo; pero lo que más de particular 
tiene, y es la razón porque nos detuvi- 
mos hablando da él, es que su picadura 
escasi siempre mortal, según noshan ase- 
gurado varios dominicanos. A los pocos 
días de haber llegado al campamento de 
Konte-Chriati, se presentaban en el hos- 
pital varios soldados muy graves que no 
■abian decir lo que teuian. y sin que los 
médicos descubrieran en ellos otra cosa 
que loa sintomas de un envenenamiento. 

ConoluireinM esta parte, manifestando, 



en resumen, que loaríoB de Saoto Conmi- 
go y loa mares que le drcuadan, son fe- 
cundisimos en la cria de pescados di to- 
das las especies conoeidatt. 

Para dar un perfecta idea del reino mi- 
neral en Santo Domingo, vamos & copar 
un trozo de la obrita que por flnes del sl- 

flo pasado publicó D. Antonio Sanche2 
a! verde. 

Dice asi: «en las producciones vejetslss 
ise mostró también la naturaleza pródi- 
>gB, de riquezas metálicas á fósiles, que 

■ son, según los naturalistas, otra espe- 
■cie de árboles aubterráneos con raices, 

• tronco y ramas. Dar razón d« todos los 
•géneros minerales que hay en Santo Do- 
•mingo é indicar sus lugares, es imposi- 
•ble, porque muchos no se han descubier- 

■ to y aun se ha pordido la memoria de 

• otros que se trabajaron al principio. L» 

• isla tiene todavía sierras y bosques por 
«donde solo han penetrado monteros j 
tjento fugitiva, y montañas, i^ue sin te- 
imeridad podrá decirse que jamás han 
>sido pisadas de planta humana; por con- 
isigulente , hay mucho que descubrir, 
•tanto en el reino vejetal como en el me- 

lEl padre Charlevois no duda aflmiar 
•que en esta linea tiene la isla de cuantas . 
•especies de fósiles produce la naturale- 
>za, todos los cuales deben aumentar su 
•valor; pero como la codicia humana pre- 
■fiere ciertas eeperies, y yo no he de ha- 
ublar sino de cosas conocidas y ciertas, 
•diré en este punto lo que añrma el cita- 
ido Charlevois , que no hay isla en el 
>mundo en donde se bajan encontrado 
itan bellas y tan ricas minas de oro. De- 
•termi nádame nte tenemos aili las minas 
•de la Quena Ventura, 4 ocho leguas de 
•la capital, cerca de la antigua población 
•de Bonao, donde se encontró el singu- 
»!ar grano de que hablan nuestros escri- 
•toras , especialmente Oviedo , del cual 

• dice que pesaba 3.G00 pesos de oro, fue- 
ira de utros de extraña grandeza , aun- 
•que inferiores á la de aquel. En este si- 
'tio continúan muchos ^bres en el para- 
•jeque llaman Santa Roaa, lavando oro, 

■ cuyo quilate pasa de los 23 li2. En el 
•contrasta de esta corte se preguntó el 
«año do ftl de dónde ora el de unas hevi- 
•llaa que se llevaron A pesar, y asegura- 
•ron que Jarnos hablan visto oro tan 
(excelente. Algunos bun creído que víe- 
ine de orladorox superficiales , pero sa 
tengaO&u; lu Btfuu tneD al Ho eatoa 




_ üms, que se de3i>Tetideii de la gnu 
mina trab^aJa á principios , cujo soca- 
ron derrumbado se ve todavía, y se han 
'«sacado herramientas por el presbítero 
>D. Jacobo Cienfuegos j otros , que el 
laño de 750 quisieron beoeflciarla, y por 
lia muerte de aquel eclesiástico , que se 
jtenia por inteligente, la abandonaron los 
^emfia, 

•De estas minas, dice el citadoCharle- 
^ois que, habiendo tenido Colon noticia 
«r algunos caciques particulares, que 
n cierta parte del Sur había abundan- 
Isimas minas de oro, quiso antes de su 
Jartida aclarar la Temad , y envió á 
■"rancisco Garay y Miguel Díaz , con 
pnena escolta, á la cual dieron guias los 
■fiques. Garay y Díaz se hicieron con- 
iicir hasta el rio Hayna, en que habían 
Bicho que descargaban muchos arroyos 
HÍcantldad de oro con sus aguas. Hallaron 
»que era cierto, y habiendo hecho cabar !a 

• tierra en varios sitios, vieron en todas 

• partes cantidad de granos de oro cuyas 

• muestras, llevaron al almirante Colon, 
tquien dio luego órdeo de levantar allí 
•una fortaleza con el nombre de San Cris- 
■ tóbal, quese dio después k las minas, 

• que se labraron en las cercanías, y de 
'donde se han sacado inmensos tesoros. 

• El pueblo de Cotuy, que está más ar- 
»riba hacia el Norte, se llamó antigua- 
•mente de los Mineros, porque en su ter- 
•ritorio hay , y se trabajaban entonces 
imuchas j ricas minas de oro. En la 
•aierra que llaman Maimón, por un arro- 
•yo de este nombre, se ha labrado en 
•nuestros dias una abundantísima de CO' 

• bre tan excelente, que se asegura tener 
tua ocho por ciento de oro refinando el 

• meta!. No lejos de esta hay otra sierra 
•que llaman de la Esmeralda, por lo que 
•contiene de esta preciosa piedra. 

•Las famosas minas del Cibao, gran- 
•des por la abundancia y ricas por los 
«quilates de su oro, SOQ conocidas desde 
tel principio del descubrimiento de las 

• Indias, y el primer oro que presentó á 
•loa Beyes Católicos el almiraate, se sa- 

• eó de ellas. Hallándose estas minaa por 
>la parte Norte de la isla, junto aun rio, 
•que unos llaman Jánico y otros Cibao, 
•las cuales dieron en los primeros años 
•mucho oro, sin más beneficio que la 

• fundición. Las sierras que dividen el 
isílio de Constanza, que está en jurisdi- 
•cion de la Vega, y es actualmente de 
*D, Melchor Surieí, ds las cuales habla- 




•moa arriba, üe tan reaonotído ser todas 
«mineras de oro, tan abundante que ox- 
■ peliéndolela tierra de sus senos, corro 

• en arenas y granos por cuantas que- 
«bradas, arroyos y riachuelos descienden 
•de ellas. A dos dias de distancia de la 
•ciudad de Santiago, en un sitio que 11a- 
•man las Mesitas, en las cabezadas del 

• rio Verde y todas aquellas inmediacio- 
•nes, se lavó y cogió antiguamente m;i- 

• cho oro superflcial y viene de copiosis!- 
•mos minerales que no se han recono- 

• Copiaréaquí el testimonio del padre 
tCharlevois: M. Butet eouHrm» loque 

• he dicho ya muchas veces, que el rio 
•Yaque lleva entre sus arenas, cantidad 
ide granos de oro purísimo. El auade, 
íque en 1708 se encontró uno que pesa- 
"ba nueve onías y ae vendió en HO pesos 

• aun capitán inglés. De ordinario, son 
•del tamaño de una cabeza de alaier apla- 
annda ó de una lenteja muy delgada, 

• También dice M, Butet, que un suge- 
( to le mostró un plato de finísima plata, 

• hecho de dos pedazos de una mina, que 
'se ha encontrado en una de las minas 
•de Puerto-Plata; que por lo general to- 
ldo el país de Santiago esta lleno de 

• abundantísimas minas de oro, de plata 
•y de cobre; que aupo por un vecino de 
•esta ciudad, llamado Juan de Burgos, 
iqua sobre las márgenes de un riachue- 
ílo, nombrado rio Verde, había uoa mina 
» de oro cuya veta principal, en que ha- 

• bia trabajada, era de tres pulgadas de 

• circunferencia, de un oro muy puro, 
•maciío y sia la menor muestra de ma- 
•teria extraña: que el rio Verde lleva una 
•prodigiosa cantidad de granos de oro. 

• mezclados coa sus arenas. Que D. Fran- 

• císco de Luna, alcalde de la Vega, ha- 
1 hiendo sabido que los españoles habían 

• abierto muchas minas á lo lai^ de esta 
•arroyuelo, pasó á visitarlas y quiso apo- 
•derarse de elias á nombre del rey; pero 
•que habiendo hecho resistencia los pro- 

• pietarios, dio cuenta á España de donde 

• se despachó orden al presidente de San- 
óte Domingo, para que hiciera cegar to- 
•das las minas de la isla, la que se cum- 

• plió con todo rigor. 

■ A. la banda del Sur están las feíiilísi- 
imas minas de Guabay el cerro llamado 

• del Rubio, que puede llamarse de oro. 

• En estas se lian enriquecido algunos 
•clandestinamente con aolo su trabajo j 
•el ds tdsuD peón, por no aer daseubier- 



4 

4 



r 



*tos, eíd t«ntr Is pericia ni toi átñe* i 



tCuaudo digo á la parte del Sur se en- 
•liende hablando de la graa cordillera 
»quecorra de Este á Oeste; pero el terre- 
*na de Gualia es biea coBOcido ; está ca- 
■tri en lo müB interior de la isla, slanda el 



I 



>]a costa del Sur, entre la bahía de Nej- 
>ba 5 rio Pedemalea, que son eminentísi- 
imas 7 de un temperamento excelente, 
■se ha cogido mucho oro granado j bus 
•arroyos j quebradas llevan gran cantl- 
■dad de pajas y arenas de este precioso 
«metal. Ignórase cuantas riquezas en~ 
*cieiTau estas aerranias, porque jamás 
»3e han habitado, y solo han servido pa- 
ira asilo de hombres fugitivos. Lo mismo 
■lucedeenlosarroyOádeMacabony otros, 
» en jurisdicción de Santiago, que vienen 
»al Yaque por las sierras de uno y otro 
tlado, todos los cuales llevan oro, que 
ibaja de aquellas alturas y hasta ahora 
>nose bau recimocido, ysolo se banapro- 
•veehado de las más visibles algunos 
«particulares ocultamente. 

«Ni es solo este metal el oue se da con 
•abundancia en la isla, hallándose tam- 
•blen muchas minas de plata, una de las 

■ cuales, que se labróy fundió antigua- 
imeate, está d un día de la Vega en el 
•sitio de Garacoa. Doce leguas de San- 
•tiago á la parte del Norte, en el arrojo 
•del Obispo y en el llamado Piedras, co- 
»mo también en Puerto-Plata, en el cir- 
■cuitode seis ú ocho leguaa, se encuen- 
itran muchas minas del propio metal, 
«que de orden de Roque Galindo, alcalde 
•mayor de Santiago, se ensayó y fundió 
la Aries del siglo pasado. En la parte del 

• Poniente, eu tos sitios llamados Tanci, 

• hay tanta abundancia del propio metal, 
•que te ha creido aquel paraje más rico 
•que el Potosí. En lasica, doce leguas de 

• Santiago, á la orilla del río, hay otro 
•cerro de plata. 

• Bulas riberas del Jalna, en laeatan- 
•cia de Gamboa y el Guayabal, que es 
«boydoD. Casimiro Bello, hay otra ri- 
•quisima mina de plata, que se empezó ú 
■labrar antig'uamente y por haberse dsr- 
•rumbado y cogido A diez y ocho perso- 
- (Das, se dejó an aquel eatado. En el mis- 

■ mo sitio, entre los atoa ous se llamaron 

■ La Crui j áaa Uiguel •• eoouMiln 
•otra. 



■ Yendo de Santo Domingo iBigüey 
•en territorio del Seibo, en unos eerroa 
•que se ofrecen al camino real, se ba eu- 
•sayado una mina de estaño con plata, 
•que en mis profundidad será más rica. 

• En términodela mismaviüade Higtlej _ 
>hay otra muy abundante que trabajaron 

■ los indios. 

• En Sierra Prieta A seis ú ocho leguas 
■de la ciudad, hay una gran mina de 
•hierro, y no se duda que en sus espeau- 
•ras y malezas se encuentran otros mo- 
rtales. Siguiendo las mismas serraniía 
■hacia el Cotuy, se halla el propio metal 
»de la mejor calidad, con la facilidad da 
mavegarlo por el Yuna. 

■El azogue se encuentra en muchas 

■ partes, principalmente en Yaque Arri- 
iba, juriadiecion de Santiago, y le hay 
•también á poca distancia de tas minas 
•de oro del Cibao. En la jurisdicción de 

• Santo Domingo, pasado el rio Jaína, por 
>el camino real que va á San Cristóbal, k 
■mano derecha, en el sitio que llaman 

■ Valsequillo, hay una sierra pelada que 
•es mineral de azogue. 

■En las minas del cobrs de Maymon, se 

■ coge un excelente azul y una especie de 
■greda ó jaboncillo veteado, de que se 

• sirven los pintores para dorar. Junto á 
»Qstas minas, están dos de piedra imán. 

• En fin. el jaspe de todos colores, el 
•pórfido, el alabastro y otras piedras ex- 

• celentes, son producciones u^cueutiat- 
9 mas en la isla, como tambicn los dia- 

• mantesenlos muchos pedernales oue se 

• hallan en la jurisdicción de San Juan, 

• Bánica y Guaba. El yeso en Baní, Pue^ 

■ to-Platay Neyba. El talco, en la iuria- 
ídiccion de Azua y otras partes. Fuera 
»de las salinas de sus costas, hay el gran 
•cerro de sal en Neyba, que sobre ser 
•buena para el uso y muchas medicinaa, 
■tiene la particularidad do que la esca- 

• vacion que se liace un ailo, sa rellena á 

• poco tiempo. Vuelvo á decir, qun na el 

■ género fósi!, tiene cuanto produce natn- 
•ralezadeu' ' '' ""*" ~ "'"^" 
)aun reslii 1 

• Indufitrjií- 

Uoncliij'i 
raniomiui'i'i 
mero, di D, Juj 
de real { 



■je «B ella donde l&Tanclo un Artesón de 
•tierra, deje de Bncontrarse alguna parte 
•de oro. Dentro de la misma ciudad pue- 
} certifiearae cualquiera, de esta que 
irece paradoja; pues en loa tiempos de 
hertea lluTÍae hacen los muchacnos 7 
■a pobres, en las corrientes de los arro- 
nis, pequeñas escavaciones donde se 
Bipoci el agua, j layando aquella cof' 
ima porción de tif ira que pueden co- 
r con sus gi^'tlerita», sacan pajas y 
írenaa de oro.i 

JBI segundo es el historiador Herrera, 
&ual dice: 'Que en Saato Domingo se 
' kclan cada año cuatro fundiciones de 
'O, dos en el pueblo de Buena Ventara, 
¡lio legaas de la capital, donde se fun- 
& el de loa mloae nuevas j Tiejas de 




laquel contorno, y dos en la cindad da ta. 
• Vega, a donde se llevaba el de sus initi'fl- 
■diaciones. En la Buena Ventura se fun- 
idlan cada año, de2a5á230.ü00 pesos dé 
loro, y que las fundiciones de la Vega 
íeran de 230,000, y algunas veces llega- 
íban á 240.000, de suerte que vendía la 
>isla anualmente 460.000 pesos de oro. 
>E3 de notar lo primero, que estas fundi- 
■ ciones abrazaban dos cortos distritos; lo 
laegundo, que era todavía muy corta la 
«ciencia metálica, y demasiado el desper- 
»dic¡o; lo tercero, que ocultaban los par- 
"ticulares mucha parte, y Finalmente, 
ique en esta cuenta no entraba el quo se 
icogia en granos, cuyo valor suoia & 
tmucbos roiLlares, según testifica en va- 
irjaa partes Oviedo.' 



m. 



LOS DOMINICANOS. 



KJlogía.— Caráctor.—CoBtumiires. — Su organización social.— Instintos beli- 
s. — Su ejército y altos puestos militares. 



Habiendo dado á conocer, aunque eo- 
iramente, el país dominicano en los 
Bcedentea capítulos, justo aera que de- 

Íuemos un breve bosquejo de sus nalu- 
¡a habitantes, muy uifereates en todo 
i. los primitivos indios. 

No desconocemos todo lo que tiene de 
arduo esta al parecer fácil empresa, por- 
que en las figuras que deben dibujarse 
Say nn caprichoso amalgama de colorea 
— itioes que no es fácil hallar en la pa- 
— l'or provista. Tal, en fin, como 
y aunque solo consigTimos ha- 
OSCtira sombra, si el perñl es pa- 
" Mleligenoia do loa lectores sn- 
Tiencia del pobre artista. 



y morales del dominicano, debe enten 
derae que ae trata del que sustituyó al 
primitivo indio, y que boy es el habitan'- 
te de La Española. 

Persistiendo en el sistema de utiliiar 
en este libro lo que sea aceptable al obje- 
to y esté consignado por competente» 
autores, copiasLos á continuación un tro- 
zo de una carta publicada en un periódi- 
co de medicina y suscrita por el médico 
mayor de Sanidad militar D. Gregorio 
A. V Espala: «Tanto la isla de Santo Do- 
«mmgo, como las otras varias que en un 

• tiempo tuvieron esclavitud, no lograron 
isu emancipación sino á costa de convnl- 
isiones más ó menos sangrientas, en qne 
lia raza blanca fué aniquilada ó reduci- 
ida&tan precarias condiciones qne la 
"hicieron desaparecer easi por completo, 
■ llegando al estremo este rigorismo en 
■i la república vecina de Haíti, quelos po- 
icos blancos escapados milagrosamente 
>de la terrible venganza de sus antiguos 

• esclavos, se veían reducidos & soportar 



p 



itrato mis Inicuo que el que 

(frieran en las plantaciones los negros 
lúnportados de la costa da ¿frica. El 
•inmediato contacto da Santo Domingo y 
iHaiti, dio lugar muy luego á que.abo- 
ílidala esclavitud en la parte española, 
>la mía de color fuera poco á poco absor- 
uviendo á la blanca, hasta el punto de 
•que en la actualidad laa tres cuartas 
«partes de Santo Domingo se hallan ex- 

• elusivamente pobladas por gente de co- 
wlor asaz oacuro, siendo muy difícil de 
•encontrar vestigios de raía blanca pura, 
lentre )os que más ee asemejan k ella, 
•habiendo contribuido no poco íi esta 
»meíclft de castas la época en que losdo- 
»minicanoB fueron subyugados por loa 

• haitianos, en cuyo tiempo se dedicaron 
■estos últimos con particular empeño á 
•extinguirlos reatos eacaaoa de los blan- 
>cos, laToreciendo á toda costa los qu- 
>inero8os cruzamientos que han dado 
ilugarjaái la mult ¡coloreada población 
ique hoy se halla en esta isla, donde se 
vencuentra variedad de matices y confií- 
ision tan extraña de los tipos de la raxa 
>CBuc&slca, etiópica y de la indígena pri- 
imitiva. dignas de llamar la atención por 
nmás de un concepto de los naturalistas 
»y de los médieos. 

«El tipo dominante es él etiópico, sin 
imáa modificación que la que sufre esta 
•raza al permanecer en América dos ó 
>trea generaciones sucesivas, yauncuan- 
■do ya be indicado antes hay abundan- 
»cia de mulatos, pardos, cuarterones, 
«viéndose también, aunque en menor 
inúmero, indios mestizos de negros y de 
(blancos; la coloración más general es la 
>Degra, distinguiéndose varia robustez, 
isegun los puntos de la isla de donde 
>Bon oriundos. Generalmente hablando, 
Bon laa provincias del N. hay desarrollo 

• físico bien proporcionado; es frecuente 

• ver negros de buena estatura, de ro- 
ibustez y agilidad notables; no asi en 
lelS., donde el mayor número son de 
»mala presencia j de aspecto enfermizo, 
►indolentes en sumo grado y de poca 
►constancia en sus empresas, mientras 
ique sus vecinos del N. Noroeste, fami- 
■liariíados con las cordilleras que los se- 
tparan de las otras provincias, en lucha 
icoDstaute con los haitianos, acostum- 
•bradoB & la giierra y á la sobriedad, 
■poseen un a actividad extraordinaria; son 
•tenaces en sus propósitos, no cejan tan 
iftcilmente ante los obstáculos y culti- 



•van sHs campos con laboriosidad en los 
^intervalos en que dejan el machete y It 
> carabina.» 

Esta relación liará comprender la difi- 
cultad que ofrece sentar reglas fijas que 
demarqiien el carácter, las costumbres y 
las cualidades de razas tan confundidas; 
pero aunque con el peligro de mezclar eD 
la generalidad algún caso excepeional, 
ha de llenarse el objeto do este capitolo. 

Bl dominicano campesino , qua com- 
pone como las nueve décimas partes da 
la población, goza de una vida holgada, 
merced h su frugalidad nunca bien pon- 
derada r á su pais feraz hasta lo porten- 
toso. Alegre y satisfeelio en un tosco 
bohjo , enmedio de un bosque , cultiva 
únicamente unas pocas varas en cuadro 
de terreno, dejando baldío lo muchísimo 
más que 8 su disposición tiene. En aque- 
lla al parecer miserable posesión que se 
llama Comeo, encuentra cuanto necesita 
para cubrir todas las atenciones domés- 
ticas. Si al cabeza de una numerosa &- 
mUia se le va siempre descalzo ymal per- 
geñado, no hay por eso que juzgarle po- 
bre. y mucho menos desdichado. Nada ne- 
cesita, porque el dia en que entrevea una 
nueva necesidad, roturará tfuatro varas 
más de su campiña y quedará satisfecho. 

Gustan aquellos indígenas de vivir con 
sus parientes en lo mas recóndito de los 
montea, cuya costumbre seriaquizás ira- 
portada de la costa de África, ó tal vei 
adquirida por el aborrecimiento á las con- 
tinuas guerras y trastornos politicoa nor 
que ha pasada el país. 

A pesar de estavida solitaria y que g 
dria llamarse montaraz, el campesmo a 
minicano es dulce, afable, manso y hóá 
pitalaiio; usa siempre de un lenguS 
afectuoso y cortés con todos los deseos 
cidos forasteros que llegan á su alberg? 
aunque Jamás los haya visto, annm 
creaque jamás loa volverá á ver. 

Han referido eapaSnlea muy veraee_, 
que tuvieron necesidad de viajar solos 
por el interior de laisla, aun por IohsI- 
tios más agrestes, en el interregno des- 
de la anesisin hasta la revolución, que 
jamás llevaron temor de ser vejados, y 

aue cuando tuvieron que pedir liospitali- 
ad por una noche, siempre habían sido 
recibidos con suma consideración, aunque 
fueran los dueños de la vivienda de aque- 
llos que jamás iban á las poblaciones, ni 
Habían nada de lo que pasaba por el resto 
del mundo. 



I 



Por esa aflcion &1 aislamiento, ba; po- 
cos pueblos ea la parte empanóla y sobre 
todo muT poco numerosos. 

Los dominicanos habitantes de ciuda- 
des ó TíUaa diñerea poco en lo general de 
los oampesioos. Visten más decentemen- 
te, j siendo un poco más ¡lustrados, son 
más sagaces y de más peligroso trato; 
pues parece que todo lo que ganan eu lu- 
ces lo emplean en dobles y falsía. 

Gstagente de Tillas 7 ciudades son tos 
Únicos que se ocupan de política, pues 
los del eampo Tan siempre cta^amente 
donde loa llevan los jef«a de las conspira- 
ciones y Tan comunmente engañados y 
contra su voluntad; pero la organización 
ds la república obligaba á todo ciudada- 
no á ser soldado, tenia que empuñar el 
fuHÜ cuando la patria le llamase, y siem- 
pre los motines se liacian á nombre de la 
pobre patria, que con ellos quedaba cada 
Tez peor parada. 

A los dominicanos hay que considerar- 
los en casi continua guerra, desde que 
se hicieron independientes de Haití, y 
poco puede decirse de su organización so- 
cial sin que tropecemos con la militar. 
Con respecto á esta, no tenían ejército 
permanente; todou los ciudadanos forma- 
ban agrupaciones á semejanza de nues- 
tros batEdlones de las antiguas milicias 
provinciales; todos abandonaban sus fa- 
milias y labores para ingresar en el ejér- 
cito, siempre que la independencia se ha- 
llaba amenazada por las invasiones, casi 
periódicas de los haitianos, ó lo reclama- 
na el orden interior; y al regresar al seno 
"' sus familias, después de dlaueltos los 

írpoa tt que petteneciau, en más de 



una ocasión hallaban su número dis- 
minuido por la muerte y perdido ol fru- 
to de muchos dias de trabajo por falta 
de brazos que se empleasen en su cui- 

Montado el servicio militar por este 
sistema, ya se comprenderá que semejan- 
tes tropas son de pésimas condiciones. 
Sinotra instrucción que saber malamente 
eargar y disparar; sin otro armamento 
que el que cada cual puede facilitaree, á 
excepción de algún que otro caso muy 
raro, en oue el gobierno podía repartir 
para muchos miles de hombres, algunos 
cientos de fusiles que regularmente sír- 
vieron í otras na"iones, y fueron des- 
echados por inútiles. El soldado domini- 
cano no conoce el uniforme, se presenta 
como estaba ea sus tareas, que general- 
mente es destrozado, descalzüt, v por todo 
morrión un mal pañuelo atado a la cabe? 
za. Mucho menos conoce el uso del cor- 
reaje ni de la mochila; gasta una «specie 
de esportilla, que llama maculo, oue con. 
lina cuerda á modo de asa, cuelga del 
hombro izquierdo. En aquella especie di 
zurron_ó morral, ileva todo bu ajuar de 
eampaua; el tabaco, la carne, loa pláta- 
nos, alguna prendada ropa, si por casua- 
lidad tiene, y los cartuchos; todo va allí 
revuelto. 

Los jefes dominicanos, son por lo ge- 
neral personas da valor muy acreditado 
en sus guerras y discordias civiles. La 
cualidad mis relevaate en el país, es el 
valor. Queda más orgulloso un individuo. 
i quien se hace el elogio de decirle qua 
es hombre dg machete, que s i se le cele- 
brase por cualquier otra cualidad. 



rv. 



LA REPÚBLICA DOMINICANA. 



iDeBdichado el pueblo que rompiendo 
el nreno de la obediencia y respeto social, 
se precipita de rebelión en rebelión, em- 
puña las armas y pretende lavar con san- 
gre de sus hermanos agravios inventa- 
dos por la exageración poUtiea! 

¡Deagraciada la sociedad que ee des- 



L de retraimiento.— El cáncer 



borde por pasiones mezquinas! Cuando 
cada hombre pretende hacer su volun- 
tad hija de su egoísmo; cuando se pos- 
pone el interés general, entonces bien 
pueda asegurarse que aquella sociedad 
está viciada y enferma, que se debili- 
taj:¿ tanto, que ínspiraxi compaaioa y 




» 



que srFS6trHr& nna existencia miserable. 
Ejemplo triste nos da la ¡ala de Santo 
Domingo que fuera en otro tiempo prós- 
pera, ilustrada t feliz j retrocedió tres 
•igloB desgarrada por los traatoraos in- 
testinos, hijos de la politica personal, 
tiue empequeñece á los pueblos, atándo- 
los fuertemente ai carro de la discordia 
hasta arrastrarlos y deatrozarloa. 

En el Curso de la presente historia se 
verá de una manera evidente hasta qué 
punto las pasiones mezquinas pueden de- 
gradar una sociedad morigerada. 

A principios del año de 1822, la repú- 
blica haitiana conquistó la parte de la 
tsla de Santo Domingo que había sido 
española. 

Diez j nueve años posejó Haití paeífl- 
cuneiits su conquista, gracias i la ma- 
yor vigilancia t á grandes medidas re- 
presivas que adoptó. 

En ese largo periodo, ni el país prospa- 
róiii sie aviDieron los indígenas con los 
iatrusos. 

8e aborrecían mutuamente con la ma- 
yor franqueza y sinceridad. Solo feltaba 
una ocasión propicia para traducir en he- 
chos loque no callaban las lenguas, y al 
fln llegó. 

Ni entre los domícanos ni entre loa hai- 
tianos, ¡fueria es confe.sarlo! no ha resal- 
tado jamas como virtud cívica la unión y 
fraternidad. Veleidoaea en sus pretensio- 
nfiS políticas á Qoe por su desgracia son 
muy dados, piden hoy con empeño, lo 
que maSana rechazan con desden, y de 
aquí procedió que los de raza circasiana y 
los de la etiópica, los eonq ni st adorea y 
loa conquistados, pudieran entenderse 
una vez para fraguar una conspiración 
que le llamó con énfasis (movimiento 
combinado.! Hubo avenencia, porque se 
trataba de destruir. 

Scffun el complot, se destruía en pri- 
mer lugar b1 empsrador Faustino I, que 
se había hecho un tiranuelo, contra el 

3 lie priücipalraente iban los tiros, y se 
ealri^a el imperio de toda la isla y sus 
adyacentes, porque la recompensa que 
obtendrían ios blancos occidentales por 
au alzamiento, sería la conservación de 
su independencia. 

Todo bien preparado, estalló símulté- 
naamcnte la revoluoioa en Haití y Santo 
Domingo. 

Blerilo do índependeneta le dio el 27 
,¿f Fenrero dn 1^4, <-i que entonces era 
va JiÍTeD, Pruicleca Sánchez, i qnien ' 



luego veremos de genera!, InflolTBn'Iofí 

destinos de su patria, y por fin fusilado 
por orden del que le suplantó en el 
mando. 

Violento fué el primer empuje de los 
dominicanos, y sus adversarios fueron ar- 
rollados en su retirada hasta muy cerca 
de la frontera, contribuyendo á ello la 
traición de varios generiüea negros y la 
sorpresa de otros que, sisado afectos al 
emperador, no habían tenido conocimien- 
to del complot, y sobre todoel arrojo con 
Sue peleaban los que proclamaban «Li- 
ertad é independencia.» 
Mas no consiguieron su objeto pronto, 
ni fácilmente, porque repuestos de la sor- 
presa, los que habían sido leales al poder 
caído, arrepentidos quizás los Que habían 
consentido en un plan, que llevaba por 
primera condición el desmembramiento 
del imperio en las dos mejores partes da 
su territorio y aguMoneados unos y otros 
por sugestiones del nuevo poder v por la 
sagacidad del nuevo presidente de la re- 
pública, el mulato Gef/rarí, se perpetuó 
una guerra tan lenta como cruel por laa 
provincias da A^zua y del Gibao. 

Eso, no obstante, los dominicanos cre- 
yéronse felices al verse por primera vea 
libres e independientes y en actitud de 
poder darse el gobierno que más convi- 
niese al país y adoptaron la república. 

Los primeros gobernantes de la parta 
eapañola echaron una ojeada sobre aují ' 
ven nación y vieron que deapues de ni 
ber sufrido diez y nueve años el despotla 
momas grosero de ios haitianos; despoc 
de haber sido alL eavilecida la raza Man 
ca bástalo increíble; después de babt 
ofrecido al mundo el nuevo espectácuj. 
de hacer volver atrás la corriente de It 
civilización, hasta el punto de que L 
mismos que poco antea so respetaban, 
como ilustrados bajo el pendón de Casti^ 
lia, yacían en opinión de salvajes; vieron^-— 
en fin, que después de los más inauditot- 3 
süfrímíentoa, quedaba la isla, y especial- 
mente la parte española, en el mayor es- 
tado de postración; que los dominadores 
no habían hecho mejoras, pero que ha- 
bían cegado todas las fuentes de la rique- 
za pública. 

El espectáculo era triste y deagarrador.4 
Se necesitaba mucho patríotiamo. muchft J 
fraternidad para levantar la joven repú-i 
blica de la postración y descrédito en qu«<a 
ae hallaba. Era necesario que los domini*^ 
canos todos depusjerut en uas de la p^ ^ 






tría soa aspiraciones particulares; que 
tnte la voz del patriotismo callaran to- 
das Ub miserables am^icioaes. 

Aquella crisis hubiera decidido de la 
suerte de lanacioD, si hubiera tenido la 
fortuna de que á su frente se colocara un 
hombre de virtudes cívicas, secundado 
por una docena de altos funcionarlos 
honrados; pero quiso la fatalidad que no 
ca.vese el país en buenas manos. 

Hay nacioaea desgraciadas eu lae qua 
la adversidad ee ceba con saña. 

Las Tieífiitudes poraue ha pasado la 

Fortunada isla espanols, sorprenden y 



_. dejándose ver la mano del ^. 

del mal que la va conduciendo de 
precipicio en precipicio. 

Cuando en su cnsis era más necesaria 
la unión j fraternidad, uo solo para con- 
flolidarse, aino también para combatir 
Tentajosamente al haitiano que rcsistia 
la expulsión con una guerraeacarnizatJa; 
entonces nreciaameate apareeió la gran 
calamidad pública, la amoicion y la dis- 
cordia, 

Solo por pasiones mezquinas, corría 
inb-uctuosa y abundante la sangre de los 
leales que áe buena fé luchaban en la 
frontera por su indepeodeiicia. A los po- 
cos meses y en el mismo ano de 1844. en 
3ue 8anches había levantado el pendón 
e la libertad, andaban ja en pública 
desavenencia el gobierno que se llamó 
Jitnla ciittral gulematica, y el general 
(¡de maudaba las tropas que debían 
expulsar á los dominadores. Aquellos 
fueron los primeros reñejos de la Huma 
que habla de devorar el ediflclo de la 
prosperidad pública que empezaba í le- 
Tautarse . 

El general en jefe del ejército domi- 
nicano que tenia el encargo nacional 
do contener y batir al enemigo en la 
frontera, olvidando aquel sagrado deber, 
levantó el campo, volvió repentinamente 
la espalda á su contrario, y ae dirigió á la 
ciudad de Santo Domingo yara negocios 
de personal ambición. ¡Paso funesto! 

Eí que de una clase oscura se haMa 
hecho rápidamente general y dieta^lur, 
D. Pedro Santann, daba el nuevo espec- 
táculo de jurar en la iglesia del jiucbloUe 
San Cristóbal, artte. un numeroso publi- 
co, «que á trueque 'la que !a ciudad de 
Suito Domingo, á donde se dirigra con 
s\ia tropas, uo le hiciürit resi.'ítenoia ni su 
gente ningún cargo por sus actos, no 

~''~iuia de las fuersas ijue nuadabaí ai ' 



perturbaría el ¿rden , ni perseguiría i 
ningún inilividuo por las opinionea que 
hubiere maniíestado.i 

Explicase tal suceso en la vida pohtica 
del general Santana, cuando dice: •Con- 
ferenciando acaloradamente eu la iglesia 
de aquel lugar sobre los motivos que le 
llevnOaná la ciudad: ique la Juntaba- 
ibia Lecho carecer al ejercito de todo re- 
)curHo;° mas como el geueral Sánchez 
justi&caae ante una inmensa muchedum- 
bre loa envíos hechos por el gobierno, es- 
pecificad amenté y por el orden da sus fe- 
chas, la máscara del hipócrita cayó i, sus 
pies. En vano pidió recursos á au impu- 
dencia para salvarse de aquel revés; el 
golpe fué tan certero, que soto recurrió 
al efugio de jurar sobre las aras del Dios 
vivo, que no llevaba siniestras intencio- 
nes contra el gobierno, ni otra mira q ue 
la de despedir al ejército dentro de loa 
muros de la capital, darle las gracias y 
retirarse otra vez í la vida Drivada. Su- 
plicó amistosamente al enviado de la Jun- 
ta que interpusiese con ella suinfluio, 
para que coronase au deseo; asegurinao- 
le que podia responder de la rectitud d« 
sus intenciones. 

Obtenida su entiada bajo tan falaces 
auspicios, dejó la mitad de las tropas en 
la fortaleza y arsennl, hizo formar las 
restantes encuadro en la plaza de armas, 
y ae dirigió á la junta para hacerla car- 
gos por su conducta, acompañado de una 
turba de sicarios armados de tcabu^s j 
carabinas. A los gritos deecomunalís 
lanzados por él dentro del salón, doade 
se teníala sesión, sus parciales respon- 
dieron pidiendo la caída de aquel poder. 
Santana, aprovechando la coyuntura j 
el Víctor de dos hombres que lo saluda- 
ron con el nombre de dictador, dio una 
proclama diciendo: «que aunq^ue lo» pue- 
■blos le habían conferido la dictadura, la 
•rechazaba, porque ella habla sido síem- 
>pre funesta á los países que la hablan 
lenaajado; pero que en au lugar prasidi- 
irialanueva junta que formaba enton- 
•ces, añadiendo: los generales Sánchez y 
"Jiménez permanecerán eu ella á nú 
•lado.» 

A! día siguiente de una escena que de- 
bió ser tan respetable para el magnate 
de un país que aspira á regenerarse, que 
se titula católico y que había de elegir 
su sistema de gobierno, fué quebrantado 
el juramento con escarnio del que le 
pr«ataia y esc¿a4«lQ ifi, cu^<3 k^%' 




bfan presenchdo. Santana diiolvió & las 
veinticuatro horas la junta de gobierno, 
que prometiera respetar; dacretó prisio- 
nes por opiniones politieas que ofreciera 
oltidar, y fué condenndo al ostracismo el . 
general Sánchez, que la hablb buscado 
para que tomara parte en el alzamiento 
nacional y que fo babia entregado ex- 
pontáneameate el ejército con que habla 
atacado la dominación haitiana. 

Pocos ejemplos de ta! cinismo son su- 
ficientes para desmoralizar una sociedad 
naciente j el terreno en que derramaba 
tal semilla , era fecunda j pronto dio 
abundantes frutos. 

Empezó entonces un cúmulo de rsTuei- 
tas, de insurrecciones y de fusilamientos, 
con tal rapidez y furor que rayaron en lo 
inverosimil y en lo increíble, casi en lo 
imposible. 

La suerte SB habia echado. La repú- 
blica dominicana exhausta, pobre, con 
una escasa población, que no llegaba A 
doscientos mil habitantes, trabaiadas las 
costSmbres, poco dados al traonjo sus 
naturales, sin industria ni comercio, con 
un enemigo pertinaz que no queria pa- 
sar la frontera, y con unos mandarínes 
que se perseguian con saña, no podia sos- 
tenerse. Cualquiera que entendiese un 
poco de política, sin ser un lince, podia 
adlvinary aun ver, que aquello era cosa 
perdida, y que no nabia puntales para 
sostener el vacilante edificio social, que 
se amasó con sangre leal y que debia «er 
sólido. 

En tal estado, los ambiciosos como lo< 
desinteresados, los que ganaban y loa 
que perdían, reconocieron, confesaron y 
publicaron la impotencia de sus recursos 
materiales y morales para establecerse, y 
contritos, si no arrepentidos, y si tam- 
bién arrepentidos no con el proposito de 
la enmienda, dijeron el S/ñor pe^ué. 

iQué recurso quedabapara mejorar tan 
desesperada situación? Nada más que 
nao : implorar el amparo, la protec- 
ción, el dominio de otra nación fuer- 
te, que defendiese i tos dominicanos 
ie sus encarnizados y ieroa enemigos, y 
que contuviera la discordia insten tía a 
que los devoraba, y á España volvieron 
BUS ojos, porque no podian olvidar cjue 
de ella procedían, que de ella les fué en 
mejores tiempos la prosperidad, la reli- 
gión y el idioma. Acudieron una y otra 
vez it los capitanes generales de Cuba y 
puerto-Rico, protestando de la mas sin- 



cera amistad j oariSo i su antigua me- 
trópoli: y pedían protección de tal ma- 
nera, con espresiones tan entrañables y 
cariñosas, como suele usar el que pide 
con mucha necesidad, 

Pero los generales españoles escucha- 
ron con desconfianza fas proposiciones 
que lea hacían los dominicanos, que ai 
bien por entonces no pasaban de pedir 
avuda para sahr de su ahogo, dejaban 
claramente comprender que fácilmente 
podía llegarse á la reincorporación. 

Ni tampoco oso podia seducir; pues no 
hay ejemplo de que una joven se hay» 
fugado imaotivad amenté de la casa de 
sus cariñosos padres, y que después do 
haber corrido graves aventuras, regresa 
al hogar paterno, tan pura y tan virtuo- 
sa como antes fuera. De su libertinaje 
siempre adquiere malas mañas. 

Convenia mucho antes de reciUr al 
hijo pródigo, conocer sus cualidades. 

Porque un país no se gobierna hoy co- 
mo un padre de familia gobierna su casa. 
Lo.'? pueblos son raíis exigentes que lof^ 
hijos y ménoa respetuosos, desde que e> 
ducó el sistema absoluto; quieren qD< 
sus gobernantes vigilen incesantemeabf 
por su honra, por su prosperidad yñ' 
siempre consienten que se contraiga 
comproniiaos, ni se reanuden amistaS 
con gentes que no pueden dar ni I " 
ni provecho. 

Por estas consideraciones, los dom 
canos gestionaban con éxito desgraciad 
ante las autoridades españolas, que ■ 
hiendo sus iu torionda Jes, los oiun 
desconfianza y los contemplaban 
asombro, casi con miedo de contagiar 
eon su trato y esquivándole siempre qi .. 
podían, informaban desfavorablemante ^ 
gobierno de S. M. 

Daremos & continuación unos compí . 
bantes de loa términos en que se maní 
featahan las autoridades de laa Ajiti!las._ 
y por seguir su orden cronológico, tene- 
mos que empezar por lo que oQció en 1644 
D. Leopoldo O'DonnelI, siendo capitán 
genera! de la isla da Cuba. Uecia: (y su- 
primimos aqui todo comentario) que Ib. 
importunaban con ruegos de protección 
y socorros, que no ereia debia otorgar, y 
tras informa contrario i los dominicanos, 
terminaba su escrito con estas palabras: 
■Mita como hasta ahora no haya desceo- 
>di<lo resolución expresamente sobre el 
(particular, y atendiendo las graves «on- 
'--"del asunto, tanto por lot- 




mpromiios que pudiera oírecer rec- 
eto k otras naciones europeas, cuanto 

r ser tnuj dudoso al que k España 

■eonveDga impoBeTse la obligación de 
isosteser nuevas posesioEes, me he limi' 
ttado, etc. • ' 

No discrepaba de la misma opinión el 
conde de Mirasol , capitán general de 
Paerto-Rieo, pues en í 1 áe Enero de 1845 
decia respecto á la parte española de 
Santo Domingo: iQua el pais uo tiene 
•recursos, oo tiene industria, uo tiene 
tagrienltura propiamente diclia, ni otra 
iriqueza actual, que la mezquina espor- 
itacion de sus maderas; que todo es po- 
ibreza, y por consecuencia absoluta ne- 
jceaidftd, de que el protector ó el ocu- 
ipante sufrague por Hi los gastos, apla- 
•zando su indemnización para cuando se 
«creen los medios productivos que la 
(puedan realizar. ■ 

luTariables en su opinión los generales 
de las Antillas, decia el conde de Aleoj 
al informar de unos ofrecimientos que se 
le hicieron para anexionar Santo Domin- 
go á España, lo siguiente: tRevoluciona- 
trioa sin principios fijos, no me parece 
•deben inspirar ahora ninguna fé sus pa- 
>]«bras, siendo, por el contrario pruden- 
«•te juzgar que sus miras llevan la idea 
»de recuperar su anterior posición, ó al 
•menos vengarse de sus adversarios. 

• Semejante ha sido en otras ocasiones, 
■ según tengo entendido, la ileeinteresada 

• aJnceridod de las protestas de cspaño- 
ilismo con que algunos se han brindado 
tk servicios análogos.» 

El Sr. D. Angeí Calderón de la Barca, 
ministro plenipotenciario que fué de 
S. H. C. en los Estados-Unidos, y que 

Sor consiguiente debia estar bien entera- 
de lo que se pensaba y convenia en 
las Antillas, tenia una opinión también 
contraria á la reincorporación j aconsejó 
que no podía convenir ni el protectorado 
ni nada que tendiese á que se hiciese fácil 
V frecuente el trato de los dominicanos 
Con Cuba ni con Puerto- Rico, 

Este sistema de retraimiento de los es- 
pañoles con sus antiguos hermanos, te-* 
nia su origen en la vul^rizada idea de 
que nada bueno podia esperarse de una 
mala compaSia. 

Mientras que Cuba y Puerto-Híco, 
prosperaban de una manera portentosa; 
mientras á la sombra de un gobierno pro- 
tector y benéfico gozaban de todoslos be- 
neficios de U paz, desarrollándose un itc- 



tivo comercio, cuJíivináose la^ deneiaff, 

las artes y la agricultura. Sonto Domin- 
go, en continuas conmociones poütica^, 
retrocedía al estado primitivo, pero no 
con la candidez de entonces, sino con to- 
dos los vicios de las viejas y gastadas so- 
ciedades. Por eso era temible su trato y 
amistad, de la misma suerte que lo ca i 
los jóvenes el roce con loa viciosos. 

Los republicanos en todos sus apuros, 
en todos sus conflictos intestinos y ex- 
ternos, volvían á pensar en España; no la 
perdían de la memoria; acudían siempre 
piíliendo socorro, y lo extraüo ea que no 
cejaban, y volvían á pedirle á pesar de no 
obtenerlo. 

Las disensiones políticas de los domi- 
nicanos, tomaban un carácter de perso- 
nalidad tan ofensivo, que solamente con 
uno de los varios ejemplos que podría- 
mos poner, se formará un juicio aproxi- 
mado de lo que aquello era. 

Los generales Baez y Santana, presi- 
dentes de la república, que se sucediau 
frecuentemente en el poder ae aborrecían 
de muerte. Tenemos a la vista un mani- 
fiesto de Santana, que tiene la fecha del 
cuartel general de Pajarito á 4 de Uarzo 
de 1845 , y de el copiamos lo siguiente: 
«Baez, ciudadano corrompido, cuyo más 
•gran placer es corromper y envilecer 
«cuanto se encuentra en tomo suyo , mal 
ípatriota, traidor dominicano, mandata- 
»rio rapa» , protector del fraude y del 
«desorden, usurpador sobre la fortuna 
•pública, hombre de placeres y de ea- 
Bcándalos, ambicioso que aspirabas á la 
•dictadura en tu primera presidencia, y 
• que en tu última te has apoderado de 
sella y provocado la guerra civil, pa- 
»ra saciar tus pasiones y querer despo- 
íjar al puehlo del fruto de sus sudores; 
#¿tú osas injuriarme á mí, que desde mi 
•cuna he sido honrado, que nunca he da- 
bdo á mis conciudadanos ejemplos de in- 
smoralidad y corrupción, que ne despre- 
•ciado cien veces mi vida , mis intereses 
»y mí reposo por atender á la defensa j 
»al bien de mí patria! No, mentiroso y 
» calumniador; yo oo hice matar á Trini- 
í>dad y Andrés Sánchez, Nicol&s de Ba- 
tiría y Figueroa, según me lo imputas 

En las multiplicadas revueltas da la 
república dominicana, fueron tres los 
presidentes que tuvo, sucediéndose reite- 
radas veces en e! poder á impulso de 
eonmocienes populares. D . Pedro Santa- 



ttiiyD. BuenaTenfuTii Baez. Bl general 
Giménez , presidente de tercer orden, 
sorria para mandar en casos transito- 
rios y desesperados. 

Los tres tomtLban ei mando can el 
obligado tema de mandar á Cuba, k Puer- 
to-Hico j aun hasta á Madrid, primero 
comisionados y después comisiones qua 
abogasen porque reconociera España la 
república j porque la concediera algo. 
Pero ni la comiaion que presidia el gene- 
ral Baez, ni las insistentes gestiones del 
eeneral Mella que estuvo en Madrid más 
de un aüo, pudieron racabar nada del go- 
bierno 7 los dominicanos se abuirian, se 
cansaban y se iban considerándose ofen- 
didos, porque ni les bacfan caso, ni aun 
lea recibían con las consideraciones á que 
at juzgaban acreedores. 

Ño qoisiéramos ser parciales, ni aun 
parecerlo, ea la narración que vamos ha- 
ciendo y para corroborar nuestros aser- 
tos j especialmente aquellos que i núes- 
tro juicio se resistan mía & la razonable 
credulidad, usaremos de testos auto- 
rizados. 

Al efecto, daremos fln a este capitulo 
copiando un breve fragmento de un dis- 
curso que en el Congreso pronunció el 
ministro da Estado 8r. Bonavides. Decía 



dorador: «Pero no es esto soloteaqflf 
uestas comisiones, al mismo tiempo qufl 

■ venían, les decian á los gobiernos dfl 

■ España: ipues miren Tds., qtie si BO 
•andan listos vamos á acudir á otra par- 
itei y los gobiernos españoles lesconlea- 
»taban: 'puea vayan Vds. donde tengan 
■por conveniente, porque el caso es Que 

■ no queremos, I que es lo que ae deblá 

■ contestar siempre, y en efecto acudieron. 

■ Apenas ae empezó i hablar de la ane- 
ixion, de la libertad é indepenciade Son- 
eto Domingo, fueron, y no porque á nos- 
potros nos lo dígeran, sino porque lo dijo, 
" liablando de Santo Domingo, el ministro 

■ de relacionas extraujeraa de Francia qao 
jIo era entonces Mr. Gulzot, á nuestro 

■ embajador; fueron, como digo, á. Francia, 

■ y M. Ou¡f;ot le dijo á nuestro embaja- 
»dor: «hombre, aquí han vemdo y lian 
«dicho que quisieran ponerse bajo nnes- 
otro protectorado y que acudían & nos- 
liotroa primero que á parte ninguna, y lo 
i^que yo les he dicho es que se entiendan 
»con Vds.»; es decir, que lo que quería 
»M. Guizot era cargarnos con ellos y aX 
#fln cargamos, pero después que acudi^- 
sron 4 otras partos. Los gobiemoB ■( "" 
*!os eonocianlea decian: ipuea vaju " 
'>tedes donde tea convenga.» ' 



V, 



PRELUDIOS DE LA REINCOErOHACíON. 

Tlaita á Santo Domingo por ol Br. Torrente.— El primer cónsul de I 
Froposiciones de la república. — £1 general Alfau en Uadrid.- ' 

guerra. 



La primera autoridad española que 
atendió con al^na seriedad a las súpli- 
cas de los domim'canOB, fué, según nues- 
tras noticias, el gejicral Cañedo, que 
mandaba en cuba en 1853, y que contra- 
diciendo la politica eatablecida y obser- 
vada por sus predecesores, la quebrantó, 
no por una de las combinaciones profun- 
das, sino por satisfacer un movimiento de 
BU generoso corazón. 

Esto es lo que rsprobamoa y lo que 
teodremos que censurar en s) curso de 



la historia; que nn magnate cual (. 
tiempos dA feudalismo, tonga unacli. 
rencia que crea feliz, aunque sea d<ai¡ ,. 
nada, y la ponga desde luego en ^e^- 
cion sin pesar su gravedad, ni loa CoiÉl* 
promisos y cruentos sacriñcios que pue- 
da originará su patria. 

Los gobernantes tienen muy sagrados 
deberes que cumplir, y no pueden fcstl 
antojo disponer de loque pertenece ált 
nación, de la que no son ni tos dueños ni 
los arbitros, como suelen tigurarse. Bino 



loa adminíatradores 7 fieles depositarlos, 
tenieado que prescíadír de loa sentlmien- 
t03 hiimaitítarios, y efundo oblignilos a 
modelar su conducta aegun 1» política 
iovariable j coQveuieate que se haya es- 
tablecido. 

Deseando el general Cañedo, en e! bre- 
ve tiempo que mandó en Cuba, saber la 
verdad de lo que se le pintaba coa tan 
^ifoa colores, mandó un buque da guer- 
ra i tíanto DomiDgo j i Port-au-Princo 
y en este buque de guerra, como comisa- 
rio de S. M. fa reina, al ilustrado señor 
don Uiiriaiio Torrente, inveatidode toda 
autoridad por aquel capitán general de 
Cuba y con eiíensas instrueciunes secre- 
tas parad desempeüo de lacomiaionque 
se le confiaba. 

Ln llegada del ilustre español i Santo 
Domingo fué un verdadero triunfo; las 
autoii'iadcs todas de la isla pa^Hroo á 
rendirle hnmenaje á bordo del buque ái: 
guerra eupaño' que le conducía, y des- 

{ues de la recepción oflcial qaedaron ao- 
13 con el Sr. Torrente, el presidente de 
la república j el venerable arzobispo dí 
Sanio Domi.iso, y alli, en el seno de la 
amistad y de la franqueza, le instaron y 
le siiplliiaron vivamente que interpusie- 
ra su ioQuencfa con el capitán general de 
Cuba para qne aquel jffe hiciera conocer 
en Madrid que Santo Domingo era tierra 
española de corazón, que jam&a habia 
dejado de serlo, que todos alli tenían & 
orgullo llamarse españoles, y solo espa- 
ñoles, y que España tenia el deber de vol- 
ver á ella, como tanto deseaban, desde 
eljirimer magistrado hasta el hombre 
maa infeliz del pueblo. 

Cuando el Sr. Torrente saltó i tierra, 
seguido de toda la oficialiJad del buque 
que le llevaba, el venerable arzobispo fe 
esperaba á la puerta de la catedral, á la 
cabeza de todo sn clero, y al entrar en el 
templo el enviado español, le dijo conmo- 
vido aquel prin-ipe de la Iglesia: «Vea 
•usted, señor, ahi, en el altar mayor, en 
•lo alt«, el noble escudo de armas de la 
> nació D española , domiañndúlo todo, 
icomoenlos buenos tiempos de Santo 
■Domingo, sin que nadie le haya tocado 
• luraute tantos años; respetado, veae- 
trado. porque todos esperamos que han 
•de llegar mejores dias en que ese escn- 
tdo vuelva á ser el nuestro, dias de glo- 
•ria, de paz y alegría nua acaso yo, po- 
»bre viejo, 00 volveré a ver, por más cer- 
vinos que estén, pero que creo ha de 



■ conceder Dios á mi pobra país qiif Tea- 
■gan.. 

Aquí tenemos ya variada la política de 

loa capitanes generales de Cuba y Puer- 
to-Rico que decían y crpían que coova- 
nia el alejamiento y menos trato posibla 
con Santo Domingo. 

Ya vemos que pasó el tiempo en qua 
los comisionados j las comisiones que 
iban á gestionar se aburrian, porque na- 
da conseguían de las autoridades espa- 
ñolas, que ni aun los recibían con la dia- 
tiacion á que se juzgaban acreedores, 
Desie aqui empiezan los pasos contados, 
con que los dominicanos empezaron t in- 
gerirse en nuestra amistad. 

En el año de 1855, el gobierno español 
reconoció por fin la república domiuícana 
de la manera mJs generosa. Pocos años 
antes, en n de Abril de 1826. la Francia 
haliia reconovi.io á Haiti, con la obliga- 
ción de que babian de pag«r loa segroa 
una indemnización de 15 millonea de 
francos; pero en el tratado que se firmó 
en Madrid no se pedia ni una peseta por 
los perjuicios sufridos cuando en 18^1 ae 
dejo la isla. 

Se sombró un cónsul que fuese il San- 
to Domiugo A poner en plnnta el tratado, 
y fué elegido al efecto el Sr. D. Antonio 
Segó vía, persona muy conocida como ei- 
ceiente literato y como diplomático. Sa 
le relevó de otra comisión que tenía par» 
Jerusatem j pasó á Santo Dominga, como 
primer representante que alli enviaba la 

El cómo fué recibido el Sr. Segovía lo 
ha dicho él mismo en estos términos: 
•No dejó, sin embargo, de ser muy sig- 
nnidcativo para miel hecho de que el 

■ presidente de la república co hubiese 
lestado en Santo Domingo á recibir al 

■ primer enviado con que España reanu- 
"daba la nueva era de relaciones tan es- 
iCrecbas. No siendo costumbre mía hacer 
«grandes asuntos de pequeñas cosas, ai 
«molestar al gobierno con despachos 
íDomposoa 7 minuciosos, dsvoré en si- 
fleacio esta duda de sí había desaire para 
iBspaña, por supuesto, porque en cuan- 
uto á mi persona, hubo ecceso de oaten- 
«tacion, en lo cual ae-parecená losorien- 
stales; y i las primeras visitas que hice 
¡sal vicepresidente de la república 7 i 
»aquel ministro que debió proannciar la 
»arenga y los otros que no pronunciaron 
inada, pregunté cómo era que el general 
tSantana no había ido i Santo Domingo 



I 
I 

4 



- 34 - 



» 



»i asistir á una ceremonia que represen- 
itaba un agasnjo natuml, con oi^asioa 
*taD solemne al gobierno de doña Isa- 
»belll. El pj-etexto fué que eatabaoeu- 
ipado en los negocios ue la guerm. En 
♦efei^to, llegué en el momento eu que los 
» haitianos estaban cerca de Ins puertas 
ide Santo Domingo. Yo fingí corivencer- 
íme; fingí, digo, porque no creía en efec- 
>to la disculpa, pues estaba seguro áe 
>que San tana no estaba sino á mu; pocos 
(kilómetros de Santo Domingo, un mea 
^después de beber estado en el territorio 
«ocupado por los haitianos.» 

El tratado que haeia España con San- 
to Domingo tenía un articulo, en que ae 
concedía que pudieran ser j llamarí^e 
BútidítoB españoles cuantos individos lo 
solicitasen, y muy pronto se bailó con 
más gente bajo su tutelar bandera que 
la que podía gobernar el presidente de !a 
república. Pero Santana no era bombre 
que pudiera mirar impasible la evapora- 
oioQ de eutre sus manos, de un poder. 
<]ue al decir de sus paisanos le había cos- 
tado muchos afanes j no po^^oa c-nmeues 
j tuvo como un rival peligroso á Se- 

Si acaso pereciese aventurada esta no- 
ticia que e^tá impreca en uu libro en que 
se le nacen ¡¡rnyea cargos ;i Santuna, cu- 

E aremos dos párrafus de la mtmoria que 
dirigió el secretario de Negocios exie- 
rioree D. Miguel Lavaatida. 

Decían asi: ^^'A señor cónsul geneml j 
«encargado de Negocios de S. M. Uatóli- 
*ca, matriculó A diestro y siniestro; Uiio 
tespañoles á cuantos douiíuícanos, ó |tor 
«rehuir el servicio de la patria, ó ptr 
«¿dios y rencoi'eB ó pnr instigacioae^ de 
»el mismo rr-negaron de su n^icioualiiiod; 
»y vino un cia tnque el gobierno de 1» 
»rep>ibliea, te vio privado de uu gnin 
«número de ciudadanos sin fuerza ni au- 
•toridad en la misma capítnl del e<iado 
'y coa uD titulo vai>o e jrríso'íiJ, y lodo 
tello en tos momentos luísmos en que 
«corrían rumoresque enel veciou imperio 
»«e preparaba uua nueva y formidable 
«invasión contra nosotros.* 

«Oraciaa a los manejos de] Sr. Segovía 
«y del partido |)olílií;oque había creado 
iH favor de Buenaventura Gaei, com- 
«pueato en su mayor parte, de pseudos 
«españoles, el gobierní) se deaprestigiaba 
«de dia eu día. ,¥ de tal suerte, que ni h 
«foma de liunraiie» y probidad de tus 
«hombres que le componían, ui el claro 



«nombre de Y. &. (apartado bacín d 
*de loa negocios, pero que prroui 
•asistirle con sus sanopconsfjos'iálcfti 
tban ya aprestarle aquella fuerza mm 
ífl mejor y más firme apoyo de loa j. 
«bierüüs.— Descontento gener»!, guéf 
«civil cierta, rumorea de invasión haEH 
• na, gobierno desaulorízado; tal era Ib 
uaítuacion de !a república. situacíoD por 
stodo estremo grave y peligrosa. i 

Con estos dos párrafos queda demos- 
trndula excesiva influencia que ejercía oí 
cóuaul español, y el odio que le manifes- 
taba el gobierno de Santana, que no po- 
día perdonarle favoreciese las miras ds 

Empezó entonces á usar de su habitual 
arbitrti piedad y ae indispuso con el cón- 
sul, que pijco antes veneraba como i ua 
íiolo; arrancó de la égida espaiiola á Ins 
contrarios en política que allí habían bua- 
cudo asilo, y estos actos y otras quejas 
dierou Ingnr k reclamaciones y á discul- 
pas por ambos gobiernos. 

Estas desavenencias ocurrían ¿laves 
^uo por La Española circulaba la noticia 
de que se esTaba vendiendo á loa Kst»- 
dos-L'nidos la Península de fiaoiauá con 
su babia. V es una verdad justiticatU 
hoy, que existieron aquellos trutuB. 

Vieudo Santanii entouces que se divul- 
gaban sus peuaamientus, corrió el velo 
al disiniulo, v se presentó de freute al 
Phís con toda la impudi'ncia que leerá 
peculiar. En l6o4 reunió un Seuado da 
parciales y hechuras suyas, y presentó 
un proyecto de auexion de la repuldica á 
los Estados Unidos, que pronto fue apra< 
bailo por sus amigos, que asi fepreseuta- 
baii lus Intereses del país. 

En Washington fue al principio bien 
recibida la uuticía, tanto porque allí hiila- 
gab» mucho ti'do lo que era adnuirlr, 
c<iautoporL|Ue estaba á la shzou muy ca 
efervescencia la opinión exclusivista, qus 
pronto hubíH de sumergir al pnír^eDla 
guerra más espnntosa. y conlabau loa 
adeptos con que Santo Dumíngo era bue- 
na tierra para mandar á ella los varios 
millones de esclavos que tenían los Esta- 
dos del Sur, y á quieu debía dáradiis li- 
bertad . 

Apeaar de todo, el gobierno tan 'ibre y 
tandemocrúlicode la América del Ncrte, 
dio im triste desaire á SnutaiiR, pues re- 
capacitó que anexionadas lus dominíCK- 
noa, habiau de sel* ciudadanos ¡.U tus Gs- 
tados-Uoidos, y no quiau conceder taut« 



— S5 - 



fevor á los negros y gente de color. 

Coa este desengaño, era de suponer 
que Santana se hubiera resentido del g >- 
Diernode Washington y que jamás vol- 
viera coQ el á ne¿^ociaciones que le daban 
por todo fruto un golpe de Estado en 
vago y un desaire más; pero no fué asi, 
pues codavia en 1858 volvió á haber ne- 
gociaciones entre ambas repúblicas. No 
se trataba ya de anexión, lo que los Es- 
tados-Unidos quenas, era que en La Es- 
pañola se abriesen ios puertos á una gran 
emigración Degra. 

£6to que á Santana no le agradaba, 
supo convertirlo en sustancia ó pretexto. 
En efecto, nombró al general de la repú- 
blica D. Felipe A.lfau, para que fuera co- 
mo enviado extraordinario á Madrid á 
pintar á su gobierno con los más vivos 
colores, la dura alternativa en que se ha- 
llaba la república dominicana, de entre- 
garse álosyankees, en caso de que insis- 
tiera España en negarse á recibirla como 
á hija arrepentida. 

Llegó Alfau á Madrid en las más opor- 
tunas circunstancias para lograr su ob- 
jeto. 

Estaba en el poder un partido, que sin 
color político, creia haberlos absorbido 
to^o^. Juzgábase omnipotente para re- 
solver por si mismo las cuestiones más 
arduas y trascendentales para la honra y 
los intereses de la nación. Ene ministe- 
rio, queriendo repetir en España la poli- 
tica que ensayó la Francia en su con- 
quista de Argel, quería llevar allende los 
mares el interés y las quejas, las aspira- 
ciones y aun si se quiere las ambiciones 
exajeradas ó justas délos políticos, cre- 
yendo asi absorber toda la atención sobre 
el exterior, anexar las voluntades por in- 
terés nacional y distraer la espectativa 
del cumplimiento de las grandes refor- 
mas prometidas. Y con estas pretensio- 
nes, que juzgamos por los recluitados, lle- 
vó á Cochinchina una buena parte de 
nuestro ejército dé Filipinas. 

El ministerio español fijo en su pro- 
pósito, mandó tropa á unas islitas del 
golfo de Guinea, que habían estado cons- 
tantemente sin guarnición por fatales, 
, insalubres é improductivas, y por fin se 
lanzó á la guerra de África, cuyos triun- 
fos desvanecieron, no solo al gobierno,^ 
sino á todos sus adeptos- El duque de la 
Torre decía en el Senado el 23 de Enero 
de 1865: cPero ¿eran las mismas circuns- 
»tancías en 18&1? No: el estruendo de la 



»gaerra de África, las glorias de núes- 
»&ros soldados, las victorias He nuestros 
^generales habían llenado aquellos pai- 
»ses y el pecho de los españoles se habia 
» henchido de satisfacción y entusiasmo; 
»las gentes vieron un iris de paz y de 
•porvenir en una patria que renacía, y 
»entonces sus instancias fueron muy eñ- 
»caces, muy ardientes y muy asiduas; y 
»eu toncos fué un acto de patriotismo, de 
^dignidad y de decoro nacional el acep- 
»tar lüs votos de aquellos desgraciados. 
»G: I los decían: los haitiaros tienen más 
^organización y más medios de combate 
»y de guerra que nosotros; los Bstados- 
)>Unidos nos están buscando y poniendo 
»mil asechanzas, nos hacen proposicio- 
»nes; ahí están, nosotros no podemos ser 
»un pueblo índepedendiente ; tenemos 
»que ser haitianos ó someternos á los Es- 
»tados-Uuidos; nosotros no queremos ser 
» haitianos ni pertenecer á los Estados- 
^Unidos; queremos ser españoles.» 

Alfau conocía el terreno que pisaba, y 
no debía desmayar , al tropezar con las 
primeras diflcultades de su importante 
comisión. Con un poco de perseverancia 
quedaría el mundo admirado del más brí- 
liante éxito. 

El convenio que proponía el general 
dominicano, contenia siete artículos que 
ligaban á España, y eran los siguientes: 

1.* Promesa solemne de conservar y 
ayudar á coDservar la independencia de 
la república, asi como de asegurar la in- 
tegridad de su territorio. 

2.° Mediación de España, con exclu- 
sión de cualquiera otra potencia amiga, 
en las diflcultades que puedan ocurrir 
entre la república y otras naciones ; esto 
es, que sea S. M. C. el único arbitro en 
los asuntos internacionales de la repú- 
blica. 

3.** Intervención y protección de su 
majestad católica en cualquiera eventua- 
lidad en que la independencia de la repú- 
blica ó la integridad de su territorio pue- 
dan estar amenazadas. 

4.^ Que S. M. C. dé á la república los 
medios necesarios para fortificar aquellos 
puntos marítimos que más exciten la co- 
dicia, por ejemplo las bahías de Samaná 
y de Manzanillo , asi como el armamento 
que pueda necesitarse para guarnecerlas 
plazas y puntos fortiñcados. Todo ello á 
titulo de pagar la república su costo en 
los términos que se convengan. 

5/ Beal venia de S. M. C. para que 



de Cubt y Puerto-Híco Tajan Birgrentos 
j oficiales de au ejército que instrujan 
Bldomimcano. 

6.* CoQseatímiento de S. M. C. para 
que los soldados, cabos y sargentos de 
■u ejército de Cuba y Piierto-Hico , cum- 
plido el tiempo de su servicio, puedan si 
(luieren, en vez de venir 4 España, esta- 
blecerse en la república, poguncbándose 
en el ejército dominicauo ó ejerciendo las 
industrias que sepan ó dedicándose á la 
agricultura, en cuyo caso se les dará ter- 
reóos en absoluta propiedad. 

7." Celebrar un cunvenio de inmigra- 
clon eoQla república. 

En retribución , Santo Domingo se 
comprometiaá lo siguiente: 

t. Promesa solemne á Su Majestad 
Católica de no ajustar tratados de alian- 
za con ningún otro soberano ó potencia. 
2." Hacer á España todas aquellas 
eoDceaioneB que puedan servir de garan- 
da material á loa nuevos compromisos 
que se contraen entre S. M. C. y la re- 
pública, por ejemplo, un astillero en Sa- 
man á. 

3.* Concesión por tiempo determinado 
á España para que explote las maderas 
que puedan necesitarse en el astillero de 
Samaná. 

4." La república se compromete á no 
arrendar puertos ó lialiia-t, y á no liacer 
concesiones temporales de terrenos, bos- 
ques, minasvviaa fluviales á ningún otro 
ffobiemo, y nada en la hidalguía y buena 
te de su antigua metrópoli. aceptarA to- 
dos los compromisos que S. M. O. tenga 
k bien proponer. 

S.* Por último, las sumas que hayan 
de abonarse por armamento, construc- 
ción de fortiaeaciones 6 por cualquiera 
otro concepto, constituirán una deuda de 
la república con España, deuda que no 
pagará intereses y que se amortizará en 
los términos que se convengan. Y para 
ello se tendrá sn cuenta, que aunque la 
república no tieas más que una deuda 
interior de unos cuatrocientos mil pesos 
fuertes, su tesoro está actualmente ex- 
hausto, por haber tenido que hacer freote 
k una multitud de compromisos contraí- 
dos por las dos últimas administraciones. 
En necesaria que los generales San- 
tana y Alfau tuvieran muy pobre idea 
del gabinete de Uadrid, para que se ha- 
yan atrevido á presentar aquellas propo- 
siciones vergonzosas. Por eso el Sr. Sel- 
jas L nano, ministro de Ultramar, decia 



en la sesión del SO de Msrzo de IQftS: 

«ConGeso, señores, francamente, que 
■me he ruborizado al leer que se hiciera 
■á Espnña la proposición, no de la ane- 
líion, sino la del protectorado. Condicio- 
•nes más humillantes no las be visto Ja- 
imes en la historia de los tratados. Lna 
«nación que no tenia medios de vivir de 
ininguna manera se acoge á nosotros, 

■ para que la proveamos de recursos y de 

■ riquezas, obligándonos además & man- 

■ tener su integridiid é independencia 

■ constantemente. Y digo vo, señores: 
«ninguna nación contrae obligaciones de 
•tal estension, sin que le resulten beneñ- 
»cios Importantes. ¿Cuáles se ofrecían k 
iRspaña? Ningunos; absolutamente nin- 
sgunoB.» 

Y el Sr. Seijas tenia razón; pues ofre- 
cer en retribución á España como en da- 
f<6sito las bahías de Samaná y Manzani- 
lo. es un verdadero insulto para todoa- 
los que conozcun su nula importancia. 

El gabinete de Madrid no se ofendió 
por eso, y aunque le presidia el mismo 
que en 1844, habla manifestado que no 
convenia á la España tener nuevas pose- 
siones en América, accedió á las peticio- 
nes de la república, por las consideracio- 
nes que el mismo presidente del Consejo 
de ministros ha explicado más tarde en 
el Senado, cuando contestaba a las re- 
conveaciones que por ello se le hacían, 
«deñores senadores, decia, después de 
un maduro examen, modióqué yo mis 



íopmi 

»en aconsejar i S. M. la reiocorporaciuD 
>de aquella isla a la corana de Rspaña; 
»la responsabilidad de esta medida toda, 
ula acepto yo con mis cora pañero»; 
>la respoosabilidad toda es nuestra; ea- 
»taroos dispuestos h responder siempr^ 
íde aquel ecto. Y bien, sefiores, icém "" 
•hizo esa reineorpüraeionTMfts de u'i 
«hacia, año y medio que la repúLIica iL 
nminicana manifestaba que no tenfaU 
«medios de defenderse, que espiralM 
'•plaza y la tregua de cinco años quQ I 
luia pactado cou los haitianos, y tem 
•á pesar del heroísmo con que bal 
«defendido su independencia contraS 
#tos, ser sus victimas. El gobierno er 
>ñol no pensó primeramente en adi 
Illa anexión, pero ouisa al mismo tietñp| 
tver si era posible Que esa republlcí 
♦existiera por si, y le (lió armas y muoi 
ícíoiies; le maudo oficiales para dar un: 
>organiz&cioü 4 sus tropas, con el objeto 



»i!s qtte pndtesfln haeer frente A I&b neee- 
isldadea que ocurrieran; les dio cañones, 
>lea facilitó todos estos recursos; mis, 
»8in embartro. la república dijo que no 
»podiacontiDuar.« 
El miaisterio O'Doonell d&b& todos 
á los domioic&nos, sin que 
constitucional, representativa, 
nada por la voi di sus procúra- 
las Cámaras, ni de que tal cosa 
ni menos al precia que se con- 




8a, i nuestro juicio, de que la cuestión de 
Santo Domingo uo fuera tomada corao na- 
cional, sino con?D dijo el marqués de Mira- 
Qores oel sueño de uopartido.» jListima 
grande ha sido que tomara tal giro un 
asunto, que tantas vidas preciosas, tan- 
tas Ugrimas j tantos tesoros habla de 
coatar i España! 



MANEJOS DIPLOMÁTICOS. 



—Las actH d« adli«sion.- 



^fKo bastaba que la república dominica- 
na hubiera recibido de su recien alinda 
Kspafin. municiones, armas j oflciales. 
Los mugoates dieron tormento á sus 
ímaginaeioues para explotar en toda for- 
ma el &loD descubierto. Buscaron el ca- 
míDo que debía conducirlos á aii Un j 
vieron en lontananza el de Cuba. El mi- 
nistro de Hacienda, Comercio j Helacio- 
nes extehorea de la república dominica- 
na, se presentó en la Habana competen- 
temente autorizado por el presidente de 
la república jpor el Consejo de ministros 
▼ comunicó ai capitán general su pro- 
yecto de anexión y de rciucorporaciou de 
la república dominicana á la corona de 
Ca-siilla. Ese proyecto de reiui-rT|joraciün 
tenia cinco cláusulas ó condicJiíuíS, que 
eran las siguientes; 

«Libertad Individual y abolición por 
»coti-igu¡ente de la esclavitud; que la isla 
tde Santo Domingo sedfclarasc proviaciu 
•española; que fe utilizaran los serrioioa 
f de los dominicanos desde su iodepen- 
■deaciaen 1844. sobre todos los pertene- 
Mieatea al ejército; que se reconooieraa 



»por España los actos legislativos de la 

• república, y que se amortizara el papel- 

• monoda, que era el único signo de valor 
iqueentooces existia en aquella isla.» 

El Sr. Ulloa, director de Ultramar por 
aquella época, nos ha explicado en la se- 
sión de Cortes de 34 de Marzo del 65, lo 
que hizo el capitán general de Cuba j el 
gobierno con la proposición y condícionea 
del Sr. Ricart. 

«El capitán general Serrano, que ha 
»3¡do acusado por unos de ligereza, por 
jtotroa de ambición; el capitán general 
sSerrano hizo una cosa, de que no hay 
» por desgracia, muchos ejemplos en Es- 
BpaSa. 

» Después de haber obrado con mode- 
eracion. con prudencia como probare 
uen seguida; después de haber tenido en 
«un momento solemne, que decidir una 
ncuestioa que tanto importaba al honor 
^español y al porvenir de Espafla en. 
«A-mérica. después de haber resuelto esa 
«cuestión, aceptando toda la responsa- 
«bilidad del hecho, le dijo al frobtorno: 
«di los interesa del pws lo esigwi, sb- 



»crificame, desaTitoríTame; yo tendré el 
, »mhjoT placer, 1h mayoi" satialaccíon eu 
>que 86 me sitcriflque. sí con eslo puedo 
(hacer uu bien i mi pstria.* 

«Esta conducta de un hombre que lia- 
»bÍM llegado á la primera dtgDídad déla 
«milicÍH, j queteuia ásii cuidado el tm- 
»portaQte cargo del maodo de la isU de 
»Cuba, es digna, de elogio; jo tengo el 
>major placer en tributársele aooi de 
»uua manera pública y solemne. El ca- 

• pitan general di Uuba recibió la propo- 
saicion del Sr, Rioart, ministro de Ha- 
tciendaj de Relaciones exteriores déla 
«república de Santo Domingo. ¿Y qué 
»fué lo que hizo el general Serrano? ¿Que 
»fué lo que hizo aquella autoridad á 
»qu¡en se acusa de ligereza y del deseo de 

• precipitar los sucesos? Lo primero que 
*biío fué mandar que el cónsul de Espa- 
>ñBen Santo Domingo, que á la sn'ioa 
•estaba en la Habana, volviera á su des- 
atino, para qite aprovechando sus reía- 
»cionesysu influencia en la república, 
•impidiese todo acontecimiento, evítase 
»al Kobiarno español todo conQiúto que 
spuaiera traerle el demasiado españolis- 
»mo, el demasiado ¡entusiasmo de los do- 
•mioicanos. Eso fué lo que bizo el gene' 
»ral Serrano, tan motejado en esta cues- 
»ilon. 

»Y respecto de las condiciones con qua 
»el 8r. Ricart ofrecía la anexión, ¿que fué 
*1d que hfio el general Serrano? Llamar 
>al Sr. Ricart. y decirle: <mo tengo ins- 
struccionea. remitiré este proyecto al go- 
ibierno de S. M., y el será el que re- 
suelva.» 

>Bn la comunicación que el general 
•Serrano pasó al gobierno de S. M-, no 
•le escasea nada de lo que nece.iitaba sa- 
tber para que pudiera comprender tos in- 
•convenientea y los gastos que la ano- 
•xlon podia traer consigo, como no le 
•oculto tampoco según era su deber, que 
*si tüapaña en esta cuestión se hacia la 
•indiferente, Santo Domingo caerla néce- 
ksariameate en manos poco amigas de 
•RspaSa, y menos amigas toilavia de 
•nuestras posesiones en aquelloij mures. 
•Bsto fuá lo que dijo al gobierno, y aña- 
•dló, que pesara las circunstancias, que 
>petara las ventajas y los InconvenJen- 
>»«, y que se decidiera con completa li- 
»bertnd; no hubo la menor Indicación del 
rgea«ral Serrano capaz de decidir al ga- 

• raovte á que obran en este ó en el otro 
>s(oHdo¡ Bbi eatia las comuuloaolouea, 



•los seSorea diputados las ban visto, t 
■saben que hablo con perfecta sinceridad 
«y ron completo conocimiento de causa. 
»E\ gobierno español, sorprendido coa 
•este suceso, comunicó sus íustrucciones 
oal capitán ijeneral de Cuba, manifestán- 
»doIe su propósito de limitarse á la pro- 
íteccion de la isla de Santo Domingo, asi 

• como de todas las repúblicus de origoa 
lespañol; lo grave de aquellas círcuns- 
iCaucias, los insonveoientej que podiaa 
«resultar de la anexioo, U necesidad qnsiJ 

• había de apoyar por todos los medios f^ 
ala república dominicana paraqui 
»radel couñicto interior en que se 

• ba, y pMra que al mismo tiempo pudiei 
•coniener las tendencias de los liaitUBOJ 
*y de los aiíbusteroí. 

sLe auturiió. pues, pira que facilitM 
«buques para todo aquello que el gobio" 
«no creia necesario é iudispensable k \ 
)>de que no víiilera encima el auceso ¿ 
»la anexión; pero previendo que eae.HM 
•ceso poJia ocurrir, soore toJo cutoC^ 
«se saoia que el deseo era general en U 
»domÍnicanu3, le dijo: «yo no puedo acv 
ftatlm ahora , me tomo el plftzo da t 
•año.» Esta decisión del gobierno fué o 
»municadaaldr. Ricart y acejjtada p 
Bel como un gran beoeQcio, fue oomuí 
ocada también al presidente de larep£ 
¡»btica y aceptada por este, j en vlrtw 
«de estas instruSeiones, el Sr. Hioart.T ' 
«affai-rdo con el gobierno, pidió a_._, 
E>ea dinero, en materi»!. en una paljil 
fltodo aquello que creia necesario paí- 
ísalir del conflicto en que se hallabaB/l 
•cual prueba (y este era mi objeto prtlL 
•cipalj que m el gobierno español, nl.g 
«capitán general de Cuba tenian IntarT 
«en provucar los acontecimientos, que ti 
tnleroo contra su voluntad, dejandc' 
«sorprendido.* 

Tenia Santana muy pobre concepto d 
sus paisanos, ^ cuando se proponía it 
objeto, importábale poco el medio ni i 
modo contal de llegar al fin. Habla fiJiÉ 
do su pe o Sarniento en hacer la retucorpH 
ración de su país, á la que habla sido ■ 
madre patria, y ú su carácter tenai n 
se podiao presentar dificultades. ¡Quél 
importábanlas prevenciones que ledl»- 
ron de RspaSa! El creyó que se darla [tflf 
muy contenta cuando se lo dieran todo ^ 
hecho. ;Qiié le importaba que el paia lo 
tomase bien ó mal! Rl traOHJaba por su 
bipn y debía de alebrarse y agradecer el 
faTor que 1» liacis. 



Éín embargo, él que ]e.mia habla dulo 
importancia á las formas, se halló atas- 
" cado ante 1m idea de cómo llevNria á cabo 
su firme propósito. Era necesario prepa- 
Tarla opinión, para que tnis muchos eos- 
migos personales, no tomaran pretexto ti 
tiempo de cambiar la decoración poUUes, 
paradarel escándalo de itnnBgoijBda que 
podía paralizar j aundeatruiraus planes. 

Aunque bien puede asejiHrarse que la 
anexinn quedo Tirtuclmeuleliecha, deade 
el momento ea que el antiguo dictador ae 
propuso hacerla, tuvo, no obstante, la 
predüioa de ir ganando voluntades; pero 
aun esto lo hizo de una manera desacer- 

Uab'aba de su gran proyecto á aas 
ami(,'os uno por uno. reunía después á los 
que encontmtja más resueltrs á seguir 
sus inspiraciones, j por lin se resolvió k 
escribir j á repurtir las instrucciones que 
ponemo:4 á continuación como documen- 
to curioso. 
Decían asi: 

•Pedro Santaua, libertador de la pa- 
ttria, general en jeíe de los ejércitos, ca- 
• halleruKran ciui de ta real orden ame- 
«riuana de Isabel la Católica jr preaiden- 
»te déla república. 

•SeQur geucrul: Debiendo designnr las 
«personas c|ue merezcan toda mi confliin- 
vza para que impougaD á las autoridades 
py personan notublcs del país del resulta- 
ido de las negociacinues que ae acaban de 
scelebrar con el gobierno de á. M. C, 
iconforme con loa de>eoa que siempre 
>ha<i manireatado los dotniuicanos, he 
•resuelto encargar á V, pura que deaem. 
ípeño rata import'iüte con ision en la co- 
>mun de sU mando. Higa V. cou franque- 
na a tudosenmi pntríotas'oque el g<<liier- 
~ pJta brcbi> yin que d''titiit¡vHmente se 
i convenido, de acuenJo con ei-e mis- 
B penswníeutiJ de los hijos del pua- 
J. Qiie en vista de las grandes díB 
fitades que ae han t"C4<l'> p»ru coiiso- 
Mar b1 paid, contándose ja dii^'z j aittc 
os de luchas, duraute las cuales se 
ti agitado algunas reviieltas ijiteruae, 
BnjBB dolí tro sait cunsecueuciMS ee haL'en 
laenribles cada dia, el gobierno se lia 
«visto eu el caso da ocuiTír cerca del 
»de S. M. C. soUeitaudo una protección 
atfi cazque asegure la libt^rtud adquirida, 
Üaoce la paz y el sosiego jr garautice 
ie dar ec 1 1 lis del puüblo dominicano. 
^.'' Que lúa señukdus simpatías que 
itimliuante en todos lieiupoa ha totii- 




>do el pueblo dominicano por todo aqu»* 
>llo que depende de España, j laa qus 
'cata nación ha manifestado conatante- 
nmente por Santo Domingo.demandaban 
»la necesidad de que ambas partes se en- 
»teudieaen j tlevaaen & cabo una coa- 
«veocion que íntimamente las eatre- 

íS." Que atendiendo á todas estas ra- 
uzoaps, j con la seguridad de que loa 
jihaitianos no desisten nunca de susideas 
ude c nquista y exterminio, á pesar do 
slos esfuerzos hechos por laa potpncias 
amedindnras, el gobierno estableció aus 
» proposiciones al gobierno de Madrid, ba- 
Bsadas de eate modo : protección directa 
*; ellcaz á la república dominicana, ó 
flaneíiou de la antigua parte española de 
»lu isla de tíaotg Domingo eomo una pro- 
«vincia de Kspaña. 

«í." Que el gobierno de S. M., des- 

■ pueade haber estudiado, meditado y 
Buuo conaultadolas conveniencias de ca- 
itas proposiciones, ha resuelto decidirse 
I por la anexión, en víkta de las diflculla- 
•des quedeordinariip ofrece un protecto- 

■ radoqueno podía llevar el aellodatn 
• perpett'tdud. 

• a.' Que resuelta y decidida como es- 
>tá la anexión, por coaveuio de ambos 
igobiernos, no re-la olra cosa que hacer 
■que proceder á la declaratoria. 

>Q. Que para oueeata pueilallevarse 
>á cabo con todo el órdi-n posible, y que 
lia expreai»n del pueblo dominicano sea 
DÜbre. se ti>'uea ;a todas las Órdenes 
•convenientes para que vengan fuerzas 
idtí mar y ti^Tra á prutejer la mamfesta- 
DCion expon tAr en de los pueblos. 

ti" y último. Que las condiciones da 

»!.* Qtiese conserve la libertail indi- 
svidual. sin quejamás pueda establece r- 
4S0 la esclavitud eu el territorio domi' 

2.' Que la república dominicana sea 
ocotisldtrada como una proviicia de ^a- 
»[iañn V dístrute como tal de los mismos 



*3.' Que se utilicen los a 
»m.ijornumePO posible de aquellos hom- 
ebras que loe hnn prestido im|iurtant«a 
»8 la patria desde 1844, especialmente en 
»b1 BJercitoy que puedan prestarlo en lo 

a.' Que como una de las primeras 
nmedidas mande 8, U. amortizar el pape 
«actualmente oiroulantB en lareplubUc* 



i 



» 



» 
» 



»5.* Que se recOnoícnn eoiBo váli- 
>rÍ09 loa actos de lo9 gobiernuG qae se 
nhnn BuceJiao en Im república dominica- 
onade^de su nacimiento en Í8i4. 

iEstas iuatrucciones, que úebwá usted 
«hacerlas entender & l&s aiitortdiidcs j 
*p«raODa9 notables de esa común, para 
Mjue sepan cuanto se ba podido practi- 
»car en favor del pueblo domiuieBuo, re- 
- tvelan las buenas díspos^icionea que el 
«gobieroo do S. M. O, tiene por los bijos 
tde Santo Domingo. 

»Yo me regocijo y enorgullezco al ver 
»oorotiada la obra de mis desvelos, al ver 
«asegurada la libertnd, los derei^bos j las 
«garttiitias de mis compatriotas. 

Bportan halagüeño porvenir, felicite 
»ustedeDini nombreálospatriotasdeesa 
ícomuQ, jaaeiíúreles, <iu« puedea t.iem- 
»pre tenerme por el caudillo j guardián 
«de sus libertades. Dios guarde á usted 
imuchoa años.— Santo Domingo , Mnno 
»4de IBfil.— Pedro Saiitana-—áeñnp ge- 
»neral, Uannel de Regla Mota.— Baui.» 

GsCosapÓstnleanocoasegiüiiDcasi nun- 
ca convencer loa áuimoB de los persona- 
lea enemigos de Santana , j antea bien 
lea daban un poderoso apoyo para su 
odio; murmuraban, pero aun eso tenían 
que hacerlo con reserva y prei-'aucion. Asi 
pnes. los pueblos, los distritos y las pro- 
viuclaa oyeron los rurnorea de la anexión, 
loa unos cin indiferencia, algunos con 
placer, otros con e! terror que inspira el 
ruido que precede al terremoto, y no 
pocos como al clarín que incita al com- 
bate. 

No aai solamente ae procuró preparar 
el espíritu público para la publicidad del 
suceso, sino que también pasaron de !a 
Península á Santo Domingo atgunoa pe- 
riodistas, y bajo el i;ob¡erno de Santana 
fundaron un diario que ae llamó el Cor- 
reo de Santo Domingo, cuyo principal ob- 
jeto eraespañoiizar la iala. Existía otro 
periódico titulado la Reoisia QuinceMl, 
y tan pronto como quiso entrar en polé- 
mica con su nuevo colega, desapareció 
de la escena. Esto, no obstante, poco in- 
Quta en el espíritu público la prensa, 
poroue fuera de la capital y pocas máa 

Kbfacionea, escnsea la gente qne sabe 
;r, y mucho más que logre periódicos 
y tenga aflcion á leerlos. A las munici- 
palidades se tes exigía que extendiesen 
actas de adhesión á España, que debian 
firmar los prinelpaies de la común, y no 
M Ksistieton ; todas mandaron la suya 



con m4s expontaneidnd ó con más retI-~ 
cencías, según el espíritu de las corpo- 
raciones. 

Lo que ai tenia una verdadera Impor- 
tancia, en un país en que las armas aho- 
gaban todas las demás profeaionea, era 
ver á. oflciales españolea mandando la 
ciudadela de la capital, y que al coman- 
dante de armas de la ciudad se le pusiera 
como adjunto un jefe de la raisraa proce- 
dencia, y que e! coronel Fort, que habla 
adquirido buena fumada valiente con loa 
voluntarios catalanes en la guerra da 
Afíiua. hiciera un llamamiento en Santo 
Domingo a todos lis subditos de su ma- 
jestad cató ica, para organizar un cuerpo 
de milicias. 

Es cierto que la anexión todavía no ca- 
taba publicada ; pero Qo podrá negarse 
que.todca ealoa actos demostraban, qua 
ya era un hecho consumado. 

Y e! país, no obstante, no daba mues- 
tra ninguna de que le interesara el suce- 
so. Solamente un hombre, personal ene- 
migo dn tíantana. fué bastante osado pa- 
ra arrojarle el guante; y sea que a'irove- 
ch6 aquella ocnsion para i'onoraede fren- 
te á su contrario, ó que realmente fuera 
bastante patriota para volver á lachar 
por la indepeodencia de su patria, ello 
fué, que hizo una públi^'a y solemne pro- 
testa contra el magnate que a-i diaponia 
de los destinos y de la suerte del país. 
Llaoiábaec esto sugeto Francisco Sán- 
chez; era el mismo que con osadía inaudi- 
ta habia, el 21 de Febrero de 18-14, levan- 
tado la bandera dominicana contra loi 
dominadores haitianos, coronando el buen 
éxito la causa que fué el primero en pro- 
clamar. 

Pero ¡qué podia intentar el genera 
S.mcliPz, contra su contrario en el poiióí 
de su mayor poder? \ 

Los gencral-a de la república SancliM 
Mella y Cabra!, tan pronto se aperdlw 
ron de lo que se intentaba, hicierOQ i 
prote.ttaa y repartieron sus proclai~ 
contra la anexión, no porque la juzga. 
mala, pues ya queda consignado que S 
lia fue á Madrid á implorar protección if 
líspaSa. sino porque aquella era muy 
propicia ocasión de armar al^un allioroto 
con que prosperar. 

El primero de ellos que habia conmo- 
vido la parte española contra la domina- 
ción de ios negros, ae fué a ellos implo- 
rauda socorro crntra el presidente Sauta- 
na, porque traficaba con au patria, Jf' 



contu los «spaSoIes si fueiau i tom^r 

poseaíon. 

-Este que parecía un ahsunlo en potin- 
ca, no es tan grande, si se eiplicB. '¡na 
loa domioicBaos hacia mu; poco en una 
revolueioD.6 lo que más |)ompofiainente 
lUniiiiDiL vfoMmieuCo combinnd» entre loS 
íBleaoi, asi de origen do Is paHfi france- 
sa, «Bino de la española, oontriljiíyeron 
eficaiiDeat« áderríbardel poder at negro 
emperador'FaustlDü-SouIoiique, y eleva- 
rou .á la presidencia de la répúplicá át 
mulato Geffiard, Los homlires son hijos 
de las circunstancias, j ^e dejan ir áSoQ- 
de. ellas los, llegan. Ejemplos dé seme- 
jantes aoomalias ofrece la historia. 




El cura Merino, enemigo sangriento T 
cnliecilla cruel contra loa Tranceses'del 
grao Napoleón, durante nuestra^nerra 
de la Independencia, entraba en España 
el año ISáS, formando la vanguardia del 
ejército que conducía el duque de Angu- 
lema. Sancherjuigó, j no se ha equivo- 
cado, que aquel nuevo podp.r prestaría de 
buen grado cuantos embarazos pudiera 
pnra estorbar la anexión, ó al menos la 
pacífica posesión por líspaüa de la partt 
española, pues no pndia ocultársele que 
se echaba un veeino peli^roío, que cuan- 
do menoB babia de exígirde Haiti el saldg 
deunamiiyiraportante cuenta de límite 
que coa Santo Domingo tenia pendiente". 



CAYii LA. REfL'HLlCA 



Klatnaelon de España en Santo Bomiugo- — I.acrisis, — Llegada de tropa.L, 
^Efecto con gu6 en ^epaña se ha recibido la reincorporación.— La opoai- 

ifcion al ministerio. 



Sántaiia comprendía muy pronto que 
urgfa' el caSo y q,ue no debia perderse la 
ocaaioil. Asi, pne.1, cuando en IS de Mar- 
io de 1661 tuvo ya qn ayuntamiento en 
Santo Domingo baatátate adicto y todo 
preparado, eipuío ante los eoncejtiles lo 
mismo que nadie ignoraría Lacia Tarlos 
meses, y siendo todos de una misma opi- 
nión como el presidente de la que' dejaba 
de ser república, -se extendió un acta de 
einonténea anexión. La torre del tlorae- 
naje arrió la bandera tricolor y fué reerti- 
plaiada por el pabellón de Caatilla con el 
saludo de 21 cailonazbs. Las antorldaJea 
pasaron i ta catedral, donde se cantó nn 
Tt-DeuK. Kn aquel primer acto empeí6 
ya el clero S mostrarse contrario k lado- 
uimacioQ eépafiola, y anunciaba la ince- 
sante guerra que había de hacer. 
Testigos imparclftlei asegiiran que al 



ver fiamear los castillos y leones, hubo 
un indescriptible entusiasmo en la capi- 
tal. Acaí:<> allí vela el comercio un risue- 
ño porvenir; tal voz el pueblo sano vis- 
lumbraba una aureola de orden y de paz; 
quizás los enemigos de Santa na juzgaron 
que habla llegado el término de sus des- 
manes, y bien pudo ser el público regoci- 
jo el reaultado de amu&os oticialea; pero 
ea io cierto que ni en aque! día. ni SD loa 
?nbs {guien lies, en que se hioieron flestas 
públicas, 00 dio Santo Domingo la meHor 
prueba de disgusto por el cambio efec- 
tuado. 

Lo mismo sucedió en las demia capita- 
les de las prüvinoias. En todas «lias S9 
levantó padficameute la bandera espaSo- 
ia con m&s ó menos demostraciones da 
alegria; y circuló por toda la isla con ra* 
pldez eietrica ta gran novedad, y en >BÍa* 



¿ana parte se demostró miLteríal opo- 

Súlo«atoaces creció la incertiduiabre 
de si Bsjiana admitii'ift ó ao !o que se U 
orrecia; lacertidumbi'e penos» para los in- 
tere8a4ú3 ea el cambio y gente sencilla, 
tsinno de balagüGíia esperanza, para los 
que perdían en ello j se ocupaban de po- 
utica. 

Santana estuvo inquieto, hasta ver el 
desenlace de la oomedta que representa- 
ba, Ajiesarde cuaotaa seguridades tenia, 
t«n¡ó que cualquier imprsvisto «con- 
Icouuieato diera ea tierra coo au-obra 
magna. 

El gobiernode Sasto Domingo dio cuen- 
ta d« su paso a los capitanes generales de 
Cuba j Puerto-Rico, pidiendo que fueran 
algunas tropas 6 tomar posesión de la 
isla, que se reincorporaba í su antigua 
madre patria. 

Trascurrieron Teiatiun días mortales, 
sin que apareciese por la costa de La E^ 
pañola el primer buqjie con tropa, liste 
plaKQ largo, eterno para situaciou tau cri- 
tica, j que se desbizo paciQcamente, ñié 
siempre el apoyo de los quemas tarde 
tuvieron que sostener que la reincorpora- 
ción se liizo con espontaneidad; y en ver- 
dad sea dicho, que aquellos veintiún dias 
pacíficos en un pais tan avezado i las re- 
Toaltas, enarbolado un pabellón que des- 
truía la república, han equivalido i todo 
un sufragio universal. 

No poQla ocultársele i Santana como 
i sus enemigos, que aquel interregno era 
la crisis más decisiva para el pais. íjegu- 
nünente que sí al fondear las primerBí 
fiMrzaa espaüolas en la rada de Sanco Do- 
mingo, ae hubieran encontrado con algim 
movimíestü repulsivo, no hulweran acep- 
tado la reincorporacíou; perú ello es posi- 
tivo, que para desgracia de todos los 
agitadores nada pudieron hacer. 

UucbadeUa serla íncertidumbre que 
agitaba al general Santaua, pues al ver 
arribar al puerto al primer batallón, ex- 
clamó con muestras del mayor júbilo: 
«Ifa cantó mi gallo!» frase pobre y vul- 
gar en boca de uo presidente an circuna- 
taucias normales; figura retórica, magui- 
fiea ea tut solemne ucr&iod, proaunciada 
por el pcraonajc que ladgo. 

!>• Patrto-Kieo llegó á Santo Domingo 
«I jiríinnr batallón, v i los ¡locos días ea- 
Iraroa otns dos, precedantes de la Ha- 
bftiHt. 

Al ver que dos capitanes generales as 



3i 



se desprendian de lai tropas qne (t Ut- 
cionles habia encomendado, para la de- 
fensa de las Antillas españolas, debia in- 
ferirse que procederían conforme 6 ins- 
trucciones superiores ; pero el tiempo 
aclaró, ó á lo menos, el general Semnii 
manifestó en e! largo discurso que "' 
□unció ea el Senado, el 33 de Bnei 
1865, que la remisión de tropafi k ' 
Domingo, al tener la noticia de nn 

nunciámiento por España, ha sldi 

acto eipontiueo suyo, yque para llsniV 
le á cabo, y valiéndonos de sue mismas 
palabras, ivacUó, titubeó, pasó grandes 
■ amarguras y grandes dolores; y estas 
^amarguras, y eátoa dolores, y estas p*- 
»nas, escritas están en las comunicacio- 
mes que mandó al gobierno de S. M.» 

Según confesión propia del general Ser- 
rano, ninguna dificultad, estoes, ningu- 
no de los inconvenientes que por entOD- 
, ees conoció traía consigo la anexión, ha 
¿cuitado en la comunicación que puso al 
gobierno de S. M. T por sí no era bas- 
cante el informe que daba sobre tan im- 
portante acontecimiento, mandó á Ma- 
drid un Ayudante de toda su confianza, 
para que allí, también de palabra, espli- 
cara más claro, si era necesario, las ideas 
qu» consignaba en su escrito. 

España recibió la noticia de tal acon- 
tecimiento, como la Diña que recupera 
uua muñeca. 

Las cortes se hallaban cerradas; pero tal 
era la unanimidad de la prensa periódica 
de todos los partidos, que para saber y 
conocer perfectamente el sen ti mi Ato 

[lúblico no se necesitaban los ci.erpos co- 
agisladores; cuando desde loa periódi- 
cos absolutistas hasta loa periódicos de- 
mocráticos victoreaban la noticia de la 
anexión; cuando todos sí algo hechabaa 
en cara al gobierno, era nue dudaba, qua 
vacilaba; cuando se hablaba de la gloría 
de España, de loa intereses comerciales 
de España, del porvenir de España y to- 
do eso aplicándolo á la reincorporación 
y á la conservación de Santo Domingo; 
cuando esto se hacia por toda la prensa 
sm distinción de colorea, qoe conocía loa 
sucesos como los conocía el gobierno, 
porque se habían hecho públícoa, bien 
puede decirse, sin temor de equivo- 
carse, que el seutímiants casi unánime de 
la nación española, cou «sclusíoD de al- 
gunas individualidades, eraal creer que 
ía reincorporación de Santo Domingo, 
debia considerarse como un fausto suot- 



«n «D al reíns^ da doña Isabel II. 
Con aiut prontitud sorprendente que 
parscia tenerlo todo dispuesto; con tan 
lOUHítsda rapidez que do daba lugar á 
confrontar fechas, que no satisfocia las 
duda», se recibió la anhelada contesta- 
ción de laPecinaula, sajidonando el pro- 
iclamiento auazioniata, j el general 
utana tuvo una carta del general 
K'^onell, que se hizo vulgar y se la 
^utizó con «I nombre de los cinco ar- 
ffiali», en que se coocedia todo lo qae 
Bdiira apetecer los dominicanos, en que 
^trazaba la linea de conducta que ha- 
i de Beguif el gobierno español, j las 
santias de los anexionados. 
^Copiamos aquí literalmente los artícu- 
los de la carta: 

• 1.* Ko habrá jamia esclavitud. 
«2." Le^es capacialea, sabias j j ustas, 

•qua aseguren todos los derechos, que 
iguau^icenta propiedad, indicando que 
>ae ibaa llevar a SantoDomiago el sists- 
lEua qus estaba vigente en Cuba V Puer- 
>to-Etco, el que indudablemente lia pro- 
«ducide ese estado de brillantes en que 
*ae lUliaii. 

ti." Dna política libera! y expansiva, 
jal resolver las cuestiones prácticas en 
•loa diversos ramos de la administración, 
•bacieiido teda lo posible para respetar lo 
«existente, en lo religioso, económico j 
■judicial, por laid coadiciones especiales 
(de US pueblo que ha gozado de indepen- 
«deacia en un largo_ período. Protección 
>del eobierno español á todos los que se 
ihan distinguido en la anexión y comple- 
itaimparcialidad yjusticia.en la provi- 
*BÍon de empleos y destinos públicos. 

»4.' Reconocimiento da loa actos que 
*ie han realizado por los gobiernoe que 
>ee han sucedido en la república domi- 
*nicana, desde su independencia. 

»Y 5." Consolidación de la Deuda 
pública.» 

Consumado su grao pensamiento, San- 
tana «levó i S. M. la siguianta ezpo- 
qicion; 

• Señora; Bl pueblo que con el inmor- 
>tal Colon levantó en La Española el es- 
tíandarte de Castilla; el que más tarde 
•reconquistó su antigua nacionalidad y 
•devolvió á Ja coronare Bspa&a, la perla 

,»de que la había privado el tratado de 
[BasUea; el que después fué arrancado, 
rf,8u pesar, de toa brazos da la patria, 
" .e siempre había mirado como madre 
" " nw, pwa aer ei^e^f^o^ ti» JffíP 



«opreior que tomó i emvaSe deitrnirl<f;, 

•el que con heroico valor sacudió ese' 
¿yugo y reconquistó su libertad é indf- 
*pendeDcia; el que, en fin, os debió un 
«lugar entre las naciones como poiler so- 

• berano, viene hoy, señora, & depositar 
aen vuestras manos esa soberanía y á 
arefundir en las libertades de vuestro 
«pueblo las suyas propias. Kl pueblo do- 
»mÍnicano, señora, dando suelta á' los 

• sentimientos de amor y lealtad, tanto 
»t¡empo ha comprimidos, os ha procla- 
flmado unánime y eipo»táneamente por 
»su reina y soberana, y el que hoy tiena 
«la insigne é inmerecida honra de ser el 
•órgano de tan sinceros sentimientos, 
»ponQ á vuestros pies las llaves da esta 

• preciosa antilla. Recibidlas, señora; ba- 
»eed la felicidad de ese pueblo lue tanto 
"merece; obligadte i seguir bendícien- 
»dooB como lo hace y llenareis la única 
.ambición del que es, señora, de V. M. 

• el más leal j amante de vuestros súb- 
»dítos. 

íSanto Domingo y Marzo 18 da 1861. — 
•ñrmado.— Pedro SuntanB.i 

Si precipitación mostró Snatana en 
consumar su proyecto, no mSs despacio 
andaba el gobierno español , tomando da 
aquí pretexto, los adversarios políticos, 
para hacerles más tarde grandes careos 

Íiara querer imponerle ima reaponsuíi- 
ad grande. 

Bl gobierno, que sin duda procedía con 
el más desinteresado y patriótico deseo, 
manejó mal esta negocio, que luego se 
vio, como estaba previsto, que era el peor 
negocio que jamás dos naciones haoian 
tratado. 

Cuando se abrieron lasCámaras habían 
trascurrido ya varios meses del acto de 
la anexión, v los senadores y diputados 
aprobaron el hecho como co-nrumado. Pero 
n¡ la piensa ni los Cuerpos colegisladores 
perdonaron el desacato, y siempre que 
han tenido proporción se lo arrojaban al 
rostro al mismo ministerio O'Doouell. 
Decía más tapie un senador; 

• La cuestión de SantoDomingohasído 
■debatida en la imprenta, en todos los 
siérrenos posibles; pero hablando en ex- 
»tr¡eta verdad, esta es la primera vez que 
»se trata BU el Parlamento. ¿Y por qu^ea 
uesto? Fuerza es decirlo; porque la cues- 
otionae presentó á las Córtespor vez pri- 
smeradeun modo, que era cootrario á lo 
oque se deberta haber hecho enungobier- 
»uo repreueiitati,7¡q^ j<^e.li|Ci{kdQ ,(ix}(} 



4 



ílad 



» 



k 



*pusto Imposible ladigciislon sobreel prí- 
nmerhecbo-le lareiacorporacionfle Santo 
sDoiüingO. ¿Qué podia deeiráe, señores 
vaenadores, cuitndij ?1 eobíemo de S. H. 
»preseutaba el proyeuto do lej para qu« 
»Us Cortes' deparasen reincorporada á 
sBspaña U isla dé Santo Domingo,, v 
ueata reincorpofaeíon era un hecho epn- 
UBiunado! iPodian los aeñofca senadores 
»y diputados tjUe crevesei. que aquello 
sera un hecho desgraciado para Rspaña, 
»que temiesen que^a^ anexioá i o hubiese 
»8[do tan geuei'nl y tan espoutártea coino 
«fuera dú deseu!;, podían manifestar esta 
sopinion, cuando ja la bandera española 
ítremolaba sobre loa tnuros de las ctuda- 
*dRB de Saiífo DomiDgo y ae hábia declá- 
vrado eapañoles h los doniioicanos? Lo 
taxis que' c'ábia era emplear la fórmula 
»que usi.ba el 8r. Pacheco y .á qtie se re- 
ftferia el Sr, Calderun Cblíantes: *Si la 
«anexión de Santo Domingo ha sido gs- 
•neral, la apruebo; pero si no, sería un 
«cargo eraTÍsimo para el gobierno.* 

Otra de las acusaciones que Be. hacían 
al ministerio O'Donneil, porla infortuna- 
da anexión, era que la liabia hecho, fiiii 
que oflcialnjeute tuviera parte en elU d 
Senado dominicano j' 1^ ella contestaba n 
eiemprclos aludidos, con las actas y cuu 
los veintiún días que tremoló pacifica- 
mente el pabellón espaüol, sin iin solda- 
do de la reina en la isla. "Veamos como 
elude aquel cargo él Sr. Posada Herreru, 
ministro do la Grobernacion en 1861- Dc- 
Ciaen la seeion del Congreso dpi 10 de 
Febrero de i86&: 



i^iHav españoles que dicen miei 
ata el voto de un Senado liliWtigu 
icíerCamente liliputiense, , que oeWs'B 
■ber en aquella rephbliea'.'y se'W""'" 
flJel vólo de todb un pueWtl, manffl 
<ien medio de tantas calároidadels inb 
»rak, dé tanta sangre derrama»»^ tw'i 
íitós Baoriflcioa! |Sé olvidan de"e 
*uníniBae que reconoce ' todo él n 
•que riíconocen jiun loS qué^míii 1 
atetiiajl eü Ijóredonocerlo! Todaá li 
ícionea, todos los periódicoíf, Iob'bí. 
I E atados- Unid os, no han podido n 
nde confesarla verdadyde recoOóteW^ 
«la ane?:ion había sido completamente 
»bre y espontánea. ¡T haj afjui e""' 
«que dice que fttitaba el vi 

*Seis jueces, Boabdil, loR comWfc al il 
«mus no puede comprar al pueblo «i ' 

:?¡Que faltaba el votado los s^nai 
flY además de todo , firmaron las p 
unías y las actas de anexión de aq 
*paÍ80s.» 

'Ello fué, qne la Rspafia con la fmt4 
consumada, adquirió una nuevaprorld 
en las Antiila«. Hasta qué puDtp fue''* 
liosa, queJtirá evidenciado en lossigulCT 
tes capitulo^. * 

Cují signaremos aquí para mejor inteli- 
gencia, que él general q ue dejaba la prt- 
sidencia de la república, quedaba nom- 
brado capitán general de Santo Domin- 
go por la rema de España, que á la vei la 
concedió una pensión vitalieia y muchos 
honores, '■ 



vm. 



I.AS PRIMEBAP 1\SURBECCI0NES. 



La lublevaciOQ de Uoca.— El general Suero.— ?nsn amiento s por Santftti«..J 
vaston del general Saachei.— Las tropas en Asiia.— La batida,— Fusílaailj 
tos en los cercados. 



3uituia.muy antlsfitcho de mi obr^, do 
ha podido goiarla pacificamente '. el se 
übátiiií>ea demostrar que la reincorpora- 
clon era expont&nea y unánime; pero el 
tiempo 3 loa icouteclmientOB tuvieron la 
partluacla de desmentlrlB. 



Y hastatmdlptitadoeitlasOiHea^ 

«■Rrapiezo diciéndoos qtíe In ataeltíoQ^ . 
■ fhié obra nacional en Santo DomtoffO: 
■que no fué un acto libre yeípontíneo de 
• aquel pueblo, no; fué !a obra de unoa 
«cuantos hombres, cuando ináa de I 



t^KTtido. iQuereis la pni«ba de esto? Dos 
imeses antes di- TeriBcarse la &nex)oti, 
»ja nn general de la repübliea domitiica- 
>Da, protestaba contra ella, el general 
lUella. ¡Queréis otra prueba? I.a relneor- 
iporeHon se verificó el 18 de Mario y él 
•B de Abril el general Cabral, daba una 
•proe'ama contra la reincorporación, i ' ¥ 
no solamenbe quedaros laa cosas en me- 
raa protestas verbales y escritas, pues 
este es el siatema de tftdos los reToluCio- 
narlos, que siempre tantean el vado an- 
te» de tnazarsaaí riO- 

Muchos aiioshacia, qwffen Santo no- 
mingo e!a publica la 'existencia de un 
club de conapfradores, bajo loa estatutos 
de la masonería, de que era ^ra'i tanta- 
tre el mismo presidente de !a caida )n- 
públlca. A fiívor de la eapecia! orgaaiía- 
cion de eata sociedad, se Oonspiraba en 
las logias cOTitra Santana. 

Crejendfl los conjurados, que habinne- 

ceeidad para su objeto, de hacer alguna 

demostración de disgusto contra el ófden 

^ ""osas establecido, acordaron promover 

asonada, en cualquier punto lejano 

á capital yde! iuniai^iato alcancé de 

[¡kntiguo jefe y el punto eleprid'o fué la 

^Mád^de'iHoca. 

"Aniroberoaba en nombre de España el 

f;eat)ral dé laá'reaervas, 8r. Suero, cuy» 
saltad nunca fué desmentida, y hasta 
selló oon su sangre sus juramentos da 
adhesión á Eapaña, dando por lin au VjdA 
pO defensa de loa derechos de su reina. 

Reunidos como doscientos conspirado- 
rea, sorprendieron fácilmente iá g'aardia 
del principal, compuesta de IS números, 
hitos de! país, y que no todos eran ajenos 
álicOBJuracion. 

Tan pronto como Suero tuvo notitía 
de lo acontecido, regresd á Moca; entró 
con sigilo en su casa, que estaba en un 
eitremo de la ciudad, Alii su familia le 
dio cuantas noticias necesitaba para In- 
ft>rmarse bien de los aucesoa.y se dirigió 
íolo y disfraíado hiefa el principal, para 
oir y hallar á los insurrectas. 

Era Suíro un mulato nlto y fbmidd, 
de mucho valoi" y de gran reputación en- 
tre loa suyos. Con la fiatisfícéinn de' su 
propia superioridad, turo la aiidjicia de 
mezclarse entre los conjurados, oyéndo- 
les sus planes y con vars aciones de con- 
fiama. Descubierto al Hu. le atacaron, 
haciéndole una gran herida de machete 
•Q ¡a frente, y so trabó una horrible lu- 
;; pero al oTrse su ro7, se- difundió el 



terror entre ellos, y da una maoertlii' 

explicable terminó el motin, que tenia 
por objeto sublevar el país en masa, con- 
tra la obra de Bantana. 

Cuando llegó á éste la noticia da tal 
acontecimiento, le causó mucho pesar, y 
le dio la mayor importancia. Oompreodló 
que sus adversarios empezaban a ensa- 
yar los medios de desprestigiar la rever- 
sión: quiso tener los hilos de la trama y 
al efecto se puso en marcha con trapaa 
del Seybo, las mis adietas del paia, y 
llegó á Moca: Inquirió con todo ahinco •! 
misterio que encerraba aquel suceso, al 
parecer insigniflcant?. pero muy grave 
en el fondo, pues conaideraba que »que- 
lloa hombres, que proclamaban una cosa 
que habia dejado de existir legalmentey 

3iie asi ae atrevían á conirartar el orden 
e cosas y el poder de lauucion espafiola, 
no podían estarsolos, por más que hubie- 
sen sido abandonados. 

Sus indagaeinnes motivaron algunos 
fusilamientos, dictados m¿s que por la 
razón de la justicia, por su rencor. 

En au escursioná Moca habla recogídn 
cuantas boticias podía desear sobre loa 
planea de sus adversarios, y regresó A 
danto Domingo, según optnion de sus 
amigos, faligrtdo, no del viaje, «¡no de la 
carga del in ando, que si bien le era hacía 
tiempo peStídá. M le hacia 'Insoportable, 
p6r la negra ir^ratltud con qtie Bus pai- 
sanos pÉigabfcii- ' 9ua desvelo», y quizis 
también por laa rcátíiccioiMa. queésoá 
netos de mando le ponía el gobiettio.' '' 

En la noche del 80 ^e Mayó, se supo en 
Santo Domingo^ q\u per Ift' frontera IM- 
bian entrado buen aumero'deeinlgrádar, 
proclamando la república ^Mti las artaas 
enlatnano. "■''■' 

Aquello sn otro ensay« de los deaoon- 
tentos. 

Sabia Santana por experiencia, que I» 
manera mes eficaz y pronta de acabar con 
esos amagos de guerra civil, es buscar á 
los insurretos sin tregua, perseguirlos 
sin descanso y atacarloe slQ piedad. No 
importa en esos casos la nota da erasl, 
pues es más la sangre qae se economiía. 
que la que pueda derramarsa por eate 

Con tal actividad si 
ir k la frontera, < 
que ea la tarde del 31, embarcaron toda^ 
las tropas españolas que habta en la ca- 
pital, constituyendo una brigada al 
mando del sefior brij^diur l'elaai, y i ta 



I 



„_• lifuiente mlieron por tierra Im i 

del país, i las órdenes del general don 
Aütótúo Abad AJfau, que en A-íub dcbia 
tomar el mando de todas oUaB y mandar 
BU jofe las operaclouea 

SI día 4 áe Junio se reunieron en la 
oíudad de A.zua. las dos columnas, siendo 
y^ públicas laa noticias 'jue se tenían del 
enemigo. 

D.. Francisco Sanchezv aquel general 
qiU.Biendomitj júven había sido el pri- 
mero en siablevaj e! pais costra la do- 
mioaclon haitiana; el i\as liabis. protes- 
tado contra la reversión, y que era ene- 
migo irreconciliable de Santana. reunió 
en la Tecina república cuantos fugitivos 
j emigiadoB domimcatioa pudo, y con 
•lUie, ea numero de unos quinientos, bien 
arniBJdoe, pasó la frontera. Llegaron á un 
puftblecito llam&do los Csrcadoa, que 
ocuparon, oomo asi mismo á Las Matas; 
vagando por aquellas cercani«s al paie- 
oer sin ODJeto, causando toda clase de 
per^uieioB.y estorslones á los pacíficos 
habitantes de los conucos por allí eapar- 
lamsdos. 

El general de las reservas Sr. Pueyo 
mukdalia en aquel distrito, teniendo su 
rttaidancia «a San Juan de la Ua^uana; 
■olo podía diaponer de ¡20 hombres para 
contener i. los invasores, ai se resolvían 
i ir á atacarle, como lo habían anun- 
ciado. Coa este motivo pidió repetidas 
«•©•a auxilio i la« fuerzas qua al parecer 
habían ido mtb sacarle de aquel convicto. 

Veinte días duró aquella situncion sin 
q«e<(ilgencralAirau saliera de Azuapara 
batir ¿ un «nemigo que á. favor de ta im- 
punidad podía crecer j arganiurse. 

Qttba entonoes un pensamiento, que 
fué lástima en verdad que no se siguiera 
l&*ariatile.'i»l tmitas otras opa sionea. La 
tropa española no debía atacar á los d«l 
fñiS'y í)> había Uegulo embarcada hasta 
Azua, fué ere5endo oomo se había dicho, 
<]n« ta iavaslon era extranjera; pero aJ 
ver que loa q.ue «ai obraban eran domí- 
ulcaaoe, 7 que reneillae y resentimientos 
peraúnales anteriores á la anexión daban 
lugar 4 lae eaoenas que Sánchez hacia 
niK'eseDtar, se decidió que se arreglasen 
entre si ¡os del país. 

- Al efecto, el general Albu convocó las 
milicias, pero este remedio, sobre seríen- 
lo, era ineficaz, pues loa individuos que 
habían sido licenciados defln it i v amenté 
como consecuencia de la 
querían volver á laa 61as, 



!i lo Wian. 



era con animo de deaertarea en primera 
oportunidad. 

Entre los oñciales que se habían man- 
dado de la Península á Santo Doroínfiu, 
antes de la reincorporación, se bailaba 
D, José Gafas, 1 quien se habia comiaio- 
nado para que organizase é instruyese 
con naturales del pais una compañía de 
cazadoras, loque efectuó ea poco tiempo 
con notable éxito. Con ella babia lilo 
aeompaüando al general Alfau, quien U 
mandó salir en auiílio del eeceral I'uejo, 
Componíase la compsüia de 10 hombres 
j cuatro oficiales españoles de la miasiB 
procedencia que su capitán. 

B^te fué tildo el poderoso refuei 10 que 
s* mandó á Puejo, pues la expedición 
dispuesta en Santo Domingo con tan re- 
comendable actividad, fué pa;'a estacio- 
narse á 35 leguas de la frontera. 

Con este empezó la gran serie de d«- 
aoiertos, que de uno en otro dieron des- 
pués lugar al abandono de la isla. 

La marcha del Sr. Gafas se hizo con 

Í grandes díacultades por el mal catado de 
os ce minos y por la crecida de los ri^g, 
A orillas del Yaque so reunió su compÁ- 
ñia con un batallón de 400 plnzaa domi- 
nicanas, que halda pJído reunir el coro- 
nel de las reservhfl Br. Bamífez. J quf. 
hucia días se hallaba allí tioamprnio, por- 
que el rio no daba paso, ó más tiíen, por- 
tue les indígenas iban de mala ffuta 7 
eciau qae no ss atrevían » vadenclo. 
AHÍ pasaron cinco dias. Situación tan 
embarazosa era insostenible. 

EL Sr. Gafafi quiso salvar aaucl obs- 
táculo con su gente, penetrado oe la C9lk- 
veniencíB de llegar pronta á íiau Juan, J 
dio el ejemplo lanzándose al riocouauj' 
«liciales. Aunque la pru'sba fué noga)^ 
pues arrastrado el capitán por)^ COI^ 
te, estuvo á punto de perccej; «I. f~ 
cazadores pasaron í laotra orilla, sb 

dar ni uno. 

En vista de aquel ejemplo, el cor» 
Ramírez abarco en su imaginación las 
consecuencias que podría traerle el que- 
dar allí estancado con su gente, en oca- 
sión en que el general Pueyo y la provin- 
cia habían menester tanto desús solda- 
dos. Entonces los exhortó, y arrojándoijo 
el primero al agua, pasó i la opuesta orf- 
lla á la_que solo ochenta liombrcn la 
acúuipaiiRron. Indignado al ver la cobar- 
día de los que no osaron pasar, continuó 
sumarcba. 
Las dos pcquetloa coluionas Ucgu 



Son Juim á tiempo de aaWarle tadavia; 
paro sus moradores se habían refugiado 
en ei monto, temerosos de loa excesos de 
la facción, que amenazaba invadir el 
pueblo. 

Dicho refueno no podia ser más opor- 
tano, pues tL'do loque Puejo habla po- 
dido juntar, eran cincuenta hombres, 
adem^de unos setenta que andaban de 
servicio de avanzadas. Coa su llegada 
determinó tomar la ofensiva, saliendo a 
batir al enemigo que se hallaba ja. k dos 
leguas de San .inan, animando esta reso- 
lucioQ loa oBcialea españolea. 

Ataqxó et general una legua hicia Laa 
Hatas, hizo alto, revistó au exi|;uo ejér- 
cito, y ya se disponía á situar su gente 
en actitud de combate, cuando recibió un 
pliego del general Alfau, en que le orde- 
DBb« no tomara la ofensiva sin nuevo 
vríM- Pero el destino había dispuesto las 
cosas de otro modo, l.as descubiertas ó 
avanzadas que tenia Puejo, dieron con 
loa sublevadas, cayeron sobre ellos, los 
aturdieron y sorprendieron de tal mane- 
ra, qne creyéndose acosados por todas 
Irs fuerzas que habían salido de Santo 
Domingo, huyeron á la desbaadada, de- 
jando 21 prisioneros, la mayor parte 
ueridos, y entre ellos el general San- 
che!, Bujefe, tan temible para Santana. 

Allí terminó realmente la campaña, si 
bien en la fuga del enemigo se le hicie- 
ran algunos desciilabroe, cerca de Haití, 
donde corrió. S refugiarse. 

Loa prisioneros fueron conducidos i 
San Juan, á donde se trasladó el general 
Alfau con su estado mayory cuatro com- 
pañías del batallón de la Corona. Se hizo 
la parodia de un consejo de guerra, y por 
más que los reos j el mismo general San- 
chea pidieron como gracia especial, ser 
defendidos por oficiales españoles , no 
hubo compasión y fueron sentenciados k 
muerte, ejecutándose la sentencia con 
''[ounatancias repugnantes , pues unos 




fueron muertos á tiros, otros a pafos f 
otros i machetazos, de cuyo horroroso 
atentado protestó enérgicamente el co- 
mandante de la Corona, D. Antonio Lu~ 
ion, que se retiró con su fuerza para no 
autorizarlo con su preseopia. A propósi- 
to de esto dijo el general Concha en el 
Senado; 'A poco tiempo de la reincorpo- 
■>facíon de líapaBa k Santo Domingo, que 
ituvo lugar en Marzo del 61, verificóse 
iuna sublevación contra el general San- 
ttana; fué reprimiday dos meses después 
»oourri6-btra stf- San Jutm, la cual no 
«debió ser de poca consideración, cuando 
i>ae fusilaron más de quince personas 
a compróme ti das en ella, y se fusilaron d« 
»una manera, que dio lugar y con razón i 
agraves altercados entre al Sr. Pelaez, 
asegundo cabo de la isla, y el general 
^Santana, porque ac^uell^ lusilamieutoa 
♦se hioieroa «orno si no un|«:raac allí la 
"justicia, como si no rigiesen allí las le- 
»yes que protejen la vida del hombre. 
V Los lusilamientoa se hicieron por el sía- 
»tema antiguo de la república, y eso que 
«entonces ^ general pantana no era el 
■jefe del Estado, siso capitán general en 
inonibre de S, M. la reina. Pero de todos 
"modos, eso prueba que la sublevación 
"debió ser de consideración, cuando dio 
«lugar á los sangrientos sucesos á qne 
"me he referido.* 

Aquello, sin embargo, no fué subleva- 
ción, fué nada más que la invasión de 
unoscuantos emigrados que vinioron des- 
de Haiti¿ probar fortuna, j la («vieron 
tan negra, que ni el país respondió B su 
llamamieiito, ni tuvieron otro r«jsed¡o 
que volver al extranjero los quepudioroD 
escapar. 

La gran conspiración que por entonces 
se fraguaba ea las logias masónicas, no 
había madurado y el suceso que acaba- 
mos de describir, lo mismo que el de 
Moca, eran tan solo chispas desprendidas 
del fuego recóndito que se atizaba- 



4 



:Atv«b»f t>hAvlM 4b « 



BBLEVÜ DEL (JEiNEltAL tí 



8u expo>iai(ia,-rXl«eii*rallBi«Bro.r-KejorÁsdeLpki3. 



I 



' EtadoB sablM-ftcioDea que Tan referi- 
das rque h&D ensangrentado í Moca y 
KuJaan; el empeño con que los enemi- 
gos de Santana propalaban la falsa noti- 
cie, de que si había necho la anexión, fué 
con el fln de perpetuarse en el mando de 
la isla; )a oposicinn que mostraba el psi.s 
i BUS mejores disposiciones, hÍ7.o que él 
mismo se cansara de tan ingrata lucha. 
j que el gobierno de Uadrld, accediffse á 
sus reiteradas instanciat de dimisión. 

Hé aquí, como un documento curioso 
para la historia, la comunicación del ge- 
neral Santana 4I ministro de la Guerra 7 
Ultramar, presentando su dimisión: 

«Rxcmo. aeñer: A.I manifeBtará S. M. la 
írelna nuestra señora, en la carta que 
*tu*e la honra de dirigirle en Agosto del 
•año próximo pasado, que para decidir la 
icnmtKm de conveniencia, de estrechar 
sioB lazos que hubieran de unir á este 
«pueblo dominicano á la madre patria, se 
•tuviese en cuenta e! estado valetudína- 
orto en que rae encontraba, presentía ya, 
sque mi salud no me permitiria prolon- 
»gar por largo tiempo, los esfuerzos que 
■•ol bien de los pueblos exigía de mi. No 
«era, en efecto, un vano temor. Apenas 
•ha trascurrido año y medio, cuando ya 
*se han hecho tan tenaces mis dolencias, 
»qua no me permiten un momento de 
taescanso. Por fortuna, la Divina Provi- 
»dencia oyó mis ruegos; por fortuna la 
«excelsa reina ái- Castilla se dignó escu- 
>char mi toi, y de hoy más, todas mis 
tioquietudes han cesado, todas mis 10- 
vtODras «e han calmado. El cetro de doña 
f lMb«l U guarda eLpais, j yo puedo ba- 



-liar tranquilo á la tumba, sin temor Ai 
ílegar á los hijos de cate suelo las ereu- 
itufllidades do la guerra civil, ni la per- 
tpétua lucha con Haiti. 

íUna administración fuerte y trien op- 
ídenada, extiende su acción por todort 
»paÍ3 y le promete mejorar sn coodielaB. 
AFnerzas de mar y tierra, y más aun las 
"glorias que en todas partea adquiere U 
» nación, lo garantizan de las amenaiu 
*extenores; lodo, pues, ha variado; todo 
j)ha mejorado; todo, en fin, ha adquirido 
»eae carácter de progreso (juc asegura UD 
¿porvenir venturoso. 

»|To, solo yo, soy e! que paga el justo 
stributo á nuestta débil naturaleza! ["" 
íañofi y rais dolencias, Excmo. 
shan venido aumentándose, hasta hsj 
ímc imposible la continugctoa de Uii i 
«vicio sedentario, que aumenta, laft'í 
"mas. De largo tiempo atrás los hotif 
j>del arte y la experienciA' tne hsblWil 
i>clio conocer, cuan nocivos tíié ftk^ 
"cuidados del maiido jlas fntSgasdél rf 
>>pacho de loa negocios públicos. La^ 
*cion habla reformado, k ruego nit¿^ 
»paeto fundamental, creando u^k i4 
• presidencia que me permitiera retirtid 
íá buscar en i-l aire libre de los camf^^ 
»y el ejercicio ite la vida privada, una 
ísalud que no alcanzaba en el del poder, 
>y solo de ese modo he podido prolongar 
funa vida que las adjuntas certificacíonei 
D prueban hasta cuanto está amenazada. 
vPero hoy que los nuevos deberes que 
°Rie ha impuesto k investidura que debo 
'h lamunilicenciademi soberana, me prl- 
»vau de aquel recurso, mi salud decM 



-.« — 



finís fuerzas sé abaten, j mí vida está 
»muj amenazada. 

»Mi deseo, Excmo. señor, es servir á mi 
»reina, serle útil todavía, y hasta tanto 
»que no le haya pagado, si es que pagar- 
»se puede, la inmensa deuda que la gra- 
»tltud me ha impuesto por los multipli- 
»cados favores con que he sido colmado. 
»Pero para poder hacerlo de una manera 
»efícaz, es menester que recupere el vigor 
»perdido; es preciso que me recobre de 
fesas dolencias corporales, que hoy me 
»inutilizan; y esto, Excmo. señor, en la 
♦libertad solo de la vida privada puedo 
♦conseguirlo. El ejercicio continuo á ca- 
»ballo y la carencia de toda preocupación 
»de mando, es el único remedio conocido 
♦para mis crecientes padecimientos. 

♦Respecto de ellos, aun podré, bajd las 
♦órdenes de im ^digno capitán general, 
♦ser útil, para cuando sea necesario, un 
♦hombre de acción, que desea derramar su 
♦sangre en defensa de los derechos de su 
♦reina. 

♦I^ menor perturbación del orden Ó 
♦una amenaza extranjera , me hallarían 
♦siempre pronto á obedecer la orden del 
♦jefe que me ordenase contenerlas , asi 
♦como aprestar cualquier otro servicio 
♦que se exigiera de mi. 

♦Por todas estas razones ,• debo con- 
♦duir rogando á V. E. se sirva impetrar 
♦de S. M. la graciade admitir la dimisión, 
♦que respetuosamente le presento, del 
♦cargo de capitán general de esta isla, y 
♦permitirme descansar en el seno de mi 
♦familia, loscortosdias que la Divina Pro- 
♦videncia se sirvá'contarme. 

♦Dios guarde á V. E. muchos años. — 
♦Santo Domingo 7 de Enero de 1862.— 
♦Excmo. Sr.— Firmado.— Pedro Santana. 
♦ — Excmo. señor ministro de la Guerra y 
♦Ultramar.» 

Al aceptar S. M. esta dimisión, como 



recompensa de los importantes servicios 
prestados por el general Santana, y en 
señal del aprecio con que le distinguía, le 
confirió el título de marqués de las Car- 
reras. 

Para el cargo de gobernador capitán 
general de Santo Domingo, fué nombra- 
do el teniente general D. Felipe Rivero y 
Lemoyne. 

La elección no podía ser más acertada. 

El general Rivero estaba muy acredi- 
tado en su muy larga carrera militar, y 
en los altos puestos que había desempe- 
ñado siempre con mucho celo, tino é in- 
teligencia. Había también hecho la cam- 
paña del continente americano, y ya co- 
nocía las necesidades como las exigencias 
de las colonias. Santana debía concep- 
tuarse de enhorabuena, porque venía un 
sucesor con quien podía entenderse á 
media palabra. 

El antiguo presidente, al descender del 
poder, podia efectuarlo con el placer de 
verse cargado de honores y riquezas, pues 
prescindiendo de cuanto nubiese podido 
adquirirse en el curso de su vida, no po- 
día menos de quedar contento de la real 
munificencia, que le señalaba doce mÜ 

Sesos fuertes anuales y vitalicios; cosa 
e que no hay ejemplo, y los honrosos 
títulos de marques de las Carreras y se- 
nador del reino. 

Dejaba el poder Santana con otra sa- 
tisfacción. Como fruto de la anexión por 
él iniciada y llevadai. cabo, dejaba plan- 
teadas las reformas que juzgó convenien- 
tes para su país. Ya estaba completa- 
mente en practica el sistema guberna- 
mental que pareció el más conveniente, 
quedaba organizada la administración y 
se había establecido en Santo Domingo 
una audiencia y un personal de justicia 
enteramente igual ó conforme al que ha- 
bía en Cuba y Puerto-^Ríco, 



. i 



obstícülos parí consolidar L4 anexión. 



■STnaJorasplanteadas.— Recriminaciones.— Preponderancia de 1» e«it« d* 
üolor.— La masonería. —Loa protestantes. —La poligamia. —El código,— El ole- 



—El papel moneda. 



» 
I 
^ 



ralia con el mayor cariño á la hiju estra- 
Tiada que le habia entrado por las puer- 
tas de su cBsa. Con la mejor InteD<:ion. 
digna de mejor éxito, puso en plauta 
cuantas naejoras juz^ó con veniente a. El 
tiempo de la última dominación fué muy 
corto {)arB que haya podido regenerarse 
un país tan dislocado, contribuTeodo 
también k ello, los disturbios y obstácu- 
los que promovieron sus naturales. 

Hubo tal vez poca fortuna en plantear 
la nueva administración; acaso fuo un 
mal dotar al país de muchas mejoras para 
queuo estaba preparado; percal fio, si 
al gobierna se le acusa de poco feliz, no 
es de ningún modo culpable. 

Estableció en Santo Domingo un go- 
bierno independiente, nombrando capitán 
general áSantsna. Se aplicaron i Santo 
Domingo todas las leyes deque carecía, 
dejando, sin embargo, el Código civil y las 
legitimas costumbres de sus tribunales, 
Se crearon cinco juzgados de primera 
inatancia y una audit^ucia para la admí- 
niatracloo de justicia. Se establecieron 
ayuntamientos en las cabexas de pruvin- 
cla y juntas municipales en los pueblos 
de meoor importancia. 

Se habilitaron como abogados los de- 
fensores públicos que no tr-nian más ti- 
tulo que un examen en la corte suprema 
de justicia; se nombrarou empleados eu 
la secretarla del gobluruo. admlulsfauiou 



de correos y de rentas, k todos 
nieanos que tenían aptitud y conocimien- 
tos par.tfcllo; se autorizó al gobernador 
superior civil para que confiriera destinos 
liasta de 800 duros, que naturalmente 
liabian de recaer en los Labitaotes de 
aquella comarca; se mandó construir nn 
camino entre Santo Domingo y Samaná, 

Jua telégrafo almismo tiempo; se nom- 
ró un inspector de obras públicas para 
que propusiera inmediatamente las mis 
necesarias; se envió un comisario féglo 
de Hacienda para que organizase la admi- 
nistración económica ^ hiciera una con- 
versión del papel moneda; se mandó al 
regeste de la audiencia, que inJurma«e 
acercit de la administración de justiefa 
y del estado de la iglesia; se aprol 
ciertas franquicias de derechos ai 
ríos; se acordó formar presupueL.,. 
aprobaron, con carácter de inteiÍDul 
tarifas de C^ba, en todo aquello en 
luesen más beneQciosas que las de la 
tigua república; se pugarou por el Teso- 
ro hasta los gastos de curácti^r munici- 
pal y se hízosaher á la Intendeuciu que ol 
gobierno, para fomentar In producción, 
cumpraria ao ó 40.000 quintales de taba- 
co cada año. 

Se recogió el papel -moneda, que era Ift 
gangrena de la república; se establocjAi^' 
completa igualdad de derechos entre ■* 
dos los habitantes de Sauto Domtogo,), 
clarándose que jamás se e3tableuerl% 
esclavitud bajo niuguua furua; 



lonrf^™ 



' «oeferon les ^adoa militares de la anti- 
gua república, encargando á ima comU 
sion !a clasi&cacioD, j dando á todos pen- 
siones proporción «les á sus categorías; 
se concedió el estudio de un camino de 
hierro desde Santiago de loa Cabalieroa 
hasta donde empieza á ser navegable el 
Vuna, y se determinó estudiar el curso 
de este rio hasta íiamaná, para tacilitar 
al comercio y la. exportación; se concibie- 
ron cuantos projectos podisu dar vida i 
sqael pai.i , que por tantos aCos había 
estado sufriendo la emigración, la dicta- 
dura, la guerra j la miseria. 

íY que fruto recofrió el gobierno de la 
Kin corporación, y España de tantos afa- 
nes j dlapendios? En la Peniusnla las re- 
orimJnaciones y en las Antillas la ingra- 
titud. 

En corroboración de esto pondremos á 
CODtiQuaciun un fragmento del discurso 

e pronunció en el Senado un mmlstro 

la corona: 

•Cuando la reincorporación de Santo 
'jBtnJiigo, se habló mucho de ia riqueza 

■ aquella isla, j se ponderó muchísimo 

— é España podría obtener de su po- 

u; pero después la experiencia ha 

nido á poner de mamQesto, que tales 

" laciones carecían completamente de 



Hidamento. La verdad es que aqi 
IjlSi aquel suelo, en extremo fértil 



>iel 



»alli, c< 
L^HT ui: 

^V«éno« 



¡de producir nada sin brazos, y eaoa 
íOB faltan. La Tcrdad es, que si para 
Ihacerlo producir se hubieran gastado 
»alli, como era necesario, cuantiosas su- 
»mas, & España se le hubiera podido ha- 
' un grayísimo cargo, porque tenien- 
todavia improductiva una inmensa 
ision de terreno en Cuba y Puerto- 
íco, acudíamos á hacer fructíferos otros 
"moa importantes. Esto sin considerar, 
»qne DO haoiendo encontrado todavía me- 
*d¡OB para hacer fructíferos los terrenos 
»incu!to3 de Cuba y Puerto-Rico, ¿cómo 
«habiaroos de encontrarlos para (jauto 
» Domingo? 

>Tan cierta es la escasa producción do 
•la isla de áanto Donüngo, que desde el 
imomentode su reincorporación ha pe- 
isado como una carga sobre el Tesoro de 
(España, y puede asegurarse que es U 
•causa principal del déácít que venimos 
larperímentando. El último presupuesto 
)de Santo Domingo aseendia á la respe- 
atable suma de 74 millones de reales, y 
testo sin atender en manera alguna á las 
de aquel paia, ui procurarle 



tmodo alguno de prosperar, pneg det- 
igraeiadamente despuesde haber ^sta- 
ido tanto dinero, el dia que lo dejemos 
*no quedará ni un kilómetro de camino 
shecho. Si se hubiera atendido á la proa- 
íperidad de aquel país y d Uevaralh con- 
ndiciones del desarrollo de la riqueza, es 
«indudable que el presupuesto de Santo 
iDomingo hubiera ascendido á cien mi- 
•Uonea ó más. 
tEn cuantoá las ventajas que el co- 
espanol ha obtenido con la ane- 



>que el comercio ha conseguido con ee* 
Dsuceso? Llevamos cuatro años de poseer 
»la ís'a de Santo Domingo y creo que no 
>hayan llegado á cuatro buques, ios que 
»da la península han ido á aquel país. Yo 
>no tengo noticia más que de dos qu9 
ijfueron desde l'alma de Mallorca; pero 
*lo8 fue tan mal en la expedición, que no 
aencontrando nada que traerse, conau- 
imieroualli todo el presupuesto de viaje 
*y desde entonces no ha vuelto á salir 
iningun barco de Palma de Mallorca para 
«Santo Domingo. Ds manera que tene- 
»mos, que tampoco el comercio ha gana- 
»do nada, absolutamente nada, con la 
«posesión de Santo 4)omingo, como nada 
»han ganado nuestros buques de guerra. 
jNo quiero decir más sobre este punto.» 
El carácter dominicano que se ha for- 
mado en diez y ocho años de guerra in- 
testina y de guerras extranjeras, poco 
dispuesto pur consiguiente á la obeuien- 
cia; la ignorancia de los hombres del 
campo respecto de las intenciones del 
gobierno espaüol, ignorancia hábilmente 
explotada por los enemigos; la idea ab- 
surda muy vulgarizada alli entre ciertas 



la idea de que el gobierno español no lea 
perdonaría nunca ninguna rebelión, nin- 
gún neto de desobediencia; todas esas 
cosas reunidas, han tenido una influencia 
baataríle considerable en el nacimiento y 
en el desarrollo de los tristes sucesos que 
han ocurrido. 

Todo esto eran obstáculos en que tro- 
pezaba la anexión, y además había otroa 
que sin desearlos nadie, se presentaban 
como intereses encontrados, que estable- 
cían la pugna entre ciertas clases del 
puis y los nuevos huéspedes. 

El señor brigadier Buccta, á quien in- 
justamente se acusó de haber dado lugar 
á la insurreociofl con su conducta, bos^ 



I 



» 



en su defensa lae rerdaderaa causas qae 
á eujuieio la precipitaron, j de au escri- 
to vamos á tomar varios pensamientos. 

La miseria con todas suscoDsecuendas, 
era coman en todas ias clases de la so- 
ciedad, y como las excepciones eMU en 
corto número, no ac avergonzaban de la 
desnudez; pero después de U liegsda de 
nuestro ejercito, en presencia del lujo 
comparativo que ostentaban sus indivi- 
duos, los deminicanos se sintieron por 
primera vez humillados, y aunque las 
cansas que hablan producido aquel sen- 
timiento, eran naturales y hasta inevita- 
bles, no por serlo dejaron de ocasionar 
en algunos de aquellos, el arrepentimien- 
to de haber cooperado á crear la nueva 
BitUHCion. 

Después que el establecimiento del sis- 
tema republicano había igualado tos de- 
reehoa civiles de las razas africana y eu- 
rapea, rl tiempo que todo lo modiüca. 
haDÍa estrechado ¡as distancias que an- 
tes las tenia separadas; desde aquel mo- 
mento muchos concurrieron i la gober- 
nacloo de! Estado y á todos loe actospú- 
blicos de la vida social, no siendo ruras 
las uniones de individuos de ambas pro- 
cedencias en matrimonio ó en otra forma: 
pero después de la llegada de nuestro 
ejército, los blancos recordaron su origen, 
renació su oi^ullo, j una mujer que an- 
tes de aquel acontecimiento no hubiera 
repugnado compartir su lecho con un ne- 
gro, algunos meses después se ereia des- 
honrada, estrechando la mano de uno diíl 
mismo origen, en un baile ó en demos- 
iraolon de amistad, y esta natural modi- 
ñcadon que ninguna autoridad en el 
mando afcanzaria á impedir, ocasionó 
también sensibles disgustos, en los que 
■intieron el desprecio, y es de temer que 
algún día terga por resultado la des- 
trucción de los que lo provocaron. 

I.os individuos del ejército procedente 
de la isla de Cuba, acostumbrados S coa- 
Bidcrar los negros de un modo ro'uy di- 
verso al que eran considerados en Santo 
T)ominga, en sus conversaciones familia- 
res con los mismos, solían decirles con 
frecaencia, sin intención de lastimar bu 
amor propio, que ai estuvieran en la Ha- 
bana valdrían tantos pesos, ajando una 
cantidad proporcionada i las condiciones 
fÍMÍr-as del Individuo A quien se dirigían, 
con cuyas ex presione 9, auuquesin desear- 
lo, recordaban h los ancianos el tiempo 
ta ^ue ha^lu sufrido el yugo de It eS' 



elavitud, y en loajóvenea presentaban la 
desconfianaa, hacieadoles temar que al- 
gún dja se intentase el establecimiento 
de aquella. 

I, a masonería que tan grandes bene- 
ficios tiene prestados á la humanidad, 
tuvo importancia, cuando los hombres 
aliatadoB en ella, para burlar la vigilan- 
cia de los gobiernos, tenian necesioád d« 
elegir para sus reuniones los bosques y 
los subterráneos: pero aquellos otoder- 
nos sectarios, Toka afortunados que WOM 
antecesores, adquirieron el derecho de 
consignar sus ideas en el papel, entre- 
gándolas a la imprenta y á la publiddad 
sin temor de ser perseguidos; aquella 
sociedad políticamente considerada dejA 
de ser temible; más como á pesar de eata 
circunstancia, el pueblo dominicano con- 
sideraba la vicia institución, como i 
de las principales bases de la igar"'' 
de sus derechos civiles, recibió gob 
o;itsto ta orden que mandaba disolvar.^ 
logias, considerándolo como nn |£| 
de iutulerancia que amenazaba su ^ 
bertad. -l 

La iglesia protestante, se faallabfrjj 
galmente garantida por tratados t 
brados con naciones eitranjerasilfta 
ta parte próximamente de los hsbitl 
de la península de Samaná y la mis 
portante del comercio de Paerto-Plj 

Eertenecian á aquella reli^on y lapt 
ioion de ejercer el culto con U i 
tumbrada publicidad, ocasionó sen 
perturbncion en las familias á qald 
interpaaba aquella disposición. 

Los ain,MJjbamlentos constitiii. 
regla común y el matrimonio Lk d« I) 
cepcion: esta circunstancia ■ 
cioQ europea, daría una lamfe 
de la moral pública; pero okS 
mingo tenia la natural rauaf 
que si la historia no falta á I^ 

la época del descubrimiento « 

llgamía y esta puede decirse qoi 
desapareció por completo , pon|W 

conquistadores no fueron más ( 

sos que los conquistados, j ¿ 
establedda la esclavitud, p ' ' 
sid»rarse las grandee proplí 
el harem de sus doefios, tmá 
estos usaban coa lacne^nstf 
se criaban, el derecho i*~ 
tiempos anteriores h- 
de los privilegios dirl 
do después de consui 
criOcio, ateadieodo 4 • 



'nraítipHMCioIi del capit»! que represen- 
taban 'ios esclavos, se daba á la joven un 
compañero de la misma raza, en nada in- 
tervenia la religioa y ae consideraba au- 
flcie utilmente legalizada aquella unión, 
por la Hola orden de un brutal capataz. 

Algunos meses después de la emanei' 
pación que abolió la esclavitud, inyadie- 
roQ la parte española los ejércitos haitia- 
nos, y como en el territorio de aquel pe- 
aueño estado, la poligamia, si no se na- 
a consigoada ea las lejes, se halla to- 
lerad» pDP el gobierno, loa invoBores lle- 
varon ai territorio cooquiatado, sus cos- 
tumbres ,Tsus TicíoB, que no tardaron en 
ser admiiidos por los individuos de la 
misma procedencia que existian en el 
país, y si estos, antes de aquel aconteci- 
miento, habían obtenida esposa, por la 
sola voluntad del dueño á quien aervian 
6 por la de sus representantes, ai obte- 
nerla deapiiea por la suya propia, usaron 
del derecho que habían ejercido, loa que 
les hablan aventajado en ilustración y en 
hacerlo así. seguisn también el ejemplo 
de laa nuevas autoridades, á quienes es- 
taban subordinados. 

Por irregular que fuera aquella cos- 
tumbre, mereció la sanción del tiempo, y 
alguno* años después á nadie se pregun- 
taba por BUS padres, cuando por voluntad 
STOpia, elección popular ó nombramiento 
el gobierno , entraba ¿ ejercer algún 
eargD. El individuo lo era todo, su origen 
earecia de importancia. 

La salida de una joven de la casa pa- 
terna para unirse con un hombre, cual- 
quiera que fuese el estado de este, en 
ssda alteraba las relaciones de famiUani 
las de amistad, porque se consideraba el 
unsnceba miento con condiciones tan na- 
torates como las que tiene el matrimonio 
en las naciones civilizadas y como en tal 
■ituacion, ninguna mujer se avergonza- 
ba de presentarse en público embaraza- 
da, porque el embarazo en ninguna situa- 
ción de la Tida infería deshonra, todas 
criaban sus hijos, y la palabra infantici- 
dio no tenia aplicación, ni el estado nece- 
t'^ltta ba inclusas. 

s hijos de un mismo padre con di- 
i« mujeres, dentro y fuera dpi matri- 
o, al fallecer aquel heredaban por 

■lea partes sin litigio ni oposición, la 

epodiaeorresponderles. 

Bl número de hombres que poseían una 
hU mujer era muy escaso, comparativa- 
]Ben(« eonBfdfntdó con el de los que te- 




nían dos-, tres, cuatro, cinco 7 mayor ni-, 

mero, teniendo generalmente hijos, si no 
en todas ellas, en ¡a mayor parte, parti- 
cularmente en la de raza aCricana, en las 
cuales la fecundidad es una de Las condi- 
ciones naturales. 

En situación tan extraordinaria que 
no podía haber previsto ningún concilio 
ni legislador de las naciones católicas, 
la prudencia y la religión misma aconse- 
jaban, que se respetase lo eiüstente que 
habla adquirido condiciones de legalidad, 
por la costumbre sancionada por el tiem- 
po y que se dictasen reglas para impedir 
que el mal continuase en lo sucesivo. ' 

Bebía tenerse en consideración, que el 
sacramento del matrimonio que santifi- 
case la unión de una mujer, en la mayo- 
ría de los casos condenaba un número 
mayor con aus hijos, al abandono y á U 
miseria, y el temor de que asi sucedieae. 
cuando se comunicaron á loa párrocos 
las órdenes para legitimar la unión con 
el matrimonio ó proceder á la separa- 
ción, ocasionó una perturbación en codas 
las familias, perturnacion que aolo pue- 
de comprenderse, consiJerando cual se- 
ria en Europa la producida en una na- 
ción, en que ae mandase la disolución del 
matrimonio con condición forzosa, aun- 
que en este último caso, en número pro- 
porcional de población, no resultarían 
tantas mujeres sin esposos, ni tantos 
hijos sin padre como en el primero. 

Al establecerse la administración de 
justicia, debieron tenerse en considera- 
ción las circunstancias especiales que ha- 
bía atravesado el país, y la forma en que 
habían sido aplicadas laa leyes, para 
plantear las reformas del modo menOi 
senrible que posible fuese, pero ae dea- 
conoció la ecnveniencia de obrar así, y 
en las alcaldías mayores ó sean juzgados 
de primera instancia, fueron excluidoa en 
totalidad, los abogados del pais, que por 
eaca<Joa que fuesen sus conocimientos, 
eran ¡ós más apropósito para conciliar el 
sistema antiguo con el moderno. Los es- 
pañoles cumplieron sus deberes con re- 
conocida exactitud; mas por efecto de su 
mlamo celo, las cárceles no tardaron en 
llenarse de presos por delitos penados en 
nuestros códigos, que no lo habían sido 
en la república, y esta causa y la 
lentituiíque experimentaban loa proce- 
dimientos por falta de brazos ausiliarea, 
causaron disgusto en el país, y la refor- 
B» fué coaaid9n4a gu^ m» do Iw 



4 



_ idici&Iea á ]os pobladores 
cfero católico percibía los derechos 
parroquiales sin aujceion A arancel j 
aunque no es posible apreciar con eme 
titud sus utilidades, teniendo en conside 
rscion que las del cura de Sabiinetf cu 

Ía parroquia no era de las majorea ni de 
18 más ricas, no obstante estas circiins 
tandas, por documentos que fueron ba- 



que ascendían i 6.000 pfs. anuales, y por 
Cita suma podrá comprenderse fácilmen- 
te, la desfavorable impresión que había 
causado en los interesados, la publicación 
del r' glamento que los sujetaba á dota- 
ción fija con el sueldo de 50 pesos men- 
suales j se comprenderán las causas que 
cambiaron su adhesión en fanatismo re- 
Tolucionario, sino en todos, en la mayor 
parte. 

Las patentes de comercio que conati- 
tnian la contribución de aquel ramo, 
ann<lue no fueron desproporcionadas en 
la «nma total, parece que en la clasiñca- 
clon de las clases, no correspondía á los 
capitales que poaeiaa algunos de los in- 
dividuos compredidos en ellas, y come 
los de menos fortuna, resultaron mas 
perjudicados, en algunas poblaciones se 
cerraron varios establecimientos, siendo 
«ste, otro de loa motivos de queja que 
presentaban contra la nueva administra- 

CiOQ. 

El papel moneda, por deteriorado que 
•a encontrase, como se conociese la suma 
que representaba y la fecha de la emi- 
íion, circulaba en el mercado sin obstá- 
culo de ninguna especie. La nueva in- 
tendencia ordenó á las dependencias del 
ramo, que no admitiesen el que se hallase 
en aquel caso; la disposición compren- 
día á la mnjor parte, y en su consecuen- 
cia el comercio de Santiago de los Caba- 
lleros suspendió la venta de efectos en 
sus almacenes; en la plaza faltaron car- 
nes y verduras para el consuma pública 
y aunque por efecto de estos resultados, 

8ued6 sin ejecución la orden que los ha- 
la producido, no por esta circunstancia 
desapareció por completo la alarma y 1a 
sensible impresión que había ocasionado. 
La administración militar que no tiene 
roce directo con la orgatii^facion civil, en 
las provioeins de Santisfro delofl Caba- 
lleros y de SanianS, ejerció una de- 
plorable influencia en la opinión pública, 
I pu^ne IsB enoargfkdof 4»l man, coa &»• 



.regu- 
d e lo»:. I j 

<qu^H 
ntar«^^^ 
LO per- * ^ 
iiem- 
cada , „ 

ISUB* ' t 



cuencia compraban aplazólos artículos 
de luministro, incluso pan y carne para 
los hospitales de la primera y presidio de 
la segunda, retardando el pago en mu- 
olios meses, como retardaron el de loa 
alquileres de loe ediflcios de propiedad 
particular, que tenían en arrendamiento 
para alojamiento de la tropa. 

Como natural consecuencia de aquftl 
desorden en el Cibao, no se habían regu- 
larizado las revistas de comisario de lot. 
geaerales, jefes y oficiales de lasrese] 
delpais. El habilitado de aquellas cía: 
habia impreso los jugtifleantes y esto 
espendian á los interesados, cualesqiri 
C|ue fuere la fecha en que se presenta 
á reclamarlos, aunque no lo hicieran per- 
sonalmente, pero con la condición slcm- 
Sre de satisfacer un peso fuerte por cada 
os ejemplares, y como el número de 1< 
interesados eioedia do dosci«ntoB, Iae(" 
tribucion que les habia sido impuea 
representaba anualmente de dos mil oi 
trecientos átres mil* pesos fiíertea. 

Con tal sistema, las nóminas men 
les no eran remitidas á la capital en 
tiempo oportuno, para ser incluidas en 
la distribución de fondos del mes á q n> 
pertenecían, por cuya falta y otra tt 
reparable, cual érala dequemáareciU. 
aquellos que más daban. halMa resultd 
UDa desproporción en In deuda indM 
dual desde tres hasta die^ mescsen CH 
una de las categorías respectivas, v ñl 
situación, extra&a á la voluntad déla i^ 
toridad superior que la descooocia, : 
presencia do nuestro ejercito, qua p 
b!a 8U8 pagas con regularidwl, t 
producido una desconsoladora Irrita 
en los militorea dominicanos. 

Burante la república, al disolver* 
ejército, después de haber desapared 
las causas que habían motivado en ' 
unión, los Individuos en su mayor p 
se retiraban á sus hogares con las i 
maa armas que habían recibido para oí 

file arlas en el servicio, y como no tOÍ. 
os que se hallaban en este oaao met 
cían la conñanza de las autorfdadM, | 
capitanía general, teniendo esta cirouaj 
tancia en justa consideración, dictó f 
disposiciones convenientes, paraquo ra 
sen recogidas y depositadas en los pid 
tosen dondo existían guarniciones, i 
órdnn no fué mal considerada durant«4 
ejecución, y habría pasado sin oeastoi 
alarma si hubiesen sido conducidas kM 
capital, pretextando U coavenie^» r 



proceder á bu composición; pero con ob- 
jeto de economtiar el gasto de lüs tras- 
portes, ae mandaron ofleialea de artille- 
ría para que las mutilízaseo en los mis- 
mos puntos en que se hallaban almace- 
nadas, y esta sencilla disposición explo- 
tada por el club revolucionario, causó 
sensible terror j espanto en la raza ne- 
gra, 4 la cual hicieron entender, que se la 
desarmaba para esclavizarla después, j 
f&cil es comprender las consecuencias de 
tan infame calumnia. 

Estos son los que llamamos obstáculos 
para consolidar la reincorporación, y en 
verdad que el remedio de semejantes 
males no estaba en la mano de ningún 
gobierno, sino que debería ser obra del 
tiempo, de la buena fé, j de un poco de 
paciencia. 

Sabido es. además, que la raza cauca- 
siana no puede estar Jamás en fraternal 
concordia para formar un todo homogé- 
neo, con la raza etiope, y aquel pueblo 
compuesto en su mayor parte de negros 
y mulatos, y no asi como se quiera, sino 
de negros á quienes habíamos revestido 
de los mismos derechos y consideracio- 
nes que los peninsulares, y a quienoe te- 
níamos que tratar de igua*) á Igual. Y no 
solamente de igual i igual, sino que an- 
tes y durante la guerra hubo por Espa- 
ña un verdadero afán de halagar y aun 
adular en Santo Bomingo t la gente 
do color que se vio tan enaltecida, que 
no pocas veces fué insolente. Hemos te- 
nido que marchar y estar á-lus órdeoes 
de jefes negros; si hubieran podido ser- 
nos útiles p:ira algo ; si hubieran obteni- 
do la superioridad y derecho de mandar- 
nos por mérito; si nubieran observado á 
"^estra cabeza un porte mesurado y dig- 
si hubieran revelado genio y leaí- 
ft por nuestr» causa, ea tal caso, bien 
%feran mandado; pero estuvimos i las 
'ioes de generales que poco antes eran 
aeras, y de coroneles que acababan 
(dtar la lezna y el tirapie del zapate- 
V enya capacidad era escasísima. 
Buiaiéramos ver á los ingleses, tan li- 
8 su teoría , obedecer las más deli- 
B Órdenes de tales jefes, y quisiéra- 
ioir i los Yankees, que no toleran 
ne de coloren sus espectilculos, cómo 
^Icarñn nuestra reUgiosa y ciega obe- 
oia. 

atábase en Santo Domingo por el 
bde Mayo, la cuestión de convertir las 
a papeletas de In república en bi- 



lletes del Tesoro español, cuando se mo^ 

tr6 la avaricia, digna compañera de los 
conspiradores. Con falsificaciones da 
cantidades subidas, los mismos que ha- 
cían la usurpación, fueron los primeros 
en infundir la desconfianza y la alarma. 
Al poco tiempo y cuando el gobierno de 
Santo Domingo estaba recibiendo en las 
oficinas de Hacienda, las deterioradas 
antiguas papeletas, aunque se presenta- 
ran cada una en fragmentos d ferentes, 
excluyendo solo aquellas, ciue en sus di- 
versos trozos no Uegabau a componer ni 
loa signos ni las firmas que justificaran 
su legalidad, el comercio del Cibao sacó 
todavía partido de esta medida, como 
verán loa lectores, por lo rjue decía La 
Razoit de Santo Domingo del dia 8 de 



que se halla el papel-moneda do- 
nminicano; frágil y disolulile por su pro- 
apia naturaleza, la mayor parte de él ha 
allegado á su último periodo de duración 
«y apenas presenta en sus gastados írag- 
rfmentos uno que otro signo de su valor 
"iiominal. 

»La ampUtud con qus las oficinas de 
jRacienda continuaron admitiendo al 
ocurso oficial estos billetes, no podia ex- 
* tenderse hasta los desconcertados con- 
"Juntos de trozos heterogéneos, y laspa- 
«peletaa que carecían de los sellos y ftr- 
>mas que dan autenticJdad al valor que 
^representan: estas fueron, efectivamen- 
'>te, las únicas excepciones que, como 
íera de razón , establecieron los centros 
ídirectivos de Hacienda. 

»Sin embargo de que esta ligera rea- 
«triccion, por cuanto solo tendía á pr^ca- 
>ver los iierjuicios que sin ella pudieran 
«irrogarse á los intereses del Rstado, en 
«nada podia afectar álos del público, bas- 
óte, no obstante, para que el comercio, 
*que de suyo es en todos los países del 
«mundo asustadizo y suspicaz, en laspo- 
'blacionesdcl Cibao llegara á conceW 
egrande escrúpulo v seria desconfianza 

■ hacia este agente de cambio, casi único 
len aquel distrito; por lo cual y porque 

■ su estado de deterioro era mayor en 
sviftud de la misma causa, el mal tomó 
«rápido incremento y llegó al extremo do 
«que ae suspendieran casi por completo 
»las operaciones mercantiles en todas 
«aquellas laboriosas y bien pobladas lo- 
ij calidades. 

"El gobierno, por su parte, desde iju» 



\ 



Azaban anteriormente, 7 
F Butísfecfaos cobrando des- 
pltuiLcioii de reserva. Pero 
mo el pai3 era tan pobre, 
fcroducir gravaba enorme- 
wo; corno el gobierno que 
a tuvo el mal pensamiento 
" ' 'la una muy lujosa 
una crisis mercan^ 
LS rendimientos, pa- 
la reserva no cobra- 
a el disgusto de 
'idaáos en sus esperanzas, y 
-uerdo de su vida, pasada en 
militares, evocaron en ellos la 

-to Domingo, propiamente ba- 
se desconocía el verdadero co- 
'in cosa totalmente sgeoa, esa 
¡o clase de hombres, cuyahon- 
jena^é obtienen lapública con 
lli balld España una ciase de 
es, la mayor parte extranjeros 
despiadados. - 

a industria del pais consistía en 

de tas maderas y toda la sgri- 

exportable en el cultivo de algún 

tabaco y de café, muy poco, por 

.^0 de su población y particuW- 

por la incuria. Rn cambio de estos 

.os, ae babia de importar cnanto 

leblo necesita para sus g^ustos y por 

mercader pudo imponer su volun- 

'lildaba al fiado hasta la recolección, 

na precio exorbitante, y cuando 

ialos efectos de pago, loa valoraba 

manera más inllma, lo cual consti' 

. dos pérdidas al consumidor, que ae 

A calcular en el doscientos por 

O. 

?0 el grande, el infame ¿gio de los 
tderes, conaistia en el que hacian 
)1 desprestigiado papel-moneda de 
pñhhea. Además de que era muy 
ente la falsiñcacioa de los billetes, 
trandaba el pais de un papel sin va- 
trÍDseco, lo cual no pocas veces ar- 
iba á muchas familias, perpetraban 
acto, que á imiCaciou de las ñuctua- 
■B de Bolsa en las grandes capitales, 
Jtuian en Santo Bomingo un fraude 
idaloso. 

mo que los mercaderes eran pocos 7 
I dispuestos á enriquecerse sin re- 
ren loa medios, se asociaban para 
iar, en épocas inesperadas, el mayor 
ero posible de papel-moneda y des- 
que lo tenían en su poder, lo cual 



era f^I en nn pais tan pobre j donde 
no habla metálico, le daban un alza sor- 
prendente para el desventurado que ha^ 



decian con propiedad, las papeletas ha- 
bian salido de las tiendas, entonces era 
segura su baja, para que volvieran ¿ma- 
nos de BUS antiguos poseedores. Esto es 
positivo, por mas que parezca increíble, 
y nadie lo ignora entre los que conocen 
las cosas de Santo Domingo. 

Los hombres que así se manejaban no 
podian ver con ojos serenos, la entroni- 
zación del orden y la justicia, j aunque 
extranjeros, conspiral)»n é iban á las lo- 
gias masónicas y con escandalosa auda- 
cia, excitaban i la rebelión, Invocanda 
hipócritamente las sagradas palabras de 
patria, independencia j libertad. 

Es indudable que una de las clases 
más respetables de la sociedad es el sa- 
cerdocio. Un clero morigerado y virtuoso 
es el espejo de las buenas costumbres y 
por su propio ejemplo j mé'^to, adquiere 
preponaerante inBuencia y llega ¿ ser el 
timón que gobierna j guía á los flelea. 

Por el coatrario, cuando la virtud y la 
moral no resplandecen en los eclesiásti- 
cos, cuando son viciosos y más que vi- 
ciosos, cínicos, entonces el pueblo se 
pervierte, sigue su ejemplo y cual tor- 
rente i^eabordado que arrastra cuanto 
encuentra en su impetuosa carrera, rom- 
pe los lazos de la moral y del respeto so- 
cial y llega al grado de mayor des- 



f:1 clero que los espaSoIes encontraron 
en la isla, no era por desgracia un clero 
virtuoso y digno, según lo demostró con 
su autorizada palabra el arzobispo señor 
Monzón, en la sesión del Senado del dia 
26 de Enero de 1865. Sus pasiones, sus 
vicios, sus intranftigencias j su libertina- 
je, le hacían indigno á tos ojos de todo el 
que no ignorase la gran misión que te 
está encomendada. Pecaríamos de par- 
.cialidad si al considerar este caso general 
no consignáramos que frente á la gran 
mayoría que dejamos retratada, existía 
una minoría compueatade sugetoa fletes, 
ilustrados y muy dignos de consideración 
y de respeto, cuya palabra no era oída 
porque condenaba laMomoralidad .y pre- 
dicaba las buenas costumbres. 

Aunadas las clases que acabamos de 
describir por sus it.tereses particulares, 
conspiraban con &&n j sin descanso pan 



-tó- 



inquietar i España y poner obstáculos al 
orden yá la justicia. 

A este propósito decía el periódico La 
Razón en uno de sus números: 

«No hay torpe calumnia, impostura 
^grosera, ni insinuafcion maligna á que 
íno estuviésemos preparados desde que 
«pudimos apreciar la clase de enemigos 
»que se habia adquirido España a^'ep- 
itando la reincorporación de Santo Do- 
»mingo y la clase de intereses y de espe- 
»ranzas que habia echado á rodar aquel 
»acto memorable, iniciado y llevado á 
•efecto por la voluntad de los domini- 
» canos. 

íY con efecto ¿cuántas interpretacio- 
»nes indignas no recibió la trasformacion 
»politica de este suelo, de cuántas decla- 
»raciones trági-cómicas no ha sido obje- 
»to, y cuántos anatemas grotescos no le 
»han caido encima? 

»E1 gobierno de la vecina república de 
»Haiti fué, como era natural, quien dio la 
» señal de rebato contra un suceso que le 
»dejó como á la zorra del cuento, cuando 
»mas cerca se creia de catar las uvas; y 
»su solemne protesta contra los princi- 



>pales dominicanos, á quienes Ilamaf)i 
»traidores, y cont a la nación española, 
»á la que llamó ambiciosa, y contra la 
» reincorporación que calificó de negocio 
»de compra y venta, ha quedado como 
»una especie de Coran, donde se han 
»inspiraao todos los hipócritas y malva- 
ídos derviches políticos que en nombre 
»de la emancipación de los pueblos, pre- 
»dican descaradamente el asesinato y e* 
»incendio. 

» Era de presumir que toda esa legión 
»de maldicientes, movidos por un interés 
»comun, y prometiéndose háfiar apoyo 
»entre nuestras masas ignorantes, con 
»cuya credulidad podian contar para sus 
»más disparatadas mentiras, llegaran á 
» organizar un plan tendente á hacer im- 
j posible la permanencia de España en 
» Santo Domingo, lo que con pueril con- 
»flanza esperaron conseguir, suscitando 
» frecuentes trastornos y movimientos 
»insurreccionale8 que, ó fatigaran por 
»último'á nuestro gobierno ó le persua* 
»dieran al menos, de que no existia en es- 
»te país ninguna adhesión hacia la madre 
»pátria.» 



xn. 



•LA INSUBRECCIONDE SANTIAGO DE LOS CABALLEROS EN FEBRERO BE 1863. 



/ 



ndiciüs de la conjuración. — Salida de tropas.— El a3nintamiento faccioso. — La 
lucha en la plaza. —Rendición de los insurrestos. — Prisión de los conceijales. 



A mediados de Febrero de 1863, se de- 
cía públicamente, que los enemigo» del 
orden, que no podian sufrir las mejoras 
do que tanto necesitaba el país, tenían 
frHguaiH una nueva insurrección que de- 
bía estallir en la provincia ilel Cibao, 
para propagarla enseguida por toda la 
isla. 

Habliíbasft de ello tan sin rebozo, que 
Tarios oíiciales del batallón de la Corona, 



que daba guarnición á Santiago de los 
Caballeros, dieron conocimiento al gene- 
ral de las reservas Sr. Hungría, coman- 
dante general de la proviucia, de que ha- 
bían oi lO á los mi>mos conjurados de- 
signar rl sitio donde se reunían. Uno de 
los (líieiales españoles denunció como 
principales agentes al general de la re- 
serva, Sr. Concha, y á Helisario Curie!, 
mei^cader mulato, á quien se habia rcco- 



- M - 



nocido por la anexión el empleo de 1e- 
xüente coronel, j que era miembro del 
apuntamiento de Santiago. 

Pero el general Hungría, con una leni- 
dad que dejó muy poco satisfechos á los 
españoles, se contciitó con llamar á su 
presencia á los denunciados, y con la 
misma frialda'i que si les hablara de la 
icosa menos importante, les dijo: «Miren, 
».Cümpaes, que me dicen que Vds. coDSpi- 
>ran, aunque no lo creo.» Ocioso será de- 
cir que los acusados nega ron abierta- 
2nente. 

El gobernador de Guayubin, Sr. Gar- 
rido, coronel de las reservas, mandó el 20 
de Febrero un propio á Santiago, con 
oficio para las autoridades, participando 

Sus tenia noticias de que por allí se t ra- 
lba de alterar el orden, y pedia que se 
le aumentara el destacamento, según 
tantas veces habia solicitado. Toda la 
fuerza que había en Guayubin se compo- 
nía de treinta h mbres, y era insuflciente 
para contener invasiones de los enemigos 
del orden, por una frontera de un país 
enemigo también, aunque encubierto. A 
nuestro juicio, hubiera sido mucho más 
decoroso no tener allí ni un soldado; pero 
el espíritu dominante en aquella época, 
era el de tener distribuida la tropa espa- 
ñola en pequeñas agrupaciones. 

Al siguiente dia 21, hizo salir el gene- 
ral HuDgria una fuerza de veinticinco 
hombres con un oñcial, para reforzar á 
Guayubin y sus inmediatos puntos mili- 
tares{ pero en la misma tarde llegó á la 
capital, mandado por el gobernador Gar- 
rido, el capitán de la reserva, D. übaldo 
Wal, que constantemente fué leal á Es- 
paña, y traia noticias graves. Según 
ellas, el general del país. Lúeas Peña, 
con su amigo Santiago se habia declara- 
do en abierta rebelión en el pueblo de Sa- 
baneta, y con unos 800 hombres habían 
proclamado la república. 

El caso era muy grave, y reclamaba un 
pronto y eñcaz remedio. 

Aquella noticia sorprendió tan solo á 
los españoles, pues los del país la espe- 
raban, lira el efecto de una conspiración 
fraguada con todo desembarazo; era el 
fruto de las iii-:ri¿;Lá de Haiti, según de- 
mostraremos en el capítulo siguiente. 

El remedio que Hungría encontró más 
hncedero, fué el de salir al siguiente dia 
con cien hombres de la Corona y treinta 
caballos del escuadrón de cazadores 
4e Santo Domingo, ¿ l^s inmediata^ 






órdenes del teniente coronel Velasco. 

La disposición era acertada, pero se la 
desvirtuó, retrasando puniblemente su 
salida el mismo general Hungría, que 
solo abandonó la ciudad por la tarde, y 
después de las excitaciones de los jefes 
españoles, que más de una vez le tuvil6- 
ron que decir que no se debía perder ni 
un instante. No fueron pocos los (^ue ob- 
servaron que Belisario Curiel fue el que 
mereció las últimas y más expresivas 
atenciones del general qus salla á batir 
la insurrección. 

Quedó en la plaza de gobernador inte- 
rino el general Michel. 

El dia 23 se recibió en la ciudad una 
comunicación del jefe de la columna, 
participando que el pequeño destacamen- 
to de San Marcial, que habia en Guayu- 
bin, habia tenido que capitular con el ca- 
becilla Lucas Peña, y encomiaba la ne- 
cesidad de que se le mandase un refuerzo 
de 100 hombres más y raciones. Inmedia- 
tamente se dieron las órdenes convenien- 
tes y salió el refuerzo pedido con el capi- 
tán de la Corona Sr. ülrich. 

En la ciudad reinaba gran efervescen- 
cia, los ánimos andaban agitados y todo 
anunciaba un acontecimiento importan- 
te. En efecto, viendo I0.9 conjurados que 
la tropa que habia quedado, apenas llega- 
ban á 300 hombres, proyectaron dar el 
grito aquella misma noche, en ocasión 
en que la tropa estuviese de paseo. 

Una casualidad casi providencial des- 
truyó todos los planes de los sublevados. 
Tuvo conocimiento de ellos el comandan- 
te de la Corona D. Juan Campillo, y sa- 
biendo que los conspiradores se habían 
de reunir en el fuerte llamado Dios, se 
fué inmediatamente al nombrado San 
Luis, en donde se acuartelaba la guarni- 
ción, con el tin de que no saliera de pa- 
seo; pero ya era tarde, pues se habia to- 
cado marcha; sin embargo, ordenó que 
seguidamente se la buscara y al poco 
tiempo se h^lló casi toda reconcentrada. 

En el ínterin, los sublevados llegaban 
al punto designado, juntándose hasta 
800 armados. 

El gobernador Sr. Michel y el teniente 
coronel de San Marcial Sr. Zarzuelo, 
acordaron retirar las guardias, y antes 
de efectuarlo con la de la cárcel, pasaron 
al ayuntamiento á manifestarle, que los 
criminales iban á quedar sin custodia, y 
que era un deber de la municipalidad 
Rombrarla, sino (jueria (jue se fugaran. 



I 



Al propio tiempo, el ^bernador requirió 
al «juntamiento á, oye levantara la seBÍon 
y pasara al fuerte de San Luis, para oue 
reunido atli con laa demás autoridades 
Civiles y militares, pudiera deliberarse 
sobre la manera de tranquilizar los agita- 
dos fiDimos do la capital y evitar loe gra- 
TeB disgustos que amenazaban. 

El sindico del ayuntamiento, Belisarlo 
Curíel, á quien más tarde veremos de 
ayudante del brigadier Buceta, después 
desertor de las filas españolas, y por úl- 
timo, comisionado por los insurrectos 
para tratar eu Monte-Clirist! negociacio 
nea de paz, y por fta vender al presiden- 
te, tomó la palabra, y con espreslones 
impropias de toda persona decente y dan- 
do fuertes puñetazos sobre la mesa, dijo 
con el tono más altanero, pque el svun- 
i'tsmiento no Iba á donde se le manaaba, 
»que no tenia por que obedecer,* y paro- 
diando la fórmula de los aragoneses 
cuando tenían sus fueros, dijo «que el 
»ayuntamÍ6nto reunido era más que el 
ig^obemador , y tanto como éste valla 
*cunlquiera de los concejales aue con- 
scurrieeen allí, por lo tanto, los demás je- 
»fes y autoridiuícs. • 

Aquellas maneras y aquel lenguaje 
bastarían para descubrir toda la culpa- 
bilidad de una corporación que debía ser 
la más interesada en conservar el orden y 
la obediencia. 

A las siete y media de la noche, deja- 
ron el fuerte Dios todos los conjurados y 
entraron en In ciudad, formando en la 
plaza mayor, (lando desaforados gritos y 
Tlvaa á la república. 

Ya no habla duda del carácter del mo- 
tín, que tendía á trsstornar todo lo esta- 
blecido. Aquello era ponerse abierta- 
mente frente al coblemo constituido. 

Los amotlnndoB no bajaban de mil 
hombres armados, y los capitaneabnn un 
tal Juan Antoiiio Espalliir, con Vidal, 
richardo. Perdomo, Alix, Beyes y Gotió. 
Todos menos Perdomo, que era merca- 
der, pertenecían 4 la clase do jefnsyofl- 
elalea de la reserva, y empañaban las 
mismas armas qne se les había confiado 

Íara sostener el orden y los derechos de 
ispaña. 

Consta, y esti plenamente j\istilicado 
porlacauaa, que después de estos acon- 
tcclmientoB se iastruíó, que después de 
loque llevamos dicho, se unió á los su- 
blevados en la plaza el general D. Lula 
Vldó, qulett acompañndo dol regidor doa 



Mariano Gnillon se dirigió &U círcel, y 
abriendo rus puertas dijo 4 los preeos to- 
dos sin excepción de delitos: ^ 

«Quedan VdK. en completa libsrtadf 
(les va á proveer de armas, en la Gi 
■zade que sabrán empuñarlas en d 
ide la república.) 

Durante este período y hasta cost 
las ocho de la noche, ni la guarnid 
el pueblo se hostilizaban; pero habléi 
se presentado en el cuartel algunos^ 
tentea llenos de heridas y despojadtM 
la ropa que llevaban, ordenó el ood 
dante Campillo al capitán D. Jos^ 
puente que atacara k los insuirectoB ■ 
de quiera que loa hallara. SaUÓ n 
oficial con tres subalternos y 50 homw 
que se prestaron voluntariamente i d 
empeñar este servicio, siguiéndoles a 
inmediata reserva una compaijút det 
tallón de San Uarcial, al mando du 
mandante Aguilera. ^ 

Al llegar la primera fuerza, á unoil 
cuenta pasos de la plaza, recibió unaT 
rible descarga de los amotinadosri 
llenos del mayor entusiasmo gritÍL 
«¡Al fuerte, al fuerte, pues aunque! 
»con palos mataremos á loseapaa<f 
El capitán Lapuente, en vez de der 
certarse, se lanza sobre ellos sabS 
mano, dando el ejemplo á sus Bold 

Í aturdidos y acosados por sus 1 
19, huyen despavoridos hasta fuf 
población, dejando cinco muertos 3 
y seis heridos, contándose entre lo4 
meros al cabecilla Gotier, queempw 
la bandera republicana. | 

ínterin el capitán Lapuente lid 
desde el fuerte á la plaza, se preseufl 
en aan Luis los regidores Pablo P J 
Alfret deChln, reuniéndose á conf 
ciar con el gobernador Míchel y loi 
de San Marcial. 

El comandante Campillo, que se ■ 
ba luera, cuidando, á la calieza d 
guarnición, de lo que ocurría, fué av| 
por el coronel de la reserva FrómetA 

Jue se presentara donde estaban a 
as las autoridades, pues a» teml^l 
se tramase por los indlviduoB del 1 
tsmiento. algun plan per^dicial pan 
paña. Se dirigió, en efecto, al puntl 
dlcndo, entrando en él, en ocasión ti 
Pujol decía, que se habían prese ntaot 
el aalon de sesiones varias cnmisioneflíl 
la ciudad, pidiéndose enarbulasc, desda 
luego, la bandera republicana y que toda 
la pobladon, ala «xwpcloa «Igima, t" *^~*' 



dispuesta 4 ello, y que por lo tanto, ro- 
gaba qv.e no se mandaran futrías para 
«ííariiííyraciaJ. Eljefede San Marcial 
contestó de noa manera muy digna, pero 
habieodo iasiatido Pujol, en que por lo 
menos hasta la tarde del siguiente dia 
no se rompiesen ka liostUidadea, ni se 
mandaran tuerzas á la plaia, j que por 
su parte el ayuntamiento influiria con loa 
sublevados, para que no atacasen i la 
tropa, tomóla palabra Campillo, y lleno 
de la más profunda indignadon protestó 
de todo trato con los insurrectos, aña- 
diendo, que lo que cumplía á las circuns- 
tancias, era atacar sia treguas ni des- 
canso á la revolución, que por medio de 
kTtiflcios quería ganar tiempo, para que 
se reuniera la gente que el faccioso ayun- 
tamiento había convocado, por medio de 
emisarios que habia mandado á re< 
el oampo y los pueblos Inmediatos. 
El general Micbel aprobó la opini 
Campillo, y contestando á los csmli 
áos en el mismo sentido, confió el gobier- 
no de la fortaleza al Sr. Zarzuelo, tenien- 
te coronel de San Marctil, y el mando de 
las fuerzas que hablan de atacar ú loe in- 
tarrectos, al comandante Campillo. 

Bq la tarde del mismo dia se habían 
recibido comunicaciones oñeiales v cartas 
particulsree, pintando con los mas som- 
Drios colores los acontecimientos de Gua- 
vnbln, y manifestando que la tropa se 
nabia atrincherado en Jaybon. 

En vista de tales noticias y de lo ocur- 
rido en la ciudad, y considerando la cri- 
tica situación de la tropa estacionada en 
Jaybon, preguntó Campillo á la guarni- 
ción, si alguno se atrevía ¿desempeñar la 
arriesgada comisión de informar verbal- 
mente al general Hungría y & Yelascode 
]||[0aGQdido. Cuatro individuos se ofre- 
iron, siendo elegido un cabo de grana- 
ba de la Corona , cuyo nombre senti- 
'a iguorar, el cual, vestido de paisano, 
■ampefió con e! mayor valor e inteli- 
cia tan difícil encargo. 
ÍTiin pronto como dichos jefes recibie- 
fi el aviso que se les mandó, salieron de 
ftbon gara Santiago, dispuestos á con- 
" T i Tuerto -Plata, caso de no poder 

J amanecer del siguiente dia, sobre 
.W hombres en diversos grupos, y os- 
eando banderas republicanas, circun- 
uban i Santiago. Reunidos á las diez 
1 mañana los jefes españoles, con el 
udtutte general iaterino , {[eaer&l 




López, coronel Frómetra y general admi- 
nistrador de aduanas, únicos que se mos- 
traron leales de loa de la reserva, se acor- 
dó la salida de una compañía de cazado- 
res de San Marcial , cien hombres de la 
Corona y cinco caballos, al mando de 
Campdlo, que lamed iat amento se dirigió 
al grupo mas numeroso situado al otro 
lado del rio Yaque , y como h. una milla 
de la población. 

Al salir la columna, se presentaron & 
elia tres ginetes, y dirigiéndose á su jefe, 
le manifestaron que no tenia para qué 
seguir, pues todo estaba arreglado. El 
comandante entonces les preguntó, que 
cómo y con quiéu se habia hecho el ar- 
reglo, y los ginetes, que eran individuos 
del ayuntamiento, replicaron que los su- 
blevados pedían únicamente 48 horaa 
para deliberar. Indignado el jefe ante ta- 
maña insolencia, contestó: 'AJ soldada 
• español no se le imponen condiciones; 
tya verán "Vds. como al pasar el Taque, 
■ nuestras bayonetas se las imponen.» Y 
llamando al capitán, que tan bizarramen- 
te se habia conducido la tarde anterior, 
le dijo: tCapitan Lapuente, en cuanto 
>oigaV. el toque de redoblado, se lan- 
»za V, con su compañía al agua, y pasa 
»el ño, y á la bayoneta y sin disparar un 
itiro, ae echa sobre el enemigo, i Diri- 
giéndose á la columna, con las voces de 
¡adelante, y viva la reina! que la tropa 
contestó entusiasmada, se tomó el paso 
lijero, envolviendo una avanzada enemi- 
ga, que situada en la orilla de acá del 
rio, cayó toda prisionera sin darse cuenta 
de su sorpresa. 

Seguidamente se oyó el toque do redo- 
blado, y él Sr. Lapuente se lanzó al rio 
seguido de su compañía, que despreció la 
amenazadora actitud de másde 400 hom- 
bres que apuntaban sus armas. Aquí de- 
bemos llamar la atención sobre un hecho 
del que no hay ejemplo en las guerras. 
Aquellos hombres que estaban fuerte- 
mente establecidos, y que eran muy su- 
periores en número, desde la posición de 
apuntar que habían tomado maquinal- 
mente, dejaron caer sus armas, levan- 
tando en actitud humillante pañuelos 
blancos. 

A la vista de tan extraño suceso se 
tocó alto y el comandante de la columna 
se adelantó al galope hacia los insurrec- 
tos, que nada le decían, hasta que ha- 
biendo preguntado quién capitaneaba 
I fti^nella jente, contestó un mulato deseo- 



— 6»^ 



nocido, que los íefes habían huido. Inter- 
rogados sobre la conexión que pudieran 
tener con los individuos del ajuntamien- 
o de Santiago, que poco antes habían- 
estado entre ellos, contestaron que pot 
8u orden habían dejado sus casas y qur 
allí los tenían hacia ja dos días, sin daré 
les de comer, j que les habían recomen- 
dado que cuando se acercara la tropa 
procuraran detenerla, pidiendo cuarenta 
y ocho horas de tiempo. 

De una manera semejante fueron des- 
hechos todos los grupos que rodeaban la 
ciudad, escapándose los más de sus in- 
dividuos y presentándose los óteos pi- 
diendo de comer. 



Siendo ya evídentela culpabilidad del 
ayuntamiento de Santiago, y compren- 
diendo Campillo que iuterin aquella cor- 
poración pudiese reunirse, la conspiración 
continuaría, se dirigió á las casas consis- 
toriales, en donde halló á los concejales, 
que declaró facciosos, y constituyó en 
prisión en nombre de la ley y de la reina. 
El efecto moral de tan acertada dispo- 
sición se vio palpablemente, pues ala 
siguiente mañana, cuando se divulgó la 
noticia de hallarse presos los que haoían 
fomentado el movimiento, se presenta- 
ron á las autoridades todos los que, te- 
niendo obligación de hacerlo, no lo ha- 
I bian hecho durante el conflicto pasado. 



xm. 



IX>S MOTINES BE LOS PUEBLOS FRONTERIZOS. 



X4t toma de Ghiayubin.— Entrada en Monte-Christi.— Acción de Sabaneta.— La 
dispersión en Capotillo. 



El público de la ciudad de Santo Do« 
mingo tuvo la primer noticia de estos 
acontecimientos, cuando leyó en los pe- 
riódicos lo siguiente: 

«El pequeño pueblo de Guayubín, so- 
ibre la frontera del N. O. de nuestro ter- 
»ritorio, acaba de ser teatro de ocurren- 
f cias que debemos deplorar, no obstante 
»la escasa trascendencia que pueden te- 
»ner para el entorpecimiento de la mar- 
icha progresiva que el país ha empren- 
idido, ▼ que según los ilustrados deseos 
» y poaerosos medios de nuestro gobier- 
tno, ha de continuar á toda costa. Algu- 
mos alborotadores, mal avenidos con la 
'situación de orden que les reduce al 
trespeto de las leyes sociales, han puesto 
imanos á la descabellada intentoaa de 
•sustraer aquella población del dominio 
tespañol, para entregarla al dominio de 
•DO sabemos quién.» 



cUn grito de general reprobación ha 
«respondido á este atentado, en el que 
»naaíe puede ver sioo la obra de la igno- 
» rancia y de la perversidad. i 

»Ni plan, ni objeto determinado parece 
«que tienen aquellos revoltosos. La au- 
Ytoridad del distrito ha acudido inmedia- 
«lamente con parte de las fuerzas que te- 
:^nia á su disposición á caer encima de los 
•culpables, mientras que el superior ffo- 
»bíerno de la províocia ha dictado las 
»más eñcaces medidas para sofocar el 
«movimiento, cualquiera que sea suim- 
yportancia, y restablecer el orden en 
«aquel lugar.» 

Vencida la insurrección en Santiago, 
del modo referido, restaba hacer lo mis- 
mo en Guayubín y otros pueblos fronte- 
rizos. 

Al siguiente día de las anteriores ocor- 

xencias, j oomo cooaeeuencM del afisQ 



-éá- 



flotes eitplícado, ifegresaron á Santiago 
Hungría y Velasco con sus fuerzas; pero 
venían en forma de retirada, y anuncian- 
do que el enemigo les perseguía. Al oír- 
les, dno Campillo, que lo conveniente era 
batir fuera á los contrarios saliéndoles al 
encuentro, pues de esperarlos se corría 
el riesgo de que la ciudad j los campos 
inmediatos volvieran á sublevarse. Gran- 
de oposición á esta medida presentaron 
los dos jefes antes mencíonacbs, y fué 
necesario formar una junta de jefes es- 
pañoles y de los generales Hungría y 
Michel, la cual decidió que al amanecer 
del día siguiente volviese á salir la co- 
lumna recien llegada, para situarse cerca 
de Jaybou y amenazar al enemigo, y que 
íi las cuatro de la tarde saliese otra 
mandada por Campillo, con el fin de pro- 
teger á la anterior y de contener la in- 
surrección si avanzaba hacia la capital. 

Todo se hizo asi, y á las diez de la no- 
che se reunieron ambas, en el caserío de 
Navarrete, distante siete leguas de San- 
tiago. 

En la mañana del 2 de Marzo las tro- 

Sas cayeron sobre Guayubín. Los rebel- 
es, no fiándose en la posición que te- 
nían en la margen derecha del rio, pusie- 
ron este por medio y se hicieron fuertes 
con su artillería en las formidables posi- 
ciones del Mangar, que los haitianos, en 
su guerra con la república, intentaron 
tomar varias veces , siempre con triste 
éxito. Desde allí se domina completamen- 
te el vado y la población, de modo que al 
llegar á esta la columna, fué recibida con 
varios disparos de artillería y fusilería, 
que no causaron daño alguno. Inmedia- 
tamente el comandante en jefe dispuso 
que una mitad de cazadores de San Mar- 
cial protegiese con sus fuegos el paso del 
rio, que el mismo jefe emprendió el pri- 
mero al grito de ¡viva la reina! á la ca- 
beza de todo el grueso de su intrépida 
columna, disminuida por lá necesidad de 

Sue una compañía del segundo batallón 
e la Coron * quedara de sosten en el 
pueblo. 

Nuestros valientes pasaron el Yaque 
con el agua al pecho, á pesar de la im- 
petuosa corriente que tiene en aquel lu- 
gar, y bajo un nutrido fuego aunque po- 
co certero, legaron rií pijamente á la otra 
orilla , y reorganizándose las filas que 
, aquella operación habia desarreglado, se 
lanzaron al ataque de las posiciones ene- 
migas, con un ardimiento y vivacidad 



que Sóf prendió i íbs ref>eIdes,quelLai!Íaa 
^s disparos hasta á menos de veinte 
pasos de distancia, una sostenida carga 
¿ la bayoneta los desalojó de las mese- 
tas que ocupaban, y sus cañones fueron 
cayendo sucesivamente en manos de núes « 
tros soldados. Tomada la últimapieza del 
enemigo, este se dispersó en todas direc* 
cienes en el más completo desorden, y sin 
atreverse á volver la cara un solo instan- 
te, se internaron en los espesos bosques 
inmediatos, ha^^iendo ineficaz su perse- 
cución. 

Testigos presenciales de este notable 
hecho de armas, nos aseguran que en él 
rivalizaron en el mejor cumplimiento de 
su deber, tanto los jefes y oficiales, como 
los individuos de tropa; pero que la glo- 
ria principal cupo al .capitán de ingenie- 
ros, D. Elias de la Casa, al de infanrería, 
D. Eduardo Valenzuela, y al teniente don 
Julián Hermida, los cuales, con un valor 
temerario y un inminente riesgo, fueron 
los primeros en arrojarse sobre las bate- 
rías. 

Nuestras pérdidas consistieron en 16 
heridos, entre los que se contaba de bas- 
tante gravedad el Sr. Valenzuela. 

Concluido el combate, en que 360 in- 
fantes y 30 caballos habían derrotado á 
muy cerca de 3.000 insurrectos, se distri- 
buyó entre la tropa el gran botín que se 
les cogió, y se entró en Guayubín, con- 
duciendo la artillería y municiones to- 
madas. 

A la una de dicho día hubo junta de 
jefes bajo la presidencia del general Hun- 
gría, acordándose la salida de Campillo 
para Monte-Christi, y de Velasco y Hun- 
gría para Sabaneta, en cuyos puntos rei- 
naba aun la rebelión. 

Salió Campillo para su destino, y como 
á las dos de la madrugada y á tres leguas 
de Monte-Christi, recibió un oficio de un 
concejal en que le decía que el goberna- 
dor y jefe de los insurrectos, Juan Anto- 
nio Polanco, habia huido al saber su 
aproximación, y que á la entrada suya en 
el pueblo se arriaría la bandera republi- 
cana, izándose la española con la salva 
de veintiún cañonazos. 

A las siete de la mañana entró la co- 
lumna sin la nl6nor novedad, encontran- 
do siete cañones de hierro, de grueso ca- 
libre, colocados en baterías. En su mayor 
parte habían emigrado los habitantes, lo 
que obligó á Campillo á dictar la orden 
de que todas las familias regresasen ásuf 



I 



hogares, en la Beguridad de que nada se 

les haria, pero cou la condición de entre- 
gar laa armas (¡íib habían empuñado 
para la rebelión, cuja medida pobló el 
pueblo y dio lugar á que se recogieran 
loáa de doscientas armas. 

Para el más perfecto exclare cimiento 
de los acón tectmie otos de Santiago, se 
nombró una comisión militar para ju7,- 
^ar á los reos, á los que se concedió todos 
los medios de defensa. 

Los heclaoa habian sido perpetrados k 
la luz del día; los que habiao levantado 
el grito sedicioso, nabian sido aprehen- 
didos con las armas en la mano; con las 
mismas armas que lea Labia confiado la 
reina para defender el orden. 

Aparecían complicados muchos veci- 
nos de Santiago y sus cercanías, y con 
arreglo á las leyea, no pocos debían pa- 
gar con la vida su rebelión. 

Esta perspectiva era muy desagrada- 
ble y penoaa para los jueces, que eran 
los militares españoles. 

Y todavía se hizo más sensible cuando 
se tuvo noticia de que el general Santa- 
na se habla ofrecido al capitán general 
8r. Rivero, para ir al Cibao con foorias 
para tranquilizar el país. 

Esta nueva causó en Santiago un efec- 
to aterrador, pues todos sus moradores 
recordaran desde luego los fusilamientos 
de los Cercados. Santana había sido 
siempre el azote del Cibao, y este distri- 
to y el de! Seybo, adicto al antiguo pre- 
sidente, sostenían de tiempo inmemorial 
USB rivalidad sangrienta. 

La comisión militarmandóá Santo Do- 
mingo Jk una persona competente para 
qu« mformase&l capitán general delcurso 
y Mpecto de los procedimientos, ó impe- 
trase de su autoridad el indulto de ta 
nenade muerte para todos los que ha- 
blan sido condenados ft ella menos á sie- 
te Individuos que al delito de rebelión 
habian reunido circunstancias muy agra- 
Tantes. 

Mientras tanto, la insurrección no ha- 
bla sido aun sofocada en Sabaoeta, en 
donde el general Hungria dejaba correr 
un tiempo precioso, sumido en la inac- 

Babiendo sido nombrado comandante 
eeneral de Cibao el brigadier Buceta, se 
dirigió k MoDte-Christi, eu donde desem- 
barcó la tarde del mismo diaen que ba- 
bia sido tdmado por Campillo, lolorraóle 
Hte del estado de ias cotas y salieron en 



busca de Hungría, que al saber su rele- 
vo, ó quizas sin saberlo, se decidió á bus- 
car al enemigo que se hallaba muy enva- 
lentonado con la tregua que se lebdbla 
dado. Media hora bastó para que ee le 
batiera y espulgara de la población. 

A propósito de esto decía una alocu- 
ción del capitán general : 

iSegun el parte oflcial que he recibido 
»en el dia de hoy, del teatro de los au- 
ícesoa, otro nuevo triunfa alcanzado i>or 
inuestros.valientes soldados, ha venido 
ȇ demostrar k los enemigos de la reiat 
»que no se ultraja impunemente al pa* 
» bel Ion nacional. 

^Kl enemigo ha sido arrojado eu la 
•tarde del día 5 del actual de Sabaneta, 
lültinio baluarte de bus impotentes ma- 
i-quinaeíones, por dos compañías del sa- 
«gundo batallón de la Corona. ()ue al 

• mando del digno general Hungna les 
»atacaroa enérgieameoteá la bayoneta, 
iihabiéndDlea causado tres muertos, va- 
x>r!us heridos y prisioneros, j dejando en 
«poder de nuestras tropas una bandera, 

• armas, províbíones, municiones y cor- 
írespondencia. 

» Por nuestra parte ha habido, sin em- 
sbargo, que lamentar la péi-dida de lU 
«soltlado muerto y algunos heridas.» 

• Media hora de combate ha bastado 
^para consumar este brillante hecho de 
«armas y obligar al enemigo ádoclararu 
¡¡ea precipitada fuga por los barrancos 
«contiguos ¿ la poblaciou. 

uLa descabellada intentonade algunos 
nilusos puede darse por termiuada.t 

El capitán genenil dió adelnás otrt 
notable proclama á los domíiiicanoB, ha- 
ciéndoles la exacta pintura de los acoo- 
teeimientos, y dúndolea en general laa 
gracias por el apoyo que habían prestado 
á la causa del orden; Inmeot/ibase en ella 
de lo sucedido, diciendo que no podía T«r 
con indiferencia la sangre dÍ las lagri- 
mas, y que si bien las autorídadea tonian 
grandes deberes que cumplir en estol 
casos, él cumpliría su triste misión del 
modo menos doloroso que le fuese po- 
sible. 

En efecto, asi lo hizo, como podri ver- 
Re por el bando que publicó eu 16 ¿A 
Marzo, y que decía: 

• Dominicanos: habéis vístalos acón» 
itecimientos que momentáneamente per- 
«turbaron el Orden en esta isla. Vcsntros 
»!os h abéis cond uñado como yo; tal vl^ 
«yo los he lamentado mks que ' 



»B] escándalo lia sido grcinde, el c&sU- 
»go era indispensable; lo reclamaba la 
(Vindicta pública, lo eiigia la ley dictada 
ipara la seguridad de la sociedad, lo pe- 
»fl¡ü Tuestro propio interóa. porque sí 
lUabeis de tener paz, ea preciso que loa 
>f[ue atenlen contra ella no nueaen im- 
tpunos; la impunidad alienta los delitos. 
• Desgraciado el paia que esté regido 
«por una autoridad que no sepa sobrepo- 
«nerse á sus sentimientoa j hacer callar 
ȇ su coraron cuando habla el deber. 
iComprendiendo yo este daber j llenán- 
»dolo, he aprobado todas fas senteacias 
»que la comisión militar, sujetándose es- 
>tfictamente á la lej, ha dictado contra 
uloa culpables. 

(Kntre estas sentencias, once eran de 
*la pena de muerte á indiíiduos presen- 
»tea, y diez y naeve á otros q ue se hallan 
•prófégoa; siete de los primeros han sido 
»eJecutado8, j cuatro en quienes he bd- 
»ccintrado alguna menos culpabilidad, 
KI^D sido indultados por mi, porque he 
Brido conciliar la Justicia con la cie- 
ncia. 

)aQ los castigos impuestos á loa unos 
ran de escarmiento; que la clemencia 
Eida con loa otros sea apreciada. 
SI más bello atributo de los reyes es el 
Tperdonar. La reina, siempre buena 
lisna subditos, ha trasmitido estas 
LÜtadea k los capitanes generales de 
remar; en au real nombra he conce- 
el indulto y sé de antemano que lo 
potará, porque de su corazón no bro- 
mas que sentimientos generosos 
ita con sus enemigos, de su alma so- 
bptedad para los desgraciados. 
|kLaa primeras palabras que la reina 
O al Tolver del desmayo que le eait- 
a la herida de una mano aleve, fue- 
: perdón al asesino, rasgo sublime 
Pcaridad que consignará la historia 
i honra suya. La señora, que tan 
ido j tan generosa se mostrara con 
Fqae atentó á su vida, tendrá un pla- 
nff en que en nombre suyo, haya salva- 
KUde cuatro de los culpables. 
jjominicanos: amad á la reina como 
B«m& á unamadre, porqueella os ama, 
Qo se ama á los hijos; no permitáis 
,í algunos ilusos hagan que se arre- 
. Mita de haberos abierto los brazos, 
'•enando quisisteis volver & la familia 
icomua. 
■Ya os lo he dicho otra vez; en esa fa- 
^ia habéis sido recibidos con regocijo 



>y sí alguno por aberración 6 por errof 
«no os hace justicia, sus apreciacioDea 
íson aisladas, y bastante tiene con qua 
ílos demás condenen au proceder. 
"He vuestra cordura y sensatez, da 

• vuestro buen juicio para saber apreciar 
"lo que os conviene, espero qua me ayu- 

• dareisá consolidar el orden, porque aa- 
ibeis que síQ él no hay ventura, no hay 

• prosperidad, no hay porvenir; solo hay 

• desgracias, lágrimas y confusión. 

• El que manda tiene que acomodar su 
•conducta á la que observaiilos habítan- 

• tes sobre quienes ejércela acción de bu 

• mando. Yo deseo el bien, deseo que loa 
idias corran sosegados, y no haya motl- 
•vo de aplicar el rigor; por eso cuando 
*he tenido que castigar á algunos he sen- 
stido un gran dolor, y cuando he podido 
•perdonar á otros he sentido un gran 
•placer; pero hay caso en que la clemen- 
icia solo se puede usar una vez, y la de 
■ hoy envuelve un compromiso para no 
■poder emplearla mañana si se repitiese 
•la rebelión. 

>Mi carácter es humano, pero recto; 
imi conducta está guiada por estos sea- 
■timíeatoa, y descansando enmiconclea- 
la dejo al juicio público; juigadme 



• Las circunstancias esigieron que el 

■ país se declarase en estado de sitio; 

■ esas circunstancias han pasado, y mi 
•bando de hoy dispone que cese el estc^ 

• do excepcional. 

■ Dominicanos: siempre ma veréis ta- 

■ lando por vosotros, porque este es mi 

• deber, y porque así cumplo con los de- 

• seos de S, U. la reina, que tanto se in- 
•teresa por vuestro bien, y con las íns- 
•trucciones de su gobierno, encaminadas 
•alegrar vuestra fe heldad.— Santo Do- 
•mingo, Mayo 29 de 1863.— Feüpe Ri- 

Esta alocución fué precedida da un 
bando de indulto general, que restituyó 
al seno de sus familias á la mayor parte 
de loa que aun vagaban errantes y á la 
mayoría de los refugiados en Haiti. 

La iusurrecion no quedó del todo es- 
terminada con el golpe recibido en Saba- 
neta. Venia urdida con toda premedita- 
ción, para que fácilmente se destruyera. 
Los más comprometidos se agruparon en 
su retirada, situándose en las cercaniaa 
de Dajsbony punto llamado Capotillo. 
Era necesario ir á buscarlos allí y al 
electo las tropas que hablan vencido en 
9 



4 

n 
n 



-66- 



daftjabin j Sabanéta TolaroB á castigar 
nnevamente k los ilusos. 

Llegaron á ellos y cuando ya conside- 
raban segura su presa, se les dio un in- 
necesario descanso. 

"Durante él, vinieron parlamentarios á 
imponer condiciones y en vez de caer so- 
bre ellos se les previno con una bondad y 
dulzura más propia de un obispo que de 
militares, que se retirasen de allí, pues de 
lo contrario, á la mañana siguiente se les 
atacaría. Unos re retiraron y los otros se 
internaron en las breñas de la frontera 
para perpetuar la guerra contra España. 

El general Santana, acompañado del 
entonces segundo cabo de la isla, briga- 
dier don Carlos de Vainas, llegó á San- 
tiago de los Caballeros en ocasión en que 
todo estaba terminado; no infundiendo 



su presencia el terror ^ue se iemíó, por 
haber ya concluido sus trabajos la comi- 
sión militar. 

Haremos notar, que habiendo Armado 
el acta de anexión, todos los cabecillas 
y jefes de esta insurrección, no pudieron 
en sus declaraciones dar descargo alguno 
que sirviera de pretexto á su conducta. 
Consignaremos también, que el más tar • 
de genprahsimo, presidente de la repúblia 

Ír dictador Gaspar Polanco, combatió al 
adodelos españoles con la mayor eficacia. 
La lección que daba esta insurrección 
úo fué aprove^ada porniílguna parte. 
Los trastornadores, porque vieron es- 
cesiva bondad en el gobierno y éste por- • 
que jamás volvió á emplear la energía y 
decisión de que habia dado pruebas y que 
le dieron tan grandes resultados. 



XIV. 



LA BEPUBLICA DE HÁITL 



Su origen.— Anexión á Francia.— Extensión de su territorio.— La reyolucion 
haitiana.— Enemistad con España. 



Ofrecemos á nuestros lectores en este 
capitulo una sucinta reseña del origen de 
la república de negros,'que tan mala ve- 
cina ha sido siempre de nuestras An- 
tillas. 

Pasados aquellos primeros años de la 
dominación española en Santo Domingo, 
cuando los dominadores volvieron sus 
ojos interesados hacia los nuevos descu- 
brimientos del continente americano, y la 
espalda á la que habia sido la primera y 
la madre de las colonias cuando la infor- 
tunada Española quedó pobre, yerma y 
casi desierta, entonces algunos extranje- 
ros proyectaron apropiarse la preciosa 
joya, y a mano armada llegaron para per- 
petrarla usurpación. En épocas inmedia- 
tas y con diversos pretextos, fué atacada 



Ij^isla por ingleses, franceses y holandd* 
ses; pero sucesivamente fueron rechaza* 
dos por sus habitantes europeos é imtíge- 
nas. De caso pensado saltamos por estoe 
incidentes, porque no tenemos el proyec- 
to de hacer una historia completa. 

Si ha sido posible y aun fácil contener 
y ahuyentar a las tropas organizadas de 
naciones poderosas, no aconteció lo mis» 
mo con una especie desconocida de ene- 
migos, cuya fuerza estribaba en su mis- 
ma debilidad. 

Aventureros, piratas de las Antillas j 
gente perseguida por todos los gobiemoSt 
al ver casi desierta nuestra importanto 
posesión, formaron el designio aepaFtiv 
con los castellanos, según dice un Histo- 
riador haitiano, «una isla de que dejaban^ 



— 6Y — 



•liacia ya largo tiempo una grandísima 
•parte al abandono» y para proseguir re- 
firiendo este importante suceso, con las 
palabras del propio autor , «se acercaron 
ȇ ella y habiendo encontrado la costa 
^septentrional casi enteramente abando- 
>naaa por los castellanos, se detuvieron y 
»establecieron allí. Como en los bosques 
»y en los llanos hormigueaban por todas 
apartes los cerdos y las vacadas, se en- 
»eontraron muy á su placer; y habióndo- 
»le8 o&ecido los holandeses asistirles con 
»todo lo necesario, y que recibirían en pa- 
fgo, los cueros que sacasen de la caza del 
»ganado vacuno, acabaron de ñjarse con 
^ »esta seguridad.» 

Aunque este sea el origen de la repú • 
blica, que poco há se llamaba imperio, el 
primer paso para el ensalzamiento á esta 
dig^dad de Faustino I, se dio en la isla 
de la Tortuga, inmediata á la de Santo 
Domingo; pero no en ella, y aun de 
. allí fueron desalojados y perseguidos los 
piratas por muchos años. Pero como los 
puntos de donde eran arrojados quedaban 
desguarnecidos , pronto aquellos bandi- 
dos marítimos tornaban á sus guaridas y 
de este suerte, los españoles disgustados 
.. del mal vecino que se obstinaba en me- 
térsele en casa, pasaron treinta años de 
frecuente persecución y repetidos ata- 
ques á los intrusos, que aunaue débiles, 
eran fuertes por su tenacidad en poseer 
algún territorio del que se dejaba aban- 
donado. 

La fama de aquellos hombres, que sin 
rey ni ley se atrevían á ponerse frente á 
la poderosa España, obstinados en arre- 
batarla una parte del mundo que habia 
descubierto y conquistado, se exteüdió 
pronto por Europa, glosando sus hechos 
T celebrando las exageradas proezas de 
los mismos que la sociedad tenia señala- 
dos para pasto del verdugo. 

Jamás faltan partidarios á una causa, 
si se dispone de fondos para la recluta y 
son más razón si acompaña la esperan- 
sa de rico botín y de tina emancipación 
completa de las feyes sociales; por eso de 
todas las naciones de Europa acudieron 
aventureros y ^ov^f) perdida á engrosar 
las fllas délos L,iratitá,iSabiendoá la Fran- 
cia la suerte ó la desgracia de haber con- 
tribuido con el mayor contingente, por 
lo cual quedó más tarde constituida la 
colonia en una colonia francesa. 

I^ra conse^r este ñn, los raqueros 
de Qaiti mandaron comisionados á París 



I ostentando un liyo deslumbrador qu6 no 
era ya únicamente fruto de las pirate- 
rías; sino también de los abundantes y 
ricos productos que con inteligencia ha^ 
cian producir al país. Aquellos comisio- 
nados llevaban el encalco de negociiar 
con el gobierno que reconociese por va- 
sallos ñeles á los moradores de la parte 
de Santo Domingo que hasta entonces 
habían vivido independientes. Sus ges- 
tiones hallaron graves inconvenientes 
que vencer, pero por el tratado de paz 
de Rissvick, celebrado en 1697, se con- 
signó que el [rey de España Carlos II ce- 
día á Francia la parte oriental de La Es- 
pañola que era habitada por gente libre. 

De resaltas de él quedaron sólida y pa^ 
cíñcamente constituidas dos colonias en 
la misma isla. 

L^ parte cedida era la más agreste y 
hubo gran empeño en querer ponderar 
su extensión, y por esto nuestro inmor- 
tal fabulista Iriarte cometió la impro- 
piedad de decir: 

«La una mitad es francesa. 
«Y la otra mitad española.» 

Los escritores haitianos que se han 
querido mostrar más justos y racionales, 
han dicho que Francia poseía una tercera 
parte de Santo Domingo, pero todavía es 
menos. A pesardeloreducidoy agreste de 
la república haitiana, afluyó á ella tanta 
poblaci'U y se descubrieron tantas ri- 
quezas que un cronista francés decía en 
1780: «^sta poderosa colonia es una isla 
»cuvos dos tercios ocupa la nación espa- 
Ȗola, trae en continua fatiga las tres 
^cuartas partes de los navios mercantes 
»de la metrópoli; da que hacer por lo mé- 
»nos á la cuarta parte de nuestras ma- 
»imfacturas; saca del extranjero un nu- 
»merario indecible y forma la mayor par- 
»te de la marina francesa. En jsus cinco 
í puertos principales desarmaron 353 na- 
3>víos despachados de la metrópoli en el 
»año de 1776. Cuéntanse al presente en 
» Santo Domingo 723 molíaos de azúcar, 
»los cuales produjeron en 1773, 200.040 
^quintales de azúcar bruto y moreno; 
fuña infinidad de cafeterías que dieron 
»84 millones de quintales de café; hicié- 
»ronse además 4 millones de quintales de 
•algodón; más de un millón 50.000 libras 
»de añil; otro tanto cacao; 30.000 barri- 
scas de sirop, y 15.000 de tafia. A estas 
iriquezas conocidas, deber añadirse más 
»de una sexta partQ que ha pasado por 
»Opntrabando.> 



/ 



Bootrapnrta dice: ique podría, creeraa 
f «que natos países producen más bien oro 
»qiie efectos. Admirase y no se vé, cómo 
>laii pequeños terrenos pueden du* tan 
>p-8Ddes riquezas. 1 

Las predicaciones revolucionarias de 
fines del siglo anterior, hallaron pronto 
mu; favorable acogida en la colonia hai- 
tiana, y en Agosto d« !79i, 100.000 ne- 
gros esclavos conjurados, cayeron sobre 
sus amos en una misma noche, con tal 
rabia y furor, oae la pluma se resiste á 
pintar las horribles escenas aili ocurridas. 

El jefe de esta insurrección fué el ne- 
gro Buofcmant. que pronto fué asesinado 
por otro caudillo llamado Biasson, que 
aspiraba & mandar solo. 

Este jefe, feroz hasta lo increíble, Co- 
rnelia las mayores iniquidades para per- 
petuarle en el poder, animando con su 
ejemplo á sus inferiores á toda clase de 
excesos. 

"Vagaba por las cercanías de Ja capital 
un cabecilla llamarto Dessalines, que 
deseaba captarse el aprecio de Biasson. 
Para lograrlo, hizo una correría en el in- 
terior del país, apro hendiendo hasta 300 
blancos, de todos sexos, edades v condi- 
ciones, y cortándoles la eabena, las colo- 
có como adorno en el enverjado ó estaca 
da de la casa en que vivía aquel, á quien 
originó tsQ horrible espectáculo un re- 

S cijo tan bárbaro, que no pudo menos 
significarlo nombrándole oQcial de su 

Estos ejemplos nos demuestran, que 
cuando el negro que vemos en nuestras 
ciudades manso y afable, rompe el freno 
de la subordinación, vuelve á ser tan sal- 
vaje y sanguinario como es en África, 

Por aquella época salió i la escena un 
émulo de Dessalines, el célebre negro 
Toussait de Louvertiire. Habla nacido 
este en ¡743, en una casa de campo á una 
legua de la ciudad del Cabo. Su primera 
profesión fu« la de cuidar el ganado d« 
aquella posesión. La circunstancia de ha- 
ber aprendido, con mucha afición, á leer 
^^ T k escribir, le granjeó el aprecio de los 
^1 aemÍK negros que le miraban con adora- 
^B-^niou y entusiasmo. El administrador de 
^B la finca le eligió para cochero, por su 
^f mucha disposición y en este estado le co- 
^^ gló la rebelión, en que más adelante ha- 
bla de tomar una parte tan principal. 
También emjiezD entonces a figurar el 
I necrroüristóbal. 

Preeo el jefe Blaason por sus mismos 



oficiales TouBs^t y Dessallnea, le s 
Tiaron con escolta k San Agustín en It^ 
interior de la isla, en donde murió de pe- 
na y da rabia, furioso por no poder satis- 
facer su venganza. 

En Marzo de 1796 hubo una sedición 
en la ciudad del Oabo , poniéndose al 
fronte de ella tres mulatos que se apode- 
raron del general Laveaus, encerrándola 
en una fortaleza; aproveclióse de esta 
oportunidad Tousaaint para distinguirse 
en favor de los franceses, yentrando en La 
ciudad ala cabeza de lü.OOO negros, so- 
focó el alzamiento y volvió la población 
al dominio francés. Esto le valió el nom- 
bramiento de general de división y el de 
segundo gobernador de la colonia, obte- 
niendo también Dessalines el de general 
de brigada. En Abril del mismo año reci- 
bió Toussaint et ascenso de general en 
jefe de la ¡ala, que todavía se conservaba 
aparentemente bajo el dominio de la 
Francia. 

Rl gobierno inglés quiso sacar partido 
de la confusión para apoderarse de La co- 
lonia, y mandó un ejercito de Jamaica, 
que se posesionó de Puerto-Principe y 
otros pueblos principales; pero después 
de una gran pérdida de tropas, los ingle- 
ses se vieron obligados i retirarse de la 
isla en 1798. 

Dos años después, el general Rigand 
logró amotinar a los mulatos, y a) frente 
de ellos sostuvo una reñida campaña 
contra los negros , que le vencieron y 
obligaron á refugiarse en Eoropa. 

En esta guerra el íeroi Dessalinefl 

Sara ganarse más la voluntad y conBftiU~ 
e Toussnint, mandó prender á todoa h 
hombres de color que uabía en Govaioa 
San MÚ-C08 y Puerto-Prindpe, y preta 
tando que estaban en inteUgenctaB f 
los mulatos que eapitanaabx B«g«L- 
hiio ahogar basta quioca mil da ella! 
Como eotDplemeata de tamaiU eruiddU 
en la plaxa d« los Cara reanfó i ti *' 
las U]uj«r«s, obllgiwlolas 4 dssñla 

pr«seaiHa y maltratánilolM por ai m 

DfcMcnbaraiada Tttuasaint d* Rej^o^ 
o\i\iit6 al ewuisarto (ranees Rosvina Iqd 
i»tim»ei D. Joaquín Gaivia.j*fit dolí 
parte a«pafiola, IdtDtrvga d« au tanita 
rio. en cumplimiento d« lo paet * — ' 
tratajo úv p«i de Basiisa. Poras 
entregar K»j<a£a á Kranuia mi ( 
minieaoa con lo» callones, muí 
guerra y doma» que pan mt i 
tieaen. 



desistióse el jafteapañol, pidiando trea 
meses de término para contestar, en vis- 
ta de necesitar instrucciones de su go- 
bierno; pero habiendo sabido que los ge- 
nerales Hebecourt y Paul, hennano de 
Toussaint, se adelantaban de improviso 
háeia la capital, que loa españoles no po- 
dían defender, la abandonó, embarcando- 
Be para las colonias inmediatas. 

Por último, er-2 de Junio de 1801 sa- 
cudió Toussaint el jugo de la metrópoli 
proclamándose jefe supremo y dando una 
constitución en la que aparentaba querer 
conaervaralgunasrelacioneaeon la Fran- 
cia, tas deatruiH todas para siempre. 

En esta situación se encontraba la 
lala, cuando oyendo Napoleón I las recla- 
maciones de los colonos despojados en 
Haití, residentes en P iris, aprovechó la 
oportunidad de haberse celebrado la paz 
de Amieus, para mandar á au cuñado ül 

feneral Leclerc con un ejército de 20.000 
□mbres para sujetarla. 

Después de haberae ensayado con mal 
éxito las medidas mhi civilizadoras y 
suaves, con el tin de atraerse al general 
Toussaint, hubo de apelarse á la fuerza, 
dando principio las operaciones en 2 de 
Febrero de 1308. 

Habiendo invadido las tropas francesas 
el interior del país, cayeron en su poder 
loa atrincheramientos de los rebeldes, 
QUjoa jeíes se fueron sometiendo sucesi- 
Tamente. terminándose la campaña con 
1a sumisión del mismo Toussaint. 

Los estragos sin ejemplo, que hÍ7,o la 
fiebre amarilla en las días francesas alen- 
taron de nuoTO las esperanjas de los ne- 
froa; más habiendo sorprendido Leclerc á 
□usaaint en'intelígeDcias secretas con 
■US parciales, le envió i. Francia, en don- 
de murió en un calabozo de Gesanzon el 
81 de Abril de 1803. 

A pesar de esto, las negros se aprove- 
eharon de loa efectos de ia flebre en las 
tropas europeas y al mando de Desaali- 
nes, que les hizo saber algunas palabras 
pronunciadas en la Asamblea francesa 
sobre la esclavitud, obligaron ft los fran- 
ceses á refugiarse á laa ciudades del li- 

Muerto de la epidemia el general Le- 
clerc en 3 de Noviembre de 1803, le su- 
cedió en el mando el de igual clase Ro- 
ottambeau, que dispuso la concentración 
del ejército en la ciudad del Cabo. Des- 
pués de una brillante defensa, tos ñ'an- 
ceses rindieron sus armas á la esotutdia 




inglesa en SO del mismo med y téfío, pn-' 
flriendo entregarse prisioneros á sus ma- 
yores enemigos, antes de ser victimas d» 
la crueldad de losnegroa. 

Dueños eatos de todo el país y engreí- 
dos con sus victorias, nomoraroo á Dea- 
salines gobernador perpetuo, proclamán- 
dole rey con el nombre de Jacobo I en 
Setiembre de 1804; pero poco disfrutó de 
su encumbramiento, puesto que liabién- 
doae fraguado contra él una conspiración 
militar, fuá asesinado por sus mismns 
soldados en Octubre de 1805. 

Apoderóse entonces Cristóbal del po- 
der supremo; pero disputándosele el mo- 
lata Petion, apoyado por la Asamblea ds 
Puerto -Principe, se dividieron el pais, 
mandando el primero en el Norte y else- 
gundo en el Sur. 

Cristóbal, después de haberse hecho 

S reclamar magistrado perpetuo en Enero 
e 180T j luego coronar por rey. con el 
nombre de Enrique I. el 2 de Junio de 
1811 no pudo reprimir una insurrección 
igual á la que le encumbró y por li- 
brarse del furor de la soldadesca desen- 
frenada, se suicidó, disparándose un pis- 
toletazo el mea de Octubre de 1820. 

Petion que había sido nombrado presi- 
dente perpetuo, siguió mandando en el 
Sur hasta el mes de Mayo de 1818, en 
que falleció. 

Luego que su sucesor Boyar supo el 
trágico fln de Cristóbal, ó sea del llama- 
do Enrique 1, marchó precipitadamente 
á la ciudad del Cabo y sometió el estado 
septentrional, quedando ambos reusidoa 
bajo las leyes de la nueva república. 

La parte española de la isla, devuelta 
h su antigua metrópoli por el tratado de 
Paris de 1814, había permanecido leal, á 
pesar de las grandes conmociones políti- 
cas por que habia atravesado la Penínsu- 
la; pero según hemos aspuesto ya se se- 
paró de España en Diciembre de 1821 y 
fue absorbida por Halti. 

Desde entonces trabajaron los haitia- 
nos con gran insistencia porque los fran- 
ceses reconociesen su independencia, y 
al fin lograron en 17 de Abril de 1885. 
previa una indemnización de quince mi- 
llones de francos para el pago de las pér- 
didas sufridas, por los propietarios del 
pais al estallar la insurreccionen 1191. 

En 1844sehÍ7.o una revolución en la 
isla, con objeto de destronar al empera- 
dor Faustino Louluque y de dividirla en 
(jos repúblicas, según ^tes lo liabia «a-> 



I 



I 



tfldo. Y deede entoncea empezó la guer- 
ra entre haitianos y domiiiicitaos, que 
eOQ mia ó menos crudeza duró baata 
que ea 1861 se efectuó la anexión. 
Este acontecí miento desconcertó los 

E lañes de ensanche de los haitianoa, y 
is amenazó con que tendrían que eon- 
cretarae i los limites que en 1776 habían 
demarcado comisionados franceses j esi 
pañoles. 

En efecto, oyendo el gobierno de la 
reincorporación las muy fondadas que- 
jas que los dominicanos fronterizos ha- 
cían, Bohre que al retirarse tas tropas 
haitianas, hablan alterado los limites le- 
gales que estaban en observancia basta 
1831, y que se halrian apoderado de mu- 
chaa propiedades y varias leguas de cam' 
pos feraces, dirigió una nota muy atenta 
y cortés, haciendo la debida reclama- 
ción. 

Los periódicos, no solamente de las 
Antillas, sino también los de Madrid, ao. 
ocuparon acaloradamente de lo que en- 
tonces se llamó cuestión de limites, y 
llegó fi creerse que aquello diese lugar 
k un rompimiento con los haitianos. 

Cuando los dominicanos proclamaron 
la reincorporación, cuando arriaron de 
aus ciudades y fortalezas el pabellón que 
por diez y ocho aflos habían defendido, 
apreció en los periódicos de Europa j en 
algunos de América, una protesta del 
pobterno de M. Gefirard, presidenta de 
la república haitiana, en la cual, después 
dfl eombatir el hecho de In enexion, des- 
conociendo el derecho con que el general 
Santana la habla llevado & cabo, se re- 
earvó el sujo para emplear todos los me- 
dios que estuviesen i. su alcance, á fin 
de destruir ese mismo hecho que consi- 
deraba y no podía menos de considerar 
como atentatorio y perjudicial á sus in- 
tereses. 

Kea protesta, sin embargo, no se redu- 
jo entonces á meras palabras. A los dos 
meses de efectuada la anexión, ocupando 
ya el territorio dominicano fuerzas espa- 
íiolaa enviadas de la isla de Cuba. M.Qef- 
frard, aprovechnndiiae de la circuastan- 
cia de DO oatar uun aceptada la reversión 
por S. M. la reina, invadió con tropas 
naltinnas aquel territorio; intentó quitar 
de él la bandera espatlola, y.se compro- 
metió á tal punto, que no pudo después 
rehuir la responsahiL'dad de su incallfl- 
cabla atentado, allanándose ¿ dar una 
SBitiBAccIdii y & (adecmizu coa SOO.WO 



iraelU'S 
iesgn^H 



El desengaño fué demasiado cmel 

aquella fecha; los doBünicanoacastl; ~ 
prontamente la osadía del invaaor, 
te, no solo se convenció de que 
medios no conseguiriasuo^etOt 
tuvo ocasión de comprender lo arrit 
de su temeraria empresa, al encontntrsfl 
frente i. frente con la escuadra española 
que se presentó en las aguas de Puerto- 
Principe, bajo el inmediate mando del 
general Bubalcava. 

Desde ese diaGeffrard cambió de poli- 
tica; á su anterior descaro reemplazó el 
disimulo, la>hipo-'resia y la perQdia, y 
con una astucia y refinada mala fé, qoe 
solo los dominicanos podían conocer j 
apreciar, hizo alardes exagerados de su 
respeto y simpatías por EspaOa, acD( 
do, sin embargo, en su territorio A ' 
nos traidores, y fomentando y ht 
f.'nguar en él, las insurrecciones qi 
alli y solo de alli recibían impulso. 

Cada vez que la insurrer-'- 
levantar su cabeza en Santo 
alzaba un clamoreo general en la 
atribuyéndolo todo á pórttdaa 
los negros de Haiti. 

Llego á ser tan evidente la calpí 
dad de nuestros malos vecinos. qnej 
pudo ponerla en duda, después da 
acontecimientos de Febrero que dsji 
relatados. 

Loa alborotadores habían salido 
te.rritorio haitiano en su mayor parte, 
al levantar la bandera de la rebelii 
la frontera, tenían asegí 
pero cuando las más profundas soi 
chas dejaron de serlo y sí conrirtir 
en realidad justiricuda. fuécunndoc 
ron en poder de las tropas los doc»i_ 
tos que en su fuga habían arrojado! 
insurrectos del Mangar. 

Entre ellos habla una carta del oal 
lia Lúeas de Peña, fechada el %2 de' 
brero, que, como pueden observar m 
tros lectores, os el mismo día en que l 
prendió y saoueft i\ Giiayubin.y en' 
cual, dirigiéniloBc al ureneral Simón St ... 
comandante (general de la frontera haitia- 
na, recuerda los pactos que teniao antee 
de la insurrección y termina diciendo: 
c'loy he proclamado felizmente en 
"lugar, la república y según lo que 
■ 1108 lie ofrecido V., espero que noe 
ditará todua los auxilios neceauioa 
>11« w adelaate la obn, 



~7Í - 



(Generalmente, cuando los intransigen- 
tes conspiran, nada escasean en pompo- 
sas promesas ; pero cuando han conse- 
ffoido lanzar sus adeptos al terreno de 
los hechos y se exige por estos el cum- 
plimiento de lo ofrecido , reciben un des- 
engaño. 

Mas el general Sam no era ingrato, y 
se creyó en la sagrada obligado a de 
campUr lo prometido; y en una carta, fe- 
cha iiS de Marzo, invoca la ayuda de Dioi 
páralos dominicanos trastornadores, y dice 
que da aviso á su gobierno. 

ün tal Rafael Castro fué el comisiona-^ 
do de Peña para verse con el general Si* 
nion, T al presentarse en la frontera, fué 
recibido con el mayor agasajo, informan- 
do id comandante general de ella de to- 
"Üos los pormenores de la insurrección y 
de las medidas tomadas para su propa- 
gación. 

Botas intrigas no podian ocultarse al 
presidente Gef&ard, que ni se creia muy 
seguro en su ambicionado puesto , ni po- 
día borrar de la memoria la mala impre- 
sion qus le ocasionó la visita de la escua- 
dra sspañola al mando de Rubalcaba, y 
solo entonces se dio buena prisa, para pe- 
narse á cubierto de la responsabilidad 
que había contraído, en cuestión que de- 
bió de haberle sido amarga. 

Rl Monitor de Puerto-Príncipe, órgano 
oAcial del gobierno de la república, decía: 

cEl general Simón Sam, comandante 
fdel departamento fronterizo de Fort- 
»Iiiberté, ha recibido ima comisión de los 
>rsbeldes de Guayubín, y le ha hecho un 
fredhinodento amistoso; ha dado además 
>«QiiteBtacion á un oñeio que le fué diri- 
>gido por uno de los cabecillas de la in- 
Morreccion. Por estos hechos ha sido 



^reemplazado eü stl Ihando y Ilamadd 
»á la eapital. — El general Phílantro- 
»pe Noel, ayudante de campo de su 
»excelencia el presidente de Haiti, ha 
»sido encargado del mando interino del 
» distrito de Fort- Liberté , y lleva ins- 
»trucciones especiales qilld harán com- 
» prender á los aescontentos de la provin- 
»cia Española, que el gobierno de la re- 
» pública está resuelto á mantener Vela- 
»ciones de amistad con España, y en su 
» consecuencia está decidido, á no alentar 
»ni directa ni Indirectament^lBiinguna 
»tentativa, que tienda á turbar el orden 
»de cosas establecido en aquella parte 
»de la isla, ni á comprometer sus reía- 
»ciones.» 

Si se despojase á los haitianos de aque- 
líos terrenos que no les pertenecían, se 
les hubiera hecho una gran estorsion, 
porque el exceso de población en aquella 
república la estaba obligando á buscar en* 
Sanche; lo escabroso de su terreno era in- 
grato para la agricultura y ganadería, y 
puede asegurarse que lo que indebida- 
mente poseían era lo mejor del país. 

Por estas razones, era de presumir aue 
aquel gobierno pondría en iuego toaos 
los medios imaginables para dilatar inde- 
finidamente la resolución de tan grave 
asunto, uno de los medios que empleó, 
fué el de patrocinar él los descontentos 
de la anexión v á los enemigos de Santa- 
na, auxiliándoles con más ó menos disi- 
mulo y facilitándoles lo necesario para 
que agitasen sin tregua ni descanso al 
gobierno español. 

Después de todo, los terrenos de Hin- 
cha, San Miguel, Dajabon, etc., siguieron 
siempre en poder de los haitianos , que 
nunca variaron en su enemiga conducta. 



- Tí - 



XV. 



Haull^ii^.>$ DüK oimx insubbsocion. 



\.nx« ^^\^c^r^\«^ -Jm Kih^tull^-*AKx«ucMttd«l capitán general.^ Corresponden- 



vu 



ki\i.k 0%> 4. >|.ko s>¿« >tu^\ ^^ui\>Qk «^ (>Maa de 

^i .1,411 uv kvMt. \ XV' W.\«iu vW ^^lU al abrí^ 
^lu>- \o j ovvuoosW U vtcvua nvalKiad d« las 

IVíjkUAJ mvUvs.UsAsi\v\v» í?;í*iwn sus fé- 
v(4N^ik>i4 \'i^ xu ^vi^u ualaL v \euden en el 
\>»u\A 0^. v^tyylwoiv^ \U* i^uiUviustriH* que 
»;, u. 'aíiusv\»w \'N\tt54»«U» vui el robo de ga- 
(V ^Axv. ^ L4 y^u^ ik^\AUxUuas^ueIK>s bosques 7 

L\^ . *v.4 \ aU xW VauvixUvK Tivieron los 
uno . u VVí»¿>v.vv \ Har4\^ babiau sido ba- 
iUU». .ui \iii.Yw^vu > Síil>aweta, ▼ que 
\ .'u\«» \iu^ x'u>l»a^)s^» uosie atr^Tieron á 
u ^ix '.-41 4 XU-» Kv>i;:4^\x«4i. Ku (^M^iecucionde 
\\ \ . U'*x' slo )¿\'utv »<^ svuimn^n, casi en 
\ uiu> :4.^ uu4« iiv(v«4« tk4i^>a ñolas. 

\\\\^ ulu'x-.xU U n\v^« ur^oKvu que pública- 
Uk« viUi >.o uixli.i vu Süuda^^ de los Caba- 
lKu«.. \'uovu» I^hU > x^trvv» pueblos del 
K'ihixi I ¡4 v>^kvv.^u'iou \M^'i iioiiv» i cuantas 
uu^ii^U^^ uloaUk ci ¿v'U^iU'uo |mra mcgorar 



I T T^lbnnar el país, llegó á ser insolente 
' 2le parte del comercio, del clero 7 de las 
muoieipalidades. 

Rl periódico el Beo EUpano-Amerieano^ 
que se publicaba en Nueva- Yorck, dio 
en insertar cartas de uno que se figuraba 
su corresponsal en las islas Turcas, pero 
que seguramente salían de Puerto-Plata. 
Las apreciaciones del autor de aquella 
correspondencia, 7 lo bien enterado que 
se hallaba de la verdadera situación del 
Cibao, denotaban claramente que era uno 
de los coi^'urados. 

Veamos como se explicaba en ocasión 
de la más generosa amnistía: 

•Como lo habían Yds. 7a previsto sin 
»duda, en vista de mis cartas anteriores, 
lel general Rivero logró reprimir la in- 
•surrección que había estallado en la isla 
»de Santo Domingo. ¿Por qué no habria 
Ȏl de haberse reservado el derecho de 
»decidir él mismo, sobre la suerte de los 
»síete infelices que han sido condenados 
ȇ muerte 7 fusilados como jefes 7 pro- 
»motores del movimiento? 

iLa moderación que se nota en sus 
^proclamas, como en los artículos del 
»períódíco La Razon^ que se publica en 
»banto Domingo, bajo su influencia, ha- 
mbría sido escuchada. Pero se han referido 
»á Santana, 7 la represión ha sido san- 
»grienta, como 7a les había 70 anunciado 
»á Yds., que lo seria, si la confiaban á 
ttales manos.» 

Esto no era exacto. 

La idea de niie los siete fusilados en 
Santiago lo habían sido por íutluencia de 



Sautana, fné un arma calumniosa de 
que se valieron saa enemigos. Aquellos 
desgraciados, coovictoB j confesos del 
crimen de alta traición, fueron seuleucJa- 
dos BU debida forma por un consejo de 

fuerrade cifieiale3 españolea, que ci¡5én- 
oae á la ordenanza , fueron ajenos k laB 
tniserias y personalidades en que estaban 
divididos en el país. 

Y adviértase que los conspiradores 
acusaron á Espafia de sostener a Sauta- 
na en el mando, y que cuando fué releva- 
do de el, le inculpaban de actos en que no 
había tenido intervención. Esto era lógi- 
— pues conocían que podia ser un cons- 
ite y temible obstáculo á sus planea. 
Sa 31 de Mayo de I8Ü3 concedió S. M. la 
'"" Ib mis generosa amnistía que se 
ira esperar, pues alcanzaba á todas 
personas sin excepción, qiie directa 
Ó Indirectamente hubiesen tomado parte 
en las ultimas rebeliones, y ordenaba que 
H sobreseyesen desde luego y sin costas 
" 18 los procesos incoados por conse- 
lla de los sucesos aludidos. 
^_;r macnánima disposición se publi- 
kUt la Gacela de Santo Domingo, acom- 
iSadft de una alocución del general Bi- 
Toro, que nuestros lectores podrán ver y 
juigar. 

DON FELIPE EIVERO Y LEMOINE, 
gobernBidor, capitán general de la 
Isla de Santo Domingo, y peneral en 
gefje del ^érclto de la misma. 

DUMIMLCAKOS: 

tlHaj «ituaciones desgraciadas que pro- 
Ben la división entre los individuos de 
a fiuuilia, enconando á los unos contra 
■ Dtroa: esta situación se prolonga más 
■énos hasta que la razón se deja oír y 
ijtoacea ae aproximan, se abraian, se 
D 7 se restablece la armonía: vos- 
roB estáis en este caso. 
En la pasada república os dividisteis 
en bandos políticos lastimadoos mutua- 
mente; los hombres que representaban 
los partidos aspiraban al poder, siu duda 

g)rque creían tener medios de hacer la 
lioldad de su patria , pero el resultado 
de estas discordias fué la ruina de et a, 
hasta que comprendiendo que no podíais, 
seguir a«i, bu-cásteis el apojo de la na- 
cioo á que debíais vuestro origen para 
que se interpusiese entre vuestras dispu- 
us y pusiestt ñu á ese pstado lamentable. 
Í.a reina de los españoles al escuchar 



vuestras súplicas y aceptar la reinoorpd- 
racion , conoció la necesidad de la con- 
cordia. 

Hoy para lograrla, sa ha servido expe- 
dir un real decreto de amnistía tan un • 
plia, que no exceptúa á ninguna per- 

For él, los qua hace poco se rebelaron 
contra su trono, no solo están perdona- 
dos, sino que vuelven á su antigua con- 
dición, conservando sus derechos y que- 
dando relegados ai olvido sus actos como 
si nada hubiera pagado; rasgo de gena- 
rosidad que ellos deben apreciar en lo 

Aquellos sobre quienes pesaba una 
sentencia de muerte á de presidio; aqu6' 
líos que se hallaban condenados al es- 
trtiñamíento, todos en fin, al verse libres 
cuando menos lo esperaban, no tendrán 
bastantes palabras para agradecer á la 
reina lo que por ellos hace, y si conser- 
van en su alma un sentimiento de hon- 
radez, seráu en lo sucesivo tan leales 
como lo exige el deber de pagar el bien 
que reciben. 

Los que por antiguas causas están au- 
sentes, veudrán con el corazón Uenehido 
de gratitud bacía la augusta aeñora qua 
los restituye ásus hogares, á sus laml- 
lias, á sus amigos, y les proporciona el 
medio de volver al país en que nacieron, 
en que vieron la primera luz, en qiís sa 
despertó su razoa y reúne todos sus que- 
ridos recuerdas. También estos serán 
leales si son agrade cid oa. 

Los qne están aquí, si proceden como 
buenos, si Consultan el interús común, 
los recibirán con cariño y lea dirán: ve- 
nid, hermanos, que bastante tiempo ha- 
béis estado ausentes de la patria y justo 
es que disfrutéis de sus halagos; venid, 
que nuestros braíos están abiertos para 
vosotros y los vuestros hacen falta para 
cultivar los campos y fomentar la indus- 
tria y el comercio; venid, que aqui no hay 
ya más que nna sola bandera, la bandera 
española bajo la cual nacieron nuestros 
padres y muchos de nosotros; que aqu{ 
no hay más que una reina exenta de pa- 
siones, para quien todos somos iguales. 

Dominicanos: se abre una nueva era 
que dene serlo de ventura si vosotros 
queréis que lo sea, si procuráis, la unión 



4 

4 



Al entregarme el mando el ilustre ge- 
neral D. Pedro Santana, como hombre da 
gobierno, os manifestó el dB^eo de qu* 



-1«. 



llegue la ocasión prasente: 'acordad las 
noblea palabras de su alocución de 20 de 
JuÜo liltiiBO. Después dB hablaros de Ua 
desgracias del pilla, os deuia: iNo más 
discordios; no mka memorina de lo pasa- 
do; no más inquietud por lo t'uturii. 

• La udíoq; el respeta á la ier; Ib afec- 
tuosa obediitjeia á las autoridades; el 
amor al orden <f el apego al trabajo, eoQ 
las virtudes que completarán la princi- 
piada obra de la regeneración de nuestro 
Lermoso j privilegiado paig. Por mi par- 
te JO 03 debo dar v ob daré el ejemplo.» 
Os cito estas palabras, por la autoridad 
que tienen y porque deseo que sigáis su 
sano consejo. 

Cuando JO 08 he hablado, he procurado 
¡Loulcar en vosotros estos mismos prin- 
cipios, despci'tar iguales sentimientos, 

Ha llegado el momento de la práctica; 
para ello debéis tener presente, que un 
país tan rico de producciones como el 
vuestro, en el cual Dios ha derramado 
con mano pródiga los gérmenes de pros- 
peridad, soIO' necesita para conseguirla 
al esfuerzo uninime de sus hijos. 

Si vosotros deponéis vuestros agravios, 
8l olvidáis vuestras rencillas, si os con- 
TSDceis de In necesidad de uniros de bae- 
Bt fe, sin volver la vista atrás: si com- 
prendéis que la paz y el sosiego infunden 
coDflanza y atraen los capitales j á los 
hombres industriosos para que coarlyu- 
ven á desarrollar la riqueza, entooees v 
aolo entonces veréis crecer y engrande- 
cerse este haataahora desdichado pueblo. 
Pero tened presente que un país re- 
vuelto en donde los odios y lasperaecii- 
eiones imperan, solo produce la descon- 
fianza, aleja la concurrencia j ciégalas 
fuentes de la riqueza. 

Tened presente que las rebeliones 
traen la lucha; ta lucha trae el veuci- 
míeiito 3 castigo de tos culpables; el cas- 
tigo produce el luto y las ligrimas de loa 
unos, la desconñanza y el recelo de los 
otros, el mal estar de todos. 

El decreto de S. M. que dcbcis «preciar 
éu su grandeza, os señala el camino que 
debéis seguir. Al publicarlo hoj pnni ge- 
neral satisfacción, do; á'las autoridades 
las iaatrucciones couveuimtcs pnranue 
dispensen su protección á todos iudistin- 
'tamenti'. y estoy seguro que prooederAn 
íion ost'lcta imparcialidad y justicia, pe- 
ro sobre todo yo mo hallo decidido á m 
fierraltlr ningún desmán ni tolerar loi 
Dsultos. 



,.. 



Aquí no hay vencidos ní ven 
todos son dominicanos oue entran íl 
tioeva vida de fraterniaad bHJoel'l 
mitnto que los ampara. 4 

Síiato Domiago IS de Junio de 1S| 
Fdijie Riotro. 

El general Hivero sufrió muy i 
ua triste desengaño, si es que OPejl 
los que estaban ausentes p<fr antíj 
causas, volverían con el corasotf bera 
de gozo y gratitud hacia la »ugu8t|j 
ijora que les restituía á sus bogares,^ 
era natural tratándose de otros h — 
que los dominicanos. 

Volviendo al corresponsal de loa 6. 

piradores, tardó poco en tomar un t 

mfts franco y altanero, y remitió á J?í Beo 
su carta^del -23 de Junio que vamos á In- 
sertar, como igualmente el juido quede 
ella y de su autor formó el periódico 
La Ifatoit: 

«Mi querido amigoi Los periódicos es- 

Eañoles nos han traido la gran noticia <Ia 
1 amnistía para Santo Domingo. Tal va 
crea Y. i]ue yo voy_A eiclamar: ¡bravo! 
Pues bien, desengünese V. á mi ver, eso 
es UD acto injusto, y por consiguiente 
impolítico. Es evidente que, por loqua 
hace á los presos actuales, condonados á 
cárcel. 6 á presidio, etc. la amnistía er« 
necesaria; para borrar sus anteeedentfls; 

£ ero es conocer bien poco la naturaleta 
umana, el creer que ella los convertirá 
en amigos. Lo que ellos reconlaráu non 
los días crueles que habrán sufrido, por 
lo que npellidariJn la santa causa su mar- 
tirio político. ¿Dónde ha visto V. que uo 
sen ese medio, para los hombres de parti- 
do, la mayor eícitaciou á perseveraren 
sus ¡•leas? Y puesto que V. est;i fu Frun- 
cía dígame sí entre los amui.-t 
el emperador de los francés .^ 
muchos que se hayan couvn!. 
suyos. Asi. pues, fen^V, por -■ 
la amnistía no atrneráá la l'^spun.! a -n-:!. 
de sus antiguos adversarlos.» 

t Vemos, pues, que el corresponsal «a 
Unco de memoria, pues olvida qii» en eicí 
primeras cartas aconsejaba I" Hn.i,i.iin 
como el único medio de chIoi r 
contento que según sus íuIoíií.' 
en este piiis, por efecto de in 
que Se habia dejado al general - 
influent-la, decía, cuyo priocípul --nihiina 
era el inanteni miento de las antiguas me- 
didas represivas del último gobierno do- 
minicano. Fúndase la reprobación del 
corresponsal en que xolo fvt arnnUtin al 



^n — 



une es culpable, j que no lo eran los es- 
pulsos del tiempo oe la república. «Am- 
nistiándolos, los declaráis culpables. ¿Te- 
níais derecho de hacerlo? ¿Lo merecían 
ellos acaso?* Así se encara el correspon- 
sal con el gobierno de S. M., y luego 
añade: 

«Lo que convenia hacer es muy senci- 
llo; era menester haber adoptado medi- 
das muy distintas. Para los culpables la 
amnistía; paralosdemás, una declaración 
de que, lejos de haber sido ellos nunca 
enemigos de España, han sido, por el con- 
trarío, sus verdaderos, y aun casi pudié- 
ramos decir, sus únicos amigos en el país, 
y que, por consiguiente, no habia ya nin- 
gún motivo que les impidiera la vuelta á 
su patría, á entrar de nuevo en el goce 
dp sus legítimos bienes, tales cuales los 
dejaron cuando se vieron injustamente 
despojados de ellos; pues esta es otra re- 
paración que les debéis.» 

*Fliminemos de esta cuestión lo que 
atañe á intereses, pues para las reclama- 
ciones de este géuero nay tribunales y 
hay justicia, que ciertameate se adminis- 
trara imparcialmente, resarciendo perjui- 
cios si los hubiere , y castigando cual- 
quier criminal abuso que fuere regular- 
mente denunciado y probado. A nosotros, 
como á toda persona honrada , nos agra- 
dan las reparaciones cumplidas, cuando 
se pretenden y exigen con arreglo á de- 
recno.» 

«Resumiedo los términos de la corres- 
pondencia, por una pr.rte la amnistía no 
atraerá á Espaiía ñi á diez de sus anti- 
guos adversarios, lejos de eso, los exa- 
'cerbará y excitará á perseverar en sus 
ideas; y por otra parte, para que esto no 
sucediera se debió abrir una lata delibe- 
ración sobre los pasados procesos políti- 
cos, y pronunciar un solemne veredicto 
de no culpabilidad, y más que eso, un 
Toto de gracias, un testimonio laudato- 
rio por láfe pretéritas virtudes de los már- 
tires... ¡Qué mal raciocina la injusticia! 
El gobierno de S. M. no ha intentado di- 
rimir pasadas cuestiones, ni saber si de 
los antiguos partidos del país el uno te- 
nia razón, y el otro no la tenia. Cuanto 
cumplía á suj aiías miras era tender 
constantemente, como lo lia estado ha- 
ciendo, á borrar las huellas de nuestras 
fíitfiles discordias, á formar de todos los 
dominicanos indeterminadamente una 
fracción de la monarquía española.) 

fConcedamcs, supongamos que los am- 



nistiados á quienes se refiere el corresí^ 
ponsal, fueran todos inmaculados; para 
que el supremo gobierno rindiera de ello 
testimonio, seria preciso, primero que es- 
tuviera de humor de hacerlo, y después» 
que la anexión tuviera efecto retroacti- 
vo, que contra todos los principios de go- 
bierno se desconociera la autoridad legí- 
timamente ejercida un dia, por los mis- 
mos que capitanearon el movimiento de 
reincorporación. Lo que pide ese buen se- 
ñor, es por consiguiente un absurdo.» 
Léase la conclusión de su carta: 
«Hé aquí, querido amigo, mis primeras 
reflexiones, que completaré cuando co- 
nozca el efecto que haya producido en 
los dominicanos de todos los partidos la 

f)roclam ación de la amnistía. Hasta hoy 
a experiencia ha debido mostrar á usted 
que yo conozco bastante este país, para 
dar acerca de él apreciaciones que los 
acontecimientos no tardan en confir- 
mar: esperemos pues los acontecimien 
tos.» 

«Pornuestraparte, creemos firmemente 
que el corresponsal ha errado esta vez, y 
errado de lleno . Los amnistiados, cual- 
quiera que sea su procedencia política, 
no son hoy más que españoles: deben 
serlo, porque S. M. la reina se ha mos- 
trado grande y generosa cuando ha de- 
vuelto al seno de la familia y al patrio 
hogar tantos «eres que sufrían las amar- 
guras del destierro, sin tomar á ninguno 
cuenta de sus errores respecto de la 
reincorporación, prometiendo á todos el 
amparo de sus leyes y de su justicia: de- 
ben serlo, porque al aceptar los benefi- 
cios déla amnistía, han contraído obli- 
gación de^ gratitud, confirmada por un 
juramento solemne de fidelidad á la rei- 
na, respeto á las leyes y sumisión á las 
autoridades que gobiernan el país. Ha- 
ble, pues, el corresponsal del Eco por su 
propia cuenta, pero no prejuzgue á los 
demíís hombres calumniando sus senM- 
mientos: la deslealtad; la ingratitud y el 
perjurio nunca han abundado entre los 
hijos de esta tierra. » 

¡Pobres linces políticos los que redac- 
taban La Razonl Garantizaban el buen 
espíritu délos emigrados y no sabían 
que regresaban ya organizados, para le- 
vantar nuevamente el pendón de la in- 
surrección. 

El rumor de próximos trastornos llegó 
á ser tan general, que la primera autori- 
dad de la isla se crejró en la necesidad de 



» 



» 



tomar esrlas eo el asunto, publicando !a 
Bitraieute manifeat ación: 

«Habiendo Uegado á mi conocimiento 
•que 80 propalan en esta ciudad Tocea 
«infundadas, con el objeto de hacer creer 
»que ae han notado síntomRB de agits- 
»cÍon en la provincia de Santiago, y oti-as 
>notlCias déla misma índole, difun'ildaa 
ttBiü duda por la gente ociosa ó mal in- 
stenciocada, cuyo fln es el de extraviar 
»U opinión de loa crédulos; y como quie- 
ra que estas especies producen la alar- 
»ma coUBiff uiente en el animo de Saa gen- 
stea sencillas v timoratas, perturbando 
»de este modo la tranquilidad y el sosie- 
»go que deben reinar entre los habitantea 
>paciflcos, he determinada que se inserte 
»el pwsente aviso en la Qaeeía ojlcial de 
»e8tc dia, k fin de hacer patente la ini- 
«postura y reprimir eate abuso perjudi- 
iicial; advirtíendo que estoy decidido h 
•castigar severamente íi cualquiera que 
«vierta estas ó iguales noticias , para 
>CHya averiguación he adoptado ya las 
•diaposiciones necesarias. — Santo Do- 
»mingo Sde Junio de 1863.— ñtcero.p 

Mas al mismo tieíopo que se expresaba 
asi con el público, advertía al gobierno 
que la revolución avanzaba Á pasos agi- 
gantados y pedia fuerzas, haciendo ver 
la insufleienoia do las que tenia A ana ór- 
denes, para poder resistir al golpe que 
Amagaba. 

En esta comunicación, el general B¡- 
vero, juicioso y conocedor de las cosas de 
América. Indicaba con bastante claridad 
8U idea de que seria conveniente anular 
la anexión. Además mandó á la Penín- 
Bula, en comisión, al Sr, Colmenares, re- 
gente de aquella audiencia, para que de 
palabra informase al gobierno soore el 
verdadero «atado del país. 
Cada dia que pasaoa se hacian mñs 

feroeptibles los indicios y máa evidentes 
i9 pruebas de la existencia de un club 
revolucionario que trabajaba sin cesar. 

Cuantos politicoe habian sido senten- 
ciados por las ocurrencias pasadas, como 
los que voluntariamente se habían expa- 
triailo, se dieron prisa para disfrutar de 
los beniflcioe del decreto de amnistía. 

El 8r. Daza, capitán de la compañía 
de cazadores de San Quintín, recibió la 
confldencía. por dos jefes dominicanos 
que regresaban de !a emijfracion, de que 
los españoles debían redoblar su vigilan- 
c-i>. puea que en territorio haitiano se 
hablan distribuido mil fusiles, y que por 



el interior de aquella república as alista- 
ban hombres, con el fln de invadir Amano 
armada la parta espaiíota, 7 por último, 
que tollos los que regresaban á sus casas 
se habian juramentado para por todc«los 
medios posibles, hacer triunfar la revo- 
lución. 

Esta importante noticia fué inmediata- 
mente comuDÍcada al brigadier Buceta, 
comandante general de la provincia, por 
el I-apilan antes mencionado. 

El dia 9 de Agosto recibió la misma 
autoridad noticie, de que el síndico de 
MoQte-Christi preguntaba de oficio al 
comandante militar del mismo punto, al 
tenia alguna noticia de que se tratase do 
alguna revolución, porque sabia que cir- 
culaban noticias de que el inmediato lu- 
Jies, se presentaría en aquella bahía un* 
escuadra americana, cargada de pertre- 
chos v tropas americanas y haitíanaa, 
con el objeto de dar auxilio á los domini- 
canos descontentos. 

Por otra parte, se sabia que existían en 
las aguas del Guarico algunos buques d« 
guerra y mercantes norte -ame Pícanos; 
que uno de elloa había deaembarcado ar- 
mamento que ocultamente se habia in- 
troducido en la república; que existía un 
proyecto de revolución para destruir id 
presidente, y que loa emigrados ex-alcsl- 
des de Habaneta . Santiago Rodriauez 1 
Benito Moeion se hallaban en ralaciOT"* 
con loa revolucionarios haitianos ea C, 
JOS planea habl.in rehusado figurar eld 
neral Lucas Peüa y otr«s individuos 

El comandante general del Cíbao dj 
parte al ^eneml haitiano Noel, que m 
dábala trottera noticiándole loa hso 
de que queda hecho mérito y reclamid 
al mismo tiempo la prisión v entrenl 
Rodríguez Moción y algunos otros J 
se habían refugiado por delitos eomuá 
y que se guarecían fingiéndose victla 
políticos. ■ 

Por las noticias suministradla p,. 
dos emigrados y sindico da Monte-CL 
*'-,-TP?'"*P°<ier adquirir mAs iafomw 
salió el día 12 de Agoato.de Santlaffo, I 
comandante general el brigadier ^crf 
acompañado del capitán de artillería d 
Kamon A verola. j de un cabo y cual 
ginetes. dirigiéndose ala fronte¿7p^ 
to denominado Dajabon, al que Uep-"- 

Allí le «guardaba el general Hunk. 
y teniente coronel de San Quintín, qn| 
nes lo dijeron que habian recibido s- 



TMa d egddgenftr&lNofl. deqaenada ie 

proyectaba contra el país, 

Aqaella misma tarde se recibierou las 
mismas seguriiindes, j además que sa- 
lian presos loB baadidoa que habían ele- 

e do por guarida las n ¡Amas de Dañd.P 
jn objeto de aprehenderlos, ei posible 
ftiese, se ordenó al general Huoftria.que 
eoD la cuarta compañía de San Quintín, 
marchase en dirección de áabaneta, y 
que o) espitan de cnzadores del mismo 
D&tallon, con i^a reata individuos de eu 
compañía, Rfecluase un reconocimiento ü 
las expresadas montabas, en cuja ope- 




ración inTirtió dos días sin obtener r«' 
sultsdoa. 

El 17 por la tarde, habiendo tenido no- 
ticia el comandante general del Cibao. da 
que el coronel ile ¡as reservas Juan An- 
tonio Polaneo, alistaba gente para sor- 
pi'ender el pueblo de Guajubin, guarne- 
cido por una compañía diezmada por las 
calenturas, ordenó que veinte individuos 
de tropa del destacamento d« Dajabon j 
otros veinte que se hallaban situados en 
Escalante, fueran k las inmediaciones de 
Guajubin á hacer un reconocí mienta j 4 
adquirir cuantas noticias pudieren. 




XVI. 



LA SUBLEVACIÓN. 



Sorpresa da las tropas por la frontera haitiana.— Derrota y extravío del co- 
mandante genera!.— Situación délas fuerzas en Santiago de los CabaUeroe.— 
Llegada de Paianco.— Incendio de la ciudad. 



"iodo estaba dispuesto por los conju- 
rados. 

Se habían dado la cita, señalando á 
cada cua! su puesto, como asimismo el 
día y hora en que debían de arrojar la 
máscara de la obodiencia con que basta 
entonces se habían encubierto. 

Apareció nuevamente la revolución, 
levantando erguida su asquerosa cabeza. 
Lit Bazot daba conocimiento del suce- 
so en un sentido artículo, delque vamos 
á copiar algunos párrafos: 

.«MatunzB y destrucción; hasta ahoi-a 

■"l cuanto la anónima rebelión del Ñor- 
«bu dejado adivinar de ei: su aparí- 
■ filé señalada con el ntroz asesinato 
felOs desdichados eiilferraos que _vacian 
Vientee en el hospital de Guayubin, 
B el saqueo y el ¡Dcendlo d ■ aquella 
ptilaclon: ylnegocada paso que han da- 
ft tdeluté los rebeldes, ha dejado ana 



huella sangrienta 7 el rastro de los : 

inhamanos eieeaos.» 

Apareció el monstruo de iarebelion, y 
loCros le preguntamos ansiosaments: 

jcuál es tu objeto? ¿qué quieres? ¿que 

principios proclamas? [Ay! demasiado 

Eronto hemos r^lbido la respuesta, y 
oj sabemos de lina manera tristemente 
positiva que el objeto, la voluntad y los 

Srincipios de los rebeldes que infestan el 
ibao se reducejj á esta horrible fórmu- 
la: malanm p dftlrvccitn.» 

(A muchos infelices campesinos, honra- 
dos y paciacos, les han maltratado por 
no haberse querido adherir k sus malda- 
des; otros más pusilánimes, por salvar 
la vida, se han prestado 4 acompañarles 
contra sa voluntad, comprometiéndoite 
de ese modo en la responsabilidad de crí- 
menes, que sin duda repugnan á sus so- 
H^doB instintos; y todos los hombres 



4 



tomar Garlas en el asunto, r'"^ ' 
eiguteate manífestacioo: 

«Habiendo llegado k nii ■ ■ 
>que se propalan en í--' > 
■infundadas, con el obj> ' 
íque se hftn notado ^i;. 
ícion en la proviiiciü il- - 
>notieiB8 déla mianid !■ 
»BÍD duda por la geiit..- 
ítencionada, cu;o Üa ' 
*Ib opinión de los cre>1 1 ' 
»ra que estaa especie- ■ 
»ma consiguiente en ei 
stes sencillafi y timorii 
»de este modo la tran', ' 
ígo <jue deben reinar (."■ 
«pacíficos, he determii 
*el pMsente aviso en i: 
«este dia, & fin de hh' • 
«postura j^ reprimir (. 
ucial; advirtieodo qu 
vcastigar aSTerament' 
»vierta estas ó i'^tii'i 
ícuya averiguación ú 
ídisposioionea nece»; 
«mingo 8 de Junio d.-' 

Mas al mismo tii-ini 
asi con el público, :■ 
que larevolucioD a' 
gantadoa j pedia T.i 
la inauflciencía de 1i< 
denes, para poder '■ 
amagaba. 

Kn esta común . ■ 

América, indii :ii'. 

la aneiion. ah ■ 
aula, encom:-i 
gente de a'¡in-l ' 
palabra infor;,. . 
verdadero esl.ndit 
Cada dlaauf c 

Eerceptibles Io:< n. > 
18 pruebas de !■ 
revolucionario i 
Cuanlue pr.' ■ 
Ciados por lii'- < 
los que wolun' 
triado, ae di''; 
loa beniflcids ■ . 
El 8r. Da;; 
da cazadoreii ■ ( 
eonlldeneia, ;■ 




ritai, «ennocn la 




-el - 



tíaata la aparición de aquella partida 
no había ningún antecedente de que exis- 
tiese fuerza enemiga en aquel territorio 
y el general Huogria, encargado del man- 
do de la frontera y que habitualinente re- 
sidía en Guayubiñ, á pesar de las muchas 
relaciones que poseía en aquella parte de 
la Isla, no tenia ningunas noticias. 

De tres á cuatro de la tardo de dicho 
día, se presentó un soldado perteneciente 
á la partida que el día anterior había sa- 
lido para reconocer las secciones inme- 
diatas á Guayubín, manifestando al co- 
myidante general, que aquella fuerza sin 
que pudiese explicar la causa, antes de 
'reunirse con la de Kscalante, había retro- 
cedido para Dajabon y sorprendida á su 
paso porun bosque, se tuvo que batir con 
un grupo de treinta á cuarenta paisanos. 
En afjuel momento, el comandante ge- 
■ neral seguido de treinta individuos de 
tropa, marchó en aquella dirección; mas 
como llegó después de oscurecido y al- 
gunos disparos le hicieron conocer que 
loa agresores permanecían emboscados, 
suspendió el reconocimiento hasta el día 
siguiente y regresó á Dajabon. 

Al amanecer el diez y nueve, después 
de haber ordenado que la fuerza destaca- 
da en Capotillo se reconcentrase en Da- 
{abon, con dos oficiales y cincuenta hom- 
)res de San Quintín y un alférez y diez 
y siete individuos montados, pertene- 
cientes al escuadrón de África, empren- 
dióla marcha con dirección á Guayubín, 
con objeto de reconocer el punto en que 
había sido atacada la partida de la cual 
no habla más noticias; al penetrar en el 
bosque en. que había hallado al enemigo 
la noche anterior, observó que este ha- 
bla obstruido el camino con tres barri- 
cas, cuya procedencia era extraña en 
aquel punto y con árboles cortados al 
' electo, recibiéndole des* le sus p^^rapetos 
• con nn fuego poco nutrido; mas como le 
"fitvorecia la espesura del bosque para 
franquear el paso» fué indispensable dar 
una carga á la bayoneta, que dio por de 
'pronto el resultado que se proponían; 
' pero rehechos durante el tiempo ín vertí - 
*ao imra facilitar el paso á la caballería, y 
[dos por la maleza que no podían 
nuestros soldados, sin grandes 
Ltades, renovaron un ataque por 
lUUióoB, que causaron tres muertos y 
heridos, antes de haber logrado sa- 
itímúo algo más despejado, llegado 
'I ftl# nuevamente atacado y dis- 





persado el enemigo en diversas díreccío-' 
nes, terminando asi aquella primera es- 
caramuza. 

La columna continuó su marcha, sin 
que el enemigo volviese á inquietarla, y 
al llegar á Escalante, que dista tres le- 
guas de Guayubín, dieron noticia al co- 
mandante general, de que aquella pobla- 
ción había sido ocupada el día anterior 
por una fuerza suolevada del país, que 
acaudillaba el coronel Blanco, aseguran- 
do el portador del aviso, que el número 
de insurrectos era muy crecido. 

Para entrar en aquella población tenia 
que pasarse el rio Yaque, por una barca 
enfrente del enemigo, y como la fuerza 
de la columna, además de ser corta en 
número, había consumido la mayor parte 
de municione», dispuso el brigadier Bu- 
ceta alejarla de Guayubín, dirigiéndose 
directamente á Santiago para obrar ser- 
gun lo requiriesen las circunstancias. 

Tomada aquella resolución se empren- 
dió la marcha guiados. por un práctico, 
que merecía entera confianza, marchando 
toda la noche sin ocurrir novedad. 

A las ocho de la mañana del 20, hallán- 
dose ya en la sección de Villalobos, divi- 
saron algunos hombres montados que 
corrían con celeridad en diversas direc- 
ciones, y cuyo número se aumentaba por 
instantes, y media hora después empeza- 
ron á incomodar la columna por van- 
guardia, flancos y retaguardia, con fuego 
de fuRílería, que se aumentaba por mo- 
mentos, advirtiéndose que los agresores 
tenían buena elección en las posiciones y 
que evitaban reunirse en crecidos gru- 
pos. 

Sin embargo de economizar en cuanto 
fué posible las municiones, á las once 
tuvo que cesar el fuego de la columna, 
por falta de aquellas, porque como el 
enemigo se aumentaba, fué indispensable 
hacer uso de las armas para dejarlo. 

Conociendo los insurrectos la situación 
de la columna, procuraron redoblar sus 
ataques de un modo tan enérgico, que 
para alejarlos, aunque cada uno de nues- 
tros gínetes contaba por docenas el de 
sus contraríos, se reproducían las cargas 
por instantes. 

El sol era abrasador, el polvo produci- 
do por una y otra caballería oscurecía el 
camino, y la sed y el hambre tenían debi- 
litados á nuestros soldados hasta tal pun- 
to, que unos, despreciando la suerte que 
irremisiblemente les aguardaba, se arrg* 



I 



Jaban al suelo, mientras otros se inter- 
naban en el bosque para dirigirse al río, 
deaaflando loa peligroa. con objeto de sa- 
ciar la sed que les devoraba. 

De UDft á dos de la tarde llegó el resto 
de la columna á Guayacanes, habiendo 
perdido entre muertos, heridos y estra- 
TÍadoB, cuarenta individuos de infantería 
y aíeta do caballería, y los dicK de los pri- 
meros que quedaban se ballabau tan de- 
bilitados por la fatiga y el hombre, quo 
no pudieron continuar la marcha. 

A.1 emprender esta de nuevo, por el 
camino de Guayubin 4 Santiago, obser- 
varon que los rebeldes hablan reconcen- 
trado 8US fuerzas, que constarían pri^ii- 
inamente de quinientos iniautes y dos- 
Cientos caballos, situándolas en dirección 
opuesta h latine debia seguir la colum- 
na, pues de haberlo efectuado i van- 
guardia habría tenido que rendirse á dis- 
creción, bicieron algunas descargas, de 
las que resultaron cuatro heridos, alendo 
indispensable (¡pcomendar la salvación á 
la Telocidad de los caballos. 

Los enemigos, qoe sabianquemás ade- 
lante se encontraba ei general Polanco 
con mayores fuerzas , no continuaron por 
mucho tiempo la persecución. 

Al llegar los residuos de la columna k 
Peñuelas, manifestó el alcalde de aquella 
sección al comandante general que el 
país se hallaba sublevado, asegurando, 
no obstante, que en Navarrete podia per- 
noctar la fuerza con seguridad, ocultan- 
do maliciosamente que Polanco intercep- 
taba el camino con sus fuerias. 

Estando en la casa del mencionado al- 
calde, observaron con frecuencia la apa- 
rición de paisanos montados que se ale- 
jaban con velocidad, marchando en dife- 
rentes direcciones. Cer/'a de Barrancon 
fueron saludados por una descarga de fu- 
silería que LeM dirigió un grupo de cuii> 
renta ó cincuenta hombres, apareeiexido 
por los costados del bosque con precipi- 
tación fuerzas mucho más numerosas, 
cuyo total no pudieron apreciar por ha- 
b»r retrocüdido antesqne concluyesen de 
presentarse. 

Kn aquel momento, no encontrando 
otro medio de salvación, se internaron en 
el bosque, quedando solo el brigadier, un 
I-abo y un cazador de África, loa t\u« con 
resignación vagaron por tos bosques, su- 
fríendo el bambre y la sed, hasta las diez 
de la ntitfiaiin de] íS que llegaron i tiui- 
tlnifo. 



El ¿ia SO, el teniente coronel del b«ta< 
llon de Vitoria, D. Francisco Habreu, 
que duratite la ausencia del comandante 
general le había sustituido en el mando, 
i consecuencia de las noticias que halna 
recibido y con el Ün de averiguar con toda 
exactitud la verdad de los hechos, orde- 
nó la salida de_una columna, compuesta 
de tres compañías de su cuerpo, una sec- 
ción de artillería de montaña, y cuarenta 
caballos del escuadrón de Afri'-a, la cual 
& las ocho de la mañana, emprendió su 
marcha con dirección á Guayubin, do 
ocurríéndola novedad alguna hasta el 21, 
que después de alojados en Esperanza, 
fueron atacados, resultando tres muer- 
tos, im herido y dos eitraviados. 

Et 22 siguió su movimiento hasta Gui- 
yacanea, donde conocido ya el estado del 
pais, después de haber sostenido algu- 
nas escaramuzas, á las cinco de la tüde 
emprendieron la marcha en retirada, su- 
friendo el resto del día un continuado 
fuego, Al llegar á Barrancon, observaron 
que á pesar de haber oscurecido, el ene- 
migo se hallaba posesionado de todas las 
alturas que dominabau aquel paso, prin- 
cipiando después un brusco ataque; pero 
habiendo sido desalojado el enemiga á« 
una délas alturas por una brillante cw- 
ga á la bayoneta que dirigió el alférBl 
D. Tomás Betegon i la cabeza de veint« 
cazadores, se colocaron en posición Us 
dos piezas, que con certeros disparos 
consiguieron alejar á los sublevados, 
siendo herido de muerte el jefe de la co- 
lumna, comandante de cabalíeria, don 
Florentino García , y sufriendo igual 
suerte el capitán de Vitoria D. A.tej&ndro 
Robles y el teniente de artillería T>, Va- 
lentín Doña Beite. 

En aquella situacjon recayó el mando 
en el capitán del escuadrón de Añ-ica don 
José de los Ríos, quien conociendo que el 
enemigo trataba de atacar la reta;;uardla 
organizó la caballería que tenia 6 sus ÓI^ 
di-nes. y careando con ella, logró disper- 
sar A lo's sublevadosy peder continuar a« 
marcha hasta el dia siguiente í'¿ que en- 
tró en Santiago con la columna, que h*- 
bia experimentado un total de cuitreuta 
y siete bajss, 

Al encargarse del mando nuevamente 
el comanilaote general , aunq^ue conOCia 
piir propia experiencia los rápidos pro- 
gresos ¿e la lunurreccion y comprendía 
tamhipii. que ;iani paralizarlos y reaiil 
mar el i'apiritij jiulilicc, <ii>rpri-ndidO|| 



presencta de suceeos anlnesperadoa, era 
indispensable maroliar al encuentro éel 
enemigo, batirlo y derrotarlo; no le fué 
posible hacer uada de esto por no tener 
hierzaa sufloientea, pues deducidos los 
enfermos j Ja fuerza necesaria para de- 
fender la población desde el fuerte de San 
Luis, solo tenia doscientos hambres dis- 
ponibles. 

líl 23, bI comandante general explicó á 
loe habitantes niás inüuyeutes, de las sec- 
ciones prúiima^ i la capital, el estado del 
pais. reclamando su co^ipcracion para ha- 
cer Érente al enemij'o. La ofrecieron des- 
da luego, designanuo para el mando de 
los fueciaa que pudieran reunir, al gene- 
ral D. Rafael Gómez que seria secundado 
por loa de la misma graduación D, Anto- 
nio Hernández j D. Juan Lota y Jiménez 
T por loa coroneles D. Juan Nepomuceno 
Nuneí y otros muchos de diferentes cla- 
ses y reconocida inñucncta en el país; 
pero desgraciadamente las buenas dispo- 
Bicionea de los convocados y las de loa 
habitantes de la comandancia militar de 
San José de las Matas, no pudieron uti- 
lizarse, por falta de armas de que pro- 
Teerles. 

El 2G ordenó el comandante general 
que las guarniciones de la Vega y Moca 
fuesen retorzadas con dos oflciales y cua- 
renta individuos del batallón de Vitoria, 
dando aviso al propio tiempo a¡ general 
Roca, que se hallaba en San José de la» 
Uatm, de que retrocediese á la capital, 
por ser en ella muy necesarios sus cono- 
cimientos del país. Nada oeurrió que sea 
digno de mención hasta el 31, álasonce 
de la mañana, que se recibió la noticia 
d< que el enemiga en número de seis á 
siete mil hombres se dirigía á Santiago, 
que ya habían abandonado la mayor par- 
te de sus habitantes. 

Comprendiendo entonces el Sr. Bace- 
ta Que necesitaba para la defensa de la 
población, usa fuerza muy superior á la 
que tenia á sus órdenes, creyó, como ya 
lo tenia previsto , deber reconcentrarla 
m el campo atrincherado nombrado fuer- 
te de San Luis, sin perjuicio do esperar 
si enemigo fuera de la ciudad, con la ca- 
ballería y alguna infantería , por si podía 
utilizar la primera de estas armas en un 
terreno ventajoso para sus movimientos, 
por donde los sublevados teninn que pa- 
m, 8i al avistar nuestras tropas no va- 
riaban de dirección. 
■M efecto, después de haber nombrado 



gobernador del fuerte al teniente coronel 
de Vitoria, el comandante general, acom- 
pañado de los generales Hungría y Al- 
lau, salió al encuentro del enemigo, con 
dos compañías de infantería, algunos vo- 
luntarios , sesenta y siete caballos da 
África y una pieza de artillería de mon- 
tana, situándose hícia el cementerio, con 
objeto de impedirle la entrada y desviar- 
le sobre su derecha, docde la caballería 
podia obrar ventajosamente. 

Durante estas primeras operacionea 
permanecía tranquila la ciudad, sin otro 
síntoma de alarma, que haber salido da 
ella muchas tamilias. 

Los genei-ales, jefes y oficiales de tas 
reservas, amaestrados esta vez , con la 
lección recibida en Febrero del mismo 
año, acudieron aohcitos á ponerse al lado 
de la autoridad, aumentando considera- 
blemente el numero de defensores de San 

El apuntamiento, que tan revoluciona- 
rio se había mostrado en loa sucesos an- 
teriores, permanecía en la obediencia & 
las autoridades, y en espectacion del gi- 
ro que tomaran los sucesos. 

De modo, que las cosas se habian pues- 
to en tan critica situación, que el partido 
que sufriese un revés, tenía que dar im- 
portancia al (jue obluviese la más insig- 
Scantc ventaja. 

Loa sublevados marchaban por el flan- 
co, en orden de formación irregular con 
direcoion á Santiago , sin haber tomado 

Srecaucion alguna para evitar la carga 
e nuestra caballería, que á distanciado 
doscientos metros se hallaba formada en 
batalla, en situación perpendicular al coa- 
tado izquierdo enemigo. Comprendiendo 
el comandante general, que los insurrec- 
tos estaban k diatancia competente para 
cortarlos, ordenó al capitán de la caba- 
llería, D. Cipriano Alhert. que cargase; 
pero desgraciadamente , sin que el ene- 
migo disparase un tiro, comunicada mal 
la ordenó mal interpretada por elcapítan 
Albert, su fuerza emprendió i escape la 
retirada ea dirección al fuerte, dejando á 
la infantería privada de su necesario apo- 
yo y obligada á retirarse precipitada- 
mente, sin poder salvar la pieza de arti- 
llería, que defendió hasta perder la vida, 
el sargento que la mandaba. 

Desde que el enemigo ocupó la pobla- 
ción, circunvaló la posición de nuestraa 
fuerzas con numerosos y bien situados 
destacamentos, fortificanáo algunos de 
U 



eetoa y dirigiendo un nutrido fuego de 
fusilería contra el fuerte de San Luis. 

Al amanecer del 3 de Setiembre apare- 
cieron en batería dos caíiones que hablan 
recibido de Moca j de la Vega, j desde 
entonces empeoró notablemente la situa- 
ción de nuestras tropaa. 

En la mañana del eeis se observó en 
los puestos de los rebeldes un movimien- 
to que bizo preveer un próximo asalto, j 
de ocho á nueve ae indicó éste con un 
fuego j gritería muj continuado, dirí- 
giéndose el enemigo a algunos puntos del 
merte, siendo en todos rechazado. Creyó 
entonces vengar su derrota incendiando 
la poblacIoB, j bien pronto fueron las pri- 
meras casas inmediatas á la posición de- 
fendida, entregadas á las llamas. Como 
algunas de ellas no distaban más de diez 
metros y como la brisa, que era suma- 
mente fresca, arrojaba las llamas y el 
humo sobre el fuerte, á los pocos minu- 
tas se habia comunicado el incendio al 
edificio en que se babia establecido el 
hospital, siendo indispensable , en tan 
apurado trance, trasladar los herídos y 
enfermos á otro sitio, que ni aun sombra 
ofrecía á aquellos desgraciados. 

Aquel acto que las generaciones futu- 
ras leerán con asombro é indignación. La- 
bia reducido en un instante k U indigen- 
cia k millares de tamilias, y babia con- 
vertido en cenizas aquella importante 
población. 

Para explicar el excesivo calor que se 
sufría* bastará decir que á algunos se les 
incendiaban espontáneamente las ropas, 
haciendo explosión en otros las municio- 
nes colocadas en las cartucheras: la nulie 
de humo daba á la tierra un color oscuro 
y nublaba la claridad hasta el punto de 
parecer de noche, sin que por esto hubie- 



se un solo individuo que abandonaae'q 

puesto que le estaban confiado, acre"" 
tando todos un grande entusiasmo. 

La intensidad del incendio duró unas 
cuatro horas, y el calor fué disminuyen- 
do en proporción que las llamas consu- 
mían el combustible. 

Los enemigos, con desaforados CTitos, 
amenazaban un nuevo asalta para la no- 
cbe inmediata, y creyeq^o seguro su 
triunfo, habían situado fuerzas en los ca- 
minos de la Vega y Moca, con objeto de 
cortar la retirada de las tropas; la guar- 
nici'in balita crecido en valor, y se halla- 
ba decidida &dar una nueva lección; peiW 
su situación babia empeorado en razor 
que se habian aproximado avanzadas 
rio con el flu de cortarla el agua. 

Los ganados carecían totalmente St 
alimento, el incendio habia destruido los 
depósitos de subsistencias j las medici- 
nas, y después de tan rápitias y terribles 
desgracias, no habria sido posible prolon- 
gar la defensa por muchos días; afortu- 
nadamente, sin que hasta aquel momen- 
to, por efecto quizás del incendio 6 por 
otras causas desconocidas, se hubieis 
oido un solo disparo do fusil ni de caSon 
bácia la parte en que marchaba la co- 
lumna del señor coronel Capa, á las tres 
de la tarde próximamente apareció aque- 
lla en dirección del fiíerte, con el general 

Cuando por este tuvo noticia el coman- 
dante genera!, de que habia sostenido UD 
combate en las inmediaciones de las qu6 
«ran ya ruinas de la población, ordea¿ 
la salida de una parte de la guamidon, 
para proteger la entrada del reato de la 
columna, lo que se efectuó coa pérdida 
de un oficial y siete individuos da tropa. 



í»^" 



xvn. 




LAS OOUBBENOUS EN PUEaTO-PLATA, 



□Frontmciamieato.~La tropa en el fuerte.— Llegada de refuerzos.— El atacjutl 
A la plaza. 



L&a escenas de Santiago y la parte alta 
del Cibao, no podian menos de Rallar eco 
en Puerto-Plata, que era el segundo pun- 
to importante de la conjuración. 

La guarnlcioa española que alli había 
era tan escasa, que solo constaba de 400 
hombres, de suerte que á Iob primeros 
síntomas de íasurreccioa que se advirtie- 
ron en la ciudad, se replegó i un fuerte- 
cito antiguo y descuidado, llamado de 
San Felipe, que se hallaba situado sobre 
una punta de tierra que dominaba la po- 
blación. 

Cada uno de estos movimientos de re- 
tirada & reconcentración que hacían nues- 
tras tropas los traducian los insurrectos, 
llenos de júbilo inlaatU, por otras tantas 
eODSumadas victorias, j adquirían nue- 
vos adeptos, de entre loa que se habían 
E repuesto esperar pacificamente en bus 
agBies, el desenlace de la lucha. 

La ciudad abandonada, ostentaba á la 
vista de la guarnición la bandera de la 
antigua repubhca, en la misma asta en 
que dias antes flameaba el pabellón de 
OaatiUa. 

Los capitanes generales de Cuba y 
Puerto-Rico, Sres. Dulce y Mesina, man- 
daron á Santo-Domingo con toda la pre- 
mura imaginable y con un celo digno de 
todo elogio, cuantos auxilios de boca y 
guerra creyeron necesarios para sofocar 
prontamente la insurrección. A esa efica- 
cia fué debido, que sin haber terminado 
el mes de Agosto se hubiesen reunido en 
Paerto-Plata el batallón de cazadores de 




Isabel n, el de la Union, el regimiento 
del Rey, una brigada y una sección de 
artillería de montaña, con su tren y ar- 
reaje de acémilas correspondientes, todo 
eUo procedente de la isla de Cuba, á lo 

3ue hay que agregar el batallón de Ma- 
rid, conducido desde Puerto-Rico por el 
vapor-correo de la Península. 

Y respecto á marina, los vapores de 
guerra San Francisco de Borja, lía- 
bel IT y Santa Lucia; como el Pájaro del 
OceánS^j otros más, mercantes. 

Será conveniente para la mejor inteli- 
gencia de los sucesivos acontecimientos, 
hacer aqui una circunstanciada descrip- 
ción de los primeros sucesos de esta 
ciudad. ■ 

A las tres de la madrugada del 25, sa- 4 
lia del puerto de Santiago de Cuba el va- ■ 
por (le S. M. Isabel IJ, al mando del ya ^ 
célebre capitán de navio D. Casto Mén- 
dez Nuñez, conduciendo á su bordo Cinco 
compañías de la Corona y dos de Cuba, 
que componían un total de 750 hombres 

Sróxim amenté, íi las órdenes del coronel 
e Ingenieros, D. Salvador Arízon. Los 
dias 25, 26 y 27 se pasaron en la mar y 
en la noche del último, se arribó i Puer- 
to-Plata. De doce y media á una de la 
noche, y por detrás del fuerte de San 
Felipe se verificó el desembarque, bajo 
la protección de los 400 hombrea de! se- 
gundo de la Corona, á las órdenesdel go- 
bernador Suero. 

Asi que los nuevos refuerzos cstuvio- 
roa en tierra, se reunió junta de jefes ^ 






e&pitaaes para deliberar cuándo ; cómo 
eeria más converjente ntacor la ciudad, 
Opiaaro i algunos porque debía esperarse 
que llegara el dia; pero el coronel Arizon 
con el ánimo de loa héroes, expuso la 
conveniencia de acometer desde luego, 
porque siendo mucho menor el número 
ae españoles, podían multiplicarse con el 
Talor en la oscuridad. Esta opinión pre- 
valeció. 

A las dos de la madrugada, diTididas 
las fuerzas en tres columnas, á las órde- 
nes respectivamente de los señores te* 
niente coronel Quirós, comandante Esca- 
lona y capitán Yarto, y precedida cada 
una de una vanguardia ó descubierta de 
la guarnición, se dirigieron, la primera 
por la orilla del mar d tomar el cuartel 
por su espalda, la segunda por la calle 
principal y la tercera por el muelle para 
cerrar el paso al enemigo en su probable 
fuga. Todas llegaron al punto que se les 
hauia designado sin la menor ocurren- 
cia, á excepción de la segunda, que antes 
de llegar al cuartel, sufrió una descarga 
que ocasionó un herido de la descubierta, 
aimultáiieamente llegaron al cuartel 
las tres columnas, donde se suponía que 
los sublevados opondrían gran resisten- 
cia; pero no sucedió asi, pues apenas 
oyeron el entusiasta grito dado por las 
tropas de «ii ellos, \vioa la mna'.» huye- 
ron despavoridos, dejando algunos muer- 
toi 7 cinco prisioneros. 

Practicada esta operación de la mane- 
ra f^liz que hemos explicado, se acordó 
atacar decididamente la ciudad, á cuyo 
efecto se dividieron en cuatro columnas 
todas las fuerzas, asignando á cada una 
una sección de músicos, tambores y cor- 
La noche se mostraba propicia para 
esta operación, pues la luna aunque em- 
bozada por densas nubes, alumbraba lo 
Bu&cieute, para que la tropa viese el ca- 
mino que debia seguir. 

Las columnas de ataque emprendieron 
la marcha con mucho silencio, dirigién- 
dose i la Plaza, y i una señal convenida, 
debían de atacar á los insurrectos, que 
según confidencias, se hallaban en alia 
reunidos. 



De repente se ovó un tiro do rewolver, 

3ue disparado desde la oscuridad y i 
latanciade aeig ú ocho pasos, causó la 
na«rte 4^1 biiWTO f «nteD4ido <»roB«l 



Arizon, que marchaba i, la cabesa de uní 
de ks columnas. 

El asesino que Labia esperado tras una 
esquina, tuvo bastante serenidad para 
dejar pasar la sección de flanqueadorea y 
elegir su victima, eu la persona qu« te 
pareció por su porte la más caracteriza* 
da; pero muy pronto dejó de existir, co- 
sido por las bayonetas de ios soldados de 
Arizon, que sin compasión le acribilla- 
ron, encontrándole encima su rawolver 
con los otros cinco tiros cargados. 

Próximas ja a desembocar las colum- 
nas en la plaza, el enemigo rompió so- 
bre ellas desde balcones y ventanas, un 
vivísimo fuego que no las desconcertó en 
su movimiento de avance. Sonó por ña 
la señal convenida, y con ella el grito de 
guerra de ¡vírala reina! confundido con 
loa acordes de las músicas y bandas que 
tocaban el paso de ataque en los cuatro 
ángulos de la plaia. Desconcertado el 
enemigo, trató en vano de defenderse v 
emprendió la más vergonzosa fuga, gri- 
tando algunos: \Jnyaniotl 'Jui/amo¡\ \o\te 
tolo de müsicot tietten wá é quinioitoü 

Donde se defendieron con alguna de- 
cisión, fué en la comandancia militar. 
Aquel ediaeio ofrecía la ventaja de enfi- 
lar las principales callea y sus balcones 
guarnecidos de sublevados , vomitaban 
un mortífero fuego que no dejaba de ori- 
ginar bajas en nuestros valientes ; pero 
todo fué inútil, pues pronto se apodera- 
ron de aquella posición y haciendo uso 
de) arma blanca, desalojaron al enemigxt 
que además de loa muertos y heridos 
perdió tres prisioneros. 

fíe?uidamente formaron las tropas ea 
batalla y batiéndose marcha y presen- 
tando las armas, se arrió la bandera re- 
Suhlicana, izándose la española en medio 
e entusiastas vitorea. 

La toma de la ciudad de Puerto-Pl»t«, 
del modo que acabamos de referir, costi 
á las tropas un coronel muerto y veinte 
y tres oficiales é individuos de tropa be- 

El dia 28 y los sucesivos se pasaron 
sin novedad particular en cu£to á fun- 
ciones de armas. 

El dia S9 desembarcó el batallón de 
Puarto-Rico procedente de la isla del 
mismo nombre, y et 31 el de cazadores 
ds Isabel II que venia do la Habana, lle- 
gando también eu el mismo día el coronel 
jefe de estado mayor de la capitanía ge- 
oerftl 4« Suito Donilng:o D. Mariano Capt, 




jia, que según noticias, cercaban ; 



eaban loa insurrectos en Santía^ de loi 
CabnlUros. 



xvm. 



^^^U primera jornada. —Olvido rsprenaible, - 
^Htt^Sntrada de las tropas. 



LA COLUMNA DEL COBONBL CAPA, 



El dia !.• de Setiembre Halló de Puerto- 
Plata con dirección í Santiago, unafuerte 
columna compuesta del batullon cazado- 
rsi de Isabel II, del de Puerto-Rico, doa 
compañías del de Cuba, cuatro de la Co- 
rona, dos piezas de montaña y el general 
Suero con cien hombrea delpsis, i laa 
¿rdenes del O oro o el Capa. 

Esta columna lle^ó sin novedad hasta 
Hojas- Anchaa, donde tuvo un ligero en- 
cuentro eon el eneiniyo, que fácilmente 
disperso, perdiendo un oficial de Puerto- 
Kico. La noche se echaba encima y se 
aeampó en una estancia del general Sue- 
ro, que di»ta de Puerto-Plata seis leguas, 
deapuca do un tiroteo que causó nueve 
bajas. 

Allí ae presentó im propio que manda- 
ba el brigadier Buceta, avisando que el 
enemigo, en número considerable, ae ha- 
blaba en la cuesta del Almirante esperan- 
do A la columna, 7 que el faccioso Polan- 
co acababa de dar orden de concentración 
de todas las fuerzas rebeldes en Santia- 
ni, para tomar ¿ todo trance el fuerte de 
I ;B»n Luis. 

■|' Con gran sorpresa de todos, aquella 
■Oalumua, que debía volar en auxilio de la 
P'aal THtrads guarnición de Saatiaffo , y 
' que debía ser la salvación del país, retro- 
Cídió, y al oscurecer del dia 3 volvia á 
eatrar en Puerto-Plata. 

¿Qué había ocurrido, para que á loa 
tUemi^OB E& lea dleía el placer ds ver 




-Xia marcha.— Aspecto déla ciudad. 



marchar en retirada alas tropas <spá- 
ñoiasí 

Había sucedido, lasómbrenae nuestros 
lectores! que con una punible imprevi- 
sión de que hay pocos ejemplos. Iba la 
tropa eithausta de municiones. Asi cor- 
ría un tiempo precioso para los rebeldes 
y terrible para el gobierno. ¡Quizás da 
estos diaa perdidos j de estas improce- 
deutea retiradas ae alimentó la hidra re- 
volucionaria! 

A las tras de la maBana del dia 4 vol- 
vió á aalir la coluoina. fuerte de 3,000 
hombres, despucs de dejar en Puerto- 
Plata una pequeña guarnición, i las ór- 
denes del comandante Campillo. 

Las tropas saheron racionadas por tres 
diaa, eoo cinco paquetea de cartuchos 
por plaza y una acémila por compañía 
cargada de municiones de reserva, A las 
elnco de la tarde llegaron ¿ la estancia 
de Suero, donde se pasó la noche. Al ra- 
yar al siguiente dia se rompió la marcha 
rindiendo la jornada en Limón sin otro 
incidente, que el da haber deacansaSo en 
Almirante tres ó cuatro horas para co- 
mer los ranchos y librarse del aol abra- 
sador que se hacia insoportable. 

Al amanecer el día fl se continuó el 
movimiento de avance hacia Santiago, 
dándose uu descanso de once i una, con 
el objeto de defenderse de la ñieraa del 
calor. Trea leguas cortas quedaban para 
llegar al términ» del viaje, y calculando 



I 



JU6 se haÜftria interceptada la entrada 
e la población, ae tomó el paso largo 
para llegar á ella de dia. Apegas pueata 
la tropa en marcha, se apercibió k graa 
distancia una inmensa columna de humo 
que ae confundía con las nubes. Sin in- 
cidente alguno se acortaba la jomada por 
inatantea, y muy pronto se empezaron 6 
oircañonazosy fi apercibirse llamaradas de 
fuego, por entre la columna de humo que 
cada vez aparecía más grande. Entonces 
Be creyó cuanto ae habia presagiado: el 
pueblo ardía y la guarnición sosteniauna 
•ncarnizada lucha. 

El paso se aceleró más y más, bajo un 
sol de fuego, que hacia caer k loe solda- 
dos sin aliento, no encontrándose ni si- 
quiera un árbol que brindase un poco de 
sombra. 

El silencio más profundo reinaba sn la 
columna. 

El incendio de la población era hor- 
roroso y los disparos de cañón se auce- 
dian con escasísimos intervalos; todo 
anunciaba, en fin, el peligro gra»isimo 
que corría la guarnición. 

Todos ansiaban llegar y se Uegó por 
fin. 

Aun no serian las tres de la tarde, 
cuando cesó el fuego de artillería. El 
humo, de espeso y negro se habia con- 
vertido en ligero y blanco y muchas lla- 
mas que no lo producían daban á cono- 
cer que la población había qnedado redu- 
cida & cenizas. 

El camino para entrar en eUa era bas- 
tante ancho y permitióformar en columna 
cerrada, primero Isabel II y después Co- 
rona, Puerto-Rico y Cuba, coloindose ¡a 
artillen a al fianco derecho. 

Al O. de la población y antes de pe- 
aetrar en ella, hay pequeras alturas i 



ambos lados del camino; en ellas hablao ' 
construido los Insurrectos tres reducto* 
llamados Dim, Patria y Libertad; por de- 
lante de ellos y á distancia de unos se- 
senta pasos, cruza un ancho camino qus 
atravesaba el que la tropa traía, que á su 
vea pasaba por entre los reductos Siot j 
Patria; en dicho camino hablan abiet' 
un ancho foso que resguardaba i 
puda cerca de piña-raton. 

Cuando la cabeza da la columna IL 
á este punto, el enemigo rompió el I 
go desde sus tres fuertes. En el del o. 
tro, llamado Patria, tenia un caSon t 
yos primeros disparos causaron coosU, 
rabies bajas; pero la suerte lavoreGió t 
artillería de la columna que al » 
tiro desmontó la pieza enemiga, 
zando su cureña y causando entra 

3ue la servían una desanimacioa f 
e. El fuego de fusilería se sosteniu 
tesón por una y otra parte, ouaoqL 
repente las músicas y cometas to9 
ataque, tomándose la cerca a la baí 
ta y dirigiéndose Is bel U a! fuerte] 
Corona al fuerte Patria y la r 
fuerza al Libertad. Después ds i ^ 
porosa resistencia en que más qui 
jugó el arma blanca, se pronuncicid^ 
migo en retirada, en medio de la'í 
confusión y desorden. ' 

Los restos del incendio hacianit 
ble la persecución, en términos, q 
ríos soldados á quienes cegaba % 
eiaamo y la gloria del eombat9,« 
exánimes, sofocados por el ezcean 
que producíanlos amontonadotti 
broa. 

Muy numerosas y muy sensible^ 
das sufrió la columna en est 
combata. 




xrx. 



OPERACIONES BN SANTIAOO. 



idelatropA. — Combates del 7 de Octubre.— El forragear.— Proposi- 
sde los SQblevadoB.— Capturado los parlamentarios.— Narración da un 



El fuerte de San Luis se babia conver- 
Udo en cuartel genera! del brigadier Bu- 
ceta y demás autoridades. Por sii espalda 
pBsaoa el caudaloso rio Yaque, de cujas 
Bgoas se snrtia la guarnición para su 
ooDStuQO diario. 

Empelase i sentir la escasez de vive- 
res, T se asignó como ración cuatro on- 
Eaa de arroz por plaza. 

AI K. de la población hay un monte de 
elevada altura, y en su cumbre un fuer- 
tedto en donde se había instalado la jun- 
ta reTolueionaria, almacenando en el la 
mayor parte del botín que habían hecho 
antes de entregar la ciudad & las llamas, 
De dos á trescientos sublevadoa daban 
allí la guardia. 

El edificio de la cárcel, que habia res- 
petado el incendio, lo tenían igualmente 
guarnecido, por encerrarse en él gran pro- 
Tisionde municiones de boca j guerra. 

Habiendo preguntado el comandante . 
general, al comisario de guerra, las exis- 
tenctaa con que se contaba, se supo que 
Kolo se podría suministrar ración durante 
KLS ú ocho días. 

La ciudad de Santiago, que antes de 
ser presa de las llamas tenia indudable- 
mente una gran importancia militar, por 
m aituDcion j por ser la segunda pobla- 
ciOB de la isla, excediendo en riqueza á 
la capital, viso A ser un embarazo para 
las tropas españolas, ijue no contaban ni 
con edifidoB en qué albergarse, ni con 
proTteioues con qué sostenerse. 




Las fuerzas qne el enemigo habia aglo- 
merado áobre ella, se aproximaban á ocho 
mil hombres, según opinión de los seña- 
res Buceta 7 Capa, y sus defensores úti- 
les DO ezcedian de dos mil doscientos, 
desigualdad numérica, que hubiese es- 
tado compensada con la instrucción y 
disciplina de las espaoolvs, si los com- 
bates hubiesen sido campales ; pero co- 
nociendo los insurrectos estas ventEyas 
no se presentaban de frente , sino en el 
orden abierto y parapetándose en los bos- 
ques , malezas y demás obstáculos de 
donde se les rechazaban con dificultad. 

La iglesia y una casa grande de co- 
mercio, edificios de mamposteria. inme- 
diatos al fuerte de San Luís, hablan si- 
do, lo mismo que la cárcel, respetados 
por el fuego. 

En la mañana del 7 se trasladaron i, la 
iglesia todos los enfermos j heridos, es- 
tableciéndose asi el hospital. El dueño de 
la casa de comercio antea citada mani- 
festó que tenia una porción de barriles de 
harina en ella, é inmediat ámenle se ela- 
boró una ración de pan para la guarni- 
ción, que destacó un batallón á cada ano 
de estos puntos. 

A las doce del día salió el regimiento 
de la Corona con una pieza de artilleria, 
dirigiéndose á la antigua cárcel , para 
apoderarse de los comestibles que coate* 
nía T trasladarlos al fuerte. 

Elenemigo salió á su encuentro en pe- 
lotones de dies á Tetiite bombres, ^ua n- 



4 






í 



oliazóel segundo batallón, deaplegado en 
guerrilla. Al abrigo de esti.avanzó el pri- 
mero en columna, hasta seis ú ocho pasca 
de la puerta, en donde se situó el canon 
que fácilmente la eebó ea tierra, dando 
salida al enemigo, que con indecible ya- 
lor ee lanzó machete en mano sobre loa 
artilleros, trabándose un reñidísimo com- 
bate al arma blanca en el que sucumbie- 
ron gloriosamente un cabo y tres iudivi- 
duos de loH que servían la pieza, antes de 
que padieran ser protegidos porla inñiii' 
teria; tan yeloi fué el ataque. 

Las tropas del fuerte presenciaban con 
agitación la lucha, y aun cuando no po- 
dian dudar del resultado, viendo que des- 
de el fortín acudia gente á proteger á los 
suToa, hicieron salir al batallón de Isa- 
bel II, pero fué en vano, puea antes de 
llegar al sitio del combate, regresó Is Co- 
rona cumplida bu misión y condueiendo 
las acémifaa cargadas de provisiones. 

Mientras esto sucedia en Saatiago de 
¡os Caballeros, auxilios de todas claaea 
llegaban á Puerto-Plata con nuevas tro- 

Eae, que debieron haber resuelto favora- 
lumente la cuestión, si se hubieran em- 
pleado oportunamente. La responsabili- 
dad de que asi no sucediera el lector juz- 
gará después, de parte de quien está. 

Pasaron unos dias mirándose fronte á 
fi-ente loa dos bandos sin otra novedad, 
que las pequañaa escaramuzas que origi- 
naba el nacer la aguada. 

En la mañana del II, salió el regimien- 
to de la Corona, eon el objeto de protojer 
el forraje que debía hacer la caballería y 
■cemileroa. Se vadeó el Yaque, y guiada 
por uu práctico, andubo la columna tres 
leguas por un bosque, sin que ocurriera 
novedad; á dicha distancia ae encontró 
una casita, alrededor de la cual habia 
abundante forraje, del que se hicieron 
muchas cargas. En la casa ae hallaba un 
nepro viejo, que aseguró que por alü no 
habla iasurrectoa; no obstante, ae sospe- 
chó que los habría, pues se encontró mu- 
cha carne fresca de vaca 7 cerdo, y abun- 
dante tasajo. La tropa se apoderó de es- 
tas vituallas, como también de algunos 
cerdos que alli habia, y concluido el for- 
raje, emprendió la retirada. 

Comoa mitad de camino, se vi6 cerea- 
dade insurrectos por todas partea. El 
negro viejo habia lao á avisar, y se plan- 
tó en medio del camino, haciendo ruego 
con un trabuco; pero bien pronto pagó 
con la vida su atrevimieuto. 



El «egundo batallón desplegó gnerrí- 
llaa á loa flancos, vanguardia v retaguar- 
dia, para proteger la retirada de la co- 
lumna. A! llegar esta al Taque, nuevaii 
masas de inaurrectoa que bajaban del 
Fortin, se disponían á disputarle el paso, 

3ue hubiera sido imposible, aiu el apoyo 
a la artillería de San Luis, y del bata- 
llan cazadores de laabel TI, que se desta- 
có parj proteger la entrada. 

El enemigo, después de una tenai re- 
sistencia, dejó el campo sembrado de ca- 
dáveres y huyó 4 aus guaridas para li- 
brarse de la muerte, que sembraba nues- 
tra certera artillería. 

La Corona entró en el fuerte con once 
heridos, habiendo dejado en el bosque 
ocho muertos y tres eitraviados. 

En la tarde del mismo dia II se pre- 
sentó al comandante general el tenienta 
coronel D. Demetrio Quirós. que con un 
batallón daba servicio en el nuevo hoa- 

Sital. participándole que varios grupos 
e enwmigoay entre elloa algunos quesr 
titulaban oñciales, se htbian aproxinar- 
á las avanzadas, manifestando quttd 
aeabanla paz. 

El brigadier Buceta diú á eata i 
mucha importancia, y convocó jant»S. 
generales de las reservas y de los jefes di 
loa cuerpos, para consultar lo mas eoQ- 
veniente en aquella favorable circunstan- 
cia en que la diaeordia y el cansancio p»- 
recian germinar en las alas enemigas. 

La junta acordó publicar un bando <le 
indulto, del que se sacaron seis copiss 
que se remitieron al enemigo por tres de 
sua prisioneros á quienca se dio la li- 
bertad. 

En al resto del día mediaron comunl* 
caciones entre el jefe de la sublevación 
y el comandante general, llegando k en- 
valentonarse el enemigo hestael punto, 
de usar frases ofensivas al honor eapaií^ 
que fueron digna y enérgicamoute con- 
teatadas por el Sr. Buceta. 



og queu 
roxiiu^^^_ 

i notflH 

juntftal^H 



Recordando las escasas fuerzaa a 



ii^ua 



fué ahogada en Santiago la insurrección 
de Febraro, gracias á la prontitud con 
que se la atacó, recordando que en lu 
mismas alturas de la otra orilla del Ta- 
que, campaban loa sublevados en gran 
número y fueron desalojados j heehofl 
prisioneros sin que disparasen un tiro, j 
recordando, por último, que entonces de> 
clararonque nabian sido engañados y ven- 
didos, debía inferirse k la vista de nues- 
tros bizarros batallones eu actitud re- 



.dta, que cuando se lee diera un ata- 

r^^e formal, decidido, desesperado, si era 

menester, volTerian á dispersarse y se- 

Sramente no hubieran parado de correr 
ata llegar á aua casas ó aldeas. Pero la 
fatalidad presidió las primeras operacio- 
nes y el enemigo se envalentonó, tradu- 
ciendo por miedo las indebidas conside- 
raciones que se le guardaron. 

Esa inexplicable fatalidad, hizo que tos 
jefes eapaSoles propusiesen á los sable- 
vados una capitulación. 

Los que debían juzgarse perdidos, sin 
la Injustificable tardanza de la columna 
del coronel Capa y sin la do menos ¡n- 
jnstiflcable conducta del brigadier Primo 
de Rivera, osaron para mengua del nom- 
bre español, imponer condiciones humi- 
llantes, 7 entre ellas, !a de que la guar- 
nición tomase elcamino de Puerto-Plata, 
después de entregar sus armas. 

Semejante audacia no podia menos de 
sublevar ei honor de tan valientes tro- 
pas, que se mostraban decididas á morir 
antes de entregar las armas que tan bien 
sabian manejar. 

Se mandó entonces al campo enemigo 
al teniente coronel D. José velasco y al 
alférez D. Miguel de Muzas, ambos ami- 
gos de los principales jefes de la insur- 
recion, para que tratasen con ellos; pero 
lejos de haber conseguido nada, fueron 
detenidos, desconociendo con este acto 
Jas leyes del honor. Aquellos dos parla- 
mcntajios sufrieron después un año de 
Uaargo cautiverio. 

Lptgamos al mismo Sr. Velasco como 
're el suceso, en una Memoria que pre- 
6 en Monte-Christí cuando consiguió 
^libertad. 
rSxemo. señor: Nombrado por el se- 
.* Mronel jefe de estado mayor de la 
^tania crneral. Ti. Mariano Capa, au- 
jttzBdO af eíecto por el lixcmo. señor 
irigadier comandante general D. Ma- 
LUel Buceta, para ir al campo enemigo 
como parlamentario, la mañana del 13 
di Setiembre de Í8ti3, en Santiago de 
los Caballeros, con e! ün de procurar 
alguna garantía k los heridos y familias 
que hablan de quedar, por la falta de 
tuedios de conducción, al retirarse nues- 
tras fuerzas, creo de mi deber exponer 
i V. E. este hecho y los que se siguie- 
ron, con la brevedad que me sea dable 
psra la debida constancia. Impaciente el 
señorjefe de estado mayor, porque sfen- 
áo ya las nueve de lamauana próxima- 



mente, no hahíft vuelto del campo con- 
trario el presbítero Sr. Charboucan, que 
habia enviado á las seis para negociar 
un acomodamiento en et sentido antes 
expresado, y pesaroso de no poder ir él 
mismo i tratar con los jefes rebeldes, 
como también desconñado de que por lo 
ageno de su carrera, pudiese el eclesiás- 
tico concluir un convenio aceptable, que 
se hacia tan urgente por la falta de pro- 
visiones, me interpelo sobre si tendría 
inconveniente en ir, puesto que conocía 
al jefe principal, general de las reservas 
Polanco, y respondiéndole que ninguno 
si se me mandaba, me ordenó fuese al 
momento, yendo conmigo á donde se 
hallaba el escuadrón de África para que 
me facilitara un caballa y un trompeta 
y conviniendo en que me acompañase el 
subteniente del segundo batallón de la 
Corona D. Migue! Muzas, que la tarde 
antes, aprovechando la suspensión de 
hostilidades, habla ¡do con permiso, para 
couocer la disposición de los ánimos, 
por las muchas relaciones que tenta en- 
tre los rebeldes, y que fueron después 
de suma utilidad para convencerlos y 
que aceptasen mis proposiciones, 

sljcgfldos á Gurabito, donde se hallaba 
el campamente de Polanco, supimos que 
se hallaba con los demás caudillos retúj- 
dos en el del Armazo, donde mandaba el 
titulado eeneral Salcedo, conocido por 
Pepillo, al cual nos dirigimos haciendo 
repetidas veces sonar la trompeta y lle- 
vando la bandera blanca; en cuya dispo- 
sición fuimos rodeados al llegar, é inter- 
Seladosporel objeto de la misión, que 
ecian muchos en alta voz debía ser la 
de examinar el estado de sus fuerzas para 
batirlas después. 

Del altercado sostenido principalmente 
con Sülcedo, en que tomó part.e Polanco 
k favor nuestro, resultó dejarnos dete- 

~ De allí á poco ruto se aceri'ó Salcedo 
escusándóse del paso que había dado, se- 
gún decía, por sostener su autoridad so- 
bre los otros, y asugurando que pronto nos 
volveríamos. 

El y Polanco entraron entonces en ma- 
teria, y aunque al principio quisieron se 
estipulase que la columna tomarla el ca- 
mino de Monte- Christi, convencidos *l fin 
de que toda exigencia de bu parte haria 
incompatible la marcha de la columna 
con el honor de las armas, y seria, por 
consiguiente, rechazada, convinieron toa 
12 



4 



I 



Joa jefea iadícadoe, con el que suseribe, 
en que la columna saldría siu hostilizar 
ni eer hostilizada, que los heridos, em- 

Sleados cu gI hospital y fiímiliaa refugia- 
as en el fuerte, quedariau bajo la ga- 
rantía de los dos jefes insurrectos, j que 
elloB retirarían las fuerzas que tenían es- 
calonadas sobre el camiuo de Puertu- 
Fkta. 

»E1 general Polanco fué á ejecutarlo en 
persona jádespaehaF una escoltado ca- 
balleria que marchase delante de la tro- 
pa, para evitar tuda ocasión cié hostili- 
dad, por ignorancia ó mala inteligencia 
de loa BublcTados, que pudieran hallarse 
sobre la ruta. 

»Lr retirada de las fuerzas deGurabito 
j denlas puestos establecidos sobre el 
camino, no tuvo luf^rdesde luego. Como 
al empezar la conferencia hubiesen ma- 
nlfeatudo que era sensible que hubieran 
llegado luseosas al extremo en que se 
encontraban , por no haber tenido los 
acontecimientos de Kebrero la termina- 
ción á que yo había procurado encami- 
narlos en el campamento de Jajbon, su- 
giriéndoles la idea de hacer presente á 
tí. M., en uaa reverente exposición, las 
causas originarias de los sucesos y del 
malestar que ei país experimentaba, im- 
petrando da su bondad el perdón y el re- 
medio con otra al Excmo. señor capitán 
geoeral, para que ae sirviera apocarla t 
aprobar el indulto que en su nombre die- 
ra el gobernador de la provincia, general 
de laa reservas D. José Huugría, j consi- 
derando propicia la ocasEou , procuré 
atraerlos otra vez a la sumisión inJicílu- 
doles que todavía creía poBible evitar ma- 
les mayores al país por el mismo medio, 
solicitando además del HKCmo, señor cu- 

Sitan general la suspensión de las hosti- 
dades hasta la determinación deS.M.. 
añadiéndoles al manifestar su resolución 
de resistir & todo trance la dominación de 
autoridades españolas j quejarse de que 
loa bueuos deseos da S. M. j do su go- 
lilerno hubiesen sido mal interpretados 
pur la generalidad de sus empleados en 
la isla, que yo sabia por el coronel Capa, 
recien llegado de Madrid, que en el mi- 
nisterio se trataba por consecueuciu de 
los primeros sucesos y de los ereciJos 
gastos que ocasiouaba elgoblsrno de Sao- 
Va Domingo, de darle otra forma más po- 
pular, quedando probablemente sin tro- 
pas en las poblaciones, ni empleados pe- 
aiasolares, por lo que se creía, que sí en 






vea-de empeñar el honor de la nación ea 
someterlos al procurar ellos la emancipa- 
clon por la fuerza, se dirigían en súplica 
á S. M., todo podían esperarlo de su ge- 
nerosidad y predileocioa por los domini- 
canos. 

Los dos caudillos convinieron en adap- 
tar este sistema, mostrándose más espli- 
clto aun Salcedo, después de la salida de 
Polanco para retirar los cantones. Ter- 
minada la conferencia, salimos los par- 
lamentarios á tomar nuestros caballos y 
nos encontramos sin ellos, por haberlos 
llevado el Chivo ( funesto poraonaj» de 
quien tendremos que ocuparnos); pero 
yaloedo mandó que se trajeran estro- 
chando al presbítero Sr. Oharboucan, 
que llevaba la contestación escrita' patt^ . 
que no esperase, asegurando que '- -- 
guiriamos en cuanto llegasen los 
líos. Foco después vinieron estos en 
to hasta unos treinta, pasos dedond 
hallábamos, cuando amotinándose 1l| 
te que alU habia, acaudillada por el 
vo, avanzó de todas partes sobre nosotros 
dando voces de muerte y preparando los 
armas de fuego ó.sacanao los machetes. 
I,a guardia de la comandancia avann6 
rápidamente , y apoderáudoiío de. nos- 
otros y desarmindonoa, nos defendió ó 
hizo entrar en la comandancia, mientras 
Salcedo que acudió, procuraba poner or- 
den; pero después de un cuarto de hot» 
de coulusion y gritos desaforados, entró. 
manifestando era preciso que lacolumna* 
entregase las armas para irse, y no con- 
seguimos hacarle variar de resolución, & 
pesar de mostrarse al fin oonveucído da 
que la contestación seria atacarles, como 
la decíamos, causándoles tantas bqjaa 
por lo meaos como ellos hiciesen, j mar- 
charse por último por donde ijuálsiestt. 
Se habia compromttido Salcedo cod los 
amotinados & exigir la entrega de las ar- 
mas para calmarlos, y en este sentido 
dirigió nueva comunicación al seiJor bri- 
gadier Buueta, asegurándonos que noa 
iríamos en cuanto lograse calmar la agi- 
tación, á cuyo efecto salió, mandando 
aviso, según después supimos, á Polan- 
co, para que volviese á ocupar sus posi- 
ciones sobre el camino; el aviso uo lien) 
k tiempo y la cotomna salió á laa tres da 
la tarde, sin encontrar quien se le opu- 
siera al paso, lo que desespcrat>a á Sal- 
cedo y i los demás que se hallaban en «L 
cantón, que quedaba ¿ rntiiguardía, i 
nilestuudo aitrdüeza y despecho de 



- 91 - 



no le contestasen j nos abandonaran sin 
esperar ni hacer reclamación, lo que de- 
mostraba bien, que el verdadero motivo 
de su colera era no lograr contenerlos, á 
fin de dar tiempo á que volviesen las 
fuerzas retiradas de Gnrabito, para opo- 
nerse al paso de la columna. 

>Salcedo desapareció con la mayor par- 
te de su gente, haciéndose sordo á nues- 
tras reclamacioaes, ó no oyéndolas en 
realidad por el tumulto y 'vocería, para ir 
á picar la retaguardia, lleváírdose la pie- 
za que en el cantón tenian, arrastrada á 
la carrera por unos veinte hombres. Des- 
de el cantón no se oyó un solo tiro, ni se 
supo nada hasta la noche q ue empezaron 
á hablar de heridos y familias que traian, 
y de grandes destrozos que suponían ha- 
oer hecho. 

jDurante la tarde, pugnaron varias ve- 
ces con instancia por entrar en la coman- 
dancia á quitarnos la vida, muchos délos 
que se quedaron en el campamento; pero 
otros se oponían, y principalmente el co- 
mandante de la guardia, José Miguel Re- 
yes, que decía tener orden absoluta de 
Pepillo para hacer fuego sobre el que 
atentara á nuestras personas, y preparó 



dos veces resueltamente las armas, i. 
poco de salir la columna se dirigió el 
Chivo á la iglesia, que servia de hospital 
á los heridos, capitaneando la banda de 
foragidos que le seguia, con ánimo de 
degollarlos primero, y arrojarlos al rio, 
para cuyo efecto llevaban carretas. El 
presbítero Charboncan, que habiaya lo^ 
grado detener á algunos grupos que cor- 
rían sobre la retaguardia de nuestro ejér- 
cito, afeándoles enérgicamente el que- 
brantamiento de la fé empeñada,-- pudo 
también, invocando el convenio, y con el 
auxilio de la señora del doctor D. Julio 
André, contener la ferocidad de las tur- 
bas y dar tiempo á que llegase una guar- 
dia envia3a por Salcedo, que si bien con 
trabajo, restableció el orden. Al amane- 
cer llegó Salcedo, y dirigió esquelas á los 
que después fueron miembros del go- 
bierno provisional, y á otras personas vi- 
sibles, formando una lista ó información 
del sitio donde se hallaban, asegurándo- 
nos al propio tiempo que con ellos se tra- 
taría de la devolución del parlamento y 
de los medios que se le hablan indicado 
para concluir un arreglo.» 



XX. 



UL COLUMNA DEL BRIGADIER PRIMO DE RIVERA. 



Encuentro con el enemigo. — Movimiento retrógado. — Nueva salida y nueva 
retirada. 



El dia 4 de Scl^embre salió de la Haba- 
na el 2.* batallón del regimiento del Rey, 
á bordo del vapor de guerra Isabel la Ca- 
tólica, que también conducía al brigadier 
B.Rafael Primo de Rivera y al i efe de es- 
tado mayor D. Carlos Rodríguez de Rive- 
ra. Dicho buque fondeó en la bahía de 
Paerto-Plata, al mediodía del 9 y en oca- 
sión en que se hallaba desembarcando el 



batallón cazadores de la Union, que pro- 
cedente de la Habana había trasportado 
el vapor Pájaro del Océano. 

Al amanecer el 1 1 salió de Puerto-Pla- 
ta y á las órdenes del brigadier Primo de 
Rivera, una columna compuesta de los 
tros batallones de la Union, Rey y Ma- 
drid, con cuatro piezas de montaña. Su 
objeto era ir á Santiago en socorro de la 



[ dos jefes indicados, con el que suscribe, 
en que Ia columna saldría sin hostilizar 
niser bostilkada, que los beridoa, em- 

Sjeados en el hospital y familias refugia- 
as en el fuerte, quedarían bajóla ga- 
rantía de los dos jefea insufrectos, j ijue 
ellos retirarían las fuerzas que tenían es- 

I caloñadas sobra el camina de Pueito- 

I Plata. 

»E1 general Polaoco fué á ejecutarlo en 
persona y á despachar una escolta de ca- 
ballería que marchase delante de ¡atro- 
pa, para evitar toda ocasión de hostili- 
dad, por ignorancia ó mala inteligencia 

, ie loa sublevados, que pudieran hallarse 

y sobre la ruta. 

»La retirada de las fuerzas deGurabito 

ty demás puestos establecidos sobr& el 

I csamíuo, notuYO lugardesde luego. Como 
al empezar la conGarencia hubiesen ma- 
nifestado que era sensible que hubieran 
llegado 1*8 cosas al extremo en que se 
encontraban . por no haber tenido los 
acontecí mi en toa de Febrero la termina- 
ción A que jo habia procuraiio eucami- 
narloa en el campamento de Jajbon, su- 
giriéndoles la idea de hacer preseutii á 
U. M.,enuita reTerente exposición, las 
causas originarlas de los sucesos y del 
malestar que ei país experimentaba, im- 
petrando de su bondad el perdón y el re- 
medio con otra al Bxcmo. señor capitán 
general, para que se sirviera apoyarla y 
aprobar el indulto que en su nombre die- 
ra el gobernador de la provincia, general 
de las reservas D. José Hungría, y consi- 
derando propicia la ocasión , procuré 
atraerlos otra vez a la sumisión iudicdn- 
doles que todavía creía posible evitar ma- 
lea mayores al país por el mismo medio, 

i eolícitando además acl Excmo. señor ca- 

Íltan general la suspensión de tas hostí- 
dadee hasta la determinación deS. M,, 
f, añadiéndoles al manifestar su resolución 
/á» resistir á todo trance la dominación de 
autoridades españolas y quejarse de que 
los buenos deseos de S, M. y de su go- 
bierno hubiesen sido mal interpretados 
por la generalidad de sus empleados en 
la isla, que yo sabía por el coronel Capa, 
recién llegado de Madrid, qne en el mi- 
nisterio se trataba por consecuencia de 
8 primeros sucesos y de los crecidos 
istaa ^ue ocasionaba el gobierno de San- 
o Domingo, de darle otra forma máa po- 
■"'*', quedando probablemente sin tro- 
:n uis poblacioiiea, ni empleados pe- 
isulares, por lo que se creía, que si en 



vez-de empeñar el honor de I 
someterlos al procurar ellos I 
cion por la fuerza, se dirigía 
á S. M., todo podían esperar! 
nerosidad y predi lección por 

Los dos caudillos Ct 
tar este sistema, moatrándos 
cito aun Salcedo, después de 
Polanco para retirar los can 
minada la conferencia, salinu 
lamentarlos á tomar nuestroi 
nos encontramos sin ellos, i 
llevado el Chivo ( funesto p 
quien tendremos que ocupij 
Salcedo mandó que se tra' 
chande al presbítero Sr. i 
que llevaba fa contestación o 
que no esperase, asegurando 
guiñamos en cuanto llegaiSBi 
líos. Poco después vinieron ef 
to hasta unos treinta, pasos ( 
hallábamos, cuando amotiniíj 
to que allí había, acaudilUdí 
vo, avanzó de todas partes sol 
dando voces de muerta y pre 
armas de fuego ó.sacando Ibi 
La guardia de la comandar 
rápidamente , y apcderSudo 
otroa y desarmándonos , i 
hizo entrar en la comandar 
Salcedo que acudió, procural 
den; pero después de un cua 
de confuaJon y gritos des&fbfi 
manifestando era preciso que 
entregase laa armas para ita^ 
eeguímoa hacerle Tariar de r 
pesar de mostrarse al fio coi 
que la contestación serial'" 
le decíamos, cauailRdoles 
por lo menos como ellos b . 
charse por último por dtiai 
Se había compromutido Siúi^ 
amotinados ñ eiígir la entrej 
mas para calmarlos, y en I 
dirigió nue va coinunicacJoaa 
gadier Bucuta, asegurindoá 
iríamos ea cuanto Ingrata val 
tacion, á cuyo electo salldi 
aviso, aegun después sujúmoii 
co, para que volviese h ocupa 
clones sobre el camino; el kti' 
t'i tiempo y la columna salid í 
la tarde, sin encontrar quien 
siera al paso, lo que dese«p« 
cedo y & los demásque la lia' 
cantón, que quedaba i reU» 
nliestuuiío extraCeza j de^ 



I 



tropa que allí liabia j que segan noticiaa 
ae encontraba cercada. 

Tomó para su marcha un camino co- 
nocido en la localidad con el nombre de 
Palo-Femado, que si bien miij escabro- 
so, era el que más brevemente conduela 
b. la capital del Cibao. 

Desde el medio día se presentaron Itl- 
gunOB sublevados que, ocultos en el es- 
peso bosque, hacían disparos muy multi- 
plicados sobre la columna. 

Al oscurecer acampó esta en el sitio 
llamado los llanas de Pérez, distante unas 
seis leguas del punto de partida, y en- 
tonces se pudo ver que las hostilidades 
sufridas habiaD producido algunas bajas 
en la tropa y cuatro en los oficiales, de 
los cuales unofallecióen la misma noche. 

A la mañana siguiente no se movió la 
colomna como se esperaba, ; su jefe, en 
vez de romper la marcha, convocó una 
junta de je/es para consultar si convenia 
seguir adelante ó retroceder. 

Se resolvió esto último. 

A las doce del dia emprendió su reti- 
rada la expedición, sin ser hostíliíada 
por el enemigo, sino por algunos dispa- 
ros en menor cantidad que el dia ante- 
rior, j í las doce de la noche volvía á 
entrar en Puerto- Plata. 

iQaé tiabia sucedido para que asi de- 
sistieraa de su proyecto, los que se ba- 
Ijan encargado ae socorrer á sus herma- 



nos de Santiago? Sucedió que la tropt,_ 

3U6 fué provista de raciones para tres 
ias, para aliviarse del peso, que el calor 
hacia insoportable, arrojó en su mayor 
parte Joa víveres, y al rendir la primera 
jornada hubo muchos soldados que no 

Esta grave falta de disciplina, unida i 
la escasez ó carencia de acémilas, que di- 
Rcultaba la conducción de los heridos, 
con los que se distraía una gran parte de 
la fuerza, motivó la retirada y quedó fa- 
llida la esperanza que habia infundida 
aquella expedición, que sin aquellas dt 
gracias hubiera quizás cambiado el ~ 
pecto de las cosas. 

Es verdad que el dia 14 tomó á 
con el mismo fln; pero á los tres diae _ . 
ausencia en los que solo ae alejó unai 
seis leguas en otra dirección, regresó t 
Puerto-Plata con nuevaí bajas que de- 
plorar. 

De cuanto llevamos dicho hnst% 
podrá advertirse que las tropas espaL 
empleadas pai a sujetar la iusurreci. 
fueron manejadas con harta desdicliB. 
como el enemigo comprendiera ó not 
falta de inteligencia, de actividad J 
energía, tomó alientos, hizo esfíjer 
verdaderamente superiores, j confia 
que la misma inacción y las treguas " 
se le concedían, habían de influir de 
manera favorable i su causa. 



fa- 
llida ■ 

M 

ina< ■ 



XXI. 



LA BUl'lIt&DA 1)E BANTlAaO DB LOS CABALLEROS. 



' Lacapltulacior.— Salida de la coluroaa.— Emboscadas.— Impericia de loe t 
■ur recto «.—Marcha penosa.— Combates. 



El dia trece de Setiembre se pactó co- 
mo ya tiernos dicho, una capitulación en- 
! tra las tropas españolas y el pueblo su- 
blí-vado, de la que días antes era capital 
del Cibao. 

¿ID0U9 H? í» declamado contra aiju»! 



paso, oue se ha reputado como prlneld 
causa de la guerra que España aostnn 
;Quá sucedía eo nuestro campo, pli 
que so conviniera y llevase i. cabo 1 
acto de tanta gravedad? Ciertamente ú 
cm el temor al eawmlgo, ^ue en cor-''" 



rabies j hasta triplicadas fuerzas, siem- 
pre habla sido vencido por aaestros va- 
lientes. Lo que lo originó, fué el temor k 
' de víveres. 



o bemoa visto que pi 
hicieran pi-uvisionea en el fuerte de San 
Luis, como se debió j pudo, pues consta, 
que antea del iDccn(Éo muchos comer- 
clantea, previendo los sucesos, pusieron 
á disposición del comandante general sus 
surtidos almacenes, cuyas grandes exis- 
tencias se pudieron trasladar al campo 
atrincherado quo rodeaba á aquel. No 
hemos visto tampoco que se estableciese 
allí un sistema de bien entendida eoono- 
mlft, sino muy al contrario, que centena- 
res de personas agenas á la milicia se re- 
fo^roo en el fuerte, no sirviendo las 
mas sino para comer, estorbar y sor es- 
pías de los contrarios. 

No hemos visto siquiera en defensa de 
la capitalácon, que los defensores de 
Santja^ pasasen por las amargas prue- 
bas del hambre, de que tantos ejemplos 
nos presenta la historia militar. 

Nada, en fin, hemos visto que justifi- 
que aquel paso tan precipitado. 

Los que han tratado de defender el 
ftbandono de Santiago, y con él, el de los 
pobres heridos y enfermos, que se deja- 
ban k merced de un enemigo, que en 
Gnayubin habia demostrado su ferocidad, 
asesinando á los que encontró en los hos- 

Eitales. dacian, que la capitulación se ha- 
Í3 hecho para mejorar la situación de 
loe imposibilitados de retirarse. Casi la 
misma escusa presentaron los que en el 
año 1S35 abandonaron k Durango, dejan- 
do ciento catorce enfermos; pero enton- 
ces los que debieron defender aquel pue- 
blo del valiente yestratégico Zumalaoár- 
regui, fueron juzgados por un consejo de 
({uerraqueles condenó k muerte. 

SI nuestras fuerzas eran sufteiente- 
mente poderosas, para salir á buscar al 
enemigo cuando era necesario y siempre 
b batían, cumpliendo el objeto que le 
habían propuesto; ¿por qué entonces pac- 
lOB, cuja sola indioacjon indigna? 

Si las tropas españolas podían luchar 
jifincer á los insurrectos; si podían mar- 
clrarbuta donde querían, como !o bicie- 
nm, i pesar de sus conlr.iric. , ¿por 
qnfi mendigar una licencia para esca- 
parsí! 

8e DOS ha querido convencer de que 
liubo necesidad de abwdoour á Sautiti- 



po, pero no hemos encontrado quien eott 
lógica suficiente lo lograra. 

Aquel paso desagraciado fué, i no du- 
darlo, el que dio vida é importancia á la 
insurrección, que cual la de Febrero hu- 
biera sido sofocada. 

Refiriendo el Sr. Pirala en su historia 
de la guerra civil de España un caso 
análogo al presente, dice lleno de noble 
entusiasmo: «Los defensores de Loi Ar- 
»coi debieron de haber seguido el ejem- 
splo de otros valientes y sepultarse en- 
*tre las ruinas da las paredes encomen- 
«dadas á su defensa.* 

El general Mina impuso castigos á los 
jefes y oficiales que abandonaron Las 
Arcos. 

Nosotros, ni pedimos castigos, ni si- 
quiera nos permitimos marcar las perso- 
nas en quienes recae la responsabilidad 
de tan funesto acto. Solo le consiffnamoa 
para que algún dia pueda servir de ejem- 
plo, pues también los desacíeitos son 
leccio-iea saludables. 

Sabemos que el abandono de Santiago 
de los Caballeros, de la manera y con laa 
circunstancias que se hizo, no fué reso- 
lución caprichosa del jefe que allí man- 
daba. Binóla acordada de una junta de 
jefes. Pero eso no es razón convincente. 

Cuando un jefe superior convoca i 
junta de autoridades en casos de guerra, 
que no sean de los apuradísimos de qua 
trata la ordenanza, puede asegurarse que 
lo que se va k proponer no es ni fiieil ni 
bueno. 

Los jefes superlorea saben bien hasta 
dónde alcanzan sus atribuciones, y cuan- 
do las cuestiones son gratas, fáciles ú 
honoriflcaB, las resuelven sin consulta y 
solo declinan ó comparten la responsabi- 
lidad por medio de una junta en asuntos 
como el que se relata. 

En la milicia existe el gobierno despó- 
tico absoluto, y ningún militar sin un fin 
interesado abdica de sus atribuciones en 
asuntoB que debe y puede resolverpor sí. 

Los puntos de la capitulación consis- 
tían, en que los españoles podrían em- 
prender su retirada hasta llegar k Puerto- 
Plata, sin que fueran molestados por los 
insurrectos, que se comprometían á cui- 
dar k los enfermos y heridos qua no pu- 
diesen continuar la marcha. 

Si el brigadier Buceta y demás jefbs de ' 
la eapedicion tuvieron fe en la palabra de 
sus enemigos, pronto, muy pronto reci- 
bieron ua duro desengaño, 



4 



I 



** i. las Ciiatro de la tarde emprendió la 
retirada la colunma. A au retaguardia iLa 
un crecido niimero de familias que ae de- 
cían afectas h la causa eepafiola, la ma- 
yor parte mujeres y nifloa queápióydea- 
caküB se preponían seguir la tropa. 

En la coDuanza que inspira un pacto 
de guerra, marciiaba la columna un tan- 
to desuuidada, cuando á la media hora de 
camino fué traidoramente atacada por el 
enemigo que rompió el fuego sobra ella, 
y eapeeialmente sobre la retaguardia en 
que se encontraban aquellas infelices fa- 
milias, sin protección alguna, hasta que 
con este fin se destinó un batallón de la 
Corona. Con este apoyo ae contuvo algo 
la gran coutuaion y deaúrden que se ha- 
bla introducido ea la columna; pero, no 
obstante, desde entonces la retirada fué 
desordenada. 

Loa que marchaban en cabeza, no pro - 
tegian ni esperaban k los que á la cola 
iban cansados ó heridos y el infeliz k 
quien faltaban las fuerzas para seguir a 
paso largo, quedaba abandonado á mer- 
ced del enemigo que continuaba hostili- 
zando. 

La tropa uo estaba aun familiarizada 
eon la guerra de bosque, que luego apren- 
dió perfectamente; era para elia algo ter- 
rorífico el luchar con enemigos invisibles 
que disparaban á su antojo sin úrdenes y 
ocultos tr&s un bosque, que parecía im- 
penetrable. 

Heprimido un tanto el ataque, se ad - 
virtió la disminución de los sublevados 
que ae teniand la vistay el general Sue- 
ro, conocedordel país, dijo, que sin duda 
fklguna se hablan adelantada para tomar 
los fiancoa de un barranco por donde se 
debía pasar, y que costana mucha san- 
gre el disputar el paso al enemijío. por 
cuya razón creitt coaveniente que un ba- 
titílon. se corriese á Tan¡í^a^^!ia para ocu- 

Earlo, desalojando al enemigo si lo ha- 
la tomado ya. 

Eatc consejo fué seguido al pié de la 
lebra,y ahorró muchas bajas. 

Empezaba ¿ oscurecer , y solo se ha- 
blan andado cuatro teguas. El camino 
que la columna seguía dejaba á su iz- 
qnierda un monte bastante alto, por cuya 
nlda había una vereda ancha, pero so 
conocí" que hada tiempo no era frecuen- 
tada, pu«i Cataba cubierta de ramaje y 
bosque bajo ru muchas partes; por ell.i 
pcoítrú lacblamna, diyando el camino 
que Vites «eguia por la derecha. Serian | 



las ocho de la noche cuando el íuen 
cañón cesfl. dísmlQuyendo el de furile 
que 80 dejaba oir con algunos intervalos. 
En el crucero de los citados caminos 
quedó parte del batallón de Isabel II. 
sosteaiendü el fuego da flanco y con el 
objeto de deaorientar al enemigo á favor 
de la oscuridad de la noche. 

Internada la columna en el bosque, 
continuó au marcha con orden; cesó coro- 

Sletamente el fuego , oyéndose taa solo 
js ayea de los heridos que quedaban i 
retaguardia. La situación era ponoss y 
lamentable, pues so se podia prestar au* 
xilio á los ialelices que lo rectamaban. 
Pronto dejó da percibirse el menor ruido, 
pues hasta la respiración parecía que W 
comprimía, y aquellos soldados, rendidos 
de cansancio hambre y sueño y abrasa- 
dos por uua sed devoradora, ae detuvie- 
ron de pronto, bc sentaron, ge acostaron 
j por ultimo se durmieron , pero con un 
sueño bien intranquilo. 

Al romper el dia . las cornetas dieron 
varios toques paralarauaion por cm-rpas, 
y después de incorporados loa que " 
te la noche Stt habían extraviado, i 
pióla marcha, 

A los pocos pasos el enemigo se lE 
ció por vanguardia con una torribl» d 
carga, pero pronto fué desalojado y dld-' 
perso por brillaates y desesperadas car- 
gas í la bayoneta. Habiéndose salido 4 
terreno m&s despejado, se continuó mar- 
chando hasta llegar á Limón. Este punto 
es una extensa llanura, en la que hay 
varias casas, y está rodeado de monte* 
que por la parte Sur especialmente, «on 
eievadislmos y de difícil acceso. 

Alli se hallaba el enemigo en Tuerzan 
respetables, y saludó la llegada d« IbC(»- 
lumna rompiendo el fuego sobre ^Ih; 
mis atacado de Frente y de fírr- ■■- • ■ ' 
dos batallones de la Coronn . 
por los demás cuerpos conrc 
situados, se trabó un em ■ 
combate, en el que fl flin, ■ , 
mas blancas reemphi 
silería. Poco ts^nr 
siaatnauclamacíi'!. 
en iudicarhifiigay 

K! regimiento ili- 
ró. trayendo siete ' 
jiiBzadoa y variiia :■ 
usaba el enemigo) !l 

'U'a, maíorcaaderoBií y ctriiL-. v m-cii- 
fcdt&ndo que habiau becbo AucÚos muer- 
tos y herídus. ' ' 



íuffpas, 



- 85 - 



La columna siguió su camino á paso 
largo, para no dar lugar al enemigo á re- 
ponerse, no sin seguir sufriendo el fuego 
por derecha é izquierda, lo que demos- 
traba que tenian bien cubierta la car- 
rera. 

Se llegó por ñn á la gran cuesta de 
Altamira, temible por su elevada cum- 
bre, que la domina completamente; allí 
estaban los insurrectos en buen número, 
que además tenian ocultos en el bosque 
unos 500 hombres, j como 1.000 dentro 
del pueblo de Altamira. 

En este dia el primer batallón de la Co- 
rona cubría la vanguardia y los cazado- 
res de Isabel II la retaguardia; el enemi- 
go rompió el fuego, sucediéndose sin ce- 
sar nutridas descargas; cuantío se prepa- 
raban las piezas para lanzar algunas gra- 
nadas á la cumbre, salieron de repente 
los 500 hombres emboscados y cortaron á 
la colunma^ En aquel momento la van- 
guardia se hallaba ya empeñada en fue- 
go con los que defendían el pueblo, y le 
era imposible hacer caso de las cornetas 
que tocaban retirada; mas el resto de la 
columna dio media vuelta para hacer 
frente 4 los que la cortaron, que de re- 
pente 86 vieron entre bayonetas por todas 
partes, «In otra huida que por la parte 
Sur, ocupada por el segundo batallón de 
la Corona, que persiguió al enemigo has- 
ta el despeñadero que habia al Norte del 
bosque. En esta encarnizada lucha pere- 
cieron todos los 500 insurrectos, bien al 
filo de las bayonetas, ó derrumbados por 
el despeñadero. Cuando |e llegó á Alta- 
mira se encontró á la vanguardia pose- 
sionada del pueblo que sus habitantes 
hablan abandonado. 

Allí fle pasó el resto del dia y torla la 
noche, sutriendo el fuego, aunque lejano, 
que desde el bosque hacia el eoemigo. 

Al amanecer del siguiente dia 15 se 
rompió el movimiento después de colo- 
car a los heridos en los caballos de la ca- 
ballería y en todas las acémilas que se 
pudieron encontrar. 

Pronto atacó el enemigo la vanguardia 
compuesta de dos compañías tíel prime- 
ro de la Corona con el batallón de Isa- | 



bel II. La retaguardia, que formaba el 
segundo batallón del primero d^ los 
cuerpos mencionados, sostuvo un ter- 
rible fuego hasta llegar á la estancia del 
general Suero, donde se hizo alto, des- 
cansando un poco para comer caña dul- 
ce. Notando el enemigo su impotencia y 
ardiendo en deseos de sangre y extermi- 
nio, prendió fuego á los cañaverales por 
los cuatro ángulos de la finca, obligando 
á las tropas á escapar con velocidad, 
pues la fuerte brisa que hacia, dio al in- 
cendio imponentes proporciones. El ene- 
migo, tenaz en su persecución, continuó 
siguiendo á la columna, parapetándose 
en el paso del rio Bajabonico que habia 
cerrado con grandes talas de árboles r 
movimiento de tierras. Allí tuvo la tropa 
española un fuego vivísimo por ambos 
flancos, y más adelante se repitió al lle- 
gar á los llanos de Pérez. 

Poco antes de llegar á la cuesta de San 
Marcos habia un terrible barranco rodea- 
do de elevadas alturas. Por él era indis- 
pensable pasar, y para impedirlo, el ene- 
migo habia construido una formidable 
trinchera que todos loe esfuerzos huma- 
nos no bastaron á destruir. Esto obligó á 
que bajo el fuego y por entre el bosque, 
se tuviera que abrir un camino que sal- 
vara el obstáculo, lo que se consiguió 
después de tres horas de trabajo durante 
el cual se sostuvo el combate á pié fir- 
me. Al llegar á la cuesta de San Marcos 
solo quedaban tres acémilas cargadas de 
municiones de reserva que allí se agota- 
ron. Dificilísima hubiese sido la situa- 
ción de la tropa si el enemigo hubiese 
seguido hostilizándola, pero afortunada- 
mente cesó el fuego á la vista de Puerto- 
Plata, en la que al cerrar la noche entró 
la columna. 

Allí encontraron los enfermos y heri- 
dos todo género de auxilios, habilitándo- 
se hospitales provisionales hasta la ma- 
ñana del 16, en que «e les embarcó para 
Santo Domingo. . 

Cuando se pa«ó lista, se vio que aque- 
lla desastrosa retirada, habia costado 
mil hombres entre muertos, heridos y 
extraviados. 



xxn. 



HECONCENTKACION DE LAS TROPAS EN SANTO DOMINCH 



Inmediatas consecuencias de la retirada de Santiago. — El general 
Ordenes del general Rivero.— Abandono de la provincia de Azua.— Exposi- 
ción gue los sublevados dirigen á S. M. la reina. — El memorándum 



I 



Kl espitan general de Santo Bomíago, 
T>, Felipe Rivero, fué probablemente de 
los pocos españoles S quienes no sorpren- 
dieron los aconte cimieutox del Cibao. Los 
tenia previstos j los habia denunciado 
previamente al gobierno de Madrid; pero 
careciendo de fuerza material para des- 
truirlos en su germen, porque no recibió 
las tropas que reiteradas veces pidió, se 
cruzó de braios j dejó venir loa su- 
cesos. 

Acaso hubiera bíiIo mejor reconccBtrar 
las fuerzas j pequeños destacameotos. 
en uno ó dos puntos, para que bien pro- 
vistas de todo lone '- -- "-' 

sentar á la revok 
resistencia; pero es 
do general, tuvo si 
procediendo asi, pi 

modo más acertado, contraía la respon- 
sabilidad de alterar el orden establecido 
por su antecesor, con lo cual podria cul- 
pársele de haber alentatlo á los conspi- 
radores. dej&nJoles las poblaciones sin 
guarnición, que contrariara sus prime- 
ros actos de rebelión. 

¡Lastima íue que no se planteara este 
pensamiento! 

A las primeras noticias que se recibie- 
ron en üanto Domingo de la insurrección 
del Cibao, se concibió el plan de Que sa- 
liera i Botbcarla una expedición al man- 
do del marqués de las Carreras. Esa era 
la táctica seguida constantemente en los 
disturbios de In república v la qiie dió 
siemjire el resultado afietecido. 



ion una imponente 
respetable y avisa- 
duda presente que 
fuera el 



4 



Este proyecto de expedición, le . 
ciaron los periódicos de la capital el 
Setiembre, en estos términos: «Tropas 
»de Monte-Plata v Bajaguasa, con el 
ogeneral D. Juan Contreras á su frente, 
»8e dirigieron ¿ San Pedro, punto que ps- 
nreca ser el designado para la reunión 
■ del ejército expedicionario, que segUB 
vnupstroa informes lja de marcbar sobre 
>la Yega. á las órdenes del excelentisirail 
» se ñor general D. Pedro Ssntatia. quien 
«reasumirÍL el mando en jefe de todo el 
í Cibao.» 

Mansueta siempre amigo personal Ú9 
Saotana, y que 'como muchos otroa pw- 
souajes in'Qayentes en el país, babia Mr 
tradu gustoso en la ancxioiL, ora fiel to- 
davía j aun mas, prestaba un servicio IIH 
teresante, según decía un .diario do U 
capital. 

íEI general de resprvas Ti. Flaseblo 
üMansueta, teniente gobernador He Lla- 
«masH, ocupa con tropas del pais el pun- 
to denomiuuilo la Zambrana, uno de loi 
'mejor, spasosde las montañas del Üibao. 
aLoa rebeldes no se habían atrevido i 
atacarle.» 

Este general en quien Santana tenit 
.grau conlianza, srgun de público se de- 
cía, no tardó mucho en volvernos la es- 
palda, j con una legión de indiot indfje- 
nat que mandaba con gran prestigio, es- 
tuvo al frente del campamento espaüol 
en Guanami. 

Ei motilo de la defección deeste hom- 
bre honrado y valiente fué un misterio. 



- 97 - 

Oniooiendo Isa «ntoridadns lo que podia 
Tftler al frente de sus indioii, le dlrieie- 
ron cartas halagüeñas, ofreciéndole indnl- 
to y ventajas, pero laa rechazó con tem- 
planza y atención. 

El capitán general ordenó la reconcen- 
tración de las tropas en Santo Domingo, 
dejando solo la auQuieate para g'uarneuer 
á i'uerCo-Plata j Samaná. Por entonces 
se decía que en ta capital se conspiraba 
Mra insurreccionarla y repetir en ella 
los desastres del Cibao, j la Gaceiadijo. 
que la reconcentración de tropas obede- 
cía, al pensamiento de emprender las 
operaciones militares de un modo vigo- 
roso y con la majror unidad de acción 
posible. 

Comunicadas las órdenes, el ^neral 
de las reservas, Sr. Pnejo, que mandaba 
^el distrito del Sur de Ja isla, reunió en 
Aiua la tropa á su mando j con ella se 
•mbarcó en tres vapores de guerra, tra- 
Téndoae á varias famih'as que.' temerosas 
3e crueles venganzas de los insurrectos, 
' desearon seguirlasuertede tos españoles. 
A todas estas famiL'as que asi emigm- 
bftu tanto de Azua, nomo de Santisgo, 
Puerto-Plata y otros puntos, se les asig- 
BÓporcI espitan general, ración de cam- 
paña, que poco después con economía del 
erario y á p«ticion (le los interesados, se 
eriDUti'i por la cautidad de cinco reales 
^len diarios por persona. 
'*S>r consecuencia de la misma orden de 
IDcraitracioD, el general Gándara que 
fea en Puerto-Plata, embarcó su gen- 
p dia 3 de Octubre, dejando en aquel 
a gobernador al brigadier Primo 
'ííHivera, conloa dos batallones de la 
Borona, uno de! Rey, algunas compaüiaa 
de Cuba y fuersae de artillería é inge- 
nieros. 

La medida del abandono do la parte 
Sur, de la isla, donde nada había ocurri- 
do ni crciíácil que ocurriera, porque aque- 
11 ^'B* p rovincia era enemiga del Cibao, fué 
y de lamentables conaecueocias. 
. I insurrectos entretanto, siguiendo 
inaejo que les diera su prisionero el 
.bate coronel Velasen, y conociendo á 
\tli stn duda, la gravedad de la situa- 
Ldirlgieronla piguienteexposieíon: 
kB. M. 4a Reina dofia Isabel II. 
ííosotroa los i n frase ritos, miembros 
BBObierno provisional de esta repúbli- 
k dominicana, tenemos la honra de so- 
Bietiir k la imparcia) apreoiacioo de vues- 
tra mojeatad, los justos y poderosos mo- 




tivos que han decidido á este pueblo, á 1b- 

Tantarse contra. el imterior orden de co- 
sas que el traidor general Pedro Santana 
y los SUJOS le impusieron inconsulta- 
mente, siendo de ningún valory hasta ri- 
diculo el asentimiento de unos poooa en 
negocio de tanta importancia y trascen- 
denciuque interesaba á la mayoría de la 
nación, cual fué el acto extraño de re- 
nunciar su autonomía.» 



durante diez y ocho años sostuviera con- 
tra sus vecinos los haitianos, no podia 
comprender que peligrase ei ' 
nimo su independencia; razón especiosa 
que diera el mismo hombre que tElnto 
empeño tomara en las glorias de este 
pueblo, y que tantos esfuerzos hiciera 
por crear el más puro amor á su li- 
bertad.» 

lY aun cuando esto no hubiera sido 
verdad, no era por cierto consultando el 
querer de unos pocos, como debia resol- 
ver tan grave y delicada cuestión un 
hombre público, que como el general 
Sautana, h.ibia llegado á poseer en tan 
alto grado la confianza de su pueblo. — 
¿Por qué, pues, ai la patria estaoa en pe- 
ligro no ia salvó? Y si no podia salvarla, 
¿por qué no resignó el poder en manos de 
la nacioní Esta, ¿ uo dudarlo, lo habría 
hecho.» 

•Cuarenta años de libertad política j 
civil de que gozó este pueblo, bajo el ré- 
ginaea republicano, la tolerancia en ma- 
terias religiosas, acompañadas de un sin 
número de otras ventajas entre las cua- 
les no deb^n contarse por poco una re- 
presentación nacional y la participación 
en los negocios públicos aue indispensa- 
blemente trae consigo la democracia, de- 
bían avenirse mal con el régimen montir- 
quiüo y peor aun con el colonial.* 

«No es la culpa. Señora, de loshijesde 
este desgraciado suelo, cuyo anhelo siem- 
pre ha sido permanecer amigos de los es- 
pañoles sus antepasados, que un Inñel 
mandatario, poniendo á un lado todo li- 
naje de consi Jeracíoneít hubiera sacrifi- 
cado á sus intereses personules la exis- 
tencia de un pueblo, al que otra política 
mis elevada, más grandiosa y masen 
armonía con las luces del siglo, acostum- 
brará á ser tratado como amigo y como 
igual, trocando los dulces lazos de la fra- 
ternidad por los pesados vínculos de la 
donunacion.» 



I 



4 



- 98 — 



■^, -^Jcm, le Dsiiomini" 
. 1 -si;- .-e&«iia ::onc:- 

^■■. r - -> -uo^Litu* le 

i ^"üi-iTiiicia en 

■■? «-'* ,*■ -.trüaiice*, 

- r^ ..•.<.- .>^*^vis¿- 

- - ■* - -»^^r:i;--i .r'ieüial, 

> .-> . >^-.>i'j!oaeái del 

- '.>. ■ '-^.co iii me- 

^^j- ?<v- i»^ >.;«;, iiendo la 

. r- ■ -•:.-::. .'aa:o JV^plm- 
«>. . - ~ ■. :ü :-».\id* las co- 
_ ^ i ■.T^'i ^ le el poder de 
.. •- * :: 5.£y 'luevo mundo.» 
^ . .--. s. i.vLík* V pcKlerosas ra- 

_ . ... i iuc^x.ozi de este país á 

.-^ li.:* futíise mal aceptada, 
^,. ....\i*í;o. ^^a fuese que el 

..3^v .c 'iiCjorusY de pro^fro- 

„ ...,. ..t oái ras^^sí oaractería- 

v >5.v .v.avi -ioiuiuioaua, le hieie- 

. .v_ > - >.¿oiCo. V.VU la esperanza 

:*- -1 í^-^ ' siou ei>u una soeie- 

" " . ,^ . > . .i-:ueutos ile la pmapc- 

' , .X .»v;c.au:oí», \H>r los cuales 

. ".. v.^.A.x* .^A iiíioia die¿ Y ocho 

* - >•" r"^*" ■•' ''Viiduola tempUda 

. »> "• ^'í**'* > ^*'' K-araoier irau- 

.^ . c» .*.'- H.o* sv.ivriort»s hieie- 

" \ ,,-. .v-./.o iVvV.Mc* AMjue en los 

>.<» ..X ...N i-OwN ,■»•* ASv*',u^vv V de la 

" J ^ ^ „,. V V .^\ v4 ,: O : .v.s* :* ;i « t o' i rreali - 

"' .' *' .., ;^ o. «-x i-"os. »*»r.o V esperó; 

* " . ^.^vVN .»v-:vii s'»:.»s instantes 

. .X.V-.» kV:'.u» si so liubiese te- 

' ^ ' , ^ ..V >•.,... v'a lu^NiaMe de dos 

.V. « » >* s..**.i »i sUuicijiiado, con- 

*. -^v v.N.,.i'.íi vio sua^idad v 

xs ......v.-'-v» dos\le Ulei^> a 

,>»...> v-xx ,..' x';i¿;oiulrar el des- 
l .. . ...x* \;í:o. x^xU» muv Uu^ 

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, » ... \ »*%* X-"» X^,*x- í A >**^ 



afectan la circnlacion monetaria de un 
país.» 
«Empero, á pesar de tan desastrosa dis- 

Sosicion que en cualquiera parte del mun- 
hubiera causado una revolución, aqui 
so sufrió con la mayor resic^nacion, no 
ojéndose más que súplicas , lamentos y 
suspiros, como si el pueblo dominicano 
dudase aun que tamaños desaciertos pu- 
diesen ser creación de los sabios de Eu- 
ropa, á quienes (gracias á nuestra modes- 
tia) hemos considerado superiores en in- 
teligencía.> 

cKstaba escrito, según parece, que la 
obra de los desatinos económicos debia 
consumarse y la sustitución del papel- 
moneda de la república, inclusos sus bi- 
lletes de Banco, por los de la emisión es- 
pañola y la moneda de cobre, Tino á ser 
el termómetro que midiera la buena fé 
y conocimientos de los agentes de V. M., 
y el sufrimiento y tolerancia de sus nue- 
vos subditos.» 

«No distraeremos demasiado, Señora, 
la elevada atención de la augusta perso- 
na A quien este escrito se dirige. Baste 
decir, que semejante error económico no 
lo ha cometido ni aun la oscura república 
de Haití en los momentos de su naci- 
iniento; no lo ha padecido, Señora, la hu- 
milde y modesta república dominicana.» 

cNada diremos, Señora, del fausto con 
que se innuguraní la capitanía gene- 
ral de Santo Domingo, ni de un sinnú- 
mero de otras medidas que, aumentando 
exorbitantemente las erogaciones de la 
nueva colonia ¡cuyos anteriores gastos 
eran en extremo moderados), habían de 
sufrir forzosamente un dclicit que no po- 
dría cubrirse sin el aumento escandaloso 
ile las contribuciones ó impuestos. Todos 
estos particulares han sido juzgados y 
apreciados en su verdadero valor por per- 
sonas de juicio de la misma Península y 
la opinión pública está acorde sobre este 
punto que, en la nueva colonia de la mo- 
narquía española, todo ha sido extravio 
y ilesaciertos * 

v.Supt»rfluo seria, Señora, ocuparlaaten- 
cion de V. M. con el relato de las pueri- 
lidades, ínsutcescs, arbitrariediides, gro- 
stTias y despotismo del ultimo goberna- 
dor comandante general de la provincia 
del Cibao D. Manuel Buceta; baste de- 
cir que por muy idóneo que fuese para 
^^iH'ruador del presidio de Samaná, era, 
empero, inadecuado para regir los desti- 
nos de una de las provincias más ade- 



' lastwíss ele tu que había lido república 
dominicaiia. Semejantes trivialidades ni 
aon para dichas en un escrito de la natu- 
raleza de este, ni dignas tampoco de ser 
escuchadas por laaugustspersooaá quien 
«e dirige; solo díremoaque el desaliento se 
tomó en un profundo abatimiento y que 
los buenos habitantes de este 3uelo per- 
dieron toda esperanza, no ja de ser me- 
jor goberoados de lo que Jo fueron en 
otra época, más ni aun tan bien. Aunque 
quisiéseinos no podríamos callar. Señora, 
porque pesa demasiado sobre nuestros 
corazones la última catástrofe debida 
úoioamente i !a ligereza é impericia de 
este señor brigadier, quien no contando 
lu con recursos para sostener un sitio, ni 
menos con el auíilio de los naturales del 
pais, se encerró prudentemeute en el de- 
nominado castillo de San Luis, para en- 
tregar lue^ á las llamas á una de nuea- 
traa primeras ciudades que ha quedado 
reducida á cenizas, evacuándola ocho di as 
después. > 

flLo propio habría que decir, Sañora, de 
lasirijustitíias, desmane!) v asesinatos del 
comandante Campillo. El generoso cora- 
um de y. M. se lastimaría al oír el rela- 
ta de los actos de este ofieial, cual se las- 
timaba el de vuestra augusta predeceso- 
ra la Grande Isubel, con los eufrimientos 
da los indios aborig'enes de este propio 
pais; de idéntico modo se nos ha tra- 
tado. > 

tCallBremos, Señora, aunque no fuese 
más que por (fardar decoro á las lejes 
de la humanidad, las persecuciones ín- 
fíindadae, loa encarcelamientos inj ustos é 
inmerecidos de nuestros principales pa- 
Mcios, tos patíbulos escandalosos é in- 
justiflcables, loa asesioatosá sang^re fría 
úe hombres rendidos é indefensos que se 
aeogian á un indulto que se ofrecía en 
winbre de V. M. Callamos, Señora, por- 
que la pluma es ineficiente para descrl- 
Uilos; el lenguaje es débil para pintar- 
li», j porque ahorrar queremos á vues- 
tra majestad, Señora, el dolor y la an- 
gustia que le proporcionarían el conven- 
tioiieoto cié que mandatarios infieles, 
. ~ le vuestro nombrs y de la cre- 
i'stoB habitantes en el honor 
' lie la nación espnfiola, se sir- 
■ .llap, y lesconviertiesen enuna 
ros« )mlaücade trastornos y revolu- 
>s; laque atravesamos es eminente- 
« popular y expontnnea. ¡ Dios baga 
lenu haya quien a Y. M. dí¿a lo con- 



trario por dar pábilo & la eontinnacion 
de la guerra, porque de ella ae promete el 
mejoramiento de su posición social! 

>La lucha, Seüora, entre el pueblo do- 
minicano y el ejército de V. M. seria por 
todo extremo ineficaz para Bspaña; por- 

3ue, créalo V. M., podríamos perecer to- 
es y quedar destruido el país por la 
giierray el incendio de sus pueblos y ciu- 
dades; pero gobernarnos otra vez autori- 
dades espaoalas, eso nunca, jamás. So- 
bre cenizas v escombros de la que no ha- 
ce muchos aiaa era la rica y feííK ciudad 
de Santiago se ha constituido este go- 
bierno provisional, precisamente para ar- 
monizar y regiilariiar la revolución; j 
estos escombros, estas cenizas y estas 
ruinas, en fin, que nos llenan el alma de 
honda melancolía, asi como las de Gua- 
jubín y Moca, dicen bien & las claras que 
el dominicano preSere la Indigencia con 
todos sus horrores para él, sus esposas y 
sus hijos, y aun la muerte misma antes, 
Señora, que segiiir dependiendo de quie- 
nes le atropellan, le ¡nsultan y la asesi- 
nan sin fórmula de juicio. 

«Nuestro pueblo dice i una voz que á 
España no tiene reconvenciones que en- 
caminar, sino contra los que lo engaña- 
ron. Por consecuencia, no deseamos la 
guerra con ella, y lejos de eso, la varia- 
mos como una gran calamidad. Lo único 
3IIG apetecemos es nuestra libertad é in- 
ependencia; y mucho nos llanaria da 
placer el acabar de completarlas, con la 
posesión de Santo Domingo, Samaná y 
Puerto-Plata, sin más sangre, lágriniaa 
ni ruinas. 

»Toca, Señora, a! gobierno de V. M, el 
apreciar en su debida valor la breva ex- 
posición do los poderosos motivos que 
han forzado al pueblo dominicano 4 se- 
parar sus destinos del gobierno de T. M. 
y hacer que esta forzada separación ter- 
mine de la manera justa, imparcial, tem- 
plada y amistosa que cumple á naciones 
cultas y ligadas, í penar de todo, por los 
fuertes vínculos del orígen, la. religión,' 
el carácter y el idioma: y al logro de un 
objeto tan eminentemente honroso, qua 
¿ no dudarlo- seria ua espléndido triunfo 
dK la moral y del progreso humano, das- 
de luego nos anticipamos a someter á la 
alta apreciación de V. M. la conveniencia 
de nombrar por cada parte -'os pleüipo- 
teoclarios, quienes, reuniéndose en ua 
territorio neutral establecieran las bases 
de un arreglo del cual surja en hora fe- 



ílb'JÜ6& 



liz un tratado, qoe nos proporcione loa 
iaapreciables bienes ds la pai, la amis- 
tad y el comercio. 

iHiPvase V. U. aeeptareonBtt genial 
Bgmdo esta franca exposición de nues- 
tras quejaa, -derechos y firme resolución 
de rescatarlos, y TesoWer en su conse- 
cuencia, según en ella tenemos el honor 
de proponer á V. M.— Santiago, Setiem- 
bre 24 de 18fi3,— A. L. R, P. de V. M.— 
El vieepresideute del gobieroo provisio- 
nal, encargado del poder ejecutivo, Be- 
niguo F. Q8 Rojas. — Refrendada. — La 
comisión de relaciones osteriores, Uhses 
P, Bapaillat.— La comisión de la guerra, 
Pedro F. Bono.— La ccmision de Hacien- 
da, Pablo Pujol,— La comisión del Inte- 
rior y policía, Genaro Perptgnan.i 

Para que nuestros lectores juzguen, 
insertiimos & continuación el memorán- 
dum que el gobierno revolucionario di- 
rigía a los de Inglaterra. Francia, Bata- 
dos-Unidos del Norte do América y re- 
piíbiicaa hispano-amerieanaa. Paree» im- 
posible que puedan reunirse en una ccea 
que se llama documento público, mayor 
número de falsedades y groseras impos- 
turas. 

Memorándum dirigido á los gobieruos 
de Inglateíra, Francia, Estados- 
Unidoa del Norte América y repú- 
blicas hlspano-amerlcanaa. 

«Cuando un pueblo se subleva contra 
un gobierno al cual hn estado sometido 
de buen ó de mal grado, debe cuenta de 
su conducta i los demás pueblos axis 
liermanos. El de Santo-Domingo cumplió 
con este sagrado deber, al reasumir sus 
derechos, que jamás delegara en el go- 
bierno del general Santana, para que lo 
iocorporarae en los dominios de la mo- 
narquía espaüola, dirigiendo por medio 
del acta de independencia, ñus fundadas 
quejas, n! gobierno de S. M, C-, de quien 
lo hiciera vasallo la mita negra traición. — 
También se dirl»*ieron por mí gobierno 
copias A los gabinetes de Francia, Ingla- 
terra y los Estad 03 -Unid 08 de la Amé- 
rica del Norte. 

»A más de este paso, mi gobierno di- 
rigió una exposición á S. M. la reina, en 
que la hacia ¡wz de nuestros propios 
agravios, creyendo este acto digno de la 
cortesía debida k una soberana, í quien 
quiKO suponer inocente en el vergoñoso 
tr&aco que se babia liecho de un pueblo, 
ya libre desde moche tiempo; que das- 



pues de un comportamiento digno y td»- 
cuado, y i trueque de incalculables aa- 
criñeios había conquistado su asiento, 
bien que peqneBo, en la grande Asam- 
blea de las naciones libres, independlsit' 
tes y soberanas. 

»Como queda sentado, el pueblo domf- 
Dicano supuso que al aceptar el gobierno 
de S. M, C, la anexión de la república 
dominicana & sus dominios habla sido 
engaitado porfalsositjformes de Iscu 
rilla Santana. Empero, ¡cuan lejos ( 
hoy la opinión pública de considera 
gobierno español del todo agcno ¿ 
decorosos manejos que de uonsuní 
gabinete dominicano, de tan triste reoM 
lio, se pusieron en planta para sorpren 
la buena fé de un pueblo, que al pasoS 
había depositado toda su confianza « 
primer mandatario, creía por dem6s a 
y caballeresco al gobierno español, " 
suponersiquiera violara en su prov ^ 
la principal cláusula del reconoeiiBttj 
por el gobierno do Kspaña, de la íoOÍ 
pendencia de la república dominicana! 

»Lpjos. pues, de oír las sentidas qne- 
jas y hondas razones de un pueblo qus 
aun deseaba conservar la amistad de sn 
dominador, olvidando con inimitable ge- 
nerosidad aua recientes y nnmerosn* 
agravios; en lugar de reparar un err'T Ta- 
tnl cometido á la lljera, en un momenUí 
quizá de agradable y lisonjero ensoaño, 
pormedio de un pax pronta que tiubient - 
redundado en proveono de la humani- 
dad y de la sana política que dsberta 
seguir en toda la América antea >•■ 

f<añola; el gobierno espñol hace «^ 
iierzos, bien que hasta ahora inúti- 
les, para someter de nuevo » su oiliui'u 
yugo, á un pueblo que i1í:j; ■ 
está dando lecciones de valor 
k pesar desús mcngnuí 



conmuda pero enérgica eloeu ■■ ■ 
blo español, no os queremos ; ■ 

"Libres hemos sido, y libr 
permanecer. Os han engnfi'< 
os han hecho creer que no h;\' 
mAs que indios dóciles y mun 
nes podriais tiranizar á mnu 
impunementff hicisteis coi. 
pobladores de esta antilla, cuj:.. 
ira bárbara dominación y de v iit:itr(> ii.sl 
gobierno; os hicieron creer <\\ii: balii» 
completa expontsneidad en la anexión; 
ya estáis viendo lo contrario. La revolu- 
ción comenzó ea Capotillo con solo rsia- 



- 101 - 



te dominioanos, sdn casi municiones y con 
poqaisin:ias armas, y hoy se han adheri- 
do las tres quintas partes de la nación. 
»La- España está hoj profundamente 
convencida de que es tan odiada en San- 
to Domingo, como lo ha sido en sus an- 
tiguas colonias de Américsr, y tanto como 

10 es en Cuba y Puerto-Rico. 

»La cuestión española en este país, 
está haciéndoso'de día en día más grave, 
j sabiendo mi gobierno que los aconteci- 
mientos acaecidos aquí, han sido pinta- 
dos por la prensa española de un modo 
enteramente desfle^urado, cumple á mi 
deber restablecer los hechos en su ver- 
dadero lugar, teniendo cuidado de no os- 
curecer la verdad, cual cumple á hom- 
bres que se respetan á sí mismos, y como 
corresponde hacerlo, cuando debe uno di- 
rigirse á gobiernos cuya buena voluntad 
se desea captar. 

»Las autoridades españolas, desde el 
principio de la actual campaña, trataron 
por todos medios de desnaturalizar la re- 
Yolucion, pintando el movimiento como 

11 na horda de bandidos que venian sobre 
Santiago con ia tea en la mano matando 

Probando, siendo asi que todas las po- 
laciones v vecinos desde esta ciudad 
hasta Dajabon, se levantaron casi simul- 
táneamente; y no habiendo pobladores 
espaSoles en esos parajes, claro está que 
no podian los revolucionarios hacerse 
daño á si mismos : queda, pues , desmen- 
tido el aserto por imposible. 

»Se dijo aquí, y se ha repetido por la 
prensa español a, que los dominicanos ase- 
sinaron loa enfermos que habia en el hos- 
pital deGuayubin, y que después de ha- 
cer gran núzñero de prisioneros , los ma- 
taron. 

»Hé aqni la historia de los aconteci- 
mientos de Guayubin: 

«El dia 16 de Agosto, el general Pedro 
Antonio Pimentel á la cabeza de 42 hom- 
brea, atacó la guarnición espacióla que 
estaba en Beler, en número oe 300 hom- 
bres, entre ellos 80 de caballería; y á la 
cabeza de cuya fuerza se encontraba el 
brigadier Buceta y el teniente coronel de 
San Quintín. 

«La principal acción se pasó en Jacu- 
ba, dcmde murieron 28 españoles , y de 
nuestra parte cinco. 

>E1 teniente coronel del San Qiinrfn 
se retiró con una parte de laé fuerza» por 
las fronteras haitianas, y el brfgtidíer 
Buceta se puso en fuga con dirección á 



Guayubin, ignorando los acontecimlen* 
tos que allí pasaban. 

»E1 18 de Agosto, el general Juan A. 
Polanco, á la cabeza de 40 hombres, se 
apareció en Guayubin, del lado de Villa- 
lobo. 

»Por la parte de Manga estaba el co- 
mandante J. Gómez á la cabeza de 25 
hombres, con el objeto de impedir aue se 
unieran á las fuerzas de Guayubin las 
que podria traer el brigadier Buceta. Se 
trabó la pelea y en los ataques de la ma- 
ñana y de la tarde murieron GO espa- 
ñoles, 

>La Guarnición total de Guayubin era 
de 200 hombres. Al aproximarse por se- 
gunda vez los dominicanos, el coman- 
dante de la guarnición española armó 
cierto número de enfermos de los que es- 
taban en convalecencia y de estos mu- 
r.eron varios en la pelea. 

»En cuanto á los prisioneros de guerra 
de Guayubin, en número de 80, fueron 
tan bien tratados como lo permitían las 
circunstancias, y como pueden atesti- 
guarlo los mismos heridos, y el ayudan- 
te ipédieo Sr. García (peninsular) y los 
señores oficiales, de la misma guarnición 
hechos prisioneros señores teniente Cár« 
denas y subteniente Ordoñez. 

•Tocante á los prisíoDeros, en núme- 
ro de 80, se encuentran hoy en Santiago 
tan bien tratados como lo. están las müh 
mas tropas dominicanas. 

llenemos en todo 302 y este crecido 
guarismo es una prueba bastante evi- 
dente de que todo lo propalado por la 
prensa española es una mentira grosera,' 
inventada con el objeto de hUjur de los 
dominicanos cualesouieraclasede buenos 
oficios p>or parte de las naciones civiliza- 
das, pintando asi á los naturales del país 
como un pueblo de argelinos, dignos de 
ser castigados con la mayor crueldad pa- 
ra ejemplo de piratas. 

> Consecuentes con su sistema de des^ 
naturalizar la revolución, para des vi r* 
tuarla, el 6 de Setiembre pusieron los es- 
pañoles fuego á }a ciudad de Santiago de 
los Caballeros, después de hal>er princi- 
piado á pillarla, para i ue^o después acha- 
char el hecho á Jos doaijíiicanos, como sí 
á estos hubiese podido ^er provechoíía la 
destrucción de los edificios, detrás de los 
cuales se parapetaban p^ra^co^ar al ene- 
migo encerrado en el fuerte de San Luis, 
oue se encuentra colocado á uo extremo 
del pueblo, y como sí pudiese eaber «a 



ht un tratado, qae no» propordOD» lúa 
íiiRpredsljliiB bienes de la pax, la ftmU- 
tadj elcdwerciü, 

itíjrvase V. U. ftcfptar eoo su genial 
agrado esta franca exposición de nim»" 
tras qufjaB, derechos y Brme reaolnclan 
de rescatnrluB, j reaolver en bu coom- 
cuencia, se^un en ella tenemos el íioaoc{ 
deppüpODari V. M,— Saut1flj;o, 8otletl»-i 
br«24da I8H3.~A. L. R. P. de V. M.— 1 
El Tice presidente del gobierno provlíiit 
nal, cncnrifndo del pn^er ejet-utiro, " 
Digno F. lie Rojas.— Itefrcndado.- 
comision de relaciones sxteríore^. L' 
F. Rspaillat.— La coiai&ion de la gu-i 
Pedro !•'. Donó.— La comisíoD de U-,- 
da, Pablo Pujol.— La comisión (i(! 
Flor j policía, Genaro Perpignan.» 

Para que nuestros lectores j(: 
insertumos á continuadnn 'I r.-.- 
lÍHnt [|ue el gobierno n-vo!-! ■: ■ 
rigiaa losde Infflaterra, I'i-i 
dos-Duidoa del Norte rie A':. 
públicas liispano-americM].. . 
posible que puedan reutur-;'. 
que se Uams documeati) puM. 
ijAmero de falsedades y -:< 
turas. 

Uemorandam dirigido a r<< 
da Inglaterra, Fraiicli 
Unidos del Norte Ai:ie. 
bUcas blspano-amerii". 




f Bfi^r 1« orenaa es- 
1 BTÍ11I0 La eorrea- 

■ ^ ^mpleailoa espa- 

r_;aff qnn luadaroo 

~:^^. oaa la cual M 

jí^íama pravlaorio 

- rl^to Wat». C™— 
^ ^on ntind» tniU- 



•'iós- 




r ífls<;rito3 can suma ezftctitud 

íM Slaiidard que se publicó en 

■ i; reas, y fueron preaenciados 

TMn número de eitranjeroB, en- 

• ■i Cuerpo coCBular. 

IMíiemjspaaiir en silencio, quedea- 

ItíS BCOiitei;¡,TiieBtoa del 24 de 

comandante Campillo recor- 

sde Satianeta hasta 

cefldió arriba de 180 

contar Us atrocidades que 

laa personas. Ya est^s ac- 

calificaciones ordinarias 

_ k los malos gobiernos; j 

^^__„_ an lengoaje decente, pura 

mplemente Taudaliamo. 

*7a aldo blao que loa dominicanos 

~ recibido armas de Haiti ni de otraa 

^ .Los dominicanos comenzáronla 

Rñnwlucion con las pocas annaa que fue- 
Iímw .consigniiendo en el mismo país, de 
■w^qua pudieron escaparse cuando llegó 
': esta ciudad el teniente coronel de ar- 
^ tillorla D. Enrique Casaprin y Peón á 
" itíntUJaír el armamento, tanto el que se 
_ eaeontraba en loa arsenales , como en 
■'■maBOB de loa particulares, y las que se 
**'''huk qnltado después al enemigo. En el 
' anen&lde Santiago so encuentran m&a 
de B.OOO cañonea de fusiles rotos. 

«Las autoridades eapañolas de Santo 
Domingo estto perfectamente convenci' 
das, de que loa dominicanos no han reci- 
bido armaa, y la prueba es qUe en eso 
están fundadas las esperanzas del nuevo 
capitán general D. Carlos de Vargas, 
caando en una proclama asegura que la 
EspaSa ha de triun&r de enemigos infe- 
lloreB en número y en recursos; lo qué 
va M habría dicho, á buen seguro, si 
nneatraa troMuí se hallasen todas arma- 
áu. Hasta viora es sumamente reducido 
•1 número de loa que tienen armas de 
fuego, y Bata falta ha sido la causa de 
que hasta la fecha no hajamos ¡lodido 
repelerá los enemigos hasta laa mura- 
llas de la capital. No obstante, las tro- 
pas españolas no han reportado triunfos 
mngunos; nuestras tropas, á pesar de la 
~ escasez de re-cursoa han conservado en 
en mayor parte las primeras posiciones, 
7 ai hemos perdido algua terreno, se dé- 
te tan solo a La falta accidental de mu- 



kfieria pesado por dem&s relatar de 
"""' '"" —isas que han motivado la 
sStoito Domingo. Todo lo 



que ha ocurrido en eata colonia, y Iis 
causas que para ello ha habido, son idén- 
ticaa & las que produjeron el levanta- 



miento de las colonias hispano-america- 
nas, j las que tal vez, no muy tar- 
de, producirán el de Cuba y Puerto- 
Rico. 

)E1 gobierno español cometió un gro- 
aero error; al aceptar la adquisición de 



medios suñcientes; y no vemos cual sea 
el objeto que se propóngala España al 
pretender sojuzgar un puebla que le es- 
tá dando pruebas de que primero se se- 
pultará debajo de las mismas minas i 
qu e lo ha reducido esa misma EspaSa, 
antes que someterse de nuevo á un poder 
que al encontrar el paia en un estado da 
prosperidad y de progreso, lo hizo retro- 
gradar en fuerza de su inactitud. Enton- 
cea no babia adhesión de parte del pue- 
blo, es verdad; pero habia tolerancia, 
hoy el sentimiento predominante en el 

Sueblo dominicano, es el odio, el deseo 
e la venganza. Entonces era fácil, con 
un sistema racional, ligar ambos pue- 
blos con vincuios fundados en la conve- 
niencia general; hoy existe un lago in< 
menso de sangre y montones de ruinas, 
que atestiguan_ la perversidad de loa 
mandones es pan olea. 

»La guerra, pues, que la España pre- 
tende hacer al pueblo dominicano, ea 
una guerra insana, sin motivo y sin ñn, 
que en fuerza de inmensas dificultades, 
no podriajamáa llevar á cabo. Cumplirá, 
puea, al carácter caballeresco de que 
tanto blasona esa nación, y A la superio- 
ridad del gabinete actual, reparar el error 
cometido por el del Sr. O'Donnell; error 
del cual no son, ni pueden ser responsa- 
bles, los dominicanos. 

»Estos, en fin, no necesitan de una ci- 
vilización que no puede gobernar sin pa- 
tíbulos, que no puede administrar sin 
odiosas contribuciones, por ignorar la 
principal ciencia del arta de gobernarla 
economía política; que na puede marchar 
sino al desapacible ruido de las cadenas, 
y que viene alumbrada con la tea del in- 
cendiario. 

«Santiago, Diciembre 14 de 18SP— El 
ministro de Relaciones exterioras, firma- 
do. —üliaes F. Espaillat. — Es copia con- 
forme. — El jefe de sección de relaciones 
exteriores, FronciBCO Dubreil.» 



xxín. 



INCENDIO DE LA. CIUDAD DEPüBRTO-PLATA. 



Puerto-Plata se habla convertido en' 
uu groD campaineato militar. A. mka de. 
sn gnarnicion habia recibido toda In fuer- 
za con que Buceta se retiró del Cibao, la 
respetable y poco afortunada eolutnna 
del brigadier Primo de Eivera, y un ba- 
tallón del regfmii^nto de la Habana <)ue 
habia traído consigo el general D. Jofié 
de la Gándara, comandante general del 
departamento oriental de la isla de Cuba. 

Hubiersse creído que<sllí se fulminaba 
•1 rayo que habia de confundir la insur- 
rección; pero luego desapareció et error, 
eiaminando lo que se hacia. Construían- 
se trincheras en derredor de la ciudad, 
se habilitaba la punta más alta para fuer- 
te ; se tomaban otras medidas para la 
defensa. 

Puerto-Plata era la ciudad míis mer- 
oantíL de la Isla; allí habia gran número 
¿e extranjeros que ae ocupaban en la re- 
colección j compra de loa productos del 
país, que destinaban ala exportación, 

¡todos eran enemigos de España, porque 
la luz del orden y la justicia no podían 
continuar en bus impuros manejos. Ade- 
más, la mayoría eran proteataates, y 
como BUS templos se cerraron, no podían 
tener buena voluntad para sus nuevos 
huéspedes. 

El cura párroco de la ciudad era el an- 
ciano doctor D. Manuel González de Re- 
galado, que contaba más de cuarenta 
años en aquella leligresia, j que gomaba 
de inmenso prestiKio. >:4us costumbres 
eran agradables á los del pais. por más 
que aua actos fuesen algo tiránicos. Sus 



ideas se oponían abiertamente ¿ la aM- 
xion.yaun después de efectuada esta, 
fué hostil ¿ España en sus conversacio- 
nes, en sus actos públicos y aun en sus 
sermones. Se ha creído, y se cree aun. 
que este clérigo fué el alma de todas Las 
sublevaciones j uno de los mas respon- 
sables ante Dios, de tantas lágrimas J 
tanta sangre como en su teligresia j ,en 
la isla se derramaron. 

Puerto -Plata era rival de Santo Domin- 
go porque tenía un puerto por donde se 
hacia alguna exportación, y er& también 
antagonista de Santiago de los Caballe- 
ros, porque era ta capital de la pro- 
Loa naturales, en su ms^or parte, es- 
taban fuera y al frente, hostilizando álaa 
tropas desde las cumbres de las inmedia- 
tas cuestas y tras de los corpulentos ár- 
boles que la cercaban. 

El número de sus habitantes en Agos- 
to de 1863 era próximamente el de 6.00Ú. 
La forma de la ciudad ni era regalar ni 
su aspecto bonito; pero en bonoc i. la 
verdad, era la mejor de la isla. Sus ca- 
sas, á excepción de una media docena do 
almacenes y de la iglesia, eran de na- 

Llamado i Santo Domingo el general 
Gándara con las tropas de que pitdlsTt 
disponer, dejó de gobernador al briga- 
dier Primo de Rivera, y á sus órdenes 108 
batallones primero del líev, dos do la Ca- 
rona, unas compañías de Uuba y la coar- 
ta eompafiia de Ingenieros, con futna 
proporcionada de artiUeria. 



ta primera medida tomada por el nue- 
TO gobernador, fué la de replegarse al 
faerte con toda la guamictoo, dejando la 
ciudad á merced de los insurrectos. Aquel 
QUOTO paso atrae, originó la marcha al 
enemigo de mncliss peraonaa de las que 
habían seguido la suerte de lae tropas, y 
entre ellas el general Benito Martínez, 

aue babla formado parte de la columna 
el 9r. Primo de Rivera en laa dos sali- 
das que habia hecho sobre Santiago. 

En la tarde del 4 de Octubre salló el 
batallón del Rey k desalojar al enemigo 
que se había poeesioaado de las trinche- 
ras de la ciudad. 

Cuando regresaba, después de haber 
cumplido fácilmente su misión, recibió 
6rdeD de retroceder de nuevo para prote- 
ger i los ingenieros que bajaban ú cortar 
el incendio que se habia declarado en una 
Oasa inmediata á la iglesia. 

Cuantos esfuerzos se hicieron fueron 
en vano, pues con asombrosa rapidez se 
propagó el ineedio por toda la ciudad. 
dando pasto al voraz elemento, además 
de laa casas, que como hemos dicho eran 
de madera, las grandes esístenctas de 
bebidas espirituosas de que estaban ates- 
'tdss laa tiendas y almacenes. 
W enemigo miraba impasible su obra 
'a las inmediatas alturas. 

t6 la noche; retirándose las tropas 
logo corrió libremente de barrio en 
, empujado por la fresca brisa del 



Aquel Imponente espectienlo era áé 

un género mageatuoao. Los edlflcioe to- 
dos en combustión, ardían en iomensa 
fogata, que alimentaban los grandes de- 
pósitos de aceites j licores alcohólicos, 
que levantaban hasta el cielo sus azu- 
ladas Damas. 

Al amanecer del dia 5 continuaba el 
fuego, aunque ja. habia devorado la mi- 
yor parte de la ciudad. 

Considerando que nada podía contener 
ya los progresos del furioso elemento, or- 
denó el gobernadorque bajo la protección 
de uu batallón, bajase toda la guamiciou 
sin armas, para recoger de las casaa 
cuantos efectos se pudíHsen. Asi se hizo 
en efecto, no sin haber tenido que batir 
al enemigo, que habia roto el fuejfo dea- 
de que notó que se bajaba á la ciudad. 

A los tres días de empezado el incen- 
dió, cesó, no habiéndose salvado sino laa 
dos casa ^ llamadas de Sauder y capita- 
nía del Puerto, que por so proximidad al 
fuerte fueroa fortiücadas á manera de 
blokaus. 

Uespues de la destrucción de la ciu- 
dad, podían ya verse cara á cara los doi 
baudoB enemigos, k los que servia de li- 
nea divisoria ó campo neutral el carboni- 
zado sitio que aquella habia ocupado. 

Aquí dejaremos k Puerto Plata, para 
más tarde volver 4 dai minuciosas noti- 
cias de este punto, que llegó á eer de 
gran importancia. 



xxnr. 

L* DIVISIÓN DEL GENBKAL SANTANA. 

lltdAde Santo Domingo. — Precioso tiempo perdido.— Desobediencia & las 6T*- 
1«nas del capitán general.— Deserciones de la gante de la reserva.— Comí* 
Dates. 



Citatido el general Hivero recibió las 
'turas noticias de la insurrección que 
Iria estallado en los pdeblos fronteri- 
Sf-de Haiti y su propagación A Sactia- 
"6 la importancia de acudir con 
RKB fi destruir el foco de la rebelión, 
n queda indicado bizo que el co- 



ronel Capa saliera con una colmnaa,. 
preparando otra que puso á loa órdenes 
del general Santana, para que yendo por 
el interior del paia hiciera renacer la 
confianza en los [lueblns y cortara la pro- 
pagandarevolucionaria. 
Habiendo pintado ya e! éxito fatal coa 



b 

I 
P 



l\añ cumplió su comisión el Sr. Capa, 
nos toca referir ahora lo acontecido al 
marqués de las Carreras. 

El martes 15 de Setiembre de 18S3 sa- 
lid de Santo Domingo el general Santa- 
na. con unacolumnacompuestadíl ba- 
tallón cazadores de Bailen, de! batallón 
de San Mardal, parte del de Vitoria, una 
compañía de iDgenieros, dos piezas de 
montaña, sesenta caballos del escuadrón 
cazadores de Santo Domingo j cuatro- 
cientos Yoluntarios de infantería y caba- 
llería de las reservas de San Cristóbal. 
Las tropas recibieron en Pajaritos al gre- 
neral, en medio del major entusiasmo, y 
pasado que foé el rio Ozama. seempren- 
dió el movimiento como k las dos de la 
tarde. Después de un lijero descaneo en 
Poma-Eosa, se llegó al anochecer á Sa- 
bana-Mojai-ra, donde se acampó dando 
frente al rio Yabacao. 

Poma-Rosa, Mojarra y otros puntos 

3ue será necesario nombrar, son caseríos 
campos desiertos, pues en Santo-Do- 
mingo escasean los pueblos. 

A la mañana siguiente ae emprendió 
la marcha, llegándose á las diez a orillas 
del Yabacao, que se badeó con grandes 
diflcultades, por au mucliii anchura y 
profundidad y por la gran corríente que 
producian las recientes lluvias. Con- 
cluida dicha operación, se continuó avan- 
zando hasta ^bana-Yuna, dondeaepasó 
la noche safi-iéadose fuertes aguaceros. 
. A las ocho de la maDana del n se con- 
tinuó el movimiento de avance con direc- 
ción h. Monte-Plata (donde se dtcia que 
se reunift el enemigo), llegando al medio 
día á Sibana del río Socoa, desde donde 
diapuso el general avanzase una compa- 
ñía de Bailen j la caballería ¿ marcha 
forzada, para llegar á Monte- Plata antes 
que el enemigo se posesiooase alh. La 
columna salió en la misma dirección dos 
horas después, y entró en el pueblo al 
anochecer al son de las músicas y con 
banderas desplegadas y formando en la 
plaza principal, leyó el secretario parti- 
cular del general, señor coronel de las re- 
servas, D. José María Pérez, una procla- 
ma en que se llamaba k las armas k to- 
dos loa nabitantes, para que juutoa con 
laa tropas españolas, combatiesen la re- 
laelioD. 

Luego se acamp6 , verificándolo las 
tropas en las afueras del pueblo y las re- 
servas en las casas y bohíos. 

Esperando U llegada de las fuerzas del 



Seybo y demís puntos, permaneció It Co- 
lumna en Monte-Plata, v cuando yn coo- 
taba con más deS.DOO nombres é iba i 
emprender las operaciones, se recibió la 
noticia de los acontecimientos de Santia- 
go, que causaron profunda sensación. 

El comandante de estado mayor eeñor 
Rivera, llegó á Monte-Plata con la orden 
del capitán general, para que la columna 
se replegara sobre la capital; pero siendo 
de diferente parecer el general Santans, 
desobedeció la orden, j para disculpar 
un tanto su ínobedieneia, reunió á los je- 
fes de los cuerpos manifestándoles, que 
teniendo al enemigo cerca j sin hawr 
probado sus fuerzas, te parecía de mal 
e&cto el cumplimiento de dicha dispoel- 
oion, ¡for lo que podía influir en descré- 
dito del gobierno, y emitió el parecer da 
probar fortuna, yendo en busca del ene- 
migo. Esta opinión fué unánimemente 
acatada y se procedió á tomar las dispo- 
siciones necesarias para llevarla k caoo. 

Ya tenemos aqui la conñrmacion de 
cuanto expusimos á nuestros lectores en 
nuestras breves reflexiones del capitu- 
lo 21. 

Ya tenemos aquí á un general de divi- 
sión, que insubordinándose y desobede- 
ciendo abiertamente, las ordenen de la 
primera autoridad de la isla, acude al re- 
curso de convocar una junta, 41a que ex- 
pone su pensamiento en contradlcclaii 
con el del general en jefa. 

Si en el ejército fuera licito semejante 
proceder; si cuando un superior da una 
orden, se admitiese que el subordinado 
dijera: «No haré tal cosa, porque yo he 
pensado mejor, > entonces no habría mi- 
licia posible, y el ejército seria una rer- 
-dadera patulea. 

En cuanto á que las juntas sean de 
opinión unánime á la del jefe que Ui 
reuoe, es cosa muy natural. Cuando 4 un 
general se lo conña el mando de tropas, 
estas descansan y conñau en su valor J 
talento, y si situaciones diíiciles aconai- 
jan tomar una resolución extrema, cuan- 
to más veteranos y más inteligentes son 
los ijue obedecen, más obligados ae creen 
á apoyar á su jefe, si se ha dignado con- 
sultarles, y lejos por eso de incurrir en 
falta, cumplen con un deber loa que U 
ayudan á desenvolver su plan, _*" 

El general Santana deoia emprendí 
operaciones por un país que conocía pc~ 
fectamente; era de creer que contan A 
buenas confidencias, porque de a^iu 



MKsnías eran la major parte de los is- 
dlviduoB de las reaerraa qyit te acompa- 
Sabein. 

Pero lo que los espaHolea no pudieron 
saber fué, qué enemigos, ni cuantos se 
proponía combatir, ni quién ¡os mandaba, 
ni aun oiquiera al punto donde los encon- 
traría. 

Días j días se pasaron en la inacción, 
y ladiTisionque EMbia salido con mucha 
premura j oportunidad de Santo Domin- 
go, sa eacont raba todavía al 33 á muy 
pocaa leguas de la capital. 

Fueron tantas j tan extrañas las coin- 
cidencias con que ae inauguró esta cara- 
paSa. que la más justa imparcialidad no 
se atrere á resolver si aquello ha sido 
efecto de mera casualidad 6 fruto de bien 
concertados planea. ¿Se ha visto jamás 
que álos sospechosos de traidores y cjns- 
piradorea, se les Heve libres por entre las 
fllaa leales, para que siembren la cizaña 
an tan fructífero campo? 

Pues bien; con el general Santana v en 
cla^e de arrestada político, iba el gober- 
Dador civil que fué, D. Pedro Valverde, 
hombre quisquilloso .y descontentadizo, j 
i quirn la opinión pública señalaba como 
instigador da la rivolucion. Aprovechán- 
dose este sugeto del disgusto que empe- 
la!» á germinar en las ñlaa de las re- 
servas, alentó á muchos de S:in Cristóbal 
i la defección que empezó á cundir con 
sorprendeote crecimiento. 

Las maquiuaeiones secretas del señor 
Talverde,la flogedad, el cansancioypoca 
constancia de los naturales a, quienes ae 
hacia insoportable la viila de campamen-, 
to, y la desconfianza que de ellos se ha- 
cia, fueron causa indudablemente de la 
conducta poco leal que han observado 
después la mayor parte de loa individuos 
de lae reservas del paia. 

Bl din 29 se movió el campamento de 
Honte Plata , y dejando una pequeña 
fuerza en él, se emprendió la marcha pa- 
ra atacar al enemigo, que según confi- 
dencias, ocupaba con respetables fuer- 
xa» la formidable posición de Arroyo-Ber- 
mejo. 

Ni en esta, ni en otras muchas ocasio- 
nas, podemos determinar la cantidad y 
calidad de loa aontrarios, porque ocultos 
por lo general en la espesura de los bos- 
ques no se les podía fácilmente contar. 

Al asomar la manguardia de la colum- 
na por frente al desfdadero de Arroyo- 
'""^"piejo, fué recibido por una fuerta des- 




car^ da fusilería i la que eontastá, lan- 
zándose ¡nmcdiataniente hacía el rio, 
donde fué contenida por e! fuego da me- 
tralla que con dos piezas se la hacia. 
Poco tardó, no obstante, nuestra artille- 
ría, au desalojar al eoamigo de las posi- 
ciones que creía ¡nespugnables, y dada 
oportunamente la señal 3e ataque, avan- 
zaron tas columnas , apoderándose del 
campamento que entregaron á las lla- 
mas y persiguiendo á tos fugitivos haata 
loa estribos del Sillón de !a Viuda (1). 
A las cinco de la tarde habían desapa- 
"■■■" ' — sublevados, y acampó la divi- 



recido !i 



A la maSana siguiente se emprendió 
movimiento sobre San Pedro, que se to- 
mó sin novedad, continuando por la tar- 
de bajo un fortísimo aguacero, con direc- 
ción a La Luisa, que se suponía ocupaba 
Mansueta con fueraaa rebeldes. Pero ha- 
biendo llegado sin encontrar resistencia, 
se acampó en este punto, donde ae pasó 
la noche. 

Al romjiar el día, se dejó alli una es- 
casa fuerza de las reservas, con unacom- 
pañía de cazadores de Bailen, á las órde- 
nes del general Pérez, y continuó la co- 
lumna para Sanguino, donde se ll«g'ó sin 
novedad, pasando el río Ozama, poco 
menos que ánado. 

Dos tiros disparados en aquella noche, 
anunciaron la proximidad del enemigo, 
por cuya razón, al amanecer del día 2 de 
Octubre se emprendió la marcha hacia el 
rio Guánuma. No bien llegada laran- 
guardia al punto llamado La Bomba, sa 
rompió el fuego sobre ella. Inmediata- 
mente ordenó el genera! que la compañía 
decnzadoies de San Marcial flanquease 
aquel paao, siendo seguida por el resto 
de,ese batallón, por Vitoria y fuerzas del 
país, lo que consiguieron penetrando por 
un espeso bosque, y bajo un fuego muy 
vivo que sostuvieron, ayanzando siem- 
pre, hasta salir á una pequeña sabana 
3ae hay antes de llegar al rio. Cazadores 
e Bailen que con la caballería babia 
quedado en La Bomba, recibióla orden 
de destacar cuatro compañías para pro- 
teger las piezas que rompieron el fuego al 
llegar k la sabana. Bajo la protección de 



I 



(1 ) San Pedro, La Luisa, Llamaaá, Lom 
Botados, Sanguino y otros puntos que 
nos veremos precisados á nombrar con 
frecuencia, aoa rancherías que no pasa- 
ban de seis ú ocho bohioi,— ^. del A- 




1« urtillería. la «euídra de ansfitueado- 
res, apo,Tads por \». primera compaiiia de 
Bailen, se lau^ó resueltamente al rio coa 
bayoneta calada, ¡nfandiendo tal terror 
en loa insurrectos, que ho_¥eron en todas 
direccioaps, seguidos muy de cerca por 
todas las tropas que se iaiizaroii en su 
persecución, 

8ei3 muertos y diez y siete heridos tuvo 
la columna y de los contrarios se encoQ- 
traron muchos oadáveres que sin duda en 
eu precipitada fuga no pudieron recoger 
según aeostumbrabatt. 

También se tes hizo un capitán prisio- 
nero. 

Al entrar ea la sabfina de Juan A-lva- 
rez, que después ha sido campamento de 
Guaouma, se formaron las tropas en or- 
den de batalla con la artillería en el cen- 
tro y la caballería a retaguardia, mien- 
tras el mismo g«neral Santana, con dos- 
cientos hombres del país, medio batallón 
de Bailen y una pieza, batía los bosques 
de! frente, y especialmente ea dirección 
da Santa Cruz, cuyo camino, hasta salir 
¿la sabana del otro lado, fué prolijamen- 
te reconocido. 

A las cuatro de la tarde se estableció 
alli el campamento, con avanzadas con- 
venientemente situadas en la orilla 
opuesta del rio y ea las avenidas de los 
puntos de más ftcil acceso. 

En Sanguino se situó un destacamen- 
to de fuerzas del pais, cuyas multiplica- 
das deJtieciooes dieron lugar á que se las 
relevase por una compañía de ejercito. 

En La Bomba se estableció posterior- 
mente el hospital de eampaüa y loa de- 
pósitos de provisiones. 

Asi quedó instalado aquel campamen- 
to de que más adelante nos ocuparemos 
de t«u idamente. 

Eutre tanto, e! capitán general, aeñor 
Uivuro, reiteró al fjeneral Santana la or- 
den de retirada, de que esta vez fué por- 
tador el comandante de E. M. D. Mariano 
Goicochea; pero lejos de obedecer, dando 
rienda suelta Asuirascible cariicter, dijo á 
este jefe que iba á continuar las opera- 
ciones sobre Llamasá-y jiie no quería re- 
tirarse. 

A las siete de la mañana del dia 13 se 
batieron tiendas y se tomó el camino de 
Llamasá. Las diez serian cuando se avis- 
taron las avanzadas del enemigo en una 
sabana; se hizo alto y so organizó toda la 
fuerza en dos columnas paralelas, coa la 
artillería eo el centre y la caballeria al 



M«oa 



naneo derecha, j en esta fbniM yoon lia 
correspondientes guerrillas á loe úu)40a 
y á vanguardia, se avanzó hacia laj 
trada de un desfiladero, desde dondo. 
rompió el fuego por fuerzas emboseí * 
Una vez pasado este obstáculo, sin „, 
resistencia, desembocaron las tropas . 
sabana Santa Cruz, sufriendo tres dia- 
paros consecutivos de cañón, que causa- 
ron la muerte de un oficial del regimiea- 
to de la Habana; pero el fuego de frenta 
V de flanco de nuestras guerrillas, quo 
llenas de valor avanzaban al salir á ter- 
reno despejado, desconcertó al enemigo, 

3ue en su vergonzosa dispersión, aban- 
onó una pieza de montaña, tomando La 
dirección oe Llamasá (1). 

Ocho muertos y tres prisioneros se hi- 
cieron al enemigo, consistiendo nuestra» 
pérdidas en tres heridos ds la clase de 
tropa y el oñcial que ya hemos mencio- 
nado. 

En esta jomada se distinguió por su 
valor y arrojo, siendo de los primeros que 
se apoderaron de la pieza . el teniente 
Antón, de quien más tarde haremos e«- 
pecial mérito. Este, compadre y predilec- 
to protegido de Santana, era un ne^ro 
alto y fornido, que llegó á hacerse porau 
orgullo é insolencia, insoportable á loa 
españoles. Avariento de dinero, ha sido 
después un traidor trascendental. 

Aquella noche se pasó en los mismos 
ranchos cogidos al enemigo, y al siguisn- 
to dia se siguió á Llamasá, sin otra no- 
vedad que aTgun ligero tiroteo, que hlrift 
á un oficial de artillería. 

Todo parecía indicar que la mente Hal 
genera! seria seguir Uáoia Santiago, to- 
mando el camino do las Qalliuas [i); perú 

{1) Nos han referido, que a! presentar 
el jefe de estado mayor al general íJanta- 
na o! parte de esta acción, en que deola, 
como nosotros decimos, porque fué cierto 
que el snemigo había huido vergonzosa- 
mente, le dijo: «Quite eso, que los doml- 
■ nicauos nunca corren vergonzosameata, 
»Kso es bueno para los españoles; y sino 
lahi está lo de Santiago.»— A^. dtl A- 

(S) Guanuma, Arroyo Bermejo, San- 
ta Cruz y otros puntos que nombramoi 
con frecuencia, están á la falda ó en Ua 
cercanías de la cordillera central de la 
isla. El camino de las GailÍDas y A Sillón 
de la Viuda son los desfllaileros abliga- 
dos qtia Jebian traspasar las tropaa panr 
ir al Cibao.— JV. (íil Á.^ '^~ 



tan dudtt fttento á loa consejos de algún 
jeie, empreadiú !a retirada sobre Guanu- 
ma, pasando por Santa Cruz sin haber 
sido molestado por el enemigo. 

El 30 de NoTÍembre ae repitió la ma- 
niobra ó BzpedíciOQ antes descrita, 8a- 
liondo paraSanta Cruz, donde la colum- 
na encontró mayor número de enemigos 
7 m&8 resistencia. En este dia apareció 
por primara vez la caballería insurrecta, 

3ue sufrió el fuego con ba^.tante aereni- 
ad, hasta que cargada por nuestros gi- 
netes, apocados en loa cazadores de Bai- 
len, se dispersó con pérdida de diez ca- 
ballos. Por nuestra parle concurrieron á 
eata acción los batallones de Bailen, San 
Quintia j Victoria, con dos compañías 
de la Habana j las tuerzas de las reser- 
ras, , ya muy mermadas por las constan- 
tes deserciones. 

Pronunaiado en retirada el enemigo, se 
le persiguió por la caballería, haciéndole 
algunas b^as, i trueque de tres muertos 
yeatorce heridosque Cuto ia columna. 

Como i las tres de la tarde apareció de 
nuevo p^r el camino de Llamasá, con el 
objeto de recojer sus muertos, pero el 
batallón de San Quintín le eatiO al en- 
cuentro, haciéndola desistir de lu in- 

Al amanecer del siguiente dia, 1.* de 
Diciembre, se volvieron á presentar loa 
iusiirrectoe tocando sus cajas de guerra 

Í' habiendo salido & recltazarlos el beta- 
loa de Vitoria, una compañía da Bailón 
tUs reservas, se trabó un reñido com- 
Mte en el eementorio, que se tomó á la 
b«70D«ta con perdida de 13 hombres, ha- 
tíimifilea huir como siempre. 

Deepue» de pasada la noche tranquila- 
"^ )Bte se regresó á Guanuma, desde don- 
~p pidieron refuerzos á la capital, para 
' B muchas bajas originadas por 




las enfeniMdadaa j lu expediciones de«' 
crjtas. 

Pasados algunoa.dias, tuvo noticia el 
general Santana de que el enemigo, si- 
tuado en San Pedro j Loma Colorada, 
amenazaba caer sobre el general Pérez, 
que con dos piezas de artillería y los ba- 
tallones de Puerto-Kico y San Marcial 
guarnecía i Monte-Plata. Inmediata- 
mente determinó marchar á dicho punto 
can et bat^lou de. Bailen, la reserva, loa 
ingenieros y una pieza, y habiendo deja- 
do á Bailen en Monte-Plata, salió en 
busca de los insurrectos que batió y dea- 
alojó de sus posiciones en las que acajn- 
tó durante ocho días, al cabo dolos oua- 
!S regresó á Guanuma. 

El dia 18 ae repitió otra exp«dlclon k 
Santa Cruz, que >e redujo aun Bimplo 
reconocimiento. 

Por esta opaca se verifieó la detaoeltin 
del teniente Antón j los convoyes qu« 
iban y venían de la capital, empenaxoa i 
ser molestados. 

Bl dia &5 se organizó la división en do* 
columnas; una i las órdenea del general 
Santana, batió al enemigo que encontró 
en Llamasá, persiguiéndole hasta Arroya 
Jaibita, y la otra con el general Suero 
tuvoalgunos tiros con el enemiga, á quien 
hizo retirar de los Botados, regresando 
ambos por Santa Crui al campamento. 

Eo este dia fué f raveaiantu herido eA 
la vanguardia el bizarro tenienti} coruwl 
de cabuilaria D. Juan Ampitdís. 

Dejando al general Santana oonsu- 
mieado sus fuerzas, fa sus inúUlea OP^ 
raciones d« ir y volverá LUmasá, loa ua- 
tadoa. Sonta Crui j otros puntee tun ¡Hr 
sígoiljoantea como modtuosoa, no« oau- 

E aremos en hacer una ligera reseña dft 
i división que operaba por el Sur da I» 
isla. 



I 



XXV. 



Ti DIVISIÓN DEL OENEBAL OA.ND&IU. 



Motivo de Ift expedición,— La tomad* San Criatóbul,— Accionen Do&uw.^ 



L& noticia del abandono de Santiago 
da loB CabalUroB por las tropas españo- 
las, florprendió de tal modo al capitán 
general y á todos cuantos en Santo Do- 
mingo la supieron, que no pedia dársela 
crédito por.más que apareciese justiaca- 
da. Cualquiera otra cosa hubiera sido 
mÁa creible por absurda que pareciera. 

El general Rivero dicto entonces una 
medida de gran traacendencía j que no 
mereció la general aprobación. 

Llamó al general Gándara, con laa 
filenas que tenia en Puerte-Platn y al 
general de la reserya Pueyo, que ocupa- 
ba paciScameote la parte Stir de la isla, 
abandonando de este modo i merced de 
la insurrección á Aiua, Ban! j otros 

Í untos mis afectos á España que el Ci- 
ao. En la ciudad de Santo Domingo se 
hubieran reconcentrado todas las fuerzas 
espaSolas y las adictas, si Santana hu- 
biera sido subordinado: pero con la ne- 
gativa del marqués de las Carreras ó por 
motivos particulares que desconocemos, 
el general RiTcro varió de plan, querien- 
do TOlver k ocupar la parte Sur que ha- 
bla mandado abandonar i. Pneyo y que 
loa inaurrectos hablan ya recorrido, com- 
prometiendo por >u causa á los mismos 
que noa hubieran quizás sido Seles. 
Para poner un dique a la corriente que 

for alli amagaba, lalió de la capital el 
3 de Octubre la dlTísíon del general 
Oind&ra, compuesta de cuatro batallo- 
sea y seis piezas de artillería de monta- 
Sa, tomanao el camino Sur de la lila y 
eon dirección a San Cristóbal. 
El primei dia no hubo novedad «a U 



marcha, pero al siguiente se presentaran 
emboscados algunos g'rapoa de enemigos 
que procuraron importunar i la columna 
con sus disparos. El n, como á las once 
de la mañana, llegó esta i laa cercanías 
de San Cristóbal, j esperando que los in- 
surrectos le opusieran alli una fucrta re* 
sistencia, se sorprendió encontrando tan 
solo un personaje extraño que le aalió al 
encuentro. Era esto un francés llamado 
H. Uay, avecindado alli hacia tiempo, el 
cual aviso de que el pueblo estaba total- 
mente abandonado. 

Entró en el la columna, alojándoas có- 
modamente en sus casas desocupadas. 

San Cristóbal, de quien tendí emos qu^ 

hablar varias veces, no era otra eos ' 

un grupo informe de bohíos ó bai 
esparramadas y ain arden, bajo los 
dosos árboles de que abunda su 
marca. 

Sus naturales negros, han sido escla- 
vos en otro tiempo, y ante la falsa noti- 
cia que les habían dado de que se iba i 
restablecerla esclavitud, opusieron siem- 
pre una" tenaz resistencia. 

Aquel punto era rauj estratégico, por^ 
que para llegar á él hay que salvar mu- 
chos obstáculos naturnlea, porque era el 
paso de la capital á la provincia de Axua 
y porque de alli arranca el camino más 
corto que conduce al Cíbao. 

El general Gándara salió el 24 al ama- 
necer de su cuartel general de San Cris- 
tóbal, al frente de una columna compues- 
ta de los batallones de Isabel II, Ñapó- 
les y la Union, laa dos secciones de caba- 
llería, la cuarta compañía de attiUeiia dt! 



osque^ 

irraMi^H 



IDOBÍana 7 laa miliciftS del país, quedan- 
do Ikb fueriaa reatantes en el cuartel ge- 
neral, al mando del coranol D. Julián 
(lOnzsleí Cadete. 

La expedición tenia por objeto batir al 
enemigo que ae sabia estaba acampado 
en el lugarnembrado Doñana, j como i 
una hora de marcha se encontraron las 
aranzadas enemigaa , emboscadas en el 
monte, según su costumbre, y las cuales 
rompieron fuego sóbrela vanguardia de 
la columna, mandada por el general don 
Eueebio Pueyo, j formada por el bata- 
llón de Isabel II y las milicias del paia. 
Estas fuerzas cargaron vigorosamente al 
enemigo, desalojándole de sus posicio- 
nes, lo que se contiauó sucesivamente 
Kr diversas ocasiones á cortos intérva- 
I, hasta quedar los facciosos completa- 
mente batidos y dispersos. 

Continuó la marcha faácia Doíiana y 
al llegar áeste puuto se eacoatró at eue- 
migo en considerable número ocupando 
el entronque de los dos caminos que con- 
ducen 6 San Cristóbal. Allí se empeñó 
un combate formal, aoatenido por los re- 
beldes, que desde el bosque y las favora- 
bles posiciones del lugar hacían un fuego 
muy nutrido, que les fué contestado 
oportuna y enérgicamente por lavan- 
guardia, la que hizo al &a alto para que 
avanzase una pieza de artíHeria. 

Este movimiento, mal interpretado por 
el enemigo, fué causa de que llevara un 
duro escarmiento, pues habiéndose aven- 
turado muchos i salir de sus posiciones 
llegaron á ponerse á tiro de pistola, 
cuando despejando e! terreno la infante- 
ría, comenzó sus disparos el caílon que 
ya estaba en batería, causándoles por 
consiguiente grande estrago. Desorde- 
nadas sus fllaa cargó á la bayoneta la 
vanguardia, con el coronel D. Joaquín 
Suarez Avengoza á su frente, empren- 
diendo el enemigo una desordenada fuga 
1 eamino de la izquierda, y acam- 
o Ua tropas reales en aquel mismo 



campamento, para tomar algún d«S' 

canso. 

Por precaución se dispararon al monta 
algunas granadas, á fia de quitar k loa 
facciosos la gana de quedarse embosca- 
dos y molestar al ejército. 

Uedia hora después siguió la marcha 
hacia Yaguate, donde se suponía hallar 
nuevas fuerzas rebeldes. Efectivamenta 
algunos grupos trataron de resistir en el 
camino varias veces, pero fueron cons- 
tantemente rechazados , tanto por loa 
fuegos de la columna como por algunas 
cargas á la bayoneta. 

A las once y media tuvo efecto la en- 
trada enYaguate, sin resistencia del ene- 
migo, cjue abandonó precipitadamente la 
población, dejando señales evidentes de 
su reciente presencia en el lugar. El ex- 
celentisimo seitor comandante en jefe 
dispuso se practicase un reconocimiento 
por el camino de Bani, y se llevó á efeoto 
aunque sin encontrar otra cosa del ene- 
migo que el rastro de su retirada. 

Obtenidos estos importantes resulta- 
dos, y no habiendo en todas aquellas in- 
mediaciones enemigos que opusieran re- 
sistencia, la columna regresó 4 Ban Cría- 
tóbai, sin ocurrir más novedad en el trán- 
sito. 

Un mes había trascurrido ya desde la 
ocupación de San Cristóba^sín más no- 
vedades que las relatadas y alguna quB 
otra de menor importancia. 

Aquel acantonamiento tenia el gran 
inconvenieute de tener que recibir sus 
víveres por medio de periódicos, convo-. 
yes que sallan del rio Jaina, distante cin- 
co leguas, en cuyas operaciones tenia 
siempre que sostenerse un vivo tiroteo 
con los enemigos apostados en los boa- 
ques y puntos más inaccesibles. 

Dejaremos ahora i e^ta división, d« 
que aun tenemos mucho que hablar, pa- 
ra tratar loa acontecimientos cou el po- 
sible orden cronológico. 




IL GEKEBAL VABOi.1. 



Bu nombr&inieiito de capitán general.— Alocuciones. 



Astes que ae supieran en Uadríd las 
oeiirroDCi^is de Santo Domingo, e9tat¡a 
relsTado el oapitan genersl Rivero porel 
que poco antea era btigactier j segundo 
cabo ds la isla. 

Téue eámo daba la noticia íit Raion: 

«Como primer efecto de las reformas 
que bftce titmpo se prepambun en el mi- 
nisterio de Ultramar para el gobierno 7 
administración de esta provincia, el ex- 
celentísimo eeSor general D. Carlos de 
Vai^S ha sido nombrado goberuador 
capitán general de Santo Domingo en 
reemplazo del Eicmo. señor general don 
Felipe Riyero. 

Ventajosamente conocido en este paia, 
como en todoe los demáa de América en 
que ba residido, por la dignidad da su 
carácter, su rectitud y enerva, vemos en 
el nombramiento del señor general Var- 
gaa una muestra más del buen deseo 
que en todo lo que se refiere á la suerte 
póllticade los domioicaaos ha animado 
siempre al gobierno de S. M. 

Para tan acertada j plausible eleccfon 
se han tenido en cuenta, sin duda, á la 

Sar que las altas prendas j el reconoci- 
o mérito de S. B., iaa numerosas sim- 
patías que durante au anterior perma- 
nencia en Santo Domingo eomo segundo 
cabo de la provincia, se granjeó entre 
8U3 habitantes, j de que recibió inequi- 
Tocoa testimonios de todas Ihs clases de 
nuestra sociedad á su despedida. 

Tristes son, notoriamente tristes las 

' circunstanciasen que el nuero capitán 

general toma la reaponaabilidad del man- 

aoBuperior de eata provincia. La insur- 



rección devasta una extensa porción SA 
territorio, j, deSpiies de la omnipoteo^' 
cía divina, ae neeesitan las grandes ca^ 
Udades de un genio superior para lletnr 
á paciflcnr completamente el país, pur- 
garle de loa malos elementos que encier- 
ra, calmar los ánimos y restablecer la 
conñauza entre loa habitantes honrados 
y pacíficos, cerrar las puertaa k las intri- 
gas j maquinaciones de los enemigos ex- 
tranjeros, rechazar con desprecio j man- 
tener á distancia la impostusay la ca- 
lumnia, que bajo mil diferentes fortnas, 
como el Proteo d« la fábula, tratan de 
acercarse artificiosamente j de asediar ul 
gobernaste en loa tiempos de agitaciones 
politicas. iCu&nta penetración , cuftnta 
destreza, cuánto talento Doesmeneeteren 
tales épocas para distinguir ydiscemir el 
dictamen interesado y mentido del útil y 
saludable, la rencorosa paRion del patilo- 
tíamo sincero, la mala intención del sea* 
timiento leal y bien eocaminadol Bflpo- 
remosque el ilustrado general Tar^Bs 
sabrá elevarse á tan eminente altura, 6l, 

3ue aceptando hoy la capitanía general 
e Santo Domingo, da una prneba M- 
pléndida y nada común del elevado tem- 
ple de su carácter, y un noble ejemplo 
de confianza en Dios, en el poder y los 
grandes recursos ds España , y en su 
propia fortuna. 1 

Decia el mismo periódico el S2 de Oc- 
tubre: 

«En la maüana de ayer efectuó sudes- 
embarque el Bxemo. señor mariscal de 
campo D. Carlos de Vargas, gobemud 
y capitán gensral de esta provincia (p 



. lii ■ 



Hola. Le eondnjo k este pnerto el Vapor I 
de la marina nal i>t«(irro, qne lle^ en 1& 
soctie del 22. AcudieronArecIbiraS.E.el 
Ezemo. señor capitán general salíeote, 
D. Felipe RlTcro, j todas las corporacio- 
nes ciTilee, militares j eclesiásticaa. Laa 
tropas de la guarnición formaron la valla 
en la TÍa del trbnsito.i 

Y el miFimo día en que tomaba pose- 
sión la nuera autoridad, dirigii) al pue- 
blo 7 al ejército las dos ilguieiites alo- 
cuciones: 

D.CÁRL08 DE VAitGAS T CBRVETO, 
maris^l de campo d« los realea 
«Jércitos, gobernador capitán gen«- 
ral de la part* eapaOola. d« Santo 
Domingo, etc., etc. 

DoHiNicAnos: 
dundo S. H. la reina (Q. D. G.) se 
dignó eoafiahne el m.ando superior civil 

Í militar de esta isla, oí de sus augustos 
bioB aentidas frasea , encaminadas k 
Tueatro Bosiego7 bienestar. Considerad, 
pues, cuan profunda herida abrirá en bu 
magnánimo corazón la noticia de la in- 
motlTada j escandalosa rebelión k que 
algunos de Tosotroa se handejadoinsen' 
satamente arrastrar por falaces sujea- 
tiones de un corto número de ambiciosos, 
mal aTomdoa con el sistema de orden j 
de prudente j racional libertad que se 
iba desenvolviendo en este país, honda- 
mente trabajado hasta ahora, por repe- 
tidas discordias intestmas. 

Hombres desautorizados, falsos intér- 
pretes de la opinión pública, sin razón v 
KiL derecho, v esgrimiendo las armas de 
la impostora vde la pcriidia. hün conver- 
tido en teatro de cnmeoeü horrorosos y 
enliiarto de ruinas v cenizas algunas de 
lu más fértiles y ricas comarcas de esta, 
hasta ahora, infortunada Antüla , olvidan- 
do qoe nuestra noble nación, sin pararse 
CD sacrificios, ni en consideraciones inte- 
rnadas, abrió suñ brazos de madre al 
poeÜo domi^cano. cuando este, en un 
memento supremo, pidió su reiiic->rpora- 
' donen la coroaa de Castilla, que deade 
catoncesha pr-jdigadi sus tesi-ros para 
ihrir las cegadas fuen'es de la riqueza 
dmnini'Sna. j sv^ v^iütotes hiioí paya ie- 
DíT á ravB á lo£ enemigos de su repo^J 7 

Pbo T»otros, dominicano: ¡eaJea, que 
Ka las más v los mej j-ea. tened confian- 
a «la íam» j la jucticia de miestra 



magnánima nación, eu^sa armaa so pue- 
den quedar deslucidas en una lucha con 
enemigos débiles en número y en recur- 
sos. Si, muy en breve será restablecida 
la tranquilidad, jjara lo cual cuento con 
vuestra cooperación como los más inte- 
resados que sois en que cese cuanto an- 
tes un estado de cosas que no puede con- 
venir sino á los que se alimentan del des- 
orden público. 

DominicanoB, oid Ib voz de quien no 
pretende engañaros y'^ue, como el que 
más, se interesa por la prosperidad de 
esta hermosa tierra; los que os hablan de 
que sea posible restablecer en ella la ea- 
elavitud, mienten i Habieudas, pues que 
va una vez S. M. ÍQ. D. G.) declaró abo- 
lido para siempre ese smtema en esta pro- 
vincia; y mienten tamfflen los que do cual- 
quier otro modo os infunden temores con 
respecto á las buenas intenciones de nues- 
tro gobierno. 

Los hombres honrados y pacíficos que 
se han mantenido fieles, 7 los que depo- 
niendo las armas inmediatamente vuel- 
van tranquilos á sua hogares, pueden con- 
tar con la protección del gobierno; pero 
los que perseveren en sus pérfidos de- 
signios desconociendo la legitima autori- 
dad de la reina, sufrirán el castigo que 
merece su dea lealtad. 

Desde hoy quedo encargado del go- 
bierno superior de esta proviacla, 7 me 
desvelaré por restablecer en toda ella la 
tranquilidad y hacerla marchar de nuevo 
por la senda 'de la prosperidad j delpro- 
greai'.: asi lo he ofrecido áS. M., j tm lo 
ofrezco á los leales habitantes de Smato 
Domingo. ¡Viva la reina.' 

Santo Domingo 23 de Octubre de 1883. 
— Cárlút de Vargat.t 

D. CABL03 DB VARGAS Y CEEVETO, 
mariscal de campo de I4M reales ciJír- 
cltos, gobernador capitán general 
de la parte española de la Isla de 
Santo Domingo, y general en jeft del 
ejército de la misma, etc., etc. 
Soldados del ejército v reservas domi- 
nicanas.— La e^andalosa rebelión que 
Tiene perturbando fíravemente la tran- 
quilidad de esta precioea Ula, os ha pro- 
porcionado una ocasión más de patenti- 
zar al mundo encero vueatras reíevuitea 
cualidades. La abLCgacion v el sn£ri- 
. mientio. ¡a subordinación 7 eí valor qne 
' ha' eis demostrado en aqóel período.jna- 




tlfloftn vuestrat virtudea militares y el 
merecido renombre que en todos tiempos 
T países obtuTo siempre el eoidado que 
defiende el pabellón de Castilla. Yo me 
complazco de poder compHfCir con vos- 
otros laa glorias que os reserva el funesto 
estado en qu» unos cuantos revoltosos 
han puesto á esta desgraciada antilla, 
digna de mejor suerte. 

Ingratos á los beneficios que recibieron 
de la mejor da las reinas, apelaron al in- 
cendio, al robo, al asesinato j i la devaa- 
tacioa más espantosa, para reconquistar 
una libertad que tenían asegurada. En 
su ciego frenesí ban tratado de mancillar 
nuestra honra j de llenar de Ignominia 
nuestra gloriosa enseña. ¡No comprenden 
que nuestro honor ofeuoido reclama la 
más cumplida satisfacción de tanto ul- 
tr^el 

Soldados del ejárcito.y las reservas do- 
minicanas; esta satisfacción está próxima 
y JO bendigo á la Providencia que me ha 
reservado el honor de proporcionárosla. 
Que ae distinga vuestro comportamiento 
como se ha distinguido constantemente 
por 1& mis estricta' subordinación y 'dis~ 



cíplina, por la más ciega obediencia á 
vuestros jeíes, y que satos se acnalamá. 
no puedo dudarlo, teniendo á su frente 
al digno teniente general D. Pedro San- 
tana y al bizarro general Gándara, ouym 
prudencia, valor y exactitud, en el cum- 
plimiento de las órdenes superiores, asi 
como el de los demás jefes, son la mejor 
g.iraotia de un triunfo seguro. 

Soldados dei ejército y do las reser- 
vas: protección y amparo al hombre pa- 
cifico y honrado, al que vuelva inmeaia- 
tamente tranquilo á sus hoeares: ningu- 
na contemplación á los rebeldes que hos- 
tilicen con armas ó cooperen de otra ma- 
nera á fomentar ó mantener la rebelión, 
y cuando el pendón inmarcesible de Cas- 
tiila vuelva a ondear en loa mismos pun- 
tos en que la traición y la sorpresa lo- 
graron profanarlo, vosotros, soldados del 
ejército y de las reservas dominicanas, 
unos j otros, cubiertos de laureles, en- 
tonareis himnos de victoria al grito e, 
tusiasta de jviva la reina! 

Santo Domingo '23 de Octubre de II 
—Cárloi lie Vargat. 



xxvn. 



PASTIQA. DSL GSNESáL RtTERO. 



Pronósticos. — Su pensamiento sobre lo qixe conTonift.- 
dfgado. 



Talo hemos dicho. El general Rivero 
no ae hizo ilusiones desde el momento en 
que se presentó la insurrección. El re- 
sultado juatiflcó sus temores; pero se 
equivocó, si creia que el gobierno de Ma- 
dnd, que habla desoído sua oportunas 
reflexiones, no dándole cuando debi6 el 
auiilio que le pidiera, no llegarla jamás 
¿desplegar sus recursos y prodigarlos 
en diaero, material y hombres. Mas ha- 
biendo pronosticado que para combatir 
la insurrección había en el paia grandes 
obatáculos y que para salvarlos era ne- 
cesario, un genio y mucha voluntad, en- 
teacea fuerza es confesar, que tenia mu- 
chisima raion. 

Se marchaba proclamando la conre- 



niencia de que EspaCa se deapren^ 
muy pronto de la pesada carga que' i 
había impuisto con la posesión de Santo 
Domingo. Aquello entonces parecía una 
blasfeniia; pero una fatal reunión de coin- 
cidencias hizo que Rivero uniese el titu- 
lo de previsor á los muy envidiables que 
ge había adquirido en su dilatada carrera. 
El 33 de Octubre, al oscurecer, salió de 
la capital para embarcarse en el vapor 
de guerra Pizarra, que debía condvcirlo 4 
puerto-Rico. Le acompañó hasta el em- 
barcadero su sucesor D. Carlos Vargms, 
con todas las corporaciones civiles y mi- 
litares y muchos de loa amigos oue slU 
habla conquistado por su afabilidad * 
dulce trato. 



El geoen.! Bivero dejó en pos de au 
mando gratos recuerdos de su bondad y 
justicia, siendo únicamente censurado, 
dequeá causa de su avanzada edad no 
había desplegado bastante energía para 



sofocar la rebelión é imponer obedienelft 
al general Santana. 

i Escasa critica en verdad, para el que 
atraveeó tan di&ciles circunBtsiiGiu.' 



xxvra. 



LA PROvmrlA DBL 8ETB0. 



I~*S1 general 8<mtana ¡legó í ser el gran 

^Bfior do la provincia que le vio nacer, j 

an mucho prestigio ea ella, hacia esperar 

qua allí no encontraría eco la insurrec 

cíon. 

El antiguo dictador no quiso empero 
hacerse iiusiones, y con la mejor parte 
del ejército eapaool que habia disponible, 
7 con la gente del paia que pudo reunir, 
fué á situarse en Guanamá y Monte-Pla- 
ta, más que con el fio de atacar de frente 
la Insurrección, con el poco disimulado 
propósito de limpiar sus Estados de los 
enemigos que por aquella parte pudieran 
entrar del Cibao, y contener con au pre- 
sencia á los sejbanoB que , desafectos á 
su persona más que á España, pensaran 
en rebelarse. 
Asi se explica que al mismo tiempo 

Iue desobedecia abiertamente la 6rden 
el capitán general, que le mandaba re- 
S legarse k la capital, falseaba el verda- 
ero objeto de su salida de Santo Do- 
mingo, que era atacar el foco de la revo- 
lución en Eu misma cuna, ; no el de bus- 
car y batir los pequeiíos grupos de su- 
blevados que vagaban por Llamasá, Mon- 
te-Plata, Santa Cruz j San Pedro, pun- 
tos que sa pueden considerar como los 
portillos del Sevbo. 

Pero el hombre propone j Dios dis- 
pone. 

Hoy lejos debía estar Santaua de figu- 
rarse que tan cerca de ai tesia al hombre 
que había de echar por tierra sua pro- 
nmdoa é intrincados cálculos. 

Ta hemos indicado en el capitulo 24 
qtie el hombre de couSanza del antiguo 
presidente era el teniente Antón. Este, 
como BUS demia compañeros de la reser- 



va, surtía con la mayor eñeacia al cam- 

£ amento español de ciertos artículos que 
acia pagar á peso de oro al pobre sol- 
dado. Éoesta industria reunió muy pron- 
to 3,000 posos, j pudo conseguir as su 
compadre el general da la división, que 
ie concediera permiso para ir al Sejbo á 
emplear su capital. 

Aprovechando Santana esta ocasión 
y deacanaando ea la confianza que le 
inspiraba, le dio 2.000 duros más, para 
que los llevara á su casa; pero cuál no 
seria su sorpresa, al saber á los pocos dias 
da au partida, que se encontraoa á la ca- 
beza de una partida de insurrectos que 
habia levantado con las gentes que é! 
creía amigos invariables. 

La primera noticia que recibió Santa- 
na de la defección de su compadre y ayu- 
dante de campo Guzman, fué por una 
carta de este, en la que llenándole d« 
denuestos, le juraba por lo más sagrado 
que le habia de matar con su propio pu- 
fial. Esto le causó un proftodo pesar, 
pues debía conocer la ferocidad de su 
nuevo adversario, y la primera medida 
que tomó, fué la de ordenar al oficial espa- 
ñol que mandaba la guardia de sa casa, 
que no permitiese la entrada en ella á 
Individuo alguno de la reserva armado. 

En pocos dias sublevó Antón casi toda 
ta provincia del Seybo y se hizo general, 
tratando á su compadre con la mayor In- 
solencia y desden en todas las cart&a que 
(ton frecuencia le dirigía 

Santana tardó poco en caer enfermo 
de gravedad y marchó á curarse k Suato 
Domingo, no permitiéndole su estado re- 
cibir alas comisiones que fueron á íeli- 
eitarle, legun costumbre el día da Beyes. 



Mientras tanta, las noticias i}ue llega- 
ban del Seybo eran cada Tez mas graves, 
puea ae propagaba el fbego de !a insur- 
rección rápidameate de punto en punto, 
mareed & la falta de tropas j k ]aa cons- 
tantes defecciones de los indíTiduosde 
las reaervaa. 

Hestablecido Santana, prometió al ge- 
neral Vargas paeiflcar muy pronto su 
provincia, v á este Ún obtuvo autoriza- 
ción para llevar consigo al batallón del 
Rey, que acababa de Itegar de Puerto- 
Plata j Samaná, donde había prestado 
luují buenos servicios. El día 12 de Ene- 
ro salió de Santo Domingo con su colum- 
na, pernoctando en el pueblo de San An- 
tonio de Guerra , y al día siguiente, al 
llegar á Lot Llaiot, recibió noticias del 
ya general Antonio Guzman, que había 
conseguido sublevar á los campesinos 
del Sejbo y de las orillan del Ozama, y 
que la avisaba con insolencia que le es- 
peraba en el punto llamada Puigarín. 

Lleno de ira corrió Santana <on el ba- 
tallón del Rey á batir á un adversarlo 
que ae le había hecho tan odioao. 

Ouzmaa era todo un guerrillero domi- 
nicano que hubiera sobresalido mucho si 
solo hubiera tenido que luchar con sus 
paisanos, pues resaltaban en él la astu- 
cia, elvidory la actividad. 

Para apoderarse el batallón del Rey de 
Pulgarín, que es una posición ventajosi- 
■ima an sn monte, tuvo que sostsaer on 



fuego de cuatro horas y dar varlaaiQi 
gas k ta bayoneta; pero sus defeti 
aunque superiores en número. 1 „ 
derrotadua, haciendo mis uolablft |^ 
revés, una casual coincidenoía, pueB'al 
compafíias del regimiento de la Haw^ 
destacadas en el pueblo de Bayset" 
oyeron fuego de insileria bácia Pulg 
y tomando 66te camino, se encontrq 
al enemigo en dispersión y lo atM 
causándoles muchas b^as. 

Aquel triunfo sobre un faccioso que 
tan msoleote se presentaba en escena, 
ejerció mucha influencia moral en lapro- 
vincia y se llegó á creer que el mismo 
Guzman, reconociendo so impoteneí*, «• 

tasaría al Cibao con los pocos que iiun 
! seguían. 

Santana, con el objeto de reanimar al 
espíritu abatido y vacilante de suh Tccí- 
IJ09, dejóunacompañía en ¿o« LUnoi j 
siguió coa el resto del batallón y algUBS 
gente de la reserva para el pueb^ da 
Hato-Mayor, que había sublevado Anton- 
Aquellos vecinos honrados, flexibles y 
fáciles de impreaionar, recibieron al anli- 
ffuo presidente con las mayores mueatrM 
de regocijo, de cuya sinceridad, sin em- 
bargo, no salimos garantes. 

Dejando en esta situación un tanto ha- 
lagüeña al general Santana, echareraoi 
una ojeada sobre lo qne al mismo tlemp) 
acontecía en el campamento de Ont 



xxrx. 

LA ACCIÓN EN SAN PBDBO. 



Encalcado del mando de la divisioa de 
Guanuma, el general D. Antonio Abad 
Altau, porausenciadeSintana, deseaba 
dar una prueba de su buen espíritu por 
U causa de España. Sabia que las expe- 
diciones á Llamaeá. los Botados y Santa 
Cruz, emprendidas por su antecesor en 
mementos críticos, eran ya recursos gas- 
tados y sin resultado y qua era necesario 
pousar en otra cosa más formal. No ig- 
noraba que loi inaurratos estaban reuni- 



dos en gran numero en San Pedro, á cua- 
tro leguas de Guaniuni, y que i su ca- 
beza se hallaba Pepillo Salcedo, |ireai- 
dsnte de la junta revolucionaría, qus 
abrigaba grandes proyectos de tomar Im 
ofensiva. 

Con estas noticias que comunicó al g^ 
neral Vargas, pudo conseguir de esls 
que le mandara algún refuereo para em- 
prender algo. 61 primer batallón ae Bv- 
paSa, entonces tuerte de mil dose' 



- 1 

tos hombres, al mando de su primer jefe 
D. Deogracias Hevia, se presentó en Gua- 
numa, dando vida fd campamento, cuya 
guarnición jacia enferma en sus dos ter- 
ceras partes. 

A las tres de la tarde del 22 de Enero 
salió de él una columna como de dos mil 
hombres, con cuatro piezas de artillería y 
una sección de cabaíleria, j después de 
recorrer un camino infernal, ifeno de 
monte, de cuestas j cruzado de ríos, llegó 
al puBto dt la Luisa, situado en una lla- 
nura que bañaba un arrojo. Allí se pasó 
la nocne. 

Al romper el siguiente dia se puso en 
moYimiento la columna, j al poco rato 
■e unió á una respetable fuerza españo- 
la, Que al mando del general Suero Te- 
nia ae Monte -Plata para concurrir al he- 
eho de armas. 

Las ocho serían euando se avistó el can- 
tón general de San Pedro, en cuyas al- 
tarais se disting^a considerable número 
áe insurrectos. 

El eaihpamento enemigo se hallaba en 
nna cumbre pelada y de fácil acceso, que 
lindaba con una sabana. Las tropas avan- 
zaron por la llanura hasta distancia de 
mnos oos mil metros, en donde hicieron 
alto para tomar la más conveniente for- 
mación de combate. 

Su alto fué interpretado por el enemi- 
go por temor, y empezó á dar desafora- 
dos gritos, incitando á la pelea. 

Concertado el plan de ataque, se for- 
maron las columnas en escalones bajo la 
protección de las compañías de cazado- 
res, mandadas por el teniente coronel 
D. Ramón Fajardo, quien con tanta sere- 
nidad y exactitud como en un ejercicio 
doctrinal, desplegó su fuerza en guerri- 
lla y rompió el luego avanzando. 

1^8 insurrectos no cesaban de disparar 
sus dos piezas contra las columnas, pero 
lo hacían con tan desdichada puntería, 
que ni un disparo aprovecharon. 

Duirante cinco minutos presentó el 
combate el espectáculo más bonito que se 
puede imaginar. La colina de San Pedro, 
limpia y despejada, estaba coronada de 
gente que hacia un nutrido fuego de fu- 
sil, protegiendo á su artillería. Ksta no 
cesaDa de funcionar, y los dos brazos de 
bosque que avanzaban desde la colína á 
la lutnura, formaban un semicírculo de 
füetto ^ue en vano se oponía al empuje 
de &8 colúlnnas de ataque, aue adelan- 
taban siempre bajo el apoyo ae las guer- 



rulas, que con toda precisión hacían fue- 
go ganando terreno. Nuestros artilleros 
arrojaban granadas con pasmoso acierto, 
y cuando el efecto de ellas se dejó notar 
por la confusión de las principales masas 
sobre que se arrojaban, se dio la señal de 
ataque, y á la bayoneta y al paso lijero 
se tomó la posición y con ella los cañones 
que la defendían. 

Allí ocurrió un lance particular que 
vamos á referir. 

Cuando las tropas cargaron á la bayo- 
neta para desalojar al enemigo de sus 
Eosiciones, uno áe los contrarios, alto y 
astante bien vestido, que fué de los úl- 
^timos en abandonar sus piezas, huia con 
una pisiola en la mano; dos cazadores Te 
seguían tan de cerca, que apenas media- 
ba una cuarta de su espada á las bayo - 
netas. Con un mal paso, con lamas lije- 
ra detención, el fugitivo hubiera dejado 
de existir; pero en aquel momento pasa 
al golope el general Alfau, y acercándo- 
se, grita: <fCuartel, cazadores; no matar 
áese hombre.» Los soldados, sin detener 
su carrera, gritaron á su vez: «Ríndete, 
y no te matamos.» El perseguido se paró, 
y los cazadores levantaron sus armas al 
propio tiempo que se acercaba el general. 

El prisionero y Alfau se reconocieron 
entonces como enemigos personales, y el 
primero fascinado por la dosesperacion y 
dominado por el deseo de venganza, diri- 
gió su pistola hacia la persona aue tan 
fenerosamente le había salvado la vida, 
ero el tiro no salió, oyéndose tan solo 
el ruido que produce un tremendo sabla- 
zo al romper un cráneo. El hombre aquel 
cayó exánime, y el general envainando 
su arma, se alejó de aquel punto. 

Súpose después que el aue tan trágico 
fin tuvo era el coronel de las reservas 
Hernández, que desde Santiago de los 
Caballeros venia con el presidente á pro- 
pagar la insurrección por las provincias 
que aun permanecían leales. 

La suerte de las armas españolas fué 
completa en aquella jomada, pues en la 
fuga de los insurrectos fueron cargados 
por la caballería, que les hizo diez y nue- 
ve muertos y 27 prisioneros, por los que 
se supo que el numero de enemigos allí 
derrotados pasaba de 2.000 

El ejército continuó avanzando hasta 
Arroyo-Bermejo, donde había otro can- 
tón insurrecto; pero sus defensores le ha- 
bían evacuado al tener noticia de la der- 
rota de San Pedro. 



Arroyo-Bermejo era el sosten del tan 
ponderado desfiladero llamado el iSillon 
at la Fttciíú; de modo, que si aquel día 
hubiera convenido pasarle, se habría con- 
aeguido ain diaparar un tíro y sin más 
bajas que loa siete heridos que se habían 
tenido en San Pedro. 

El general de la división Sr. Alfau, se 
mostró muy complacido de la disciplina, 
serenidad j arrojo con que sus batallo- 
nas 86 lanzaron sobre el enemigo. 

El general Suero, poseidq de entusias- 
mólos elogiaba también, asegurando que 
solo con aquellos soldados y cada m¿3, 
iría sobre bantiago j conoluiria con la 
revolución. 

Los prisioneros y presentados y varios 
documentos que se cogieron aquel dia, 
revelaron la precaria situación ae los in- 
surrectos, que desnudos, sin sal, sin pa- 
pel y sin otra porción de artículos nece- 
sarios á la vida racional, andaban ya dis- 
gustados, careciendo de municiones y 
echando de menos el abundante ganado 
de que se racionaban; en una palabra, se 
hallaban en la miseria. Un movimiento 
atrevido hacia el ioterior por una colum- 
na que hubiese invadido la provincia del 
Cibao, foco de la sublevación, hubiera i 
no dudarlo concluido con ella. 

De regreso las tropas en el campamen- 
to de San Pedro, cogido al enemigo, pa- 
saron allí la noche y á la maSaaa si- 
guiente continuaron su marcha para sus 
naturales cantones, deapuea de entregar 



á las llamas los bohíos que hablan ser- 
vido de alberguei las fue>-xas enemigu. 

La expedición que acabamos de deacri- 
bir se habiu preparado para celebrar el 
.'-anto del principe de Asturias, que era 
el 23 de Enero. Por los prisioneros se au- 
po que cuando llegó á ellos el eco de las 
salvas de artillería que se hicieron eo 
Santo Domingo, lesdljeron suaieles que 
aquel ruido lo producía el comoat* que 
sa habría trabado entre los españoles y la 
flota inglesa que debía venir k prote- 
gerlos. 

También manifestaron que al ver des- 
embocar Us tropas en la sabítna, se ha- 
bian aobreoogiíío de temor, pero que se 
rspuaioron, merced á las amenazas de 
Salcedo, que con los demás jefea al ver 
que hacían alto, empezó i gritar; <Mu 
ichachos, ya podéis cortar varas para 
•zurrar á esos soldadicoa,) y por iiltimu, 

3ue mientras >e formaban las columna* 
e ataque, que ellos creían preparativos 
de retirada, les habían hecho gritar: «ve- 
•nir aquí, no os marchéis, cobardea; que 
tya tenemos los cordeles para llevaros 
«amarrados á Santiago.! 

Esto nos demuestra loa artiOcios con 
que estaba soatenída la insurrección qos 
entonces se podia comparar k ua edificio 
sin cimientos, que puede derribarsa con 
un soplo. Y, eia embargo, j cuún coatou 
se iba haciendo á Espaüa! y ¡cuítntoa pa- 
decimientos hacia soportar k nuestro va- 
liente ejército! 



¡f aspecto desgarrador.— Los enfermos, 
que st conservaba Quanumn. 



Zí CA.MPXMKKTO DE 5UASUMA. 

La tropa famélica.— Lft fl 



Distaba el campamento de Guanuma 
solo siete leguas de la capital, pero á pe- 
sar de tan corta distancia ae solía hacerel 
camino en dos y hasta en tres jornadas. 

A las primeras dos leguas se encontra- 
ba el iro Isabela, anchísimo y caudaloso, 
que se pasaba sobre una mala balsa [1) 



que por su pequenez tenia que hacer ■ 
chas viajes para trasportar un bat&" 
cualquiera otra fuerza, retrasando n 
las marchas. 
Sobre la orilla opuesta habia unoa ti 

que servían de depósito de p 

, y desde allí se trasladabar 



Y reabnente era tan mala balsa, que al retirarse al campamento hubal 



csmpamento por medio de acémiUs. 

Oincu leguas mas arriba se hallaba el 
puesto avanzado de la Bomba, diataate 
como dos kilúmetro^de Guauuma. 

Era aquel deatucamento el prólogo del 
libro que reproseutaba el campameoto. 

Ya los homores allí parecían de otro 
eiórcito y hasta de otra eafiecie. La tropa 
iba sucia, pálida, sin afeitarse y des- 
cmlza. 

Por allí se \eÍBn vagar como escuálidos 
fintaamas á soldados envueltos ea asque- 
rosas mantas, apoyados en largos paíos 
y moviéndose traDajosamente. Babia allí 
tfttnbion una cosa que se llamaba hospi- 
tal, y que no era más que un barracón 
hecho de ramaje y palos, oajo cuyo abrigo 
descansaban los enfermos cciíados sobre 
el suelo. 

El trayecto de la Bomba á Guanuma 
BTB tan sumamente malo, por lo cenago- 
ao, que toda ponderación es poca; ¡a gen- 
te se buadia nasta las rodillas, y las ca- 
balleiias se atascaban y caian con lá ma- 
yor frecuencia, 

A unos cuatrocientos metros del cam- 
pamento ae vadeaba el rio Guanuma. 

La entrada de aquel presenta desde 
luegoun aspecto repulsivo. Se hallaba si- 
tuado en una suave colina de negruzco 
y pegajoso barro, viéndose colocadas sin 
r^ularidad como doscientas tiendas de 
campaña al lado de unos cincuenta 6 se- 
senta barracones da pésima construc- 
ción diseminados sin orden ni concierto 
alguno. 

El perímetro del campamento era de- 
maaiado estenso; sus cercanías por el 
lado del rio abundaban en arboleda, pero 

Sor los otros tres frentes, e! terreno era 
espejado. 

No creemos exagerar diciendo que el 
aspecto de Guanuma era repulsivo y des- 
garrador. 

AJli no se veia nada que halagase á la 
vista ni alegrase el corazón. Ko habiani 
nnacaB)!, pues hasta la que habitaba el 
Renerol era una mala clioza; los eaballoa 
ae los jefes y oficiales se parecían, por lo 
flacos, á las aleluyas que se suelen ver 



d^gracia de que allí se ahogaban varios 
individuos, entre los cuales (tebe contarse 
»1 teniente Mazarredo, que por su educa- 
ción esmerada, valor y buen porte, ha- 
cia esperar que llegaría, cual su respe- 
table padre, á los primeros puestos del 
ejértífo. — Ñ- dtlÁ. 



en las corridas de toros; la tropa iba biü- 
cia por el barro negro sobre que andaba 
y dormía; no .usaba corbatín; se llevaba 
poco, no se afeitaba y marchaba en su 
mayor parte descalza de pié y pierna, y 
con el pantalón levantado hasta la rodi- 
Ua. Esta era la facha de la gente buena 

Í robusta, pues á los enfermos hay que 
osquejarloB con tiutas mucho mas som- 
brías. Con sn semblante amarillento, su 
ropa más descuidada todavía, su paso 
lento y difícil á pesar del apoyo de un 
palo que usaban y la manta ó parte de 
nianta en que se envolvían, daban & 
aquel campamento el tinte de un patio 
de hospital. 

Los oficiales no parecían lo que eran; 
aunque su ropa no estaba tan sucia ni 
tan descuidada como la de sus subordi- 
nados; sus semblantes Llenos de barbas 
abandonadas; sus descoloridos uniformes, 
sus calzados embarrados, y sus ajados 
sombreros unido á la falta de insignias, 
les hacia confundir á primera vista con 
individuos de la clase más inferior de la 
sociedad. 

La enfermedad endémica de Guanuma 
eran unas calenturas cerebrales que se. 
solían presentar con síntomas terribles y 
alarmantes. El paciente suti'ia una pos- 
tración grande á consecuencia de loa 
fuertes delirios que le asaltaban, Según 
opinión de loa facultativos, eran de fficil 
curación y obedecían al freno de la qui- 
nina: pero ni en Guanuma, ni en la Bom- 
ba podían combatirse, por la mucha hu- 
medad y falta de condiciones en el local 
que se llamaba hospital. 

Para socorrer & tantos infelices enfer- 
mos como diariamente aparecían en Gua- 
numa, había un mal barracón sin camas- 
tros que podía albergar á sesen'a indi- 
viduos; pero como el número de ellos era 
mucho mayor tenían que andar los que 
no cabían, tirados por laa eliozus y por 
las tiendas, solos, abandonados y sin au- 
xilios. ¡Qué dolor! 

Cada tres días salla del campamento 
una partida de ochenta hombres con die» 
y seis ó veinte acémilas para la barca de 
Santa Cruz en busca de raciones. Con 
ella se mandaban aq^uellos enfermos cuya 
gravedad lea permitía soportar la jorna- 
da; pero solo se mandábanlos verdadera- 
mente de cuidado, en concepta de los mé- 
dicos. Fácilmente se comprenderá que 
aunque en esta designación residiese la 
mayor imparcialidad y justicia, solía ea.- 



I 
I 



ceder que por no mandarse fuera iv to- 
dos, loB de gravedad sucumbiau por ful- ■ 
ta, de cuidados j asistencia y los demás 
GB Bgr&Tabau de dia ea día. 

Por cualquier prisma que ae ^pretende 
mirar á las tropas espoñolns allí acauto- 
nadas, solo se verá eu ellas miseria, en- 
fermedades y abatimiento. 

No empuñamos la pluma para lanzar 
recriminaciones; báatanoa iudicar aque- 
lla triste ylamentable situación. Quisié- 
ramos equiTocarnos; pero dei^racloda- 
meate es harto cierto cuanto detiimoa y 
otros muchos incidentes que callamos. 
En apoyo de cuanto llevamos eipuesto y 
para, que no se nos tilde de exageradas, 
airemos que el batallón de Valladolid en- 
tró en Guanuma completo ; tenía gq 
1," de Febrero solos 164 hombres dispo- 
Ulblea; eJ de Puerto-Rico tenia en igual 
fecha, á pesar de loa i'efnerzos que reci- 
bió 200 plazasr el do Bailen 117 y el pri- 
mero de España que había llevado l.^lá 
hombre?, quedd reducido í los veinte 
días Á 490. 

La elocuencia de loa números es irre- 
cusable; Doa consta que pasan de cuatro 
mil las bajas que nos causó el fatal cli- 
ma de Guanoma. 

La parte de subststeociaa fué otro de 
lospuntüs.que se presentó en dicho cam- 
pamento á los oíos del observador con los 
más tétrico? colores. 

Tiene & nuestro juicio esta importante 
cueation una grande ó inmediata conce- 
sión con la salud, pues nadie ignora que 
el alimento y el aire nos dan la vida. Lo 
escaso del primero y las humedades se 
conjuraron allí contra la salud de la 
tropa. 

Hemos presenciado eu el campamento 
escenas que partían el alma; hemos oído 
conversaciones álos soldados andniuces 
que desgarraban el corazoo y que no 
obstan te liacian rcir (11- 

(1) Dimos nna noehe i dos toldados 
aue tenían bajo su tieuda el siguiente 
diálogo: 

— JuaDÍlIo. i& quién quieres más en 
cato mundo? 

—¡Toma! i mi madre. 

—No, hombre, hablo da novias, 

— ¡Ahí entonces á Lolllla. 

— Vamos & ver: ¿si viniera por aqui, 
qué barias de ella! 

- Lo primero, para quitarme el hambre 
la com«rí& una pantorríUa. — iV. dtl A. 



ando Im 

■I órí^^ 



El soldada estalla tan mal mantenido 
con la ración que recibía, que cuando Im 
vivanderos llegaban de la ciudad coa ' 
visiones, eran de tal m.anera rodead 
acosados por la tropa fumedica, que 
etientemeate tenian que intervenir Ic 
fesy oflcislea para restablecer el ó 
y hemos visto formar sumaria á ui 
dado de E.spaiia por haber herido á otro 
de Madrid por cuestión de comprar el 
pan con preferencia. Todo esto ocurría, i 
pesar del fabuloso precio & que loa eantl- 
aeros vendían sus artículos. 

Para ser todo lo breve posible, dire- 
mos, que cuando las tropas salieron pora 
la acción de San Pedro, se dio orden di 
que se racionaran por tres días j se rs* 
partió la galleta k razón de nueve oneu 
por plaza para todos tres. El dia háe Fe- 
brero se distribu v ó uoa onza áe arroz y 
otra onza de gatleta por íDilívíduo. peni 
como las galletas no tienen marcaoo el 
peso por medio de señales, como el cho- 
colate, los soldados, que en todo caen, W 
repartieron una por cada seis, pero al fln 
se la comía el que favorecía la suerte, 
pues la rifaban entre si. 

Grandes y muy poderosas raaones d«- 
bian existir para que á pesar de tan fa- 
tales condiciones no se trasladase ó aban- 
donase el campamento de Guanuma. 

Hemos tratado de averiguar el origen 

V causas de su eatublecl miento, y nos Je 
!mn explicado del modo que vamos i n- 
ferir. Se nos dijo, que nabieudo salido 
en Setiembre el general Santaua de San- 
to Domingo con una columna, encontró 
resistencia en los barrizales de Guanuma 

V bien porque aquel sitio le pareciM* 
□uenops j¡eiíá, ó bien por que lo SH; 
se más conveniente para el m^or 8 
cío ó para sus particulares Int^w 
caso es que allí estableció sua r 
campamento. 

Este es el liecho. 

Somos muy inexpertos, pues o 
apenas diez años de servicios; ] 
poco que liemos aprendido sobn nw 
profesión, nos induce á creer fi^ 
campamentos permanentes debsttJ 
establecerse al frente de plazas filfl 
ó sobre vías de comunicación qn« J 
entre si á ciudades importantes ¿ p~ 
estratégicos. 

Eata tué entoucea nuestra 



laguarral estilo dominicano. 



^ÜlUBOB que Quanama em ud monte 
la o h&7 mil ea la iala; que do era pun- ' 
lo do paso entre poblacioncH ímportiin- 
t«s: qu« 1" ciuilfld mis próxima tm San- 
to Dain i ago, déla quedistuba siete le- 
guas; que «1 cantuB carecía de condiuio- 
nea tiiglótiii'-Hsquenoaori^iaHba viutiinHS 
A millares, BJejjdo una de ellus su ilustre 



41t¡mo, 

enemigoa! Todo esto nos liacia difícil dar 
con la razón, de gran peso eia duda, que 
debían tener nuestras autoridades para 
conservar el campamento. 

ConfeBamos in^eauamente que nuestra 
^ bceiatellgeacia daba vueltas y reyuel- 
l,baacanaola causa de conaervar me- 
1 j meaes el desierto de Uuanuma, 
ro que nunca pudo penetrarla. 
Plapuestos a no morirnos de empacho 
yeurlosidad. acudimos aun general de 
feréserTas que túvola bondad de ex- 
loa, aon toda U formalidad j pre- 



aopopeya de qae era capai un general d* 
la antigua república, lo que tanto ansiá- 
bamos saber. 
Nos dijo: «que Guanuma distaba Cia- 

•co leguas del f;iiDOSO deaflladero llamado 
lol Sillan de la Viuda, j qua si al^fuadl» 
*tr^^iu que ir la tropa española al pueblo 
»del Coluí/, paragiulla dirección, que en- 
«toucea no tenia que re<*orrer mas qus 
■ciuco leg'uaa desde aquel campamento al 
»ja dicho desfiladero.* Al oír esta pode- 
rosísima razón, nos quedamos tau en 
aruuas como antes, dolíéo'lonos que en 
el tiempo que llerahamos de campaña no 
hubiésemos aprendido aun lo sudcieute 
el arte de la guerra á la dominicas*, para 
poder comprender los designios del gene- 
ral Sautana, 

Como üad» Imj eterno en este mundo, 
por disposición del capitán general, ae 
abaodoDÓ Guanuma en Abril de ISSi, 
en medio de la major alegría. 



XXXI. 

OPERACIONES flN EL 6ÜIt. 

La toma de Banir.— Acción de Sabina-Buey.— Entrada ea Aiáa. — Reooaod- 
mieatos. - El general Florentino. — Su maerte.— Bendon. 



Rn el capitulo XXTH dejamos á la di- 
Tiaion del (renerai Gándara en San Cris- 
tóbal j ahora vamos á seguir deaeubri- 
entlo las operaciones que emprendió. 

f a qoeda explicado, pue habia tras* 
surrido un mes desde la ccupacion de 
San Cristóbal sin mas novedad, que lije- 
ras escaramuzas ó tiroteos, que no des- 
eribrlmoa por au pnca consideracioD. 

Coaoclendo el ca(<ítaa gfDeral la ím- 
porlauciaque tenían en poder acl enemi- 
£0 las ciudad 08 ds Baoij Akúh, Teíufífi I 
ConveDi^ntemente la división del general 
Gándara, con objeto de que se apoderase 
daellos. Al efecto el día 16 de [noviem- 
bre aalíó de Jujcia con dirección á Bauj 
una fuerr.ecolitmnn. | 

A las trc8 y medía de la tarde llegó i 
In la habana de Agua dulce donde acam- 
pó, levemente molestada en su marcha 
por un peqneño grupo ti e rebeldes que 
daadeNifualué tiroteándose con la reta- ' 



guardia, de cuyes resultas tuvimoa un 
Herido y un contuso. El 17 í>e rompt¿ 
temprana la marcha j a poco comenzó 
un débil tiroteo que fué aumentando en 
intensidad hasta que se presentó el ene- 
migo, cuando descansaba U tropa en Sa- 
banaOrande. Una compañía de Tarrago- 
na j otra de la Union lo Qaaquearon j 
obligaron í replegarse en dirección du 
camino, á cuyo tiempo avanzó la van- 
guardia cargando á la bB.yoüeta r dlaper- 
súndolo en todas direcciones. Pretendió 
sin embargo rehacerse el enemiga en 
otro pequ>üo llano algo mia adelante; 
pero bastó para ponerle en cutnpleta fu- 
ga, que cayese en mpdiodel grupo una 
granada, Ctírt'Tamentedirijida. La divi- 
sión cootiuuo sin otra uovedad la mar- 
cha hasta la orilla del Mis&o, en cuja 
opuesta lUirgen aparecieron algunos 
enemigoa. los cuales huyeron k los pri- 
mos tiros dejando franco el paso del ríe 
19 



- 31 - 



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.» ;i 11 »S POCOS 

,\ :u» 4 > rusas 
..-» i\v\ voraz 
. ^ oos ui'Viuiia- 
. .:.:\!» \ «limites 









• •♦' 






... '. .».:'.\uios Mupon- 

"^ 'í..v .^«/ chulos iiisur- 

. , .X v'.AniaasuH po- 



.*i»udniron á Moscow; pero se engafitn, 
;tues ios domimcanos, en eBta como en 
jtras ocasione», aplical>an lateainccn- 
jiaría para satisfacer antiguas vengan- 
zas. Siempre rivales los del Sur j lus del 
C^bao, aprovecbatan la menor ocasión 
I \\ue se les presentaba, para Laceise daño 
I reciprocamente. 

Situada Bany en una ei[ tensa llanura, 
en la que el enemigo ijO osuba presentar- 
se, era preciso ir á buscarle donde se ha- 
llase. 

A los pocos días de ocupar dicha po- 
blación se supo, que en número de dos 
butallones se encontraba en el punto lla- 
mado Sabana-Buey, á cinco leguas de 
distancia. Con el fin de que todos los 
cuerpos participasen de la gloria de der- 
rotarle de nuevo, se organizó un batallón 
de ochocientas plazas, compuesto de to- 
dos los de la división, y con dos piezas y 
una sección de : aballería s;ilíó con tres 
dias de raciones, en la mañana del '/3 de 
Koviembie. ' 

A las pocas horas de marcha y cerca del 
putiblo de Matanzas, se cjí^íó un prisio- 
nero que manifestó ser coionel, y que se 
liabia separado de los suyos para coger 
un caballo. 

Llegados al punto designado nada se 
onoonti o; pero nuestros soldados que ya 
habían aprendido á hacer la guerra á lo 
indio, sat)ian ya la dirección (^uc el ene- 
migo tomaba, bien i)or la pista de los 
animales, pjr la lii.eiia de los hombres, 
por las cascaras de frutas ó por cualquier 
otro indieio y este conociuiiento práctico 
les acíjnsejó tomar otra dirección. 

Con una audacia de nue no acostum- 
braba á (iar ejem])lo, se hallaba formado 
en batalla, en un lian > á la izquierda del 
camino ostentando dos banderas republi- 
canas. 

Juz«/ando el general IHieyo el terreno 
adecuad) para la ca))alleriu, ordenó que 
cuando la infantería se lanzase á la ba- 
yoneta, car;ra-e acjuella la deiecha ene- 
iniíja. A'íi se hi'/o,*¡.ero c ,n tan buena 
M.crt'f y tal rapid. z. que sin i-eider ni un 
sol) irii!ivi(!i;c, m:. le (rw usa ion aleiitmi^ro 
veintisiete miierto.s, tomúndoh-s las dos 
batideras Y cuatro acéniíias cargadas de 
víveres de b.oca y guerra. \]n Sabana- 
Buey permaneció la c »luini¡a victoriosa 
bástala mañana del :9que sin obstácu- 
liS que vencer, re;?resó á Üany. 

En retenida la división en ejercicios j 
maniobras permaneció en esta población 



-125 — 



hftstft el 4 de Diciembre, en que dejando 
en ella al coronel D. Joaquín Suarez, con 
un oficial 7 sesenta hombres de cada ba- 
tallón, emprendió la marcha para apode- 
rarse de Azúa. 

Kn la primera jornada solo tuvo un li- 
gero tiroteo; pera en la segunda batió al 
enemigo que en número de 400 hombres 
se hallaba en Matanzas persiguiéadole 
hasta el punto objetivo de la expedición, 
que cayó en su poder sin grande resis- 
tencia. 

Los insurrectos fueron perseguidos más 
de dos leguas camino de San Juan. 

Desde la nueva posición salieron varias 
expediciones que se apoderaron de San 
Juan, derrotando al enemigo en los pe- 
queños encuentros que tuvo en el Coroso 
y en las inmediaeíoues del Jaina. 

El resultado de estas operaciones cun- 
dió rápidamente por Europa, donde los 
periódicos publicaron ua telegrama pro- 
cedente de Inglaterra, concebido en estos 
términos. 

«La provincia de Azúa ha caido en po- 
»der de las tropas españolas, sin que los 
^rebeldes hayan conseguido incendiar la 
»capital.» 

Desde esta continuó el general Gánda- 
ra, haciendo salir columnas que periódi- 
camente recorrian el territorio, ahuyen- 
tando al enemigo en todas direcciones, y 
haciendo renacer la confianza en las in- 
felices familias de aquellos contornos. 

En uno de los reconocimientos practi- 
cados sobre el valle de Bánica, se encon- 
tró una cureña abandonada y todas las 
pesquisas que se hicieron para encontrar 
el cañón ?j[ue le correspondía fueron inú- 
tües. 

Conociendo ya el modo particular de 
hacer la guerra que tenian los insurrec- 
tos, es muy difícil calcular el número de 
ellos que opeiaban en el Sur á las órde- 
nes del feroz e inhumano general Flo- 
rentino. 

Este hombre inicuo y despreciable te- 
nia embaucadas á las sencillas gentes 
Que vivían felices en sus ranchos, y con 
nilsas predicaciones y exageradas noti- 
cias les hacia tomar las armas, presen- 



tándolos de carnada á las bayonetas es>« 
pañolas, mientras él y su desmoralizada 
mujer se entregaban al robo, al saqueo y 
al secuestro de aquellas personas, cuyo 
rescate les podía valer algún dinero. Rs 
incalculable el número de cs^bezas de ga- 
nado de diferentes clases que vendia en 
Haiti, después de sus cjrrerías y antes 
de abandonar á Azúa hizo un inmenso 
bjtin de telas y bebidas y hasta de mué 
bles, que más tarde encontró la división 
en San Juan. 

Para est« cabecilla, que más que ge- 
neral era un bandido, no habia más sen- 
timiento que una desenfrenada ambición 
de dinero, como lo podemos demostrar 
citando un ejemplo. Habiendo caido en 
su poder un prisionero, su mujer anega- 
da en llanto , se acercó á él rográndole le 
perdonase; pero Florentino desechó sus 
súplicas y solo en'^ró en tratos cuando co- 
noció que podría valerb algo, y después 
de un ajuste como el que podria mediar 
en la compra de un objeto cualquiera, le 
dio la libertad, previa la entrega de seis 
onzas de oro y una muía. No tuvieron 
igual suerte. Ocho soldados españoles y 
sQgunos de las reservas, á quienes sin 
piedad y en pelotón, fusiló en Azúa y 
San Juan, pretestando que le estor- 
baban. 

Debemos consignar en o^equio de la 
verdad que el bárbaro Florentino era una 
excepción entre los defensores de la re- 
pública, pues la mayor parte de los do- 
minicanos, sin excepción de clases ni co- 
lores, se mostraron siempre clementes y 
bondadosos con los españoles prisio- 
neros. 

Por el mes de Febrero de 1864, apare- 
ció por /los contornos de Azúa un nuevo 
cabecilla de los peores antecedentes. Lla- 
ra?U)ase Rendon, y muy pronto el negro 
Florentino le miró con el furor de los ce- 
los, orno aun rival. Rendon, envidioso de 
su émulo, le asesinó por su propia mano, 
•atribuyéndose este aclo al deseo de apo- 
derarse del fruto de sus rapiñas , si bien 
el lo disculpaba, diciendo que habia (Que- 
rido salvar á la sociedad de un mons-- 
truo. 




^ 



LlilfaBOiierla.— Los jefeB. — Sistema de guerra.— Los montes inconibusUble*'. 
—Rapiñas por los tnandariaes.— Espíritu de la gvate.— Loa placeres en los 
cun pamentoG domiaicanos. 



Ya hemos demostrado que la insuirec- 
cion DO fué casual ni espootánea, sino el 
resultado do autigaas tramas y oaDJura- 
Clones. 

La parte española de Santo Domingo, 
tan pubre, tan desplobada y tan inculta, 
tenia al anuiit^naTse el germen de sus 
eternas discordias cún tus públicas lucias 
masónicas. 

El indio más idiota, el negro más es- 
túpido, el mi;l:ito más perverso como el 
blanco más intrigante, ibun á las lúgias, 
sin las precauciones ni el misterio que 
usan los masones en las niLcíones más 
cultas y libres. En laa reuniones que en 
ellas tenia aquella etereugóneii sociedad, 
se trataban siempre las cuestiones polí- 
ticas, buscando cjn ellas la riqueza y fe- 
licidHd del pais, que no conipi'uudiaii, ha- 
llsrían con el trabajo y la honradez. 

La existencia de las sociedades secre- 
tas en Santo Domingo es innegable y á 
propósito de haber sido acusado el señor 
arzobispo Modíou de liaberlos persegui- 
do, dio una contestación de la que temn- 
moa los siguientes párrafos: 

«La franc-masoneria es en Santo Do- 
mingo esencial y radicalmtnte, lo que es 
y 00 puede menos de ser en donde quiera, 
que ^úr dcsgritcia se cHtiiblece; tiene allí 
ul miKmo carácter que tiene en Europa, 
«n el Sur y Norte de .\mérlca, de donde 
es originana, y ba producido allí poco 
más ú niénos los mismos átales resulta- 
dos que produce en todas pni-tes. tonto 
en b1 orden religiiflo como en el social. 

*Sé cuándo y de dónde ae iutrodujo In 
franc-masiineria en Santo Domingo; he 
examinado el manual macuico & que 
usiban sus adaptes; me he enterad) de 
la constitución de sus lógiaa y de los ri- 
tos con que las celebrabanj he vúito al- 



guna de las insignias que u&ii1;an 1 
ellas según el grado á que perteoocífl 
j lie llegado á ver también algún tltfl 
de loa que se les expedían, y »" - 
leído alquil discurso de losquO t 
nuuciaron en una oc^ion solemne; ' 
estos y otros datos que han llegado i 
noticia, lie podido inferir que 1k fhtfl 
masonería de Santo Domingo i 
ma que lia sido condenada y anatem 
zada en diferentes ocasiones por la ] 
sin; la misma que. como sociedad e 
t a, re prueban también las leyes oiv.., 
castiga nuestro oíSdigu penal vigenta 
aquella isla. 

»Y aun dado y no concedido qi 
cierto lo que han informado al S 
dará, comJ para atenuar la import 
de la franc' masonería dominicans, íM 
ber.' «que babia tenido en aquel PBÍs 3 
carácter político más bien que religtoM 
resultaría que esto, sin disminuir enS 
da su gravedad y su malicia en el ¿ra 
religioso, aüadiria en el orden polltloe 
gravísimo peligro en que podría poDeí 
casos dados el buen gobioruo y la tl^ 
quíLídad de la isla; puea que, anliadÓaV 
la franc- masonería con eará'-ttr políT 
los sugetos más influyentes del país, I 
mo se confiesa en el informe, media.'^ 
entre ellos las íntimas relsciODes, 6, 

Sromisos y juramentos que sabemM ■ 
ian siempie entre los adectos de t~ 
sociedadts, 7 teniendo en su 
{.•rindes medios de comunicación j^ 
Bcioii quu les propoi'cimia su organw 
cion secf6!ii y su ramiticaciün en lO(^« 
ii.ii, pueden lle;i;ar á promover atr 
conflii'tos y aun revoluciones y eamU 
políticos, sin que las autoridad!'* pueda 
prevenirlo 7 remediarlo, i pesar áb 1 
celo j vigilancia. • 



— 121 — 



Puede, pues, asegurarse que todo el 
eúmulo de conspiraciones, trastornos y 
delitos públicos que tanto han trabajado 
Y empobrecido aquel país, fueron concer- 
tados en aouellas cátedras. 

Allí donae con tanto trabajo y lentitud 
se comunicaban las órdenes del gobier- 
no, que velaba por el orden, la tranqui- 
lidad y el bienestar público, existían me- 
dios para participarse rápidamente y por 
yias especiales los acuerdos de las logias, 
y así se fraguó la gran conspiración. 

La insurrección estaba tramada y or- 

fBinizada mucho antes de presentarse en 
ebrero de 1863, y al fracasar entonces, 
por la prisión y derrota de sus principa- 
les moiojes, fué necesario aplazar los 
planes de trastornos para más feliz opor- 
tunidad. 

La generosa amnistía concedida por su 
majestad, fué la señal para volver con 
actividad á nuevas maquinaciones, y los 
hombres que habían sido cogidos con las 
armas en la mano, y que juzgados eon 
arralo á la ley habían sido convictos y 
confósos del crimen de traidores y per- 
juros, á lo qu9 habían jurado en las actas 
de anexión, fueron perdonados y volvie ■ 
ron á sus hogares sin cejar en sus ma- 
quiavélicos planes. 

Se citaron, se reunieron el dia deter- 
minado para dar el grito de rebelión, y 
al darle se pusieron á las órdenes del jefe 

3 úe debía capitanearla. Habían nombra- 
una cosa que llamaron «Junta y go- 
bitrno provisorio republicano,» cuya pre- 
sidencia confirieron á Pepillo Salcedo, 
quo dias antes de estallar la revolución, 
■e hallaba preso en la cárcel de Santiago 
por haber cometidb un aseáioato. Vice- 
prpsf dente se nombró á un tal Benigno 
Hojas, que era abogado á uso del país, 
peio sin haber frecuentado ninguna uní- 
veMdad; y los ramos ác la r doiinistra- 
don as confirieron sin distinción á los 
tenderos de Santiago, que como los prin- 
cipales promovedores del movimiento, 
hablan de ser desde luego los que saca- 
ran el mejor partido. 

Para general en jefe de las operaciones 
militares se eligió al mulato Gaspar Po- 
lanco, que si bien no sabia leer ni eseri - 
bir, estaba ganoso de títulos y pompa, 
hasta el punto de titularse él mismo, 
muy hie^, generalísimo dictador y pre- 
sfdtnté de la república, si bien á trueque 
de convertirse en traidor j asesino de su 
jefe Saleado. 



En pos de tales personajes , eapaees 
por si solos de dar una idea del país y 
de la revolución, iba en segundo término 
una numerosa turba de funcionarios que 
tenían señalado su puesto y el teatro 
donde debían representar su papel. 

Sus primeras operaciones por Guayu- 
bin, Sabaneta y Monte-Christi, les ani • 
marón, dándoles aliento y aun aire de 
triunfo de que ellos mismos debieron sor- 
prenderse y admirarse; no contribuyendo 
poco á ello, la desacertada manera con 
que los aspañoles les combatieron en un 
principio. 

Cada vez que las tropas de la reina 
emprendían una de aquellas injustifica- 
bles retiradas, aumentaban considera- 
blemente las filas de la insurrección con 
la gente que estaba á la espectativa, y 
que creyendo que los que se marchaban 
era para no volver, hacían causa común 
con sus paisanos, por cálculo más bien 
que por patriotismo. 

Esta consideración nos explica perfec- 
tamente que el Cibao se mostrara uná- 
nimemente hostil, tan luego como vio el 
resultado de las ocurrencias de la fron- 
tera y la vergonzosa retirada de San- 
tiago. 

El sistema de guerra que adoptaron 
los dominicanos fué un remedo del que 
inventaron los españoles con Viriato, y 
del que siguieron después en su guerra de 
la independencia coatra el ejército de 
Napoleón I que se llama de guerrillas y 
emboscadas y cuyo principal papel está 
reservado á la infantería. 

Si en todas partes es este sistema fu- 
nesto para el invasor, en ninguna lo pue- 
de ser tanto como en Santo Domingo, 
que puede asegurarse que es un bosque 
continuado do portentosa frondosidad. 
Emboscados los enemigos á orillas de las 
sendas que á uno y otro lado están cer- 
radas por altísimas paredes de follaje, es- 
peraban seguros el paso de las tropas, 
elegían impunemente sus víctimas, dis- 
paraban sobre ellas y se deslizaban por 
la espesura. 

Al principio era de un efecto terrorífico 
aquello de que marchando una columna 
se óyese un tiro que parecía escapado j 
se supiese que hsibia muerto á un jefe u 
oficial. Era en verdad imponente, para 
una tropa que marchaba en son de guer- 
ra, con las debidas precauciones, el es^ - 
rimentar sensibles pérdidas por los dis- 
paros de enemigos que jamás se dejaban 



•oDsi^tia, en *yi^ el teje. 

.r . .'usrituiaii las 1í'.'«íL -las, era 

í j2 ±c:i que sin pucor explo- 






OS 






».• y 



.•líos 






.1 ». 'O**- 

.•os sin 
.."«.ulo 

/•'.•'.iilr.s 



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- •. ::.?s eran para 1;= j'^'es supo- 

* •. Tires la viña á(t\ S«ñoi\ que 
• -.: .'on repuí?iiaiit:e oin!.s!iio. 
,-.;:« a ásaiirde su cusa ú unpo- 

;v.'¿:is carj^ado de f.unilia meuu- 

:;-j iba con su maiclia abandonada 

-..t -i espantosa mi-eria y conte^ta- 

>u< justas ül)servac¡ünes con las 

'•'.-i: *l']i servicio es lo piime-'o.* De 

v;.lo reclutaban á t>d.)s los cam- 

- •<. (pie ajenos á las luchas de par- 

• \ru)rando \i que fuera de su o- 
: ::\s.iban, llep^abaná los aniones con 
o:i"5amiento lijo eneldia on que po- 

-...,.• iVijfresar al seno de, sus familias, de 
:.; eran tan despóticamento anan- 

".'iio.le calcularse el entusiasmo con 
;-.:o osta clrisíí dt* hombres se lanzarla al 
•'.lubate. IVsdí' que llc^Traban al campa- 
•!ir»nto les dominaba la idea do marchar- 
-:o, y si tenian alfjunos intcieses, ajusta- 
ban como libra de peras una licencia por 
ol tiempo que necesitaban y volvían á 
sus casas. Los que carecían de recursos 
conque comprar el permiso del inexora- 
ble jefe que los liabia reclutado, Sft de- 
sertaban aprovechando la primera opor- 
tunidad, se-ruros de que antes de oue 
les aprehendieran habrán enju«jadolas 
lápfrimas de sus írmilii^. 

No todos los domini'^'fínos ibnn, sin em- 
b»tr..'o, dt* mala pina, cuando bi patríalos 
Ibiniaba á sus c^nton^'S. Acostumbrados 
en sus con«-»»intos luchas á la vida airada 
y al merodíV) propios de la frnerra de 
partidas, habituadas á sostener á Sünta- 
!ia V (Wírro'arlfí S'^ruídanjente v á fratcr- 
;ii7.«r coM los haitianos para muy pronto 
haccrlps la iru«MTa, acudían pr-fí-.m-sd» 
aqucllov soldados patuleas ú la pri:u«-ra 
S'ñal, con la es enmza de .'«aciar sus des- 
enfre-iados insrinlos de rapiña. 

La or;raijizaeien que acabamos de des- 
cribir, ma^^r íílca para la defensa de un 
país, noera,siii cmbarjío, ad» cuada al ca- 
rácter domiiícano. Pues e.stos indivi- 
duos, asi Cí»no los flatos toman cariño á 
las casas, lo tenian á su comuri, en la 
íjue eran temibles |;or el conocimiento de 
los montes, de las sendas y de los vados 
y sabiendo lo que en ella valian y de lo 
que eran capaces, no la abandonaban, 
procediendo de aquí, que en esta guerra 



-íí»- 



emdft general j cada eabecilla tenia su 
órbita alrededor de la cul[l giraba. 

Esta condición, la falta de organí^^a- 
cion militar, la desconfianza reciproca 
que se tienen los republicanos y las riva- 
lidades eontiiiuas de las provincias Teci- 
nas, hacia que las operaciones de los in- 
surrectos fuesen aisladas, no obedecien- 
do á planes concretos, ni dependiendo de 
la unidad de mando, que es la que da 
resultados positivos. 

En sus cantones tenían siempre los do- 
minicanos muchas mujeres que recluta- 
ban de los bohíos cercanos y que les ar- 
reglaban sus frugales coinidas y les la- 
vaban la ropa. 

El juego de azar es un vicio autorizado 
entre ellos, que delante y en conipañia de 
sus jefes les hacia pasar la mayor parte 
del tiempo. Las bebidas más fuertes y 



espirituosas eran muy asadas en los can-* 
tones, y especialmente del rom, ¿ que 
llamaban romo, abusaban con frecuencia. 

En los ratos que les dejaban sus vicios 
y liviandades, pensaban alguna vez en el 
objeto para que se hallaban reunidos; 
pero el antagonismo . era causa de que 
nunca se reuniesen más de doscientos 
hombres para una operación , haciéndo- 
le^ sus hábitos é instintos preferir el 
sistemade juntarse por grupos de 15 á 
20, que agazapados en la manigua espe- 
raban el nu>monto en que su enemigo 
pasara. 

Asi se ha visto que tan escaso número 
bastara cien veces paH molestar á una 
columna al vadear un rio, ó al pasar un 
desfiladero, y aun en esos caminos que 
aunque rectos y anchos, estaban cerca- 
dos de espeso bosque. 



xxxm. 

EL PRESIDIO DE SÁMANÁ. 

El país y su gente. — El presidio y el clima. — Las flechas de Colon.— Q-aleotes 
y fugados.— Los criminales armados. — Sorpresa y toma de un canon. 



La bahía y península de Samaná , tan 
ponderada por los diputados y senadores 
que opinaron por la anexión de Santo 
Domingo; aquello que se llamaba el me- 
jor puerto de América, y aquella provin- 
cia con que la república dominicana iba 
brindando á las naciones, á trueque de 
protección , estaba guarnecida por una 
compañía de San Marcial , al e>¿tallar la 
insurrección en Agosto de 18G3. 

Cuando en los Cuerpos colegisladores 
se trató del srbandono de la isla, se pudo 
observar que los mismos que habían he- 
cho la anexión, apoyaban su idea de sos- 
tenerla, siquiera fuese por la inmensa 
importancia militnr que debia c )n<*eder- 
se á la bahía de Sam xná, que considera- 
ban inmejorable y en extremo temible si 
caía en manos de otra na<'iori y especial- 
miute, si esta era los Esítados-Unidos. 
Querían con, esto demostrar que siendo 
en su concepto la llave de las Antillas, 
se debia mirar con predilección y conver- 
tirla en otio Cronstad. 

Samaná, sin embargo, arrastra una 



existencia preearia desde su descubri- 
miento , por causas puramente locales. 
Mientras aquellos motivos no desaparez- 
can, y es muy posible que duren lo que 
dure el universo, no podrá ser más de lo 
que es y ha sido, es dcQir, un punto in- 
mejorable para que á su vista conciban 
seductoras teorías las imaginaciones vi- 
vas é impresionables. 

Al verificarse la anexión de la isla, sa- 
lieron tropas directamente de Puerto- 
Rico para posesionarse de Samaná. Ha- 
bía en ello un verdadero afán. 

El tiempo habia borrado los estragos 
que su clima había causado en las ante- 
riores dominaciones y los contemporá- 
Leos, mes dado^ á embeberse en las pa- 
lab^'erías periodísticas, que á informarse 
de las crónicas austeras y verdaderas, 
solo llevaban á la hermana arrepentida, 
los apasionados y desmentidos elogios 
que habían leído en las gacetas. 

Pero como el amor no es constante, 
cuando es creado por un falso encanto, 
pronto la famosa península y^su gran 



V. 



^ 



bihfa as pTennf:ftroD á loa ojos ñt sus 
uñeros huéspedes ea toda su horrible 
desnudez. 

A un clims, como acaso na le haya 
peor eu la tierra, i ucs poblaci m escasa, 
if^norantu y hulgnznna. coiTeapoodm el 
país frondosa y de salvuja magniüceu- 

ha capital llamada Santa Bñrbara, ¿ 
unas ociio nilius al ¡utcrior de la baliia 
y sobre la costa Sur de ta península, se 
compODÍa de un grupo de setenta y dos 
boliÍDS, habitados | or el igual número de 
familias de negros en su gran mayoría, 
de mulatos j de algún que otro blanco 
dudoso. 

Aquella gente se mostraba desconfiada 
y recelosa de la aneiiou, porque habien- 
do sido esclavos bajo los españoles, los 
caberas de familia no se explieabaa bas- 
tante el por qué tes querian tratar como 
iguales y como á hermanos. 

Además la cuestión religiosa fué otro 
motivo de d͡^uato. En Sanio Domin^, 
en Puerto-Plata y en Samaná, existían 
templos protestantes, y según su código 
fundamental, España no podía permitir- 
los ni en la metrópoli ni en sus domi- 
nios. En Samaná habia 302 protestantes 
de ambos sexos y \H medotístas. ¿Qué 
BBiiadeíquellaB familias? ¿i lomo toma- 
rían !a prohibición de su culto público? 

Los templos fueron cerrados y los cre- 
vente^i devoraron su disgusto en el ai- 
Viendo el gobierno de Madrid que en 
Santo Üumiugü, y expccialmente en Sa- 
maná, nada se hacia, pensó en mala hora 
en mandar á eete último punto cuerdas 
de criminales condenados á cadena per- 
petua, que eran los hombres más corrom- 
pidjsde la sociedad. De la isla de Cuba 
se importaron también aquella porción 
de Chinos que con tanta frecuencia come- 
ten asesinatos en las ñncns. y que cuan- 
do SO trata debusctirul delincuente, so 
presentan en masa afirmando cada cual, 
que el fué el matador. 

Kn esta aglomeración de gente etcrao- 
géoea:], como i*n la gi.ani'Ci ju y maiina- 
ria que constituian el núcleo de i>obla- 
cioude Samauü. bien prontii hizo til cli- 
ma es pantosu 3 estrague. Atribuidos estos 
¿ la localidad de S^iutn Bárbara, duspuca 
de muchas consmtas y comunicaciaoea, 
el puebjs español leTautó de hIII tu 
asiento, y BÍ{juiendo á su gobernador al 
nfior brigadier Buceta, como •! paeblo 



Swopó- 
lúF da- .^ 
ubjjM^H 

oteriÍK^H 



de Israel siguió & Moisés en buse» de k 
tierra de promisión, fué á instalarse i 
tres millas de distancia sobre la onlU 

El punto elegido se denominaba vLaj 
Fechas de Colono, como recuerdo histó- 
rico de un acontecimiento del almirante, 
y estaba situado en un vallecito de for- 
ma semicircular, cuyo diámetro de uum 
doscientos cincuenta metros, era la orillk 
del mar y su arco unas cuestas ó alturai 
muy frondosas. 

El brigadier Buceta era muj í propó- 
sitj para el destino de gobernar " '" 
aquella colonia y difícilmente se h . 
elegido jieisona más adecuada al qbj 

I.os indígenas le recuerdan coa pl 

Coa su carácter adusto, aunque ~ 
lio, se hacía querrer y respetar, 
también por su justicia y de-intertlí 
calidades que los naturales no estabas 
acostumbrados á notar en los mandarines 
del país. Con sui maneras y valor p ía— 
verbíai imponía obediencia y orden, ai^" 
que no siempre bastaba su ascent ■"' 
para dominar las torcidas i ntencioi 
la gente del presidí 

Con su grande é incansable actiri 
amor al trabajo, fundó la poblaciL- 
«Laa Flechas* que ha debido subsi 
como un recuerdo de bu mando. 

Allí empezó á levantarse la nueva 
lonia, y antes de dos muses ya viví 
cubierto de magnitlcns barracas } 
de mamposteria, la tropa que forniKl 
escolta del presidio en niimero de 
hombres, y los penados que pasabí 
trescientos, pues los cien colonos "" 
su desgracia Iiabiao venido de 
seducidos por el aliciente de laa Tañí 
que se les concedieron, habían yh 
cidoen su casi totalidad. La geot»' 
pais acudió alli también en pos ddl ' 
ro de la tropa — ■-••-..! - -.«-*... 
do tiendecitns 
tf culos. 

Samaná, por fl 
condenados en < 
número dií 
hombres c. 
quienes bi i 
ciada arta.-. 



eiM e<n>tn tsa (lecaDtidBs rii^ueus de 

itB ísIbb recle Dtemente desnibiertaa, se 
esüió mucho el entueiaamo con que se 
■nbelaba ir á aquellas rezioiies, de tal 
BQeifce, que al emprender eT almirante bu 
tercera expedición, por el año de 1497 
no hallaba tripulación voluntaria, y fué 
aeoesario adoptar una medida funesta, 

Sne «ttíú después de norma j fué ¡mita- 
a por otras nacienes. 

Conaistiú aquella en conmutar las sen- 
tencias de loa crimínales desinados á 
destierro, galeras ó minas, á ser conduci- 
dos i las nuevas colonias, donde habian 
de trab^'ar sin recompensa ni salario, en 
beneficio del bien común. Y dando luego 
mis latitud á la medida, se juzgaban los 
delitos más atroces, yendo á servir en 
ellas un plazo siempre corto, pues esta- 
ban dos años para satisfacer la vindicta 
pública, hasta en los casos que habían 
expido imposición de pena capital. 

DifícUmente podrá encontrarse racio- 
nal disculpa á tan perjudicial providen- 
cia, que ha merecido el dictado de inicua. 
Iniquidad es sin disputa alguna el sem- 
brar un» sociedad perversa j desmorali- 
zada en un pueblo inocente. Sin duda 
ella ea !a causa de donde dimanan, tantas 
espantosas aberraciones como de las co- 
lonias nos euenta la historia. 

Los galeotes eran un mal ejemplo en 
Las Flecas y en Santa Bárbara; los des- 
afueros qua cometían en las casitas ais- 
ladas que había en la península, se atri- 
buían a los españoles por aquellas senci- 
lías gentes que, viviendo en la soledad, 
no podían distinguir la miserable condi- 
don de sus agresores. 

Luego que los PTesidiaríoa conocieron 
«1 terreno que pisaban j las guaridas de 
la penfnanla, empezaron como era de pre- 
munir á desertarse, porque si bien anda- 
ban libres, querían todavía major li- 

'■ e huían se aprehendieron va- 

• '■ se había hecho saber á los 
■ por cada uno que prentasen 
,'11.7 Tip^nn, 7 con este estimulo 
. < ' '< 'ic venganza á la raza 
1 distrito del Téson 
.. ai-Tvicio de vigílan- 
iimod¡(itoaal presidio, 
ft M pudieron des 

\ taé destinado de 
jgflwp, y ya he- 



Monte-Christi, eneargindose dal mindo 

en circunstancias bien azarosas. 

Quedó en Las Flechas de gobernador 
interino el comandante D, Francisco Cá- 
tala, que con muy laudable celo j el mfl- 
jor tacto, no solo adelantó considerable- 
mente las obras de utilidad y aun de or- 
nato, sino que supo captarse la conside- 
ración y afecto de muchos indígenas que 
hablan estado retraidoa de ir a efectunr 
sus ventas al nuevo pueblo. 

En reemplazo del comandante del pre- 
sidio, que no tenia cualidades para aquel 
puesto, fué destinado el capitán D. Diego 
Somoía. que reunía í su mucho carácter 
loa mejores sentimientos. 

En poco tiempo el vaUecito de Las 
Flechas presentó el agradable aspecto 
de un hermoso pueblo. Allí ¡cosa rara en 
Santo Domingo! se veían varios edificios 
cubiertos con tejas y con sus paredes 
blanqueadas. Pero pronto fué nombrado 
gobernador el coronel D. Bruno Gayoso y 
viniéronlos acontecimientos de Agosto, 
y arabas calamidades, hermanadas de 
una manera violenta, dieron en tierra con 
la joven colonia. 

El alzamiento de aquella península se 
conoció en el retraimiento de sus natura- 
les. De manera, que decretada la guerra 
por acuerda de las logias, la gente de Sa- 
maná solo manifestó su ho tilidad sus- 
pendiendo sus relaciones. 

Aquella actitud que no podía ser ais 
paclaca é inofensiva, alannó considera- 
blemente al gobernador. 

Es preciso convenir en que hay épocia 
aciagas para las naciones, como para las 
personas, en lasque todú se conjura en 
su contra para destruir las máa fundadas 
esperanzas 

Buceta, que acaso en Las Flechas hu- 
biera prestado importantes servicios para 
la pacificación de la península, ahorrin- 
dola tantas calamidadee como se íufrie- 
ron, fué á parar á Santiago de los Caba- 
lleros con tanta desgracia, que le liiío 
desmentir la fama de carácter indomable 
que de él se tenia. Y el coronel Gayoso, 
que á la cabeza de un regimiento quizás 
hubiera llevado & cabo empresas teraora- 
rias, estuvo fatal y desacartadisimo en 
Saman á. 

Una de las primeras providencias qus 
tomó, al saber la iuaurreccíou fué la dp 
armar el presidio. 

Ya no bastaba la holgada vida (¡ap 
pasaban aquellos criminales, era necees- 

n 




puesto, j alguno hasta la vida perdió al 
dar muestras de traición 6 infidelidad. 

Ed los campamentos V guarníciouea. la 
majcrr parte de los CBatm'^rus que esplo- 
tabao ol soldado espeñol, eran oficiales ; 
aun generales de las reaervas. Esto es 
eviileiite y público, por mas que parezca 
extraño y repugnante. Alguans veces 
que sobre el precio ó calidad del^énero. 
mediaba cuestión entre el vendedor j el 
explotado, para ñuallzarse se poniá el 
primn-o la levita ó chaqueta con las in- 
signias de sil empleo j el pobre soldado 
eepuíiul, modelo de subordinación y dis- 
ciplina, dejaba la razón que no pudia dis~ 
pulorft uu superior. 

T>oi]de quiera que había gente de las 
raservasbabla mujeres en abundancia, 



que se dedicaban i despachar algVfia 
cantinita ó bien 4 lavar la ropa al precio 
fijo de cinco reales vellón pieza. 

Muchos te dedicaban al comercio da 
canie que les debia ser mu.7 productivo, 
pues sallan i las descublei'tns, cogían al- 
guna res que. vieran en el monte, v des- 
pués la vendían d mujsubido precio, áll 
misma tropa que le facilitaba laca». ' 

La guerra de Santo Domingo fué [ " 
muchos individuos de U reserva ' 

mina que no so descuidaron (■a expío , 

Sin dexeo de lastimar susceptihilidadtt, j 
haciendo las salvedades convenientes, I" 
puede asegurar nue los inditíduoB 4 

fais que hasta el nn permaaecferoH Bd 
Espafia lo hicieron por el interés a 
mente. 



XXXV. 

LA poüticá de VAKOAI. 



Rl >lia 30 de Octubre, bajo un tuerte 
aguacero, salió de su palacio el capitán 
general de Santo Domingo, neorapaiíBdo 
lindos ayiidautes j dos concejiles, em- 
barciadose su ol vaporeito Majtitai. que 
rciuoBtaodo el rio Ozama hasta el Isabe- 
la, penetró en este,; le condujo á labora 
de viaje ni punto llamado «La barca de 
Santa Oruz. II 

AlUle^gUafdaba js el general Santa- 
DA, que dfljando sus tropas en Ouauu- 
nta, acodla 41a cita con una pequclla es- 
«olta. 

Al nt'frcarír lunilnn gí-oeralen, «•abn- 



eia de Santana á las órdenes del e«pl 
general de la isla, 

¡Triste T pernicioso pjnmplo! 

VX mando del general Vargas ha É 
siempre agradable v popular. fÜlB 
dades donde lo lia ejercido le fata d~ 
trado siempre singular cariño. \Jk 
del 4 do Noviembr», con motivo d« 
víspera de su santo, tuvo en su 
nUB rHiiiiiuu, (]ue bien pudiera 

'iiultitud, cutre iB^ 
■■-'11 todas las t 

-■: '1k I-i iioiiliiv 



fratentalannoiiÍBi los entuñóles d« to- 

dfts 1k9 regiones, bbí al que vio 1& Wz en 
1n TieJB j culta Europa, como al hijo de 
1» jóren Américn. S. E. no pudo menos 
(le expresar 1« viva satisfacción con que 
veia eso espectáculo, cuando rodeado de 
todos ¡03 concurrentes cu el aaloa donde 
se habia preparado un esquisito refresco, 
respondió con un discurso improvisado i 
la felicitación que en nombre del pueblo 
dominicano le dirigió en breves y senti- 
das frases el señor consejero de adminis- 
tración D. Manuel Joaquín Delmonte. 

íEstoy penetrado del más tívo recono- 
cimiento por el afecto que me eatais ma- 
nifeatando ¡dijo S. E.;, y veo con júbilo 



I 
I 



8. M. la reina, que" me saludan como al 
depositario de la regia confianza en esta 
isla. T es mayor j máa íntima ¡a satis- 
fkccíoa que eiperunento, al ver confun- 
didos enla expresión de sus sentimientos 
de lealtad i. loa naturales de este suelo, 
que por bu plena voluntad regresaron al 
gremio nacional, j á los dignos jefes j 
oficiales del ejército español que vino á 
Santo Domingo como escudo del orden y 
de loa prmcJpioB sociales, para defender 
al país j garantizar su reposo j su exis- 
tencia contra todos sus enemigos. Cuan- 
do el grato espectáculo de esa fraternal 
unión se ofrece á mi vista, se abre mi co- 
r«íon i la esperanza de que lograremos 
pacilicBr al paia sin sangrientos esfuer- 
zos, que los liombre» obcecados que aun 
permanecen con las armas en la mano re- 
conocerán au lastimoso error, y que de- 
udo de considerar á España como bu 
itrla J i loa españoles como á sus her- 
~liioa, lo qTie hacen es dejar de ser do- 
jtíctnos, porque dominicanos y espa- 
iles son y deben ser una cosa misma, 
ID loa maternales sentimientos ; las 
DCioties de S. M. la reina, 
81 por desgraeia este convencimiento 
b viniera tan pronto como yo lo espero 
')od«eeo, entonces tendremoa que ape- 
— d I» dura extremidad de reducirlos 
la fuerza, á toda costa, y hacerles 
tír qoe las ilustres armáis españolas 
'" "~ buenas manos , que sabrán 
aa con honor y sin mancilla. 
¡lasca se deaengaJñcn, que entren 
ids de sus deberes, de donde en 
hAn apartado para su propio 
ifio de este pais. tan querido 
^W todas sus recomendacio- 



nes me craaeriben por norte el biso y la 

felicidad de los dominicanos, y hacia ese 
norte, estoy por consiguiente obligado i 
marchar, porque asi lo ofreci á nuestra 
augusta soberana, y el cumplimiento de 
ese compromiso es muy grato á mi cora- 
zón. - ¡Vivalareina! 

Este viva fué repetido con calor por 
todos los circunstantes, que además vic- 
torearon al excelentÍBimo señor general 
Vargas , concluvendo poco después el 

Loa diarios de la localidad dijeron: 
«Las calles de esta capital eatuvieron 
u brillantemente iluminadas en las no- 
*ches del 3 y el 4, en celebridad de los 
odias del excelentísimo señor capitán 
ageneral. La mayor parte de las casas 
■estuvieron adornadas con banderas ;r 
»cortinaa, y el ilustre ayuntamiento en- 
ígió un vistoso arco triuníal en la calla 
«de Colon, cerca de la entrada principal 
*dol palacio de gobierno.» 

El general Vargas creyó que la con- 
temporización y la dulzura podrían dar 
buen resultado" en Santo Domingo. Ha- 
bía estada ya en la isla como segundo 
cabo, visito el Cibao con Santana, cuan- 
do las ocurrencias de Febrero, y habien- 
do encontrado entoncss a! país pacifica- 
do y receloso, formó un juicio demasiado 
favorable de sus naturales. 

Si la benignidad y !a dulzura hubiesen 
podido algo con los insurrectos domini- 
canos, nadie mejor que Vargas hubiese 
empleado estos generosos medios. 

Vino al país con una amplia amnistía. 
Diú libertad á muchos prisioneros que se 
hallaban en Cuba, Puerto-Híco y Santo 
Domingo. Citando algunas columnas loa 
hacia, el general les daba la libertad y 
con ella recursos para restituirse &1 seno 
de sus familias. 

Si los vecinos de algtn punto invadido 
por la facción se acogían á nosotros sn 
les daba con que vivir. Si el jefe de una 
íuerza en operaciones era atacado, aun- 
que viese que de alguna casa de campo 
partiesen tiros, no por eso debian de con- 
sentir á su indignada tropa, el menor 
desmán, sopeña de su más estrecha res- 
ponsabilidad, 

Este sistema de excesiva considera- 
ción, hubiera quizás sido oportuno antes 
de empezar la ^erra. pero entonces no 
podia dar otro resultado que el que I 
dio. I 

Tanta lenidad hizo, que gran número I 



— 18Í — 



dfi Aublerados, especialmente por el Sur 
(lo la isla, hayan estado jugando al es- 
condite. 

A lo mejor se presentaban, tomaban 
5111 ración, arreglaban sus atentos y 
cuando ya estaban despachados á su sa- 
tisfacción se marchaban de nuevo; para 
volver á nuestros campamentos donde 
tornaban á ser bien recibidos, con tal 
que expusiesen alguna disculpa á sus 
anteriores infidelidades. 

A pesar de la visita y conferencia de 
Santa Cruz, á pesar de los mayores mira- 
mientos y finura, el capitán general no 
podia disponer del general Santana, que 
con su división seguia empantanado en 
Quanuma. 

Habia servido á sus órdenes y esta 
consideración unida al probable encargo 
que el gobierno le habría hecho, de que 
procurase por todos los medios tener de 
nuestra parte al antiguo dictador, alen- 
taron á este á seguir haciendo su vo- 
luntad. 

Se dice que en el mes de Diciembre se 
lamentaba amargamente el general Var- 
gas diciendo: «De todos los muchos sin- 
^sabores y disgustos que me ocasiona 
^nuestra inexplicable situación, lo que 
fmás me exaspera es Santana.» 

Cuando más ocupado andaba el capi- 
tán general en el desarrollo de su nlan, 
esperando recoger muv pronto el rruto 
de sus afanes^ recibió la noticia de que 
estaba rolevado. Como era de presumir, 
le hizo muy desagradable impresión el ver 
que á un subonlinado suyo que obraba 
en cumplimiento de sus ^órdenes, se le 
ascendía á teniente generml y se le daba 
au puesto. Aquello era mis que un des- 
airt>« un insulto. 

Resentido t conociendo que sin füem 
moral no podia seguir mandando en un 

Sais sublevado, convocó junta de autori- 
ades, para dejar el mand.> con sn bene- 



plácit) y consejo. Tenia deseo de resig- 
narlo en el segundo cabo, brigadier don 
Felipe Ginoves Espinar; pero la casua- 
lidad de hallarse presente en la junta don 
Rafael Primo de Rivera, recien ascendido 
á Mariscal de Campo, hizo que reclama- 
se el derecho que por ordenanza le cor- 
respondia. El Sr. Vargas se negó á ello, 
juzgando que podia traer malas conse- 
cuencias y después de una acalorada es- 
cena, consintió en esperar á su sucesor, 
antes de acceder á lo que se reclamaba. 

El 31 de Marzo llego el general Gan- 
dan^, haciendo á las doce su entrada so- 
lemne y encargándose seguidamente del 
mando. 

Cansado el Sr. Vargas de los muchos 
y acerbos disgustos que sufrió en los úl- 
timos dias de su gobierno, deió llenó de 
angustia aquella población á La aue ha- 
bia llegado por segunda vez, con las más 
lisongeras esperanzas de pacificar á poca 
costa el país v de prestar otro nuevo 
servicio á su pitria. 

A las dos de la tarde del mismo 31, pa- 
só á bordo del vapor de guerra Isabel la 
Católica, que debia trasportarle á Cuba, 
casi solo, porque adelantada la hora del 
embarque, no la supieron ni la mayor 
parte de las autoridades, ni el gran nú- 
mero de amigos que aUi dejaba. 

SI general Vargas podia marchar muy 
satisfecho de las muchas simpatías que 
se habia conquistado con su g^iio flexi- 
ble y bondadoso y con sn juste y acriso- 
lada honradez; pero si echaba una mira- 
da en busca del resaltado obtenido, con 
su política de dulzura y contemplación 
nada encontraría. Nada dadamos que sa 
buen criterio le habrá persuadido des- 

Suea, de que al sistema que tan ^vora- 
les eftetos había porodotído en la culta 
Santñffo da Cuba, fuéea extremo per- 
judicial an la inciTfl Suite Domiofo. 



/ 



--^ 



SEGUNDA PARTE. 



/ 



— 189 — 



I. 



IL OAFITAN OBNBRáL aÁNDÁRÁ. 



8a inesperado nonxJ^ramiento.— Sus primeros actos.— Lisongeras esperaasas.- 
Aprehensión de una goleta.— Expedición del general Alian. 



Cuando el general D. José de la Gán- 
dara recibió su ascenso á teniente gene- 
ral y el encargo de sustituir en el mando 
superior de la isla, al Sr. general Var- 
gas, se hallaba en la Habana, en espec- 
tacion de buque que le condujese a Es- 
paña. 

Entonces varió su viaje, pasando por 
Santiago de Cuba, donde tenia grandes 
afecciones y preparó alli los primeros pa- 
sos que debian darse, en una empresa de 
que luego nos ocuparemos detenida- 
mente. 

Tan pronto como el 31 de Marzo se hi- 
zo cargo del- mando y capitanía general de 
Santo Domingo, llamó a los jefes de los 
batallones de España y la Habana y les 
dio sus órdenes, para que en el mismo 
dia, embarcasen toda su gente y almace- 
nes para Santiago de Cuba. 

Aquellos dos trabajados batallones 
que hablan quedado en cuadro, debian 



cubrir sus numerosas bajas para estar 
prontos á nuevas operaciones. 

El general Gándara inauguró su 
mando con algunas providencias que 
presagiaban los mejores resultados. Co- 
nocía el país y el espíritu del ejército y 
debia saber por experiencia, que las tro- 
pas se astiaban con la inacción. 

Iban á emprenderse nuevas operacio- 
nes y con ellas renacería en los soldados 
la animación, la alegría y hasta la salud. 
No era ni siquiera licito dudar, que bajo 
la dirección de un general tan inteligen- 
te y joven, dejara deimprímirse ala guer- 
ra una marcha de actividad, que debía 
conducir á conquistar la verdadera quie- 
tud, la paz. 

La nueva autoridad tuvo también la 
sueríie, de recibir del gobierno los refuer- 
zos que con tanta insistencia había soli- 
citaao su antecesor. Se le mandaron diez 
mil hombres, con sus jefes y oficiales or- 

It 



gaiiiíadoH por batftUooea lueltoB, partí 

3tta ampleiiidoloa con veot en temante, pu- 
iera llevar á cabo la taa deseada expe- 
dición k Uonte Cbristí, donde se creía 
reaidir la parte eaencial de la inaur- 
reccion, que muchos opinaban languide- 
cería, ai 86 la privabade aquel importan- 
te puerto. 

El dia 18 de abril entró en Santo Do- 
mingo el Tapor de S. M. Isabel Francit- 
ca . remolcando una goleta llamada 
Ptapeer, con pabellón inglés, -luc había 
■ido apresada en las aguas de Macoria, 
con cargamento de TÍveres para tos in- 
■urrectos, según declaración de los tri- 
pulantes. De esta presa se hicieron mu- 
chos comentarios, asegurándose que la 
marinería habia hecho importantes reve- 
laciones. 

Siempre se crejó que la más eaquisita 
* constante vigilancia de las costas, hu- 
biera importado ia muerte de la Insur- 



Ordenada la reconcentración de tropu 
en la capital, después del abandono de 
loa fatales campamentos de Guanuma 
•j Monte-Pltda, era preciso darlas útU 
ocupación. Al afecto se pensó en man* 
darlas en buaca de los insurrectos, qn» 
se sabia que en gran número ocupaban 4 
San Cristóbal j los pasos del río 

El dia !9de abrí! salió de la capital una 
división de más de tres mil hombres de 
todas armas, al niando del general don 
Antonio Abad Alfau, de la que se asegu- 
raban resultados brillantes. 

Según de público se decía, j aún ase- 
guraban los periódicos, llevaba unp'an 
bien combinado, para caer por tres dU> 
tintos puntos sobre el cantón enemigo de 
San Cristóbal: pero en honor;! la Tardad, 
el resultado de aquel alarde de ftiena, 
fué bien triste, pues nos costó seosibleí 
pérdidas. 



I1.LID1. DK LA OUARNinOIS' DE SAMANÁ. 



SI éxito.— Presentados. 




El día t% de Marzo hizo una salida la 
guarnición de Samaná, con doscientos 
hombrea que á duras penas pudo re- 
unir; pues ¡as «cfermedades habrían 
gandes cUros en las filas de los bata- 
líonea. 

Como en la veriñcada el3l de Diciem- 
bre anterior, halló al enemigo en au cen- 
tón ■} trabó con él nn combate con la dea- 
ventaja de costumbre, es dedr, á pecho 
descubierto, mientras que los insurrectos 
estaban parapetados en sus bosques, es- 
parando á mansalva de los expediciona- 
rioÉ, CUTOS proyectos conocieron apenas 
concebíaos, merced al buen sistema de 
eipionaje que tenían. 

Bl éxito de eeta salida, fué tener la 
tropa diez muertos en el campo v diez y 
eeia heridos que tallecieron después. La 
j>érd¡da de loa negros ni esta ni ninguna 



veí se pudo t . ,-,— , 

ba oculta en la espesura aoDtle com- 
batían, 

Ksta salida tuvo un inesperado refol- 
tado que parecín debería ser de gran trU- 
candencia. Viendo loe vecinos de Puata- 
Batandraa, que los españoles se movlaa 
y hacían algo, aunque muy poco, deter- 
minaron presentarse ni gobernador de 
Samaná. temerosd^de que en otra cual- 
quier salida cajera sobre bu rancberÍK J 
la tratara como á la deJ Tesnn. 

y se presentaron e 
familias. Aquel triunfo moral tsdl 
guia de conducta oue debía — ' 
las operacifnea milítures; er 
reconvención al sistema de qut'' 
parecía como una Inspiración ¡lurit r 
pltangeneral acsbadodelootubrii.-, 
esta lección de nada slrrló. 



— 141 - 



aprovechada como otras tantas que pa- 
recían presentadas p<ff la ProTidencía. 

Aquellas yeinte ntmilias que arrepen- 
tidas se acojrian de nuero bajo el pabe- 
llón de Castilla, las componía ^ran can- 
tidad de mujeres j niños, á los que se 
askmó la misma ración que al soldado 

m general Hungría quiso utilizar los 
senrímos de los nombres últimamente 
presentados, y les hizo tomar las armas 
entre los IndiTiduos de las reservas; pero 



muj pronto tuvo la triste ocasión de com- 
prender, primero su inutilidad, j más 
tarde su aeslealtad. 

Siempre nos sucedió lo mismo en San- 
to Domingo, sin embargo, nunca se es^ 
carmentó. 

Los pocos leales hasta última hora que 
Que se acogieron en Cuba cuando el aban- 
dono, kan demostrado pronto su ingrati- 
tud, pasándose á las ñlas de los insurrec- 
tos eabanos. 



m. 



IXPBOieiOIf Á. ItONTB-CHSISTI. 

lUnníon de tropas en Santiago de Coba.— Su espíritu j esperaiisas,— IDinbar- 
^e.— Desexnbar^nie.^lil paso del Ya<tue.^L* toma de Xonte*01iristi« 



Coaaio la insurrecdon se presentó con 
su verdadera fisonomía, fue general la 
opinión de los españolee de Santo-Do- 
mingo, de que convenía mandar fuerzas 
sobre Monte-Christí, porque se sabia, 
que por aquel puerto, oistante solo cua- 
tro nofae de navegación de Haití, red- 
bianlee insurrectos auxilios de boeay 
guerra, k trueque de loe productos óA 
peíeque perél exportaban. Se teaiapor 
eierfto^^ue privándoles de aquelpnale, la 
iosuireccioB laogoidecería oaetft mI ex- 
tremo de acabar con su exíeteaete. 

CoeecBendo puee, le> necesidad demaft- 
dar pnnito una expedíeion. aue pusiera 
en jaaue a Santiago de losCábaUeros eu- 
na dsIjpraiMimGiamieBte. Solo üaltaba que 
^fibierBe deatinafle ftierzae para llevar 
á sabe taaiaSa emptesa^ Pasaron meee» j 
mmewt osmadafot fin eaeide Abrüemr- 
vmuom á reumrse, al eíécco, tropee e» 
HssHíieiiéeCutew 

Aid^MíiíeedeMqr» J» aeteb» oin^ 



nisada una expedición de siete mil hom- 
bres, con su correspondiente dotación de 
artillería, caballería parque de ingenie- 
ros, de sanidad y de todo cuanto podía 
necesitarse en provisiones de boca j 
guerra. 

En las revistas j ejercicios en que se 
pesoitaban las tropas en Cube, ostenta- 
Dan tan enn^lida instrucción^ tanta mar- 
cialídMl V boSm porte, que hacían augu- 
rar una oílatade serie de brillantes triun- 
fos. 

No podía esperar.«e ofera cosa, de una .& 
división compuesta m su major parte, de 
trepas famíuarizadas ja con todas las 
penalidades de la campaña^ y que tenían 
enmuv poco al enemigo, i quien volvían 
á combatir. 

Habíamoe conítado eik que aquella es- 
pedicion hábilmente mancada, podía dar 
fin 4 la^ revolución, j hasta el número de 
lee individiM>s que la componían nos in- 
cliaabai esta creencia^ pues fias trajo á 



I 



\n memons, que siete mil hombros eran 
t»rabien loa que llevó D. Pedro de Por- 
tugal, cuando el 22 de Junio de 1832 zar- 
pó de las Azores. 

Aquel ejército etereogéneo, compuesto 
de portugueses, ingleses y franceses, con 
un parque pobre y una escuadrilla mala, 
fué suñcieiite para batir al ejército de la 
nación portuguesa, j destronar al rey 
don Miguel que goberoaba, apoyado por 
Inglaterra, Rusia, Pmaia y Austria, ne- 
cesitando para todo esto, tan solo dos 
meses. 
j Con el recuerdo de este y otros muchos 
ejemplos, justo era esperarlo todo del ex- 
celente cuerpo de tropas que se apronta- 
ba pftra Monte-Christi. 

Estando todo dispuesto, el dia 13 de 
Mayo se dio principio al embarque de las 
tropas, después de estar ya i bordo los 
caballos, cañones y parquea, y en la ma- 
oaua del 14 una escuadra de veinte y dos 
vapores, unos de guerra y otros mercan- 
tes, zarpó de Santiago. 

El éxito de aquella expedición no podia 
ser dudoso para los que conocían laa con- 
diciones de la empresa. Iba es verdad, á 
tomtt de un punto el mis importante 



de resistencia, y debía inferirse, que ha- 
biendo sido por tantos meses anunciada 
aquella expedición, tendrían allí los iu- 
surrectos grandes obras de defensa; pero 
en contra de esta fundada creencia, exis- 
tía la experiencia del abandono, de la apH' 
tía é ignorancia del enemigo, unido & la 
confianza que el trascurso de los aconte- 
cimientos nabia heclio concebir, de que 
donde quiere que el soldado español en- 
coDtralm á su adversario, le batía y ar- 
rollaba por inespugnable que pareciese la 
posición que ocupara. 

lín la mañana del 15. fondeó la escua- 
dra en una ensenada solitaria entre la 
bahía de Manzanillo y la rada de Monte- 
Christi. 

Allí se incorporó el general en je e con 
■Igun otro buque y varios individuos de 
las reservas, que habían de servir de ^ias 
como prácticos del terreno. 

Al amanecer del 16, saltaron las tropas 
i tierra, poseídas del mayor entusiasmo. 

Diez lanchas cañoneras protegían el 
desembarque, haciendo fuego sobre los 
busques inmediatas á la playa, aunque 
en rano, pues no hubo ni siquiera un 
flnemigo que pusiera, como parecía regu- 



lar, impedimento á la operación más di- 
fícil que se pract ca en la guerra- 
Aquel dia se paso en aquella costa dio- 
sierta, para dar lugar al desembarque del 
material y ganado, sin que ocurriera mu 
novedad que la de oírse como una docsu 
de disparos de fusil. que se lucieron á os 
grupo de enemigos, practicando al^uo 
recunocimisnto por el oosque inmediato 
al campamento. 

Distaba este de Monte-Christi como 
dos leguas, y para llegar allí había dos 
medios. Tomar la orilla del mar ó mar- 
char monte adentro, para después caer 
hacia la izquierda. Contra el primero Bolo 
Bc presentaba el ob.'^táculo, según decían 
los prácticos y varios oficiales facultati- 
vos que habían ido comisionados por el 
gobierno para reconocer el terreno, de un 
caño, en la desembocadura del Taque, 
cerca de las fortificaciones enemigas, de 
mucha anchura y cuyo fondo, en horas 
de baja marea, permitía su vado tstio 
agua hasta la rodilla. 

Contra el segundo medio «e presenta- 
ba el inconveniente de tener que llevar i 
la división por las estrechas sendas que 
cru'zabau los bosque^j y que hacían ra¿8 
del doble, la distancia que había que ra- 

Despues de pesados los inconvenientes 
de uno y otro, se opto por seguir el ca- 
mino de la playa. Ani, en la mañana del 
n, una hora después de amanecido, «ho- 

Síü la división la marcha, no encontrao- 
obstáculo alguno en su camino qae 
recorrió sin disparar un tiro. 

Cuando los primeros índÍTÍduos del 
batallón que iba en vanguardia, se ha- 
llaron con el anunciado cano y proyeota- 
ron vadearle, se sumergieron casi com- 
pletamente, y estuvieron en peligro de 
ahogarse. El enemigo, que toma sus pít- 
zas enfiladas á aquel punto, rompió des- 
de luego el fuego con a\im<> acierto, sobre 
las fuerzas que iban llegando y a^loD^ 
rándose á orillas del obstáculo. 

La situación era muy critica. Le beJs 
rasa causaba sensibles bajas y toda va- 
cilación en aquellos momentos podia ser 
funesta. 

Lan^.áronse entonces al agua los hom- 
brea y los mulos, (^ue llevaban i lome 
las piezas de montana, y i loe pocoe pe- 
sos hombres, animales y cargas se nt- 
mergieron. 

.afortunadamente, mientraa OcimH- 
esta especie de (.atástrofe, nuas | 



<1e vapor y varías lanchas cañoueraa re- 
coman la costa disparando sobre donde 
creiaD podía haber enemigos, Rsta pre- 
TÍsion fué de suma ímpurtancia, pues loa 
iDEurrectos habían construido una gran 
barricada á la opuesta orilla del caño, 
desde donde hubieran podido causar al 
•..ejército daños incalculables; pero á, los 
Wímeroa disparos de las cañoneras aban- 
lotiacon tan ventajosa posición, 
•lEocontróse por fin el verdadero paso. 
%a necesario caminar mar adentro para 
iscar la barra de aquella ría. 
No quisiéramos inculpar á nadie por 
Wte Bocep, gue pudo muj bien ser cau- 
íilB de la pérdida de la expedición, y ca- 
VUsrraiOs igualmente la manera fácil de 
Vlibviar aquel percance , que milagrosa- 
fuente caosó menos desgraciadas eonse- 
Meociaa, de las que eran de temer, La 
nrdad es que aquel obstáculo perturbó 
7 trastorno de tal manera las operaciones 
le sqoel día, que solamente luchando con 
«nemigos tan desidiosos, tan ignorantes 
T tan cobardea, pudo consumarse la toma 
aeMonte-Christi, 

Asi que vadearon el caño los dos prime- 
ros batallones, recibieron órdoii del ge- 
, netal Gándara de lanzarse & la toma del 
L. pueblo. 

m' El brigadier D. Eafael Izquierdo, jefe 
■'éela brigada que iba de vanguardia, Liza 
I freMnte al general de la división don 
Saf&el Primo de Rivera, que tenia orden 
del general en jefe, de marchar con los 
dos batallones que habían vadeado el 
Yaque, á tomar las posiciones enemigas. 
Y en efecto rompió el movimiento. 

El general de la dívií>íon quedaba en 
ana falsa posición, pues habia pn.sado el 
caño, j para cualquier ataque del ene- 
migo por el bosque cercano, solo dispo- 
nía como de una docena de jefes y oficia- 
les montados, que sin destino enlsü lilas 
aomentaban bu e-.tado mayor. Por ins- 
piración propia y por consejo de todos, 
aquel pequeño grupo marchó con los dos 
batallones. 

El resto de la división estaba todavía 
■I otro lado del obstáculo, ocupada en 
intentar salvar el difícil paso que ya es- 
taba interceptado por caballenas caídas 
y por cañonea atascados. 

El trayecto que habia que andar desde 

la playa hasta aonde esperaba el enemi' 

iroera de unos 1.500 metros de terreno 

uiDoy despejado. 

Sin artillería ni caballería marchaban 




i cuerpo descubierto aquellos dos bata- 
llones, frente á unas posiciones cuyas 
obras eran totalmente desconocidas, pero 
quebisnse veía que estaban profusa- 
mente artilladas. 

En la linea recta que nuestros soldados 
tenían que seguir para llegar á los fuer- 
tea, se hallaba el pueblo de Monte-Chria- 
ti y habia que cruzarle. 

Mas tarde hemos oído decir í un domi- 
nicano, que siendo nuestro adversario, 
presencio la operación, que A los 
rectos se les figuró que aquella&_doa por- 
ciones de infantería sin acompañamiento 
de otras armas, no tra más que una es- 
tratagema para llamar la atención, mien- 
tras ol cuerpo principal los envolvía j 
cortaba. 

Queriendo, sin embargo, dar alguna 
raiiestra de su bravura, unos 200 hom- 
brea de los más decididos bularon del 
cerro, tomaron las nasas y allí se para- 
petaron para tratar de contener a las dos 
columnas. 

Cada una de estas desplegó entonces 
una compañía en guerrilla, j al toque de 
calacuerda se lanzaron sobre 'os insur- 
rectos á la bayoneta , desalojindoloa de 
las casas y haciéndoles abandonar el 
pueblo. 

Desde la iglesia j últimas casas de 
este, hasta las artilladas posiciones, ha- 
bría unos doscientos metros. Todo pare- 
cía indicar que en salvar aquel corto tre- 
cho estribaba el vencer lo más arduo de 
la espedícioD, tan costosa, tan anunciada 
y tan trabajosamente dispuesta. 

Imaginemos por un momento que loa 
dos batallones hubieran sido, como de- 
bieron, rechazados, perseguidos ydeatro- 
zados por un enemigo que les vela acer- 
car con el arma al brazo, sin más caño- 
nes que los de sus fusiles, ni más caba- 
llos que las de sus jefes y qae les aguar- 
daba al amparo de su gruesa artilTeria, 
en una posición por él escogida y que ha- 
bía tenido sobrado tiempo de poner en 
estado de la mejor defensa. Si hubiera 
esto sucedido, mientras el resto de la di- 
visión pasaba la ria 6 estaba en ella es-' 
tanoada, j el enemigo hubiera sabido sa- 
car partido de su ventaja, dígasenos 1 
auién habría cabido la gloria de la jorna- 
a, y á quien deboría España haber he- 
cha rospoDsable de sus pérdidas y su 
deshonra. Pero Dios es misericordioso, y 
no quiso dar á nuestra natria otro día se - 
mejanteal en que Pedro Navarro, por 



4 







uereoidamente había obtenido repula- 
eton de valerosa, es en realidad espanta- 
diza como ratones. 

Los cobardes que defendían i 
y que tan sumamente mal lo hicieron, 
gracias á Dios, tomaron desbandados y 
despavoridos el camino de Dnjabtn que 
está en la frontera de Haití, para tomar 
el olivo de la emigración en cuanto oigan 
el retincho de nuestros caballos. 

Creíamos que los sublevados tendrían 
el militar pensamiento de esperamos for- 
tificados en Gua^ubin que es posición 
ventajosa; pero se^ua las ultimas noticias 
que no< da un prisionero que ayer se les 
pudo lugar y presentarse aquí, la gente 
no tiene gana de peltá, y en vano ios mas 
comprometidos bullen y sermonean. 

Son ya tres los prisioneros que han po- 
dido hurtar la vigilancia y se nos vi- 
nieron; los padecimientos que refieren han 
sufrido entre los cafres son inauditos, eri- 
za el cabello escucharlos; de propósito 
quiero omitir la relación que me hiao un 
pobre soldado que había sido de mi bata- 
llón, puea podría parecer unanovela pora, 
concitnr el odio castellano contra este 
pais infoL'tunado. 

En este pueblo, que á pesar de la cele- 
bridad que adquirió con esta guerra, no 
pasa de ser un pueblucho de cuarenta y 
ocho bohíos ó barracas, sin que se conozca 
el uso ni el color de la teja, no ha queda- 
do nadie. Mejor, El pais es muy bueno y 
'sano. Puede asegurarse que no tendremos 
aquí el portentoso número de enfermos 
que tuvimos por loa campamentos cerca- 
nos á Santo Domingo, 

Aquí estamos bien, militarmente ha- 
blando; nada nos falta. 

Las tropas continúan con ese compor- 
tamiento asombroso que será un modelo 
para la historia. En los sel- meses que 
nace vine á esta guerra mandando un 
batallón de mil doscientos hombres, no 
he tenido que imponer castisos. ni tuve 
un desertor, ni se ha formado una causa. 
Soldados tan morigerados serian la dege- 
neración délos antiguos fraires si no se 
les viera marclmr ligeros, serenos y ale- 
gres A tomar con sus bayonetas baterías 
enemigas, aunque como'las de aquí, ten- 
gan treca cañones de grueso calibre. Está 
visto: el soldado español es el mejor del 
mundo. 

No más por hoy. Cuando nos pongamos 
ea movimiento, cuando hava novedades y 
euuido t«nga pmbabüidad de escribir i 



usted, tendrá siempre fusto en hacArlo 
para complacerle, su mas afectísimo y se- 
guro servidorQ. B, S. ií.—Beeia. 

Pero pasados aquellos primeros dia*, 
cuando se vio que al campamento sa la 
daban dimensiones para todas las fuerzas 
y que se levantaban trincheras y se cons- 
truían grandes barracones de tabla, te- 
chados de cinc y se emprendía la obra do 
hacer un fuerte" sobre la cuesta en qu« 
los enemigos tenían sus piezas y otro 
más pequeño en una alturíta distf*- 
mil metros, entonces decayó el enti 
mo de los amantes de la gloria, p 
adivinaron que se trataba de ha< 
guerra de paciencia. 

La campaña, que ^ara sofocar la _ 
surrección, emprendieron los espulolca 
en Santo Domingo, no tiene semejante 
en la historia. En todas partes los caste- 
llanos se hicieron admirar por su activi- 
dad, por su valor y por su abnegación y 
constancia, en vencer los obstáculos que 
se opusieron á la realización de las em- 
presas que lea dictara su orgullo 
cío nal. 

En las conquistas de América, 
invasiones de África, en las cami 
de Italia y en las de los países t_, 
siempre hay que admirar al soldado 
pañol que "olvidándose de si mismo y 
confiado en su habitual frugalidad iba 
siempre á donde quería, temiendo menos 
al hambre que á cualquiera otro enemi- 
go, Pero en Santo Domingo, por el con- 
trario, nos hemos movido poco y mal, 
apesar de la debilidad del contrario. AUi 
donde tanto abundaban los ganados, siem- 
pre se presentaba ante los jefes superio- 
res la dificultad, ora en la difícil de 1k 
conducción de convoyes, ora en la cari 
cía de acémilas ó ya en la idea de 
íle subsistencias en el interior. 

La falta de resolución fué la qni 
portd tantas calamidades y tantea 
gracias, pues la experiencia demoetrí 
tas tropas en movimiento gozaban 
salud que perdían empantanadas 
campamentos. 

Esa falta de acción, en In dívii 
Monte-Christí de la que tanto se i 
ba. fué causa de que quedara en rldl 
á la faz del mundo. 

Y para que no se crea que 
con prevención, copiaremoa " 
del discurso que el Duqu ' 



is em- I 



— 145- 



l 



Decía así: 
' «Pero se cometieron varias faltas, de 
las cuales no tuvo la culpa el señor mi- 
nistro de la Guerra. Se trataba de tomar 
á Monte-Christi; lo cual podía tener dos ob- 
jetos: ó simplemente para ocuparlo y for- 
tificarlo, ó para que sirviera de punto de 
partida en las operaciones sucesivas so- 
bre Santiago de los Caballeros. Si era esto 
último, bien estaban las fuerzas y recur- 
sos que se enviaron: si era lo primero, es 
decir, si se trataba de conservar solo á 
Monte-Christi y no de apoyarse en él como 
base de operaciones, yo pregunto: ¿á qué 
se enviaron 8.000 hombres para mante- 
nerlos por espacio de seis meses en un 
punto donde no habia agua siquiera, en 
términos de que por falta de eüa murie- 
ron casi todas las acémilas?>> 

Cuando los insurrectos fueron despoja- 
dos del puerto y posiciones de Monte- 
Christi, en su pavorosa fuga, no podian 
dudar que serian perseguidos tierra aden- 
tro; pero cuando vieron trascurrir dias y 
dias y que nuestro ejército se ocupaba en 
atrincherarse sin que una compañía se 
corriese á tomar á Daiabon (1) y á Gua- 
yubin, puntos para ellos de la mayor im- 
portancia, se sorprendieron agradable- 
mente y empezaron á intentar algo. 

Como á dos leguas de Monte-Christi, 
por el camino de Santiago, hay un sitio 
llamado Laguna- Verde con un grupo de 
seis ú ocho bohíos. Allí establecieron los 
sublevados un fuerte destacamento y 
cortaron el camino con una trinchera con 
su foso de defensa. 

Esta noticia se supo, por la casualidad 
de haberse podido fugar uno de nuestros 
soldados que se hallaba prisionero. En su 
consecuencia, en la madrugada del 24 de 
Mayo, salió una columnita compuesta 

(1) Dajabon está situado á orilla de un 
rio límite de las dos potencias. Al otro 
lado está el pueblo haitiano llamado /kú^- 
. na Méndez^ de manera que los vecinos de 
uno y otro lugar, pueden hablarse jiesde 
sus casas. En Juana Méndez hay abun- 
dancia de víveres y efectos de comercio. 
Cerrando este paso á los insurrectos, hu- 
bieran recibido gran daño, pues conti- 
nuando la frontera hacia el Sur solamen- 
te á distancia de dos leguas hay los pa- 
sos de Capotillo, Piedra Blanca y la Joya. 
Tomados estos puntos, todo lo demás es 
BUmle y sienas inaccesibles hasta la pro- 
í]|«4b Axoft. N. del A. 



del 5.^ batallón de infantería de Marina, 
una sección de artillería y otra de caba- 
llería. Encontrar al enemigo, batirle, des- 
trozarle y destruirle su campamento, fué 
obra de un instante, teniendo ocasión la 
caballería de hacer bastantes bajas en 
una brillante carga que dio. 

En aquella acción mandó las fuerzas 
españolas, el coronel de estado mayor don 
Félix Ferrer y Mora, después justamente 
recompensado con el ascenso á brigadier 
por su valor y porque en aquella ocasión' 
como en otras muchas, justificó su infa- 
tigable celo y pericia que le conquistó en- 
tre sus subordinados el mismo apodo del 
famoso guerrillero de los Estados-Unidos 
á quien ñamaban Cal-y^Canto. 

El dia 30 se verificó otra correría como 
la anterior pero sin resultado. Hé aquí 
como daba cuenta de ella el verídico cor- 
responsal del diario de Cuba: 

Monte-Christi 31 de Majo de 1864. 

Sr. Director del Diario, 

«Mi afectísimo amigo: Ayer hemos dado 
á los cobardes la paliza número tres des- 
de nuestra llegada á este pueblo. 

Sa-bedor el Excmo Sr. general Gándara 
or un vecino de aqui presentado, que 
os enemigos en considerable número an- 
daban por las inmediaciones de la ran- 
chería La Maguaca y por detras de La- 
guna verde distante uno y otro punto co- 
mo tres leguas, ordenó la salida de una 
columna compuesta de tres batallones, €^ 
de España, el 1.^ de Marina y cazadores 
de Isabel II, sesenta caballos y síes pie- 
zas de artillería. El batallón ae Isabel II, 
tomó el camino de la Maguana con una 
tercera parte de la caballería y las piezas 
y la fuerza principal mandada por el jefe 
de la primera brigada el señor conde de 
Valmaseda, tomó el camino derecho de 
Guayubin. 

Llegada esta colu]pna al caserío de La- 
guna-verde, que es un sitio llano, despe- 
jado y pintoresco como una risueña pra- 
dera, la encontramos solitaria y solo sem- 
brada de trecho en trecho, de algunos ca- 
dáveres ya pestíferos de los insurrectos 
que allí habían intentado resistir á nues- 
tras tropas el dia 24. 

La noticia era que los sublevados vaga- 
ban por aquellas inmediaciones, y el se- 
ñor brigadier Vülate, decidido á buscarlos 
donde quiera que estuvieran para que no 
sucediera como el dia del Corpus, que ha 

19 



le 



»-j i; iifr:.*:;*! z.-zis.':n narria íC -^sn 
■íé! ^■'~|-r' '^' '-'"-*•■ i la íT^ja Tt- 

!iíiíii h:ri ls'".rLi í?^.5.T;::r7jí: tt*-- 

r-a*,\ lEs-ür-^ íSTeaa. ■iíiji'i'trr:- se 
>ii£.'^,a: jrL-i i-: ,-:r: 'J .--■ i'í.jala.;::!- 

•íMís't aírlhilJi..'.* r-.r f-írtas '^^e cja. 

yKada ¿Lhi'.^iiét iii i^aciata la ac- 
ción. 

Ckhía se malíipiica>.a á HESSTrss o; 33 
la fuerza ei.ein:^. y pc-i-/ ezKr.?e3 ases- 
tarla reiií;t¡iio= fiLífarj? la arrílléría, rjue 
Ia rlesctiMertó. Hasta el iii:saa> cofie ¿e i 
Valmiisedaai-untódjspiízaa que hicie- 
ron estrados en los cünTii^.t. 

Emprtndier'm BU retiradiíjUS'íanfl) -m 
ualvaciíjn en ia espesura del bis^ue, v 
allí fueron también acini;t:d>5. 

Hora V media duraba ya el fuejro, ccan- 
do el brigadier i'R.^ una'órdtmilainfiín- 
tcría, que con excesivo arr^íjo se tiabía 
axlelantado, j al re'rjce'ler. intentaron 
los insurrectos picar su retaguardia; más 



jziísn i^L^iiíríia ií 'ieaistir <fc sn pfopdeí- 
->. ^cri-i nsLÜien se iabia adeiantado 
■■ccviT^ErarM^e una secrion de arti- 
L-fr".i y :^ racaL-fria, i^se en. un momeií- 
" i^'-.mr,:- y -.eeisiTO disparó sos píczu 
y *e a- Tp a-i ■i::! irarga .jiie llenó de eons- 
"xrzídr'.z. i l:s ¿-■ij::jos. qae huyeron 
;';íra-;rv;r¡i rara ni) Tnlver á dejar- 
se rír. 

AL 7a;aZ?n ie IsaM H que E^ á la 
llij;:"iríi 7 alli et-^iió el raucho. le a- 
'1: Ta^iií- j:?-; ?rspo de cobardes, con 
■:t:íí-í« TTiTi r;::»ñ rato de fti«o ha^ta 
ij-Jial^í-'é ¿í;-v?1m esoarmentatios. 

£:í:ir=i^.- ii'tM sii^ir mueliaí! baja» 
eL.ííTa';ríadi.73e3 Apesacde suesqui- 
ií-.i ;zi2ai;ín~:Lrar5:e=iprequepue¿ 
iU3 r:^=7íos. vizi.'s ror el oanifHi mSa da 
vein-re. y t-;3:a=::s"-.:;n prisionero que 

f-'.-'rableniínTe tacríri. pues esta nal 
eridí etlel^^l.^fc:J, 

FI taíaJjs tie E*E«5a nne fué el qne 
más s; bario ha t¿nidj oAo baias. nos 
el de diaria y rres el de Isabel II. 

.Vdíís. ami^ro mi?, ba^ta que ten^ tl- 
guní orra novedad que participarle au 
affmj, S. S.— H. • 

•5rff /sít^,— Hasta hoy en que remito 
la anterior carta rorfnltn'de vapor para 
ess puerto, nj ha ocv.rrido nada. ■• 

Con estos aiMuredmientos de tan po- 
quísima inipiJrtan'?Í3 jasal^n días y disK 
sin que hs doniiuioanos diesen señas da 
li'istilidad, ni los españoles pensasen en 
moverse. 



V. 



EL PtlEBLO DE MOSTE-CIIRISTÍ. 



Calidad de los ediAeios.— La campiña.— Sus contomos. Su cielo 7 clima.- 
prosperidad bajo el mando del general lzc[aierdo. 



Tanto se dijo j haWó •]•• ^t.mte-Chris- 
ti. de sus fuertes, da su puurto.y de aua 
dcsmelíunidas rañiincí^ ilea^||fj(fn trató 
de que una eJpedicion 
quista, que aquella," 
ít ánimo de los cy^^^^^^^ 
creer qimH^|BM^^^^^^H¿ tu>a 
ciudad 




Cuando sb tomii, el parte oficial de la 
acción deseiigiiiiti á ios mes Ilusos, ha- 
eipndolea ver que latan decantada po- 
li la fiiimalmu Runrenta j ocho ma- 
siiclioa lie ramaje y palos, el qua 
de tabliiH, sin que ninguno tuviese 
mampoHtsria ni una teja en 
*Íb«, i¡w eran de Taguas. 



-147-. 



fil campo, g^eneralmente magnifico en 
la isla, es en Monte-Christi triste y árido. 
En varias leguas en derredor del pueblo 
no se halla cultivada la tierra, ni se en- 
cuentra árboles frutales, ni caña, ni aun 
plátanos, pareciendo increible que sus 
nabitantes tuviesen tan abandonada la 
agricultura. 

El arbolado que empieza cerca del mar, 
sigue formando hacia el interior inmen- 
sos bosques, en los se encuentran made- 
ras de construcción y de tinte, en su ma- 
yor parte campeche. 

El pueblo de que nos ocupamos, está 
situado en una llanura que forma una 
auave pendiente hacia el mar, que dista 
mil quinientos metros al Norte. Al Sur 
está una pequeña loma coíno á dos cien- 
tos ó trescientos metros. Al N. E. for- 
mando parte del puerto, hay una monta- 
ña de que tomó su nombre la población, 
que es sumamente parecida al peñón de 
Gibraltar, por su tamaño, por su eleva- 
ción y forma. Al poniente se ven los azu- 
lados montes de la parte haitiana, des- 
cubriéndose en la misma dirección y á la 
simple vista, el punto donde cae el Gua- 
neo. Por el Sur, ó tierra á dentro se dis- 
tinguen también las situaciones de Daja- 
bon y Guayubin. El primero ha sido 
tiempo atrás un vecindario importante, 
pero su situación sobre la frontera, fué 
causa de que fuera incendiado en varias 
ocasiones, no siendo en la actualidad sino 
un pequeño grupo de bohíos. El segun- 
do aunque es poTblacion de unos cincuen- 
ta casuchos, es estratégico por estar á 
orillas de un rio y dista seis leguas por 
el camino de Santiago. Estos son los más 
importantes pueblos que tiene por veci- 
nos Monte-Christi, pues la Maguaca á 
tres leguas y Laguna-Verde á dos, son 
pequeñas agrupaciones de bohíos; pu- 
oiendo hallarse por el interior de los mon- 
tes, alguna que otra solitaria barraca ó 
conuco. (1). 

En el rigor del estío, reina una cons- 
tante brisa durante el dia, que es aveces 
molesta, por demasiado fuerte. Las no- 
ches y las madrugadas son de una tempe- 
ratura inmejorable pues no hay relente, 
ni se siente calor ni frió. En su zona 



(1) Se llama conuco en Santo Domin- 
go a la casita de labranza, llamada es- 
tancia en la isla de Cuba. Bohío es la ca- 
sa ó barraca, y el conuco es esta, con la 
tierra labrada. 



llu ve muy poco y mientras en la mayor 
parte de la isla se sufren grandes tem- 
pesbades y diarios aguaceros, en los me- 
ses de verano, allí se goza de un cielo des- 
pejado, lloviendo solo algunos dias de los 
meses de Abril y Mayo y de Setiembre y 
Octubre. 

Aseguran los dominicanos, que cuando 
por el interior de la isla, hay enfermos de 
larga curación, les mandan los médicos á 
respirar los salutíferos y puros aires de 
Monte-Christi. A pesar de esto, cuando se 
pronunció el verano, conoció la división 
su influencia, aumentando el número de 
sus enfermos, si bien la enfermedad úni- 
ca desarrollada fueron las calenturas, ca- 
si nunca malignas por más que solian 
complicarse con penosas disenterías. 

También se presentaron algunos casos 
de fiebre amarüla, llamada vulgarmente 
el vómito; pero fueron en tan escaso nú- 
,mero en relación al de los jóvenes solda- 
dos que pasaban en América el primer 
estio, que ellos mismos vinieron á con- 
firmar las buenas condiciones higiénicas 
de la localidad. 

Al llegar á este punto de nuestra his- 
toria, creemos un deber de conciencia el 
tributar un homenage de respeto y con- 
sideración al comandante general - de 
Monte-Christi, Mariscal de Campo D. Ra- 
fael Izquierdo, que consiguió poner la di- 
visión confiada á su mando á una altura 
envidiable, en instrucción, disciplina y 
policía, á pesar de las eterogéneas proce- 
dencias délos cuerpos que la componían. 

A su incansable celo por el bien del 
soldado, á su esquisito tacto, á su inque- 
brantable carácter, se debe sin duda al- 
guna, el que no decayese el entusiasmo y 
la moral en aquel campamento, que sin 
teúior de equivocarnos podemos aserrar 
hubiera sido admirado por los militares 
extranjeros de las naciones más ade- 
lantadas. 

Aquella división llegó á confiar tanto 
en las dotes de ^u general, que no había 
individuo alguno que no creyese que él 
solo hubiejra concluido con la insurrec- 
ción. 

Como comprobación de la actividad 
que el general Izquierdo imprimió á sus 
tropas, copiaremos á continuación una 
correspondencia, que desde el campa- 
mento dirigió un oficial á la Gacetilla de 
Zaragoza^ y en la que se dan detalles de 
las mejoras que hicieron nuestros solda- 
dos en la plaza de Monte-Christi; 



I 



«Muy seSores míos; todavía no be hablar 
do i Vda. en mis antóriores de loa buenos 
y ntiles servicios que el cuerpo da inge- 
niaros ha prestado en este punto, j ai no 
lo he hecho no ha sido por desconocer- 
los, sino porque quería dejar traficurrir 
algún tiempo para ver terminadas las 
obraa que habia en construcción y que 
con tMto celo j actividad se han llevado 
i cabo. 

Me remontaré ílafeehuen que se tomó 
este punto, para que puedan Vds. for- 
marse una idea más exacta de cuanto se 
ha trabajado , 

En Mayo de 1864 el pueblo de Moute- 
Cbristi lo constituían unos 50 bohíos, 
dos 6 tres casas de tabla y una iglesia 
también de madera, de muy pobre y su- 
cio aspecto, y todo esto sin orden ni con- 
cierto, pues no formaban entre ai calle ni 
pía/ a alguna. 

El Monte- Oh risti de boj lo forman 
unaa 150 caaas muy buenas, slpunas de 
ellas con dos pisos, un mataaero^ una 
tahona, dos grandes depásitos de provi- 
siones, una bonita iglesia bien decorada 
y siete hospitales. Además, cerrando el 
pueblo, fie hallan seis graudes barracas 
que sirven de alojamiento á igual núme- 
ro do batallonea, y se encuentran otras 
cuantas en construcción. Todo esto for- 
mu tres gtandea plaias, á las que afiuyen 
todas las calles que sonen extremo ancuas 
y rectas. A las barracas- o uarteUs que 
circunvalan el pueblo, se les ha dado laa 
coniliciones que exigen las convenien- 
cias tácticas, formando entre ellas una 
línea de defensa parecida al perímetro de 
un reducto. 

La playa que se hallaba desierta pare- 
ce hoy uu pueblo; allí se encuentra la 
Aduana los depósitos generales de provi- 
tiioiies, ol parque de Administración mili- 
tar, los almacenes de particulares, el de- 
pósito de hielo, las máquinas de desalar 
el agua, uu cuartelillo para la guarníciou 



y un hospital, habiéndose coastniídu sí 
más un muelle que entra más de cien \ 
ras en el mar. En todas estas obras | 
tomado una parte muy activa el C 
cío, que ha abierto en esta punto e 
blecimientos de todas clases. 

I!;n cuanto á las obras de fcrrti&caí^ 
nes los dos fuertes de Han Francisea' 
y San Pedro, bastan por si solos para tí 

cer ver que el Cuerpo da In^r' ' 

Uenado perfectamente su misión, _, 
mero es una verdadera fortaleza, toditfl 
piedra en seco, capax de contener muflll 
fuerzas, y en disposición de ser defendí 
por pocas; tienen dentro da sus mUT 
cuarteles, polvorines, laboratorios, par- 
quea de Artillería ó Ingenieros y puede 
cerrar dentro de si recurac» suficiente» 
para nutrir é. una división que opariM 
en el interior. El segundo llamado de 
San Pedro distante de un tiro de ftisil del 
pueblo, es un pequeño fortín de igual 
construcción, capaz de l6o hombres, aÍ-_ 
tuado en una gran altura, que doia'~ 
todos los caminos que conducen aX i¡i 
rior, siendo de mucha importancia I 
ser en realidad el centinela avaí 
este campamento. _ 

diento que ¡os limites de una carta ñ 
me permitan descender á, detalles que Si 
bien de escasa importaneM no dejanandc 
ser leídos con interés por cuantos se in- 
teresan en el bien de nuestro Lj^rcito. 

Concluiré por hoy, diciendo ü Vda. q^n'. 
el domingo 12de Marzo se abrió ni púbüci' 
ol precioso teatro que e! geneml cía La 
división mandó constmir al cucrp— ^*^ 
ingenieros y que este con su celo a 
tumbrade, terminó á los veinte dúti 
recibir la orden. Se ha oi^anizado | 
compañía lírico-dramática, compul 
do individuos de las clases de tro)Ni,« 
actuarán en él los Jueves j domí^ 
Las músicas de los cuerpos ameui 
las fiestas.— Un Oficial,- " '"" 
3 de Abrü de 1865.. 




ESCASEZ DE AGUA. 

i^uc« del Taqnie. — Las lagunas.— La ración de agna.— Loe pasados j noti- 
s de donda había agua.— Diarias expecUcioueB Á beber,— Acción d« la 
~'d.A el 26 de Junio, 



L sequía, importó en los primeros 
del mes de Junio una cuestión de 

B gravedad. 

Íonte-Chriati no tenia fuentes, ni rio. 
Sds Tsoinos abrieron en todos tiempos 
profundos pozos, pero con desgraciado 
éxito, pues daban agua salobre y en muy 
eamsa cantidad. 

Uasto fines del siglo último el río Ya- 
que pasó muy eerca de la población, pero 
un terremoto I1Í20 variar su curso í dos 
l^uaa al interior, cerca de la ranclieria 
(La Maguaca» j ñic á salir al mar por la 
babia de Manzanillo. El cauce antiguo se 
llenó de agua salada y formó el caño 
que con tantas diliculta'des vadeó la d¡- 

El ángulo que forma el nuevo cauce 
con el antiguo, se ye muy claro y en él 
bebían nuestros soldados, cuando ha- 
cían largas descubiertas á los primeros 
dissdela ocupación. A nuestro juicio, 
nos parece fácil y poco costoso el hacer 
tomar al Yaque el curso que por tantos 
aillos llevó. Sí esto se hubiese hecho, el 
ejercito de ocupación no babria carecido 
de agua, y allí donde solo existían di- 
flcilmente unos cuantos bohíos, se hu- 
biera levantada una buena ciudad. 

EU corto vecindario de Monta-Christí 
se surtía de unas que se llamaban la- 
ffUnaa, pero que solo eran unas pequeñas 
desigualdades del terreao, donde sin aseo 
ni ajtc, ae quedaba estancada el agua 
llovediza, expuesta al sol, a! polvo y S to- 
das las incidencias de la intemperie. 

La división tuvo en tos primerps dias 
que ir á estos puntos distantes mil me- 
vos, para surtirse del agua necesaríapara 
sus ranchos; pero con la seq^uía se empe- 
á agotar aquellos depósitos, y solo 

|psce9 se coaoció su mmenso valor. 



Elgeneralen jefe, prevejendo el caso, 
se anticipó á la neces'dad, organizando 
un servicio de vapores quo iban á Man- 
zanillo á llenar pipas del Yaque, que des- 
Sues se distribuían é loa cuerpos á razón 
e cierto número de cuartillos de agua 
por plaza, que nunca recibió menos de 
cuatro ni masde ocho, con cuya cantidad 
ss habían de guisar los ranchos yatender 
á todas las necesidades. 

El soldado no debió pasar sed, pero le 
bastó saber que estaba í ración de agua 
para que la ansiase masque un hidiopi-- 
CD (1) , si bien esto no dio motivo aJ me- 
nor síntoma de indisciplina, en aquellas 
valientes y subordinadas tropas. 

Agotáronse por fin las lagunas; los sol- 
dados y el ganado bebían agua traída del 
Yaque, y en el campamento no faltaba 
que beber; ^ao había ansiedad por salir 
de aquella situación que llenaba de tris- 
teza y desesperación al cuerpo, al que le 
resultaba alguna pipa salada ó salolwe, ó 
al que por causas imprevistas se le rom- 
pía alguna en el acarreo desde el muelle. 

Désete la llegada á Moote-Christi el 17 
de Mayo hasta mediados de Junio, pocos 
fueron los presentados. Rn los primeros 
días se aparecieron cuatro saldados, de 
los que cayeron prisioneros al estallar la 
insurrección, y que pudieron escapar del 
lado de los negros, & quienes servían en 
clase de esclavos. Otro se presentó el dia 
veinte de Majo, pero tan horriWemente 
aODehillado, que solo sobrevivió dos dias, 
en los cuales pudo manifestar que al huii 

[Ij En los hospitales se hizo sensible 
en los primeros dias la cuestión de agua, 
pues algunas pipas saliau saladas, y los 
enfermos no podtan beber, peio esta con- 
flicto duró poco.— N. delÁ. 



I 



hacía nuestro Cflinpo, le había alcaniado 
un negro qua le did do machetazos hasta 
que ie crejá muerto. 

Vino también al campamento una fa- 
milia del paia compuesta de marido, mu- 
ier y cuah'O liíjoa, ú quienes ligaban re- 
lacionen de amistad con varios de loa je- 
fes de las reservas que nos acompañaban 
y que se decían partidarios de ta domina- 



Por 6a, á mediados de Junio, se nos 
unió un vecino antiguo de Monte-Chrísti 
que al ver la penuria en que se estaba, 
por la escasez de aguas, indicó otras la- 
gunas mas abundantes que las agotadas, 
como á una le^ua de distancia sobre el 
camina de Santiago, Esto pareció un ha- 
llazgo de incalculable valor. 

gT capitán general dispuso en su cou- 
secuencia, que por las mañanas salieran 
- todas las caDalleriaa y ganados, acompa- 
fiados de un batallón, con el fin de llenar 
en et punto indicado cuantas vasijas se 
jtudiesen, para de este modo aumentar la 
cantidad que de ración recibían los cuer- 
pos, Hlzóse asi sin la menor oposición del 
enemigo, hasta que el dia 34 trató de opo- 
nerse, sorprendiendo con su fuego í la 
fuerza da escolta; pero bien pronto fué 

Íiuesto en fuga como de costumbre, con- 
tnu&ndMe la operación hasta su tér- 
mino. 

ICitte incidente al parecer insignificante, 
ái6 & conocer que los insurrectos se ha- 
bían propuesto molestar la operación de 
la aguada que era larga y^ difícil. Supo- 
niendo quo & la mañana siguiente volve- 
ría i prcecutarse el enemigo, salió el con- 
voy con las precauciones y órdsn de eos- 



tiro Aii fuail de las lagunas, la guerrilla 
que iba de vanguardia, descubrió una 
emlxwcada da negros, que esperaban po- 
iliir hacer fuego a quema-ropa. Kmpezó 
el fuego de una y otra parte; pero como 
(liisnipre fueron arroUnoos y perseguidos 
¿ lu bajoneta mas de una legua, dejando 
algunos muertos á trueque de uno y va- 
rios heridos que tuvo la tropa. 
Héaquí la Orden general del 1." de Ju- 



lio y eo la que so trata del suoeio reí»' 

rido; 
«El Excmo. Sr. Capitán General y en 

Íefe de jeste ejército, en uso de las atri- 
buciones que le estén conferidas, ha te- 
nido é. bien conceder la cruz de Maria 
Isabel Luisa pensionada con 10 reales 
al mes al soldado del regimiento de Es 

Saña José Chantre Quirós y al cabo 1.° 
e Isabel II, Ángel Valle Samper y solda- 
dos del mismo cuerpo Joaquín Bena vea- 
te, Juau Nicolás y Miguel Gabanes, quo 
resultaron heridas en la acción sostemda 
el 2o de Junio próiimo pasado en el ca- 
mino de Laguna-Verde. Asimismo ha 
dispuesto S. E. que se haga saber en la 
orden general lo satí^cho que está del 
comportamiento de todos en dicha accim. 
j en particular de loa que cita en su par- 
te elEicmo. Br. Brigadier Conde de Bal- 
maseda, que mandaba las fuerzas que A 
ella concurrieron, que son: Jefe de la pri> 
mera media brigada Coronel D. NioMáa 
Argenti, Gefe de lí, M. de br¡i,'nii:i i.'u- 
mandante D. Eduardo Gamir, :i 
de órdenes comandante de culi:! < 
Luis Portero y tenieute D. Jor-. . 
los jefes de los batallones coroii' i . . m 
te coronel D. José Fernandez Liijgür_ 
del de cazadores do Isabel II, tenisatefii 
ronel D. Agustín Uñidos, de loe dS lt~~ 
na, D. Deogracias Hevia, del de Bb^ 
has capitanes de artillería D. Edttl. 
Reylein, de infantería D. Eduardo Hei 
ra_, D, Mariano Peñas y D. Manuel M 
mino, y los de igual oíase da itiftiiU 
de marina D. Joaquín Alvacote y 11,11. 
nuel de Lara. — Lo que de orden de B. B. 
se hace saber en la general de hoy para la 
debida publicidad y satisfacción de los in- 
tereaados. — Pelaez.» 

Aprovechándose la sequía, se limpia- 
ron perfectamente las lagunas del cam- 
pamento, que no tardaron en llenara* 
por abundantes ó inesperados aguacorí^. 

MAs tarde se trajeron de los Kataoof^J 
Unidos máquinas de va{ior, para desa]*^^ 
el agua del mar, que se colocaron eñ 
playa, y entonces dejaron de sor di 
las expediciones de los vaporea qu« 
& llenar la pipería al rio Vaque. 



"Hl^ 



. 7 



vn. 



^ÁSISTBNCIA DEL SOLDADO. 



Hospitales.— Alimentos.— Tiendas.— Haberes.^ Vivanderos. 



El soldado español llegó á estar en 
Monte-Christi perfectamente asistido. Ño 
creemos haya estado mejor el de ningún 
otro ejército. 

Los enfermos descansaban en limpias 
camas, dentro de magníficos barracones 
de madera techados de cinc, y el cuerpe 
de ^anidad manifestaba el mayor celo y 
eficacia. Sus alimentos y medicmas eran 
siempre de buena calidad y apropiados á 
lo que exigía el estado de cada cual. 

La tropa, los oficiales y los jefes, re- 
cibían diariamente buena ración de pan 
fresco, devino ó aguardiente, café, a2Úcar, 
carne fresca (cuando la había, que era 
casi siempre) tocino, arroz, judías ó gar- 
banzos, aceite y tasajo. Para el ganado 
no faltó nunca buen pienso de maíz, heno, 
avena y salvado, además de los buenos 
pastos que casi siempre tuvieron los cam- 
pos, contribuyó á que se mantuviese en 
Dueñas carnes. 

La administración militar demostró 
mucha inteligencia y celo, trabajando 
quizás por encima de sus fuerzas, y lo- 
grando conquistarse las simpatías de los 
que la miraban con prevención. 

Todo el ejército dormía bajo buenas 



tiendas marquesinas, y cada cuerpo edi- 
ficó un número proporcionado de sombra- 
jos, donde la tropa descansaba mejor que 
debajo del lienzo á las horas de mas calor. 

A cada soldado se le daba en mano, des- 
pués de su buen rancho, una peseta para 
que la gastase á su gusto, y estaba Díen 
vestido y perfectamente armado. 

A losTpocos días de establecido el cam- 
pamento, llegaron á él tantos vivanderos 
de diversos puntos de las Antillas, que al 
mes, lo que antes era un informe montón 
de casuchos, presentaba muy agradable 
aspecto por las muchas casas nuevas que 
los comerciantes levantaban, y que uni- 
das á las obras que se emj^rendian por la 
tropa, daban á Monte-Ohristi la forma de 
un Doníto pueblo tal como le hemos des- 
crito en el capítulo correspondiente. 
'^ Cierto es que los vivanderos hicieron 
un verdadero servicio al campamento, 
surtiéndole de todo lo indispensable que 
podía necesitar la división; pero también 
es cierto que vendían sus artículos i un 
precio fabuloso, no pudiéndoseles sujetar 
a tarifa como se había hecho en otros 

S untos de la isla, incluso en el desdicha- 
Guanuma. 



vm. 



OTSA SAtDA DS LA. aUABKlClON OB SANANA. 

fispiritu militar.— Sorpresa del enemigo.— Impreyision.— Los desñladetos.— 
La caza del blanco por el negro.— La columna perdida. «-Su casual sal- 
vación. 



Los batallones segundo de infantería 
de Marina y cazadores de Cádiz, estaban 
hacía varios meses en Santa Bárbara de 
Samaná, sufriendo los terribles efectos de 



aquel mortífero clima. Los hombres se 
acababan sin gloría, sin recompensa y sin 
que nadie se acordase de su aesgraciada 
situación! 



» 



Los jefes y cfieialea de estos cuerpos, 
que habían ido & la guerra llenos de pa- 
tiiótico entusiasmo, se desesperaban ante 
la triste perspectiva, de ver sucumbir por 
centenares i su gente, no por las balas 
enemigas, sino por la inclemencia del 
clima, y ansiaban la ocasión de cumplir 
alguna \ez con su misión. Al efecto, su- 
plicaron al brigadier marqués de la Con- 
cordia, que deede Abril había reemplaza- 
do en el gobierno a! general Hungría, que 
ordenara una salida de ¡a guarnición al 
campo enemigo. 

Como la efectuada en 22 de Marzo, ha- 
bía dado ei buen resultado de la preaea- 
tacíoD de veinte familias rebeldes, tenía 
buena disculpa la concesión del goberna- 
dor y aun fue plausible la dtíterminaeíoa 
y buen espíritu de loa batallones. 

En su consecuencia el 3 de Julio salió 
de Santa Bárbara una columna que se di- 
rigió al Tesón donde los contrarios tenían 
BU guarida ó cantón en el que otra vez 
fueron sorprendidos, fugándose al acer- 
carse la tropa. 

Como el objeto de esta, era principal- 
mente mortificar A loa rebeldes para 
obligarles á deponer las armas, se pren- 
dió fuego á 19 casitas ó bohíos que por el 
monte vieron esparramadas, cometiéndo- 
se la imprevisión de diapouer que en el 
mismo sitio y al fuego de las llamas, des- 
cansase la columna y comiese el rancho. 

Esta imprudencia costó muchas vidas, 
poniendo a las tropas en el mayor com- 
promiso del que se salvaron inílagrosa- 
uiente, pues los enemigos, avisados en 
toda la comarca por el humo y las llamas, 
acudieron en derredor de sus jefes, que 
rabiosos al ver arder sus propie&des, fra- 
guaron el plan de venganza. Para consu- 
marla, se repartieron lospuntos más di- 
fíciles y escabrosos por donde tenia que 
pasar la tropa y se apostaron en peque- 
ños grupos. 

Ouando.la fuerza regresaba con el dis- 
gusto dono haber podido batir al enemi- 
go, se le presentú la ocasión de agotar sus 
municiones j de gozar de las más terri- 
bles impresiotiea de un día de combate. 

Los i^imcros disparos que hicieron loa 
negros lueron (arteros, como que cada 
uní) elegía tranquilo su víctima. La tropa 
así sorprendida, tuvo un momento de 
confusión. <jue la hízo vacilar, pero á la 
voz de sos jcfoB y oficíales que gritaron 
fwjfo i iMde it tea kMmo, hizo una nu- 



trida descarga sobro una verde é it 

síva enramada. Apenas oída romcí&i 

enemigo un fuego lento pero saetenitud 

vanguardia, retaguardia y flancos. 

Nuestros soldados eran i 

aqueUa guerra y no sabían i 

como Sus contraríos. En grupos,.! 
remolinos, presentando inocentent" 

Sran fondo y blanco, hacían fliego nt 
o contra im enemigo invisible. LaM 

y oficiales eran también nuevos y noT 

nocían la voz de lá la manigua,» 4)iu 
horrorizaba yponia en fuga al enemigo. 
A esa voz en Ioh batallones veteranos, el 
soldado se diseminaba, se metía por la 
espesura del bosque, con mucho oiilo, 
con mucha atención, armada la bavoneta 
y el dedo en el gatillo, empezándola ca- 
za del negfo, del mismo modo que eítfl 
hacia la del blanco. Cuando se adopÜ 
este sistema, perdió muy pronto el domi- 
nicano, la ventaja con que inagurá h 
fuerra. La primera descarga en me em- 
oscadas, era suya, es verdad, pero 
cuando veía penetrar al saldado lleno it« 
valor, en las malezas, huia y* no presen- 
taba más defensa. Por esto se ha repetí- 
do tanto y tanto en esta gueri'a la pala- 
bra de *á la bayoneta.* 

Muy mal parados llegaron 6. verse loe 
que habían salido de ^maná. Agotados 
sus cartuchos, extraviados de eu caÍBlÍ> 
no por un falso guia, que se pasó á Iw 
contrarios, borrada la senda, la noche t» 
les echaba encima y el enenugo lea per- 
seguía gozoso. 

De este difícil y apuradísimo trun», 
les salvó una casualidad providencial, tüa 
la cual todos los de la expedición hubie- 
sen perecido. 

A tientas por la espesura (!'■) ' ;■; 
siguiendo el natural declive 
montañosoen que se hallaban, 
orilla del mar; más no por csi.,; 
ban seguros, muy al contrariu, ;.....,.„,., 
han un blanco más descubierto al uerü- 
nuí enemigo; pero quiso la Provídenci» 
que allí se encontrase una lancha canoas 
ra que había salido i recorrer la costa y 
merced al apoyo de sus certeros disparos 
de artillería, pudieron retirarse los rM- 
toB de la tan castigada ejtpcdícion, 

l'lsta fué la última salida que durante 
la ^uerní hizo la guarnición de Samasá 

{la última novedad militar que alU 
ubo, digna de ' 



r-l^r- 



IX. 



SANTANA POR EL SBYBO, 



Increinento de la insurrección. — Beeursos de Guzman. — Situación de Santana 
— Provisiones— Gritos de los insurrectos.— Óontemplaciones. — La muerte 
del general Suero. — Relevo de Santana.— Su fallecimiento. 



La necesidad de seguir en lo posible el 
orden cronológico de los acontecimientos 
nos hizo dejar al marqués de las Carreras 
en Hato-rMa^^or, teniendo que habérselas 
con su compadre, antiguo ayudante y 
amigo el teniente Antón. 

Hemos dicho que el triunfo de Santana 
en Pulgarin podía darle la pacificación 
de la provincia. Y en efecto, síntomas 
"hubo de que así sucediera, pues en cuan- 
tos puntos habia destacamento de fuerzas 
españolas, se presentaban los vencidos 
por docenas, siendo bien recibidos y ob- 
seqiiiados. 

El teniente Antón no pensaba, empero, 
como sus conciudadanos, y ayudado de 
su prestigio en el país y de cuatro des- 
'gra.ciados como él, recorrió incansable los 
hohíos todos de la comarca, seduciendo á 
unos, engañando á otros y arrancando 
por la fuerza á los más, y de este modo 
pudo reunir una fuerza de 800 hombres 
que acantonó en los puntos conocidos por . 
Yerba-Buena y Sabana-Burro. 

Impo' ente Guzman para continuar en 
tan atrevida empresa por carecer de re- 
cursos, se presentó en Santiago de los 
Caballeros a ofrecer sus servicios al go- 
bierno pro visólo. Este los aceptó, nom- 
brándole para el mando en jefe de los su- 
blevados de la provincia del Seybo, y fa- 
cilitándole armas, municiones y gente. 

Asegurado un tanto en el débil pedes- 
tal en que' su audacia lo habia colocado, 
y contando de sde luego con el apoyo de 
nn gobierno constituido, aunque sobre 
bases poco sólidas, estableció su cuartel 
general en el sitio ya mencionado. 

Conocedor del terreno, no podia haber- 
le elegido mejor, pues se hallaba á muy 
corta distancia de los puelJlos de Hato- 
Uajor y el Seybo, á los que conduelan 



.miles de sendas y atajos que él conocía 
perfectamente; su posición era ventajosí- 
sima; por los^accidentes del terreno esta- 
ba á cubierto de un ataque combinado de 
las tropas españolas, y estas en caso de 
atacar, tenían que dar un rodeo de cinco 
horas de marcha regular, mientras que 
él podia ponerse en Hato-Mayor en una y 
media, y recibir recursos de Santiago en 
seis. También logró seducir á un cente- 
nar de hombres del pueblo de Hi^üey, aún 
afecto á los españoles, y consiguió dar in- 
cremento á la sublevación. 

El general Santana tenia su familia y 
haciendas en la provincia, y siendo su 
enemigo mortal Antón, no debía de estar 
muy tranquilo, con tales sucesos pues 
veía en peligro su fortuna y parientes. 

Teniendo solo á su disposición, las ocho 
compañías del batallón del Rey, debia 
cubrir una línea de comunicaciones de 
^cuarenta y tres leguas (del país) y aun- 
que se esforzaba en pedir refuerzos al 
capitán general de Santo Domingo, no 
se le mandaban y su posición se iba ha- 
ciendo cada día mas crítica. 

Al llegar á su noticia la sublevación 
de Higüey con el fin de inspirar alguna 
confianza á los vecinos, mandó una fuerza 
en persecución de los desafectos y otra 
para que quedara en el pueblo, entrando 
en este la . primera, después de dos días 
de inútiles pesquisas. 

Los cálculos ae Guzman estaban cum- 
plidos,, pues su objeto era llamar la aten- 
ción de las tropas de Santana sobre varios 
puntos, para debilitarlas, al propio tiempo 
que las enfermedades las iban diezmaníK). 

Habia trascurrido el mes de Enero, y el 
de Febrero terminaba, sin que varios ata- 
ques dados á Antón, en sus posiciones de 
Yerba-Buena y Sabana-Burro, diéseii 

?0 



nlaa resultado que hacerle refugiarse al 
bosque, nLientraa las tropaíí dueñai? del 
campo inceiulíaban sus campamentos, 
que reconstruían de nuevo con palos y 
yaguas, á la inedia hora de retirarse á sus 
cantones los soldados del Rey. 

Las muchas bajas que experimentaba 
Antón en su gente no le causaba terror y 
el convencimiento de la imposibilidad de 
hacer frente á unos soldados, que no ha- 
llaban ohst&culos ante las puntas de sus 
bayonetas, hizo renacer más el encono y 
deseo de venganza y los que no se pasa- 
ban á las nías enemigas, permanecían 
en los pueblos ocupados por los españo- 
les, sirviendo de espías, amparados por la 
máscara de la adhesión ó bien explotando 
al soldado. 

La sa^cidad y mala intención, llega- 
ba hasta el estreraO do presentarse por 
dúOetias después de las continuas batidas 
q_ue sufrian y después ile armados, muni- 
cionados y socorridos por iJrdeii de San- 
tana, cuando babian encaminado perfec- 
tamente la situación y recursos de los 
españoles, ae desertabau de nuevo á sus 
filttSj entre las que mas de una vez y en 
medio del combate, fueron reconocidos 
por los mismos soldados que dias antes, 
compadecidos de su situación habían di- 
vidido con ellos la ración. 

El campamento de Guauuma había sido 
evacuado y los insurrectos que dejaron 
de hallarse en jaque por aquellas ñierzas, 
pasaron & engrosar las del teniente 
Antón. 

La insurrección de] Seybo iba aumen- 
tando de día en día. Uu pequeño refuerzo 
de tres compañías de San Marcial, llega- 
Úb li Hato-Mayor, aleanziiba apenas it 
cubrir las bajas por enfermedades. Las 
coatunicaciones de las tropas de Saut:iun 
epn los Llanos y San Antonia de Guerra 
' (camino de Santo Domingo] Be íbiiu ha- 
ciendo difíciles ^ peli^i-osas. 

pil cabecilla, titulnao general Luperon. 
obaerv&ba 6. corta distancia de Los Llanos 
ItiB operaciones de las tropas que lo ocu- 
paban y obraba contra los convoyes, de 
acuenlo con el teniente Antón. 

Las (Kuaruicioues de Monte-Plata y 
otros puntos, recibieron orden de retirar- 
se il In capital, A causa de las enfermeda- 
; des, y con este motivo se pudieron refor- 
zar las de San Antonio de Guerní, Los 
Llanoa y Halo-Mayor, la ile este punto 
con ol batallón de Nápoks y resto del de 
^n Marcial. 



Cortadas las eomunicacíonea entre es- 
tos tres puntos, no era fácil conducir por 
tierra las raciones, por carecer de tropas 
que los convoyasen, y se estableció una 
nueva Ibea de comunicación por la coo- 
ta, sobre lir que se establecieron tres de- 
pósitos de raciones para el ejército, en la 
forma siguiente: uno á orillas del rio 
Soco, navegable para goletas de poco sa- 
lado hasta nueve millas al interior, que 
surtía á las tropas del Seybo y Hato-ltó- 
yor; que distaba nueve leguas; otro en el 
pequeño pueblo de Macoría, en donde eia- 
barcaban los enfermos y tieridos quapir 
saban á la capital, por proporcionar mds 
comodidad para aquella operación,, j al 
tercero en el pueblo denominado «Josd 
Dolió» para surtir á la guarnición de Loi 
Llanos. La de Guerra recibía cuRuto na- 
cesjtaba de la capital, por hallarse muy 
distante de la costa, pero no siu que UiS 
convoyes fuesen atacados á la ida y á U 
vuelta. 

Desde el pueblo de Pajaritoí;, Miiarinlii 
de Santo Domingo, por el rio ( t ■ 
ta el Seybo, todos se habinn 
enemigos de España y se halü. 
do la máscara de hipocresía cmu _ 
ban encubiertos. 

Era pública hasta lo sumo, la inSuni- 
cía que el marqués de las Carrerras ejar- 
ciasobre los habitantes de la provinci» i!i-l 
Seybo y debía de ser asi-, pur •-- 
ella tenia sus deudos parienl' - 
y en este concepto erade-e^ii 
prometió, que calmaría los liu 
tableeeria fapaz, inspirando I > 
quo desde tantos años íaspirMí 
jos de suceder asi, ocurrió i :. 
lo contrarío, pues enlos niin,, 
comh(ite se oía pedh', [con e: _ 
un ódio mortal] á los insurrectos euM 
y los del piis que se mos traban, b(P 
les, repet'an & menudo haber oído d 
lus suSlevaduE, que no se batian ( 
tropas españolas, porelódio quehá' . , 
sentían, sino por estar mandadas pOsH 
tana, de quien querían apoderarse. Jr 

No dejaba de ser esta otra de lU 1 
rías de los insurrectos, que no podh 
ner tal odio á ííantana, que por te 01 
se tomaba máa ínteres, por cuiUi 
extruño que por sus (ropas, y ea f 
de ello citaremos algunos de lus nj 
casos que podríamos exponer. S a, 
seutuban á vender caballos. T&aeafifi 
res, no peiiuitia se deshicieran de allo 
que sacasen dos tercios más del 1 




I^porellos pedían. Si aa OOgian prisio- 
^B, lOBarraalin j "ratiticalja. dejando- 

«luego en plena übertad, mediante la 

palabra áe no hacer armas contra los ea- 

eñoles. haciendo re.spetar al eoldado, 
jo el más severo castigo, la más peque- 
ña propiedad y acortando á laa tropas la 
racionen tiempo de escasez, para poder 
dársela completa á las reservas, á los pri- 
aioneroa y a loa vecinos de los puehlos, 
(jiie vendiéndose por amigos, solo eran en 
realidad espías que daban puntual aviso 
á GuzmuD de cuanto pudiera interesurle. 
Con los refuerzos de gente que este 
babia recibido de la junta do gobierno de 
Santiago, tomó una actitud amenazadora 
j. probó fortuna, atacando va.rias veces la 
guarnición de Hato-Mayor. Uno de los 
ataques más Bsados lo dio en la noche del 
seis de Abril, en que con una pertinacia 
JMJCO común, de parta de los üisurrectos. 
consiguieron penetrar por las calles de la 
población y llegar hasta la plaza; pero 
como siempre, fueron batidos j reclia- 
lados. 

Era ya evidente que la estrella de San- 
tana se habia eclipsado, que su prestio'io 
babia disminuido, y que lejos de poder 
Contribuir con su presencia á templar los 
ánimos, los exaltaba más y nuis cada día. 
Bn esta seguridad el general Vargas le 
sapUcú y ordehó que hiciese enttega del 
mando de aquella provincia al general 
Suero, que al efecto pasó á verle; pero 
también esta vez desobedeció, (!]. 

Cunndo Suero regresó del Beybo y se 
TOlvió & encargar de la brigada estable- 
eii^ en San Antonio de Guerra, tuvo no- 
ticias de que uno de los sírupos más nii- 
ineroBos de eneroiffos vagrahapor aquellas 
cercanías, y proyectó salir en su busca. 
Entre sus disposiciones entraba la idea de 
obrar en combinación con las fuerzas que 
ocupaban el campamento de Toma-Rosa 
distante tres leguas del suyo; pero en el 
mismo día que concibió su proyecto re- 
cibid de refuerzo al tercer batallón pro- 
TÍsional que acababa de llegar de España 
y que venia con el completo de su fuerza. 
A. ¡a mañana siguiente del arribo de 
cate cuerpo, recibió el general confiden- 
cias más esplícitas, pues se le designaba 

íl¡ El general Suero nos reiirid en el 
pueblo de Guerra los pormenores de su 
entrevista con Santana, y á las veinte y 
eaatio horas de nuestra conversación, 

iBÁ es el campo de batallu. I 



de eoemígos 7 el punto quA 
ocupaban, distante apenas una legua, y 
entonces mandó formar al batallón recien 
llegado, y poniéndose á su cabera con al- 
gunos bdividuos de las reservas, partió 
en busca de los contrarios. Hallábanse 
estos en el puuto llamado el Pmq del 
Miterlo, que era un difícil desfiladero ro- 
deado de frondoso ho=que, y al quo eon- 
ducia un estrecho y mal camino. 

Después de una cuesta, se bajaba una 
resbaladiza pendiente al cabo de la cual 

£ asaba un no en cuya orilla opuesta ae 
aliaban emboscados los insurrectos. 

Nuestros soldados que iban aquel dia á 
recibir el bautisrao de sangre, vencieron 
laa principales dificultades y sufriendo el 
fuego traidor de aquellos enemigos invi- 
sibles, llegaron hasta el r;o experimen- 
tando mu^ nuuMrosas y sensibles pérdi- 
das especialmente en sus dos primeras 
compafiias. Suero y et teniente coronel 
Torrero, jefe del batallón, dirigieron per- 
sonalmente ásugente mal preparada pa- 
ra aquel lance: pero que merced á su 
ejemplo se batía muy bien. El enemigo 
empezó cual siempro á declararse en dis- 
persión, sosteniendo solo un fuego muy 
lento que denotaba su alejamiento. 

Empezaban ya á replegarse las compa- 
ñías desplegacfas y el peneral Suero ae 
acercó á un grupo de oficiales, para en- 
cender un ciííarro; pero cuando más con- 
tento se hallaba manifestando su eoni' 
])laciencia por el comportamiento aguer- 
rido de aquellos bisónos soldados, vino 
una bala, quizás perdida y le atravesó, 
dejándola herido de muerte. 

A las pocas horas de regresar laa tra- 
pas á Guerra, tuvieron el disgusto de yar 
morir á su general. 

Era Suero hombre de unos cincuenta 
años, pero que representaba menos. Su 
color era cobrizo oscuro, usaba de un len- 
Ruaje expansivo aunque poco escogido. 
Gustaba de vestir con aseo y se recarga- 
ba de anillos y cadenas de oro. Como dije, 
de su reloj, llevaba el signo masónico de 
un compás y una escuadra cruzada. 

Su muerte fue sinceramente sentida on 
el ejército, en el que se Labia ganado la, 
reputación de valiente, sin que nadie 
dudase jamás de la decisión y sinceridad 
ton que había abrazado la causa de Rs- 
pafia. Hacia rauy poco tiempo que se 
le habia reconocido por S. M. el empleo 
de brigadier de ejército y con eso se moa- 
traba muy halagado y reconocido. 



Saotsua sintió amargamente, como no 
podía menos, la pérdida de Suero, pues 
vela que iba ripidameote descendiendo á 
la nuOdad por la falta de sus amigos y la 
hostilidad de sua conciudadanos. Puede 
as^urarae que desde eotonoes, dejó el 
marqués de lÁa Carreras, de dar indicios 
de la actividad ; firmeza que tanto le ha- 
bian encambrado. 

El dia 2 de Mayo, cuatrocientos hom- 
bres del batallón del Hey, mandados por 
el valiente comandante D, Federico Es- 
ponda, dieron una dura leceion á ftuK- 
mao, derrotándole en su campamento de 
Verba-Buena j haciéndole 24 muertos 
vistos. La constante actividad de nues- 
Itob soldados, que en pei^nenas columnas, 
salían á buscar al euetuí^ atacándole y 
venciéndole siempre sin contar au núme- 
ro, fué causa de que los convoyes de Gua- 
sa y Macoris aa pudiesen conducir sin 
obetáculoa, 




''Así continuó la provincia del í^ 
hasta que en los primeros dtaa dst 
de Junio salió de Santo Domingo, c!L_ 
gadior D. Baldomero de la Cailejs^ 
una órdea del general segundo cabltf^ 
ra relevar de su puesto al raarquéa d 
Carreras, 

Esta vei obedeció ain replicar y regtetf 
á la capital; pero inmediatamente csyil 
enfermo de gravedad y el dia 9 de Junio 
pssú á mejor vida. 

Sn cuerpo no fué enterrado en el ce- 
menterio, por temor de que lo proAuwa 
la saña de sua enemi^s TioliticiiHiso l« 
colocó en el patio del castillo de la Fuot- 
7.ft, muy cerca del arranque de In escalen 
de la torre, donde tantas Ifigrimas habían 
vertido las victimas de las constante* r«- 
vueltas políticas de la Isla, . 

Obvio es decir, que ae le tríbutatftB^ 
dos los honores debidos á su alto 
militar. 



nEOHOLOCÍlA DEL GENERAL GANTANA, 
Su figura.— Su lenguaje.— Un símil de Colon.— Loe periódicos. - 



D. Pedro Snntana, ha sido una fiíjura 

aue ha ejercido gran influencia en loa 
estinoa de su patria y su retrato ha de 
ser obra del historiador. Los paisanos su- 
yos que le trataron y conocieron, le piu- 
í^rou cou colores tan reparí¡:ado8 que aulo 
consiguieron hacer un boceto de aspecto 
repulsivo. Quisiéramos mejoriirla obra, 
poro i fuer de leales, no podemos ménoa 
de confesar, que no hallamos en la paleta 
riaueños colores.— Cuando el modeloes 
ceñudo, fuera gran impropiedad sacar de 
él un Narciso. 

Creemos, Sin embarffo. que alfrunaa 
pinceladas nuestras, sobre lo que hicie- 
ron artistas anteriores podrín contribuir 
& concluir el retrato, dejáudolo si no bien 
pintado, al menos con bastante parecido. 
El liombro de que nos ocupamos llegó 
en Santo Dominga A serlo todo; general, 
preaidento de la república, lef^ÍBlador. 
flietador y no bastándole aun eso, ha di- 
cho varías yccob cuando ae enfíidab& que 




también ha sido emperador y t 
personaje obtuvo del gobierno di! Y , 
el empleo de teniente general.. con el soíf^ 
do vitalicio de doce mil duro», los hotm- 
rcade Senador del Beino y el titula ilo 
marqué es de las Carreras! liso I 
tan recarjíado de honores, coma «ri 
vur su cuerpo de armas bltmcA^ 
fuego era calificado de pranpiñ' 
por BUS compatriotas. 

I.a impresión que produoíi Ife |l 
Sautaua era desngradable Y úUftBi 
trataba y se creia conocení. ee •! 
por un hombre veidaderaraente fl 

A su muerte contarla unos i 
aüos. Era alto, ancho de espaldas, ij 
aliñado en el vestir, de tosco aspecto y 
mirada penetrante. Aseguran, que tenis 

[\) Palabra de desprecio que tisan mo- 
cho los dominicanos y que siempre » le« 
oía, cuando desde el tosque retabi~ '' 
combate á loB españoles. 



lA,hsbÍlúlad de conocer cuando se le pre- 
BBniaba ima persona por primera vez, si 
le-llevaba aimpfttisB oprevencioneB. Por 
lo recular era taciturno y de poco haMar; 
peroCuandoBeafeütaba por cualquier cau- 
sa tomftbase loouait. Poseía mu j mal cas- 
tellano y decia con frecuencia tantos ter 
minselios que costaba mucho trabajo 
oirl«, sin tener ganas de reir. 

Exigía en las marchas, que imitando la 
tropa española, las costumorea dominica- 
nas, rnarchara en güera; que Ins ringlas 
Uevaran la boca del fusil mirando k la 
manigmi; jqne cada cúMpu^iíc^ir habia de 
jítüeTSe esparia con esparda, en cuanto 
Ge oyeran los primeros liHcos. 

No pretendemos ^egar í Santana un 
^or que tantos le han concedido; pero 
bque no 88 le puede atribuir, osla aere- 
nidftd y sangre fria tan conveniente en 
BD general. 

Cuando se rompía el fuego ae inquie- 
taba, se movía y bb removía y no estaba 
sereno jamáa. 

Al diseolirae en e! Congreso español la 
conveniencia de eonaervar 6 abandonar 
la Isla de Santo Domín^, «no de los di- 
~ itados que defendía la conservación, ha- 
de Bantana haciendo de él muchos 
"oa, no todos merecidos y le llevó la 
in de partido hasta el extremo de 

^ ', que sus restos mortales fiíesen 

conducidos á España porque á su juicio 
haliña sido «n héroe, que el orador tuvo 
la desdichada ocurrencia de comparar cnn 
W inmortal Colon. Tamaña blasfemia fué 
«intestada por el Sr. Benavides. ministro 
fe Estado, con las templadas frases si- 
gttiRtates: 

«El Sr. Cánovas comparó á Colon, ¿con 
oniín dirán los señores diputados? Con 
elgeneral Santana. No discutiré vo aquí 
la memoria del general Santana; fe cubra 
la losa del sepulcro, y esto para mí le 
hace 'BBgradó: ha maerto como geberal 
si servido del gobierno español, y esto 
para mí le hace muy respetable; pero 
yo rogaría al Sr. Cánova.s que nunca y 
nada compararan Colon con elge 
Santana. La figura de Colon no 
ponerse, por desgracia, al lado de 
na de las que descuellan en k 'ltta - 

fi de nuestra América, no porque no 

haya habido figuras grandes, tan gran- 
des si SB quiere, como la de Colon; pero 
esas figuras, esas figuras grandes, esas 
"" 'as gigantescas que allí se levantan, 
~ tod^ fodeodas de una aureola san- 



ia isit 

m. 



grieata: son hombm dignos de frlin-ta< 
pero todos ellos lian sido genios de dea; 
truecion, y Colon nunca fue eso. Es muy 
levantado él nombre de Colon, evoca re- 
cuerdos demasiado c^randes, demas/ado 
puros, demasiado notilcs, para traerle i 
comparación, pura mezclar su nombra 
con el del general Santana, ni con nin- 
guno de los generales ni de los jefes que 
han tenido la desgracia de hacer Ift 
p^uerra con todas las oonsecuencias. Con 
todos los extravíos, con todoa los horro* 
res con que se ha hecho en esa isla, oomo 
be dicho antes, semiafricana, ai no afri- 
cana, ó mas que africana, de Santo Qo- 
míngo.» 

El marqués de las Carreras, tuvo él 
trlst* privilegio de ser juzgada en vida. 

Esinnegable que los actos de loa hom- 
bres son las páginas de su historia. 

Cuando con su dimisión, estaba en 
Q-uanuma, publicaban los periódicos da 
Madrid nna memoria, sobre Santo Do- 
mmgo, en que se decían de él, cosas poco 
lisonjeras. Entonces vi via el bosquejado 
y podía impugnar los asertos si eran fal- 
sos y vindicarHe de los duros cargos que 
selebacian, tanto mas cuanto que loa 
periódicos que publicaron la memoria se 
repartieron con profusión en la capital de 
la isla; pero al no hacerlo, nos demostró, 
una Vez tnás, que contra la lógica de loa 
hechos, no hay argumento posibl». 

La historia es inexorable. Si 4 h. riata 
de los BuceSoa, que aun vertían sangra, 
ha habido quien pretendía erttaviar la 
opinión y comparar á Santana con el mag- 
nánimo y afable Colon, creemos conve- 
Diehte, presentar sin miramientos los 
antecedentes del sumarlo qua ha de Ato- 
llarse. 

En Santo Domingo circularon yeatu- 
vieron á la venta pública, en vidaÜel ex- 
presidente, diversos libros y "folletos que 
juzgaban sus actos. Vamos* copiar nnoa 
párrafos de algunos, empezando por el 
que se titula su bio^rafia, publicado en 
Isueva-York en 1856. Empezaba asi: 

«Santana de pastor oscuro y bodego- 
nero, se lanzó ala vida pública, bajo la 
calidad de miembro del cuerpo municipal 
- -y procurando á fuenta de manejos é in- 
trigas el puesto de coronel de milicias, 
aspirando al mismo tiempo á la goberna- 
ción del Sevbo; haré memoriales al go- 
bierno y busca sigoatarios que apoyen 
sus deseos, etc.» La narración de la vida 
política de Saatasa, ea este folleto, i^uq 




I 



lai tbtoTée at embeSnn on coioprobar coa 
bedhos con teatígoa fehacientes y coa 
documentos es una cosa horrible. No que- 
remos tratar de lo que allí se cBplaya; 
pero para que el lector pueda formar jui- 
cio cüpiaremús el siguiente párrafo que 
(Mt uno de loa últimos. 

«Cuando Santana so ocupa de acrecen- 
tar bub propiedades pecuarias, apropián- 
dose el gauado perteneciente á otros indi- 
TÍduoa; mientras que opera ventea de ca- 
lialloB cuyos legitimas dueüos aparecen 
máa lardo reclamándolos; mientras pide 
con descaro ¿.altiuno de los que le visitttn 
b1 presente for/iido do cualquier capricho 

ÍenvJa á casa de los comerciantes eu eo- 
citud da objetos cuyo valor no satisfa- 
CD¡ nientras etije de la nación el abasto 
dol pan diario que consume, laa cajas de 
cHpnliiia eOQ (jue especula, el pago de la 
GMa que habita, todo lo que gasta, todo 
lo que Be le antoja; mientras envia al 
tenor» público en busca de cantidades de 
moneda fuerte, que fíguran para siempre 
cú bonoa 6 pagaróa etc.» (1). 

La dureza con que el folleto censura 
al marqué», cuando trata de lo c|ue llama 
■ua acto» despótioos sanguinarios y an- 
troDóiagos, conutitu.ve una terrible acu- 
Mcion dignado tenerse en cuenta, 'por 
máa que esté formulada por el encono de 
laM victimas y la exageración de la pa- 
•lüii potltioa. 

Bq utraobrita titulada ¿a ^ranífdicioH 
dt S^ttaiM, se pretende probar con citas, 
documentos y sucesoa, que el general 



(1) Un dominicano amigo nuestro, 
00* oontái quB cuando regalaron á San- 
tana una magnífica espada de honor, di- 
jo ea público, que hubiera preferido su 
valor en dinero ,v que entonces el gob'er- 
Bo para contentarle tuve que darle diex 
y uͫmUpesoa. 



hizo por odio veces tr&icioü i su pktña, 
j que fué arbitrario y cruel en su mando- 
Leamos algunos de sus relajones conw 
comprobación; 

«Tal es Santana en la carrera de sus 
traiciones. Hemos omitido otras mucliaa 
y los crímenes que de otra especie ha co- 
metido, como los asesinatos, distraccio- 
nes favoritas suyas; porque seria luüet 
demasiado voluminoso un ewrito de esta 
especie. 

*R1 ha aprisionado, desterrado y hecho 
fusilar mujeres y ancianos. 

iFA ha condenado á muerte á un niño 

Sordelitospolíticos, para ejecutarlo ci m^ \ 
ü llegase á la mavor edad. 

xEl hizo subir al cadalso al general.^ 
bereé junto con su hijo, para gozt 
esa lucna de afectos entre el amor pL 
nal, el amor filial y el terror á la mua 

iEl ha rasgado con sus propias n 
la sentencia que absolvía legalmenti 
reo, y le ha hecho condenar á muerta^ 
otro tribunal formado á su antoja y ■ 
la misma causa. 1 

»E1 no ha usado de clemencia sinoj 
los patíbulos s labora de la agonía 
do ya la vida es inútil. 

«Santana no tiene ni una virtud, y M- 
inclmadoá todos loa vicios y crímenes. 
Podría deí'irse que no es un hombre ¿ 
la razado Adán, porque en esta classj 
aeres la especia no degenera, lis una 
truo, una bestia, un chacal que tieneJ 
de la pantera y del tigre. 

íSu deleite favorito es la sangrey ri 
ver una madre, una eaposaóimabijad 
melenadas llorando por la suerte deaj 
ciada que él ha señalado al hijo, al p 
ó al marido. , 

«Aspira las lágrimas de la humani 
como un elemento de su vida; ellas a 
rocío de su existencia.» 

Tal es el concepto que Santaaa s 
conquistarse entre sus conciudadanos j 




XI. 

KL CABO DE aSO. 
Loqa*d*b« ser.— Lo que decían que seria.— Lo <^e al flnliaaido. 



i la ingrata j moaótoaa campaña 
•18 ocupa, tuvimos por un misterio- 
ino, las grandes razones en que po- 
a fundarse los motivos verdaderos j 
solos aparentes de la inacción. 

Ho comprendíamos como, un ejército 
numeroso y perfectamente pertrecliado, 
que triunfaba de su enemigo con una fa- 
cilidad que rebajaba su mérito , que no 
encontraba contrarios en todas laa ocá- 
Etones que los iba A buscar, no compren- 
diamos repetimos, como no se apoderó de 
Dajabon punto fronterizo por donde el 
enemigo rei-ibia auxilios j de Guayubin 
que ocupaba una posición estratégica. 
■^VPn la toma de Monte -Cbristi, parecia 
'"*" ir cumplido su misión. ¿T acaso para 
leguir este resultado, se habían man- 
í, sin necesidad, siete rail hombres, 
, de mil caballerías, artillería de 
■taña y de batir y parques de ingeníe- 
Ede sanidad y de administración? 
Té aquí lo que en presencia de aquellos 
~WB escribíamos: 
o que hoy escribimos no son mas que 
smeros apujites; cuando sea una hia- 
t, cuando tengamos datos á la vista 
» comparar y juzgar, entonces podre- 
ientnder y explicar ¡o que hoy nos 
Koe oscuro y aun misterioso: entonces 
Tnblicopodrájuzgar de las razones que 
Q prolongar la campaña de Santo 
;o; da si fueron bien empleadas las 
í&s y recursos que mandó España; 
ierío con que e! general Eivero de- 
aó reconcentrar las tropas en la ca- 
; del sistema de contemporización 
WOptado por el general Vargas y del plan 
de estacionamiento ó quietismo del ge- 
nertil Gándara. Hasta entonces debemos 
JBpender todojuicío y aunque presen- 
"~ "« disposiciones contraríos á nuestra 



opinión, conformémonei teniendo presen- 
te el axioma que dice: «Los altos jur~"~ 
de Dios, Bon incomprensibles.» 

Corría el tiempo con tan lenta y triste 
monotonía para la división de Monte- 
Chrísti, que llegó á ser necesario iníen- 
tar algo con que diatraer á los siete mil 
soldados que la cohiponían. Yse dijo, que 
loa insurrectos habían resuelto atacar el 
campamento el 17 de Agosto, que era el 
finó cabo del año de su pronunciamiento. 
Aunque la invención tñiia todas las tra- 
bas de ser un absurdo, páralos conocedo- 
res del enemiga, no dejó de distrae!* sin 
embargo los ánimos, un tanto decaídos 
por la inacción. 

línla madrugada del 16, un dia ant«B 
delanunciado, se oyó desde lúa trincheras 
y puestos avanzados y ea dirección del 
campo enemigo, el pito y tamboril que 
solían usar los insurrectos, cuando se 
reunían. Cual sí fuera la diana estuvieron 
tocando largo rato. 

Aquello bastó para poner en conmoción 
á las tropas que creían confirmada la ore- 
dicción y que se regocijaban haciéndose 
la ilusión, de nue ¡otpeidejoi (1) las airo- 
jaban el guante retándolas á combate en 
campo raso. 

Pero muy poco les duró esta aatisfec- 
cíon pues saUeron, anduvieron una larga 
distancia sobre el camino de Santiago y 
regresaron á su campamento sin dispa- 
rar un tiro, porque, ni aun de lejos vieron 
un solo enemigo. - 

Esto fué lo que hubo en el anJrere&rio 
de la revolución. 



< 



(1) E.sta palabra, de un U8o frecuente 
en Santo Domingo, la empleaban los boL- 
dadoB para hablar de loa sublevados, 



xn. 

LA.8 SATEEÍAS 'dB^'POEBTO-PLA.TA. 



La necesidad de ocupnrnos de otros 
puDtoa, noa hiío dejar & Puerto-Plata 
'e an incendio. 

i fccbw náa ojeada retróspecti- 
vnA esto fiampa mentó, copiando j es- 
tractandu flci oitirío tie operaciones que 
con csenipu losa verdad ae Usvaba on bu 
COinaadancia general., 
Después de la acoiou del 5 de Octubre 

Sin ya referimos, nu liubu novrdad hasta 
1», qno el enemipo roluptú el fuego de 
cañón dcsdeel Cerro de las Animas, don- 
do HO ocupaba en trabajos de atrinchera- 
mionío; pero muy pronto nuestra artille- 
rÍB le hijí) ai'ftndon.irlos j se d¡ó la orden 
de que dada medio fi ora se les disparase 
xlo caflonaío para impedirles continuar 
BUB obras. 

Kl dia H luciéronlos insurrectos fuo- 
ffú & laa desculiiertas ijue les hicieron 
huir por el camino de Santiago. 

Bl 16 TolvitíTon & hacer fuego & las des- 
cubiertas; mas la plaza les hizo algunos 
disparos de cañony «no de ellos, apuntado 
con tal desgracia, que causó, ia casi ins- 
tantánea muerte, denuestro joven j que- 
rido amigo D. Kicardo González teniente 
del batallón dé Cuba, que contaha solo 
18 alioa. 

Bl 16 tovieron fUe^p las descubiertas, 
llevando un proyectil del enemigo, una 
pierna á un caho furriel de Cuba, en oca- 
sión en que salia de su tienda, al trique 
do diana. Por la tarde apareció un nuevo 
incendio, en lo poco que se habla salvado 
ilu io que fué ciudad y destruyó tres ó 
cuatro casas, continuándose loa disparos 
de la plaza á razón de uno por Kora. 

Bl día 81 salió el tercer batallón de la 
Corona mandado por el comandante Por- 
tal A tomar Las ruinas de la Iglesia y el 
cementerio, llevando consigo a la eompa- 
niñ de ingenieros con objeto do que dea- 
frayew US obras enemigas que encon- 




trase. GI batallón del Bey con Blg 
individuos de las reservas, dirigidoftjL 
ül general D. Juan Suero oeuparaálL 
cocal que no pudieron atravesar porto 
crecida de las aguas del arroyo de loft 
Mameyes. Después de un nutrido fuego 
demás de tres horas, en que el iiii'uiiíjrij 
hizo uso de la metralla para di ■ 
batería, qne había aituadocu 
ae retiraron las tropas al im 
eon la pérdídlí de un oficial h' . 
un soldado muerto y cinco n. 

Hasta el 26 se cambiaron i" I 
ros con el enemigo, que en hi ' 
te dia atacó osadamente en 

cien hombres, las guerTÍiht.5 ii , 

pero los terceros disparos de uiii.it.i\i.> ar- 
tilleros les hicieron retirarse con pptdida 
de cuatro muertos que se les vio rcf.irnf. 

Bl 23 por la mañana se presimtó un 
parlamentario enemigo, que entrega un 
pliego para el señor brigadier comandaato 
general, en el que Gaspar Polauco propon 
nia un cange de prisioneros. Se lo líott* 
testó, que no reconociéndose fi los ínsUr- 
rectoa como beli^rantes, no se pOdÚ 
tratar con ellos sin previa iiutorizacion 
del capitán general. 

En los tres días restantes del mes Úi 
ocurrió nada de particuhir, 

Mt* de P^OBiem&re. — h'.lám dos por b 
tarde so presentó otro parlamento eon mi 

§ liego que contenía el acta 'V ■■ ' 
onda proclamada por los ¡n 
Santiago de los Caballeros el 
tiembre j una carta particu!^! 

dos individuos del país, ll;u-;-_.l a 

las armas. 
Bl tres, dirigió una comunicación Di eo^ 



-^ 101 — 



en el emmpamento, documentos que debía 
rechazar, por no estar conformes á l^-s 
leyes de la guerra, que mandaría hacer 
fuegt) al portador. 

Hasta el 30 el enemigo continuó con 
sus disparos de cañón y de fusilería á los 
puestos avanzados. Al amanecer de dicho 
día, se hallaban formados los dos bata- 
llones de la Corona, que merced á algu- 
nos refuerzos que habían recibido consta- 
ban de mil plazas. Al segundo se agregó 
la compañífi de ingenieros, formando una 
columna al mando del bizarro coman- 
dante de este instituto, don Antonio 
Llotge. 

El primero, mandado por el jefe prin- 
cipal del regimiento, coronel D. Agustín 
Giménez Bueno, formó otra columna de 
ataque. 

Ambas se dirigieron denodadamente á 
las baterías y parapetos #nemigos que 
fueron tomados, incendiados y destruidos 
por los ingenieros que se condugeron con 
gran valor. 

Al mismo tiempo el segundo batallón 
del Rey se dirigió al Cocal doiíde también 
destruyó cuantos parapetos y obstáculos 
haUó en su marcha. 

Sorprendidos los enemigos por tan ines- 
perado y bien combinado ataque, huyeron 
al bosque sin disparar un tiro; pero re- 

Euestos, rompieron el fuego contra toda 
t estensa línea de guerrillas que pro- 
tegía los trabajos de los ingenieros, co- 
nociéndose que habían retirado su arti- 
llería, pues solo hicieron con ella algunos 
disparos desde un bosque lejapo. Conse- 
guido el objeto de la salida con la toma y 
destrucción de las trincheras y reductos 
enemigos, se ordenó la retirada. Aperci- 
bidos los insurrectos, se precipitaron so- 
bre las tropas hostilizándolas á favor de 
los pan4)etos que les ofrecían las ruinas 
de la iglesia; pero cuando menos lo espe^ 
raban, una impetuosa carga á la bayone- 
ta, dada por las dos compañías de caza 
dores de la Corona, emboscadas conve- 
nientemente, decidió de tal suerte su 
derrota, que no volvieron á presentarse 
I en todo el día. 

L Mes de Diciembre, - Hasta el 20 siguió 
I el fuego del enemigo sm causar ningún 
ft daño. Al salir las descubiertas del bata- 
I Uoú del Rey, fueron recibidas por una 
t descarga que les hicieron unos cíen hom- 
& bres que se hallaban ocultos entre las 
^ niinas de la iglesia, de donde fueron des- 
iado&por una carga á la bayoneta. El 



comandante general ordenó que inmedia- 
tamente saliese el primer batallón de la 
Corona con la compañía de ingenieros, 
con el ñn de hacer leña para los ranchos.^ 
Salió esta columna dirigiéndose al teatro 
y casas últimamente incendiadas, y des- 
tacó tres compañías, para que se apode- 
rasen de la trinchera que defendía aqu^ 
sitio. La tomaron sin resistencia por estar 
abandonada; pero cuando ya estaban en 
ella, sufrieron á quema-ropa una gran 
descarga y dos disparos de cañón que les 
hicieron desde una trinchera formidable 
que >e hallaba oculta á la vista por la 
espesura del follaje. Tan ruda sorpresa 
hizo vacilar por breves instantes á aquellos 
bravos soldados; pero su sereno jefe, el 
comandante D. Ramón Portal, con efine- 
jor acierto ordenó una carga á la bayone- 
ta que se dio por aquellas tres compañías 
al paso de ataque, lanzándose á la trin- 
chera que el enemigo defendió con tesón 
al arma blanca; parte de la cuarta com- 
pañía y con ella el paisano^ voluntario 
catalán Martin Faich, logró apoderarse 
de una pieza de artillería que los rebel- 
des abandonaron en su fuga, temerosos 
de ser cortados y hechos prisioneros por 
la compañía de cazadores que había ata- 
cado el campamento que tenían á espalda 
de la trinchera. 

Tomada esta, con el cañón que la de- 
fendía, las municiones, armas, banderas, 
comestibles y otros efectos, las expresa- 
das compañías se mantuvieron en ella, 
sosteniendo un vivísimo fuego con el ene- 
migo emboscado, hasta que recojídos sus 
muertos y heridos y hecho el acopio de 
leña, se retiraron con la mayor calma y 
sin ser molestados, balo la protección de 
otras fuerzas que habían tomado posi- 
ciones. Las pérdidas de esta jomada con- 
sistieron, en dos oficíales y siete indivi- 
duos de tropa muertos, tres de los prime- 
ros y veinte y uno de los segundos heri- 
dos y trece contusos, todos de la Corona. 
El batallón del rey tuvo un muerto y 
ocho heridos de la clase de tropa y dos 
oficiales V un soldado fontus^os. 

Loque prueba evidentemente lo san- 
griento del combate que acabamos de 
referir, es que los muertos y mu^^hos de 
los heridos de la Corona, lo fueron á ma- 
chetazos y que los muchoái fadáv«res do- 
minicanos que quedaron sobre el campo, 
estaban acribillados á bayonetazos. Du- 
rante la acción, la batería enemiga situa- 
da sil otro lado de la bahía no cesó de ha- 

21 



I 



enr disparos de eaSon al campamento en 
el que BfortunttdamBiite no causaron daño 
alguno. 

El día 23 por la* noche se presentó un 
español que ae escapó al enemigo, atra- 
vesando \ nado la bahía desde la batería 
ó punta de Cafemba y dio noticias impor- 
tantes sohre los ÍLSurrectos y el estado de 
nuestros piisloncios. 

El 25, el patrón de una goleta inglesa 
(jne conducía desde Islas-Turcas á nues- 
ii-o campamento, á dos TÍyanderos espa- 
ñoles cou provisiones, cometió la félouia 
de entregarlos á los enemigos en Suflé y 
Tender el cargamento. Después se supo 
que aquellos desgraciados fueron asesi- 
nados cuando se Tea conducía i Santiago, 
El 29 se repitió una salida al bosque 
llamada el cocal con el ohjeto de des- 
truir una trinchera, lo que se consi- 
fuió, sínque se es pe rimen tasen bajas, 
pesar del -vivísimo fuegu que se sos- 
tuvo. 

Mes dt Enero de ISdi,— '■! dia primero 
del año apareció ¿ espald ^ del cocal y 
sohre el camino de Santiago una bandera 
colocada sobre una elevaaisima asta, lo 
que dio á entender que allí había esta- 
blecido el enemigo su cuartel general. 
Por La tarde rompió el fuego de canoa 
6Dbre nuestras posiciones pero nuestros 
certeros disparos apagaron bien pronto 
loa HUYOB. El resto del mes no hubo nada 
notable, continuando no obstante el dia- 
rio tiroteo entre loa respectivos puestos 
avanzados j alguno que otro disparo de 
artillería. 

Mei lie Feirero.— El 1 por la noche se 
presentaron dos soldados de la Corona 
que liabian quedado heridos en Santiago, 
cuando la retirada de este puuto ¡ ma- 
aifbstaroa que habiendo sido trasladados 
con muchos compañeros en número de 
ochenta, desde el depósito donde los te- 
nían al campamento de enfrente cou el 
fin de ser empleados en las obras de for- 
tificación se habían podido escapar á nado 
por la orilla del mar. 

Las noticias que dieron del estado de 
loe prisioneros indignaron de tal manera 
al brigadier Prime de Rivera, que mandó 
ttn oficio al jefe del campo enemigo, para 
que de ningún modo cousíutiera. que ios 
soldados que hnbinn tenido la desgracia 
de quedar príaioneroa de guerra, fuesen 
dedicados á loa trabajos de furtlficacíon, 
Oipueatoa i ser víctimas de sus mismos 
compañeros, pues aquello era un acto de 



inhumanidad que rechazab» la n 
tural y el derecho da gentes. 

Esta comunicación se mandó el i 
con un oficial y á las pocas horas se reci- 
bió la contestación del jefe enemigo ge- 
ral Polanco, manifestando que á loa pri- 
sioneros no se les empleaba en trabajo 
alguno, no obstante que el gobierno pro- 
visorio los había mandado con dicho ob- 
jeto. 

En el resto del mes, continuó el acos- 
tumbrado fuego entre las guerrillas ; 
descnbíertaa, cambiándose algunos salu- 
dos las baterías respectivas. 

Mes de Marzo. — El dia 16, ae practico 
un reconocimiento sobre el arroyo de los 
Mamej-es que estaba detrás del cocal. B 
enemigo convenientemente parapetado, at 
resistió un gran rato á la compañía de 
cazadores de la Corona que los atacó j 
dispersó por último. 

El 21 se salió, hacia la parte del teatro, 
destruyendo trincheras y cuanto se en- 
contró, á pesar del nutrido fueffo del ene- 
migo que contuvo siempre a distancia 
nuestra afortunada artillería de mon- 
taña. 

El 27, se observó que los ínsurreetOi 
proseguían aus trabajos de atrinchera- 
miento y ae supo, que los tres cantones 
re sostenían el sitio ó cerco, se hablan 
do cita para atacar nuestras poaicJonet; 
en BU conaeeuenciase dispuso que el ca- 
pitán D. Julián Hermida y Oasares con sa 
i-ompaftia de cazadores voluntarios « 
trasladase á la iglesia que se estaba fbrtt- 
ficando y que era el punto más amenai»- 
do. Como a la una de la tarde, salió la es- 
expresada compañía dividida en trea see- 
ciones j se dirigió ¿ laa trincheras ene- 
migas de los Pocitos y del cocal, Á cuyas 
inmediaciones fué recibida por una nutri- 
da descarga y dos metratlazos que la eau- 
saron seia bajas; pero su valeroso capi- 
tán, que tan justa fama de sereno y vs- 
lieiite se había adquirido, desde el prin- 
cipiodela campaña, se lanzó sobre loa 

Sarapetos, en ¡os que se apoyó denpn«« 
B lanzar de ellos al enemigo. sost,.i>i,-tií[D 
por espacio de dos horas unninr' 
go contra fuerzas cuatro vecr 
que laa auyas, hasta que ¡ 
jvgotarse sus municiones orij. i.: 
da & In iglesia, á cuya meseta '. ' 
insurrectos: más dispuesta <.->> 
menteunapiezade moDlaüa : 
lió y dio tugará que la miania >■ 
con la fuerza qu« protegía la picia úwíaa 



^^■nna bi 



bñ í 



briÜMite cBi^ 6. la bayoneta, que 

dejó el campo eemDrado de cadáveres j 
entre ellos el del jefe principal que los 
umudíiba. 

Ales de Aéril.— El dio, lá las once de 
la mañana salió la compañía de volunta- 
rios á la iglesia, con el ñu de proteger un 
parlamento que condueia ua pliego para 
el jefe de las fuerzas enemigas, eu el que 
se reclamaba al chino Hoberto, presidia- 
lio coa destino en nuestro campamento, 
del que se había desertado después de 
haber cometido un asesinato con preme- 
ditación y alevosía. A la hora ; media 
contestó el general Polanco, que ignora- 
■" ■' paradero del chino que se reclama- 
i.que en caso de ser habido, seria 
» i disposición de la ley. 
JUn de Mai/o. — El enemigo continuó 
B trabajos de atrincheramientos y re- 
ictOB, disparando siempre á nuestras 
„ lerrilias y puestos avanzados, sin que 
ocurrieae novedad notable. 

Mrtde Junto.— Este mesae pasó como 
«1 anterior, adelantando mucbu nuestras 
de fortificación, y haciendo fre- 
de nuestra artillería para mo- 
i™«nr,!Ki„.( !..„ igos que 

IVeí ie Julio . —íit. pn^ó como el ante- 
'. En el campo opuesto se trabajaba 
D mucha actividad, viéndose sus pro- 
beos desde nuestro fuerte, sobre el que 
artir del S3 rompieron el fuego de ca- 
i, aunque sin hacer daño. 
tos insurrectos de Puerto-Plata, ha- 
n adquirido la fama de valientes y des- 
is de loa extractos del diario de opiera- 

, le acabamos de hacer, el lector 

ft podrá menos de convenir, enquereal- 
pnte eran mas osados y aguerridos que 
Vdel resto de la isla. 
QSsta circunstancia unida á la muy 
niortante de las buonas poslcioues que 
nian artillado, hizo necesario pen~ar 
% darles una seria lección, 
labahíade Puerto-Plataforma laaber- 
" a de una C, en euyo rasgo Anal, eata- 
^ situado el campamento español; todo 
■ demis lo ocupaba el enemigo, que en 
■«xtremo opuesto del puerto, llamado 
■liita de Cafemba, habia establecido una 
ftterfa perfectamente cubierta, desde la 
vi coñoneaba á nuestros buques cuan- 
^entrabanauziliusy que había llegado 
mponente para nuestra marina y 
a la guanúcioD, porque sus cañonea 



Kuian cómodamente sus proyectileí en 
I barcos y en el campamento cuyas 
barracas-hospitales, habianperforado mas 
de una vez. 

Aquella situación era angustiosa y se 
Ispuso cumplido remedio. 

La división de Monte-Christi salió de 
su inacción, mandando cuatro batallones 
á Puerto-Plata, doude á las pocas horas 
de desembarcar y unidos con la guarni- 
ción dieron una tremenda lección á loa 
enemigos mas insolen'esde la isla, queiá 
favor de la impunidad se habían llegada 
á creer invencibles. 

Gn la madrugada del 31 de Agosto se 
formaron cinco columnas de ataqile. Al 
toque de diana, señalada á cada una, el 

Sunto que debía de atacar, se dio la señel 
e marcha y pocos instantes después un 
terrible fuego de fusileria j artillería por 
ambas partes, retumbó sordamente, en- 
tre las montañas. 

En esta ocasión como en todns las de- 
mas, se demostró de nuevo el arrojo y 
heroico valor de nuestros soldados y la 
superioridad que enia sobre su contra- 
rio. A pecho descubierto y por terreno 
despejado avanzaron serenos y en masa, 
á apoderarse de aquellas trincheras que 
erizadas de cañones vomitaban un fuego 
imponente. Media hora bastó para que se 
apoderasen de todas las posiciones ene- 
migas, excepto de la de Cafemba que one- 
ció alguna más dificultad. 

Para dar mas detalles copiaremos la 
descripción ue con mucha exactitud, 
hizo Él Correi) de España: 



I 



Laa baterías d 



Puerto -Plata, 



Las tropas de la Beina acaban de dar un 
golpe contundente á los insurrectos más 
insolentes que existen en la isla de Santa 
Domingo. 

Como no hemos de ser los primeros en 
dar noticia del brillante hecho de armas 
llevado acabo en Puerto-Plata el 31 de 
Agosto último, vamos á reasumir en una 
breve narración el acontecimiento. 

Aquella ciudad, que dejó de existir ha- 
ce un año al furor de las llamas, es hoy 
un páramo deeieiio. En una pequeña pe~ ' 
ainsula ópun'a de tierra, habia de tiem- 
po inmemorial un lorreon, en terreno ele- 
vado y pedregoso. En aquella lengua, 
que tiene de exteníiíoD como medio kiló- 
metro, está recogida la guarnición cspa- 
üoin. Los insurrectos ti. neo todo lo de- 
más en derredor, y suyo es el país. 




quedando reducida por larga temporada 
s an escaso bataÜoD, los dominica nos se 
ibau eavaientouaudí) j se mostralían in- 
aolout«s porque coctabau cou la iinpug- 
nidad. 

HtLt>ia lleudo á ser aquello en nn todo 
sentejaute a Melilla, pues cuando ibauaa 
kabila á relevar la gruardia remanal, muy 

Eronto se conocía en la plaza si el jefe era 
eliCOíO ó pacifico, por la cantidad de 
proyectiles que aoíi enviaba por vía de 
saludo. 

Las cercanías de Puerto-Plata estaban 
circunvaladas completamente de trinche- 
ras enemigas construidas con un gran 
espesor y artilladas. Cuando al^un jefe 
tenia mal humor ó quería divertirse, sa- 
tisfacía su antojo disparando sus cañones 
contra el fuerte español y contra loa bu- 
ques de la rada. 

El general Gándara llegó á comprender 
la necesidad determinar aquellos exce- 
sos, y muy acertadamente dispuso para 
eirreétivo una expedición compuesta de 
cuatro batallones de los que están acam- 
pados en Monte-Christi. 

Keunidos en Puerto- Plata, la mañana 
dtfl 31 de Agosto último, poco después de 
rayar el día, se dio la señal de ataque, y 
ew& columna partió al punto que debia 
Cútiquistar. 

Bubo un momento de fuego espantoso. 
gonuban loa cañones nuesti'os y los con- 
trarios todavía á un tiempo, repitiendo 
todos sus estampidos. üiH'íe como un 
trueno continuo la fusilería de ambas 
partes, y la gritería de los hombres que 
se estasiaban de placer, frenéticos con !a 
victoria, confundida eutre los lamentables 
ayes de los que perecían. 

Aquel momento fatídico fué breve por- 
que la bravura de la inianteria española 
es univeí Raímente reconocida, y mal po- 
drían resistirla los do m ¡ni (.■anos. Luego 
se oyeron por los puntos cjue habían se- 
guido las columnas sucesivos y entusias- 
tas gtitos de ¡Viva la lieinalcQDio inequí- 
voca señal de que iban siendo tomadas 
una tras otra [as posiciones enemigas. La 
de Ca^ímio absorbió por largo rato la 
atención y la ansiedad. 

La bahía de Puerto-Plata forma la fi- 
gura de una C: el rasgo finül de la letra, 
«8 la pequeña península donde esta el 
fuerte español, y en la parte alta ó prin- 
cipio de i C esta la batería Cafemba. con 




una obra de ]?randes dimeDelones , i_ . 
reno desigual, rodeado de espeso boH 
' en situación tandominante, que rmnl 
.-■ecuentemente proyectiles al campo W. — 
pañol, y varios tuques mercantes j d* 
guerra han tenido que retirarse precipita- 
damente de la boca del puerto para repa- 
rar sus averias- 

lü batallón de España, del que ea dig- 
no Jefe hace más de cuatro años nuestro 
amigo D, Deogracias Hevia, fué destina- 
do á tomar aquella importante batería. 

Se vio partir & este Datallon con ban- 
dera desplegada, fuerza cj>mo de quinien- 
tos hombres, j además catorce de la re- 
serva y el general del país Sr. Ungría, co- 
mo prácticos y buenos conocedores del 
terreno. Antes de haber adelantado la 
tropa por la playa y orilla del mnr dos- 
cientos metros, ha tenido qns sostener 
nutrido fuego poi^el enemigo que le dis^ 
putüelladode oniio. Cerca de únalo» 
gua tiene el contomo de la batería, y ti 
último tercio del viaje seria preciso dejar 
la arena v penetrar á un frondoso bosqot 
Y cuando el batallón que tan bisaiP 
mente iba venciendo cuantas dificulten 
fe le presentaban, desaparec'ó á la i " 
de los numerosos espectadores que 
ansiedad le miraban desde los boaqut 
desde tierra, todos temieran por bu ki 
te. Pero después de haberse oído por b 
rato sostenido y nutrido fuego, api" 
como una visión celestial para los e 
tadores la bandera del batallón deB ^ 
triunfante sobre la trinchera enemiga^ 
un grito inmenso de ¡Viva Eepañ&l (^ 
tumbó por aquellos bosques y mares. 
La oora del día quedaba termiw 

Los sublevados fujBron atropellados i 

las bayonetas de nuestra iafantaria, y tt 
dos sus cañones quedaron en podes i 
nuestra tropa. 

£1 general Gándara, quo coa i 
at'ierto diripió la operación, y CUí__ 
jefes, oilcialesy tropa contríbuyeroai^ 
brillante jomada, pueden estar muy r 
tisfechos de haber dado un día de f'- 
á la patria. 

Efresultado de la jomada, no ptidoH 
más fatal para los insurrectos, i los, q " 
le^ tomaron sus trincheras, se le i 

ron su-i obras, se le incendií . 

pameotos, cugisndoseles eels eafioDHjl 
mas de ciiusnrles un gi'ftn numera i 
muertos j heridos, ronlándose entrfl f 
primeros al general Denito HartUMi, q 
murió al pié de un cañón y eoa 1» r 



— 1« — 



en la mano, al año justo de haber deser- 
tado de nuestras filas. 

Solo se consiguió la captura de un pri- 
sionero. 

Las tropas españolas tuvieron siete 
muertos y noventa y siete heridos, pér- 
dida sensible, pero muy insignificante 
si se considera lo temerario y grandioso 



de la empresa, siempre difícil de atacar 
de frente y á la luz del dia, fuertes 
trincheras convenientemente artilladas. 
Este resultado corrobora lo que tant?? 
veces llevamos indicado y dicho sobre la 
falta de serenidad, disciplina y valor de 
los domimcanos. 



xm. 



IN 



DICJOS 



DE PAZ. 



XI prisionero de Puerto-Plata. — El trato que recibió. — Da cómo se le dio suelta. 
— El teniente coronel Velasco. — Negociaciones. — Situación del interior según 
Velasco. 



Poco faltó, para que el prisionero he- 
cho en la toma de las trincheras de Puer- 
to-Plata, fiíese causa de la pacificación 
del país; pero sino se consiguió este re- 
sultado se obtuvo por él la imediata li- 
bertad de dos distinguidos prisioneros es- 
pañoles. 

Era el aprehendido un mulato oscuro de 
veinte y tantcs años, estaba mal vestido y 
según noticias de algunos individuos de 
las reservas que le conocían, era vivande- 
ro y no hombre de armas. 

El capitán general impulsado por sus 
buenos sentimientos quiso darle la liber- 
tad inmediatamente, pero algunos jefes 
de la res^va aconsejaron á S. £. que ese 
acto de generosidad ejercido en Monte- 
Christi, podría ser útil, pues cuando me- 
nos el prisionero divulgaría por aquella 
comarca nuestro brillante triunfo y ge- 
nerosidad. T en efecto, aceptada' esta 
opinión, el general le embarcó al dia si- 
guiente, en unión de las tropas que re- 
gresaban áMonte-Ghristí. 

En este punto se le permitió andar un 
día en libertad por el campamento, se le 
vistió j se le previno que a la mañana si- 
guiente se podría marchar á los suyos. 
Al recibir esta noticia se entristeció y pi- 
dió por fiíyor que se le dejara entre nos- 
otras, prometi^ado defender á los españo- 
les hasta morir si fuese necesario: pero 
filé en yano, pues -ya estaba acordada su 
marcha, debiendo ser portador de un 
pliego para los jefes reTolncumaríos y era 
aaeesano que le entregase. 



Al amanecer del 5 de Setiembre salió 
aquel pobre hombre camino de Santiago, 
acompañado de una de las descubiertas. 
A cosa de media legua de distancia se 
descubrió al enemigo y se dijo al mulato 
que se podia ir á ellos. Se despidió de la 
tropa y se fué; pero antes que hubiese 
anoado cien pasos, se incorporó á la car- 
rera á la descubierta, manifestando que 
no se atrevía á juntarse á sus paisanos 
por temor de que le mataran tomándole 
por un espía. Enterado el geoeral Gánda- 
ra de esta ocurrencia, ordenó que á la 
mañana siguiente se marchara, y en efec- 
to lo hizo. 

Dos dias después, la fuerza que hacia 
la descubierta por el camino de Santiago, 
encontró en tierra y sujeto con una pie- 
dra un pliego del jefe del cantón más in- 
mediato, acusando recibo del que llevó el 
prisionero, y manifestando que lo había 
remitido á su gobierno, para que deter- 
minara lo conveniente. 

En la mañana del 14, esto es, siete dias 
después de haberse dado libertad al pri 
sionero, se presentó en nuestro campa- 
mento el teniente coronel D. José Ve- 
lasco, acompañado del subteniente D. Mi- 
guel de Muzas, que hacia un año se halla- 
ban en poder de los insurrectos, según ya 
saben nuestros lectores. 

La llegada de estos oficíales con pliegos 
é instrucciones verbales para el capitán 
general, y en comideta libertad, cambió 
el aspecto de las eosas; pues aunque en 
él campamento no sq ocmocia bien el es- 



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•: r- .:•* hombres del levanta- 
•í r-.^'ieron por la convicción 
- :..i -ijapacidad, pero q-¿e no 
■:•.: . - : le perdonan la indifcr-iLcia 
-. • li.i que mostraron hík-ia ^. rn 
. -.. ^asta después de ,. banú-.-La^^- 
.j :. >olo se sostiene ese gobic-ni.'. 
..-- desgobierno, por el terror -.v.!? 
. .:s caudillos que imperan >uvre 
: necesitan procesos para sent^-n- 
fjecutar. Estos son los que r»-ai- 
. n:.- hacen lo que quieren, resultando 
..:. el estado más anárquico que pue- 
. ::njebirse. El Presidente y los demás 
-.rLilros, pugnan en vano por reprimir 
s.v anarquía a que ellos mismos rinden 
:'.:l:o por sus miras secretas de rivalidad, 
vor sus aspiracionss á la popularidad, 
iiinque sea del peor género, y por la pre- 
ponderancia de los intereses particulares 
¿obre los generales, en que puede decirse 
es una excepción el Presidente, verdadero 
patriota de buena fe y hombre de corazón, 
bien que inhábil en otros conceptos para 
Ue\'ar un timón que deja escapar conti- 
nuamente de las manos. Si fuera posiMe 
que durase algún tiempo la situación ac- 
tual, amalgama forzada de ambiciosos, de 
agraviados, de estraviados y de temerosos 
en demasía por sus intereses con bandi- 
dos de la peor especie, que son los (jue 
dominan. 

»Iíl que me parece llamado á suceder 
lógicamente ese estado de cosas tan in- 
sostenible, despejándole de todos los ele- 
mentos discorclaiitss que le componen, e:» 
el titulado general Luperon, tan audaz 
como ambicioso y tribuno solapado de los 
hombres de color, que aspiran en mi con- 
cepto al exclusivismo de su raza y á la 
renovación de las escenas que tuvieran 
lugar en Haiti á fines del pasado si^rl i. 
Tal vez esto sea en los que se creen £ro- 
bierno, uno de los más poderosos estímu- 
los para desear una paz cualquiera. Ei 
estado de la opinión de las filas contra- 
rias, á pesar de los esfuerzos del gobiern.» 
y de los más comprometidos, que no ca- 
recen de recurs)s de imaginación, para 
engañar é inspirar confianza, es hov el de 
un decaimiento visible, por el convenci- 
miento de su impotencia, para obtener i-I 
fácil triunfo que se 1í»s habia hecho rreer 
y cansancio notable de una guerra conti- 
nua íiue no les permite, como la que sos- 
tenían con Haiti, laaltera"iün de comba- 
tir y atender aunque mal á sus propieda- 
desl! Nuestros partidarios, más numero- 



■ 

4 



- 1« - 



80S aun de lo que se éree, sino por since- 
ro afecto después de las ocurrencias fata- 
les del año último, por temor al desenfre- 
no de las turbas que dominan el país, se 
hallan Bo obstante incapacitados de obrar, 
por la enorme ditancia á que se encuen- 
tran nuestras fuerzas, para poder soste- 
nerlos en cualquiera tentativa; pero siem- 
{)re han estado dispuestos para derrotar 
a situación y apoderarse de sus hombres, 
al creer que avanzaban las columnas. El 
mismo gjobierno revolucionario tiene la 
conciencia de esto, aunque sin hallar 
pruebas, por más que prende y persigue 
para descubrir las armas y municiones 
ocultas y los hombres que deben dirigir 
la contra-revolución. 

»Aun de los mismos que aparecen de- 
cididos partidarios de la revolución, han 
venido algunos, cuando han tireido que 
nuestras fuerzas avanzaban, á ponerse á 
mi disposición, si bien pasado este mo- 
mento han esquivado el verme. Muchos 
hay que permanecen fugitivos en los 
montes desde el levantamiento, sin haber 
ogrado el gobierno que se presenten, á 



pesar de las más lisonjeras proiñesas, por 
que siempre esperan nuestra vuelta, co- 
mo otros muchos á quienes ha obligado á 
prestar servicios el temor de que so ven- 
guen en su familia y propiedades. 

»La conspiración descubierta para po- 
ner la bandera española que se encontró 
guardada en Jaravacoa, á principios de 
este año, no era más que una ramifica- 
ción de la general que existia y existe 
con las mismas condiciones en todos los 
pueblos. El mal está en que como mu- 
chas veces han creido en la marcha deci- 
dida de las columnas, y no ha tenido es- 
ta lugar, comprometiéndose algunos por 
infundir sospechas su conducta, en los 
preparativos indispensables, se han he- 
cho cada vez más cautos y remisos. Tales 
son, Excmo. señor, los hechos con que 
me ha puesto en relación más ó menos 
directa la comisión que se me confió y 
de que tengo el honor de dar cuenta 
á V. E. — Dios guarde, etc. — Monte-Chris- 
ti 1.° de Octubre de 1864.— El coronel te- 
m'ente coronel. — José Velasco.» 



XIV. 



LOS COMISIONADOS. 

Sus pretensiones. — ^Un grupo de verdaderos retratos de personaijes dominica^ 
nos. — ^Lo que se esperaba como resultado de la embajada. 



Nadie puede tachar á los políticos do- 
minicanos de tener pobres aspiraciones. 
Si contaran con elementos, fueran más 
osados que aquellos titanes que proyec-^ 
taron escalar el cielo. 

A pesar de hallarse en la más lamenta- 
ble situación, cuando mandaron á Monte- 
Christi á sus comisionados vinieron irn^ 
poniendo como primera condición que los 
españoles evacuaran la isla, á lo que di- 
cen que contestó el general Gándara. 

«Empieza V. por pedir más de lo que 
podrían obtener con una victoria completa 
sobre nosotros; y V. , estoy seguro, tiene 
la conciencia de que estamos muy lejos 
de esa situación. Conozco la de Vds. , y 
eonozco lamia. Yo soy el más fuerte, y 
eada día que pasa aumenta mi fuerza. No 



digo á V. esto más que para demostrable 
que no puede pedírseme una abdicación 
completa » 

Dos dias pasaron los comisionados en 
nuestro campamento, visitados por todos 
sus antiguos amigos y conocidos. Pasea- 
ron libremente examinando los hospitales 
y los fuertes, y sí ei^obsequio de la ver- 
dad debemos declarar, que con una pre- 
sopopeya de altos personajes, mostraron 
menos curiosidad de la que fuera de es- 
perar; Cambien es cierto que no hubo 
para ellos la menor muestra de reserva 
ni de desconfianza. 

Antes que perdamos de vista á estos, 
diplomáticos de nuevo cuño; vamos á 
hacer de ellos una rápida reseña biográ- 
fica. 



« ^ 



— W8 — 



Pablo PujoL hijo de catalán y de mu- 
lata, nació en el país, y se educó en Bar- 
celona, contando como cuarenta y cuatro 
años do odud. Era alto, de color atezado 
y no de mala facha. Antes de la anexión 
tonia una tíeudecita en Santia^ de los 
(/ftballoros; y sabido es que toilos los mer- 
caiUnrs do aquella ciudad y de Puerto- 
Plata, rooibieron i\)n muv mal presto la 
roinooriviruciou, jK»rquo columbraron que 
fn\{\A noto era altauíoute atentatorio á 
Niis ililujMilaoivUios y á los ruines manejos 
quo hacían con el dVsprestij?iado papel de 
la ropúblio». 

IV^ ouautv.>s cvmocen aljro la historia de 
Santo l\»min^o, nadie ignora que la pan- 
dilla do mercado rvs fué la primera difi- 
cultad CvUi \juo troi>exó el ¿rolúerno espa- 
rtv»l al admitir la anexión, y aunque Pu- 
jol t\uwo un hombn* muy adocenado en 
Vualqviiora i^rlo, supo entre su gente 
orea 1*80 una atmosfera de persona que 
vale «l^^>, y prvK*u raudo más por sus m- 
mt cresos quo \\yr el bien del lUiís, concitó 
loM Aum\os contra Uw españoles y fue uno 
de nuosM\w mñs implacables euemi^s. 
\l estallar la iusu roce ion, ori^m de la 
cuorra, el touderv> fué revestido lie la alta 
di^nidail tío ministril de Hacienda, del 
quo so llamo jrv>biorno pn) visorio. 

Pasad«»s al>ruiu^ nu'sos, cuando los do- 
minioanos« aunque en guerra con lís^vaña, 
oontinuar*Mi en sus discordias sempiter- 
naM. doi>oi\ioudo ministerios, nuestro ten • 
doro so ilio talos tra/as paní manejar la 
navo dol K^tado, nuo (\io ministro de la 
Ouoira, y iloMp\io>* do Kola ciónos exterio- 
roM. Para ui» prooqñtar los acoutocimioU' 
to-i, omitimos ahora \^vn decirlo lue^, 
pI brilla uto pa)>ol ilo traidor quo hizo l\i- 
ii>l|en la duniMion quo su presidente le 
haiiui ooutlaiU» corea do nosiitros. 

¿ti'iií'ino Curtfii, hijo iloun mulato ho- 
landori oiudaba trolnta y sois anos, era 
(tul color de su padre y gastaba una lar- 
,(n por i I la no^ra. Portonocia también al 
^romio do morcadort^M do Santia^^o v al 
liiMup>ido la anoxidUi Htt le roconocK) el 
ouiplini d(t tt^nionte ooronol do las roser- 
VHH. Aunadit con nuh oiifrados para |)oner 
lili .hh'ulii-i á Ivipana, inqudiéndola quo 
du tnnv ih i(«m^ oh la iNla un sisti'ma do ór- 
d« h \ JuMliota. do quo al wolvihi monte ca- 
ircui, luuio uuii parto um\ activa en la 
riucii iudu rovtduoiiu (|U(* ostalló en Fe- 
iiii-iu lie iHti:!, ivU'iidt) individuo del ayun- 
liiiiiioulii do Sautui^o. Por la culpabili- 
dad 4¿uu con Ira ol reaultó fué condenado 



á doce años de expatriación; pero tmnis- 

tiados todos los complicados en aquelloa 
actntecimientos, Belisario prestó jura- 
mento de fidelidad á Bspaña y volvió á su 
categoría de teniente coronel. Cuando es- 
talló en Agosto la rebelión, nuestro alia- 
do no se precipitó como la vez pagada, ya 
escarmentado por su anterior desgracia ó 
bien por que contaba con bastante perfi- 
dia en su corazón para desempeñar con 
propiedad el bajo papel de Judas. Supo in- 
gerirse en el ánimo del comandante ge- 
neral del Cibao, señor brigadier Buceta, 
haciéndole falsas revelaciones ^ asegu- 
rándole que por el orden y por España 
expondría gustoso su vida. Buceta se de- 
jó engañar y al que fingía ser su confi- 
dente y su espía, le nombró su ayudante- 
de ordenes. Con esto Curiel dio un gran 
paso á sus fines. Aborrecía al comandan- 
te general, como todos los conspiradores 
de Santiago, porque sabían que ante su 
valor se habían estrellado reiteradas ma- 
quinaciones. 

En aquellos días en que llegaban á 
Santiago de los Caballeros, todos los 
conjurados de la isla, que habían citado 
las logias masónicas para con su inmen- 
sa superioridad numérica, acabar si po- 
dían con el escaso número de soldados es- 
pañoles que guarnecían aquella ciudad 
abierta; entonces que nuestra escasa 
fuerza se había replegado al fuerte de Sto 
Luís y luchaba con desventaja contra la 
turba-multa que la asediaba, juzgó opor- 
tuno el novel ayudante del jefe sitiado, 
arrancarse la mascara y no bÍELstándole ya 
sostener relaciones con los enemigos ex- 
teriores, empezó á seducir á los dé la re- 
servas que estaban en el fuerte, logrando 
realizar sus fines. Cuando nuestras fuer- 
zas abandonaron lo que había sido ciudad 
de Santiago, quedó Curiel con nuestros 
contrarios. Y la prueba más evidente de 
su perfidia está, en que al formarse el 
primer gobierno revolucionario, se le re- 
compensó nada menos que con la cartera 
de la Guerra. 

En los respetidos vaivenes de la in- 
cx)nstante y artera política dominicana, 
cayó desde su alto puesto; pero como hi- 
j{) predilecto de su patria, como persona 
que había justificado plenamente su in- 
vetera d») aborrecimiento, no á España, 
sí no al sistema de orden con que amena- 
zaba á su país, quedaba siempre bien 
quisto, pues del segundo puesto de la na- 
ción por efecto de las circunstancias. 



^m^ 



qvL^áé de gobernador de la proyincia, 
ra después en otra crisis volver ¿ ser iia- 
mado, como lo iué ai poder, para volver á 
ser depuesto y más tarde elegido por el 
presidente Pepillo Salcedo, plenipoten- 
ciario en nuestro campo, cuya comisión 
desempeñó, según veremos, con toda la 
perfidia de que era paz. 

Ricardo Curiel. Enla isla de Santo Do- 
mingo hay entre tantas otras anomalías 
una porción de hombres que saben adqui- 
rirse el nombre de abogados y la reputa- 
ción de sabios sin haber visitado una 
universidad, y sin embargo, estos e^ipíri- 
eos del derecho tienen abierto su bufete 
público, firman pedimentos y defienden 
pleitos y causas criminales con la misma 
naturalidad que pudiera hacerlo el mejor 
jurisconsulto. A esta clas^ de personas 
pertenecía este Curiel, que contaría unos 
treinta años y era de apuesto continente, 
y mulato de color. Se dice que permane- 
ció ageno á la insurrección de Febrero 
del 63 y que tomó parte en la de Agosto, 
arrastrado por las circunstancias. Lo que 
si es cierto, es que no formó parte del 
primer gobierno revolucionario y que pa- 
saron varios meses antes de que se le con- 
fiara la cartera de Hacienda. Depuesto de 
tan elevado cargo, se le nombró coman- 
dante de armas de Guayubin. Aquellos 
lectores que saben que este pueblo es un 
compuesto de treinta y tantas barracas 
de palos y barro, ne esit'arán muchos 
más datos de la isla de Santo Domingo 
para comprender la inconexión que se ad- 
vierte, entre un abogado que lo es, por 
que quiere serlo, convertido en un mi- 
nistro de Hacienda y más tarde en coman- 
dante de armas de la más miserable al- 
dea'. Esto da la medida del desconcierto 
de aquel país. 

Nuestro amigo D. Miguel Muzas, oficial 
español, muy conocedor de las personas 
7 cosas de la isla y que como recordaran 
nuestros lectores fué prisionero de los 
insurrectos, nos aseguró que Ricardo Cu- 
riel, era persona de muy buenos senti- 
mientos y que no habia nadie que pudie- 
ra tacharle de haber perpetrado ninguna 
felonía ni crueldad con los españoles. 

Al f red Decijen era natural de xiaiti, 
como de veintisiete años, de estatura al- 
go meaos que regular, y de buen color j 
agradable fisonomía. Establecido en San- 
tiago con su. correspondiente tiendecita, I 
Bo podia iOAÉgioa d# formar parte de la 



liga dé los tenderos contra la rei;neorpo- 
racion. ' • 

A fiíer de interesado por sus amena- 
zados intereses y no por los del pueblo, 
que no siendo el suyo, poco le interesa- 
ba, tomó parte en la conjuración de Fe- 
brero, y como convicto de conspirador fué 
expatriado ; pisro la amnistía le abrió las 
puertas de Ik isla adonde llegó á tiem- 
po de tomar parte en la sublevación de 
Agosto. 

Este joven formó parte del primer go- 
bierno revolucionario, empezando su car- 
rera ^r el cargo de ministro de Hacien- 
da. Acaso algún lector observe que deja- 
mos sentado que en el primer ministerio 
desempeñaba aquel cargo el otro tendero, 
Pujol, es muy verdad; pero esto se ex- 
plica diciendo que la revolución domini- * 
cana tenia ministros de Hacienda á pares, 
es decir, por partida doble. ¡Cómo podría 
un solo hombre manejar tantísima Ha- 
cienda! 

Alfred, viendo que la cuestión de echar 
á los españoles era larga, y que no salia 
tan á pedir de boca como se habia demos- 
trado en las logias matemáticamente , se 
hizo apóstol de la paz y fué quizás el pri- 
mero en la isla que predicó contra la con- 
veniencia de una guerra tan desigual y 
de tan diñcil éxito , demostrando la im- 
portancia de entrar en negociaciones con 
eí gobierno de España, hasta obtener el 
pe|:4on de sus calaveradas , y Nque todo 
qiiedáse así, esto es, como estaban las 
cosas antes de la sublevación. Siendo 
-este el constante tema de sus discursos 7 
conversaciones, se le empezó 4- tomar, por^ 
sospechoso; pero por fln consiguió con- 
vertir al presidente de la república, y en- 
tre ambos formaron el partido de la paz 
sin condiciones. v 

Alfred, fué comisionado -por Pepillo 
para que en el Quarico tuviera la prime- 
ra entrevista con nuestros encargados de 
oír sus proposiciones. 

Se nos dijo que se habia expresado en 
términos muy razonables, cuya ij^ual lí- 
nea de conducta observó en las delibera 
clones de nuestro campamento. Su pre 
disposición á la paz le acarreó más tard 
persecución y cautiverio. 

Pedro Antonio Pimentel, era criollo, d 
cincuenta años de edad, 'proporcionada 
estatura, buenas facciones y color euro- 
peo; su cabellera y bigote eran grises. 
Bn el campamento se mostró n^uy reser- 
'vado. Algunos de sos compfgOleír99 ^di- 



ana ((oe dnconSkbaB de d j que seria 
•1 obataculo p*r« Uerar á bsea término 
oiulqañr ■rr«gía. La prelésúa de Pi- 
tnanbal en ottauservl» de ganadero. Sus 
vaiamat» aa íe «ncedwi reputación de 
Bombra Uostrado: pero tasto en bs con- 
vwaactODas qiu le umoe, eomo eo sus 
acto» pesterhitve^ demaatro s«r bombre 
da nuU jj-aaqnet» v d> enética rcsolu- 
ffiooi Fué n&tt de Im primeras eabecillaa 
(Mía M!«iMlUlnruo al^fiúws grupos d« su 
UevMKK ; lia lo« qae oon mas le .r ea- 
ran l-aiainaw eombaiieron U domma- 
«toa «epatóla. Se opooia 4 toda tran^iac- 
0^ alte ao tuviese por baee el abandono 
de ta tela. 

JfOMMJ Itvinfwrs Oifio. era natural 
da VeoMuela, como de 28 á 30 aüos; pe- 
quaAUi btmt ü^naade t de agraciado ros- 
tro. ;^ ^rreiíatü ta el campamento con 
uua levita Riilitv. lai^. dci-airadaj ri- 
liKula. y a la« pucaa horas se le cooocia 
ya por el í4io» á^clhHo. Se le juig»ba 
4va algaaa taatramon, j era incIíDHdo á 
ik SiUra 7 i los relruécxnos. A un facul- 
tativo aaaetro. i ouien consultó una do- 
IWMlaaat^ua, le dio después de muchos 
-'--•—■ 1, tui« urgetacon su nom- 



bre, y añadió con UpiK, Contiel maltón. 
Figuró poco en los auoeeos de la lasTir- 
reecion, y su elevación al poder fue po^ 
terior á la visita que dos hizo. 

Concluiremos estos ligeros apuntee 
biográficos, manifestando que Ins cinoo 
primeros de estos personajes eriin gene- 
rslee de su improvisad» ri-püblica 7 al 
último coroDel. Las demás personas, 
basta el número de nueve, que lormabaa 

Sarte de la comis'on, traían el earicter 
e acompañantes y secretarioa. 
Los comisionados purtieron por ño pa- 
ra su campo, muv satisfechos de la cor- 
dial j Qoa acogida que habían tenida ¿^J 
Monte-Christi. 

Los que no estaban iniciados e 
secretos de la política palpitante j] 
teuianque deducir el aspecto de la r 
públícR. por el gesto di los aemblsuL 
esperaban como iamediata coosecnsl 
de las negociaciones, ver ajiarccer d 
momento á otro por las inmediate 
mas á nuestros desgraciados compaf 
de armas, que se hallaban prialeiL 
hacía más de un año en el interior á 
isla. 
¡Vana esperanza! 



XV. 

LAS NEaOClADtONES FflUSTEADAS. 

I nuevo gobiat 



PaMban dtaa y aemanaa y ni los prisio- 
IMiX>B lli^eban. ti tampoco la-oníesfa- 
Okin ilt-llnitivii A« ^» ci tiil>¡('n que habla 
akttii.li' ' - '--- vcluoli «ario. 

"1 1,1 '.', i'n uu HBunto 

ijif i„, '.K'ia sospechoso 

V n-' initinto oxtruor- 



■,1'im parecía que 

idlfrcsc-i I" consu- 

•áutv. Msu «llon habían 

i»oi>a elnuorldad, ca- 

« itaa podleae suceder 



Por fin se ra<>gó el velo del tnltf.. 
pirlnvla de Haití, llegaron al cu 
mentó eppftTol iinliciiis en «ItO g 
ti-ascendea'ales. ¡Uosa extmifa! paral 
llegaran 6 oueatio conudmicnto, *" 
sido preciso que diorHn una gran t_ 
por uua nación extmnjpra, cnando d 
distábamos seis leguas de Gaajubi&l 
Ipodeldeflenluce. 

Se supo que al retirarse de nm 
CHmpo los ebviadiiti. les esperaba ]L 
aquel punto ni prnnidente de la ivpijfl 
ca, cot. el general en j-fn doiulnlM^ 
Gaspar Polanco. Que habiendo expuT 
en una reunión las concesiones que 
nombre de la reina, liacía el general Q 
dará á tos sublevados que deptuieran I 



«rmas, y después de oidos los diTersoa 
pareceres, Polnnco que conspiraba en 
Union de Pujol y Pimental, dio un fjolpe 
de estado, reduciendo á prieion i Salcede 
y & otros de loa que sosteni&n la idea de 
psfifiuiidon. 

Ti'aslrtdados loa personajps de tan ex- 
traño drama á SaQtia<ío de los CBl'HÜe- 
ros, se convocó una junta de no tablea 4 
]s que se dio cuenta de lo ocurrido, y se 
fais o constar en un acta que insertó el 
diario, que la voluntad naeional era que 
fuese depuesto el presidente de la repú- 
blíi-a, ptr estar ea tratos con el enemi- 
go y por hallarse propiciu li 'ana paz 
que de fraudarla las esperanzas que el 
pBÍa hab¡& concebida al lanzarse á las ar- 
mas. 

Cuando supimos esto, pensamos mal 
de Salcedo, B quien no teníamos por in- 
experto ni candido, y creímos que lia- 
tiíendo variudo de opinión en cuanto á la 
conveniencia de deponer las armas, por 
efecto quizás de las noticias llegadas de 
Europa, viéndose acaso demasiado com- 
prometido con nosotros en sus negocia- 
dones y compromisos, de los que no po- 
día retroceder decentemente, atribuimos 
BU prisión y destitticion á una farsa por 
¿1 inventada; pero al ver la degradante 
acta que contra el se publicó, y al saber 
que cargado de cadenas se le iiabia con^ 
ducido al cantón de Puerto-Plata, bsjo la 
Tlgilancia del Chivo, au antiguo y mor- 
m1 enemigo, entonces suspendimos nues- 
tro juicio y nos convencimos de que la 
nacciou de Polanco se habla verificado 
bien á su pesar. 

Tamiis a dar algunos ligaros detalles 
de la suerte que cupo á loa neis persona- 
Í8B, q ue comisionados por Pepillo vinieron 
i nuestro campo y que ya hemos bos- 
quejado en el capitulo anterior. 

Pablo Pujol, en pena de haber mereci- 
do la cooQanza y estrecha amistad del 
Í'"fe degradado; en castigo de haber esta- 
con nosotros pactando la pas, inspi- 
nodo con sus actos públicos una justa 
desconfianza al gobierno, que el dictador 
Polanco creaba pira eatirpar hasta la se- 
tnillK de los traidores que hablan querido 
Tender la patria, el infortunado Pujol fué 
nombrado ministro de Hacienda, 

BelÍ9«rio Curiel, el ex-ayudante de ór- 
denes del brigadier Baceta, el desertor 
da nuestras ñlas en circunstanciaa criti- 



cas, fué nombrado ministro de U Gnem 
á la caída de Salcedo. 

Ricardo Curiel quedó como estaba. 

Alfred Oectjen, i quien hemos coo^ft- 
grado un largo párrafo en el precedente 
capitulo, presentándole como el primer 
apóstol de la predicación de la paz, por 
razones que no hemos querido espliusr; 
este joven tendero, adalid impertérrito de 
la felicidad de un pala que no era el suyo, 
se dej6 prender con Pepillo. ¡Qué ¡['gra- 
tas aen las naciones con lo * extranjeros 
que van á labrar su bienestar tan desin- 
teresadamente! ¡Pobre é inocente AJ- 
fred! 

Pedro Antonio Pimente!, á quien se 
atribuye la confabulación con Polanco 
para efectuar la reacción, fué el encarga- 
do de prender al preaidente en Guayu- 
bin, y consumó el acto con todo el apa- 
rato teatral, k pesar de ser compadres y 
amigos íntimos de toda la vida y de ha- 
ber reunido á sus familins en una misma 
casa de campo cuando empezó la guerra. 
¡Qué patriutiamo! 

Manuel Rodríguez Obgio, el joven ve- 
nezoKno, el chico doctrino, que solamen- 
te babia podido' llegar á coronel revoUom, 
según hemos consignado y que no habia 
conseguido atrapar ni por ocho dias un 
ministerio, logró su prooósito, siendo 
nombrado ministro de Relaciones exte- 
riores, al entregar á los grillos al jefa 
que le hsbia honrado coa su confianza. 

Para nuestro objeto, basta con consig- 
nar en estos apuutes los hechoa, talea 
como llegamos i saberlos de uua mane- 
ra auténtica, omitiendo las observacio- 
nes críticas que á cada momento se nos 
ocurren. 

Diremos francamente que en ningún 
período de nuestro relato, hemos tenido 
más necesidad que en este de reprimir 
nuestros impulsos de discutir si fué dig- 
no y honroso para una nación como Es- 
paña, el entrar en tratos y en negocia- 
ciones diplomáticas con esta gente re- 
belde y sobre si podia y debia un capitán 
general español, sin rebajarse, admitir y 
tratar du igual á igual á la pandilla de 
comisionados de Ta calidad que bemot 
reaeñado. 

El término extraño, ridiculo é insul- 
tante de las negociaciones, dice por ■ 
solo más de lo que nosotros pudieramoa 
decir. 



4 



Cuando llegó íiCutift yá Eppalia la no- 
ticia da la comisión mendiida por loB 
enemigos & nuestro cnmpu, eTom-ió la 
prensa á comenturla, inventBndo i su 
antojo hiatoriaB bien peregrinan. Cumo 
miiRstra, Tsni> a acopiar algunos trozos. 

Uno de loa diarios mis formales de 
Cuba dijo lo siguiente: 

INTEHESANTISIMO. 

Por la LeoHor, que ba entrado lio; en 
nuestro puerto, ee han recibido corres- 

Eondenciss de Monte-Cliristi con fecha 
asta el 19, que contienen notiolaa de 
grande importiiiicift. sígun puede versa 
por los extractos que hacemos á conti- 
nuación: 

MoKte-ChritLi, Setiembre 19. 
Habrá como unosdjez diasque se pre- 
sentaron con bandera de parlamento, 
unOB cuantos insurrectos ala avanzada 

3ne sale diariamente á una media legua 
al campamento , lleTan<3o ú trayeodo 
consigo al teniente coronel Velasco y su 
•eistente; este señor es uno de los oficia- 
les <iue qufdaroQ prisioneros en la retira- 
da, de Santiago de loa Caballeros. 

Pooo después da aquel hecho, ae pre- 
eentaroD co la misma jj^cubíerta unos 
80 más; pero aunque se presentaron esta 
Tsz en grupo, no hicieron fuego, sino que 
ae adelantó uno, tomando la palabra j 
dicieñilo que tetiian orden de su gobierno 
de no hncer fuego. Manifestaron sus ne- 
cesidndes: que carecían de pao, cafe j 
licores; que in único oue tenían era car- 
ne, y eso por U abunoancia de reses- Efft 
toncea seje permitió á uro entrar en el 
umpaoisuta para que tomase trea bar- 
riles de galletas, ch le, etc. 

Todas esas coaas liaomotivadoqueha- 
^•A ulido para el Ouarico el general 




XVI. 

IMPRUDENCIAS DE LA PRENSA 






Hungría, coronel Van-Halen y O 
U reserva junto con el teniente c> 
Velasco íi eonfereociar con el mini? 
Salcdo, quien pasó a bordo di- la ooleia 
Guadiana todo el día áe ante^aycr. Dicib 
buque regresó a;er, trajendo laa n 
rea es4)eran£aa de paz. 

¡Mañana ae esperan aquí todos 1 
lioneros nueittros, ; de aquí 6 i 
días vendrán los comlsionadoa par 
reglar los preliminares de paz. ■ 

La Corrttpoadendencía de Bspaa» decía 
en Madrid, con ere tono magistral da los 

eeriódÍL'03 ministeriaies que todalo^* 
en de positivo: 

• Puede asegurarse que hoy debí 
«berse entregado a las tropas da Is j 
*los rebeldes de Santo Dumiogo, e 

Considerando mnj pccn decir cd 
noticia de haberse entregado, otro H 
dico. sin sndarae en chiquitas, dijcK^ 

tV.n cartas particulares reiübídM 
•Santo Domingo, j que ti«Dealft| 
vdel 10 del actual, leemos la i' 
»importaute noticia: 

■ Los insurrectos han «otra 
»de doscientos prisioneros.» 

Esto ya era mentir con mi 
Otro diario publicó. ; de él lo WH 
CSM todos los de Madrid, loquesigu 

«Rnloa periúdicos extrnujaroa lialH 
noticias de Santo Domingo, traidufi 
ropa por el paquebot -correo Ouba, \ 

tBI capitán general habia tenídoa 
de Uonte-Chriati un encuentro t 
rebeldes, qne hablan sido eomplel 
te derrotados. 

*I)üs dia-despues, Iostpbetdes,q^H 
bian perdido todas sus provislooet^ 
viaron á pedir víveresal c»piiajig< 
quien leu envió 500 raciones de e 
pan. El jefe de los rabel les, pan c 



-IW 



pondér k este teto benéfico, entregó 250 
prisioneros españoles, entre los qne se 
contaba al coronel Yelazquez. La situa- 
ción de las tropas era muy buenay se creía 
próximo el término de la iusurreccion.» 

Estos ejemplos demuestran hasta qué 
punto es íacil inventar la novela históri- 
ca de la vida. De una frase, de ud párra- 
fo verídico, componen los noveleros, dis- 
frazándole, un largo cuento ridiculamen- 
te adornado. 

fis lo cierto, oue hubo un conjunto de 
coincidencias al parecer insignificantes, 

?[ae contribuyeron á prolongar la cruenta 
ucha entablada por los españoles en la 
primera antilla. 

La prensa de Madrid puede tener la 
satisfacción de haber sostenido la guerra 
con sus necios artículos y con sus esta- 
ncantes noticias. 

Cuando hablaba la prensa ministerial, 
lo hacia siempre con ese tono desdeñoso 
de quien todo lo sabe, de quien no puede 
equivocarse y daba soberbios golpes de 
violón, risibles y despreciables en cual- 
quiera otra ocasión; pero sensibles y tras- 
cendentales cuando se trata de extraviar 
la opinión, en una cuestión tan grave y 
delicada como es una guerra extranjera. 

Cuando hablaba la prensa vicalvarista 
mostraba sin rebozo el mayor empeño en 
querer hacer creer que por "Santo Domin- 
go, todo iba bien y que de un momento á 
otro, llegaría la noticia de haberse domi- 
nado la insurrección. 

Mal andubienm estos dos órganos, que 
imitaban con sus armonías á las del cé- 
lebre de Móstoles; pero por fin, no fueron 
de los que más daño hicieron, pues com- 
pletamente desconceptuado^, fueron muy 
pocas personas las que haciau caso y da- 
ban fé a sus oficiosas noticias. 

Hé aquí otro rasgo de patriotismo de 
un periódico me dorado: 

t Nuestras tropas han conseguido triun- 
fo sobre triunfo. Después de la toma de 
Monte-Christi acaba de publicar la Ga^ 
ceta el parte oficial de la acción de Puer- 
to-Plata, en que las fuerzas de mar y 
tierra se han coronado de gloria; pero 
tenemos el triste convencimiento de que 
este nuevo triunfo ha de ser tan os- 
teal como los anteriores, y de que no 
M posible terminar la cuestión dominica- 
na por loa medios hasta ahora emplea- 
dos; que apenas han producido más que 
h muerte de miUares de hombrea y el 
WBWimo 4¡B']DillMM«ée realM. 



>Sólo de las eajas de la Habana han sa*- 
lido por extraordinario seis millones de 
duros en este año, y unos once millones 
desdóla anexión. PoVtérmino medio mue- 
ren el ocho por ciento de hombres, y las 
bajas de otra clase ascienden til veinti- 
cuatro ó veinticinco por ciento. El siste- 
ma político, el sistema militar y de Ha- 
cienda, seguidos en aquelU provincia ul- 
tramarina, pueden expresarse con la si- 
guiente fórmula: sangría suelta perma- 
nente de hombres, dinero y orden. 

»De 25 á 30,000 hombres tenemos en 
Santo Domingo. Juzguen nuestros lecto- 
res por un solo hecho del estado de las 
cosas. En el Seibo hay 4,500 hombres, y 
de estos solo están disponibles 1.500. ¿Y 
eu qué disposición se bullan estos últi- 
mos? Según nos dice nuestro celoso cor- 
responsal, se ha tenido que autorizar á 
los centinelas para que la hagan sen- 
tados.» 

Estos párrrafos que pertenecen al Pen- 
samiento Espa/iol, son tristes verdades; 
pero jamás ha tenido mejor aplicación el 
antiguo refrán de que no todas las ver- 
dades son para dichas. 

Hay ciertas verdades que no deben pa- 
sar de las conversaciones de confianza, ó 
de las cartas particulares; pero decirlas 
en los periódicos, que nuestros enemigos 
leian con afán y placer, es necesario de- 
cirlo y repetirlo mil veces, para que co- 
nocido el error, no vuelva á repetirse, fué 
una imprudencia muy criminal pues hizo 
derramar mucha sangre inútilmente. 

Estamos intimamente convencidos de 
que la guerra de Santo I>oniingo, hubie- 
ra tenido un pronto término, si la prensa 
española hubiese tomado el tono digno y 
patriótico que tomó cuando nuestros her- 
manos combatían en África; pero se hizo 
arma de partido y ante miserables renci- 
llas no hubo inconveniente en sacrificar 
al valiente ejército, presentándole á los 
ojos del enemigo, como impotente, como 
inferior en número y calidad y como ago- 
biado por los disgustos y por las enfer- 
medades. ¡Triste lección! 

Los periódicos que sin duda alguna 
fueron más culpables y á quienes sin re- 
bozo nos atrevemos á acusar de traidores 
al honor nacional, han sido los que se 
llamaban en la p»;nÍQsula de ideas avan- 
zadas. Obcecados sus redactores con sus 
principios políticos, á trueque de pasar 
uite sus eofreligionariosv por decididos 
I eai»fieoBé»4i Ift-ttbertad^twfieMi iit Am- 



».í- 



-m- 



iT^^caas ocur-encia de dar tales nctietM 
.^.,....... ^■.r.;^.,,:^JJ rales, que zaesíros 

«Ut-.íii;C"?* >«o:0'Hn vTOQ ansia 7 T^g-ularldad 

■> ,:i^ ' . escores, iii^ '.eiaa en jrratdes 

. > : « <a: -.o ^l:s :*r:is^s se eLt-^siüis- 

• .,. n •. ; .xoai; ;Mi *a :;5:i-io -ie S^ntia- 

s -.v.v-ti^t, rani demostrr.r al 

.. -, .. V • •>v.' aríiOion de ios mismos 

■. .1 ,'¿i .->. A.'«. ".r's. '.a causa de España 

<Hi, .:c- '..i-'^rro ejercito no ade- 

.«..» v-:i uic-'.a^taTr nada: que la 

., , • •si'ii." i s^rA 'a ¿TueTa de Santo 

\ . -^í V ■;■ osrr-.^ ejercito tenia que 

s ^ís :'.;e estábamos en la 

'.. a. :.t-\ ciamos y habíamos el 

. ^ : ^ -i^vv r.ie :i os causaban tama- 

.. , :.-. ..vit^rv'rts. ros admirábamos de 

i v-a^i di* imprenta se emplease 

..k'^.-^* ;»'op;o perjuicio. Ni en los 

..^ .. .•-* . TI .-os. ni en uinirun otro país, 

., . .1 s ít.cs .^'t'mplos. Elogiar al ene- 

,x .i-i'iM ir ;• ':a causa nacional cuando 

., >. :i ^J«iieiiioudo una lucha, es un act . 

..■so ,íi todas las naciones, y sin em- 

'.. ^r. u'mos Icido articules en periódi- 

. . \- sivsioiou.quo nos han sonrojado. 

N.- .i-.a-iiioslos periódicos estremos en 

,., .-.N fiíí.os, pon.]ue no queremos de- 

.....v.íi;, ^ no los copiamos, porque nos 

, ■.i.íivíoiiiiostro decoro nacional; pero 

,. , ■» .i;cinoc4 Mqui lo que con justa in- 

.u.vM .uoíh en las Cortes un dipu- 






>.o ■» 'lui^^or responsabilidad, seño- 
. , .V ..^..i ^'" Santo IXMuingo; está en 
...,..;.. 'u:>:!i"íivMonos que parecían es- 
...... a vh:iIm¿;\» do los Caballeros, y 

v.i .a'sio -.x- ^ -an do pn'tcl amas á los 

V s i ., ..i'mm vi:ai'imonte de las pren- 

.. I \irtvViui -.^a'.fi llovar alli el descré- 

... . iiuv»;.** .io:volio y la impotencia 

. .v.*ii,'*i!o<* r «aparte déla pren- 

, 'v», .s...lo ^Au'.^iu'u do partido lo que 

\*iu'ii iiav'iouHl, al querer herir 

. . .K' 4 \».'i qut* portoneciamos á 

, • .» . *:i', x-iivaba un puñal en el 

. .,; .^ "Vmoi^uIj*, He esta manera, 

. . . ^ V*. .u»» \ xo o \ tendió una opi- 

... .■* . .11- v>a(o modo esa opinión 

. . ,^«i«.a*\ K*a mares para lie - 

..».*»o:»s\ l.iduda al menos, 

» . ..^t.-x^ \!«lionte ejército; de 

.> »., < ^x'iiiklo preparando las 

■ \ • •'** d' que senos pre- 

.^ 4,.^ vsv.>NÍ.id, como una ven- 

,.»*.% «''v-Ucion y nuestro 

>\v\N>x* v<%V^K« «dTersarioB de 



aqa? I qae hizo la reincorporadoii, debian 
alentar estas manifestaciones, que de otra 
manera do se hubieran hecho, y de todos 
modos indicaban con su conducta, en sus 
conTersacioues y en todas partes, una 
opinión preconcebida de que el resultado 
había de ser una catástrofe.» 

Los ejemplos expuestos bastarían para 
demostrar lo desatinada que and uto la 
prensa de Madrid, al querer ilustrar al 
país, de lo que sufrían sus valientes hijos 
en la guerra de Santo Domingo. 

No nos cansaremos de repetirlo, los 

Seriódicos españoles tienen mucha culpa 
e la sangre alli derramada, pues con 
sus imprudentes artículos dieron k nues- 
tros miserables enemigos más fuerzas y 
perseverancia, que si de cualquiera otra 
nación hubiesen recibido ejércitos auxi-* 
liares y convoyes de toda especie de re- 
cursos. 

Como el más grosero colmo de la im- 
política y de la más insigne necedad, va- 
mos á copiar aquí una carta inserta en el 
periódico moderado El Espíritu PMico^ 
el dia 20 de Setiembre, es decir, álos po- 
cos dias de haber tomado Narvaez las 
ríendas del poder. 

Cuando apareció aquella corresponden- 
cia, se creyó que su contenido estaba en 
consonancia con los príncipios del gobier- 
no; pero nosotros queremos hacer más 
honor á nuestros ministros, y creemos 
que aquella carta solo pudo salir de la 
plumado algún agente de los insurrec- 
tos. Solo asi puede tener alguna explica- 
ción ese malicioso.modo de ver las cosas, 
y ese modo de atacar al general Gán- 
dara. 

Hé aquí la carta, y el párrafo con que 
el citado períódics ]a presentaba: 

«La cuestión de Santo Domingo es una 
de las que más pronta resolución exigen: 
no sabemos qué pensará el gobierno, pero 
teniendo en cuenta la actividad y deci- 
sión del general Narvaez para todo lo que 
sea en pro del honor nacional, creemos 
que se encontrará el medio de satisfacer 
á ¡a opinión pública, sin prescindir de lo 
que nos convenga. Véase la siguiente 
carta que copiamos de nuestro aprecia- 
ble colega La Libertad", 

»Señor director de La Libertad. -^Smuío 
Domingo 13 de Agosto de 1864.— Muy 
señor mió: Va á salir la goleta Engenta 

Sara Puerto-Rico, y mando esta con uno 
e los pasajeros á un amigo para que la 
despache por el correo inglea de fln d« 



— 175 — 



mes. Me dirijo áV. con preferencia, por- 
que he yiato algunos números de su pe- 
riódico y veo que hablan claro j con in- 
dependencia, que es lo que no se acos- 
tumbra. Levanten Vds. su voz y hagan 
ver que esto es una gran desgracia para 
la nación y una grande responsabilidad 
para los últimos miDísterios; un escollo 
para la prosperidad de España, donde se 
están gastando el dinero y la sangre del 
pueblo sin utilidad ninguna. Este es un 
desorden espantoso y un despilfarro sin 
ejemplo, cuyo resultado no será otro que 
el descrédito y el ridículo. Y esto no ha 
poüido ocultarse al gobierno, si es que 
mer6li<^^n este nombre ministerios como el 
actiH^l. ¿Qué resultados podian esperarse 
del desatinado manejo que esto tiene? 

»La anexión se hizo por el interés de 
una docena de hombres, y aunque el 
pueblo no tomó parte, se estuvo quieto, 
pero cuando vio que en un país que ape- 
nas producia siete millones de reales, se 
establecia una administración dispendio- 
sa y descabellada que consumía 61 millo- 
nes, se alarmó y se empezó á conspirar, 
porque conocia que aquello les habia de 
caer en las costillas. Yon efecto, ¿para 
qué esa nube de empleados que eran in- 
necesarios? ¿Para qué una Audiencia, es- 
tando tan cerca Puerto-Rico y la Haba- 
na, en un país donde no hay pleitos ni 
.causas ni los habrá en muchos años? Y • 
para colmo de ridículo, porque V. no 
sabe lo que esto dio que reir, ;un Consejo 
de administración! ¿P para que? Para lo 
mismo ó menos que la Audiencia. ¿Y qué 
diré á y. de la administración militar? 

I Vaya, repito que esto es una gran des- 
gracia; y si no viene un gobierno que 
ponga coto y remedio á' tanto desorden, 
esto ya á ser la ruina de España. Al go- 
biM*no se le ha engañado y se le está en- 
fiando por los que aquí mandan. Lo de 
Monte- Chris ti no fué nada; fué solo una 
&rsa para pintarlo al deseo y sacar gra- 
dos y empleos: esto y todo lo que pasa, 
es pura farsa. 

iKl inepto general Vargas acabó de des- 
moralizar este ejército con esa lluvia de 
gracias inmerecidas quer el gobierno apro- 
bó sin examen ni criterio, como lo está 
haciendo ahora con las de Gándara, con 
motivo de lo de Monte-Christi, mientras 
el pobre soldado carece hasta de agua, 
mientras están muriendo á 25 ó 30 dia- 
riamente en el mayor abandono, mien- 
tras para surtir de agua á Monte-Christi 



se están pagando 18.000 duros mensuales 
á dos goletas, y sin embargo, los pobres 
soldados mueren de sed; y mientras aquí 
en la capital está poco menos que sitiado 
por los negros, que en cuanto anochece 
vienen á matarnos los centinelas en los 
fosos y en las mismas puertas. Pero el 
Sr. Gándara juega>al tresillo todo el día 
sin cuidarse de nada, y se hace servir una 
mesa opípara y en vajilla de plata. 

»Y entretanto, vengan empleosy vayan 
gra 'ias, con lo que el presupuesto subi- 
rá á una suma fabulosa, y al ñn no ha- 
brá con qué pagar, como sucede ye. en 
Puerto-Rico según me informaron en Ju- 
nio que estuve allí unos dias, y trampa 
adelante, para honra y gloria del que se* 
llama gobierno. 

»Naaa crean Vds. de lo que se diga de 
aquí, porque la verdad es que esto em- 
peora de dia en dia.. Si no se suprimen 
estos gastos, no habrá bastante con toda 
la contribución de España. Lo sensible es 
que se pierda inútilmente tanta gente. 

Suyo afmo. Q. B. S. M.r-T. F, C.» 

Por los mismos dias en que teníamos 
en nuestro campamento de Monte-Chris- 
ti á los comisionados del presidente del 
gobierno revolucionario, publicaba La 
Iberia algunas correspondencias de San- 
to Domingo y de la Habana, en la que 
se pintaba con los más negros colores el 
estado de la causa pública. 

Aquel periódico tan liberal, obcecado 
por sus principios políticos y constante 
en su empresa de desconceptuamos, em- 
pezaba un breve artículo con estas pala- 
bras: 

€ SANTO DOMINGO. - Llamamos la 
atención de nuestros lectores, y muy es- 

{)ecialmente de los periódicos ministeria- 
es que se han dado á decir que los in- 
surrectos están pidiendo la paz en cam- 
bio de que se les perdone, hacia las dos 
siguientes cartas que hemos recibido por 
el último correo.» 

¡Mentira parece que se niegue asilo 
que todos hemos visto! 

Insertaremes aquí también algunos 
trozos de las cartajii que anunciaba La 
Iberia^ y no-las copiamos todas porque 
además de ser excesivamente largas, ha- 
llamos trozos insoportables. 

<(.Santo Domingo 4 de Agosto de 1864. 
Señor director de La Iberia, 

>Esto sigue parado sin que haya noti- 
cias de ulteriores operaciones. £Ja Mou^ 
te-Christi, lo mismo« 






«Creo suman 90 A £6 millon*sde pesos 

los que vaa gastados. ¡Pobre Españti! 

«Nuestro país do sabe lo que es esto ni 
porquésesi^uesacrflcandosaogre; dinero 

íTecgo bastantesoüupaeioneB m&teria- 
le»; sino, nunque me conceptuó sin con- 
diciones u ara escribir lo baria con gusLo; 
porque si biea con malas furmae, diriu á 
nueatros compatriotas la verdad de lo 
que es este pueblo; la guerra que se está 
haciendo, cümo ae hace, y qué resultados 
Be han de obtener. 

«Desde los primeros jefes hasta el últi- 
mo soldado sostienen aqui 7 Bosteniire- 
mos el compromiso de ¡a patria, suftien- 
do las coDsecueocias de una anexión ll-í- 
Tada á oalio por cuatro farsantes de uno 
y otro bando, español y dominicano: eia 
que de ello se aperciba el pais, ni aun los 

2ue protestaron en contra de tan abaur- 
a y funesta anpxJijn.» 

«Habana, 15 de Agosto. 

Señor director de La ¡berta. 
•Muysefiormio j de toda mi coosidera- 
cÍod: Poco nuevo que comunicar tengo de 
Ift hija arrepentida que vuelta al regazo 
de su madre, arrepentida en mal hora y 
solo para provecho de unos pocos y des- 
gracia de muchos, sigue lo mismo, ex de- 
cir, haciendo de las suyas, por aquello de 
que la cabra siempre tira al monte. 

*La ocupación ae Santo Donilngosigue 
siendo funesta k Elspaila: nada se adelan- 
ta ni se adelantará por ahora, haciéodola 
tnfis precaria las disposiciones de los que 
rijen los destiuos de aquella isla, pudíea- 
doae asegurar que si se hubiese tratado 
de reunir un número determinado de no- 
tabilidades para echarlo & perder todo, 
no se hubiesen podido encontrar mis á 
propósito que las que constantemente se 
nao hallado reunidas; pues todo lo que 
se ha ordenado desde el principio de la 
Insurrección, y aun antes, ha sido favora- 
ble en tolos conceptos al aostenimíeoto 
de ella, y de cou!'igui>'DtB perjudicial á 
Bspiiña: sin embargo, hay que hacer una 

Sequen&eicepcion, por considerar la me- 
ida como más acertada y conveniente á 
lus iutercíes y boura española. 



«El general Rlvero (si no dh equivoeo) 
cuando se informó de la desastrosa reü* 
rada del brigadier Buceta, j de la^ , 

milHgro, dicliosa del brigadier Primo 
Rivera, que no pudo pasar para auxiUi 
aquel, ambas eu el mes de Setiembw _ 
timo comunicó órdenes reservadas A l( 
jefes de brigada para que se re con ('entra- 
sen en las costas i esperar las ilrJ 
gobierno, á quien había consultado el 
abandono de W isla; esta medi<la, pra- 
deutey honrosa en aquel tiempo, que- 
dándouos, como se decia, coa la penínsu- 
la de Samaná, parece fué desaprobada, 7 
que se podía pacíricar el pala, sin que tm 
ailo de constantes desengaños, y que la 
experiencia ha demostrado euüciente' 
mente que no loa seis batallones, sino loi 
veintiséis que hay en la actualidad eon 
lartilleria, cabilleria ó ingeniero a cor- 
respondientes, han sido y^aou insuücieD- 
tes, y que para dominar el p»is por la 
fuerza de las armas, lo son iguaVfflentfi 
cuarenta; esto, nuido k las grandes uuU- 
dadea escocidas para la dir(»cci(>ii de ai|ii*' 
lia baraúnda, dará por resultado el aban- 
dono de la isla , después de sacnficadM 
áim y ocho ó veinte mil hombres . y im 
buen número demillonea de pesos.* 

Hoy que laocupacioa v guerra de San- 
to Dominga perteuf^en £ la historia, tc«> 
so parezca fría é insustancial la presenta 
carta. Pero rogamos k uóestros ieei 
que se formen idea del efecto que AU 
áada y lectura producirla en aquel' " " 
Ileutes militares, que viviendo T 
meses seguidos bajo el viejo y agt 
do li*nzo de una tienda de camp' 
peraban ansiosos el arribo del i 
con el noticias gratas de la madre 
de que tanto habián mi-nester pan' 
mar su trabajada espíritu. 

Concluimos este capitulo afli 

que las imprudencias de U prenna ^1 
política de sus corresponsalía, fueroB< 
principales enemigos 'lue tuvImcB 
combatir en Santo Domingo. 

¡Hasta tal punto llegó la cefi 
loa partidos! 



— 177 - 



xvn. 



POLANCO Y EL CHIVO. 



Biografía del general Polaneo. — Venganza del hijo de Salcedo.— Manifiesto de 
Pimentel. — Hechos de Manuel Rodríguez (el Phivo.) 



Hemos nombrado ja tantas veces á 
Polaneo y al Chivo, que creemos conve- 
niente dar á conocer al lector á este 
par ' de personajes, aunque sea lijera- 
mente. 

Cuando se reincorporó á España la isla 
de Santo Domingo, existia en. el Cibao 
una familia llamada de los Polancos, de 
-laque formaba cabeza Gaspar, porque 
tenia representación de brigadier, ó co- 
mo allí se llamaba, de general de briga- 
da, y además porque se le suponia el 
más inteligente de los tres hermanos. 

La {posición de esta familia era un 
tanto desahogada, pues poseia buen nú- 
mero de cabezas de ganado y algunas 
tierras ó vegas de tabaco. 

Graspar Polaneo, que se nos presentó 
con todo el aparato de general en jefe y 
dictador del país, que destituvó y enca- 
denó por su propia voluntad al presiden- 
te de la repúDlica, contaría entonces 
unos cincuenta años de edad. Era mula- 
to, de color pardo claro, feo y enjuto de 
cara, de cinco pies y cinco pulgadas de 
estatura, pero doblado y desgarbado de 
cuerpo. No sabia leer ni escribir. 

Empezó su carrera militar en la guer- 
ra de la independencia contra los haitia- 
nos eá 1844, obteniendo desde luego el 
empleo de coronel, del que se llamó re- 

gimiento de Entre los Éios, jurisdicción 
e Guayubin. s 

Gaspar se adhirió, al parecer, á la 
anexión, de buena voluntad. No solo no 
tomó parte en la fracasada intentona de 
Febrero, sino que por el contrario contri- 
buyó á sofocarla. 

Su hermano Juan Antonio que ñguró 
en ella, faé aprehendido con las armas en 
la mano, y debió sin duda su vida á las 



lágrimas y á los ruegos de Gaspar ante 
los jefes españoles velaseo y Campi- 
llo. (1). 

En sus conversaciones trataba de dis- 
culpar su ingratitud y su apostasía, di- 
ciendo que los españoles le hicieron sufrir 
humillaciones antes de concederle la vida 



(1) Después de las ocurrencias de Fe- 
brero y Marzo de 1863, Gaspar Polaneo 
dirígió al capitán general de la isla una 
solicitud, pidiendo indulto para su her- 
mano que habia tomado parte en aquella 
rebeliw»n. Trataba Gaspar en ella de dis- 
culpar á su hermano de las imputaciones 
que de público se le haeian, y temiendo 
que sus razones no bastaran, aglomera- 
ba sus propios méritos para inducir al 
perdón de su hermano, y refiere que su 
patriotismo y amor á España le hicieron 
reunir en aquellos sucesos doscientos 
hombres, con los que se presentó al ge- 
neral Hungría en el punto del Jaybon y 
con los que desempeñó con el mayor 
celo cuantas comisiones le confiaron en 
aquella campaña, y alegaba por último, 
que él era el que nabia cogiao prisione- 
ros á los cabecillas Eugenio Perdomocon 
varios individuos de su partida, al gene- 
ral D. Bartolomé Magia, al comandante 
don Rafael Reyes con tres capitanes y 
tres tenientes más. Recordaba Polaneo 
en su instancia otros servicios prestados 
á España en época posterior, y ponia por 
testigos de sus méritos al general Vargas, 
comandante Campillo y al brigadier Bu- 
ceta , terminando por suplicar indulto 
para su desgraciado hermano. Su petición 
fué atendida, sino tan pronto cual desea- 
ra, tan luego como la justicia pudo per- 
mitirlo. 

23 



'i 



da BU herm&oo, 7 que de (tquellai ofensas 
qaeria veD^arae.. 

No teneioos noticins de que en lactun- 
paSa ha; a de aplegado algún plan ó hecho 
alguna Importante combinaciou con taa 
tropas del paia, de las que era geueralí- 
Bimo. Lo que ai aupimos, fué que man- 
daba en Puerto-Piata cuando el ataque j 
toma de laa trincheras enemígaB ppr 
nuestraa tropas, j que se dio buenas tra- 
zas para correr. 

Habiendo sido el primero que firmaba 
una expoaiclon que el gobierno de San- 
tiago de loa Caballeros remitió i S. M. en 
Enero de 18G5, un diputado dijo de el lo 
siguiente: 

• Los que nos siguen siendo lealea, de- 
bían creer en eate compromiso solemne. 
He dicho los domlDicanos que ae han con- 
ducido laalmentc con EspaSa, porque son 
muchos, sefiores, aunque abundaron los 
traidores como Gaspar Polanco. Ese hom- 
bre que se atrevo á poner la Arma en una 
eiposieion á la Reina; ese hombre que se 
atreve k decir que loa dominicanos no han 
(juerido nunca la anexión y que fué solo 
obra de un partido. Armaba también en 
1861 el acta de reincorporación de Gua- 
;ubin.> 

E! deagraciado Salcedo dejó un hijo que 
aunque joven y de poca energía según nos 
han asegurado, se agrupó á Tos amigos de 
la familia y formó un partido para der- 
rocar del poder al dictador Polanco. 

¡''íguró en este grupo, no parece sino 
que para embrollar la poajbilicfad del tér- 
mino de la guerra, aquel Pedro Antonio 
Pimentel, de quien en el_ capitulo 49, he- 
mos hecho mención, señalándole como el 
obstáculo, para el arreglo de la paz y co- 
mo el sospechoso ásua compañeros por 
su mucha confianza con Polanco. 

Ese nuevo partido en cuja bandera ¡ba 
OBCríta la palabra <TeDgania,> fué pronto 
bastante poderoso para derrocar al ¡m- 
proriaado presidente y á su gobierno y 
encerrar en una prisión al dictador y sus 
mlniatroa Pujol, Rodríguez Obgio, Cu- 
rie! y otros. 

Aquella Dueya revolución puso al fren- 
te del pais á Pimentel. 

A. Polanco se le acusaba del asesinato 
de Salcedo y de otros varios cometidoa 
durante su mando, y k sus ministros, loa 
antiguos tenderos, se les achacaban ma- 
uejos inmorales con todo cuanto hubie- 
ron i las manos. 

La vida de Polanco corría iaminante 



peligro, porque había muchas famillu 

Sus llerobim la reciente pérdida de sui 
euilos sacrificados por él inhumana- 
mente; pero otra vez más quedó burlada 
laiusticia, pues el preso logró escaparse 
seduciendo y llevándose consigo al oficial 
de ;((uardia y al centinela. que le custo- 



Copiamps aquí, si 
primera alocución gut 
ma dio Pimentel al { 
e n cum bramien to . 



comentarios, la 
aguisa de progra- 
is dsapues da su 



BIOS. PATRIA Y LIBERTAD. 

líepúiUca doininicana. 

(Pedro Antonio Pimentel, presidente 4a 
la república, y encargado del poder eje- 
cutivo.— A la nación.— Los reiterados su- 
fragios de la soberana convención nacio- 
nal, me han traído á ocupar la primera 
magistratura del Estailo, cuyo encargo 
me está encomendado, para que lo des- 
empeñe mientras dure la guerra y hasta 
que se reúna en Santo Domingo un cor 
greso constituyente, que será dentra1| 
Tos noventa diaa después de evacuaf^ 
territorio dominicano por laa fiíerz' " 
pañolaa. 

•Hubiera deseado que esta elección fi_ 
biera recaído en cualquiera otro ciudada- 
no que con tanto patriotlamo como el quB 
yo poaeo, pero con mayores luce.8, «stu- 
viese en aptitud de servir con más pro- 
vecho los intereses de la nación, perodc 
nada me valieron laa súplicas que hlcí 
para que se me eximiese de este cargo, 
teniendo en últimas que condescender 
ante la inaiatente expresioD de loa legíti- 
mos representantes del pueblo. 

• Pocodebeiseaperarde un soldado, que 
no tiene otra ciencia que el habitual mjl- 
nejo de su espada, ni otras dotes de man- 
do que laa que se desplegan en medio de 
los campamentos. Esta franqueza que 
apreciareis en lo que vale, me autoriza fr J 
hablaros en el lenguaje que me ( 

Soude, en el que se explican ios hoBl 
e armas y en el que por inclinacíoau 
tumbro. 

>A1 dirigiros, pues, mi vozdesde el a 
vado puesto en que se me ha eolocií 
quiero que me digáis con atandoa,] 
reparar el estilo, fliando solo en el pT 
de mis palabras el estilo llano de I 
hondu.s peu-amientos. 

iLa libertad é independencia de la r 
pública domimcana, sostenida en loa cam- 
pos de b»t^Ua,KÍp omisión de aacrificii" 



j la práctica de los preceptos constitu- 
cionales que sirven de g&raatia á la uni- 
Teraalidad de loa ciudadanos , son preci- 
samente los térmiDOB á que so concretarii 
mi atención, 

«Nuestros derechos de paz é indepen- 
dencia son incontrovertibles i los ojos de 
todo el mundo. 

•Esto lo sabe la Bspaña, porque como 
potencia europea, no puede desconocer el 
principio de las nacionalidades; y sin em- 
bargo, esta nación, que aspira á colocar- 
as bJ lado de las de primer rango, i^ae con 
tanta gallardía se precia de noble é hidal- 
ga, da en medio de la América ejemplos 
que la desacreditan. 

lYo no comprendo semejante pohtica. 
To no sé cómo explicarme conducta de 
tan estúpida magnitud. ¿Quién mejor que 
, la España pudiera vivir en paz y buena 
armonía con loa pueblos ameri'canos, y 
aun casi regir con ellos los destinos, ayu- 
' dindolos V protegiéndolos en sus condi- 
ciones independientes? 

■ Los «rrorea de ía^Espafia son grandes, 
yo los deploro con la sinceridad de un 
militar honrado y patriota: pero si per- 
scTeraenaus ideas de conquistar, des- 
atsndiendo í loa gritos da la razón ex- 
presada por la prensa, insistiere en la 
guerra injusta que hace á la república 
dominicana, que tiemble ante los horri- 
bles remordimientos de la concieocia y 
los funestos resultados de sua estravios. 
Ea mucha mengua para esa nación el 
empe&o de querer emparejar sus armas 
con las de una repubUca inñ Hitamente 
Inferior en fuerias, olvidándose de loque 
fué ayer, de lo que debe aer hoy y de lo 
que le cuadraría ser maSana. 

•Hágalo no obstante, si quiere, y vuel- 
TB í la palestra, que en las pampas, en 
los bosques, en los desviaderos y en to- 
das partes nos hallará siempre, desple- 
¡fados en guerrillas, usando nuestra tác- 
tioa natural y cuando no decidiendo, al 
tuénos dilatando la lucha, hasta que sue- 
na la campana tremenda que ha de poner 
en Brmas toda la Ajnérica. 

•Dominicanos: mi programaos, que si 
la España se propone continuar la guer- 
ra, á la guerra debemos atenernos con 
todas gas tristes consecuencias; pero si 
quiere la paz de buena fé, si nos abriere 
las manos como ella sabe hacerlo, nos 
daremos un abrazo, haremos uii holo- 
causto, y ante la conveniencia de loa 

loipios, aoB unificaremos í la Anlé-' 




rica con una bandera blanca, símbolo de 
paz y de venturoso advenimiento. 

>To soy militar, pero un militar más ae- 
díento de gloria que de sangre, pero si 
peleo es por la patria, por su bienestar j 
por su independencia. A esto es k lo quo 
se limitan mis ambiciones y realizadas 
que ellas sean, no aspiraré í otra cosa 
que & buscar en el retiro privado, en el 
sosiego del hogar doméstico, la aatisfae- 
c!on de haber cumplido con mis deberes. 
Compatriotas civiles y militares, bajo la 
égida de la Constitución de las leyes, es- 
tá colocada mi autoridad y alü están 
también á cubierto vuestras garantías. 
Acompaüarme en este terreno, en él no 
Bota otra bandera que la dominicana, y 
no preponderan otros principios que loa 
de libertad é independencia. 

»Dado en Santiago de los Caballeros k 
los veinte y cinco dias del mes de Mano 
de 1868 año de veinte y dos de U iade- 
pendencia y dos de la restauración. > 

Manuel Rodrigues, conocido por el 
CfliYo, fué un personaje de dos aspectos. 
Considerado como hombre político muj 
poco puede decirse de él; pero si ae 1« 
busca en su carrera de criminal habría 
mucho que contar. 

Era el Chivo un mulata alto t feo, y 
de alma muy atravesada, era d§ las cer- 
canías de Santiago de loe Caballeros j 
contaría cuando la guerra unos cincuen- 
ta años. 

De muchacho era muy quimerista y 
cuando se peleaba con sus acompañeros, 
daba siempre su prímeralacometidaconla 
cabeza al pecho del contrario, de cuya 
costumbre le viene el apodo que ai te 
puso. 

En tiempo de la antigua república fué 
soldado, de cuya clase jamás salió por su 
crasa ignorancia y mata conducta. 

Nos aseguró un antiguo general del 

Sais que nos daba estas noticias, que 
onde quiera que había ima reunión y ae 
presentaba el Chivo, se acababa OOD un 
escándalo. 

Cuando se le veia entrar en las gallo- 
ras ó en los bailes, se marchaba de ellos 
la gente pacíflca. Por su desarreglada 
conducta, estuvo muchas veces preso en 
la torre de! Homenage de Santo Do- 
mingo. 

Cuando en Agosto de 1863 estalló la 
insurrección, se hizo partidario, reunió 
un puñado de bandidos como él 7 se lan- 
z^ilKgaerraporlas orillas délOzáma 



4 



mis que contra loa españolea, contra los 
que iadiferentes permaaeciaB tranquilos. 

Enterado el preeidente Pepillo Salcedo 
de los inicuos aestnaoes que cometia el 
Chivo, le hizo comparecer en el Cibao y 
le puso preso. Poleaco^ que no podía ig- 
norar BU deseo de venganza, le entrego 
al ex-preai'ieute, seguro de que sin man- 
dirselo le despactiaria. En efecto, apenas 
ile^ al cantón de Puerto- Plata el infor- 
tunado Pepillo, la carffó de cadenas y le 
dio á macttetazoa la muerte más cruel, 
snseñándole antes, la,sepu!tura en que 
habia de ser sepultado. 

Mis tarde supimos por varios de loa 
oficiales que estuvieron prisioneros en 
Santiago, que á los primeros diaa de su 
cautiverio se presentó el Chivo con va- 
rias carretas a !a puerta de la prisión, 
manifestando su resolución de fusilar á 
todos los españoles, llevar sus cuerpos en 



los carros y arrojarlos al rio por un n 
cipicio inmediato a la ciudad. Al c ~ 
se tan bárbaro pensamiento, aciidw 
varias personas i disuadir ¿ HodriglK 
demás satélites de tan horrible Idea jfí 
sacerdote ae presentó vestido d* a 
pelliz j estola, predicando cudn ñi 
seria para el país y para la caussi <)U63 
feudian, la consumacioa de un haohf 
salvaje. De nada ser vi an las exhorti 
nes que se le hacían, ni la maaífea' _^ 
de que loa españoles harían otro ta| 
con los prisioneros doniinicanos, y 
hacerle desistir de su infernal propí 
fué ascendido k general desde solu 
raso que era. 

Este monstruo (juo eu cualqui 
cion civilizada hubiese sido pasto del 
verdugo, en Santo Domingo " ' 

menos que general con mando. 



xvni. 

Lk TOMA DE PÜBRTO-CABALLO. 



» 



Se sabia oa Monte-Chrtsti que i cuatro 
horas de navegación hacia el n. E. habia 
un puerto marítimo, por el que los in- 
Burrectos hacían su comercio con las In- 
mediatas islas, y como el bloqueo de las 
costas nunca fué una verdad, porque de 
haberlo sido, la insurrección no habría 
podido sostenerse, toda vez que en el país 
no aabian ni aun elavorar pólvora, no se 
estraSará que por alli recibiesen los do- 
minicanos loa auxilios que necesitaban. 

Aquel punto, llamado Puerto-Caballo. 
ae sabia que no podría causar daño í 
nuestros soldados, que fácilmente as po- 
dían aiioderar de él. En su consecuencia, 
dispuso el capitán general mandar una 
«xpedicioa de unos setecientos ¿ ocho- 
eltntos hombres. 

Tenemos á la vista lacopía de una car- 
ta que un soldado escribió i su madre 
reflríéndolaen unchusco romance aquella 
función de armas, (l). La copiamos á 

(1) Carta de un soldado á su madre 



continuación, por lo bien que espUoL 
hecho; pero la ponemos en Forma dftii 
para no interrumpir la lectam. j 

En Puerto-Caballo, como en todasjj 
tes á donde sp. presentaron nue«tnNi^ 
dados antí! los enemigos, lea < ~~ 
aquello de llegar, ver y vencer; y miü 
veces llegaron y vencieron, ain W 
quien. Creemos que el romanclto i 
perfectamente ajustado al suceso qiljfl 

después de la acción de Puerto-OaU 

Mi queridísima madre. 
Quiero que sea esta carta. 
Quien pueda dar á mi nombre 
La más sempiterna fama. 

Haga V. que se reúnan 
Cuantos quieran escucharla, 

Y el fiel de fechos la lea 
Con su voz sonora y clara. 

También fuera conveniente 
Que el dómine la copiara 

Y comentara su texto, 
T á los ctücoB la asplicara. 



-181 



fiere, que bien puede llamárB^le histórico, 
y conste que habiendo sido remitido á un 

ÍWriódico de Cuba, para su inserción, no 
o permitió pasar el censor de imprenta. 

Pasaban dias, semanas j meses en 
Monte- Christi, sin oir un disparo del ene- 
migo y sin que nada se emprendiese con- 
tra él. Siempre se decia que se esperaban 
órdenes de España para emprender las 
operaciones y siempre los que no estaba - 
mos iniciados en las profundas combina- 
ciones, esperábamos con ansiedad los 
correos de la península con las tan an- 
heladas órdenes de avanzar al interior y 
acabar de una vez con una situación tan 
falsa como vergonzosa. 

£1 dia 6 de Octubre, fondeó en la rada 
f — 

Y si tuviera, usted influjo 
Para hacer que se insertara. 

Bn boletín de provincia 

Haríamos una pasada. 

vPues madre, aquí no quieren 
Que hablemos en conñanza 
Ni á los hijos, ni á los padres 
Ni a la imprenta charlatana. 

¡Yo que quisiera que el Orbe 
Quedara hecho un papanatas 
Al saber que Juan Soldado 
EstuTO en lá gran jornada! 

Hay cosas, querida madre. 
Muy Dueñas para contadas, 
Pero los pelos se herizan 
De cuando uno las pasaba. 

Voy á probar si por orden 
Las es(!enas se me amañan, 

Y si enebrar puedo el hilo 
De mi concluida hazaña. 

Empiezo por el principió: 
Un domingo de mañana. 
Reunióla compañía 
El sargento de semana. 

Nos miró imo por uno. 
Nos reparaba las caras, 

Y viéndonos todos feos 

De cara atroz y atroz calma. 

Dijo al fin: «Los diez valientes 
Que quieran morir, que salgan.» 

Y toaa la compañía 

Un paso dio al frente en masa. 
¡Aquello fué mucho cuento! 
El sargento dM<ramaba 
Lágrimas como garbanzos 

Y al fin gritó: €¡¡ Viva España!!» 
Eligiéronse diez hombres, 

Y yo uno de ellos, ¡caramba! 
Que tiene usted un hijo, madre, 
De pelo en pecho y de chapa. 



el vapor, Cuba procedente de San Tomág, 
trayendonos la noticiaf^el cambio minis- 
terial ocurrido en Madrid. Aunque no po- 
díamos olvidar ni desconocer que el espí- 
ritu de partido y las prevenciones perso- 
nales influyen desgraciadamente, en nues- 
tros dias, en los negocios que solo debie- 
ran mirarse por el prisma de los colores 
nacionales y aun conociendo todos los 
compromisos, de que habia hablad o el pre- 
sidente de Haiti, con que llegaban al po- 
der varios de nuestros hombres de esta- 
do, confiábamos que el cambio de gabi- 
nete importaría un cambio en el plan de 
campaña; pero nos engañamos una vez 
más. 



Setecientos escogidos 
Nos juntamos en la playa. 
La flor de los batallones 
Y de valientes la nata. 

¡Qué jefes y qué oficiales! 
Con aquella fuerza escasa, 
De Norte á Sur esta isla 
Pudiera ser paseada. 

Metiéronnos en tres barcos. 
Surcamos la mar salada. 
Oscura cruzó la noche. 
Llegó la aurora rosada. 

A los fulgores del dia 
Divisamos una playa. 
Que guarida de enemigos 
Había de ser conquistada. 

Era de Puerto-Caballo 
La recóndita ensenada; 
A tierra unos pocos fuimos 
Pisoteando las aguas. 

Ligeros cual reguiletes 
Alegres más que unas Pascuas, 
De frente á los enemigos 
Que despreció nuestra audacia. 

En esta vez cómo siempre, 
A nuestra voz de «á la carga» 
Los miserables pendejos • 

Nos volvieron las espaldas. 

Da coraje, madre mia. 
Batirse con tal canalla; 
Siempre huye, siempre se esconde 
En sus oscuras montañas. 

¡Ay! Si la tropa pudiera 
Hacer lo que le da gana, 
Nos íbamos á Santiago 
Antes de una semana. 



-lés- 



XIX. 

UN 60LPE DIPLOMÁTICO. 



^da de lina comluon para Haití. ^La, di^iuditd nacional fl disposiral 

negros.— Dajabon ae salv6. 



Cuando ee hizo público en el campa- 
mento de Monte-CbrlBtJ e) advenimiento 
de Polnnco, con todos los pormenores de 
Ib prisión de nuestro flamante amigo Pe- 

Eillo y la subida al podar de los que ha- 
iau llegado á nuestras tiendas pidiendo 
algunas garantías personales para depo- 
ner las armas, creímos ver un arranque 
de justa indignación en nuestro general 
en jefe, y ya suponiamoe que se levanta- 
rían tiendas j marchariamoa á Santiago 
li castigar tanta perfidia; pero otra vez 
m&s noa engaitamos. Lo que vimos, fué 
partir par» el Guarico uno de nuestros 
tiuc|ueB de guerra, Iterando á su bordo á 
trea personajes diplomáticos, con miste- 
riosas instrucciones que muy luego por 
su misma índole se hicieron públicas. 

Rran aquellos, el coronel de ingenieros 
D. Francisco Vanhalen, persona distin- 
guidísima, el teniente coronel Velasco y 
el subteniente MuKaa, de quienes ya he- 
mos halilado antes de ahora. 

Hay pensamientos que llegan 
j j¡j 



pasto c 



, y que i 



1 atmóafara 



T siete cascos que había 
Bntre botes y entre barcas 
En el puerto, a« aprehendieron 
Y aumentaron nuestra escuadra. 

Y quemamos los bohíos 
Que en España son barracas. 
T que aquí en Santo Domingo 
Hanen funciones de casas. 

Y más de trescientos f^dos 
De hoja de tabaco en rama 
Llevamos i nuestros buques. 
Cada cual cuanto gustaba. 

Y el enemigo k la vista 
Sin decirnos nada, ¡nada! 
^aya una gente de chispa 
Para defender su patria! 

Toraamoe 4 nuestros buques 



dentro de la que se vive y respira. ( 
do esto sucede, nadie osa poner diqj 
la opinión pública. 

Dajabon. era la palabra que i 
pronunciaba en la uiviaioa expedielM 
rlaUe Monte-Christl, y basta el último 
soldado se permitía disertar sobre la con- 
veniencia de tapar aquel paso de la (hHl> 
tera á los enemigos, que por él se sur- 
tían de cuanto habían menester. 

El coronel Vanbalen debía dejar en ti 
Guarico á sus compañeros de viaje j sc' 
guirle k Puerto- Príncipe, capital de la 
república de Haití. 

Sonrojo y pena nos cuesta el eonalgnaf 
el objeto y éxito de esta comisión en 
aquellas circunstancias. 

Velasco y Muías quedaban en el Gua- 
rico, para adquirir noticias de lo j^ue pa- 
saba entre los enemigos,porinedÍDde loa 
dominicanos alli emigrados. Vanhalea 
iba con la comisión, de pedir al presidenta 
haitiano, que hiciera la caridad de permi- 
tir á los españoles que desembarcuea^ 
una expedición por el Guarico. y porta 



Y la gente ya embarcada. 
Se animaron los pendejos 
Prorrumpiendo en alharacas. 

Tiraron tiros á un buque. 

Y una perdida bala 

Di6 en la frente á un oficial. 
Que fué nuestra única baja. 

Tornamos á Monte ChrísU 
Con nuestra gloriosa fagaa, 
Coronados de tabaco, 
Prontos para otra zambra. 

Madre; si croe que me alabo 
Más que la modestia manda, 
No sea boba, que en el día. 
Asi ee adquiere la fama. 

J.M. 



riterío uni^, llegar hasttil b frontarado- 
inl]iicui& j tomar el punto de Dajaboü 
por sorpresa, sin que coatara sangre. 

El plan no era malo, pero distaba mu- 
cho de Ber honroso. 

Gl Sr. Geflrard, ai>esar de loa pesares 
que le costa ia terminante negativa de 
tan inaigni fie ante favor, no pudo conce- 
derle, y eso que debia estarnos agradeci- 
do por el cúmulo de insultos que le han 
dirigido en todo tiempo ¡os periódicos es- 
pañoles, atribuyendo á aus manejos !a 
insurrección dominicana (I). 

Si el mulato &effranl no consintió el 

EBSO por su territorio, no por eso dejó de 
aceróos un servicio, pues dio ud conse- 
jo á nuestro enviado, diciéndole que no 
debíamos molestarnos en projectar nada, 
toda vez que habia cambiado el ministe- 
ao de Madrid j que el que acababa de 
fBtituirae, presidido por Narvaez, es- 
Bcompuesto en parte de personas que 



habían «acrito artículos jr pronunciado 
discursos, demostrando la inconveniencia 
de conservar i Santo Domingo, j que 
según sus noticias estaba resuelto el 
abandono, quedándonos con ¡a capital 
Samaná j Puerto- Plata. 

Cuando Vanlialen regresó á Monte- 
Christi, dio estas noticias, que bien pron- 
to fueron confirmadas por el corteo d6 
Europa. 

Dajabon se salvó, no obstante distar 
solo cuatro horas de nuestro campo j k 

Sssar de la opinión de ios conocedores 
si país, que aosteoian, que solo dos- 
cientos infantes españoles, eran suficien- 
tes para apoderarse de aquel interesante 
punto. 

El ejército, al oonooertodas estas noti- 
cias, se llenó de justa indignación, y dio 
una prueba más de su sufrimiento y dis- 
ciplina. 



XX. 

LA PÉBDIDA DE ÜN CONVOY. 



I lógico que hagamos justicia j con- 

'moa la razón á los que sostienen que 

'Cito español en Santo Domingo, co- 

6 faltas graves, desatendiendo todas 

iglfts militares. 

Estas negociaciones fueron tan 
) reservadas, que en el campamento 
sabían todos los soldados. 
* Veamos lo que acerca de este particu- 
lar dijo un senador español: 

«Yo desearla saber también del gobier- 
no de S. M. si tiene conocimiento de un 
tratado que se dice celebrado por Gef- 
frard, presidente de Haiti, con el gobier- 
no de U. Lincoln, presidente de los Esta- 
dos-Unidos. Ssdice, que se ha conveni- 
do en establecer el corso j otras medidas 
que podrán ser de gran daño para Espa- 
ña. Desearía asimismo saber si as cierto 
que Gefftard ha sido intermediario ó le 
na sido encargad^ alguna misión nuestra 
cerca de los sublevados. Y digo esto, 
- porque Geflrard, que es un hombre de in- 
I '{aU¿«acia no vulgar j que en esta guer- 



Ri sistema de guerra iniciado por el 
general Santana. y seguido después por 
loa mismos que le censuraron, aquello de 
ir dejando montüiicitos desoldados por 
todas partes hasta en los puntos m&s in- 

ra Huestra se ha manejado con suma ha- 
bilidad j no ha dado motivo grave de 
queja, ni leve, que yo sepa, al gobierno, 
es necesaria y precisamente nuestro ene- 
migo alU. Ge'ffrard hizo una protesta gra- 
ve cuando se veríQcó la anexión, y tiene 
interés euque nosotros salgamos de allí 
naturalmente para hacer lo aue Boyer, 
para hacer una nacionalidao negra ín 
medio de attuelloB mares. GefFi'ard se ha 
manejado con gran tacto, pero tiene es*~ 
tos intereses. ¿Cómo, pues, el gobierno 
ignora este tratado? ¿Cómo el gobierno ni 
ninguna autoridad dependiente del go- 
bierno, se ha pedido valer de GMOTaid 
pura negociar con los rebeldes? Eso para 
mi. ademáa de lo inconveniente, seria 
una coaa que nos rebajaría y nos deshon- 
raría áloe ojos de todo el mundo,' 



4 
4 



- 184 - 



transitables, fué funesto y no tan fatal 
como debió sernos. 

La división que el marqués de las Car- 
reras sacó de Santo Domingo para ir al 
Cibao, y que después, conviniendo áñnes 
particulares, quedó muchos meses acan- 
tonada en Guanuma, fraccionándose con 
los destacamentos de la Bomba Sangui- 
no y la barca de Santa Cruz , tenia que 
recibir de la capital todas sus subsisten- 
cias, para lo cual hubo necesidad desde 
luego de establecer un costoso servicio 
de convoyes. 

Salia periódicamente del rio de la ca- 
pital el vaporcito Majestad cargado de vi- 
veres, y contra la corriente del Ozama 
navegaba dos leguas próximamente hasta 
penetrar en el Isabela, del que recorrió 
una legua que habia al punto llamado 
barca de Santa Cruz. El destacamento 
alli establecido, se componía comunmente 
de dos compañías, y se hacia cargo de la 
remesa de víveres que hacia el buque. 
Allí quedaban ijrimero á la intemperie, y 
más tarde debajo de un cobertizo que se 
construyó al efecto, y desde aquel punto 
á Guanuma, distante poco más de cinco 
leguas al interior, se acarreaban por me- 
dio de convoyes de acémilas. 

Cuando haya que demostrar la inepti- 
tud del enemigo que combatíamos, bas- 
tará Ajarse en la torpeza con que atacaba 
los convoyes. Con muy poca habilidad y 
con escasa exposición, el terreno le brin- 
daba los medios de hacernos mucho da- 
ño, y seguramente con más valor y me- 
jor dirigido nos hubiera obligado á variar 
nuestro sistema de comunicaciones. 

Las orillas de los rios Ozama é Isabela 
están cubiertas de espeso follaje y por al- 
gunos puntos se estrechan . tauto, que el 
pequeño vapor iba con su chimenea j pa- 
los, tocando las cntretegidas ramas de 
una y otra banda. 

Si los contrarios hubiesen idearlo cor- 
tar el paso del* buque, ya con una esta- 
cada ó con una cuerda o cadena, un pu- 
ñado de hombres valientes y resueltos, 
hubieran podido incendiarlo,'pues su de- 
fensa estaba tan so'o encomendado á 
veinte soldados y ditz tripulantes. 

El dia 18 de Euoro d.^ 1861, se embos- 
caron los insurrectos en un punto de los 
de mas difícil paso para el vapor, pero le 
atacaron. con tan poco tino, que solo con- 
siguieron hacer algunas bajas en sus de- 
fensores á trueque do muchas más que 
Hufrieron, sin que este hecho impidiese 



que desempeñara comoeiempre «a eemi- 
sion. 

Desde Santa Cruz & Guanuma sallan 
cada tres días al amanecer, los convoyes 
de acémilas, que nunca bajaban de se- 
senta, cuya custodia estaba á cargo de 
un capitán con ochenta ó cien honcubreB. 
Se sabia de una manera positiva, que 
cuando la conducción llegaba á las cer- 
canías del rio Yuca, atacaba el enemigo, 
á favor de las dificultades que oponían 
los barrizales, el vado y las tortuosidades 
de aquel peligroso paso y sin embargo 
siempre se llegó á la misma hora, sin ^ue 
nadie ordenase cambiar la desaUda, para 
desorientar al enemigo que afortunada- 
mente nunca supo reunirse en suficiente 
número, para copar una expedición. 

Las primeras instrucciones que el mi- 
nisterio Narvaez mandó al capitán gene- 
ralde Santo Domingo, fueron de que na- 
da lormal se intentara contra los enená- 
gos; pero al siguiente correo se ordenaba 
que las fuerzas españolas se reconcentra- 
sen en.tres puntos deljlitoral, Puerto-Pla- 
ta, Samanáy lacapital, hasta que reunidas 
las Cortes que se habían convocado para 
el 22 de Diciembre, decretasen lo más 
conveniente á los intereses nacionales. 

Por esta disposición debían ser evacua- 
dos los puntos de Azua, Baní, San Anto- 
nio de Guerra, Los Llanos, el Seybo, Ha- 
to-Mayor y Monte-Christi; pero un suce- 
so inesperado vino á oponerse á su cum- 
plimiento. 

Las tropas establecidas en el Seybo re- 
cibían sus víveres y socorros de todas es- 
pecies de la capital. Apenas se salia de 
esta, se pasaba el rio y se dejaba atrás 
el pueblo de Pajarito para ir á Guerra, se 
tomaba un camino bastante ancho y có- 
modo que atravesaba un inmenso bosque 
que en el país llaman Montegrande. A Iz- 
quierda y derecha de él habia unos altos 
paredones, formados por árboles seculareí 
que recorrían imas cuantas leguas y que 
estaban rodeados de maleza, bejucos y 
otras mil enredaderas. Alli aguardaban 
siempre emboscados los del país, el paso 
de los convoyes á los que traidoramente 
hacían muchas baj«is. Victimado una de 
estas celadas, fué el bravo coronel Soa* 
rcz, que murió de un tiro escapado del 
bosque, el mismo dia en que habia alcan- 
zado un señalado tríunfi sobre el enemi- 
go €n campo más despejado. A pesar de 
ser aquel terreno tan propicio á la clase 
de guerra que se nos hacia, constante- 



— 185 - 



mente era atravesado por pequeñas frac- 
ciones de tropa, que llegaban al término 
de su marcha, venciendo cuantos obstá- 
culos se les oponían. Estos resultados, 
que siempre nos causaban sensibles pér- 
didas, hicieron creer de buena fé que cien 
españoles podian cruzar cualquier cami- 
no porm<ilo que fuese. 
- Los dominicanos repitieron quizás lo 
que Francisco I de Francia dijo á nues- 
tro rey Carlos I, su eterno rival: ttanto 
me batirás que me enseñarás á batirte.» 
Aquellas herda s indisciplinadas que siem- 
pre eran derrotadas, que siempre huye- 
ron y que nada formal hablan osado in- 
tentar, animadas sin duda perlas noti- 
cias favorables que leian en los periódi- 
cos madrileños, al verse en ellos retrata- 
dos con los más lisongeros colores, pen- 
saron con la misma vanidad que aquella 
lagartija que hizo célebre Iriarte, cuando 
hnyenao de las garras de un naturalista, 
decía & sus compañeras: 

«Mucho valemos 
por más qué digan.» 
Por una parte el quietismo de las tro- 

Sas, por otra la ya generalizada noticia 
e que España estaba resuelta completa- 
mente al abandono de la isla, si bien con- 
servando por lo pronto tres puntos del 
litoral y el movimiento de retroceso y re- 
concentriacion que se efectuaba en elSey- 
bo, fueron causas que contribuyeron á 
animar el abatido espíritu de los" insur- 
rectos y á hacerles variar de sistema, 
adoptando el que su ignorancia no les 
había permitido adoptar. Por nuestra 
parte, ignorando su nueva determina- 
ción,. íes creíamos pertinaces en su torpe- 
za, y fuimos los verdaderamente torpes 
dejándonos prenderen sus groseras redes. 

El día 12 de Noviembre salió de Santo 
Domingo un convoy, de los que periódi- 
camente conducían víveres al Seybo. Lo 
componía gran número de acémilas y de 
carros, en Tos que á mas de las provisio- 
nes iban 14.000 duros. Escaltábale una 
fuerza de 200 hombres del tercer bata- 
llón provisional, al mando del capitán 
Champaner, oficial acreditado de valor 
en nuestra campaña de África. Sin no- 
vedad aíguna cruzó el cerrado monte de 
Pomarrosa á la Moharra y llegó á San 
Antonio de Guerra, donde pernoctó. A 
la mañana siguiente continuó su marcha 
á Los Llanos á donde rindió lá segunda 
jomada sin dificultad alguna. 

Al tercer día y á poco de salir del pue- I 



blo penetró ia caravana por un oscuro y 
montuoso camino. Al poco rato de en- 
contrarse en él, el enemigo rompió el fue- 
go sobre nuestra gente que contestó con 
denuedo ; pero los sublevados habían 
elegido el sitio, habían contado el núme- 
ro dé nuestros soldados quizás en las 
mismas calles de la capital, sabían fija- 
mente la hora en que habían de caer en 
el lazo y todo lo tenían dispuesto para 
sacrificarlos á sangre fría. El fuego era 
cada vez más intenso; nuestra gente no 
podía avanzar y empezaba á carecer de 
cartuchos. Pronto se agotaron todas las 
municiones y entonces se presentó el 
enemigo con sus alaridos salvajes, ebrio 
por su inesperado triunfo y en número 
que nos han asegurado pasaba de 2.000. 

Dos horas duró el combate en aquel 
estrecho y oscuro callejón, cerrado por 
vanguardia con parapetos bien defendi- 
dos, y por los flancos por impenetrable 
bosque, cubierto cual la retaguardia de 
numerosas fuerzas rebeldes. Inútiles fue- 
ron los esfuerzos del capitán Champaner 
que con su ejemplo animaba á los suyos, 
pues concluidas las municiones y no en- 
contrando medio alguno de de&nsa, se 
retiró con los pocos soldados que le que- 
daban en dirección á Los Llanos, toman- 
do una pequeña senda que el enemigo 
había abandonado por acudir á repartirse 
botín. 

Este acontecimiento^ que en cualquiera 
otra guerra no hubiera tenido más im- 
portancia que la que ensí representaba el 
valor de las pérdidas sufridas , tenía en 
Santo Domingo una muy trascendental. 
Significaba, cuando menos, que aquellos 
contrarios, que tan torpes nos parecían, 
empezaban á pensar, y que repetirian pro- 
bablemente aquel .ensayo de reunir sus 
fuerzas para un golpe de mano, en vista 
del brillante resultado obtenido. A nos- 
otros nos aconsejaba que debíamos apro- 
vechar la lección y tratar desde entonces 
con menos desprecio á nuestro enemigo. 

Pocos días después de este suceso, se 
supo casualmente en Monte- Christí, de 
5[ue en Puerto- Caballo se hallaban ali- 
jando algunos buques pequeños, de los 
que burlando el bloqueo de nuestra es- 
cuadra, surtian á los insurrectos d ) lo 
o ue necesitaban. En su consecuencia, or- 
deríó el capitán general, el día 8 de Di- 
ciembre, víspera de su salida para Santo 
Domingo, que la goleta de hélice de S.M. 
lamada Ándaluaz fuese á dicho punto, 

24 



con objeto de eeralorarae de lo que hubie- 
ra de cierto, dem^io iostrucdones & su 
•O mandante el Sr. Lobaton para que 
obrase scgun el caso. 

ICn la tarde del día 10. regresó la. An- 
daluxa trayendo á remolque dos goletas 
devala que habla apresado en Puerto- 
Caballo. Venia la una cargada de tabaco 
y caoba y la otra en lastre. Ambas hablan 
alijado y» au cargamento de efectos de 
guerra. 

Por el Sr. Lobaton supimos, que en la 
bahía halló bastantes enemigos, que Ues- 
d* loa boaqut>s que la rodean, bicierou 



mucho fuego de fasileríB para Impedirla 

apreaaion; pero que la intrepldei de la 
marinería fuá superior i todo encomio, 
pues en un pequeño bote y despreciando 
el fuego de tierra, se dlrigiertm k loa bu- 
ques fondeados dispuestos al aburdage, 
pero i su aproximación se lanzaron 4I 
agua sus tripulantes, ganando i nada UM 
próximas orillas, no obstante el gran Bti- 
mero de tiburones que por allí pululu. 
Este glorioso hecho de nuestra 01""" 
dra, costó aiete bajas i la mariner 
la Andaluza. 



UN*. BIKN URDIDA CELADA. 



Bngaoo.— La columna en Neyba.— Situación extraña del jafis.- 
con voy,— Salvación del rosto de la columna. 



» 
» 



Los inaiirrectos dul Sur, escitados por 
la codicia j asombrados por el éxito .^ 
botín conseguido con el ataque A un con- 
voy en el Seybo el 14 de Noviembre, se 
pusieron á discurrir la manera de hacer 
algo de provecho; pero no hallaron fácil 
flolncion á au problema porque Azua y 
Bani. recibían por mar sus provisiones 
y no tenían el padraato de los convoyes. 

Eso de atacar formalmente un piinto 
ocupado por las tropas españolas, no en- 
tró jamÍLS en el cálculo do los domini- 

Era necesario agotar su ingenio e idear 
usa estratagema con que hacemos caer 
en una emboscada, cuestión fácil A su 
árMria^ í nuestra credatidad, 

A principios de Diciembre recibió el 
g«neral Pueyo aviso de que los habitan- 
tes de Neyba, querían entregarse al go- 
bierno español y por toda contestaclou se 
mandó una columuito desde Azua, para 
que recibiese en sus brazos á aquellos 
htjoa pródigOM, que tornaban arrepenti- 
dos á la casa patornu. 

Ya hemos visto como Neyba había sl- 
dt tuertada y uljaudunada por nuestras 
fuerzas, pero las lecciones que daba el 
tiempo eran poco aproyechadas en aque- 
lla campaña- 
Llegaron auentros soldados á dicho 



punto sin tropiezo, alguno pero I* « 
trarou desierto. El jefe, con arreglo álu 
inatrucciones que habla recibido, esporA 
allí; pero como no llevaba raciones «ino 

Eara cinco dias, mando á Azua sesenta 
ombres en busca de provisiones. El ge- 
neral Pueyo entonces hiao salir un 00a- 
voy de trece acémilas cargadas de viva- 
res y escoltadas por 150 hombrea, al 
mando de un capitán. 

El general faccioso Cabral, autor da 
toda la trama, acechaba la ocasión, y 
con uu número de insurrectos que no bi^ 
jaba de 500, cayó sobre el convoy en-un 
paso montuoso y difícil, llamado el Qm- 
ironal. En vano gastó la tropa sus elsoo 
paquetes de cartuchos y se batió con todo 
el valor que da la desesperación, puea ti 
cabo tuvo que sucumbir al número, ala 
posición y al cansancio, dejando en el 
campo, entre muertos y prisioneros, do> 
capitanes, dos subalternos y sesenta ta* 
dividiiDB do tropa pertenecientes al pri- 
mer batallón provisional, con siete odM 
délas reservas, cayendo también en po- 
der del enemigo las provisiones eonlM 
acémilas. El resto de la fuerza que la> 
escoltaba se dispersó, tomando el cami- 
no de AzuB, en donde causó mucha Im- 
preaion la noticia. 
I.a gente que estaba en Keyb« ( 



I 



rftndo al coDVOj, tuvo milagroaamente 
Bviso de lo ocurrido en el Cambronal y 
de los provectos de[Cabral. que la espera- 
ba nueviimente emboscado eo el mismo 
punto para atacarla á su regreso k Ama. 
KutoncL's sa jefe, ain perder momento, 
tuvo la buena ocurrencia da emprender 
ana maicbs 6 fuga, si asi quiere llamar • 




ee, por la frontera de Haití, tomando un 
camino que dejaba el üambronal — '-'^- 

una legua al flanco derecho y eat. . 

miento rápido y oculto, por la oscuridad 
de la nocne. salvó al resto delá colunini- 
ta que habia ¡do á recibir en bus bracos i 
loa arrepentidos hennanos de Neyba. 



XXI. 



POL&NCO SOBBB HONTE-CBSISTI. 



Kmol&sion de los insurrectos.— Noticias de u 
te.— Singular acción de guerra. 



i p re stntado.— Antes d«l comba- 



Ya habían conseguido los insurrectos 
dos triunfos sobre nuestras fuerzas, por 
efecto de su nuevo sistema de reunirse 
en consideraliie número para caer de im- 
proviso, sobre las débiles escoltas de loa 
couToyes, que constantemente tenían 
que atravesar el pais. 

Anton^Luperon j Mansueta en el Sej- 
bo y Cabral por el Sur, ae habían hecho 
notables entre los suyos y el presidente 
Polanco vigilaba hasta donde podría lle- 
garla ambición de aquellos cubecillaay 
cual seria el premio que pedirían al país 
en pago de sus conquistados laureles. 

No diremos ai fué la noble emulación ó 
la envidia la que inspiró al presidente 
una empresa aigna de su pobre caletre, J 
con la que pensaba eclipsar las hazañas 
de sus generales. 

Hacia ya más de dos meses que está- 
bamos en Monte- Chris ti sin saber nada 
de cuanto ocurría por el interior, cuando 
en la mañana del 24 de Diciembre se nos 
presentó unprisioncro que consiguió fu- 
farse. Babia sido soldado del regimienta 
de la Corona, y quedó en poder Se los ¡n- 
earrectos desde el momento de estallar 
la revolución. BeHrió, que cansado de 
andar de cárcel en cárcel, viendo su vida 
con mucha frecuencia amenazada, y la 
imposibilidad de poderse fugar, determi- 
nó tomar las armas, con el fin de pre- 
sentársenos en la primera coyuntura, 
como lo efectuaba. 

Nosdúj noticias del interior, y sobre 
tadis uaa muy j^portante. 



Polanco, el generaliaimo. el Presidente 
de la república, nos baria muy pronto el 
honor de venir en persona sobre Monte- 
Ghristi y uüadió, de que había jurado 
públicamente en Santiago de loa Caba- 
lleros, que no volvería sino después de 
habernos arrojado de nuestras posiciones. 

Traería, según el presentado, unos mil 
hombres, á los que se unirían otros sete- 
cientos que hallaría^ á su paso por Gua- 
yubiny el Duro, que era un cantón in- 
termedio, fuerza que había juzgado más 
que suficiente para el mejor éxito de su 
empresa. 

Todo esto nos pareció un cuanto ab- 
surdo é increíble, y por lo qu» toca á 
nosotros, debemos confesar que lo toma- 
mos por una de esas novelas que en su 
tosca imaglnac'on fraguan casi todos los 
presentadus. para causar efecto y asegu- 
rar con la primera impresión de sus pa- 
labras, una acogida favorable. 

Pero nos engañanioi. Polanco vino y le 
tubimos en medio del combate á tiro de 
pistola. 

En la mañana del 28 de Diciembre, al 

Eraeticarse el diario servicio de descu- 
iertas, se vio vagar en varios sentidos, 
por las cercanidE de Monte-Ohristí, á un 
gran número de contrarios, y entre ellos 
muchos ginetes, lo que era una verdade- 
ra noveda^d. I,a historia del presentado 
subió rápídaminte de valor. 

Los dominicanas se acercaban, no como 
gente que va decidida á dar un ataque 
brusco, ai tampoco como un ejército re- 




— IM- 



gularque iTsnza sobre un& plaza, de- 
jtodose ver sobre fa carretera, como uaa 
gigantesca aerpieiiti) y levantando hseta 
c) cielo una iumenaa polvareda qne sirve 
de aviso a sus uuenazados contrarios. 
No; ellos eran aaaz guardailores de stj3 
Tidas y siempre demostraron perfecta- 
mente al instinto de conservación, 

üejéronae ver primero por cEtre loa 
claros de los árboles algunos ginet es, ha- 
cia la parte del camino de Santiago, y 
después aparecieron por aquellos campos 

Í bosques que permanecieron á respéta- 
le diatancia d« nuestros cañonea. 

No creemos que esta mceion merezca la 
pena de que hagamos de ella una minu- 
ciosa relación, pero en obsequio a! nota- 
ble personaje <jue representó el principal 
papel, le dedicaremos algunos párrafos. 

Kl cañón del fuerte de Han Pedro, cen- 
tinela avanzado de nuestro campo, dis- 
paró cuatro veces sobre los grupos ene- 
migos, y la división se aprontó & salir. 

üe formarou dos brigadas, de las cua- 
les la una tomó por la izquierda poMoio- 
oes en las lagunas, y la otra se dirigió 

fior el camino de Santinge. Cuando esta 
legó á una alturita que domina una lar- 
ga Mttenaion de terreno, se pudo ver cla- 
ramente sobre un cerro pelado, distante 
como dos kilómetros, á un gruBO enemi- 
go, del que se destacaban á toao correr y 
en variis direcciones diversos ginctes. 

Visto que los insurrectos no se movían, 
ni hacian demostración alguna de com- 
bate, se avanzó sobre su posición, que 
abandonó á nuestras tropas sin resis- 
tencia. 

A Sa izquierda del camino y á poco máa 
de oleu metros, babia un cerro, en el que 
se colocaron en batería seis piezas de 
montaña. 

Allí estuvimo» algunos minutos obser- 
vando el enemigo, y pronto descubrimos 
BU Intento. 

Eu un monte espeso que tenjamos i la 
TÍsta y hAcía donde el camino se estrecha 
y la manigua era impenetrable , había 
ocultado la parte principal de su gente, 
déla que nos presentaba pequeños gru- 
pos para atraernos k eu emboscada. 

Nuestra impasible j serena actitud 
desconcertó los planes del presidente, 
contaba con e! habitual ardor traste- 
o T no pndia esperar que por primera 
vax refrenáramos el corage y dejáramos 
de perseguir i los contrarioa hasta per- 
derloa de viata. 



s:; 



PoIancD entecces. sbc6 de la «apeí 
un grupo como de 800 h íOO hombrea 
infantería y caballería, y los presenU _ 
nuestra vista, haciéndoles hacer altoi 
mil y quinientos metros pró>dmameDtvT 
ordenándoles que prorumpleran en Ai* 
habituales alaridos y gritos salvajes, t* . 
la esperan^^a quizás de que nos lanzarift- 
mos sobre aquel cebo; pero no había con- 
tado con la huéspeda. £1 general Izquier* 
do mandaba alh en jefe, y á su valor j 
serenidad reunía la principal condlcioD 
que era, la de un es acto conocimiento da 
los planes del contrario. Había situado su 
división ea posiciones tales y comunica- 
do sus órdenes con tal precisión, que vi 
el enemigo se hubiese crecido un pocu 
y hubiese avanzado, hubiera sido inde- 
fectiblemente destrozado. 

Nuestra artíUeria rompió su cei 
fuego sobre la masa de insurrectos 
se había adelantado, y les lanzó m 
pilcadas granadas. Su efecto debió 
aterrador, pues se esparramaron huyi 
do en todas direcciones como una banda- 
da de gorriones S quienes un muchacbo 
arroja piedras. 

Entonces se les oyó tocar pitos y tam- 
bores para rehacerse; pero les fué impo- 
sible pues donde quiera se descubiís al- 
gún grupo de ellos, era disuelto por nues- 
tros gruesos proyectiles. 

Desesperado Polanco al ver fracasar el 
eran plan que habia traído confecciona- 
do desde su capital, no le pareció decen* 
te, á fuer de hombre de valor salvafo, d 
acabar la jornada sin dar una proíb»'^"" 
su arrojo. Al efecto, se puso á 1» e " 
de un grupo de cuarenta y tantos 
tes y ciego de cólera se lanzó sobre l 
tra posición llegando hasta tresclcal. 
cuatro cientos metros de la extrank 
recha de nuestra línea. Allí liablK ov 
compaSias del batallón úe EaptüA 
permitieron acercar á los quietes, ! 
tener asegurada su descarga que Ii 
loj volver grunsa con rapidea, octtsii 
dolé bajas en hombres y caballos. 

Mientras tanto la artilleri* se gnli^] 
gando con tal acierto, que obligó al f" 
migo á retirarse de cuantas poüeJí 
ibu tomando. 

Se puede deíir que la carga (iiQi| 
por el presidente fué el Bn de fiesta; ~ 
desde aquel momento se les t16 di 
árr la retirada. 

El general Izquierdo, conrenddif 
que el perseguir al enemigo kIo sos 



irtsn^H 

M 



- 18t — 



dría proporcionar la ventaja de hacerle 
algunos muertos y heridos, á truej^ue de 
pérdidas por nuesira parte, que siempre 
eran sensioles, ordenó el regreso al cam- 
pamento media hora después da haber 
perdido de vista á los diseminados gru- 
pos de los soldados de Polanco. 



La circunstancia de na haber sufrido, 
por nuestra parte baja alguna, unida á lo 
cacareada que había sido la acción, fué 
causa de que se la conociera en el cam- 
Píimento por la inocentada por ser el 28 
dia de inocentes. 



XXII. 



EL CANJE UE PRISIONEROS. 



La vida del prisionero.— Negociaciones para el canje.— El cambio del gobierno 
republicano. — Parlamento en Puerto-Plata.— Los intereses encontrados.— 
Festejos en Santo Domingo á los rescatados. — G-estio.nes á favor de los que 
seguían cautivos.— Desavenencias de los gobiernos y el rompimiento. 



Cuando la opinión pública acusaba á 
los generales de la reina de hacer la guer- 
ra con excesiva lentitud y dulzura, se 
disculpaban con el temor de que los in- 
surrectos cometiesen algún acto bárbaro 
con los prisioneros españoles. ¡Triste dis- 
culpa en verdad! 

La vida del prisionero en el interior de 
lalsla de Santo Domingo nos la rene re 
uno de ellos el señor teniente coronel don 
José Yelasco en el informe que presentó 
al capitán general con fecha 1.° de Octu- 
bre 1864. 

De aquel documento que senos facilitó 
tomamos los párrafos siguientes: 

«Los sufrimientos de los prisioneros 
han sido insoportables, con algunos bre 
ves intervalos menos penosos. Descalzos 
j llenos por ello de niguas y úlceras gan- 
grenosas, desnudos , mal alimentados y 
agobiados del traba io de las trincheras y 
la limpieza de la población, pasan al hos- 
pital^cuando ya es visible la gravedad del 
mal en la generalidad de los casos , sin 
encontrar en este establecimiento medi- 
cinas, camas, abrigo, alimento, espacio 
ni aire siquiera que respirar: admirable 
es en verdad que no hayan perecido to- 
dos; pero si la proporción de los falleci- 
dos se toma solo por lo^ que han perma- 
necido en el hospital ó en la prisión, de- 
duciendo los rebajados en casas particu- 
lares y en el campo, que rara vez enfer- 
man, se hallará DPíen excesiva para no 
haber tenido lugar, prodigiosamente por 



cierto, el desarrollo de enfermedad algu- 
na contagiosa. 

»La conservación de nuestros prisione- 
ros se debe al carácter hospitalario aun- 
que feroz del pueblo dominicano, y prin- 
cipalmente á la generosa decisión de nues- 
tros partidarios, que ya eludiendo, ya ar- 
rostrando la persecución y el mal trato 
hacen llegar á ellos provisiones y otros 
auxilios. 

»Las mujeres han tomado en esto una 
gran parte, siendo varias las que han he- 
cho sacrificios de consideración. 

»Muchos nombres y hechos podria ci 
tar á V. E. en este concepto y en el de 
trabajo por la restauración, si no temie- 
se abusar de la bondad de V. E. alargan- 
do demasiado este escrito; por lo que si 
V. E. lo tiene á bien, lo haré en relacio- 
nes separadas. 

»Los prisioneros han tenido siempre, 
no obstante, el mismo haber que los sol- 
dados del país, y más aun los del hospi- 
tal, pero como la dificultad está cada dia 
más en el papel-moneda, por el cual nadie 
quisiera vender sino lo que se le es a per- 
diendo, y el prisionero no tiene ' cx)mo el 
propio hijo del país, la facilidad de vivir 
solo con plátanos traer provisión de su 
casa ó cambiar sus objetos por otros que 
le hagan falta, solo puede esperar su sus- 
tento de la caridad. No ha sido esto todo 
lo que nuestros soldados prisioneros han 
tenido que sufrir; desde que pasó el mes 
de Febrero, sin que nuestra» tropas hu- 



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*ií so.< :ir::'.:5s _v av.>.o'a::ío per inomentos 
rt\íi:;*.ajio:; Iss trvi\s>. ;vrv|u^ estiman 
ini'í o^r.o U\ -orx^p :* ói:sr;":;o:a la honra de 
su i^itviA > 

M.ontrHs Ojoe las Cortos discutían el 
l>r\\vooto do abandono de ía isla, el coro- 
iioin. Krnnoisoo Vanhalen trabajaba ac- 
tivnniouto. sosjuu instrucciones del capi- 
liiHíjriMUTal, para que se efectuase un 
cfifif^e do prisioneros. Va iban adelantán- 
doNií HUH negociaciones, cuando sucedió 
v.iiírv. io.s insujrcctos la deposición de Po- 
l.inco. Aquolla novedad pedia tener in- 
/liiejicia en la suerte de nuestros cauti- 
vo», y nadie dudaba que seria para ellos 
favorable, porque cesaba el terrorismo y 
entraba Pimentel que representaba la 
idea de la templanza. Algunos neriódicos 
de la isla de Cuba j de otras islas inme- 



lá- ?<arieronel cambio politice do- 
zsiz: .-rizo kh exagerados colores, recar- 
r^j: : r-a iltnrar de la anarquía en que 
¿-Í _ -laz.-LZ. los insurrectos; hó aqui como 
1:1 ^'^''- ^^xpresabaen aquellos diai*: 
.i f^;-. V d! enterado del alzamiento 
Ir rrir-: IfiTinez contra Polanco; en 
-r-r:. SUrnziez. iiacendado de Sosua, al 
r^ziT-í ie ¿O»:- hombrea de su jurisdic- 
r.::z, :jif nezáo vengar la muerte de Sal- 
í-id:. iáesiiiado por la gente de Polanco 
3»:r : i-fríT hacer las paces con el gene- 
tL ióziari en Monte-Christi, dio el gri- 
:: i-i ic^rra-revolncion en Sosua. Con 
Í.L? lili".:* nareiió sobre Santiago, v se 
iz«:»i=j-; irl ir: cierno ; avanzó sobre Gua- 
7Ísizes. 7 *i este punto derrotó á Po- 
-LZ'j : . al : ie suponen huido por Guáni- 
:i, r ie":l:' ie la Sierra.» 

rinrirü ¿ice el Boletín del 3: 

«iLjfr íitrjla goleta de guerra, Sire- 
iz. rrioe-iente de Puerto-Plata y Monte- 
rir-sT:. De uno y otro punto escriben 
: -f 1:« Insurrectos están en completa re- 
-^jlirlrs. 7 que la mayor parte, si no to- 
i : ? . r :de:i' la paz : partidas numerosas de 
.lime res. mujeres y niños se presentaban 
& =..iesrros campamentos pidiendo que 
jcner. 7 por cierto que no eran desaten- 
iiios sus ruegos, por que mil veces lo 
hezios repetido, el soldado español es tan 
valiente en el campo de batalla al frente 
ce su enemigo, de su patria y de su rei- 
na, como humano y caritativo con el dé- 
bil ó el rendido.» 

Otros, después de dar noticias que el 
tiempo justificó de poco exactas y des- 
pués de hacer exagerados comentarios 
sobre la completa descomposición á que 
hablan llegado á parar los sublevados, 
daban la siguiente noticia, por supuesto 
incierta: «Dícese también que Rojas ha 
•fusilado á Polanco, y que se han puesto 
»en libertad los prisioneros españoles qae 
» estaban en Santiago, dándoles armas, 
»para que unidos á los amigos de Espa- 
»fia, batan á los partidarios de Polaneo, 
•que según parece, lo son de Haiti.» 

Rojas no fusiló á Polanco ni á los pri- 
sioneros que estaban en Santiago se les 
habia puesto en libertad, ni mucho me- 
nos se les habia entregado armas. Lo 
único que habia de más cierto en esta no- 
ticia, era la última parte, porque real- 
mente ya iban madurando los planes y 
las intrigas haitianas. 

Vean nuestros lectores como Pimentel 
y los que se constituyeron tu veagaidoni 



del presidente Salcedo dirigían sus excu- 
sas ftl público: 

EXPOSICIÓN 
^e Aacaí á ihs conciudadanos, los genera- 
les Pedro Anlonio Pimenlel , Benito 
Sttmeion y Federico García, Jefes del 
ejército eiepedicionario. 
DoiBinicanos. — El cumplimiento del 
mis flagrado de los deberes nos obliga i 
dftros hoy cuenta de las poderasasi causas 

3ue nos impulsaron k aceptar la dirección 
el movimiento que los pueblos en uso 
de su más inminente derecho acaban de 
efectuar, desoonociendo el gobierno pro- 
Tiaorio y austitujéndole cou otro que 
mejor inspirado represente la verdadera 
voluntad nacioaal. 

Dominicanoa: Cuando en los meses de 
Agosto y Setiembre del ano de 1863, allá 
en las montañas de Capotillo y en los 
campos de Dajabon, Jácubsy Hontecris- 
ti, un puñado de hombres dieron el grito 
¡Patria ó muerte! sacriQcando sus fa- 
milias, quemando sus hogares r ofrecién- 
dose en holocausto á la lioertad de nuef* 
tra querida patria, vendida por media do- 
ceua de traidores al gabinete de Uadrid; 
b1 general José Antonio Salcedo, fué uno 
de nuestros más aventajados compane 
ros y ei más generoso de nuestros solda- 
dos. Su desprendimiento y su abnega- 
ción patriótica lo señalaban de antemano 
para presidirnos en la titánica lucha que 
aabiamos emprendido. A duras penas, no 
obstante, se logró que aceptara la preai- 
d«ncia del gobierno provisorio; marchan- 
do en seguida como simple soldado á re- 
wjer nuevos laureles en los campos de 
batalla. Corría el mes de Octubre del año 
espirado: por entonces Espaha, fatigada 
de la lucha y creyendo soi^irender nues- 
tro patrintiírmo, ofreció la paz. 

R[ presidente Salcedo, creyendo ser de 
su deber imponerse de las proposiciones 
del gabinete de Madrid, envió al campa- 
mento español una comisión, tal vez ar- 
rastrado por la generosidad de su alna, 
que hizo preceder por dos oficiales espa- 
nelea, prisioneros de guerra y de elevada 
graduación, á quienes dio la libertad 
queriendo, quizás, de este modo, facili- 
tar en cuanto fuera compatible con su 
propia honra, las negociaciones: no con- 
tando con la perfidia y las asechanzas de 
SUS enemigos, que apronechando la oca- 
sión, le supusieron complicidad y crimen 
donde soto había generosidad 7 profundo 
patrSotiBmo; y de todo lo que hicieron un 



pretesto, pérfidamente manejado, para 

acusarlo anta el tribunal desapercibido 
de la opinión púbhca. 

Cayó del poder el general Salcedo; pero 
no se detuvo aqui la acción de sus gra- 
tuitos enemigos. —Los demás miembros 
del gobierno provisorio, presididos por el 
general Gaspar Polanoo, y para quienes 
el general Salcedo era sin duda un obs- 
táculo, decretaron su muerte, y se la die- 
ron atrOK, oscura y clandestina...! 

Ante ese atentado la sociedad se es- 
tremeció; y los hombres más notables de 
nuestra revolución, oficialmente calum- 
niados, vijilailoe, sospechados y vejados, 
midieron su peligro por su mérito. Eldi- 
ferímíento indeñmdo por el nuevo poder, 
de la soberana convención nacional, cuya 
convocación había decretado el desgra- 
ciado general Salcedo para el 20 de No- 
viembre espirado, y ante la cual deponía 
de antemano un puesto que no apetecía, 
aumentaba para todos el peligro de la 
situación, y acusaba al gobierna proviso- 
rio de bastardas ambiciones de mando 
absoluto y personal, de que ja los pue ■ 
bloa le sospechaban y de que ya empeza- 
ban k esperimentar abundantes pruebas. 
El gobierno provisorio no_se detuvo 
alli: al crimen de asesinato, anadió el de- 
lito de Peculado j la imposición inusita- 
da en el país de odiosos monopolios; la 
administración fiscal corrí» parejas con la 
política!... Agotado el sufrimiento, liti- 
gada la paciencia, y alarmado el patrio- 
tismo, ante el espectáculo de tantos yer- 
ros y desaciertos, el pueblo, asumiendo 
BUS derechos, derrocó ese gobierno y le 
retiró sus poderes. 

Ningún interés personal, ningún mó- 
vil indigno ha dictado nuestra, conducta 
en estas doiorosas circunstancias.— Le 
ofrecimos al pueblo nuestra dirección sin 
condiciones. 

Hemos Uamado para presidirnos, nien- 
tras se reúne la Gran Convención Nacio- 
nal, al más ¡lustrado y al más puro de 
nuestros estadistas. Tranquilos espera- 
mos el fallo del gran jurado de la nación; 
su veredicto sera, nos atrevemos á espe- 
rarlo, nuestra justíQCBCioÜ; y ojalá, do- 
minicanoB, sea esta la i'ütímá vez que la 
violación de nuestros sagrados derechos, 
la infracción de nuestras leyes patrias y 
el peligro común, nos obliguen a salir de 
la oscuridad de la vida privada, único 
favor que esperamos alcanzar, tan pron- 
to como la voluntad nacional , aolemoe- . 



I 



^^H mente 

^^ San! 

^ dos: I 



- 1« - ' 



» 



mente espresada, nos descargne de esta 
penosa responsabilidad. 

Santiago, Enero 25 de 1865.— Firmn- 
dos: Pedro A. Pirpeatel — Federico Gar- 
da, — Benito Woneion, 

Püerto-Platft fué el punto designado 
nnra tratar j efectuar elcange. Por aque- 
lla parte, poco interesante había sucedi- 
do, desde que en 31 de Agosto se despojó 
¿ los sublevadoG de su artillería, que ni 
bien ni mal pudieron reponer. El 21 de 
Febrero de 1865 pidió parlamento el ene- 
migo para entregar usos pliegos, qne el 
gobierno de Sautiago mandaba para el 
coronel Van-halen, por conducto de un 
comisionado. 

Bl diaSS del mismo mes fondeó en la 
bahía procedente de Santo Domingo el 
vapor de guerra A/Hm, trsyendo á su 
bordo como comisionados del capitán ge- 
npral para tratar con los inaurrectoa á los 
Srea. "Van-halen y D. Jesús Gulban. A 
las doce se tocó a parlamentar, entregán- 
dose á los dominicanos la contestación á 
sus odcios del Ü4, j convocándoles para 
una entrevista que tendría logar en el 
campamento español en la mañana del 
£8. A las siete de la mañana de este día 
salló la comisión que había de acompa- 
ñar al campamento desde sus trincheras 
&loa enviados enemigos. 

Componíase la primera del comandante 
graduado y ayudante de campo del eo- 
m and antegeneral, señor capitán D. Juhan 
Hermida y del secretario político D, Jesiis 
Gfllbsn, y er»n los segundos el general 
mini&tro de Reí aciones exteriores y cuatro 
jefes de graduación, A las seis de la tar- 
de se retiraron estos últimos á sus can- 
tones, después de haberRÍdo tratados con 
tas deferencias que el gobierno de S,M. te- 
nia prevenidas para dichos caeos. 

Bl nueve de Úarxo<-| capitán ayudante 
señor Hermida fué do parlamentario al 
campo enemigo con el fin de entregar 
unos pliegos del aeüor coronel Van-ha- 
len }iara los jefes rebeldes. Estos manda- 
ro < sus contestaciones el día 11. 

Et 89 por la tarde entró el trasporte de 
S. M. num. 3, conduciendo un jefe de es- 
tado mayor y 92 pri»oneros de guerra 
enemigos, para ser caogeados, esta uo- 
TCilad se comunicó á loa dominicanos ci- 
tándoles para el dia siguiente con el fín 
de empezar el cange. 

Ri 30 entró procedente de Puerto- Kíco 
•1 vapor de 8- M- Colon, con 117 priaio- 
beros más. 



Apesar de que parecía estar todo ¿ 

puesto, no pudo empezarse el_CMije hd 
el dia 8 de Abril por la mañana qur 
rescataron 15 oficíales, 15 sargento 
142 individuos de tropa. 

Al día siguiente la comisión «e llerd £ 
anochecer á tos presbiteroa Regalada^ 
Fina á trueque de un capitán y un me- 
dico. 

El 10 á las siete de la maSana se rea- 
cataron 5 oficiales 15 sargentos y 14 em- 
pleados en Sanidad militar y clases de 

Knloadiasll, IB y IT respectivamen- 
te se desecharon reclamaciones inatendi- 
bles de la comisión enemiga; se i 
ron cuatro familias españolas J t 
ñoras de oficiales y la familia refog 
del coronel de la reserva, iouestro n 
vicio, D. Manuel Fometra. 

Loa encargados de hacer el conga ^ 
pudieron ponerse de acuerdo porsuafll 
contradas pret^Hsiones. ■' 

Los de España decían , <tod08 por \ 
dos» y los republicanos pretendían tt 
fueran «uno por uno» y ní los unos iili._ 
otros podían acceder porone loa méng^'H 
querían cambiarlos por loa más, y ' 
por uno tampoco, pues ua jefe en t 
caeos, no representa el mismo valor «q 
UD soldado. Los prisioneros espi'" 
eran en su casi totalidad soldados, i . 
tras que toe dominicanos eran oficial 
jefes superiores. 

Hilóse por üu el cange en dos dlu p 
motando hombre por hombre j c 
clase. De aquí resultó que varios *| 
nuestros prisioneros quedaron cauÜH 
primero porque su número era supe ' 
segundo porquelos insurrectos proi 
ron esta ves como siempre con caut^^fll 
(¡eaconflanza, dejando en Santiago sT 
no3 de nuestros oficíales para no Qued 
se sin rehenes. En la mañana dol^ 
Abril desembarcaron en el muelle d« & 
to Domingo tos prisioneros uanjewIOM 
Puerto-Plata, en número de seU ollobK 
dos módicos, un farmacéutico, el O 
rio de policía de la Vega, y 83 iadiviA 
de tropa, con más 21 de los jeitos d 
rebeldes que fueron devueltos pop ii< 
ber convenio para au canje. 

Un gentío inmenso acudió i preaetL, 
la llegada de esos mártires compsfifli., 
y en el semblante de todos se velft ■ 
lampada la cspreaion de júbilo. • 

Gomo á las ocho de la matiana u ftH 
xímaba al muelle una lancha condii(g{ 



d» ó lo» re«¡ea llegados: ; á k vista de 
estos romplerop los Tivaa á 8. H.. á Es- 
paña, al ejército, á laa autoridades y á 
los desgraciados compañeros da armas, 
ri7as que fueron cooteetadoa cou gran- 
de entusiasmo por la cosourrencia y por 
los mismos (jue ya iban llegando, hen- 
chido el corazón de placer, al verse libres 
de tantos peligros j al aproximarse al 
tierno acto de abrazar á sus dignas com- 
pañeros 7 amigos. 

No ea posiblfl pintar con todo su ver- 
dadero colorido lo que allí sentían los 
concurrentes, al poner pié en tierra esos 
deagraciados hermanos, los cuales, arro- 
dillados, besaban esta j daban gracias al 
Todopoderoso que los había salvado de 
tantas peligros, de tanto horror ; y des- 
ptus de esta expresiva cuanto conmov •- 
dora demostración de gratitud profundí- 
sima y veneración al Ser Supremo, pa- 
saban á los brazos de todos loe concur- 
rentes que los recibían coa la efusión de 
su alma como hermanos , como amigos, 
como compaüeros. 

Las bandas de música de todos los 
cuerpos que de orden superior estaban 
colocadas en el lugar de la recepción, 
amenizaban el acto con sus gratos sones, 
lo cual hacia un extraordinario contras- 
te con las emociones que en aquel mo- 
mento se experimentaban por aquella 
apiñada concurrencia de cuyos ojos cor- 
rían machas lágrimas. 

Pasado el primer momento de verdade- 
ro regecijo mezclado con llanto, se puso 
en marciía la comitiva, llevando á van- 
guardia todas las bandas de música de 
Tos cuerpos de la guarnición, con ¡as de 
gastadores, tambores y cornetas, y por 
el Matro de las ñtas que á derecha é iz- 
qnierd a formaban la oficialidad, personas 
nofables de todas clases, tropa tranca de 
servicio j un iumenso pueblo; pasearon 
varias calles de esta poblaciou, dírígiéa- 
dose en seguida al cuartel de la Fuerza, 
donde les esperaba un abundante rancho 
dispuesto al efecto y un mea de paga pa- 
ra i^ender de momento h sus mas peren- 
lorias necesidades; después de lo cual se 
escargaroD los representantes de los 
cuerpos de cada uno tle los suyos res- 
pectivos. 

El 23 por !a maüana hub-^ misa de 
campaña en la plaza de armas de! cuar- 
tel de la Fuerza, á la cual asistió el ex- 
celentiaimo señor capitán general de esta 
lela, P. José de la Qindara y loB^ exce- 




lenÜsimoB señores D. Juan Joaé del Vi- 
llar y D. Antonio A. Alfau con todo el 
estado mayor y ttopa franca de servicio. 
la cual en correcta tVjrmacion, ntantenia 
en su centro, formado en dos mitades, á 
loa rescatados. 

Terminado el santo saciificio de la mi- 
sa, dispuso el Sr, Gándara que colocasen 
todas las banderas de los cuerpos ^li re- 
unidos, delante del lugar que ocupaba el 
altar provisional y haciendo aproximar i 
los recobrados prisioneros, les dirigió la 
palabra y con un elocuente discurso en 
el cual 'se revelaba i« emoción de qua 
estaba poseído, dióles la bienvenida, na- 
ciéndoles presente, que la recibiesen tam- 
bién en nombre del ejército j de la pa- 
tria, pues todos orgiillosos de su nome 
comportamiento los recibían con el en- 
tusiasmo de que eran dignos, como bue- 
nos j leales compañeros, q ue han sabido 
sufrir con heroica resignación los rigores 
de un penoso cautíverjo, antea qu,a man- 
cillar la honra nacional, por lo cual se- 
rian recompensados por S. M. con toda 
la largueza tan peculiar de su magnáni- 
mo coraion, sin perjuicio de agradecerka 
en el fondo de su alma su acreditada 
fidelidad, dándoles las gracias por su 
adhesión ¡/ patriotismo, tas cuales se atre- 
vía á anticipar en nombre de S. M. por 
estar seguro de que esta será su real vo- 
luntad. 

También dirigió la palabra i todo el 
ejército, dícíéndole que tomase por mode- 
lo la conducta de sus sufridos compañe- 
ros V que si desgraciadamente ae viesen 
un día en un caso análogo, líeles siempre 
como ellos, prefiriesen antes morir que 
faltar é, sus deberes como valientes vete- 
ranos y como buenos españoles, nadft 
había más caro que la honra del pabe- 
llón; aconaejóles, finalmente, i]ue des- 
preciasen con energía las seduciones qua 
el enemigo pudiera emplear para atraer- 
los á su p.'irtido con mentidas promesas 
y falacias, por muy halagüeñas que pa- 
reeitjsea á primera vista, pues que nada 
podían cumplir, como lo han demostra- 
do hasta la evidencia. 

Dicho i-sto, S. E. dio un viva á S. M. Ir 
Beioa; otro á Sspaaa v otro al glorioso 
¡labellun de Casulla, los cuales fiíeron 
contestados con entusiasmo extraordi- 
nario; y por los oangeados se dio un viva 
Iá S. B. y otro al ejército español, los cus- 
Les fueron también contestados como Iqb 
aateiioiea. 



4 






I ' Udi.wff'^'.re.bW'^J^^aoi- 









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„,tto. PM» ,^ numero 



„,tto. PM» ,^ numero or .. - 
1 P'"»"f ^Suetos msvirrecí 

roaestaJ'L. dejaado cu ■- 
l'l»5T^5roso6cin . 





Pasado esta dlemoatracion da cariño y 
respeto, dijo S. E. que él también habia 
BÍdo prisionero y sabia á su peatir lo q^ue 
Be aufria en tales casos con las privacio- 
nes y miserias que son consiguientes eiti 
oiTÍdar loa temores de verse siempre en 
vísperas de perder la vida á manos de ti- 
ranos opresores, por lo cual S, M, le ha- 
bía honrado con la cruz que con tanto 
orgullo lleTsba «n su pecho, y con la que 
quería condecorar al frente de banderas 
a uno de los presentes, sin perjuicio de 
premiar también á loa demás, como 
prueba inequívoca da lo que apreciaba 
estos padecmiientoa, j llamando en se- 
guida al Dr. D. francisco Ferrari, primer 
andante de Sanidad militar, le colocó 
en el pecho la citada cruz que ea la del 
sufrimiento. 

Los canjeados andaban muy ob^equía- 
doB por sus compañeros, siendo objeto 
•n Santo Dominga de mil atenciones que 
le tributaban como premio de su cons- 
tancia y lealtad. 

El 27 tuvo lugar un espléndido convite 
que loa señores jefes y oficiales del ejér- 
cito dieron & los oflciulet rescatados, y al 
cual asistieron loa Bxcmos. Sres. Gánda- 
ra, Villar j Alfau, y después da saborear 
los esquiaitoa manjares que componían la 
mesa, se ofrecieron brindis en prosa y 
verso, dedicados a B. M. la reina (que 
Dios guarde), á España, al ejército, i las 
autoridades y á los obsequiados, loa cua- 
les por su parto correspondieron también 
á eatos obsequios, pruebas repetidas de 
a u gratitud. 

El miamo día hubo también otro ban- 

Suete ofrecido por los individuos de tropa 
sus compañeros rescatados, el cual fué 
preiidido por una comisión de loa obse- 
quiaatas, la cual se componía de un jefe, 
dos capitanes y cuatro subalternos. En 
«ete banquete hubo también entusiastas 
dando bnndis como en el de Ion oficíales. 

Aquel público agasaje y tan reiterados 
obsequios inspiraron i los agraciados una 
Idea, que si bien alga extraña, revela con 
gran propiedad la efmion, el cariño y )a 
gratitud. Dicha idea fué dirigir la si- 
guiente alocución: 

Ai (^érdto de Santo Domingo. 

Compatriotas: 

Hoy que una providencia salvadora nos 
ha puesto entre vosotros; koy que des- 
pués de un martirio de veinte meses he- 
mos llegado á abrazaros, psrmitid á «stoa 
hírmanOB qu^ tanto os aman y que nun- 



ca os han olvidado, desahoguen 4 «ue»- 
tro lado bu corazón, apurando el néctar 
de la felicidad. 

Juntos hemss luchado, juatos hemos 
compartido las fatigaa azarosas, pero dal- 
ces de loa campamentos , y juntea tam- 
bién hemos saboreado el placer de lavlc- 
teria k la sombra del pabellón que tanta* 
glorias amontona sobre la patria de Im 
Oidea. 

Condecorados por nuestro digniaimo 
capitán general (cuya suerte un dia (ai 
iguala la nueitra) con una dlstiacionqiu 
tanto hemos codiciado, puestea al tren- 
te de las banderas que tremolaron eobfn 
uno de los imperios más grandes del 
mundo, recibimos aquellas palabrae de 
consuelo y entusiasmo conao la saviaqof 
nos resucitarla del ostracismo. TiUft 
tiempo ain oír una palabra consolad 
nos era indefinible aquella dicha. 



Valientes, pero tiernos, habéis llon 
placer al veraoa volver á vuestro I 
Nosotros á la vez tampoco podemM 
vídar una acogida tan fraternal, y « 
rigiros la voz, al corazón le e» iinp« 
expresar la gratitud que siente. 

dracías, queridos hermanos, graelu 
una y mil veces; vosotros sois loa bue- 
nos, sois los héroes, seis loa únicos dig- 
nos de nuestra admiración y aprecio. 

Santo Domingo 23 de Abril de 1863. 
Lo« Prisioneros. 

Quedaban todavía según hemos diobo 
varios prisioneros en poder de los insur- 
rectos, y su rescate habia de ser para ti 
general Gándara objeto de gran i 
Conociéronlo sus contrarios, y q 
usar de los cautivos come de i . 

aue contuviese las justas pretet , 
al caudillo español. Esto fué caní 

nuevaa desavenencias y de un n _, 

miento en los momentos mismos dev^ 
riflcarie la evacuación. Así puede dectru 
que terminó la cuestión de loe prisiooe* 
ros, porque sí bien ea cierto t]ue hablaa 
quedado varioa^por el interior de la isla, 
se fueron presentando eu loa puntúa de 
.Santo Domingo y Puerto-Plata, paiin- 
dose sin íncon veniente 4 los buques del 
Estado. 

No queremos dar por terminado eete 
capitulo sin emítírnuestro parecer sobre 
un punto muy debatido an la prenaa. 
Hé aquí el problema. Los prtsionerot 



. á^kaSoles qu tUTierou en lu poderlos 

dominictnos, ¡fueron tratados eon cmal- 
d»d según «e lia dicho? 

Hemos h»b¡ado j abrumado á pregun- 
tas i muchos indiTiduoa de tropa que 
tuvieron ia desgracia de caer prisioneroa 
do guerra; somos amigos de varios jefes 
j oSciaIcs que corrieron la m.iama suerte, 
y s:mo resultado de nuestras investiga- 
cíBiiea, podemoB asegurar que genaral- 
mente hablando , auestroa prisioneros 
ñieroD bien tratados. 

Efecto del estado de inaurríccion del 
país, los que se hallaban detenidos ó des- 
tinado! en Santiago de los Caballeros pa- 
saban algunos EustoB ; tribulaciones, 
poro pasados aquellos momentos de agi- 
tación promoviati por hombrsB malvados, 
vivían libres en la ciudad, 7 loa campos 
T haata obsequiados y considerados por 
los naturales. 

Sabemos que el subteniente Mazas co- 
nocía y vivit eon el presidente de la Re- 
pública Pepillo Salcedo; que el teniente 




Cárdenas era secretarlo del gossnl Pi- 
mental, j que el Sr. Telases má el amigo 
y hasta el consejero de los principal«8 in- 
surrectos. 

No es posible, pues, que enningun país 
ni en ninguna g'uerra Hayan podido ser 
mejor tratados los prisioneros. A los in- 
surrectos que tuvimos en nuestro poder, 
los tratábamos con las consideraciones 
debidas, vistiéndoles y alimentándoIoB 
mejor do lo que tenían por costumbre, 
pero Íes teníamos presos, y un prisionero 
lo ijua más ama es la libertad. De con- 
siguiente, si los ospafioles al discurrir 
libremente de pueblo en pueblo, pasaron 
algunas privaciones, no fué por espíritu 
dañino, sino como consecuencia de la 
miseria pública que alcanzaba tambisn á 
los hijos del país. 

Tenemos un» verdadera satisfacción en 
pagar este tributo de gratitud y justicia 
al pueblo dominicano, al que siempre 
hemos juzgado caritativo j hospitalario. 



xxm. 



I ^opinión pública.— SI proyecto de ley. — El dictamen de la comisión, — Re- 
presentación áü. M. por los insurrectos. —Fragmentos de discursos en las 
Cortes.— Resolución acordada.— La evacnacion del Sur, Monte-Chisti j 
Paerto-Plata. 



, CDESTIOIí DEL ABANDONO. 



si pe 



los ya llegando al desenlacs del 

i pensamiento del abandono de la Isla 

frenninó en los p«Baadore* de España, 
liego que se vieron las primeras rebelio- 
nes y se conocieron loa cuantiosos gastos 
que había que hacer para levantar de la 
completa postración en que se halló. 

En el numaro 61 del periódico domini- 
cano La Raion se insertó una alocución 
del eapitaa general y el indulto más am- 
plio de S. H., auToe documentos hemos 
colocado va en el capitulo eorreapondien- 
t«, al lado de olios encentramos el si- 
guiente suelto: 

«Habiendo dicho un periódico de la 
Corte, con motivo de los gastos hechos y- 
d« los quo podrán ser necesarios todavía 



para dar ser i. esta Provincia, que era 

E rudente «^amíiucr áfoitdo la cuestión, 
L Gaceta Oficial de Madrid, an su núme- 
ro del 23 de Mayo de 1863, consagra á es- 
te asunto las siguientes lineas: 

«La cuestión está examinada á fondo y 
decidida deUnitivamente y de comnn 
acuerdo desde la reincorporación, por el 
decoro de España v por \\ espontánea 
adhesión de loj habitantes de la nueva 
provincia española, demostrada hoy nu»- 
vamente al combatir unos con las armaa 
y al despreciar todos, á excepción dennos 
contados descontentos, extrañas y mal 
intencionadas sugestiones. 

»La nación no Ignora que para que se 
desarrollen los grandes elementos dt rj^ 
queza que Santo Domingo < 



flC^MSrfo Mr O pFóDtohftCer alganoi sa- 
criBdos; el gobierno atendari A esta no- 
cMidkd del modo debido, y teniendo ade- 
más mu j presente la economiay»! or- 
den que reclama la geatioB de los iotere- 
ae3 del Estado.) 

A peiar de dar esto la Baceta, en su 
t«rea de abo^r desde luego por el aban- 
dono, el periódico La Libertad dijo; 

«Pannosotros, pues, la cuestión haca 
tiempo dejó de serlo, atendiendo ¿ nue 
siempre dijimos que la conveniente a la 
' honra 5 í los intereses españoles, era 
a^tlidonar á Santo Domingo, reserrándo- 
nos la capital, Samani y Puerto-Plata, 
para no perder I1 influencia que nos cor- 
responde en aquellos mares j en aquellos 
spútados países, para farorecer nuestro 
comercio y para iLdemaizarnoa en lo po- 
sible de los sacriQcios que nos imposo el 
acto poco meditado de la aceptación de 
un Urrítorlo cutos habitantes do se so- 
metieron de su libre y espontánea volun- 
tad á una dominación que no apetecían. 

►Que lo pasado sirva de enseñanza para 
lo porvenir, y no se habrá perdido todo.i 

Por su» pasos ccntados fué creándose 
atmósfera la idea de la conveniencia de 
abandonar la nneva provincia dominica- 
na, que tan ingratamente había respon- 
dido á benelieio* de su metrópoli. 

España, á pesar de cuanto digan en 
contra sus antiguos detractores, tiene 
dexde hace mucho tiempo el invariable 
■ deseo de llevar á aus colonias su vida, 
au induatria, sus adelantos, y el ver mal 
correspondido bus derechos , habia de 
producirle un electo parecido al tedio 
que contrae el espeso leal que vé la fal- 
sík de su consorte. 

Cuando solo se susurraba la conve- 
alenclsdel abandono de la parto españo- 
la de ílauto Domingo, cuando veivonzan- 
tsmente por loa mS8 7 solo con franque- 
laporlos ménos, se abordaba tan deli- 
cada cuestión, con gran sorpresa para 
miukós de los representantes de la na- 
e!on, el presidente del Consejo de minis- 
tros subió i la tribuna de las Cortes t 
leyó el siguiente proyecto de ley sobre e*l 
aSasdono de Santo Domingo: 

PBOYBCTO DB LEY 

kOBKa C ABA5D0IU CE SASTO Dv MINGO. 

A lat Qírfu.—Va fa aatígua españo- 
n, en la primera de las tierras que «1 
gckB Cnri¿bal CbIoU consideró iigHM da 



UQ «stablecftmieBtAl mportntit», rta^wí'^ 
la grande Antilla en qne muchos üñM 
después de su sR(,TegaciDn de U metro- 
]iolÍ no se ha derrsmado una sola gota 
de sangre española, corre hoy esa Buien 
generosa, j los rigores de tan mortifiío 
clima, viniendo en auxilio de loa enemi- 
gos, hacen horribles destrozos en las filu 
(le nuestros valientes soldados. 

Esta encarnizada lucha que tn» de 
suyo también y síq compensación el In- 
conveniente de gastar inútllmentael Tf 
soro público y consumir los pingues pfO 
duetosde las posesiones uUramarli~~ 
no se ha promovido por haber intcol 
los anteriores gabinetes una ambic: 
guerra de conquista, tan agena de lu p 
litica sensata, justa, pacifica j desinte- 
resada que haca larguísimo tiempo ob- 
serva Escana: no ha sido tampoco origi- 
nada por la necesidad de repelar extrañas 
agresiones, recha^.ándo ta fuerza con la 
fuerza i toda costa y atendiendo á la de- 
fensa del honor mancillado: nada de eatñ: 
esa cruenta lucha ha comenzado al d 
siguiente en que el gobieroo de S. U. j 
aquel entonces, creyó que los haUU 
todos de la república dominicaiia nád 
rogaban, solicitaban con impaciente mÍ!^ 
helo rsincorporarsa á la nación eipaSola, 
su madre antigua, y formar una de ana 
provincias, aspirando á la felicidad quí 
disfrutan Cuba y Puerto-Rico. 

Semejante deseo podría no ser cierto, 

Sero era verosímil. El gobierno, peseido 
e estos sentimientos, Qreyó en el que p*' 
recia inspirar i los dominicanos, acogió 
sus votos y aconsejó á S. H. la aneiioo 
de aquel Estado que se le preiseotabk 
como vivamente apetecido. 

Por eso, después de referir la LamentA- 
ble historia de Santo DominKo.desdeQ] ' 
en 1821 proc1amósuindependeacJB,i| 
mejanES de otras provincias del eootif ~ 
te americano, después de pint«r el H 
tisimo cuadro de tan prolongado íBfb' 
nio, agotadas las fuentes 1^ la rf^jlien 
pública y privada, perdida por completo 
El] independencia porfaltas de fueru pa- 
ra sostenerla no menos su libertad por 
carecer tos ciudadanos de eegurldul y 
verse la república agitada de oootint», 
invocaban todea los sentimitntOis dajat- 
ticla. de humanidad y de honra pan 
aconsejar á S. M. la anexión de fequeUt 
isla desgraciada, yque tan felit deUa ser 
atendidas las circunstancias de U índola 
de mis habitantes, de La üBrtUidad de a 




-191 -^ 



«líelo y del entrañable amor que' profesa- 
ban, después de pasados estravios, causa 
de terribles desengaños, á su antigua 
metrópoli. 

De esta suerte, dos causas ¿ cual más 
nobles, más justas y más poderosas, fue- 
ron en su tiempo las en que se apoyó la 
anexión. La primera el derecho fundado 
en la unánime voluntad de un pueblo, 
derecho no disputado, antes bien consa- 
grado por el asentimiento general de las 
naciones de Europa y de América en un 
hecho reciente. La segunda el deber de 
la humanidad, de piedad hacia los des- 
graciados que imploran favor y miseri- 
cordia, viéndose sumergidos en un mar 
de desastres y desventuras. 

Ningún otro derecho asistía ni asiste 
al gobierno español para poseer otra vez 
como en lo antiguo la parte española de 
la isla de Santo Domingo: ho el de revin- 
dieacion ni tampoco el de conquista, por 
ser ambos opuestos á la política del go- 
bltrno, á los (intereses de los pueblos y á 
las buenas relaciones que en todos tiem- 

Sos ha procurado mantener con los Esta- 
os IndependieAtei de la América, que un 
día formaron parte del inmenso territo- 
rio que protegian y amparaban bajo su 
manto titular los reyes de España. 

Pero bien pronto se desvanecieron tan 
lisonjeras esperanzas, bien pronto sínto- 
mas fatales anunciaron que en la anexión 
faltaban la expontaneidad y la unani- 
midad que eran su base. Sin embargo, 
deber ara del gobierno adquirir la certi- 
dumbre de aquellas violentas protestas 
una y otra vea reprimidas, no eran hijas 
solo dé unos pocos descontentos, sino ex- 

Sresion de im pueblo que rechaza el pe- 
er legítimo por él invocado en momen- 
tos de tribulación y apuro. 

Creció la conflagración, ganó pueblos y 
eomareas, extendióse á todo el territorio 
7 hoy es el dia ea que la parte española 
de la isla de Santo Domingo presenta á 
loa oíos del mundo civilizado el espec- 
táculo de un pueblo entero en armas, re- 
sfBtieindo in^to, coiíio tiraaos, á los 
ntíamos á f uienes sa suponía haber lla- 
mado como salvadores. 

Tan ettrafio fenómeno polítieo ha sido 
examüíado x)or los ministros que suscri- 
ben oon delicada atención y profundo es- 
tudiOy han desentrañado la triste historia 
da Im anefXibñ de Santo Domingo, han 
ecfiuMdMidd la cuestión bajo todos los 
ptUit«i d() türtn imaginables, émpesando 



por los de la justicia y el derecho y aca- 
bando por los de la conveniencia. 

Han tenido muy en cuenta las razones 
que pudieran llamarse de honor y decoro 
nacional, se han adelantado hasta el por- 
venir más halagüeño de un triunfo lo- 
grado á costa de inmensos sacriflcios, han 
pesado los argumentos que en pro v en 
contra pudieran fundarse en consiaera- 
ciones de política nacional y extranjera, 
y por último, han hecho el doloroso cál- 
culo de las numerosas y preciosas vidas 
que pierde España cada dia de los que se 
prolonga tan estéril lucha y de los cuan- 
tiosos tesoros que consume. 

Por resultado de tan penoso examen, 
los ministros han adquirido el convenci- 
miento de que la cuestión de Santo Do- 
mingo ha llegado ya á punto de que de 
ella puedan sacarse deducciones. 

Que fué una ilusión la creencia de que 
los pueblos dominicanos, en su totalidad 
ó en su inmensa mayoría, apetecieran, y 
sobre todo reclamaran su aneüon á Es- 
paña. Que habiéndose generalizado allí 
la lucha, no tiene ya el carácter de una 
medida tomada para sujetar á unos 
cuantos rebeldes descontentos, sino de 
una guerra de conquista completamente 
ajena al espíritu de la política española. 
Que aun acrecentando nuestros sacrifl- 
cios para conseguir el triunfo, nos colo- 
caríamos en la triste situación de una 
ocupación militar completa llena de difl- 
cultades y no exenta de peligrosas expli- 
caciones. 

Que aun en la más favorable hipótesis 
de que una parte de la población se nos 
mostrase adicta después de la victoria, el 
régimen gubernativo que en aquellos do- 
minios pudiese establecerse, 6 habría de 
ser poco acomodado á los usos y costum- 
bres de sus naturales, ó muy desemejan- 
tes del de las demás provincias ultrama- 
rinas. 

Por todas estas y otras consideracio- 
nes que suplirá la superior inteligencia 
de las Oórtes, ansiosos los ministros de 
poner término á los inútiles sacriflcios de 
sangre y dinero que la guerra de Santo 
Domingo está costando á |la nación, tie- 
nen la honra (debidamente autorizados 
por S. M., de proponer el siguiente pro- 
yecto de ley. 

Artículo 1 .^ Queda derogado el decre- 
to de 19 de Mayo de 1861 por el cual se 
declaró reincorporado á la monarquía le 
territorio de la república dominicana. 



Xrt. S.' S« Autorha al ffobierna para 
. dictar I&a medidas naueaanaa á la mejor 
•jecuciou de enU If y, dando ea su tiempo 
cuanta ¿laB Cortes, 

Madrid 1 de Enero do 1865.-EI duque 
de Valencia.— Antonio BensTidos.— Lo- 
renzo A.rrHzot a.— Fernando Fernandez de 
Córdoba. — Manuel Qarcia B arzan alla- 
na. —Fnincisco Armero.— Luis González 
Bravo. — Antonio Álcali GaÜano. — Ma- 
nuel de Seijaa Lozano. 

Bt mlQÍeterlo Nerraez dirigió al capi~ 
tan general d« la isla per aquella época 
II u a especie de interrogatorio cora p tiesto 
de diez preguntas, ordenando le iníorma- 
se sobre aquellos puntos para justiflcar 
iu prorecto de evacaacion. 

Oin^ara conteatú a todas Jas diez en 
sentido de que aaí coorenia, y ciimplida 
8u misión oficial, y como a* añadiese una 
postdata á su carta decía: 

<Ta aquí debiera teaminar e«te traba- 
o, porque aqui quadan resueltas, segjín 
Ub entiendo y veo, todaí laa cuestiones 
qae abraza la real orden que le da orígei, 
si DO sintiera mi delicadeza persoaal in- 
teresada CQ evitar interpretaciones erra- 
das, 7 si no tuviera el tamor da que se 
me atribuyera el propósito de eludir toda 
respoBsabilidad en una citeilioit di honra 
y at inttrit pitra, mi patria, dejando en 
Tagalos ooQceptos que debieran preci- 
sar mi juicio sobre U resolución deJlitiU- 
fa, cuando be sido tan late en lo demás. 

iLanUaydistinguidahonraqueS.U. la 
reina se ba dignado dispensarme, eon- 
(lando á mi cargo este difícil mando, me 
impone el deber de aceptar todas lúa con- 
secuencias que de esa misma honra se 
derlvaa. 



j)ersonal aobíe la solución que juigo más 
coovtnieDté'para la cuestión de Ssnto 
Di>miiiga, aillos solemnes momentos en 
que el país ra decidirla, porque mi si- 
lonoio sobre el particdar podría tacharse 
como indigno del capitán general y ge- 
n»r»l ea jefe que opera en esta isla- 

>No tengo oonoeimieato del pensa- 
miento del gobierno, ni de loa hombres 
politlcoa importantes de España sobro 
esta cuestión;» pero, i juzgar por el es- 
píritu de la prensa, observo dos tenden- 
cias opuestas y ambas, en mi opinión, 
exajeriidas: una está por la continuación 
de la guerra Él todo trance y la conser- 
vación del país después del triunfo, otra 
por el abandono absoluto é inmediata. 



retirándenoB de la isla sin conclalr ■ 
paaifioacion. En cuanto á la primera,! 
creo que la seguridad de nuestras aS 
dos Antillas peligraría, n! nuestro ] 
tlgio ni nuestros intereses e 
sufrirían por el abandono «después! 
triunfo.» El que prueba que es f^es 
tiene el derecho, después, de hacer lo a 
le convenga; y nosotros, después de 4 
pruebas de nuestra fortaleza, podriua 
y deberíamos darla de uueatra cordu) 
abandonando i Santo Domingo. P^qj 
necer aquí, seria perseverar eu uu fua| 
to error, por no tener el valor de 1 
sarlo y la virtud de enmendarlo, 

*LoB que est&npor el abandono abe 
to, incondicional é inmediato, «se Q 
dan lamentablemente de todo lo qucj 
pueblo se debe asimismo, y se olvia 
sobre todo, de lo que es mas positi^^ 
práctico, de las consecuencias inmediaSL-. 
que el abandono hecho en estas condlcío' 
UGs tendría para nuestro prestigio ti 
América y para los intereses de nueatrta 
Antillas: eias consecuencias serias de* 
sastresas. 

»Ed mi opinión, conviene que salgamos 
de aqui; pero creo que ul túnico camino 
»que hay para salir con dignidad y deco- 
>coro,» ea el camino del vencimiento da 
la insurreceion. Debe llegarse al trinnfo 
por la guerra activa y enérgica, Ó p(~ 
el bloqueo ó la ocupacion-del lítúrat j h 
fronteras, y debe resolverse la ancr 
cion, sin óulo ó sin rencor, inspiriau 
el gobierno de los sentimientos dol 
pueblo grande y digno, que ao qsi 
violentar la volúntaa do otro. 

«Démonos aqui la satisfacción qué ti 
moa derecho de tomar, y al marclu' 
dejemos al país entregado 4 su suar 
en lugar de óáios y rencores, US t 
ejemplo «te la conducta y politicitqiitd 
conviene seguir en Amériua; yeJ tJer 
haciéndono.'^ justicia, convertirá «1 
tros amigos a los que hoy son n 
adversarios, y el mundocomprenderiíji» ' 
sabemos dirigir nuestros negOCiM. 

En esta parte, Kxcmo señor, «estalla 
• fuerza de mi convencimiento,, fn» **■ 
como creo que «han dado grac-Hp ■.- r'. ; 
■ la revBluet*n las opiniones ¡nip: . 
»y loa consejos desacertadc.^. 
irnra ligereía y lamentable ¡r.- ■■ ■ 
ísehan publicado en la Penin» i 

temo asegurar, que íBi las Córii;. ' 
■rieran la cuestión por la (.'OIl^' ' > 
•ds 1« guerra, á oae aolo anuncio . 



- 199 — 



evolución flufiriría el más rudo golpe que 
»pu(iiera dirigilrsela,» acortando asi j fa- 
cilitando grandemente el camino de una 
pronta y conyeniente pacificación.» 

Asi se espresaba el que hacia muy cerca 
de un año que era general en jefe del ejér- 
cito destinado á combatir la insurrección; 
el que con dos escasos batallones hijibia 
tomado á Monte -Christi, de la manera 
que ya heínos descrito y que con una di- 
visión brillamte de 7.000 hombres habia 
adoptado el sistema del quietismo que 
nadie esperaba de sus condiciones, y que 
sin duda alguna fué el origen de que se 
engendrase y propagarse la idea defaban- 
don«. 

Hay coincidencias tales, que más que 
casuales parecen preparadas con toda 
intención. 

El 3 de Enero de 1865, es decir, seis 
dias después que Polanco fué batido fren- 
te á Monte-Christi, en donde supimos 
posteriormente que fué herido, dirigió el 
gobierno ¿dominicano á S. M. la reina la 
exposición que á continuación inserta- 
mos. El día 7 se leia en las Cortes el pro- 
yecto de abandono, y el dia 1 1 contesta- 
ba el capitán general Gándara al inter- 
rogatorio á que antes hemos hecho re- 
ferencia. 

Decia asi la solicitud: 
Exposición que dirige el gobierno do- 
minicano ¿. S. M. G. doña Isabel ü, 
reina de las Espafias é Indias. 
Señora: El pueblo dominicano, repre- 
sentado por sus gobernantes, abajo fir- 
mados, en [cuyas manos ha puesto su 
confianza encomendándoles el cuidado de 
sus intereses y la defensa de sus dere- 
chos. 

Gen el más profundo respeto suplica á 
V. M. se digne echar una mirada compa- 
siva sobre la situación desastresa de la 
porción oriental de la isla deHaiti ó San- 
to Domingo. 

Esta tierra, patria del pueblo domini- 
cano, era hace apenas cuatro años una 
república libre é independiente. Por cir- 
cunstancias que y. M. ignora sin duda y 
que seria penoso en extra cao relatar, la 
libertad é independencia, le fueron arre- 
batadas, y su patria anejada á las vastas 
posesiones de vuestra gloriosa moi\ar- 
quia. Durante tres años escasos ese mis- 
mo pueblo sobrellevó impaciente la pér- 
dida de sus más caros y sagrados dere- 
chos; pero llegó un dia en que la unáni- 
me voluntad de los dominicanos apelé á 



Dios y á su valor para reconquistar la 
patria, la libertad y la independencia. 

Hace más de diez y seis meses, señora, 
•ue esta pequeña porción de tierra ofrece 
al orbe entero el triste espectáculo de una 
lucha que aflige á la humanidad. Dignaos 
oir, señora, la voz de todo un pueblo qu9 
se dirige á vuestra magnanimidad y á los 
sentimientos generosas de vuestro gran 
corazón, pidiéndoos hagáis cesar esta lu- 
cha y devolverle lo que hubo ayer per- 
dido. 

La voz del pueblo, es la voz de Dios; 
es la de la verdad. 

Los dominicanos con un profundo de- 
lor dicen áV. M.: 

Pensad, señora, que allí donde fueron 
ciudades florecientes, no se ven más que 
montones de ruinas y cenizas; ^ue sus 
campos llenes de una vegetación lozana 
no há mucho, están yermos y desiertos; 
que sus /riquezas han desaparecido; que 
por cedas partes se vé devastación y mi- 
seria; que a la animación y á la vida han 
sucedido la desolación y la muerte. 

El pueblo dominicano, valiente y re- 
signado, pero sensible á estos infortunios 
dicen aun á Y. M. 

En este drama homicida la sangre que 
corre de una y otra parte hace diez y 
seis meses, es una sangre preciosa, es la 
sangre de un pueblo desgraciado é ino- 
cente, pero valiente como sus antepasa- 
dos; la sangre de un pueblo rudamente 
experimentado, resignado á hacer toda 
especie de sacrificios, y resuelto á sepul- 
tarse bajo las ruinas y cenizas que se 
amontonan á su rededor antes de dejar 
de ser libre é independiente. Es también 
la sangre de una nación grande, genero- 
sa y caballeresca, arrastrada por la fata- 
lidad en esta lucha sin gloria y sin pro- 
vecho para ella, cuyos batallones vale- 
rosos, lanzados quizás á su pesar en un 
suelo que no defienden sino por honor 
militar, caen antes que combatir, victi- 
mas de un clima mortífero. 

Tal es, señora, la verdad; tal es la ter- 
rible situación sobre la cual los que sus- 
criben, á nombre del pueblo dominicano, 
claman la elevada atención de Y. M. 

Entre este pueblo y la nación española, 
no puede 'existir ni animosidad ni odio. 
Los dominicanos no han tenido jamás la 
intención de empañar el brillo de las ar- 
mas españolas. 

Si entre dos pueblos ligados ayer por 
estrechar relaciones y profundas simpa^ 



kxt. E.* S» ftutorizs k1 gobierno para 
^ dlcUr Ua medidas □«uesBriai i U mejor 
•jecudoaile estiikjidinduBaBU tiempo 
cuenUt á lita Cortea. 

Madrid 7 de Rnero de 19G5.— El daque 
de Valencia.— A utoni o CenaTideB.— Lo- 
renzo Ajraüola.—Feraaodo l'ernaadez de 
C6rdoba.~Manuel Garoia ItirzanaUa- 
nn.— Francisco Armaro.^ Luis González 
Bravo.— Au ton lo Alcalá Galiano.— ICa- 
niiei do Stijafl Lonano. 

Kl miuÍ8ter¡i> NarTflez dirigió al capi- 
tao general da la iila per aquella época 
una espftciu de interrogatorio compuesto 
de diez preguntas, ordcDando le intorma- 
ae sobre aquellos puntos pata justificar 
tu proyecto de evaonacion, 

Litndara contestó i todaa ^s diez en 
seutldo de que asi conréala, 7 cumplida 
sumisión oflclal, y como st añadiese una 
poatdata ií lu carta decía: 

<Ta aqiii debiera tearainar eete traba- 
o, iiorquutt'iuí quedau reiueltas, ae^n 
las estiendú y Teo, todat las cueetloues 
qae abraza la real orden que ie da crígea, 
si no ilntiera mi delicadeza persoaalin- 
tercaada en «vitar interpretaciones erra- 
das, j al no tuvirra el temor d* qu» se 
me atribuyera el propósito de eludir toda 
respoBíiabilldad en una cuestión de honra 
¡I a* interés para mi paCria , dejando en 
Tag9 Ids conceptos que debieran preci- 
sar mi juicio «obre la resoludon itjlniti- 
9a, cuando he sido tan lata en lo demás. 

►La alta j distinguida honraqueS.U. la 
reina an lia dignado dispensarme, con- 
fiando Á mí cargo eete difícil mando, me 
impone eld«ber de aceptar todas las con- 
aecuenclaa que de esa miama honra se 
derivan. 

»No quiero, pues, reservar mi opinión 
jiDr>u)nal sobce la solución que juzgo más 
cnnvanienttf'para la cueatioa do títnto 
Do'Ola^, an los solemnes momentos en 
qiieelpaii va decidirla, porque mi ai- 
lenoio sobre el particular podría tacharse 
como Indigno del capitán general y ge- 
neral en jefn que opera en esta Isla. 

>No tengo oonoclmlento del pensa- 
miento del gobierno, ni de los hombrea 
polltlcoa Importantes de füspuñii cubro 
eata cuestión;» pero, i juzgar por el es- 
píritu de la prenMa, observo dos tenden- 
cias opuea tas y Hciibas. en mi opinión, 
esaJKrndait: una está por la continuación 
4» la guerra á todo trance j la conier- 
raclon de! país después del triunfo, otra 
por el abandono aosoliite é inmediato. 



retirdndenos de la Isla ain concluir t» 
pacificación. En cuanto á la primera, no 
creo que la seguridad de nuestras Otraa 
doe Antillas pellgraria. ni nuestro pres- 
tigio n! nuestros inlureses en América 
sufrirían por el abandono «después del 
triunfo.» El que prueba oun ea fuerte, 
tiene el dereolio, después, ae hacer lo nu* 
le convenga; y nosotros, deepuea dn daf 
pruebas de nuestra fortaleza, podrlamoa 

j deberíamos darla de nuestra cordm 

abandonando á Santo Domioyo. "^^ 
necsr aquí, serla perseverar en un . 
to error, por no tener el valor de 1 
earlo y la virtud de enmenáarlo. 

»Loa que están por el abandono ad 
to, incondicional é Inmediato, «iflg 
dan lamentablemente ie todo lo t 
pueblo se debe aeímísmo, v ae oliB 
sobre todo, de lo que ei miia posW 
príctíco, de las consecuencias ínmei^ 
que el abandono hecho en estas CQt_ 
ncB tendría para nuestra prestígj 
América y para los intereses da auT 
Antillas: esas consecueaciaa i 
sastresas. 

«En raí opinión, conviene que 8a\ 
de aqui; pero creo que el (unico c 
>que haj para salir con dignidad 7^ 
«coro,» es el camino del voncimln 
la Insurreceíon. Dibe llegarse al fe. 
por la guerra activa ; enérgica, 1 
el bloqueo d la ocupaciaQ'de! Utorá] 
fronteras, v debe resolverse la É1| 
clon, sin odio ó sin rencor, iosplri' 
el gobierno de los sentiía'""'" — 
pueulo grande 7 digno, 1 
violentar la voltintaáde V. 

nDémoBUs aquí lasatlafid 
mo8 derecho do tomar, y 1 
dejemos ul país entre^adaS 
en lugar de odios y rencr 
ejemplo de la conducta JB 
conviene seguir en AniorlM 
haciéndonos justicia, Oar 
tros amigos a los qu l_, 
adversarios, y el muodDM 
sabemos dirigir sueatniu 

Cn esta parte, GxenMtefl 
■ fuerna de raí oonveni""' 
como creo que «has d 
lia revalucian laa optatO 
»y los cODfi'-jos desaofif 
ti^Tiy,)! T lamenta 






mlü 



temoa^e^Tiii 
iVieran la 1' 
>da la guerra, á eae aoJoJ 



Árt. S.' Se Butorlza al gobierno para 
, dictar Ita medidas Dscesarias i la mejor 
tjecucion de esta ley, dando ea su tienipo 
cuenta á las C6rt«s. 

Madrid T de Enero de 1865.— El duque 
de Valencia. — Antonio SenaTÍdeE. — Lo- 
renzo Arrazol a.— Fernando Fernandez de 
Córdoba. — Manuel García Barzanalla- 
oa.— Frasciaeo Armero.— Luis González 
Bravo. — Antonio Alcalá Galiano.— 11a- 
nuol de Se¡j*a Lozano. 

El minietoriú Narraei dirigió al capi- 
tán general de la illa prr aquella época 
una especie de interrogatorio compueato 
de diez preguntas, ordenando le intorma- 
«e sobre aquellos puntos para justificar 
tuorojeeto de evaoiiacion. 

Gándara contestó á todaa jas diez en 
sentido de que así courenia, y cumplida 
su misión oficial, y como se añadiese una 
postdata á su carta decía: 

<Ta aquí debiera teaminar este traba- 
o, porque aqui qu«dau resueltas, aeg^ 
las entiendo y Teo, todas Us cuestiones 
qme abraza la real orden que le da orí^ea, 
si no aintiera mi delicadeza persoaal in- 
teresada en sTitar interpretaciones erra- 
das, j si no tuviera el temor de que se 
me atribuyera el propósito de eludir toda 
remoaBabilidad en una ewsCiotí de honra 
y dt interés pura mi patria, dejando en 
▼age los conceptos que deWeran preci- 
sar mi juicio sobre la resolución dej!nili- 
ttt. cuando he sido tan late en lo demás. 

♦LaaltaydistinguidahonraquoS.M.la 
reina se ha dignado dispensarme, con- 
Qando á mi cargo este diiícil mando, me 
impone el deber de aceptar todas las eon- 
aecuenoias que de esa misma honra se 
derivan, 

íNo auioro, pues, reaeryar mi opinión 
jieriional sobu la solución que juzgo m&s 
conveaientí- para la cuestión de Santo 
Domingo, «n los solemnes momentos en 
quaelpais Ya decidirla, porque mi si- 
Icoeio sobre el particular podría tacharse 
comú indigno del capitán general y ge- 
neral en jefe que opera en esta isla. 

>No tengo oonocimiento del pensa- 
miento del gobierno, ni de los hombrea 
políticos importantes de España sobro 
e«tB cuestión;» pero, i ju/gar por el es- 
píritu de la prensa, observy dos tenden- 
cias opuestas y nmbaa. en mi opioiup, 
eiajcTAilas; una está por la continuación 
de la guerra á todo trance y la conser- 
vación del paTa después del triunfo, otra 
por el abandono absoluto é inmediato, 



•1 riuuoB 

cordura, 
PeingH 



retiríndanoB de la isla sin concluir su 
paclELcacion. En cuanto á la primera, do 
creo que la seguridad de nuestras otras 
dos Antillas peligraris, ni nuestro pr«s- 
tigio ni nuestros isteresies en América 
sufrirían por el abandono «después del 
triunfo.* Bl que prueba que es fuerte, 
tiene el derecho, después, de hacer lo que 
le convenga; j nosotros, después de áar 
pruebas de nuestra fortaleza, podríamoe 
y deberíamos darla de nuestra cordura, 
abandonando á Santo Dominffo. " ~ 
necer aqui, seria perseverar en un . 
to error, por no tener el valor de i 
sarlo y la virtud de enmendarlo. 

*Lo8 que están iior el abandono a _ .„ _ 
to, incondicional é inmediato, «se olri- 
dan lamentablemente de todo lo que ui 
puéblese debe asimismo, ¡r se olTidiB, 
sobre todo, de lo que es más positivo y 
práctico, de las consecuencins iumedlitaa 
que el abandono heciio en estas condicio- 
nes tendría para nuestro prestigio sn 
América y para los intereses de nusAr 
Antillas: esas consecuencias ssiiaii j 
sastresas. 

»En mi opinión, conviene que sal 
de aquí; pero creo que el (unioo c 
»que hay para salir con dignidad j (b 
acoro,» es el camino del voncimiei ' 
la insurrección. Debe llegarse i¿ t..^ 
por la guerra activa y enérgica, ó &, 
el bloqueo lí la ocupaciondel Utoral j u 
fronteras, j debe resolverse la evaciu- 
cion, sin odio ó siu rencor, inspir&ndOM 
el gobierno de los sentimientos de mi 
pueolo grande y digno, que no qnien 
violentar la voluntad de otro. 

«BemoBOB aqui la satisface ion que teña- 
mos derecho de tomar, y al marcharnos 
dejemos al país entregado á su suerte, j 
en lugar de odios y rencores, un buen 
ejemplo de la conducta y política que nos 
conviene seguir en América; jcl tiempOi, 
haciéadoaos justicia, convertirá en auí" 
tros amigos a los que hoy s 
adversarios, y el mundo uompreadet 
.sabemos dirigir nuestroa negocios. 

En esta parte, Escmo. señor, < 
«fuerza de mi convencimiento.! , 
como creo que chan dado graod* rol 
>Ia revelueian las opiniones impriMiL 
»y los consejos desacertado*, que i, 
• riíTs. ligereza y lamentalile ínsistefi) 
•se han publicado en la Península.* no 
temo aset^urar, que <sí las Cortes resol- 
■vieran la cuestión por la continuadoa 
>de la guerra, á ese solo anuncio, la if 



- 199 — 



evolución snfiriria el más rudo golpno que 
»pu(liera diñgilrsela,» acortando asi j fa- 
cilitando grandemente el camino de una 
pronta y conveniente pacificación.» 

Asi se espresaba el que hacia muy cerca 
de un año que era g^eneral en jefe del ejér- 
cito destinado á combatir la insurrección; 
el que con dos escasos batallones hijibia 
tomado á Monte -Christi, de la manera 
que ya heínos descrito y que con una di- 
visión brillante de 7.000 hombres habia 
adoptado el sistema del quietismo que 
nadie esperaba de sus condiciones, y que 
sin duda alguna fué el origen de que se 
engendrase y propagarse la idea defaban- 
don«. 

Hay coincidencias tales, que más que 
casuales parecen preparadas con toda 
inteccion. 

El 3 de Enero de 1865, es decir, seis 
dias después que Polanco fué batido fren- 
te á Monte-Christi, en donde supimos 
posteriormente que fué herido, dirigió el 
gobierno ¿dominicano á S. M. la reina la 
exposición que á continuación inserta- 
mos. El dfa 7 se leia en las Cortes el pro- 
yecto de abandono, y el dia 1 1 contesta- 
ba el capitán general Gándara al inter- 
rogatorio á que antes hemos hecho re- 
ferencia. 

Decia así la solicitud: 
Exposición que dirig« el gobierno do- 
minicano ¿. S. M. G. doña Isabel ü, 
reina de las Espafias é Indias. 
Señora: El pueblo dominicano, repre- 
sentado por sus gobernantes, abajo fir- 
mados, en [cuyas manos ha puesto su 
confianza encomendándoles el cuidado de 
sus intereses y la defensa de sus dere- 
chos. 

Gen el más profundo respeto suplica á 
V. M. se digne echar una mirada compa- 
siva sobre la situación desastresa de la 
porción oriental de la isla deHaiti ó San- 
to Domingo. 

Esta tierra, patria del pueblo domini- 
cano, era hace apenas cuatro años una 
república libre é independiente. Por cir- 
cunstancias que y. M. ignora sin duda y 
que seria penoso en extremo relatar, la 
libertad é independencia, le fueron arre- 
batadas, y su patria anejada á las vastas 
posesiones de vuestra gloriosa monar- 
quía. Durante tres años escasos ese niis- 
mo pueblo sobrellevó impaciente la pér- 
dida de sus más caros y sagrados dere- 
chos; pero llegó un dia en que la unáni- 
me voluntad de los dominicanos apelé á 



Dios y á su valor para reconquistar la 
patria, la libertad y la independencia. 

Hace más de diez y seis meses, señora, 
que esta pequeña porción de tierra ofrece 
al orbe entero el triste espectáculo de una 
lucha que aflige á la humanidad. Dignaos 
oir, señora, la voz de todo un pueblo qu» 
se dirige á vuestra magnanimidad y á los 
sentimientos generosas de vuestro gran 
corazón, pidiéndoos hagáis cesar esta lu- 
cha y devolverle lo que hubo ayer per- 
dido. 

La voz del pueblo, es la voz de Dios; 
es la de la verdad. 

Los dominicanos con un profundo de- 
lor dicen áV. M.: 

Pensad, señora, que allí donde fueron 
ciudades florecientes, no se ven más que 
montones de ruinas y cenizas; que sus 
campos llenes de una vegetación lozana 
no há mucho, están yermos y desiertos; 
que sus /riquezas han desaparecido; que 
por todas partes se vé devastación y mi- 
seria; que a la animación y á la vida han 
sucedido la desolación y la muerte. 

El pueblo dominicano, valiente y re- 
signado, pero sensible á estos infortunios 
dicen aun á Y. M. 

En este drama homicida la sangre que 
corre de una y otra parte hace diez y 
seis meses, es ima sangre preciosa, es la 
sangre de un pueblo desgraciado é ino- 
cente, pero valiente como sus antepasa- 
dos; la sangre de un pueblo rudamente 
experimentada, resignado á hacer toda 
especie de sacrificios, y resuelto á sepul- 
tarse bajo las ruinas y cenizas que se 
amontonan á su rededor antes de dejar 
de ser libre é independiente. Es también 
la sangre de una nación grande, genero- 
sa y caballeresca, arrastrada por la fata- 
lidad en esta lucha sin gloria y sin pro- 
vecho para ella, cuyos batallones vale- 
rosos, lanzados quizás á su pesar en un 
suelo que no defienden sino por honor 
militar, caen antes que combatir, vícti- 
mas de un clima mortífero. 

Tal es, señora, la verdad; tal es la ter- 
rible situación sobre la cual los que sus- 
criben, á nombre del pueblo dominicano, 
claman la elevada atención de Y. M. 

Entre este pueblo y la nación española, 
no puede ''existir ni animosidad ni odio. 
Los dominicanos no han tenido jamás la 
intención de empañar el brillo de las ar- 
mas españolas. 

Si entre dos pueblos ligados ayer por 
estrechar relaciones y profundas simpa^ 



» 



tiits Bt kft ampeSadn lio; una lucU& ín- 
tal, la culpt de ello, bí culpa hay, no es 
ni de! uno ni del otro. 

El pueblo dominicano está convencido 
de que !a duración de la ^erra no li&ria 
ijmi producir nuevas desgracias y desas- 
tres, j que, en dtanitica, i pesar de au 
valor, de bus heroicos esfuerzos, dt sus 
cruentos sacnlicios, la victoria, como 
siempre, quedaria por la superioridad dé 
la fuB'ZB. El pueblo dominicano, en ob- 
sequio da la humanidad, se ha resuelto 
i elevar i la consideración de T. M. esta 
exposición del estado de su país. 

ÍJeDo de cünÜBuza en la magnanimi- 
dad de que V. M. ha dado tan altas 
pruebas Mude que oeupa el trono de sua 
mnjores, por el órgano de los que sub- 
eríben, auplica una vez más á V. M. so 
digne hacer cesar la efusión de sansre 
j poner término i, una situación deplo- 
rable. 

QupV. M. quiera que la paz se haga, 
y la paz ^eri hecha,, 

Qus esta porción de tierra, patria de 
los dominicanos, sea despreadida pur 
vuestra real y magnánima volunt.id de 
las vastas posesionas que forioan la mo- 
narquia española. 

Esta nación aplaudirá tan £:enerjao 
proceder, porque ella no será por esto ni 
menos grande, ni menos poderosa. 

Que ía paz y la tranquilidad sean por 
vuestra raal disposición devueltas al pue- 
bla domiaioaoo.y «ata concesión será uno 
di los hoclios müa gloriosos de vuestro 
reinado, porque será un acto de bumaai- 
dad y de rtsplandeciente justicia, 

A I,. R. P. de V. M.— Santiago de los 
Caballeros 3 de Enero de I86ó.— O. Po- 
laací}.— Ulises J. Es pal lat. —Manuel R. 
Objlo.— Julián B. Curiel. -tíilverio Del- 
moate. — Rafael María Lajba. — Pablo 



Pujol. 
Este 



Kste memorial de diljcil calificación, 
vio la luz pública al mismo tiempo que el 
siguiente dictamen de la comidiou del 
Congreso, sobre el abandono de la isla do 
Sttnlo Uomiuj^'o. 

DlotAmen de la, comisión del Congreso 
■abre el abandono de la, Islü de San- 
ta DomlDCO. 

La comisión nombrada par» informsr 
actirca del proyecto de l?j reiaiivo al 
abandono de Saato Dorntogío, tiene el ho- 
nor de someterá la resolución del Con- 
greio el siguiente diotimen: 



La comisión La eiStuiliado con 
miento los antecedentet que se refit 
la reincorporación de Santo Domt 
la administración que se establecí 
aquella república después que tuvo l 
ese acontecimiento, y á la guerra qui 
menzó más adelanta entre los nuevaa 
ditos espafioles j las fuerzas del gol 
de S. U. 

En vista de estos anteoedentis, Is: 
misión considera urgente uoamedictei 
ponga término al actual orden de cMMr 
y ninguna encuentra más acertada qua la 
de aprobar con ligeras modiñcacionea el 
proyecto de ley presentado al Congreso el 
.7 de Enero deípresente año. 

La comisión estima el Lecho de la reln- 
corporación de Santo Domingo, como pío* 
ducto del entusiasmo nacional, y no cen- 
sura á determinado gobierna por uu su- 
ceso que, dadas las circunstancias en ^ua 
ocurrió, y teniendo en cuenta el caráater 
con que ae revestía, pudo parecer impí; 
rioso deber de honor y decoro. 

A España no podia convenirle m 
ees, como no le conviene ahora, uo» 
xión que le obligaba á diseminar sos L 
zas jpor una más vasta extensión dt 
ritorio , ni entraba seguramente en ._ 
cálculos de la politica aparecer ante loi 
pueblos de América y ante la csoeiden* 
cion del mundo como potencia qns átí 
eeaba la adquisición de nuevos doill'~ " ~ 
cuando tuQtostlene que exigen bu 
dado. 

La república dominicana no en,, 
cierto, presa que España codiciftbii ~ 
el contrario, desde que se sepv¿ i . 
metrópoli, rompiendo los laxos ^M^ 
ella la unian, muchas veces habla "' 
ocasión de adquirirla de nusvo, ] 
dose á las vivae instancias de loa . 
canos, reiteradas todos los aflOB y_^ 
todes les gabinetes que ae eaoediuiT 
dirección de la politica españolft, 

La situación de Sacito Domingo ao m 
tampoco la más k propósito pnn fi]epii> 
rar n. España el deseo de unir la suerte da 
ambos pueblos: sumido aquel en la aasr 
quia, despoblado por una lucha incesante 
coQtra Haiti, agobiado por una Inmensí 
cantidad de papel-moDE<ds que circulaba 
sin prestigio, desatendida fu iif:;ii?ii'tiira 
y abandonado el comercio, :- -r - ' - 
insalubre y teniendo en per.- 1 
guridad de enormes gastos , 
de pensar en cultivar Ion ^ ■ . ... 

prosperidad y riqueza de 



É 



turado auelo. ?r& míis bien c&rga, petada 
que preiumible guiaacia la que EapaSa 
ioa i lograr con au adquJaioiou. 

Pero llega un día inesperado en el que 
por un concierto de circunstancias espe- 
cielea y tal vei porque la naceiidad obli- 
gaba con imperio á loa dominicanos, ama- 
nució üotando en los muros de Santo 
Domingo al pabellón español , laludado 
por la voí entusiasmada de aquel pueblo 
que iioa llamaba hermanos, j el gotiierno 
de EapaQe,sinTailar. considerando cues- 
tión as honra nacional el atender á ese 
espontáneo llamamiento, respondió á ¿I 
y aceptó loa vetos de loa aominic&nos 
enviándoles sus fuerzas j recursoa. 

Desde entonces nuestro gobierno no ha 
economizado aacriflcio para alentar con 
nueva j más próspera Tída á un pueblo 
que recogió en la agonía: por desgracia 
han sido estériles, y 1» pasionea de loa 
dominicano 8, el Tiolento amor á su inde- 
pendencia j loa hábitos engendrados por 
muchos años de existencia aventurera, 
encarnada 3|a en au constitución social, 
han hecho imposibles los buenos deseos 
de España. 

RI puehlo dominicano en 1361 nos lla- 
maba con afán; hoj nos rechaza con ener- 
g-ía: loa votos que entonces pidieron la 
anexión, ahora i'eclaman !a libertad, y el 
gobierno eapañol, que solo tuyo en cuea - 
ta para la reincorporación el interés de 
loa dominicasoa y el afecto que le inspi- 
raba este pueblo nacido á nuestra som- 
bra j alimentado con nuestra propia vi- 
da, se apresura ho; á aatiafacer ana de- 
aeOB. como en I8G1 loa satisfizo. 

La nación aspañola 'dari da esta mane- 
ra una prueba más de au moderacien y 
del respeto que tributa á los altos prin- 
cipiosae juaticia, demostrando ante las 
naciones civilizadas que no Uevó á Santo 
Domingo mezquinos cálculos de interés 
y de engrandecí mié uto, y que. dispuesta 
4 rsspptar siempre la legitima voluntad 
de los pueblas, acudió antea en auxilio de 
loa que invocaban su nombre como espe- 
ranza de salvación, y entrega Iioy á su 
propia suerte, á los que se arrepientan de 
aue recientes juramentos. 

Pero al obrar con tanta nobleza la na- 
ción española, tiene deberes que cumplir 
y no lia de olvidarlosr no ignora que mu- 
chos dominicanos, fleles á sus promesas. 
han permanecido abrazados á su bande- 
ra,y que algunos de ellos han sellado con 
ni aangra tos compromisos que Tolunta- 



riamente contrajeron. Todos estos mere- 
cen la protección de España ai permauo- 
cen en sus hogares, j no podemos permi- 
tir que queden sin defensa eipuestos al 
rencor desús contrarios. 

Acaso habrá también dominicanos que 
sientan dejar de ser «spañolea y quieran 
seguirnos; recibámoaloE donde podamos 
con cariño y dignidad, y autoricemos al 
gobierno dt S. M. para que asi ¡o baga, 
respondiendg de este modo á una verda- 
dera exigencia del decoro nacional, que 
no nos consiente abandonar k loa oue en- 
vuelven au desgracia entre loa plisguea 
gloriosos del pabellón de España. 

Cumplidas eatas sagradas obligacio- 
nes, nada tiene que hacer deipuea nues- 
tro gobierno en Santo Domingo, conclu- 
yamos una guerra, sin objeto, ajustemos 
una pal sóhda, ya qua los dominícanoa 
son los primeros que abren extenso cam- 
po á las negociaciones con la última res- 
petuosa exposición que dirigen á nuestra 
reina, y separémonos, no como enemigos 
que ae odian, aino como pueblos que ae 
aprecian. 

A.1 salir, nuestros soldados [de Santo 
Domingo, al abandonar aquella tierra 
que guarda las cenizas de nuestros va- 
lientes, y que ha consumido mucha liar- 
te de nuestros tesoros, el mundo será 
testigo de los saoriflcios sin recompensa 
que se impone España siempre que un 
pueblo desgraciado acude á su Kidalgula; 
y por nuestra parte con la conciencia 
tranquila, elevaremos al cielo nuestros 
fervientes votos pidiendo para Santo Do- 
mingo paz, unión y prosperidad. 

Impulsada por estas razones la comi- 
sión, somete al acuerdo del Congreso, 
coDcabido en loa términos siguientes, al 
proyecto de ley presentado por el gobier- 
no de S. M. 

Articulo 1.° Queda derogado el resl 
decreto de 19 de Marzo de 1861, por ni 
cual se declaró reincorporado d la mo- 
DNrquia el territorio de la república domt- 

Art. 2." Se autoriza al gobiamo do 
S. M. para dictar las medidas que ooo- 
duzaan á la mejor ejecución de ésta ley, 
y á la garantía y seguridad que deben 
cnnseguir las peraosas y loa interaaes dr 
los dominicanoa que han penaanecido 
Qeles & la ciiusa de la patria, dande cuen- 
ta de todas ellas á laa Cortea en tiempo 
oportuno, 

Palaato dal Congreso 3 de Uano da 



lBfl5.~ll»n<i«l SlTÜ«.~-José Polo de Ber- 
ojibé.— Mi Vnliin. -A-ntonlo M»ri» Tibii^. 
— ADtoDio M»ria SeeoTi».— Ricardo Al- 

LMiíados al juicio público loa anterio- 
res documentos puilo desde entonces 
todo el mundo emitirán opinión y eia- 
minar el projecto de abandono en tudta 
guB fase». Pueato ¿ discusión ea ambas 
Oámaraí, se pronunciaron precloaos dis- 
cursos en pro y en contra, j mucho máa 
fju« cuanto pudiéramos decir nosotros 
liara ilustrar este punto, lo han dicho ya 
los senadores j los diputados de la na- 
ción. Gon el objeto de dará conocer el 
eapiritu dalas Cámaras, daremos algu- 
nos, fragmentos de discursos que creemos 
süflciénto al objeto. 

Preguntaba un diputado: 

»;Conviéne a ErpaEa la conserracion 
de Santo Domingo? Primera cuestión. No 
es posible negar ni desconocer ni por un 
momento siquiera qua la política españo- 
la desde hace mucho tiempo, desde muy 
antiguo, maoiflesta una tendencia muy 

troBUDciada á llevRr la acción, la vida, 
i fuerza, la IniciBlivs de la aacion espa- 
ñola á otros pueblos, k otros paiaes y na- 
ciones. La PfoTidencia usas veces, la 
osSualidad otrae, el espíritu osado y em- 
prendedor de los espaSolas, las circuns- 
taocias politíCRi que se referían á cada 
una de nuestra Península han sido cau- 
las generadoras de eí^t política que em- 
pela de muy ant¡H;uo con las cruzadas, 
qne seguía en las guerras de Italia, j que 
Mbtlnuó más adelante con el descubri- 
raianto de la A.mérica, siendo causada 
que nuestra bandera se extendiese por 
loa mares, ya próximos, ya remotos, que 
ieparan el África de la Europa, el Asia 
da las Américas. Hemos prestado con esa 
política grandes, inmensos serricios á !a 
cansa do la civilízacioii y del proL'reso; 
pero como decía en otro luga;- un ilustre 
or&Hor no hace muob^ tiempo, esos sor- 
vicios los hemos prestado i costa da 
grandes perjufeios y de enormfis sacrifl- 
ulos. Hemos sido la naden mns idealista 
qua se ha couocldo, y {ganosos de con- 
tribuir siempre ni tríuuit) de nuestras 
ideas, hemos despreciado Iss vtntajns 
piisttiraa que otras naciones, que oíros 

£ Bises méuoa espirituales que nosotros 
au conseguido.» 

Algunos oradores de la oposición sos- 
tlDian que abandonar k Santo Homlngo, 




equivalía ddeclararuofl bunillkdus. 
cual contestasa un míníxtoríalf 
íY qué ¿la Inglaterra no ss di 

venrida? ¿No reconoció U íodocenc 

de los Estados-Unidos* ¿Y ÍJémoT Voy 
aqui i decírloJ ¿Después de hiber líAo 
como nosotros, ai no como rencedores no 
vencidos? No, señores, después de haber 
sido perfecta y completamente Teuclda. 
Uno de sus grandes ejerertoe mandado al 
principio de la guerra por Rusgoyne, 
tuTo que rendirse al enemigo, j su gfas- 
ds ejército, en los últimos tiempos ds la 
guerra, mandada por lord Cornwallls.ss 
eatregú prisionero de guerra al eneraig*. 
jcunseeueaclade estas dns gr andas der- 
rotss T fl.conseouencia de que como ' 
CD la C&mara lord Chalan era Impr 
<i.)a digo que no podcie OouquiBl 
América,! k consecuencia de todo . 
la Inglaterra, la grande Inglaterra, d 
donólos EstadüS -Unidos, reco' — ' 
independencia. Ya veis, «fñores, . 
vale la Inglaterra en este sigto y 
pasado después del abanduno. Yo ^i 
ra qua la España, después de ahaudontr 
á Santo Domingo, valieraenel inlarior» 
en el eitericr tanto como esta valtü^nlo. 
tanto como valía t a Inglaterra Inmedia- 
tamente después del abandono de aque- 
llas posesiones, y las abaudono por coBi ■ 
pleto, las dejó en el casi) de que qutila* 
rau sin patria, no los hombrea de col^r. 
sino los blancos, los habitantes de los 
Estndos-Unidos qua habían sldrí úelesji 
la bindera y á la corona Inglesa. No era- 
yó que so deShonrfl^a no contlnuundn la 
guerra, porqué quedaran sin patria anne- 
tloi honrados habitantes que no bablu 
abandonado nunca su fidelidad i la co- 
rsna inglesa. Y nosotros, ¿cémo vamoa á 
salir si salimos como espero, pronto, : 
pronto, de Santo Domingo? ¿Satimwj 
cidos? No, señores: podrdmiys lio 
vencedores, vencídoano salimos.* 

TampocofaltóenaquellaacélabrMí . 
cuilones quien se constituyera fu defen- 
sor Je los dominicanos ■ n respecto al 
derecho que tu-vieron para inaarreeclo- 
nar^n. Rn prueba de ello oú| lamos i con- 
tlnuacirin parte de un di<i'ur<io: 

■ Yo señores, «o consfdo'ú Ío f|iie tía- 
mais abandono de Santo Damingo. lo 

3ue yo llamaba hace un momenlú abao- 
nno hasta que un cariñoso «iiigo mío 
uíp ha hecho uotar qUt abandono no st 
debe decir, porqué laldfs no et exacta, 
porque se abanaonsaqUsUo ijiiVfy ' 



noaá 



ConterTur. que sé tianc dligkCÍoa de 
cons^rTVipi'Bit'ioiit ^9 l^f^ llamaba has- 
ta ahora aDBDdoDO, JO no lo considero 
como aura caestion política, no ; jo lo 
coni'idero como una sagrada cauca que 
sJects i la humanidad entera, j creo que 
al fin me daréis la razón.» 

<Todo3Voaotros,aeSorfiadiputadoa, ea- 
tpy seguro de ello, sentía latir an vuas- 
tro pe'chn el fuago del amor patrio; todos 
vqeotrorfíributais el respeto que se me- 
rfce. al aentimiento de la naciunalidaá: 
todos vosotros contestareii si 08 pregun- 
to, j sin que yo os lo pregunte diréis es- 
pontineaoneuteque ea noble, que e« le- 
gitima la defensa del suelo donde naci- 
mos, del Lrignr donde vive nuestra fami- 
lia, del techo que guarda la cuna donde 
duannen nuestros, hijos; eJÜnaicada la 
cuestión V-jo ese aspecto (j Tuelro i de- 
cir que hablo pr.r mj pxopid, cuenta), no 
podréis tpénos de reconocer que e'a jutto 
j neceaacio el .aliándolo.) 

«No^tros, que coníidtraaio» wmo ei- 
pontfcu,eoa loa votot de aquel pueblo cuan- 
do pedia la anesioa: nosotroa'qfie procla- 
mamos la fuerza^ la «ricacifi d^ aquellos 
T«to8. hoj debemos pruclaipaj- á.fuer de 
leales la fuerza j la eflcacja,da los votoa 
7 deieoa contrarios, Si loa dominicaaes 
eran libres al Jígarse á nosotros con lazos 
fraternales, llbt;es son hoj para romper- 
loa. Lonuola Toluntaduiie. la volujtad 
deeata. "Y puesta eu este terreno la cüí»- 
tion, ^quién de Tosotros sostandrái la vio- 
lencia que 1& Zapalla necesita para soste- 
ner BU dominación en Santo Domiugo?í 

<;Ah, señorea! Colocada la cuestión en 
este terreno, ¿hsj nadip que no conside- 
re ajpucblo, dominicano como, un pueWo 
que lucha por conaervar su independen- 
cía? ¿Sabeia cómo considero l^ opinión de 
ciertos individuos que quieren conserTar 
i toda costal» isladf Santo Domingu? 
L« considero oomo la expresión eenuina 
de! derecho de la fuerza. Llamadme do- 
ininioaBo; DO it^port^^ llamadme si que- 
reU, 8i i tanto llegA riiestra pasión de 
paitido, enemigo de, mi patria. > 

Loa Bf tadistas que ajempre argumea- 
tan con númerpá' y cujas npiaioaes asi 
apoyadas parecen incontrovertibles de- 
cían en pro del abandono; 

• La ¡ala de Santo Domingo en el tiem- 
po que la hpmos poseído, x\o ha producido 
maa que 10 millones de' reajes, habiendo 
subido la contribución de patentea, lo 
Ctttl no ha dejado de producir algún dta- 



gusto eo el paia, j los piocos derecbOB 

Iue ha producido, j el presupuesto anual 
o gastos para la isla era ele 60 ó 70 mi- 
llonee de reales, t'Sto sin guerra, & aéase 
solo para sostener las cargas ordiuarisa, 
para mantener decentemente el ejercito 
que debe existir alli porque hemos de 
estar constantement amenazadoe, para 
atender i la marina de guerra j á otra 
porción de cosas ¡ndispenaahles en la isla; 
pues bien; sin nada de estrnordinario te- 
nemos una pérdida de 60 millones de rea- 
les, que erit tanto como re^^unciaj para 
siempre i. todos los sobrantes de Cl- 
tramar.ji 

A estos datos agregaba también •] se- 
ñor Seijaa Lozano, ministro do Ultramar, 
los siguiente* datos tomadas de docu- 
mentos oflcialesL 

«Yaia i! ver, señares diputados, lo que 
nos ha costado Santo Domingo, no hasta 
ahora, porque no he podido reunir hasta 
el día loa datos, pero si hasta 1.* de Oc- 
tubre del año ultimo. En el primer año, 
señores, el presupuesto ITegá á 966,334 
pssoi. óaean lí) millones y pico de rea- 
lea. De 1662 á 1863 i 1.843 68R pesos, 6 
sean 3G nitlones de reales.) 

«Pue« bien, señorea; estos guarismos 
los he presentado, no para que se vea lo 
que se hagaatado y nos cuesta Santo Do- 
mingo, noi los he presentado, porque son 
un argumento indestructible contra el 
pensamiento de conservación de la isla.» 

iDe todos estos presupuestos tenemoi 
quedescaxthr el da 1861, porque es in- 
completo, no comprendió todo el año.* 

«Tenemne también que tener en cuenta 
que en 1362 y 1863 aun no ae babia esta- 
blecido la adminislraclon por completo, 
j el presupuesto de 1863 k lSfi4, an que 
ya se habia desenvuelto algo la adminis- 
tración, es el que ya he dicho que ascen- 
dió i 50.493.440 rs.» 

De suerte que desde 1861 hasta Di- 
ciembre de 18l}4 habia gastado España 
en Santo Domictfo 280 millones de reales. 

CoQvenian, pues- varios opoBicionistas 
en la conveniencia de (jue jor Ínteres 
pecunií»r¡o podia dejarse a Santo Domin- 
go, pero se mostraban muy celosos de 
le honra nacional j pedia que nuestro 
ejército ooupaae antes la capital del Ci- 
bao. á lo que contestaba un orador mi- 
nisterial ; 

*iA Santiago de los Caballeroa! Y ¿por 
qué, pan quét Noaotro* abaadonamoi 
bien í Santo Domingo, ai antes tú&m 4 



I 



> 



SuitJago de Iob Caballeros. La cuestión 
está redacidki lOO 6 120 mllloueB, y á las 
TldasdaSó 4.000 e8paSoles:| nada más 
qneest*. ;Paraqné?í'uea qué, ¿Santia- 
go de los Caballero es sigua Sebastopol? 
¿No es una miserable barriada? Pues por 
ventura, ¿se necesita Tencer grandes obs- 
táculos militares, demostrar grandes rae- 
dios militares [ ara eUo?i 

«Lo que se necesita, seilores, es tener, 
lio diré si el valor, uiré más bien la cmcl- 
dad. no diré la decisión, diré más bien la 
impreTision de consumir grandes tesoros 
y macbas vidas para lle^r allí. T ;para 
qué? Para que no» tengan por fraudes; 
para que juzguen muj favorablemente 
de nuestro poder en América, en Europa 
V en todas partea las naciones extran- 
jeras.» 

• Pusa qué, debemos nosotros, podemos 
nosotros pretendsr engañar á las nacio- 
nes extranjeras sobre la medida de nues- 
tras fuerzas, sobre la importanciade nnes- 
tros recursos? Vayamos 6 no á Santit^ 
de los Caballeros, ¿las naciones extran- 
jeras no saben que tenemos mucha faeria, 
no saben basta dónde liega, j no saben 
lo que podemos j debemos kacer* Aquí 
DO puede tratarse de enga&sr i nadie, ni 
aunque fuera posible. la nación espafiola 
pod'ia tratar de baeerlo. Se nos babla de 
grandes eañierzoe lieebosporotrcsp«is«s: 
se r«B habla de lo que han hecho los m- 
gleses •□ Is India.* 

i;Ah,se£ores!Tan:hieaitos6troB lo ha- 
rtamos ti íe tratara de Cute ó de Puarto- 
Bieo: tainbiCB aoeotroa lo bartuoos si 
poBeyeramos ecaTndiaeoaena icme&saa 
tíndadei;, si Santo Domingo faera Caieu- 
ta: ai Santiago de Ira CahaUena, cnym 
eo&quirta siquiera per una hora tasto 
ansia •) Sr. Canora», fcna DaUú; si m 
Surte Domingo halnera el mmercio de 
importación j ■xportanon qae hsy <n la 
iBOia ingleaa'de 7 á 8.000 mülaaes asna- 
les. MB reatas pñblffas d« 3.400 k 3.600 
millones. Entonces emplaarianicx esoa 
reenrsoa, eatiMKea hariámos todoa esos 
esfiWRas, «ntoDces ja mismo propon- 
dría qna ae hiciesea •' 

áolo la fraecioa política qne por medio 
da oiu ínssrracrion miiitar. derribé del 
podar á loa Ixuiibres qoe gchnnaban ia 
Espamkde TSSij que DBBñsdo praarij- 
toa en todos loa nartí^M legales podo 
iUtaarae 'anioa liMcal» era la qoo pedss 
la coBMrracian de Santo Daaágo. y á 
•sM proposito deela m dipvtáBo: 



lija: «i 
resp««l 

[ttio^H 

nedfflnH 
;acoiK 

"M 

anta^^H 
njan d S 



Señoreárselo la unión liberal e 
deflende la conserracion [áe Santo 1 
mingo: yo, señores, no ¡haré por el' 
cargo á la unión liberal. La reincarpon^ 
cion de Santo Domingo es la hija mims- 
da y predilecta de la unión liberal, y es 
natural que una 'madre, si as cariñosa y 
obedece á los sentimieatoe de la natura- 
leza, quiera prolongar aunque aeg po: 
breves dias la eiistencía da nii hija: < 
na sentimiento maternal que yo res{ ' 
7 todos respetamos; pero nosotros, 
no sentimos la foz d» la patertiidiut'I 
este astmto, hemos de querer contiflfl 
en un estado que tanto perjudica^ 
nuestro sentir al bienestar de la nedr 
Reta es la cuestión. i 

•Señores: itiútil es pretender otra cea 
la mayoría, la inmensa mayorími del paii, , 
desea el abandono, quiere la pas, s~ ~~ 
muestra dispuesta i prodigar sita n 
sos y sus fuerzas en una empresa ini 

Era muy conveniente e importantafl 
Rocer V tener en cuenta la opinión qnd. 
formaba de España en el extrsnjaro é 
ponerse en tela de juicio la conveniencia 
del abandono, por cuya razón uno dalos 
oradorei ministeriales dijo: I 

'¿Qué ha dicho, seBores, la preoaa ij 
tranjera? Que el acto de la retncorp 
cion de Santo Deminf o fué inspín.!. 
gatñnate que la acordó per loa sentítO^ 
tos más nobles j generosos, no pudja 
desoír las razones, ó mejor dicho, 1' 
tidones que le dirígi&n los que 1 
ddo anestros hermanos, y dejarloi 
midoa en la miseria y en la abyecdqi 
que loa han conducido sua de« " "" 
sos ectravios: y juzgando á esté gablL 
t«, ha dicho esa misma prensa qne e|1 
Ucmo actual, presentando el proyw 
que c*t4 sometido á la deliberoelDii^ 
Congreso, ha escuchado la vei: del] 
tnotismo, ha consultado tos Terdli* 
intereses de su patria y cumplido cC— 
altos deberes qae le impone el paettoa 
ontpa,* r 

Al tratarse en el Congreso da qnj 
faforecíese mucho á los que tealmr 
habían seguido bástalo último lacL 
aapaSoEa el Sr. Segovia, persona Isfl 
«iinpcUntequizá en los asunto* tlear 
lUisIa. dijo: 

<To, que conozco la manera eso | 
sIlo< eatjen Icn las obligaclanei de B. 
Sa, eomolashinentendidoatsiDpreai 
dal tratado y después de la aseooL 
como laE entenderán al tiempo de lu 



paracioQ, me temo, digo, qu« lo« 200.000 
liíbitantes que señílan los estidisUs que 
máe conceden i la isla, habían de crecer 
mucho en el espacio de veinticuatro 
horas. > 

■¡ Y por si no se entiende bien este he- 
cho que apenas me atrevo i apuntar, ci- 
taré un ejemplo histórico.» 

■ En el tiempo enque estuvo en fermen- 
tación y como en genntin la negociación 
ó por mejor decir al conato de rtincorpo- 
racion. circulaba en Santo Domingo un 
papel moneda, de que todos tenemos co- 
nocimieoto. Esta papel moneda, como ob- 
jeto material j puramente inorgánico, no 
sé 70 queteii0|a facultad reproductiva ni 
procreativa. Sin embargo con al anuncio 
porque ya se vislumbraba que Espit- 
ñv. Dabia de reconocer aquel papel mone- 
da que di6 en llamarse deuda nacional, 
con solo I& esperanza de la conTersion en 
moneda acuñada y metálica, esaa papele- 
tas se multiplicaron de tal manera, pro- 
orearOQ de tal modo, que yo tengo para 
mí quenohayun iuaeetode lusquereco- 



s reproduccionea, que pueda hacerlo 
tan rápidamecte. • 

"Quiero decir con la comparación, que 
loa fíeles y leales dominicaDoa aumenta- 
rían de tal manera después que vieran 
las garantías que se daban para las per- 
sonas y las propiedades, que quizá ven- 
dríamos á parar á que no había habido 
un solo rebelde, y á que estarían dispues- 
tos á ¡rasa cualquier parte, y sobre todo 
k quedarse en Santo Domingo, creyendo 
que España había de mantenerles con 
gran regalo 

Con respecto a la idea de qui se exi- 
giese indemnización de guerra al gobier- 
no republicano, otro orador que conocía 
da lo que ge trataba, dijni 

«Cuando la Bspslia había dado li la re- 
pública la mayor prueba de au magnani- 
midad j desinterés, tomaron aquellos 
buenos republicanos como coaa natural y 
corriento el que no se hablase de indem- 
nización, de compensaciones de ningún 
f enero, de liquidación de deuda que pu- 
¡era hacerse y de reconocimiento de pro- 
piedades anteriores á la separación, yo 
pregunto al Sr. Silvela: ¿que esperanzas 
podremos tener en laa circunstancias pre- 
aentea de qu» eonsinliaraa en una indem- 
nización, y de<|UB consentida nos la pa- 
garan?! 



Al ver la lentitud con que mvchabaa 
las discusiones en ambos Cuerpos cole- 
gisladores, dijo un senador con mucha 
oportunidad: 

■ Me permitiré decir al Senado, que 
mientras aquí perdemos (y digo perde- 
mos, porque esta discusión no tendrá re- 
sultauo alguno legal), que mientras aquí 
perdemos, digo, una y otra hora, cada 
una de estas nos cuesta un hombre en 
Santo Domingo, pues perecen en aquel 
clima de 20 á 25 hombres diarios; esto sin 
hablar del oro que se gasta allí á torren- 
tes, porque no hay para que hablar de 
esto cuando se hablado sanare, a un cuan" 
do él BigDÍflque la fortuna ue muchas ra- 
millas y el sudor de muchos hombres. 
Dicho esto, renuncio como he dicho, la 
palabra.» 

Por último, se echó la suerte. Puesta 
en ambas Cimaras á votación la conve- 
niencia de abandonar ó seguir dominan- 
do la parte ds Santo Domingo que se ha- 
bla anexionado, una gran mayoría resol- 
vió el abandono. Siendo de advertir que 
Bolamente opinaron por la conservación 
aquellos representantes que más direc- 
ta ó indirectamente estaban comprome- 
tidos en el acto de la reversión, y aunque 
la experiencia lea debía haber demostra- 
do el desgraciado éxito de su obra, te- 
miendo aparecer inconsecuentes ante una 
Sneríl vanidad, desoyeron las lecciones 
e la experiencia y los lamentos de la pa- 
tria. Con satisfacción naciosal, el suñ^do 
y morigerado ejército español debia aban- 
donarlas playas dominicanas. 

Solo algunos fanáticos do loa más ar- 
dientes partidarios de la unión liberal, 
derramaban en BUS diartos la híel de su 
despecho, y aprovecharon la oportunidad 
para cubrir de improperios al ministtrio 
que ejecutaba la voluntad nacional. 

No podemos menos de trasladar inte- 
gro en «ate capítulo el articulo que en 
aquellos días publicó La PreaiM de la 
Habana, y en el que creemos que esta 
perfectamente definida la conducta del 
ejército. 
Helo aquí: 

«Después de más de veinte meaes de 
ruda campaña, sin que los rebeldes do- 
minicanos hayan tenido valor para pre- 
sentar su pecho ante nuestros bravos 

soldados, quísnes han luchado con un 
I enemigo terrible, que es el clima, y en 

un país falto de caminos y de alojamica- 

tos y de toda cUse de recursos, y hasta 



I 



I 



» 



de agua pottbie en muchoa puntos ; des:- 

Sues que en muchsB oosienes , i peear 
a eetsr abundantemente provistog de 
todo por ]a diligencia y «ctiTidad cons- 
tante de nuestra autoridad superior, han 
oarruido hasta de pan, por absoluta im- 
posibilidad de trasporte, como sucedió i 
la (lirtfiion del Seiho, cuyos trabajos J 
padi>cÍm¡e¡itoa sen comparables á la cam- 
paña de Napoleón en Egipto; despuen de 
haber encontrad* una muerte itn gloria 
militar, aunque Bucco falta gloria para 
quien muere por la patria, naeatroa sol- 
nados abandonan á Santo Dominga por- 
(jue la nación lo quiere j porque «eria in- 
útil todo sacriBcio,» 

«Anadio puedt oeurrirae la dudade qu» 
8i España lo hubiera creído conveniente, 
podría permanecer en esa isla el tiempo 

3ue la acomodara. ¿Quién habia de echar 
ealliánuestras aguerridas tropas? i.\ea- 
80 los dominicanos? ¡D'^sdichados! ¿Han 
hecho otra cosa, como rulgarmente se 
dice, que Tivir ¿ salto lie mata, huyendo 
del alcance de nuestras balas, y no atre- 
viéndose á afiercar á nuestras bayone- 
tas? ¿Han peleado ni una sola vez, cuer- 
Ea á cuerpo y frente á frente, y si solo 
iriendo á favor de la espesura en que a« 
anidaban comoe8!vajesT¿Nohan r^-eono- 
cido esto mismo en im documento so- 
lemne en que pedian á nuestra soberana 
que se les dejara vivir como venían vi- 
niendo antes de la aneiion, y que las tro- 
«aBeapañolas evacuaran el territorio, sin 
lo cual les seria imponible lograr sus de- 
seos y tendrían que sucumbir?* 

'La Terdad es que nosotros nada consa- 
guiamos con esto, y que al bien en un pe- 
riodo más ó menos lejano e! pais se hu- 
biera sometido da seguro, la sota vida de 
uno d« nuestros soleados era de superior 
valor á lo que hubiéramos alcanzado por 
la obra de civilizar á los negros domini- 
canos.* 

«Quédense alU, con su feraz é inculto 
«uelo. con su libertad salvaje, con su 

foco amor al trabajo, y prescindiendo de 
) que k este obligan laa míis comunes 
necesidades de loa pueblos laborioso»; 
vivan y manténgense de !a* raices que 
arrancan de la tierra y da los agrestes 
frutos que próvida les concede en todas 
estaciones; oumolan au paaagera misión 
eobre este mundo en medio de la licencia 
V alojas sanas costumbres que un dia 
España lea legara; no haya freno ni dique 
álainmoralidad y al bárbaro relajamiento; 



gobiérnense sin ley, y corra J fut su 
existencia tin Dios; nuestra naciOD, en 
ánimo inclinado á compadecerse de tai 
trabajos j miserias, lea tendió su mi 
generosa el dia en que lallamaroD, yM 
Tes abandona dejándoles en su Bobe^ 
entregados al desvanecimiento de | 
negativas prendas.» ^ 

«Mientras tanto, aguarda á sua led 
moa. á sua esforzajios y generosos hn 
á loa que la han dado llenos de entuafl, 
ta y patriótico desinterés dias de glofti' 
en apartadas y mottiferaa regiones; i loa 
qua eatdn siempre prontos y dispuesicK , 
á renovar sua juramentos por su pv^' 
y por su reina: ella sabrá acogerles Jr 
maternal cariño; ella les procurará c 
canso i. sus fatigas, alivio á su de^ 
dez y premio á sus grandes met 
míentos. • 

Comunicado el acuerdo de Isa Cu 
ras k los capitanes generales de las JU 
lias, el de Santo Domingo procedió | 
evacuación de la isla, empezando pr 
parte del Sur. I.as ciudades de Ait 
Bani que ocupaban fáeümemte las td 
españolas, deoian ser las primeras al 
donadas, después debían de er^iU .. 
Monte Chrlati y Puerto Plata, para . últi- 
mamente serlo'la bahia de Samani j '" 
capital. 

El acto militar del abandono, , 
á cabo en todos estos puntos sin Bpvl 
notable. Vamos á referir tan fólo 4 
Monte Christi, por la importancia. (T 
obras llevadas a cabo. ^ 

Este punto fué abandonado 00(¿'pl 
mente después de haber volado los I 
tes de San Francisco y San Pedro, 1 
vista del ejército; espectáculo ¡mpóa 
y grandioso qua causó un horroroad 
tremecimiento de trepidación en ejj 
reno que duró algunos segundos, , 
cido por la explosión casi simoltuí 
dos hornillos que contenían. cUHcd 
tres quintales d« pólvora. Al deai^ 
cer la inmensa columna de humo j n 
que levantó la voladura, ya no s0 |1 
aquellos baluartes construidos por fl 
tras tropas con tantas penalidadeá ■' 
hubieran defendido aquellos " 
hasta perder su existencia. 

La parte de la población mejof» 
mejor dicho, construida desdelt I 
sion de nuestro ejército, se respeto 
dejó toda, siquiera para que lea «I 
loa rebeldes como un baldón de BU ll 
titud, asi como en la iglesia qutdií ' 



Damrntos y vksos áaertdoa de pl&ta; pe- 
ro iipeotsseh&bta embarcado el ejército, 
(juc se pudo flotar deade abordo, que en- 
traban en la población Tarios ginetea y 
daban fnego a algunos barracones, entre 
ellos á los que habían servido de cuarte- 
les á la caballeria j artillería. Quedó, 
pues, completamente evacuado Monte- 
Chriati, en donde reposan tranquilamen- 
te tactos valiente! que sucumbieron k 
Jas perniciosas inSuencias atmosféricas, 
siendo de sentir doblemente que en los 
últimos días hizo nuGTas victimas el vó- 
mito oesTO. ' 



De la cuestión del abandono de la Isla, 
surgió otra, un tanto grave, entre los ge- 
nerales señorea Gándara é Izquierdo. 

Altas consideración* s de respeto no 
nos permiten hablar de ella; pero la na- 
tural curiosidad del público, quedarfi sa- 
tisischa, eu un plazo más ó menos breve, 
pues según nuestras noticias las íHisto- 
rias da la guerra de Santo Domingo, « qui 
tienen escritas, el último gobernador d.e 
aquella antilla v el general Izquierdo de- 
ben explicar lo^aufleiente aquella cues- 
tión para saber de parte dequien estuvo 
la razón. 




XXIV. 



ABiNDONO TOTAL. 



Con el objeto de que nuestros lectores 
tengan conocimiento de los incidentes j 
drcuQS tan cías importantes que media- 
ron en las negociaciones celeofadas coa 
Ió3 comisionados del general jefe del go- 
bierno de Santiago, cnu motivo del aban- 
dono de la isla, inaeriamos i continua- 
ción los siguientes documentos que nos 
hemos pOilido procurar; 

Confidencial. — Sr. D. Benigno F. de 
Rojas.— Santo Pomingo !J de Abril de 
1S85.— Muy señor mío: Debe V. saber 
que ésta sometido i la resolución de loa 
altos poderes del Estado un proyecto de 
ley para que España abandone la pose- 
sión d« Santo Domingo. Si se resuelve 
la continuación de ¡a guerra, Dios en su 
justicia, decidirá cual na de ser el térmi- 
no de la lucha. Si por al contrario, se 
decretase el abandono, comprenderá us- 
ted demasiado (^ue habrá necesidad y 
conveniencia reciproca de una buena j 
I aift tua ¡nteligoBcia. España es un país 



to Domingo, demasiado noble, franca y 
general, para conservar odios ni rencores 
contra un pueblo que es creación auva, 
al que volvió solicita cuando sus angus- 
tiados hijos la llamaron, y del que ahora 
se alejarla con la dignidad de quien, 
obrando honrada y noblemente, renuncia 
á todo pensamiento de venganza , por 
más que una ingratitud inju^tiQcablp 
pudiera autorizarla. 

Representante yo aquí de loa senti- 
mientos y de la justicia de mi paía y de 
mi parte para que todos sus actos lleven 
impreaoel sello de la dignidad y de la hi- 
dalguía, que son la esencia de su carác- 
ter: en esta inteligencia me dirijo 4 us- 
ted confidencial pero recta y francamen- 
te, preguntándole ai llegado el cisoau- 
S ueste, estará el gobierno de Santiago en 
¡aposición de tratar conmigo par» d ar- 
reglo de todas las cuestiones que deberían 
resolyers.a, &l veríflcarse en al pais la rt,- 



I 

I 



riacioa que liiibria <le c&robiar t&n eaeu- 

ciaimente su mftnara ie ser. España no 

[luede considerar j amia como enemigos i 
OB pueblos de su origen, ni eata en su 
interés ni en su poHtica oponerse i su 
prosperidad, ni turbar su dicha. A.1 aban- 
donar á Santo Domingo, ¡amentará su 
extravio j sus errores, j al entregarle k 
su suel'tc, quedará tranquila su concien' 
ela, j satlsieclia de baber becbo más que 
él mismo por su felicidad. 
P«ro España tiene á la vez derecboü 

alie hacer respetar ; obligaciones sagra- 
as que no puede desatender: sobre estos 
derecboa y eitas obligaciones desearía sa- 
ber ai los nombres que están actualmente 
al frentodalarevalucion, quieren jpueden 
tratar con el Tniamo espíritu da equidad y 
concordia de oue España está animada. 
No debo ocultar á V. que si ei supremo 
aoblerno del Estado decide que el ejército 
lleve á cabo la evacuación del pais, la 
evacuación tendrá lugar, lo mismo en el 
caso de una buena inteligencia contra 
nosotros, que en el de que ustedes se ne- 
garan á todo advenimiento razonable: 
nuestra permanencia j nuestra marcha 
por ahora, no dependen de ningún modo 
de la voluntad de ustedes: V, lo com- 

t rende sobradamente, j sabe que lo qua 
aja de suceder tendrá lugar por efecto 
de nuestra propia voluntad. Pretender 
iilra cosa es negarse 4 la evidencia, j dar 
vida á sentimientos que solo pueden ser 
origen de males reciprocoa. Lo que si de- 
pende de ustedes, es elegir el modo en 
que debamos irnos, si como amigos ú co- 
mo adversarios: el primero es bueno, el 
segundo es malo; la elección no es dudo- 
sa, pero yo no puedo imponérsela á uste- 
des, aunque debo suponer que obtarán 
por lo mejor. 

El gobierno que quede al frente 4el 
pueblo dominicano al retirarse de su sue- 
lo el pabellón español, teodrá demaaia^ai 
diQcultades interiores para constituirlo 
y gobernarlo, independientemente de los 
peligros que Ifs auscitamn las constan- 
tes asechanzas de su perpetuo y natural 
enemigo; y obrarla cun poca cordura si á 
estos mates inevitables añadiera por su 

5 ropla voluntad todos los riesgos y to- 
aslas cuntingenciaede un bloqueo cons- 
tatileque España tendrá '}ue sostener lo- 
fcre sus costar, hanta obligarle á conceder 
por la fuerza )o que br>7 negase 4 la razón 
jilacouvenienili. 
^iufTun pueblo necesitará tanto couo 



el dominicano de la paz y Ib conconlfl 
t*doa sus hijos para asegurar u&kfl 

independiente ,v aun logrindola , 
encuentre obstáculos insuperable». 

Esta paz j esta concordia seria fa| 
aibles, mientras no establezca 
inteligencia con España : y conaoU j 
sobre bases permanentes clebe dii 
das sus miras, j guiando por la ri . ., 
justicia^ sus intereses bien enteadf. 
— Hago juaticiaá la ilustración de y.¿ 
poniendo que T. la hará i mi nioosrjS 
penetrándose de los buenos deaeoSQO^ 
auiman ai dirigirme á V, y a! ofnei 
los sen ti mientes de consideración con qaí~ 
soydeV.atentoaegurofervidorQ.B.a.H- 
— Pirmado. — .losedelaüíndara. — Es o*- 
pia.— Oiniara. 

, Conndencial.—nioa, patria y libl 
— República dominicana.— Pedre A.iM 
Pimentel, presidente de la repúblH 
encargado del poder ejecutivo.— San' 
y A.bril S de 188d.— Excmo. señor {, 
ral D. José de la Gándara. -Hay t 
mió Tdemi mejor aprecio: Bl Mitón 
nerai Benigno F. ríe Rojaa, actQll 1 
presidente de la república; ma h» 1 
una carta confidencial que T. le hk J 
g-ido, fechada en ¡a plaza de Sant4 
mingo el 2 de los corrientes; y aunqil 
aeSor Rojas contestará á V. como e^_, 
cortesia.-quiero no obstante, en'aauntodc 
tanta importancia, dará comprendera V. 
mi modo de pensar, para que desde luego 
tenga ocasión de conceptuar el ea-rüclcr 
de la política que he impresojámiadmitia 
traclon, y lo que pueda eaperarse de ella. 
riere, pues, franco y conciso en mía ai- 
pücaciones como cumpla i todo militar. 
7 por consigniente debo comenzar pot 
decir i V,, señor general, que cerno hom- 
bre de principies fuadados en raioQ, nía 
verá obrar en este sentido siempre que m 
trate de intereses tan sagrados como IM 
que tengo hoy á mi careo. Desea V. ijiu 
al operarse la evacuación de las fuemu 
eepaSolas del territorio dominicano, M 
baga lo que precisamente dearo vo, j ei 

3ue nos entendamos para que b{ despt- 
irnos una demos un abraio eu que dea- 
aparezcan las huellas ensangrentadu da 
asta guerra tan in con Teniente i nuestroa 
mútUDB iuteresea. 

Bien quiera el cielo, señor general, qua 
tan uniformes pensamientos reciban U 
sanción divina para que V. y yo Unga- 
moa la satisfacción de presentar «1 v ~ 



it d meijtfenl.a <fue roájs i^rulcceri á 
Ift BspgSa Kiite esos monumeotoa de sus 
glorías, que los ceostitujen loila'' ea»s 
repúblicna fundsdaa ea el contiuente 
amt^ricaBo j que Ileuks de calo j íaadi- 
d&9 inquietudes contemplan I> lucha sot- 
tenida hasta hoj en nuestro maltratado 
icm'torio. 

Lo que hizo U Espaoa con U Francia 
á principios de es'rf siglo, es lo mismo 
qufilosaoaiiaicaoos hacen ito; con ta Es- 
paña- I^as guerras de independencia en 
todas partes j en todos los tiempos, y 
nanj paj-ticul ármente en América, tienen 
tm tipo especial, que V. como hombre 
Ilustrado, que conoce la hi.itoria, no ha- 
brá d^jaiJo de admirar mucha* Te?ea. 

Coa ejemplos tales, j ja que Dios nos 
h» traído á buen terreno, no crea V., se- 
iior general, que 50 sea un hombre tan 
I ^uc me niegue 4 todo raciona! 

I entendrrnoi 7 nos entende- 
M. colocando á la república domini- 
k en el puesto que le corresponde, y 
utis que todo. caracteri2aQdo en formas 
oflctiJes las relaciones que puedan de 
ahora en adelante seguirse entre usted j 
migftbierno. 

SÍk esta feliz ocasión, señorBvneral, la 
precursora i lú paz j la que me propor- 
cione la satisfacción de cultivar con us- 
ted la mas franca y cordial amistad '^ue 
tkas el honor de ofrecerle su atento j 
■•guro servidor Q. B, S. M.— P. A. P¡- 
moBtel.— Ka copia.— Gijidara. 



Dios, patria ylihertswl.— República do- 
minicana. — Pedro A. Pjmentef, Presiden- 
te Je la Re|iúlil¡cB y encardado del po- 
der ^ecut¡*o. — Confidencial. Santiago, 
Abril 30 de 1865. — Excmo. señor general 
D. Josi de U Gándara.— Muy señor mió 

?d« mi mayor aprecio: lín debida oppr- 
unldad recibí sus cartas del 17 del qiie 
MSira, una ca cgntestacion á la que di- 
riji el día 9 y la «tra refiriéndose i li 
cuestión de eange de prisioneros. Sobre 
esta últimn materia debo responder a us- 
ted y lo ha^o manif'^stíjidole, que desdo 
lunero fjoe estamos próximos i entrar en 
oegociac Iones, que espero en Dios sean 
las que poüg'urt término á nuestraí que- 
fíl as, ina interesaré porque la comisión 
qu e pianso mandar con e»e objeto á las 
¿UDNiacíones de esa plaza, no omita nin- 
pa medio decoroso ni equitativo en la 



solución de este tsuoto. HJentr&s Usti, 
doy k T. la segurided de que lo» prisio- 
neros de guerra que tenemos ea nuestro 
poder reciben buen trato; no aa les ha 
encadenado ni aplicada á trabajos forza- 
dos, sino por el contrario, ae lea tiene en 
libertad trahcando jtor lo.s campos j po- 
blados T protegidos por nuestras libera- 
lea instituciones. 

Bn la espera de recibir sus noticia! 
que nos aproximen más j más i la reali- , 
zaciou ds la paz entre España y la repú- 
blica dominicana, reitero i V. 'ios aeati- 
mientas de aprecio y aiaiatad con qu* 
tango la honra de suscribirme su afectí- 
simo servidor Q, B. 8. M.— P. A. Plmtn- 
tel. — Es copia— Gándara. 



Sr. ü. Pedro Antonio Pimentel.— Coa- 
Mencial.— Santo Domingo 9 de Idajo de 
I865.— Muy senor mió j de mi considera- 
ción: Recibí ayer la atenta comuuicacioo 
de V. da 'JO de Abril próximo pasado ,que 
Bo contesté en «1 mome-nto, por queeitf- 
anunciado el correo de la Pemaaula y 
quería, si había necesidad y conTcnten- 
ci», referirme á su contenido. 

Antea de posar adelante, manifeataré 
á Y. mi sentimiento porque las operacio- 
nes del cange de prisioneros no se hayan 
Herido á t«rmiino con un espíritu mia 
elevado de humaaídad y de conllauía- 
Bepito a V. que k esta cuestión se le han 
dado unas proparcieues inconvenientes, y 
se ba tratado da constituir á nuestros 
prisioneros ea una garantí» inneceaaria, 
y en cierto modo ofensiva. 

Yo tenia interés de terminarla, no solo 
para poner termino á los^padecii^iantoa 
de los prisioneros de Vds. y de los nues- 
tros, sino para entrar en una vía de con- 
ciliación qu* facilitará las negociacionef 
sucesivas por el estableciniiento de una 
inteligencia tan franca, tan cordial, y sin 
reserva, como fuera posible en Duestraa 
respectivas situaciones. 

Era un error suponer que nuestroa 

Srísionerús pudieran servir a iistedaa 
e garantía efi:a% para los arreglos su- 
cesivos, y no era liábil manifestordes- 
coüflania en los prelimiunreH da negocia- 
ciones importantes para VJs. Ü tieoaa 
Vds. ó no fé j con&ania en nuestra reo - 
titud. 
En el primer caso . era eoavenienta j 

Solitice zanjar la cuestión de prísioaeroa 
« un modo franco y abaol&to : an al aa- 



4 

4 



no;/ ' 



so fli UTgatitift que tstemos m dliipoaicion 
de conumi caraos con brevedad, lo cual 
ao podri suceder pennaDecieada usted 
en SantUgo. — Tan pronto como jo reciba 
mis iDatrucciones deOnitíTaa participaré 
& V. oDcialmeatela resolucieadelGobier- 
i; j como la distancia que nos separa 
jbrga, retardará demasiado nuestra 
irocB i Dtali vencía, toda Tez que 70 
proceder desde luego, 7 hay cues- 
I srcuadarias que seria conveniente 
^l»T con anticipación.— Por ejemplo: 
Bn Hontn-ChrUti hemos hecho conatruc- 
ciones civiles Importantes, j fortificacio- 
nes de coDiideracion que coDstituyen 
aquel punta en un pueblo regular, y eu 
UOB plaza de guerra relativamente fuer- 
te. Si al tiobierno, j al pueblo dominica- 
no les cenviniera conservarlo en et estado 
actual, aeria fácil una inteligencia por 
medio de una indemoizaeion en cuja exi- 
gencia jo seria prudente. 

81 Vds. no estuvieran dispuestos á eita 
inteligencia, y por el medio propuesto, i 
la sauda de nuestras tropas de aquel 
punto V de todos tos que eitán en caso 
asiloffo, todo lo que fuera el resultado de 
ouestro trabajo)' de nuestros capitales, 
'a retirado ó destruido, quedando cada 
ilidad en el estado en que la encon- 
toa, basta docde sea posible. 

■- Tía de las cuestiones más ur- 

B dsn menos espera, porque 
a definitivamente la reaoluciou, 
. fatalmente el plazo Qjsdo á la 
STacuacion de cada punte, que se reali- 
nra sin subordinarla í niogun género de 
conside rací one s . 

Han llegado en el correo de ayer los 

prisioneros que temamos en la Península. 

j propongo á T. de nuevo una entrega 

""Biprocade todos, sin eieepcionni con- 

^n ninguna, insistiendo en recomen- 

ir 4 V. la conveniencia de que termine- 

W «ato, de una manera franca 7 leal, 

Bio un buen precedente para lo demás 

jAtengames que hacer. 

Km como espero, V. se encuentra dis- 




Bito como vo lo estoy, á facilitar 
Knlace de las cuestiones pendientes, 



^alegraré que para et 17 ó el 18 del 
ti puedan anunciarme su llecada á las 
Büediaciones da eata capital loa comí- 
madca de Y., no debiendo ocultará us- 
ted mis deseos de que V. se estableciera 
eu un punto tan inmediato á la misma, 
eomo V. lo jmgara conveniente, porque 
eensidaro d< la mayor Importancia para 




toda» el facilitar j abreviar nuestra co- 
municación. — Con al deseo de una pron- 
ta T conveniente contestacíoa me repito 
de V. ateato seguro servidor Q. B. 8. lí, 
—José de la Gándara.— Es copia.— Gin- 



Dios, patria y libertad . -República do- 
minicana,— Pedro Antonio Pimentel, prs- 
lidsste de la república 7 encargado del 

foder ejecutivo. — Santiago, Mayo U, 
a65.— Confldoncial.— Excelentisimo ae- 
ñor general D. José de la Gándara.— Muy 
eeñor mió 7 de mi ma7or aprecio y consi- 
deración. — En esta fecha he recfíbido su 
carta del dia 9, á la que he dado lectura 
con toda la calma necesaria, 7 después 
de haberme penetrado bien de cuanto en 
ella me dice, he determinado ponerle es- 
tas cortas liosas para darle la seguridad 
de que dentro de dos días despacho cerca 
de esas inmediaciones una comisión con 
plenos poderes para que deñnitiv amenté 
terminemos nuestras querellas. 

Entonces escribiré i V. más largo, 7 
me contraeré á los particulares de su ci- 
tada; pero mientras taato persuádase V. 
de que me hallo sinceramente animado á 
proceder cou la mejor lealtad en tas In- 
mediatas negociaciones; i fin de coaducir 
las cosas á un terreno conciliador empe~ 
ñaré mi autoridad 7 mi prestigio para 
acallar toda idea exagerada 7 maderar la 
prensa t&I como conviene en tu actuales 
circunstancias. 

El cange de prisioneros se efectuará á 
nuestra mutua satisfacción, 7 para ello 
doy termiaantes instrucciones a loa «0- 
mislonadoü. 

; De mi parte, general, hallará T. bue- 
ñas disBosiciones á la paz. Soy hombre 
racional. que amo i mi patria, como usted 
puede amar i la suya. 7 no es de dudarse 
que si podemos acercarnos nos demos un 
abrazo bajo la sombra de nuestros res- 
pectivos pabellones. 

Créame siempre su particular amigo 
que auicribe, su atento seguro servidor 
Q. B. S. U.— P. X. Plmeatel.— El copla. 
—Gándara. 



Dios patria y L'bertad.— República de- 
minicana. -Pedro jLntonío Pimentel, pre- 
sidente de la república y encargado del 
poder ejecutivo. — Cenñd en el al.— Santia- 
go, Hajo IS de 1866.— Bzcrao. nSor gt- 





^^^^^^ 


i 


^^f MT*. •^V-MlTMMT 


qoetcntesU), no ba dejadn ^a ap^Hrart 


^^P :uu TCOÜilltn- 


me, partjoe i larerdad, ella viene uer'rtn 


^B .,.,, . T. KTlBáadol* 


^f .r,cte] dal dift 9 




^M z <!et«ntiment« 


v". ' ■ , 


^^H .:s •qaellA c&r- 


br-- -" ■ 


^B_ ■ :■ 1 r/r^-L-o tcT 




^^_m^|B|^^ 


-.MsrDíig coa el i-o!-ij7í-i¡ aiiinr 
' V. ijue todo nmenaia de ri- 
:^tilidBdtrae bus iacouvenieti' 




^^^^^^^^^^^^Et 


j :-it.«acioD presente? 




Mucha es mi voltintad yyri.i. '■■ ■ - 




deseo porque ia pai se efect.j 


^^^^^^^^^^^^E 


crea general que yo ni ningnu .■ 


^^^^^^^^^^^^K>> 


no no8 prastariamos ¿ entrar ^i. ■ ■ , ,. .-- 


^^^^^^^^^k. ... 


ciones antQ el míis leve unug.>, pv>i<|j^^H 


^^^^^^^^^Bk'.,'.^s 3:.V uen<)os. 


entonces, si tal sucediera, ni «uu >iia^^H 


^^^^^^^^^^^^■■n romo nación calta 


seriamos de «^ue fuese auestro ■■"i^^^^H 


^^^^^^^^^^^HHtr' nnt» los U 


pueblo español, cuya noble snagn <H^^^^| 


^^^^^^■■■Kdk « UDk tabla en 


la por nuestras venas con el c&lor j^^^H 


^^^^^^^■^á,..' j-w 


comunica la ardiente zona es quB 1^^^^| 


^^^^^^^K^ ... 00 se- 




^^^^^^K 1' JcaRÍon tiiii 80- 


La ley que d^ja nbnlída la real d^^^H 


^^^^^^Ki' 


de I9deUavode 1861 por IkCBsl a^^H 


^^^^^^^Eu .'>s>.-oi)<)anit3que 


clarú anexado a la monarquía npaSd^^^H 


^^^^^^^Ei.. .onduican á UD 


hace vito á todo género de hostiHdt^^^^H 


^^^H^HC*. .i:-iporo hago la in- 


^^^■^^Eí* por un moBnen- 


tre nosotros t nos franquea rl cknii^^^^l 
le cordialidad, donde ambss partM ^^^H 
curriremos con nuestra» frentes «¿i^^^^H 


^m - M. ni sua digno» 


^r .■■ diferente modo 


■ ■ .? beclios como 


á darnos el ósculo en que deenparfl^^^H 


^f - "iiiv injusto seria 


para siempre los enojos entre \h ttp^^^M 


^ -n sonado la hora 


ca dominicana y la generoaft B8paBmJ^^^^| 


■ :■ i Doles debemos 


¿Por qué. pues, entonces usuM^^^^^I 


- i.-iu para darnos 


tirautoí en el lenguaje, y cuando M^^^H 


-.A'aninraMem- 


bla de canje de priai'ineros, ctt«^iái^^^^| 


1 lucha al mági- 


de hecho queda resucita. aejOfi^^^^H 


.i' _T ¡vivB !a re- 


idea, que eo obsequio de l^V^^^^^^H 




general, si«nto lo haya V. O^^^^^^l 


:' mis idena se 


ademas, ¿para qué hacer hmH^^^^^^^I 
rigores, del bloqueo, en hc*r»¿^H||^^^^| 


iii lo que es ra- 


■ i^ilü es así. que 


trata ya de gnerra, ainode la p£f^^^^^| 


■ al poder, com- 


Entend&monoH. genera); la poIÍtie^^^^| 

día entre nosotros la traiia el espirif^^^H 


■ el eoblerno de 
.Litlcla. mi !en- 


laleyde abolii^lon áque nos referlj^^^l 


■-: oflcinles jauD 
■.'■radii ileutro de 


y le protesto k V. bajo mi palabra d^^^H 
noT que. ein reserva y con la ^VjWJ^^^M 


..ifrieta mofiern- 


tad entraré i tratar con V., pora^^^^H 


- parece ijue ha 


creo, como caballero que es. Ui|iñ;i^^^^| 


'mM iidoptar des- 


las mismas buenas dispogietones IM^^^^H 
nifiesta el gobierno de S. U. i hviX^^^H 


r ,1 íu'.Titt que Iba 


. -lao por un acto 


pueblo doTnínicano. J^^H 


|.-,-A.!imÍentodeI 


Ka este sentiHo, permítame siipU^^^B 




que de aboT-^ "" rr, liaUj^^^H 


■ ■■■■ de ha- 


huM^^^^H 


t pro- 


uaj^^^^^^^l 


i>.-n¿ de 


íc^^^^^M 


..... ^ ■ ,-, - ..- .1- '■■ 'I-i cürtá, 


treurepúij" ,-.--.^/^^^^^^M 



l^flBta qM «B ni ansancia im loa dtai 
qUfl éiitnre por Ifta lineas del Noroeste se 
hnUeni hecho 1» publicación del acto ofi- 
cial á que V. se cimtrae en au carta, pues 
siendo mi política ajustada k las teuden- 
ciaa ooncilf adoras, uaturalmente uo pue- 
da aprobar nadaque no ae me ¡deuti- 
ñqne. 

Lameató asimismo que el art culo 
Bttado actinal d« la ffiurfa,p ublicado en 
el alcance núm. 26 del Boletín oficial, le 
haja mortificado, j'que sobre él me hu- 
biese llnmado la atención. KBte articulo, 
publicado en mi ausencia indiferentemen- 
te en el periddico oficial, j sin mi cono- 
cimiento, no es, ni puede ser la aignitíca- 
cion de mis propósitos, sino las simple» 
opiniones de nn particular desgraciada- 
mente emitidas en la prensa oficial. 

Todo 'esto queda subsanado donde á 
V. Ib s^nridad de que, como he dicho á 
V. en mi carta del día U, empeñaré mi 
auttvidad y mi prestigio, en acallar toda 
idea ekagerada j moderar laa publicacio' 
nesde la prensa. 

PasarlldD Á otTA cosa, tengo la satisfac- 
ción de anunciarle que en esta fecha des- 
pacho de aquí para esas inmediacionea, 
una eonmiaion compuesta de los senores 
generales D. José del Carmen Reinoso, 
Mcditon Vaiverde, y Pbro. Miguel Queaa- 
d&, cuya comisión va autorizada para 
incitcir y llevar 'á cabo las negociaciones 
de paz, etc. Estos individuos los he creí~ 
do por su moderación y patriotismo loa 
mu.& propóeñto pn-a esta importante 
obra. 

El general Reinoso es homlire honrado, 
de muy buen Sfntído y mesurado en bus 
ideas. Kl general Vaiverde es unjóv«n 
atttpitíco, tntelígenteyconbuena volun- 
tad, j el Pbro. Quesada uno de loameío-^ 
íM modelos del clero dominicano.. No* 
dado que efl conformidad con las instruc- 
doM'a qne llevan facilitaren todas las 
eosM jr 4^e en poco tretnpo que 'O ajus>- 
tad*l(t coiiTeDcittu. 

M mía tareas oflcis'les me lo permiten 
haré per aproTimarme á esa pl^Aza á Sn 
qnne nos pedamos comunicar oon mis fa- 
CllidBd j sis díladoQ; mientras tanto buv- 
M Mrl que para ganar tiempo m pria- 
eipien dosde luego las negoci aciones. No 
dñdo en que hr cuestión dé casge de po- 
■bsoriss ae deeida satisfactoriamente. 
ÍJUtfaf/ltitcefoañB qbe doy sobre el par- 
*''** '* r -stin terminaates para que no ae 
rAUfréneiA'ntaifQna, O» declas«ni 



de numere, •ino qoa m resuelva jKir to- 
talidad. 

Respecto de lia obras de Monto-Cristi 
también llevan instrucciones los aeñores 
comisionados, lo mismo que para todoa 
los incideatea que puedan ofi-ecerse en el 
curso de la conferencias. 

En fin, general, de mi parte no queda^ 
rá ningún medio decoroso que no empeña 
para la pronta, conveniente y aatisfactO' 
ría solución de las altas cuestiones que 
gravitan a cargo nuestro; y en ia confian- 
za de queV. se hallaanimado de igual de- 
seo, me prometo que Dios p.:)ndrá au ma- 
no poderoaa aobre el expediente que Be- 
llaremoa V. y yo en cumplimiento de 
nuestros deberes / en honor de la civi - 
lizaclon. 

Acepto de nuevo los cumplidos y o&e ' 
cimíentoB de mi particular amistad con 

?iue tengo el honor de auacribirme en de- 
srente seguro servidor Q. B. S. M.~P. 
A. Pimentel. — Ea copia. — Giándara. 



Dios, patria y libertad.— República do- 
minicana.— Pedro Antonio Pimentel. pre- 
sidente de la república y encargado del 
poder ejecutivo,— N.—yautittgo,Itfayo 14 
de 1854 '- 

Exorno. Sr.: En atención á su oficio da 
fecha 9 del corriente , tengo la satisfac- 
cion de comunicar á V. E. que he comi- 
sionado á loa señores generalea José del 
Carmen Heinoao , Ueliton Vaiverde y el 
presbítero Miguel Quedada como enviados 
y comisionados especiales encargados de 
mi parte al efecto de entrar en negocia- 
ciones con V. E. para celebrar la paz en- 
tre esta república y Espafia, y arreglar 
con V. E. el modo j forma de efectuar la 
evacuación del territorio de e -ta repúbli- 
ca por las fuerzas de S. U. C. 

Tengo el honor de saludar áV. E. con 
mi entera ooaaideracion. — P. A, Pimen- 
tel. — Kefrendado. — El ministro de la 
Guerra, P. Q. Martínez.- Ezcmo. se^c 
general D. JosédslaGáIldara,etc.,eJ>c.~ 
Saato Domingo.— Es copla. —Gándara. 

Dioa,- Patria y Libertad. —República 
Dominicana. — Pedro A. Pimentel, presi- 
dente de la rapúblicay encargado del po- 
der ojeontivo.— N. jl). A todos los que la 
presente rieraB aaÍMd.- Por cnanto los 
ciudadanos generalea José del Carmen 
Relaoaoi H«liton Vaiverde, y Pbro. Ml- 
gael lasada,' noa ntftfeeen partict^r 



I 



MnJ D. José de la Oándan. ~ Uuj señor 
rato j demi mejor aijreelo j conaldarm- 
cion: uiteayar eacribi i V. acuaándalc 
reciba de su carta confidencial del dia 4 
ofreciéndole refm-ifma con deteaimiento 
acerca de loa. particulares de aquella car- 
ta. Ea eate concepto cumplimento hoj 
mi oirecimieoto para no hacerme esperar, 
en Ifc conflanza de que mis eiplicacionea 
buttrin para hacerle comprender laa 
buenas disposicioDCs qut a mi 7 al go- 
bierno j al pueblo dominicano animaa 
siempre que se tabla de paz. 

No puede sor de otro modo, el carácter 
de nuestra contkc da por mks que seha^a 
tratado de desflorar, es puramente de 
principios y principioa rouj^ sagrados, 
que España misma como nación culta no 
puede desconocer ante los altares de la 
razón, j cuando se tienta una tabla en 
que aquellos pueden salvarse para que 
(jnbas partes quedeo satisfechas, do se- 
remos noaotroalosque en ocasión tan ao- 
temna presentemos dificultades ni entre- 
mos en vacilaciones ni desconrianzas que 
obstrujau lasti&sque condu7Cau k un 
leal ateoímiento, ni tampoco hago la in- 
justicia de creer, siquiera por un momen- 
to, queel gobierno da S. U. ni sus dignos 
representantes obren de diferente modo 
porque jo aé apreciar los heclios como 
hoinbr* de conciencia, y muy injusto sería 
si no confesase que ja ha aoaado la hora 
ea <;[ue dominicanos j españoles debemos 
poner las armas en pahellon para darnos 
un abrazo en quedesaparezcan para siem- 
pre los recuerdos de esta lucha al mági- 
co grito de ¡viva la reina! j ¡viva la re- 
pimica dominicana! 

Ya ve V., geneml, que mis ideas se 
UDoMín muj bien H. todo lo que es rs- 
cloaa) yconveniente; y tanto es así, que 
desde mi advenimiento al poder, com- 
prendiendo siempre que el gobierno de 
8. M. nos sabría hacer justicia, mi len- 
guaje en todos los actos oQciales y aun 
an privado, lo he utemperado dentro de 
loa términos de la más ertricta modern- 
tíW- Esta conducta me parece que ha 
sido Ift mejor que he debido adoptar des- 
de loe^o, que no era por la ñierza que iba 
í deolderse la con t ie n da, sino por un acto 
defraude j noble desprendimiento de! 
plblnete de Madrid. 

Slu embargo, g-enenti, á pesar de ha- 
berme conducido de esta manera y pro- 
bido mi buen deseo, tengo la péoí de 
MMíesariV. que Tá Kciárá dé sU cfertá', 



quecontesto, no ba dejado da Bp«ewtn 
me, porque lia verdad, ella Tiene escrltn 
con dureza y amargura que yo deploro ea 
estos momentos-aan importantes en qo« 
venimos Uublundo de la paz. I.o^ hom- 
bres y sobre todo los militares que se ha- 
llan á nuestra altura, debemos ser nlny 
fra^oa y hablamos con el coru^nu abier- 
to. ¿No cree V. que toda amcnaa* de^ ri- 
gor y ds hostilidad trse sus inconvaníeB-' 
tes en la situación presoñtef 

Mucha es mi voluntad y gri^ude es iBt 
deseo porque la paz se efccti'ie; perovp 
crea general que yo ni ningún dpmiuiea- 
no nos prestaríamos ft entrar .^n r.-:.'iiL'íi- 
ciones ante el mfia leve amuL- ■. ■ 
entonces, si tal sucediera, di 
seríamos deque fuese nui>*tr'i: ,1 ^,; ■ 
pueblo español, cuya noble .■■íii»í;,í i'ir;ii- 
la por nuestras venas con e! calor aa$ 
comunica la ardiente zona en que Tirt- 
moe, 

La ley que deja abolidn I» re;il íirdflo 
da 19 de Idayo de 1861 por 1:¡ I 
claró anexado á la raonarqm.i 
territorio domioicano, es ii:, 
hace alio k todo género de li. 
tre nosotros y nos franqueii 
la cordialidad, donde arabü^ 
ciirriremoa con nuestras frcii' 
á darnos el ósculo en que d ■ 
para siempre los enojos ent; ■ 
ca dominicana y la generosn . 
¿Por qué, pues, entoncfs 
tirantez en el lenguaje, y cu;. .., ■ 
bla de canje de prisioneros, cuesuvu <¡<u^ 

(le hecho queda resuelta, se ha' 

idea, que en obsequio de la ñrfi 
general, siento lo haya V. 
ademas, ¿para qué hacer n 
rigores, del bloqueo, en liorKB.) 
trata ya de guerra, sino de 1)^ pí 
Entendámonos, general: la f 
dia entre nosotros la traza el t. 
la ley de abolición í que oos ^IÍ 
y le protesto á V, bajo mi naltbr-' 
üorque.sin reserva y conlamKj 
tad entraré á tratar con V^" 
creo, como caballero quej ~ 
las mismas buenas diepo^L 
mQesta el gobierno de &,)m 
pueblo dominicano. "t 

Kd este sentido, perfnitU 
que de ahora «n adelaeUfl 
otra cosa que de la paz f 
geccia coii que V, t yoyi— 
gloria de tenulDar la riiid^^ 
b¡t laíépñbTIb» rtoBJIjiKioíy 



I 



tprecio, en razón de lus eminentes serrl- 
cíos i la cBuaa dominicana y teniendo 
cooñanza en au rectitud y honradez tie- 
moa venido en Dombiarlea como por el 
preseote les nombramos enviados y eo- 
misionadoa eapeciales, á fin de que como 
nuestroa representantes j apoderados, 
pacten y negocien de consuno con el co- 
__ niisionado ó comisionados, en loa radica 
" de ta Plaza de Santo Domingo, debida- 
mente acreditadea do' 8. M. C. ó por bus 
repreaentitntea , sobre la desocupación 
del territorio, puebloa," plazas, puntos j 
ciudadelaa que actualmente ocupan las 
armas eapa.nolaa, cange de prisioneros y 
sibre todo lo demás que en general ten- 
ga referencia con ia terminación de la 
guerra con España, ajustando y celebran- 
do una convención en que se estipúlela 
paz de la manera y en la forma que se lea 
instruye particularmente. 

Y rogamos se les dé entera fé y crédito 
i lo que en nuestro nombre y en el de la 
repúijlioa digan y hagan, comprometién- 
dose nueatro gobierno á todo lo que nues- 
tros enviados y comiaionadoa especiales, 
general José del Carmen Heinoso, Meli- 
ton ValTerde y presbi'pro Miguel Quesa- 
da, hicieren en virtud de estaa cartas 
credenciales. 

En testimonio de lo cual firmo la pre- 
sente con mi puño y letra y hecho sellar 
con el de la república en Santiago de loa 
CuballerosáD de Mayo de 1865.— B! pre- 
sidente de la república, P. A. Plmentel. 
—Refrendado.— El ministro de relaciones 



CONVENIO celebrado en virtud de la 
ley de 1." de Mayo de! año actual, que 
derogra el real decreto de 19 de Mayo de 
1861, que declaró reiacorporado á la mo- 
narquía el territorio déla república do- 
luinicana, entre D. José de la Gándara y 
Navarro, capitán gener..! de Santo Do- 
mingo v general en jefe del ejército y el 
préaerai en jefe D. Pedro Antonio Piraen- 
tel, 'presidente del gobierno provisional 
del pueblo dominicano, representado por 
los freo-rales D. José del Cirmen Reino- 
so, D. Ueliton Valverde y al presbítero 
[I. Higuel Q'iesada , sus comiaionados 
con poderea eapeciales, 

Art. 1.° El pueblo dominicano al re- 
cobrar su independencia por un acto de 
magnanidad de la nación eepañota, reco- 
noce y declara que esta obedeció a los 
móvilea d« la más alta generoaidad y 
■sblau cuando tnvo á biea iMptar la 



lo el asa de 
ímpre « i»vi 
oDentÍHM 
ante ^^^1 

Bader ^^^| 

ira Mñiv^^ 



teincorperaclon de Santo Domingo, k la 
cual prestaron tas circunatancJaa todo ol 
carácter de la espontaneidad y del libia 
querer de los dominicaoos, v que en eata 
virtud, Espaiía ha estado oentro de los 
limites de su buen derecho, al oponerse 

Sor medio de las armas á la restaurauira 
e la república, mientras pudo creer qot 
contaba con la adheion del país en La gran 
mayoría de aua habitantes, y ha prooa* 
dido con su tradicional hidalguía, cuaodo 
convencida d« que la mayoría de loa dt- 
mioícanos, desta sobre todo su idepeo- 
dencia nacional, ha suspendido el asa de 
la fuerza v renuncia para siempre i ini 

Sosesion del territorio de Santo Dowí "" 
ando de eate modo una relevante | 
ba de su respeto i los legitiniOB d 
de cualquier pueblo, ala atender j 
fuerza ú á su debilidad. 

El pueblo dominicano declara a 
mo, que es au firme proposita conaerrar 
la generosa amistad de la nación espaün- 
la, que le dio ser y origen, y en qnlea 
por esta misma causa espera encontrar 
siempre mayor benevolencia, más eficat 
protección que en ningún otro pueblo. 

Declara también que tiene el vehe- 
mente deseo de celebrar con España ua 
tratado de reconocimiento, paz, amistad 
navegación y comercio. 

Art. 2.* Se conviene en un canga rui- 
proco de prisioneros, sin sujeción á nú- 
mero, calidad ó categoría, entregauíío 
caJa parte i la otra, todos los que teiua 
en BU poder, dándose desde luego las Si- 
denea para que se verifique la entrega 
respectiva en el punto más cercano i Ina 
depósitos. 

Art. 3." En la feliz circunstancia J 
con el noble fin de conseguir la pai, al 
gobierno del pueblo dominicano ee com* 

Slace en declarar ainefecto todas laame- 
idaa de rigor que á causa de loa aconta 
cimientos se vio en la necesidad de dic- 
tar durante su período revolucionarlo, y 
en a u consecuencia, se declara y queda 
convenido, que los actos políticos de toda 
clase de individuos sin excepción de per- 
sonas ni categoría, en el curao de loa pk- 
aados acontecimientos, estarán exeaM 
de todo género de responsabiUdaji. W 
pudiéndose perseguir, inquietar, ni diri- 
gir cargos i nadie por lae opinlOBSi qn 
haya manifestado ó sostenido. 

Los dominicanos que hayan iidff OalM 
á BspaEa, sirviendo au causa «oK laaar 
maa en la mano, ó moatnndo su tdht- 
■ion de eualquier otra naiur*, pediii 




_. _ B el país baje U Mlragukr- 

a de sus lej«s 7 autoridftdea, j respec- 
tmdos por consiguiente en aua penonas. 
faKúlias j propiedadea, ó bien auseatarse 
libremente , pndiendo al marcharse, ó 
deapaes desde el pais donde se Ajen, ena- 
jenar sua bienes á disponer de elioa, se- 
gún tengan por convenieote, con la mis- 
ma libertad que loa dominicanos en ge- 

L08 que tuTleren por oonTeniente se- 
guir la üandera espaüola á otros puntos 
tl«l territorio de la monarquía, podrán 
r^^sar i este pais en cualquier dia. so- 
metiéndose á sus lejes, j disfrutando de 
lu mismas frani^uicias • iguales dere- 
chos que sus demás conciudadanos. 

Los subditos españoles resideates en 
el territorio de Santo Dominga, podrán 
permanecer «n él, ó ausentarse regre- 
sando cuando les coarenga, siendo res- 
petadoe en sus personas j propiedades, 
Bel mismo modo que los subditos ó ciu- 
inos de la nación mis favorecida. — 
jeptuan de los beneficios de este ar- 
loe desertores del ejército, 
t. 4.* Kl gobierno dominicano se 
_a i pagar a! de S. M. una indemni- 
lon, cuya ascendencia se estipulará en 
' tm tratado posterior, por la conrercion 
del papel moneda dominicano, por los 
gastos de la guerra, del gobierno y admi- 
nistración española. 

La época del pago j la forma en que 
deba Teriücarse, son puntos que también 
comprenderil el tratado de que ae haCe 
arriba mérito. 

Art. 5.° Mientras llegue el día de que 
el gobierno español (celebre con el domi- 
nicano el tratado i que se refiere el ar- 
ticulo 1.". el gobierno domiuioanose obli- 
ga á dispensar á los buques que navegan 
con pabellón eapaííol, las mismas fran- 
quicias aduantras que á los que llevaren 
la bandera de la nación amiga más favo- 
recida, acordándoles la protección y los 
auxilios que el derecho de gentes pres- 
erib« páralos casos de averia, arribada, 
forxosa ó cualquir siniestro marítimo. 

Alt. 6.* Loa enfermos del ejército j 
de las reser*as que hubiere en los hospi- 
tilea en el momento de la evacuación, y 
cuyo estado de gravedad no permita su 
embarque inmediato sin peligro de sus 
vidas, quedarán bajo la salvaguardia del 
derecho da gentes, obligándose el gobier- 
¡0 dominicano i trátanos con los mira- 
■ qoa «xiga la homanldad, kacián- 




doloa asjatir 7 aitídar con toda la aonsid»- 

racian y el esmero necesario; aiendo da 
cuenta del gobierno español los gastos 
que ocasionen, loa cuales serán «tisfe- 
chos puntualmente por el comisionado 
que mas tarda se encargue de recoger di- 
chos enfirmoB. 

Art. 7.* El gobierno dominicano ae 
obliga á no enaganar el todo ni part« d« 
su territorio, á ninguna nación ni pueblo, 
ni aatahlecer ningún convenio que per- 
judique los intereses de Gapafia en bus po- 
sesiones de las Antillas, sin la interven- 
ción y consentimiento de] gobierno ea- 

Art. 8.* Para el cumplimiento de los 

puntos estipulados en cata coaveaio, así 
como para proteger á los subditos espa- 
ñoles que permanezcan en el )>&ía. podrán 
quedar en él agentes públicos del gobier- 
no español, con el carácter de comiaic- 
nadoB especiales, ínterin se lleva á efecta 
la celebración del tratado de paz y amis- 
tad, de que se ha hecho refeiencia en el 
art. 1.' 

Hecho V firmado en Güivift. quinta El 
Carmelo (afueras de la plaza de Manto Do- 
mingo), el sexto dia del mes de Junio. 



4 



Sr. D. Pedro Antonio Pimentel.— Oon- 
fldeucial.— Santo Domingo 3U de Mayo 
de 1885.— kuy sef' r mié y de mi consi- 
deración: con notBole atraso recibí ayer 
tacartadeV.de 18 del actual, en loa mo- 
mentos en que llegaban á mía manos las 
órdenes del gobierno de 8. M. para la 
evacuación de este territorio. Ea, puai. 
llegado el caso de abrar j de poner «n 
evidencia nuestros recíprocos buenos 
sentimientos. 

Por mi parte tengo el contenido de mis 
cartas de 2 de Abril y posteriores, sin al- 
teración nin^'una. Toda la benevolencia 
posible dentro del derecho y de la digni- 
dad de mi pais. 

Hecho cargo úkI cootecido de la refe- 
rida carta de Y. del 13 del actual, y apra- 
cianlo en su verdadero valor lai seguri- 
dades y protestas de sus deaeos de amis- 
tad y concordia , y reiterándole de mi 
parte una sincera reciprocidad , voy a 
terminar esta carta refiriéndome í un 
particular importante de laaeV., queme 
conviene rectiQcar, estableciendo aobre el 
la debida claridad. 

Ma maniafiasta V. que ha leído coi pa- 
sa mi carta da S d«l actual, porque era( 




» 



\út eiti «lerít» con dertidunikjtm»' 
fur* qu* 800 d« atotir «a motnentoi pd 

3u««8t*múi trktuidode Ik pai, b&cién- 
omt&lguDu pr«gUDtta«aflond«queJR, 
aobn «mfiiKU* de rií^'or y hoatilidad qu« 
«Bcaintrit to !b blühib. Hb tiñade uated 
despiiCB qun el contenido oficial y snini- 
nfld&l del akanue del BtUU» OJtcial de 
Ai»tf«iro, del 30 de Abril, publicado en 
«uaenoiiide V. no merpca su aprobiLcion, 
j IsBitota T. que h hubiera publi- 
cado. 

tioida ettt eaplrcaeioa k Ibji quejas an- 
t<Fior«8, rae juttifica eampletAxaente dtl 
carfro que parece dea^randerae a* la 
carta d« Y. 

Lo que haya de dura ? amargo en mi 
carta deis del presente mes ce refiere á 
lo que hay de poco cirouQtpiúto en loa 
eacHMs del boletin ref' rido. y n loa cua- 
les debía 70 auponer que prestaba V. su 
adquiesceacia, toda vt-E que »eniaa uni- 
diiH dos ejempiaree k In oarta de V. que 
motivó mi ccattatacioD. 

Nend» por V. au aprobacitw al conte- 
nido d« aquella publicaciou ^ueAaii «ia 
rft!«Fmia réplicas, pero también queda 
«tt«iblec)do que la dureza, la amai^iira 
7 Ib iDCOBvenieucia, si las hubo, uftpai^ 
tferondemi. 

Muirbo me felicitaré que sua tareas ofl- 
dalaa 1« pennitan at-ortar la distancia 
«lueaos separa, porque e« de U major 
importancia para todoa, una fácil y breve 
eemunicacion entre noaotrog. HabiéndoM 
de verificar la« optracionee de la «va- 
eunelon, sin subordinarse, como cHje 
a V., i ningún ¡género de conslderaaionea 
fWTia sensible que llegara el caso de rea- 
Uxaree la de de terminad 03 puntos sío un 
arreglo prério que dsspnes Tendría 
tarde. 

Acepto con reconocimiento loa eipreai- 
Tosofrocimíantoa de V, y reiterándole lo» 
mtonmuy conliale*, jc- repito suyo ates- 
to wjTuro aerviiior Q, S. M. B.— Joaé d« 
laGuidara.— Ea copia.— Grin dará. 



Rxcmo. BCüor: i-oa infrascritoa dt eon- 
funnidad aoa lo acordndo en la última 
ooiifitreai.'ia f'eli'brada en 6 del corriente, 
tienen Rl bonor da itlrigír k Y. K. la* bu- 
taa que en au concepto puifden servir pa- 
ra la fomisctoii fiel protocolo que ha de 
redáctame como eomplerneuto del con- 
Tenio flnuailo eu In citada fecha. 

iiK eomlalou eiper* que V. E. se dig- 



nará tomarlaa eo con«idera«Ioa y aJmittr 
laa opiniones que eipreaaoomoBl ruiri- 
tado de la conciliación do los intareaea 
que está encargada lie defender coa el 
franco v aiuceto d^aeo de llevar & teraüDO 
el proi'W y justo arreglo de la cueaUso 
presente. 

Con aentimieutas de la más dUUu|aJ- 
da QOnaiderucionnoa auacríbimoa da V. K. 
atentos y aeguroa aarvidores Q. B. S. M. 
— J. C' Reluose.— MelitoB Valverd*.— 
Miguel Qaeíada.—QuiDCaa de San Juró- 
nimo JuníoS. de ISSft.— Bxcma.aeñoroa- 
pitsn gRoerai O. Joaé de la (jléadara. m- 
neral ^ n jr.fift de! ejército de Santo I>amlB- 
go. — Es copia.— üindara. 



4 



Para la formación del protocolo , 

sido convenido redactar como coi 
mixtto del convenio dominico liinpauo' 
mado ni fi da Junio actu&l en ta quinta 
SI Otrptelo. por el Bxcmo. neñnr capitaa 
l^'encral D. José de la Gáotiara y íoa sa- 
ñi>r<^a comlaionadoa pspecíivlrá ^-encralf* 
D. José del Carmen Reinoko, O. Helitna 
Valverde y presbítero D, Wiuuel Qiixa- 
da se presentan laacueatioiicn «iguieotci 
que son las qua á juicio de la con ' ' 
deberán tratarse, con las (teiiiéa qi 
señor capitán general asVíinf 
nienteü. 

I .* Soire lat CAv-tat cioiltt y 
ífi. — I.acomisiou tipínay dom 
caucas civiles y crimínalus ioet 
loe tribunales españolea de los dj^ 
pintos de eete territorio, debérta 1 
su curso «n los del pais que s« stti 
can con la sola excepclou de aqualli 
versan puramente Eobre inteniBW 
súbditoa españolea y las da loa IRl^ 
dos y acusados de la misma decIob. i 

•i. BifMS tmiarffaiiot dt ¡ontomM 
KOf.—Laa propiedades de todAttf ~ 
los domisic anos presantes y auan 
pa)í< qae hayan sido embargaJdaa A^ 
tadas por dIaposiciOQee gnSanuíttn^ 
la autoridad espaiiola, en cualqnlfrÉ 
to del territorio, serán dt>scBrVBdar^ 
embargo y entregadas a 1 
á cujo efecto ee lo y?- 
registroa, rentan* ■; 
devengado para su ■ 
dinpODga el gob¡prr¡.-' 

De ifrual manera fiT.ÍK ili-vu-lio* 
productos de aquella parte do loa mia- 
mos bíenea emb^irgadoa qua por cual- 
quier caso baya «ido enajenada. 



•littian Ua ann»a, pertrectios j krtil 
rú úe 1a república en ISfil, esperft la eo- 
inígiun quo pTrnauecBrán ta ol «aUde 
qa* correspODde j » partir dt los iaven ■ 
t&ri'tsdel armamento en aquella fecha, 
dejando su entrega 7 reposición ila ge- 
nerosidad j buen nombre de la autoridad 
■spañula. 
gs tambieu de desear que laa eficina: 

;' ediliciofl públicos coo los maables que 
n perUnazCBU sean recibidos par el 
ayoDtamicnto á beueQcia de íaTentarin. 
Ilel mismo moQo loa archivos aotiguos j 
BtoderDOB de todas las oOcioas públicas 
eamoigualmeote lot de las uotarias se- 
ria recibidos por la comisión qae se de- 
aigua. 

4." Cueitioií religioía. — En este asun- 
to It comisiOD obedeciendo al atffrado 
debirr de conaerrrr íocól jmeá los eieva- 
doa intereses de oues'.ra sacrosanta reli- 
gioQ, auplica al exc «I en ti simo seSor rice 
real patrouo. interponga su influencia 
paca qua se delet^ue la jurisdicción eapi- 
rituaL al candidato del gobierno domini- 
cano. Pbro. D Caliíto María Pina, quien 
recibirá á benaUcio da inventario todo 
lo perteneciente Á la iglesia j al semina- 
ria oncíliar. 

5." Butregadc la capííaí.— La comi- 
SioQ desea que i propuesta del señor ge- 
neral en jefa de Iss fuenna españolkS, se 
flje el día en que se efei:tutirB la eraeua- 
eion total del territorio j que la munici- 
pkiidad de Ja capital de íjauto Domiogú 
reciba la plaza con las Firmalidea de es- 
tilo.— Es copla.- Oindara. 



Capitán general j ejército de Santo D j- 
mittgo. — B. M. G. — Señores. — Recibí 
oportunamente la comunicación de uste- 
des de 9 del actual conteniendo nota com- 
^ensiva de las cuestiones que deseaban 
uatedes sirvieran de fundamento al pro- 
tocolu que debia redactarse como com- 

Elemento del convenio ürmado el dia 6.^ 
amo la naturaleza de alguna de aquellas 
cuestiones nu se presta a ser incluida en 
el protocolo, j el protocolo mismo no sea 
de formn muy propia en este caso, Le 
creído deber manifestar á ustedes que íiín 
alterar níosunu de mis ofrecimientos, 
.lerin resueltas todas ellas en favor de 
' KÜtw con el espíritu de benevolancia 



^u« me anima 7 que aatá de acuerda m» 
lo que el gobierno de S. M. ha tenida por 
conveniente pro reñirme, asogurándolu 
de nnevo que tan pronto como el conTs- 
nio celebrado empiece á tener ejecución 
por la entrega de los prisioneros, me apn- 
suraré á dar cumplimiento á mis prome- 
sas en todo aquello quu sea inmediata- 
mente realiza ole disponiendo que el 
ayuntamiento reciba á beneficio de mven- 
tariu y como representante del gobierno 
dominicano, les archivos t edilicioa pú~ 
blicús que vayan desocupándose, y con- 
tinuando del mismo mouo con todos loa 
demás a.suntoa en proporción que llegare 
su oportunidad, hasta terminar con la 
entrega de la plaza el dia de su evacua- 
ción.— Reitero & Vda, que con ligeras al- 
teraciones acepta el contenido de la nota 
í queme refiero. — Dios guarda i ustedes 
muchos años.'— Santo Domingo 13 de Ju- 
nio de 1S65.— José de la Gándara:— Se- 
ñores generales D. José del C. Reinoso, y 
D. Meliton Valverde y presbítero don 
Miguel Quesada. — Es Ciipia. — Ganda- 

I.. (1). 



Núm. 37. — San Gerpnimo Junio 18 da 
1865. — Eicmo. Señor. — Tenemos el ho- 
nor de remi-ir i. V. E. un pliego que le 
dirije el señor general D. Kussbio Man- 
sueta y al propio tiempo debemos comu- 
nicarle, que stíguD oficio recibido hoy do 
este mismo general, nos está ordenado 
suspender las conferencias, de confbrmi' 
dad con lo dispues o por nuestro Gobier- 
no Superior, y trasportamos á San Cria- 
tóbal hasta nueva Orden. — En consecuen- 
cia, rogamos i V. E. se digne conceder- 
nos salvo -conducto para pasar á dicho 
punto, en el día de mañana, y crea qua 
no ha sido, sino con gran satisfacción, 
que hemos tenido la honra de verle y po- 
nernos i sus órdenes, asegurándole qua 
mientras dura eata suspensión, nos e* 
muy grato repetimos sus atentos servi- 
dores, Q. B. S, M.— J. C. Reinoso.— Me- 
liton Valverde. — Miguel tjuesada.— Bi- 
celentisimo señor D. José de la Gándara. 
capitán general y general en jefe de lai 

Anticipándose al gobierno de S. K, k 
los deseos del pueblo dominicano habla 
resuelto, y había autorizado al capitán 
general para resolver todas eataj cusí- 
tiones en el sencido más liberal y g«na- 
roao. 



4 



■ ^B feBM DosAsgo.-" 





lo8 deseos 

«t iBlví>-&»idocto, 

pit«den empíeu- 

iseift de que por 

. «• que puedan 

«atantad, su per- 

tarmiii&das de 

desda el d.a 

el CDDveDÍo 

ó» objeto j 

% Ah'w qu» me acuD- 

. ^gnjii^ — Dioa guarde 

.— ¿Uto Domingo 18 

*laO«i)<lBrB,— 



E^ 39*f del Cir- 
T»l*Mdej don 
Domiugu Juaiu 

■k« áa muiifestar á 

I* wt sedo parameute 

«•■w-«Bto<l« «xtraSeza 

-M» » aAtten que me 

■ ino^Mí «rden de «ua- 

-■■^i<m «amigo J reti- 

«Ih. M*c«ilaiMiile que 

H ajin «M <}U9 ua nwdo 

~ MHttihi* nmbitr oapri- 

-■vt»Ac^> «Tíleler. No 

- \*««rfKlo oflciai- 

^.is pueda en- 

ninffVQ pro- 




á ▼.. floB todi franqneía, q«e oo lo i 
tiria por mi, pero que me harlin ewM' 
completuneute en mí modo il* Ttrta 
ciiestioneadeque nes hemos ocvptSaf^ 
mis reíolticloDet en lo enecalTo serlas 
diainttnlmciite opueitas f las que kaa 
determinado la conducta que kc seguMo 
bástala f^cfaa, y que desentendieAdeat 
en absoluto de todo ^éuerode conaidera- 
cionea, atendería solo k lo que correspon- 
de á los ¡Qteresea j á la dignidad del ptit 
que represento. 

8i fuera posible que llegara al caso ds 
Ter í V. da cualquier modo desautodw- 
áoa desposa de baber sido acreditados ea 
la forma mía solemne ^ de haber dado 
70 por ella completa fe á su representa 
cion. no habría medio posible da nncTS 
intel1t-enciB. porque las mds «eneülan no- 
ciones dal deber, de la dignidad j del de- 
coro, uie obligarían á encerrarme en asa 
incomuuicscion absoluta j h obrar «■ 
completa independencia. 

No quiero ea esta ocaalon faltará Im 
lealtad J n la franqueía con que me ha 
conducido en todaa, al tratar, desde el 
principio, las diferentes cuestionas que 
han mediada entre nosotros, j por eso 
DO eetrafiarán Vds. que les diga, queco 
lo sucesiTo no podria tener fé, ni faapi- 
rf rsela á mi gobierno, en las rslaeíones 
que pudiera tener oon quien, eu el ca«a 
supuesto, hubiera deaconocido todas tai 
reglas del derecho, de las conveniencias 
5 hasta de sus propios intereses. 

Eato supuesto cumple k mí lealtad tar- 
minar. asegurando i Vda, que me negará 
a toda cemunicacioD j que obraré ea lo 
BucesiTD j hasta el último momento, del 
modo que convenga imi propósito. Apro- 
vecho esta ocasión para rí-iterar á Vd. la 
seguridad de la personal conaideracit^Q 
con que me aUBCnbo de Yds. ataoto j 
seguro servidor Q. B. S. 11. — José de la 
(Hndara.— Bs copia— Gkndars. 



Dios, natríaj libertad. — Rspúbllcado- 
rBÍiilc«na.-San Cristóbal 24 de Junio da 
I8G5.— Sefior geneíal.— Los que suscri- 
ben, comisionados espacíatea del gobier- 
no dominicano para negociarla pai entra 
la república dominicaDB y el gobierno ea* 
paño!, tienen el honor deinformar fc V. B. 
•1 geaeral la Gándara, espitan gener»! j 
general en jefe de la armada etipafiola, 

3ue á consecuencia de haber sido Uana- 
DS al asno del goblsrno su* | 



na loB e«Boresgflii«nlu JoK del CinseB 
RcjoOBo. H«lit0D Val*er<le y e) Pbro, Mi 
gu«l Quee«da. ; dn no haber merecido el 
eenvenio que coa V. B. hiderou aquellos 
aeüores, la sprobacioB del ejecutivo, oo 
mo lo Ter& V. E. por el ídcIusq decreto, 
bfta sidu reveatido» loit íofnscritDB con 
iplios poderes p»ra tratar con el comj - 
l^ftdo 6 comisionadoa de 8. M. católica 
Kra ajustar un tratado fundado en 
Kcipiosde equidad y justicia, quspon- 
[ténninss á las hoatíUdades suDsisten- 
ai: i adamen te entre ambos pue- 
Dios r que deje gentada bajo bases sóli- 
da* el modo de canjearlos prisioneros, de 
•TWUar el territorio, etc., como se pro- 
le en al bo^quejo^de coBvenio, también 
li jacluHo para economizar el tiempo j 
Utido h 1k atención de T. B. 
Ib scmplacea sobremanera, loa que sua< 
jen, en decir á V. E.. que están dis- 
pueatos i abrir conferencias con el comí- 
aíonado ó comisionados que &. M. C. ha- 

2a tenido á bien nombaj- tan pronto como 
eatoa convenga 6jar dia, fugar j; hora 
Kra dar cumpumiento á &u cometido. — 
mea el honor de suscribirse do T. B., 
600 suma consideración.— Sus atentos 



ni D. Joae de la Gafidara capitán gene- 
nl 3 gf neral en jefe de la A.rmada Espa- 
"-■i,rtc., etc.— Santo Domingo. —Es co- 



K 

Wosi 
da«d 

•TWU 

I 

! 




Patria 

Antonio Pimentel. 
pnajdente de la república. — A. todos los 
qae Jas presentes vieren y entendieren, 
wbed; Primero.— Por cuanto entendiendo 
i las atribuciones que nos confiere el in- 
ei»o lo." del art. 83 de la Constitución en 
Tieor, liabimoa de nombrar con fecba 9 
iÍm mea de Ha;o último, y accediendo á 
los reiterados deseos que se nos habían 
sido comunicados en diferentes oñcios, 
por el señor general D. Jasé de la Ganda- 
n, á los señoreíi generales José del Car- 
mea Reínoso, Heuton Valverde, y al se- 
ñor Pbro. MiguelQuesadajparaquaencla- 
scde eomisionadas especíales nuestros, y 
c«mo representantes de la república, pnsa - 
aen extramuros de la ciudad deSanta Do- 
mingo, á tratar con Los comisionados de 
S. M. C. . acerca de la terminación de tas 
kostitidades entre la república dominíca- 
n f el gobierno de Uapaña; y eobie la 



de nuestro territorio, por 
tro^ españolas que ocupan 
de el. 

Segundo.— Que al efecto fueron reTCB- 
tidos dichos señores comisionados espe- 
ciales con las competentes cartas creden- 
cíales é instrucciones escritas, precisas, 
claras j terminantes pura que en etitricta 
conformidad con ellas y observando í ta 
letra su literal sentido, pactasen y nego- 
ciasen con loa comisionados de 8. M. C., 
únicamente lo que dichas inatrucctonee 
disponían, snbre la terminación de las 
hostilidades y desúcu pacían de nuestro 
territorio por tropas españolas como lo 
ordena el real decreta dado á las Cortes 
de España, y aprobado por S. M. C. l& 
reina el dia 1." de Mayo próximo panado 
por el cual ae deroga el de 19 de Mayo 
de Istíl' ()ue declaró reincorporado i la 
monarqu ia española el territorio de la rC' 
pública dominicana. 

Tercero. Que dichos saJSores comisio- 
nados, extralimitan do aus poderes, com- 
prometiendo gravemente la suerte futu- 
ra de la república, j violando todas lu 
leyes ydecretoe vigentes, y basta la mis- 
ma Conatitucioo en vigor, han pKtado 
y negociado en fecha C del cotriente mes 
de Junio, con el general D. José da la 
Gándara, un ccuvenio constante de ocho 
artículos, cuyo tanor á la letra es como 
sigue. 

{Aqui el convanio da 6 da Junio publi- 
cado anteriormente.) 

Cuarto. Por tanto y habiendo el reft- 
rido convenio en su eonjunto y en sus ifi- 
fe rentes articulo* sido ajustado por los 
referldoi comisionados en cootradicoioa 
expresa de las Instrucciones y órdenes 
terminantas que al efecto recibieron, coa 
eitralimitacioa de sus poderes y violan- 
do en dicho convenio las leyes, decretos 
y hasta la miama Constitución en vigor. 

Oido el dictamen de mi Consejo da mi- 
nistros.— Oído el parecer del Consejo de 
gobierno. 

En virtud de las ñtcuhades que nos 
coQÍiere el inciso 1 1 ." de la referida Cons- 
titución en vigor, hemos venido en ie<- 
cretar, negarle como por estis presente) 
le negamos, nuestro asentimiento y apro- 
bación, declarando de la manera máa fbr- 
mal y solemne, dicho convenio, en cuan- 
to concierne k la república dominicaiuij 
inaceptable, nulo y de ningún valor ai 
efecto. 

Ka ft de le c>ml, bemos flnuado laprs- 



estoe- ^^ 



4 
4 



I 



Btnte no ratiflncio* y declaratoria de 
nulidad 7 hécholo sellar con el ^ran eello 
de la república j refrendado por Ioe bC' 
eretarloa de Botado. 

Dad» en la cfud&d de Santiago de los 
Caballeros, capital de la repáblica, i loa 
doce días del mea de Junto del año de 
Nuetiro Señor de 1865; 22 de la indepen- 
dencia 7 segundo de la restauración.— 
P, Á. Pimentel.— Refrendado.— El mi- 
nistro de Hacienda, Comercio j Relacio- 
nes exteriores. —T. S. Heneken. — El mi- 
nistro de Justicia é Instrucción pública é 
interinamente encargado de la cartera de 
lo Interior j Pclici», Vicente Morel.^RI 
ministro de la Guerra j Marina, Pedro G. 
Marti ne I. 



» 



Bases del conveaio propuesto entre la 
república dominicana 7 tí. M. C. doña 
Isabel II, reina do España. 

Articulo 1," Habrá pez entre la repú- 
blica dominicana y la nación eapsnola, j 
entre los ciudadanai 7 subditos de am- 
bos Betadoi. desde la fecha de este con- 
venio en adelante . j sin escepoion de 
pertonas ni tugares; en consecuencia se 
compromete S, W. C. i la evacuación in- 
mediata pur su fuerza del territorio do- 
minicano. 

A.rt. 2.' Los prisioneros que existían 
en el poder de la una v de la otra parte, 
BBrinraciproesmente'eDtregados sin su- 
jntarseáninguna calidad ni categoría, 7 
dssde luego se darín las ónienes correa - 
pondlentes para que se veriflque la en- 
trega respectiva á la vez. y en los puntos 
mis cercanos y convenientes, ja apa en 
laa inmedta'íonea de Puerto-PÍataó San- 
to Domingo, ó en otros, que ambas por- 
tel designen 7 como mejor leí convenga. 

Art. 3 " Los enfermos del ejercito e*- 
Mñol ó de las reservas, que existan en 
los hoapitklpsen el moment» del canjeo 
7 de ta eincuaciofl del tarritorlo, cuyo 
astado de gravedad no permita su em- 
barque inmediato sin peligro de sus vi' 
das, podrán quedar.sf . 7 tierin protejidoií 
por el gobierno dominimno. que en con- 
formidad aldaracho da gentes, los trata- 
ri con el miramiento qua exi^ la bumt- 
DJdad, haciéndeles asistir 7 cuidar con 
todas las ccnslderacionea 7 el esmero ne- 
cesario, 7 á cuyo efectu podrin quedar á 
cargo de facu1titlrr>s espaSolen; que go- 
zaran da las inmunidades de neutrales 7 
da tMlaa la« cuitntlaf que pr«scrlb« el 



derechoda la guerra. Lesgaatw <]»■ 

ocasionea serán por cuenta del go1d~ 
espa'.ol, que loa nará satisfscer pnol 
mente ^or el ájente encargado mas I 
de recojer dicnosenferaioa. 

Art. 4.' Encontráiidoae amKtat]i., 
Ins dominicanos que han pertenecido fl 
li-a á Eitpaña por tndoa Ids actos poIlU 
eos cometidos por ellos, durante el cur- 
so de los pasados acontecimientos, coa 
solo las excepciones que designa el de- 
creto sobre la materia, dado por ta sobe* 
rana convención nacional, fecha 16 da 
Mano del corrieate aSo deberán las dla- 
poGtciones de! referido decreto surtir au 
efecto 7 sar acatadas por aquellos h quie- 
nes concierne. 

Art. 5.* Las propiedades, (con xtnt 
rentas atrasadas/, confiscadas por laa 
iLUtondadea eipafiolas á los cju( 
dominicanos en raxon de sus opinlM 
políticas, 7 lasque lo fueren, á Kis a' 
ditos españolea ó i domioicaDOS afee" 
Kspafia por las autoridades domliilci 
serán reoiprocam- nte devueltas, w. 
gáuduselas ¿ sus legítimos dueSaS, < 
catado en que ee encuentren 7 sin t ^ 
ciüB alguna tan lupgo como sa ll«vai 
cumplido efecto las disposiciones de Si 



Art, 6.' La república dominicana dt 
usa parte. 7 S. M. C. de U otra, of«c«> 
red pri> carnéate renovar por medio de 
pleoipotencisrioael trataíí) da pei.smli- 
t«d 7 comercio 7 navegación ajustado 
entre ambos en Madrid, el IB de Febrero 
de 1S55, rsservindoae ambas partea para 
entonces hacer las reclamaciones que á 
cadn uno pertsaexcan 7 puedan corre*- 
poudsr, como también proponer i. dicbo 
tratfdo laa modincaciones que el intem 
de subditos y ciudadanos de ambas tia< 
cíones puedan convenir hacerle. 

\rt. 7." Sin embargo, queda deatle 
luego convenido que loa buques espaOo- 
lex en loa puertea habilitados de la rf^pü- 
bliüa domiaicana, 7 los buques bajo la 
bandera dominicana, en los pucrtoi h%- 
bilitadnsdo Kspaña 7 de sus coloniza, jo- 
íarfilide leí miimai franquicias aduane- 



.sdeq 



^(jnz 



dése mutuamente la proteceion v Io« au- 
xilios que el derecho de gantes prescribe 
partí loa caaos de ave-iaa y arríbadaí ftir- 
Tiosas da cualquiera otro iiaieatro marir 
timo. 
Art. 8.' Para la protección ilal o 



eto de «niVu iNates, j paim poder velir 
•1 puntual cumplimiento de los puntos 
•stipulados en este convenio, podrñn am- 
bos uombii^r agvntes comerciales con re- 
sidencia tnlos puertos habilitados de una 
6 de la otra parte, revistiéndolos con los 
poderes correspondientes .á sum destinos. 

Art. 9/ El presente convenio, s^gun 
se baila extendido en nueve artículos, 
será ratificado por ambos gobiernos, den- 
tro del término de seis me^es, ó antes si 
ñiese posible. 

En íé de lo cual, nos los infrascritos 
comisionados especiales de la república 
dominicana v de S. If . C. lo hemos firma- 
do por dup&eado y sellado con nuestro 
sello particular en SanGrerónimo, etcéte- 
ra, ete. 



- Capitanía gftneral j ejército de San- 
to Domingo. — B. M. G.— Señores gene- 
rales D. José María Cabral y D. T. S. 
Hencken. 

Señores: He recibido con la comunica- 
ción de Yds. de 24 del actual en San Cris- 
tóbal, los papeles que le son adjuntos, y 
en contestación les manifiesto que queda 
desde este momento interrumpida toda 
comunicación entre nosotro.-^, que no esté 
dasada en la confirmación y aceptación 
pura j simple del convenio celebr<ido en 
6^del presente mes, entre los comisiona- 
dos legítima y solemnemente autorizados 
bel|goDiemo del pueblo dominicano* y yo 
como capitán general, general en jefe de 
su ejército, v como tal legitimo repre- 
sentante de S. M . la reina, quien además 
se dignó otorgarme autorización especial 
para la celebración del citado convenio, 
que tengo por válido, legal y subsistente, 
estando decidido á sostenerlo sin altera- 
ción ni modificación alguna. 

En su consecuencia, y en vista de los 
papeles recibidos con la carta á que con- 
testo, que prueban una conducta en el 
Sobiemo da Santiago, que me abstengo 
e'Cftliflear, pero que reprueban todos los 
finelpios del derecho, de la razón y del 
sor, declaro, para que puedan hacerlo 
saber Yds. 4 su gobierno, que llevaré 4 
cabo la evmcuaeioii del territorio hasta 
(Unde me convenga, en las circunstan- 
cias "que correspondan 4 mis proyectos 
ulteriores, y que eontinuaré la guerra en 
Ift flwma i|ue sea m4s ventajosa á les in- 
tsrsseé j al bnaor de la causa que re- 
pciMBio. 



. Debo advertir á Tds., por último, sus 
de la vida de nuestros prisioneros, au- 
rante el nuevo periodo, me responden los 
prisioneros dominicanos que están en mi 
poder y todas las demás medidas que 
juzgue convenientes tomar contra tod;i 
violencia que se intente centra ellos. Dioíj 
guarde 4 Vd.-^. muchos afíos.— Santo Do- 
mingo 26 de Junio de 1865.— José de 1% 
Gr4ndara.— Es copia. Gándara. 



DON JOSÉ DE LA GÁNDARA Y NA- 
varro. Gobernador Capitán General 
de Santo Domingo y General en Jafe 
djel ejército de operaciones. 

Animado el Gobierno de S. M. (q. D. g.; 
del laudable doseo de poner término á uis 
calamidades y horrores consiguientes á 
una contienda, que si bien justa v nece- 
saria por su parte, habia llegado a tomar 
ja el carácter de una guerra de conquis- 
ta, muy agena de la intención de España, 
al aceptar la espontánea reincorporación 
de la antigua república dominicana; y 
accediendo además á las fervientas sú- 
plicas del gobierno de la revolución, con- 
signadas en la exposición que elevará á 
S. M. en Enero del año actual, resolvió 
•on acuerde y autorización de los cuer- 
pos colegisladores, el abandono de esta 
isla, en la creencia de que los dominica- 
nos, movidos por un sentimiento de g^- 
titud á tan alta prueba de magnanimi- 
dad, y poniendo en práctica las protestas 
dp. amistad y simpatías hacia el pueblo 
español, de que se hace alarde en aquel 
oficial documento, c^rresponderian digna 
V lealmente á la noble conducta del Go- 
bierno de S. M.— Mas por desgracia no 
ha sido así, y el simple relato dalos he- 
chos que han tenido lugar últimamente, 
ponen de relieve el distinto proceder de 
una y otra parte. 

Las Cortes del reino, al decretar por la 
ley de primero de Mayo' último el aban- 
dono de Santo Domuigo, subordinaron 
este acto a las condiciones que establecen 
en el art. 2.°, cerca de cuya ejecución me 
han sido comunicadas las correspondien- 
tes comunicaciones. 

Instruido oportunamente el gobierno 
de la revolución, de las benéficas miras 
del pueblo y del gobierno español, n<«n- 
bró tres comisionados á quienes invistió 
de plenos poderes para convenir y pactar 
conmigo, cuanto se relacionara con la 




scote se r>tiflc>cioB j <íeclftratorl> de 
nuildid y héchoto sellar con el grao sello 

de la república j rerrendkdo por los se- 
aretarios dn Estado. 

Dado en U cludud de Santiago de los 
Caballeros. c^Mpital da !a ropública, á los 
doce días del mes de Judío del año de 
Nuestro Señor de IS^b; 3S de la indepen- 
dencia j segundo de la restauración. — 
P. Á.. Pimontel.— Refrendado.— El m¡- 
nietro de Hacienda, Comercio y Relacio- 
nes exteriores.— T. S. Heneken.— Bl ini- 
niatro de Justicia é Instrucción pública é 
inte rlonm ente encargado de la cartera de 
lo Interior j Policia, Vicente Morel,— RI 
ministro de la Guerra j Mbrloa, Pedro G. 
Hartinez. 



Bases del conTeaio propuesto entre U 
república domicicena y S, M. C. dofia 
Isabel II. reina do España. 

Articulo 1,' Habrá paz entre la repú- 
blica dominicana j la nación eapaBoia, j 
entre loa ciudadanos j subditos de ara- 
bos Eetftdoi. desde Is fecha de este con- 
íenio en adelante , y sin excepción de 
personas ni lugares; en consecuencia se 
compromete S. M. C. i la evacuación in- 
mediata por su fuerza del territorio do- 
minicano. 

Art. 2.* Los prisioneros que eiistían 
en el poderde la una V de la otra parte, 
■orinreeiproeamenteentregados sin su- 
jetarse a ninguna calidad ni categoría, j 
desde luego se dartn las óriienea corres- 

f'ondlentes para que se Teriflquo la en- 
rega respectiva i la vei. y en los puntos 
más cercanas y conrenienteB, ya get en 
las inmediai'iones de Puerto-Plataó San- 
to Domingo, ó en otros, que auibas par- 
tes designen j com" mejor les convenga, 
Art. 3 " Los enfermos de! ejéruito e.i- 
paSol ó de las reservas, que existan en 
ios hospitales en el momcot* del canuto 
j de la eracuaeioB del territorio, cuyo 
astado de gravedad no permita su em- 
barque inmediato sin peligro de sus yi- 
das, podrán quedarse, y serán protejidos 
por el gobierno dominicano, que en cod- 
formldad al derecho d« gentru, los trata- 
rá con el aiiramíento qus exige U huma- 
nidad, haciéndoles asistir y cuidar con 
todas las consideraciones j el esmero nf> 
eoaarid, y i cuyo efecto podrán quedar ú 
cargo d« facull'.atÍT'>s españoles; que go- 
zaran de las inmunidades de neutrales y 
de todas Ue garantiu que preaerlbs el 



derecho de la guerra. Lesg 

ocaeioneK serán por cuenta ( 
esparcí, que los nari satis^c 
mente por el ájente eueargad 
de recojer dichos eDrennos. 

Art. 4.' Eocontrátidoso ■ 
los dominicanos que han p 
1i>s Á Etjpaña por todos lot 
coa cometidos por ellos, dur 
so de los pasados acootecii 
solo las excepciones que d« 
creto sobre la materia, dado 
rana conrenciou nacional, 
Marzo del corriente año debí 
posiciones del referido decre 
efecto y s«r acatadas por Kqi 
nes concierne. 

Art. 5.* Las propíedade 
rentas atrasadas;, conOací 
autoridades cípañolaa & lof 
dominicanos en razón de a 

Soliticaa, y las que lo fueren 
Itos españoles ó i dominlcí 
Espaíln por las autoridades I 
serán reciproeam'' ote derv 
gáoduBelas á sus legitin 
estado en que se euoueii _ 
clon alguna tan lu^go COtno 
cumplido eriecto las dlspoald 



Art. 6.' La repúblict de 
una parte, y S. U. C. de U 
recíprocamente renorar no 
plenipotenciarios e) tratad) i 
tad y comercio y navenc 
entre ambos en Madrid, el 1 
de 1855. reservándose tmbaí 
entonces hacer las reclaül 
cada tino pectanezcas j pu 
pondar, como también pnf 
tratado las modiflcnniooes q 
de subditos y ciudadanos i 
cioncs puedan convenir liui 

Art, 7," Sin ombaiyo,' 
luego convenido que loaba 
le* ei) los puertos habilita 
blica dominicana, j loa b ~ 
bandera dominiuana, na ! 
bilitadosde España y de «i. ^^ 
iiirüi de la!i misma* fracqul 
ras de que ^ozau los buques 
tos á la nación mis l^Toreel 
dose mutuamente la protec« 
xilios que el derecho de ^g 
para tos casos de ave "JU J 1 
zosas ds cualquiera otro ti 
timo, 

Art. 8.* Para la prOteceb 




I 



tenninaaion ds Ib gnerrs, desoenpBcioa 

del territorio por pa'te de tas fuerzas ea- 

Küoltia y una finí deBuitivn entre Santo 
imingo 7 Ib motnrquta, aprobando de 
autemaDO pur sí 7 á nombre ds la reiiú- 
bliea. todo cuanto aqtiellos hicieran j 
ConvinierOD, en virtud de dioho ilimitado 
mandato, sin mencionar siquiera cliusula 
ó reserva alg^nct de ratidcacion, «a pnie- 
bi de ']ue, k su juicio, el proyectado con- 
venio, dsbia ser deünitivo j abü^atorio 
[iRra las partea contratan tos, y recibir su 
mm-diata ejecución sin aquella formali- 
dad; así lo existan m prlncipmly hnoxe.- 
nitario oljjeto, lo apreuiisnte de las cir- 
circuustanciaa del paia. y más que todo, 
los iaconven lentes que para la prouta ra- 
tificación por parte del gobierno de Sapa- 
fta, ofrece la distancia en que se halla la 
península del teatro de loa acontecí' 
mientos. 

Bq esta virtud, ssestablaron lasue^- 
goclaciones entre loa antedichos comisio- 
BBd iB y yo, ^ el 8 de Junio último quedd 
ajustado y firmado un convenio que ha 
sido posteriormente desaprobado por el 
^bierno de la revolución; negándose por 
consiguiente las garanfias que en virtud 
del art, 3." de la citada leií j las instruc- 
eioues del ^hierno de S. M". estoy enenr- 
gtdo de exigir, como condición indispen- 
aable de todo pacto, en ftavor de la» ¡«r- 
sonaa y de 1o« intereses de las dominica- 
nos, y de loB derechos de Rspoña y de riii 
eúhditos, aumentando con este inhumano 
é inconcebible procedimiento loa males 
inherentes á la guerra, cuyas consecuen- 
cias, pesarán ante Dios y los hombres, 
sobre los que no han tenido ta virtrad ni 
el patriotismo de evitarlas. 

iín consecuencia, y cumpliendo con las 
ioatrucciones que me Itan sido comuni- 
cadas por el gobierno de 8. M., es de mi 
detMr protestBf , como protesto soltmne- 
mente, contra la injustificable conducta 
del goliierno de la revolueimí, y declarar 
como declaro: 

I .* Que al abandonar Rspaña ia parte 
de «ita isla que conatituia la ant,i?in re- 
pAbttcM diiuiofcana, reincorporada «n- 
pQBtáneamente i la monarquía en Mano 
de I8S1, se reserva lodos !«• dareoho» 
^ne la asIfltM, «n virtud de dicha rein- 
CKrprracíoo, j que hará valor oportuna- 
Diente por ooaotoa u)«dioa eatime oonva- 
nlMteiii j estén k mi alcance 

S.' Que mientras «I gwbierno de au 
ia^)«atad «Ira ooM detenuioa. c««tiaaa- 




jomingo. 

¥ 3.' Que aparte de las medidaa qne 
crea neceHario dictar para llrvar i cabo 
lo contenido en el precedwite articulo, 
coutiuuarán en estado de tdoqueo todot 
1 is paortos y cestas del territorio doml- 
ni ^ano, conforme á las disposiciones coD- 
tenidas en ¡os bandos de 5 de OcUibrt y 
7 de Noviembre de 1S68. laa cualee ae 
hacen extensivas desde «ata Techa a to> 
dos los puertos y costas del expresado 
terrltorii» de Santo Domingo, que 00 fue- 
ron oompr^ndidoa «D el wgundo de loe 
referidos bandfti. 

íjanto Domingas de Julio de 186S.- 
José de la Gándara. t 

Antes de pasar el capitán general esta 
última coraunioftcion en la que so decla- 
ra la proaecucion del estado de guerra, 
ae hii:ieron en la capital prisiones en Ist 
familia» dominicanas mis import«nt«e J 
que máe intimamente estaban ligadas i 
Ion iiiaurreetoa. 

K;it a medida, por mis injusta que pa- 
rezca, produjo («s efectos que sn desea- 
ban, es decir, loa de contribuir í la m- 
tr»|-a da uucatros últimos prisfoneroa. 

Por ñn. el día 1 1 de Julio se evacu¿ la 
capital, embarcíndoas la guarní cioD, par- 
ques y material en la escuadra que M 
fué á reunir en la Caldera. 

De este punto zarpó el 13, diri_ 
se cada buque á su destino, A exciepL, 
de! que montaba el jefe de la dlvísloaji 
val, que entró de nuevo en el rio Or" 
eon el Qn de paaar una comi(Ul«ac 
loBgeneralesCabral y Mansueta, 
mando nuestros príaioneroe. DieJuMol 
fea contestaron a fectues amonte, haoL 
do entrega de loa dleí ún)oo«que allf.ft 
man, y ofreciendo que el dia ^ mi podrift 
hacer un caage ñnal en Puerto-Plata. 

En viata de esto, ti jflfe de la dlviaiok 
les ofreció que tau luego coiio )e fuart 
posible lee mandarla las personas que te- 
níamos enrchenM. y para veriñcsrio •»- 
lió en la tarde del 13 para Puerto'ftloo i 
cuyo punto babian sido mmitidu, y eoi* 
bareindoloa en ta goleta de haüce 0%*- 
diana, la despachó para Santo Domin(« 
con orden de antreifarloa, lo qu« so síéo- 
tuó ain novedad. 

SI jefe de la dliiaion. desde PtiMt»- 
Bice as dirigió i íiamani y Paei«a-PU- 
ts, en Quyo último puato tttva Itftt •) 
eange final sin restrioiiloiM- 




XXV. 

JUICIO CXÍTICO DS LA. CkUfkÜÁ. 



«M OBB etsDci» 7 no un >i«r. 
a otros tiemps* se creía. 

L1«B* aitá la hiitorU d« ejemplos biou 
iriHt««, da jefes elegidos par» rnaadoa ; 
eaipre««s importaates , no después de 
•xaoilDados lug aDtecedeatea j aptitud, 
•tnú p«r amistad 6 favor, ó porque su 
buena estrella les arudara. 

Da cata iiiSDem Ta Tida de miles de 
hombres, la suerte j tranquilidad de una 
aacfoa, se ha puesto en maDos d« perso- 
nas que todavía DO habian probaao ser 

Si la historia es al tspajo donds los 
hombrea y loa pueblos deben mirarse, 
preciso es que la luna esté muj limpia r 
jatnis ampaSada por la pasión, por mis 
qa« se rsDeran hachos coetáneos. 

Aauqus DOS aea sensible V doloroso el 
eoDfesarlo; por más que sea un borrón 
pira la historia de España, no puede me- 
aos d*il«eirse que en la campaña de íiau- 
to Domin^, hubo gran descuido en los 
principios que nos easeSaron nuestros 
antiguos j preclaros veteraaos, que lle- 
naron el mundo con sua hechos. 

A propósito de esto, un diputado dijo 
anal CoTjg^reao lo siguiente: 

I Tampoco diré nada rsspeeto de la 
cuestión militar, paro siempre será un 
cargo siendo tan grandss Ins sacrificios 



« raputacion , sino con reputación for- 
mada. 

•Dig-noa. bravos son los militares oue 
han ido i Santo Domingo, pero les fal- 
taba una prenda qiio e:^ áe importancia 
pera una gurrr», y es d pr.^tigio militar 
conquistado coa macdus en jen en cam- 



tSse prestigio que el éxlta ha conia- 
'>,qus la victoria ha creado, es úkil 



en toda ^errs, es mis ntil en gnvrra le- 
jana en que el aoldado, con los reeverdos 
de au patria que contempla .diatants, 
propende á la desconfianza, á la tristsEa, 
al desalieoto, que en un campamento es 
la peor de las epidemias, i 

A las grandes dificultades qua «qiulla 
isla ofrece para una campaña, por sus 
grandes despoblados, por sus enfermeda- 
des, por sua rios y por sii.3 pésimos y es- 
casos caminoB, tiaj que apegar la impa- 
ticia allí demostrada. 

La major critica que se giuede hacer 
de la guerra de aue sos ocupamos, está 
condensada en las siguientes palabras, 
que el reocedoT de A&ica, señor duque 
de TetuBD, preñan ció en la sesión del se - 
nado del 26 de Enero d« 1865: 

«Vo, por mi parte, tengo la ssguridad, 
jcreo que los distinguido^ generales qua 
se sientan aquí hubieran becbu lo mismo; 
no tengo ínco ave Diente en asegurar por 
mi parte, que ai hubiera ido mandando 
la expedición, hubiera respondido eun mi 
cabeza de haber paL-iflcado el psii á los 
tres meses.* V sin embargo, aquello que 
se llamó guerra de Santo Domingo, duró 
aunque con la languidez de un tísico, 
muy cerca d« dos años 7 no terminó ai 
cabo de este tiempo, como la hubiert 
tsrminado el general O'Donnell, acredi- 
tado 5a de saber cumplir tales em- 
pefios. 

Para este capitulo neoesítamoa toda 
nuestra ae vera imparcialidad; reconoce- 
mos en él lúa grandes iucon venientes que 
ofrece el escribir hechos contemporineos 
con dcütnterés, cuand" h-j QueocuparaR 
de personas que tpnemo- pr-r respetable* 
7 fi las que protesamo^ sincero afecte; 
sabemos lisatu qué puoto ia diaciptiuii ,y 
la subordinación permiten á los militares 
hablar ds su jofes, j por eataa raioaea 



4 



M podMMB «tlMdf rsM ■* ««iuijderMi«- 

' ' irnü Mbido, ^ne 

Uhi* ' ' e >a autor. 

t* '.''!• -I i<<n (!<' Santo Domingo íué ec 
MkMHo ilvNgrtelkiIa úend» aaUs de Ik 

Uu ftiilorldiMlM que ■Iti mandArnti bao 
w*MmIM<( cJMcargtr la reapuna.bilidad 
««•ua ntUai. achacándoiie)»» 4 sus an- 
HMKorM J bkita al midiaterlo. j en 
|iriiaha <ln ■lio coiúnri-taun an trozo de 
Hit <llinurii'< proauociada cu el Coo^reao, 
•I VI da Mitna da 1865. por el Ür. Hane- 
«<■ NMf*>lra. 

tMOia fl I orndcr 

■ l'aaa lil<<ii: an mal órilen d« 27 de No- 
flarnbrndii IHSad n'^o^ara pl abaudono 
lia la jinivluitiB de At.ub. Juigaiidü las 

Iirflvlnola* que liabian toma'l'i nucatraa 
rft|iM aiihriFndo i Saato Domingo, c\ i:a- 
plian (taiwfal ircleu llegado á la i.hU dii?a 
ai tfíibTfnio al 10 dn Noviembre de 1S63: 
lUK t"^Tlncla dn .Sin Cristóbal, pd qae 
íOPootuí A una .liiinliin al tomfirt'i man- 
ilii Ar ■ ■ : ' ' . ■■',' que podta ha- 

\it" ' ' ' iíümuiiicbci«D«a 

• ti' I que hacerse por 

riiMi.H, ..-;..■ .-..«....,.. .,.' iK.K iaT(ri«abtaí. 
«inu aun ■: Jaju.. (1 Ni^UB, el Nicnu j 
«lUooi. qua rri RHla i^NtiiCion de Uiiilns 
ana liiipp»i^tlt:able« Imita (mra la g-íute 
il«|[>aiaail aquella riuiiu;ioD. permane- 
■tiiiido na loduxnl"», donde c«iit«i <jue dor- 
mir ta trapa aobTA tneilta vara de barro 
mirnainr* 
Una rnal orden d» V¿ dn Abril da tSfil 

)iil||* •! eletnina gcnnral nf-gMÍüti ea eetos 
éKitluiia: 

tUii han cuuaumldo las fuerzas en dea 
IWinMiilitON ) en campamento:* insala- 
|)v#e, (li>n>li> lea anfennudadefl bnn causa- 
4» Ut» ilixitruntori^H orRctoe que el eoeini- 
yii iifi pcHlla a*iMirard« nii iiapittencia pa- 
i« ludliar de otro moJo, y lo ijue es vaha 
lia laniatitar aun, laa tropas diapueatsK k 
fPVIDOír ou niovlmlento ofrnslTu y vigo- 
iQin, ■ plean ea ocupar aproximada- 

r>'ltl« lúa puuioM k que li&n de redudrie 
■ xitarlaUe de Tnrano, bíh neaar lacam- 
uafla iior un "olo liaclio que entre «trae 
vaiitkjae d«inii«tni«« qufl la natureloza j 
|ui nt piiilar de loe e^cnrme otados rebel' 
ilee cilidui^la á iioa sititicion f■peota^te, 
paro difut del nombre eu^fiol.» 



Hay es i 

Ueaeotnelaaaée w"^».] _ ^ 

nioKea raías; leo. mm 'tJütw taatlmioatm 
en todo, loa docw aaaa -taa h* reinitldB 
el Oobienu ieS.TL 

Bl caaitas genaral da iaMa tiomlog* 
decía al de Coba es9 4a taen de 186-L 

tLos esfaenoB qoe haee BapaSa ar 
nren eitr«ardínanDa.eBandoáta verdad 
beata el día os eoBaalero qoe nación taa 
poderow ka hsy» hacte; pero aai apar»- 



el resaltada jKmt» j deeUivo que hubla- 
raa teaita ÉBfflndns «ie muí -m j cana» 
lo ban exi0dB 'aa emstaataneiaa qae m 
preeentaraa ■■ «rtm pnnÍBcia dcáde t) 
mee de Agosta, j kiá eoaleo bo ae lea 
ka dado la inportaaie» da gravedad m* 
deede entoocas m*rvaam. Bespetandvaa- 
müdeoieats taa decúiOBe* del GQbtan0 
de S. H., no poMla netios da mani f i wUr 
á V. B. que d<--^>? aquella época el Ga> 
bierao díbíajui^nr ^i i<tia, ^dia j fW> 
ru concluir «le «na *n coo i-l levanta* 
miento que c-sadameat« alad su oabau 
en las províDcias d^l Cibao, coutagianda 
toda taparte rapaSo'r ti^ U i»]a ilí Saa!« 
Domingo, 



ran sido n. 



sd?c:- 



ha hecbo coa ■ 

débiles qi)e jo be ; 

nar tienipn_T ierren 

tro de la-í (.'peraiiiú 

metido nanea conseguir otnt O 

Gobierno áe H M. no vcota conwf 

rosa protecoiou á uUviar i V. f 

la houra de Espaíla y la i.l<i .'^i 

Este punto daría campo aii'' 
diserta';! onea, pero por laa i ¡i 
há expuestas, omitimos la íq<1 
culpas. 

Solo cuando (.n España sa conoció ll I 
gravedad ue la insurrección, fué cuaoái J 
no se escasearoa loa naedioe da uomW I 
tirla. 

Se necesitaban hombres para !a 

puna Bi 

m»rquéB de la Habana, min 
Domingo 16.000. Cambió ;i., 
te, entró el de Lerauudl. 
como el capitán general, so í. 
Chura le pi<tió más genle, 
quince días 6.0^ soldados mts, pm 
para entrar eu campaSa. ^ 

Pero nada bastaba, nuea ■ 
hidrópico DO se sacia de agua, t 
loa militaraa que no aciertao i 



bun nUp. 4eJUl l^e pedir qoq tíax gente 

SiempT* ha sctcedído igaal. 
Uieafm goe en nueatm liltínia guerr» 
cítl], el genio de Zumalácarregui hallaba 
p&r&todo recursos j organizaba batallo- 
nes como por encanto, los generales de la 
reina que tenían i su mando las dos ter- 
ceras partea del ejército crístino, á cada 
TCTÉs ^ne les hacia enfrir el cabecilla fac- 
cioso, procuraban diaculparee, careando 
la naponsabilidad de eu torpeza al mi- 
nisteno. ii quien hasta con aire amena- 
sador pedían gente j más gente. 

El descrédito de loa que en Santo Do- 
mina consumian la pacieacia da las tro- 
pas acantonadas, llegó hasta tal punto, 
que cada cual se creía con darecho á pre- 
•entar «u plan de operaciones, en la se- 
gqrldad de que por malo que fuera, 
■íMnpre seria mejor que el de estaciona- 
miento, que tan fatales resultadoa pro- 
ducía. 

Cn capitán general de nuestro ejército, 
rinduda, DO conforme como el duque de 
Tetaan, con responder con su cabeza 
lino acababa la insurrección en tres- mc- 
lea, explicó como debia procederás,- en 
«tea t^rauBoa: 

<To creo que buscando el centro de la 
n«Tolaoion , marchando desde Monte- 
iCfallstí sobre Santiago, dispersando el 
iRi>%lemo proTlsionai allí organizado, es- 
tableciendo guarniciones en los puntos 
*IC^ importantes como Santo Domingo, 
'Saatla^, Monte -Christí, Azua y otros, 
*OfgUl!zando las fuerzas del país que nos 
tum fieles, j que lo serian mucho más 
»ea adelante, puesto que hoy, apesar de 
»tas noticias de abandono y de la suerte 
•que preveen lea espera, no bao renega- 
ndo aun de nuestra causa, y siguen de- 
•fendicodola y destinando esas merzas á 
»p«raeguir en loa bosques á los reatos de - 
»la revolución, era muy fácil sujetar íi 
•Santo Homingo on un espacio muy 
t^ve.» 

SabemoB que eitas palabras fueron 
aCoeidAs con sonrisas de desde&osa supe- 
rioridad, y sin embargo, el capitán gene- 
ral senador, que las pronunció, no hizo 
taéa que halilar con arreglo al arte mili- 
tar, aplicando sus reglas al caso concre- 
to 06 que se trataba; pero con ellas nada 
Huevo decía, pues los escritores milita- 
res de todas las naciones lo tienen ya 
Consl^ado. 
""''"^"1, en la Memoria presentada por 



el ministro de la Guerra al Estamento, 
cuando en Junio de 1834 se abriéronlas 
Cortea, tras tantos años de clausura, hay 
un párrafo que dice lo siguiente: 

«Ello es cierto, que para dominar un 
país cuyos naturales pueden eonaiderar- 
se en gran parte como contrarios, no hay 
otro recurso que apoderarse de los pun- 
tos que sirven de nidos á sus comunica- 
ciones, que señorean las poblaciones de 
mayor vecindario ó que influyen señala- 
damente en el espíritu, público.» 

Cierto es, qus una de las gravas difi- 
cultades que se han presentado en Santo 
Domingo para que la guerra fuese regu- 
larizada, fué la carencia de caminos- Es- 
ta circunstancia fué causa de que la« tro- 
pas no se movieran con la debida reguU' 
ridad y eficacia; pero nunca debió moti- 
var el estacionamiento ó quietismo. 

Si lo que faltaban eran caminos, el re- 
medio se presentó como providencial; en 
efecto, nuestro distinguido jefe en aque- 
lla campaña, el aei5or coronel de inge- 
nieros, u. Indalecio Loppz Donato empe- 
zó i publicar en la fíeviita /Militar de la 
Habana y en su número correspondiente 
al 8 de Noviembre de 1863, una serie de 
artículos, en los que con tanta oportuni- 
dad como Inteligencia, indicaba el siste- 
ma de guerra que se debía emplear para 
sofocar la rebelión de Santo Domingo, y 
hacer imposible au reaparición. 

Vamos ¡i trasladar aqui algunos piirra- 
foi del plan del Sr. Donato, no pudiendo 
hacerlo del todo porau mucha extensión: 

Dice asi: 

< El secreto más importante de la 
guerra consiste en hacerse dueSo de las 
viaade c -^---■- - 



¿a Iilait Stciio Doniítge. 
*Nada hay nuevo debajo de! sol, y por 
cierto que no ha de ser la guerra la con- 
traria razón que hasta el presente pueda 
desmentir la expresada verdad bíbuca. y 
por lo tanto que la guerra no es cosanue- 
va y si muy acostumbrada en todas las 
épocas, creo que se podran encontrar 
aismpre ejemplos aproximativos que imi- 
tar en todos loe casos, siendo tan solo 
necesario la sencilla recordación de ellos, 
con el objeto de que airvan de principioa, 

f' no de otra manera se dan para la reso- 
ticion de loa problemas, los elementos 
de la numeración, por ejcmploen la Arit- 
mética, los elementos diferencialea en loa 
cilcnlos, y la desenfilada eu la fortifica- 
89 




don, 7 btvjotalea aupuastoa.yuna tm 

que ae consigk Ficertsr con la verdkdert 
¿ípóteais, se obtienen Its soluciones que 
Aparecían más nebulosas cuando laenun- 
ciacion del teorema. 

>¿Qu¿ es la isla de Santo Domingo! La 
lala de Santo Domingo es un terreno 
Aipero, salpicado de montes unidos entra 
si por pequeñas cordilleras, no por cierto 
virgenea, pero si montes de América, lo 
cual quiere decir mucho para el que los 
hk tenido que atravesar con la brújula 
■iempre en la mano, á causa de qua lo 
espeso del arbolado, unido al entrelaza- 
miento de loe bejucos y enredaderas, no 
dejan al que traza una via otro borUonte 
que el oircunscrito k veinte metros de 
nulio T poco acaso quiere decir el qus no 
liajB tocado las diScultades que opoBS la 
vegetación 4 la marcha de frente de solo 
diez hombres, y suponiendo que a fuerza 
de Talor. de ;eoii8tancia y de pertinacia 
penetre da repente un ejército en ese dé- 
dalo enmarañado: ¡,i dónde quedaii la 
l^ase de operaciones, y por consiguiente 
por dónde podrán ¡legar loa aprovisiona- 
mientOB j relevos de una manera regular 

J' segura, sin lo qua nada sólido puede 
ograrse? ^En qué lagar, con poco costa y 
son ventea da la fuerza material y moral 
podrán descansar les fatigados, cuidarse 
tos heridos j organizarse loa recien llega- 
dos, aean estos procedentes de las otras 
aatillas ó bien del ejército de la Penínsu- 
la? Por ninguna parte j en ninguna, pre- 
ciso es decirlo,, absolutamente en ningu- 
na, porque dejándose indefenso todo lo 
fue le queda á la espaldade este ejórclto 
valiente que avanza, podrá apenas llegar 
i BU noticia cuando logre sin duda pisar 
Tiotorioaa la irontera Eaitiana, que el ca- 
mino que Tiene de recorrer tiene por me- 
tas sucesivas ó por «tapas los ceniceros 
que han dejado las ciudades que Tivian 
todavía á su frente, por ¡a sola influencia 
de la ofensiva, an la lucha inicial, ofen- 
Blva que es en esta ocasión sumamente 
precaria. 

f Para remediar estos males, tengo que 
citar J lo siento, por la parte de preten- 
siones que pueden atribuírseme, si bien 
prefiero eso que está muv alejado de mi 
intención puramente miütar , á que se 
crea que aspiro al privilegio de invención; 
tengo, digo, que citar a los maestros de 
las guerras en las épocas primitivas de 
nuestra historia militar, v ya se deja en- 
trever que me refiero á lo» civiliíadorea 



romanos, para loa cuales, Ui QtUi^ll 

Iberia, y la Inglaterra, no fueron tm 
otros tantos países que dominarou |W 
riosamente, por el aistema de loa trabij^ 
müitares estratégicos, desarrolladoa al 
metódica constancia; todo aolda4> tH 
buen soldado y en esto nada tenemos qf 
desear y también cada soldado en a 
buen trabajador y en esto si tenemoi qn 
recordarlos en ol caso actual de laguán 
de Santo Domingo. 

>No se presuma que irradia una fikQ 
la ¿Itima comparación, porque túngiiti 
menos fundada podrá existir, que ti ^ 
cantase ^or contrarias las comparadou 
de los abiertos y surcados paises dlSa- 
ropa con los cerrados oscuros 7 lualitf- 
bregos bosques de la Española de CalB. 
asi que, á partir de ciertos priiicimot,(Ifc 
ros sin duda para todos los nulitini] 
para todo el que haya recorrido las nm 
tañas del departamento Oriental dali 
isla de Guba, gemelas de las de SuH 
Domingo podrá apreciar hasta qué eitn 
mo son aceptables las ideas que voy its 

«La isla de Santo Domingo la iMi 
tranquilizar de una manera permaiMt 
y con elementos proporción alea i Bu ÍOI' 
portancia, tanto porque el honor taSilli 
aa! lo exige, como también bajo «I psab 
de vista político y econiSmico, puesto^* 
de no ser asi, tendrán siempre ocaaioa it 
producir situaciones extraordinaria! pK- 
judiciales al fomento de la isla, lospl»' 
movedores de disturbios, enemigos lioat- 
pre del orden regular social y por lo taa- 
to siempre se podrá estar en el prínoipiD 
ó al menos durarán las inquietu<lef uw 
ú dos generaciones. 

«Considero necesarioa para al ol||*t4. 
doce mil hombres da infantería, eutR 
cientos caballoa, cuarenta piezas da trU- 
Uería da batalla, un batallón da Ingf&i^ 
ros y un escuadrón de la guardia títU. 
toda asta fíiena efectiva, en el ponto 4l 
partida y sobre el campo de acclany tn* 
bajos, cuyo punto 6 puntos do pártUí 
pudieran ser la capital de Santo DomlB- 
éo y la ciudad de A.záa, debiendo antaD* 
dersB que solo hay fuerza con la aatadl- 
cha, para dar principio por eataa doa po> 
blaciooea en dirección k lo que fué 3aa> 
tiago de los Oaballaros, ó tal vei para w 
empezar alno por uno de clloa, paro la 
verdad que eatoy as^layando awnJi inl 
entender, permanecerá siempre la ala- 
ma; una vez reunida la fuerza, la proca- 



■fcmiMbar es ladlrecelon qne a«d«- 
^. mbriendo con al hacha, «uiiliada 
A niego, cuando el tiempo lo permita, 
^ia, láis ó trocha de un kilómetro de 
pr» por donde !oa bosques eean ae- 
fes, oisminujéndola hasta eolo qui- 
■ metros ó medio kilómetro en loa 
nia farorablea j me atrevo k de- 
e UDa díTision da aeia mil hombrea, 
L perder gente, en el sentido 
la frase y adquiriendo praiti- 
e dia en dia empleando aolo cuatro 
.is desde Santo Dominga á Santiago 
■ Caballero!, éigualmaate, otra di - 
Kiri practicar lo mismo partien- 
; la población de Azúa. 
1 entrar por ahora en detalles da 
tion ai se hace preciao enunciar que 
rabajos catarán constantemente pro- 
' 3 por la metralla de la aue induda- 
'e ae gastará j deaperdioiará mu- 
sera en cambio de hombrea j 
robable buen éxito, ai par que tam- 
ne tendrán buenas y aun escogidoa 
lores 7 en caaos dadoa qua dudo 
— i llegar, principalmente después 
los primeros meses de piieito en 
a al frente del anemijo este meto- 
Iflatema tan desconcertador da to- 
ses de engaños t rendicíonea Sc- 
laa bayosatas aa todos los que 
iaban una hora antea el hacha, la 
troazmdora y al lapapico, harán 
' las cosas prontamenta al respeto 
madlmiento. 

ton la millonésima parta de los árbo- 
■aa se derriben ae construirán en esas 
¿ talas, trochas ó limitea aitratégi- 
j, fuertes, blocaua de kilómetro en ti- 
uTmetro que serán ocupados pordeataca- 
mentos ó guarniciones de veinte hombres 
«on un oficial, con sus telégrafes igual- 
mente construidos con troncos da írbo- 
I«B ó de cnalqaiera otra clase, cujas 
guamicioHce salo implicarán una dismi- 
auGion de 1.600 hombrea desde Santo Do- 
mingo á Santiago de loa Caballaroa, caso 
que sea preciao referirse precisamente al 
«spacio de un kilómetro j que ballásdo- 
aa en posición ventajosa, por poder reci- 
bir socorros en todo evento, en el tras- 
curso de doce horaa á lo más ja por la 
trocha ó Tia desde el punto de partida ó 
dasde el lugar de loa trabajos sarvirán 
para proteger loa convoyes destinados al 
ejército operador á la vez que ellos mia- 
xaoa ae aproviaionan, Insluso de agua ai 
BMeaarlo fueao, sisado adenáa puntos da 



observación j TigUuiela eontnt ti 

msnejoa del enemigo. 

tlmaginanae ahora abiertas per este 

Saúl atino sistema las trochas ó vías daa- 
e Santo Bomingo y Azúa, hasta San- 
tiago de los Ceballeroa, y podremos ver 
que para hoy, mañana y siempre se hará 
imposible la existencia, no ya ds rebel- 
des, sino que ni siquiera de malhechores 
aisladoa, en el espacio comprendido en 
el triángulo formado por la costa blo- 
queada y las dos trochas convergentes y 
reunidas en Santiago de los Caballeros, 
y es evidente que aita operación repetida 
a todos los emplazamicntoa de las pobla- 
ciones quemadas, dada verdaderas sagú- 
ridsdas para su renovación y progreso, 
puesto que ae veria, que se santiria, di- 
gámoslo así . que había una material é 
inmediatn protección, porque entoneea j 
desde el priacipio de las operaciones, se- 
rian nuestras tropas laa qiie tendrían aua 
linsaa noblea de capara á la clara luz del 
valor, y no sa txpondrian á la muerta 
con resultados tal vez poco positlTOS. 

(Podrá decirse que son operaciones 
tardías y poco adaptables, no a sar eje- 
cutadas, aíno aceleradas por nuestro me- 
rídianal carícter; pero yo creo que debo 

E rescindirse del carácter, cuando para lo 
ueau as necesario, aunque por otra par- 
te no BOD tan paraimouiosaa como pare- 
cen, ydesáe lueyo no lo son efectivamen- 
te, ni mucho menos, si se tiene en cuen- 
ta que son trabajos que se utilizaran 
siempre en paz y en guerra, ó mejor di- 
cho, aervirán para la paz y adelantoa, 
una vti qua se reconozca bu aplicacioa 
por loa propios y extraños. 

iDos ventajas á más tiene esta clase 
de guerra, que por otra parte aparece 
muy adaptable a las condiciones y dir 
mensionss de la ¡ala, asi como 4 las aten- 
cionea generales de la sacion; Ib primera 
consiste en la conveniencia de que el ene- 
migo sepa 7 conozca el plan da campan» 
con que sa le ataca, y la segunda, y moy 
principal aera que el soldado tandrá cons 
tantemente su buena barraca con pSao í 
madera y techo impermeable, bajo el q" 
vivirá como en su cusrtsl y da dond* " 
drá sano y descansado para 1' 
se exija. 

xTales son por de pronto leiq 
generales que pueden couitl^ 
al buen resultado de loquv^ 
marse una campaña á empr^ 
clones que están de ,»ew~ 



i 




— 228 — 



flon Ion racvnrcIoM hlntórlcof á% la isla 
(lo ruin le A II a con ol carácter y facultades 
(in toa liahltantrN liiMiirroctog, coa lo que 
Ki4|mñA piHidn ür.hnir, puí^nto que d« otro 
iiukIo iiiiilii MMriü iiiáii fñdl quo uu repeH- 
tiuü «lard» inilitKr, i\\iñ colocHse inmedia- 
taiiMintt^ la Imiidera por el niomeuto en 
todoM lun Uii^NroN quo loH cprrespoude y 
(um Ion (Intnllim do laM antoriorcs ^uarras 
dn América, en la.i que á los bosques im- 
pnnntralilou habiu que agregar las gran- 
(l«N dUtaiiclHS, vftrdadora d lile ultad para 
los eJor(*it(m que no teB^aQ el carácter 
antiguo de innumembles, lo cual dado 
(*SN0, lo constituirla eu la época actual 
doHproporcloualos, al iiu que ss propone 
totla guerra.» 

Ouaado vlmo» al Sr. López Donato 
formar parto do la oonútiva del capitán 
gonoral (hlndara dosdo Cuba á Santo Po- 
ní i ng\> y iloMdo allí á la toma do Monte- 
íMiriüti, tuvimos la osperanza de que su 
i>rt\vooto ó nlan do oauípaña, seria adop- 
tado doNdo luogiK |H^n) el tiempo ss eu- 
oarpS ds de»*(*ngañHrno8. 

\i\ oortniol López Donato regetó abur- 
rido ou aquel eterno oampurneuto, t si 
bi«n en el lyimer dia tuYo k brillaure 
ooasiou do defender la vida del general 
IViwo \lo Kivera, ilespues solo ejercito 
«un talentos en la direooiou de obras de 
fortitlew^'ion pasajera. 

Kl uuhIo eou que lo$ domiaieanos h> 
eieivu la guerra t\ie débil y jwo intsM- 
^t^nte. No 'jvrviue e". buef. ox::o corcue 
una emprt»!**, debe abru:uar:!(«la oca is:- ■ 
^\;vme%i'.u«los eUyios. ! 

los iU'ív.rreoloi se ríu:vsa eu sus cau- 
to ues» • u '. o :» n; u / IV r .:'*:: f .' :»u i ua .'titos 
•t'uuius \ luo^ies. aV/. se les /bx a ? us- 
es*» V'o.es ,v;; rA;v a ;o*.uaVaii '.a :r:o:*::- 

v\iSkv;>4*ociü N áesi-rraVa;; vJira :r a sus 
oa**s, ou kU'imí e*:AO<iu o.ista ,;ue to.- 
x:».i A s»o*':'o# va:*;í rvuuirsí u? uuív,- v 
\\*»^ev Á S'í Au,laJ.*s, \Iíu:.a«.ov:i uu r- 
u^.sHUv sa. o a su .vv. > i» .; '.-va/ ue Ssc:;*- 
^* xio Uv* v^\VA.leA^* .;u? uesci" lu?í\: <í 
fs>i^s' a >;ue *«s uo:-,-o;vs *:*ur:::» 7 
*Naluu*.*,:\"*v'<!i. o*tt>Au ,:^.l ,^sioíí a iah>fr 
♦ííví^* ev.:'».' 03 u^f^>.*« ^uc.-auwí * í2l- 
!•>* las ;^"^ovt* ó.,^ :..f-a ¿,*'. y*:? ;fuí uc 

•^'^m^Um jí9:tte<s. 

kVsín-^ v:',.,'^* osf TiUíícr^o *ftir%\ 'nx«,'» 
a í&ín.'í:*^ » Aíu:-"í.,:4:-'0üL ios ucc.c.atf ií 
^ <w ox'>.>^ v^írjt* V.V ,vfc^s j^ s;¿» jíc^> 
sa í* ;iuuíí*cv *vrr5*;xac:«i^í a. iO i« 



Enero de 1864, que por casualidai ( 
servamos entre nuestros papeles. 

Decían así; 

«Del extraniero se ha recibido lai 
ioa de que ya hablan salido de los E 
dos-Unidos para nuestras aguas, seis 
pores de guerra con la bandera dwnii) 
na, que seis más seguirán á los prim< 
y otros cuatro estaban en construe 
para ser echados al agua inmediatamc 
haciendo un total de 16 buques que p 
to despejarán nuestras costas.» 

«De \ abacao se ha recibido parte 
fecha 11 del actual en que se dice qu( 
comandante Bringmann con unospi 
dominicanos ataco el vapor que acosti 
braba subir la Ozama para proveei 
enemigo de víveres v pertrechos, les i 
:ó un gran número ¿e soldados, y 01 
lo habríamos apresado sino les hnf): 
llegado un fuerte socorro. -»"E1 mismo 
logramos apresar 14 muías cargadas 
víveres y cmco caballos, con dos cajú 
municiones. 

^Se calcula que el número de muei 
\x>T parte del enemigo asciende á 190, 
que no es dudoso per la circunstu 
muY favorable de encontrarse losnu 
tros eu una altura, desde donde sus ti 
eran muy seguros.» 

Nosotros creemos ^ue después de 1 
ber^ disparado el primer cañonazo, d 
pues de haberse empezado á derru 
saucre. es un error el querer calmai 
e:erves:enc:a por medio de la templa 
y ,*.e Iss cueaas calibras. Este sistemí 
ü:uy rueuo y e^ único que se debe i 
y '.¿a? iu:cs ce apelar al de la fuerza: f 
úui v;M iui^ciada la lucha, es preí 
a:al~4rla c:u::- sleiu¡:re acaban lasgi 
TtLs, A:l jL2b¿c rl 2i¿s dílil la cervíz i 
e. .*ís*:Ut:1tísúc:i:c ¿e los elementoi 

"SjAüi rsra :ciiíluir su camsait 
2\V2.:; r^'-rluLíc. áclr recia un ptia. 1 
^.ui"; uia^;o3. ~í:e¡i:idíi . una pmrt» 
-•i.uí.iii ie paria Ir Ids hombres i qi 
u:# ?e ii'rla jctvíj. T eu veniaí( 
u. :n uiu:l: ixi^lr ií l&p^rtede 
V ^: : ..: -^ui -stít: jízjercáo y hasta* 

i. :í4~,: i-i !:« ^jís p^trts" aeont 

Ul.«: U:0»5^ 

Las .'crrssccaliTrLirJaa ie Les ofitísl 
y i.-; li xr^raT^uje uíizL.'aiazi Los peni 
X:;s. :¿i^ACaz. jcr^uii se hiciera iLgo 
Si^UiáL ^«xlirtL!¿ir j pieiiiaz. ^u« se adoi 
w alerta s:iG8aEa"i:u üx^íraae eoob 



Mnomiuse ítt sangre que t&n ínútil- 
'e sa vertía. 

cia un corresponsal de £« Ibtria: 

ifientras ea Sunto Domiogoaoseadop- 

Q plaa de campaña, igual ó asimilado 

1 enemigo, llevamos la probabilidad 

rder. £n muchas ocasiuueíii, si no 

jn atrevido cometa que toca ata- 

nn viva ¿ España del soldado, al 

T, más raquitico, ó un oñcial que, 

lerado y aburrido, todo lo arrostra 

e comprende perfectament* los er- 

i que so cometen, es seguro que al- 

a desgracias m¿3 tendríamos que la- 

nr. Las dos últimas salidas efectúa- 

_a una sobre el cantón del Tesón en 

mi, j otra sobre el rio Jaina, inme- 

i Santo Domingo, corroborao cuan- 

ro dicho, 5 que por mái que la ex- 

icia tenga soDradamente demostra- 

infructuosas que son, no por eso se 
nienta; cuatro oficiales y cuatro 
' a heridos, cuatro muertos y dies y 

"'"SOS ha sido el resultado déla 

cinco soldados muertos, y 

a entre heridos y contusos el de la 

da: sm que eso de que el enemi^'O 

buedado escarmentado y disperso tuu- 

'^or alguno, á no serqu^secompren- 

H. sentido inverso, pues disperso siem- 

lo está, y ese es su verdadero sistema 

ntirae siendo lo cierto únicamente que 

otros soldados se baten como leones, 

n su&idos. restados y que en el 

. ] no los hay mejores.» 

ir fin, para que nuestros lectores pue- 

t formar juicio exacto de la pericia 

en la dirección de la cam- 

, copiaremos un párrafo del dis- 

Le pronunció «n el Senado el du- 

i Torre, hoy recente del reino, 

O cuenta de unasarcástiea proclama 

eia el orador con indignación: 
ñiares: a^er vi una parta de una per- 

1 reBpetab¡lÍ5ima, que reside en un 
'o circano á Santo Domingo, perso- 

'e debe ser ímparcial, y que está en 
O de saber con exactitud todo lo que 
n esa carta se dice lo siguiente: La 
etta it Santiago deloi Caitlíe^es inñ 
t proclamación de Polanco, presidente 
la ínsurrecion, en la que se dice: ¿Por 
t «nhelaÍB tanto la paz? ¿Por qué pedís 



la paz con eaa impaciencia? ¿Ho estáis en 
vuestras casas? ¿No cultiváis vuestros 
campos? ¿No estáis al lado de vuestras fa- 
milias? ¿Prestáis algún servicia? ¿Sois 
inquietados? ¿Se os dice que vayáis á 
atacar al enemigo? Pues si nada de eso 
hay, ¿por quóquereis-con eaeafanlapazT 
Esperad: mirad que los periódicos deMa- 
drid nos dicen que el gobierno piensa 
abandonamos, que no nos quieren, gáe 
no|nos necesita, que nos quiere dejar. 
Estaos quietos en vuestras casas; culti- 
vad vuestros campos; cuidad de vuestros 
hijos; no tengáis cuidado; la pal viene, 
porque nos dejan.» 

Conocidos los medios empleados en la 
guerra de Santo Domingo. ¿Qué tiene de 
extraño que hayamos llegado i tales 



COHCLUSIOH. 

Nuestro libro está terminado, y sin em- 
bargo, nos parece mentira haber vencido 
los grandes obstáculos que se han opues- 
to á la realización de nuestros propósitos. 

Bu la incompleta historia que acaba- 
mos de presentar, encontrarán nuestros 
lectores á falta de otra enseñanza, la ex- 
plicación del abandono de aquella Anti- 
lla, que cada cual reñere á su manera y 
de cuyo hecho quieren muchos deducir 
cuál será el fin de la insurrección do 
Cuba. 

Si en la más preciada de nuestras colo- 
nias corren torrentes de sangre, es por- 
que algunos ilusos engreídos y envalen- 
tonados con el ejemplo de Santo Domin- 
go, creen á España bastante débil para 
dejarse arrebatar au más querida pro- 

Esoe desgraciados no comprenden que 
la cuestión de Santo Domingo no fué con- 
siderada como cuestión nacional, sino 
como la obra de un partido, j atribuyen 
á impotencia nuestra generosidad. 

Ya se irán^con venciendo, si no se han 
convencido ya, de que España es inago- 
table en recursos de todo género cuando 
su honra está empeñada y que ante la 
integridad de su suelo amenazado no hay 
dique que la detenga, ni impasibles qua 
no Tenia. 



I 



ooo loa r«caerdo9 históricos d« tk ialk 
dominicuis con el carácter j fiicultad«s 
d4 lo« habítuites insurivctoa, con lo qua 
Kapüa puede d«ap«r, puesto que de otro 
modo nada strim más fácil qut> uu repea- 
tlao alkrde militar. qu« coloca» inmedia- 
buneute labuider» por el luomeato ea 
todos los 'ugires que los cprr«spODde y 
eoo loa dataJles de las anteriores guuru 
de América, «a las que á los bosquea im- 
penetrables había qae t^egtc lea erau- 
aea diatanciaa, verdadera dLÁcuItacT para 
lot ejércitos que no tengan el carácter 
tatiguo de ínQumentblea, lo cual dado 
caso, lo coQstituiria en la époe* actual 
despropordoiiale*, al fin que ea propone 
toda guerra.» 

Ciuada vimos al Sr. López Donato 
fonnar parte de la comitira del capitán 
geDsral Gándara desde Cuba k Santo Do- 
mingo 7 desde alli á la toma de Moote- 
Cbiutí, tuvimos la esperanza de que su 
prajecto ó plan de campaña, seria adop- 
tado desde luego: pero el tiempo se en- 
cuna de desengañarnos. 

Q coronel López Donato vegetó abur- 
lido en aquel eterno campamento, t si 
biaa en el juimer día tuvo ia brillante 
ooasion de defender la vida del general 
Primo de Uivera, después solo ejercitó 
■BS talentos en la dirección de obras de 
fortificaeion pasajera. 

El modo con que los dominicanos hi- 
cieroa la guerra fué débil j poco intali- 
geot*. No porque el buen eiiía corone 
una «mpreaa, debe abrumársela con im- 
prenadiudos riogioe. 

Lm insorrectoa so reaaian en ans can- 
toO0S, as los que permanecían iaactiioi 
mweniit j meses; allí se tes iba á bus- 
etr, pues con rareu tomaban la ioiciaU- 
Ta, quedaban eóiaasmenta batidos: se 
«Usfúubui V daawialwB p*ra ir á sus 
casas, so donde «ataban hasta que toI- 
viaB á sacarlos para reunirse de oneTo ; 
mtvrr ( lae andadas. Hantiaacou un ef- 
sboDA, tal ea aaSaUlÍM ^cta/de Santia- 
go de los CalMlleroa. que desde Ineeo te 
tmn"'* Vm sus noUdones absurdos 7 
caloBalúaoa. «ataban dedicados á hacer 
•bato «atre lo* a^roa ignorantes 7 ea- 
tra las persoaas de fuera del paU qna so 
yiiiltiii coaooT lo falso, ni lo ridicnla de 
a^oeltaa gcntea. 

Coa» prueba de saestio asorto. vamoA 
á iassrtar i eoBlinnaci«ai dos noticias de 
Isa qas dicha psriádico dafaa i ma lacto- 
na «1 el numen coiieepoBdieat« al 20 da 



Bnero de 1S64, que por eágnalidai Mft> 
servamos entre nuestros papeles. 

Decían asi; 

•Del extranjero se ha recibido la notí- 
ija de que janabian salido de los Esta- 
dos-Unidus para nue^tms af^uaa, sais n> 
pores de guena cun la bandera daoiiniea- 
n», que seis sLás seguirán á los príQieros, 
y otros cuatro estaban en construcción 
para ser echados al agaa iamcdiatamCDte, 
haciendo un total de 16 buques que pron- 
to despaarau nuestras costas.* 

«De Yabacao se ha recibido parte CU 
fecha 11 del actual en que se dice que «1 
comandante Bringmaon con unos púúot 
dominicajios ataco el vapor quu acOBtOia- 
braba subir la Ozama para provecí al 
enemigo de viverea y pertrechos, le« par 
^ ó un gran número de soldados, t OnU 
lo habriamos apresado siso les btiptoB 
llegado un fuerte socorro. -i-El mismo dh 
logramos apresar 11 muías cargadas de 
víveres y cinco caballos, con dos cajaadt 
municiones, 

"Se calcula que el número de mnertU 
por parte del enemigo asciende á 130, tg 
que no es dtidoso pnr la circunstaneU 
muy fsTorable de encontrarse loe nilH- 
tros en una altura., desde donde sus tlm i 
eran muy seguros.» 1 

tíosotios creemos que después ds il- j 
berae disparado el pnmer canonai.^, íJ(\'- 
pues ds haberse en^eisi 
sangre, es un error el i:i, 
efervescencia por medio i"^ 
y delaabuenaspa!abr!i=. ■" 
uuybueno yel 'r' — 
plear antes de «y 
nna vei empe^^ 
acabarla como ^. _ 

ras, doblando d l : _...„ .¿ . . .. _ 

el desenrolviaüentú ¿e Ijí tkaiiütu? it 
poder del más fuerte. 

España para concluir su camMDl i» \ 
Santo Domingo, solo pedia un plan, QOt , 
combinación cieiitifica, un» pcucb* i* , 
idoneidad de parte de las hombres i yüt- 
nes se habia con&ado. T en verdad qu | 
no era mucha exigir de la part« de U , 
pueblo que estovo generoso y hasta H- ' 
pléndido en aiaiida r nombres" j recniHi | 
at teatro da los más pobres acoatMi- I 
mientOB. 

Las corTespoDdeaeias de los ofieislea^ ^ 
y de la trepa que publicabaD loa periddir 
eoe, damatian porque se hiciera ateo Ol 
a^oel particular y pedian que ae w&fti- 
se algan sistema que inspirase oonBüu* 



— Mí) - 



y eoonomizase la sangre que tan inútü- 
mente se yertia. 
Decia un corresponsal de La Hurta: 
«Mientras en Santo Domincpono se adop- 
te un plan de campaña, igual ó asimilado 
al del enemigo, llevamos la probabilidad 
de perder. &i muchas ocasiones, si no 
fuese un atreyido cometa que toca ata- 
que, ó un Tiya á España del soldado, al 
Sarecer, más raquítico, ó un oficial que, 
esesperado y aburrido, todo lo arrostra 
porque comprende perfectiunente los er- 
rores que se cometen, es seguro que al- 
gunas desgracias mis tendriamos que la- 
mentar. Las dos últimas salidas eíeetua- 
• das, la una sobre el cantón del Tesón en 
Samaná, y otra sobre el rio Jaina, inme- 
diata á Santo Domingo, corroboran cuan- 
to Ueyo dicho, y que por máa que la ex- 
períoicia tenga soDradamente demostra- 
do lo inñuctuosas que son, no por eso se 
esearmienta; cuatro oficiales y cuatro 
soldados heridos, cuatro muertos y diez y 
siete contusos ha sido el resultado de la 
primera; y cinco soldados muertos, y 
treinta entre heridos y contusos el de la 
segunda: sm que eso de que el enemigo 
há quedado escarmentado y disperso ten- 

Syalor alguno, á no ser qu^ secompren- 
en sentido inyerso, pues disperso siem- 
pre lo está, y ese es su yerdadero sistema 
debatirse siendo lo cierto únicamente que 
nuestros soldados se baten como leones, 
que son sufridos, resi^poados y que en el 
mundo no los hay mejores.» 

Por fin, para <][ue nuestros lectores pue- 
dan formar juicio exacto de la pericia 
demostrada en la dirección de la cam- 
paña, copiaremos un párrafo del dis- 
curso que pronunció en el Senado el du- 
crae de la Torre, hoy rebute del reino, 
dando cuenta de una sarcástiea proclama 
de Polanco. 
Deda el orador con indignación: 
«Señores: ayer yí una ciu*ta de una per- 
sona respetabilísima, que reside en un 
punto cercano á Santo Domingo, perso- 
na que debe ser imparcial, y que esXÁ en 
el caso de saber con exactitud todo lo que 
pasa. En esa carta se dice lo siguiente: La 
Qaetta ie Santiago d^las CaialUréStne 
una proclamaeian de Polanco, presidente 
de la insurrecion, en la que se dice: ¿Por 
qué anheláis tanto la paz? ¿Por qué pedís 



la paz con esa impaciencia? ¿No estáis en 
yuestras casas? ¿No cultiyais yuestros 
campos? ¿No estáis al lado de yuestras fa- 
milias? ¿Prestáis algún seryicio? ¿Sois 
inquietados? ¿Se os dice que yayais á 
atacar al enemigo? Pues si nada de eso 
hay, ¿por quéouereis-con ese añmla paz? 
Esperad: miraa que los periódicos de Ma- 
drid nos dicen que el gobierno piensa 
abandonamos, que no nos quieren, giíe 
no|nos necesita, que nos quiere dejar. 
Estaos quietos en yuestras casas; culti- 
yad yuestros campos; cuidad de yuestros 
hijos; no tengáis cuidado; la paz yiene, 
porque nos dejan . » 

Conocidos los medios empleados en la 
guerra de Santo Domingo. ¿Qué tiene de 
extraño que hayamos llegado á tales 
fines? 



CONCLUSIÓN. 



Nuestro libro está terminado, y sin em- 
bargo, nos parece mentira haber yencido 
los grandes obstáculos que se han opues- 
to á la realización de nuestros propósitos. 

En la incompleta historia que acaba- 
mos de presentar, encontrarán nuestros 
lectores á f&lta de otra enseñanza, la ex- 

Slicacion del abandono de aquella Anti- 
a, que cada cual refiere á su manera y 
de cuyo hecho quieren muchos deducir 
cuál será el fin de la insurrección de 
Cuba. 

Si en la más preciada de nuestras colo- 
nias corren torrentes de sangre, es por- 
que algunos ilusos engreidos y enyalen- 
tonados con el ejemplo de Santo Domin- 
go, creen á España bastante débil para 
dejarse arrebatar su más querida pro- 
yincia. 

Esos desgraciados no comprenden que 
la cuestión de Santo Domingo no fué con- 
siderada como cuestión nacional, sino 
como la obra de un partido, j atribuyen 
á impotencia nuestra generosidad. 

Ta se irán^conyenciendo, si no se han 
conyencido ya, de que España es inago- 
table en recursos de todo género cuando 
su honra está empeñada y que ante la 
integridad de su suelo amenazado no hay 
dique que la detenga, ni imposibles que 
no yema. 



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